<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Sabiduría]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/sabiduria/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Sabiduría]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiarioar.com/rss/category/tag/1045199/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[El juego que cualquiera puede jugar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/juego-jugar_129_9945713.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/08b51d1d-3314-450d-94c0-c32e52842f29_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El juego que cualquiera puede jugar"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A propósito de "Sobre lo natural", un ensayo de Mónica Müller sobre la comida, la autora repasa amistades y recetas para terminar reivindicando una sabiduría "no neurótica".</p></div><p class="article-text">
        Si hay una cosa que me gusta ver hacer a la que gente que me gusta es cocinar. Tengo una amiga que hace la mejor tortilla de papas de la Argentina, y cuando la veo prepararla puedo apreciar tantas cosas sobre ella. Es una amiga que, adem&aacute;s, hace buenos asados, maneja bien, una persona a la que le gusta saber resolver cosas, hacer cosas sola, ser un adulto independiente en el m&aacute;s cabal de los sentidos. En la cocina es limpia y r&aacute;pida, pela y corta las papas uniformes, no se cuelga conversando y no se le traban las cosas. Los cuchillos en su casa est&aacute;n siempre afilados y las cosas que la veo hacer siempre llevan pocos ingredientes. Tengo otra amiga que siempre hace postres y budines: cocina con mucha m&aacute;s cosas, entonces, con un poco m&aacute;s de desbole, pero siguiendo recetas con precisi&oacute;n, como pide lo dulce. Siempre que trae algo riqu&iacute;simo a una comida pide disculpas por alg&uacute;n reemplazo, algo a lo que le falt&oacute; fr&iacute;o o le falt&oacute; tiempo. Hace poco me hice amiga de una chica que es cocinera profesional, una cocinera excelente. Pocas cosas me enamoran m&aacute;s que verla cocinar, con pasi&oacute;n pero con calma; todo lo huele, todo lo prueba, todo la entusiasma y te reta cuando le desemprolij&aacute;s la cocina, pero es como si tuviera en mente tambi&eacute;n que m&aacute;s all&aacute; de ocuparse de que todo quede perfecto hay que evitar que la gente se obsesione o se ponga nerviosa.
    </p><p class="article-text">
        Pienso en todo esto porque acabo de terminar <em>Sobre lo natural</em>, un ensayo de M&oacute;nica M&uuml;ller &mdash;escritora pero tambi&eacute;n m&eacute;dica&mdash; sobre la comida y nuestras ideas actuales sobre ella. Me gusta el tono de M&oacute;nica: est&aacute; muy bien escrito el libro, se lee como un r&iacute;o, pero no me refiero principalmente a eso sino sobre todo al tono de su voz, de su mente, el modo en que piensa. M&oacute;nica naci&oacute; en 1947, y escribe con un tono de m&eacute;dica de vieja escuela que me hace acordar a mi mam&aacute; y a algunos cl&iacute;nicos m&aacute;s j&oacute;venes que sigo en Twitter pero tienen ese mismo oficio de m&eacute;dico de familia, con esa sabidur&iacute;a de quien cree firmemente que no hace falta saber tanto para hacer cosas b&aacute;sicas como comer, respirar y mantenerse vivo. El asunto, en el fondo, es bastante sencillo: las cosas sin marca, dice M&uuml;ller, son siempre las que hay que comer m&aacute;s; muy parecido a la f&oacute;rmula de tres partes que Michael Pollan condens&oacute; en su best seller <em>En defensa de la comida</em>, &ldquo;comer comida, no demasiada, sobre todo plantas&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        El libro no se mete tanto con la cuesti&oacute;n de clase, pero al menos a m&iacute; me pas&oacute; que durante su lectura lo tuve presente todo el tiempo. En este siglo parecemos creer que todos los problemas son problemas de informaci&oacute;n, y que para comer mejor necesitamos saber m&aacute;s: pienso en la mayor&iacute;a de las mujeres humildes que conozco que cocinan para sus familias. Todas ellas saben que ser&iacute;a mejor servir una carne y verdura fresca antes que un guiso de fideos mo&ntilde;ito, pero no tienen la plata, no tienen el tiempo para cocinar ni para planificar y tampoco el resto psicol&oacute;gico para pelearse con los hijos que quieren comer porquer&iacute;as porque est&aacute;n hechas para ser adictivas, y porque si no se puede hacer regalos ni paseos caros qu&eacute; mejor que unas papitas de paquete que nos transportan a todos a un mundo de felicidad intensa e instant&aacute;nea. Pens&eacute; tambi&eacute;n en la brecha que separa esa necesidad elemental de alimentarse, sobrevivir y resolver del estudio pormenorizado y la obsesi&oacute;n con el que los sectores medios y altos encaran hoy su alimentaci&oacute;n; yo tambi&eacute;n me la paso leyendo sobre el tema, pero en alg&uacute;n nivel tengo claro que existe algo as&iacute; como saber demasiado y que lo mejor que podr&iacute;a hacer es dedicarle m&aacute;s tiempo a cocinar y comer con gente que quiero y menos a googlear sobre glucosa y carbohidratos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        M&uuml;ller pasa, en los cap&iacute;tulos breves que conforman este ensayo, por varias de las modas y creencias m&aacute;s actuales sobre la comida, haciendo hincapi&eacute; en la obsesi&oacute;n con &ldquo;lo natural&rdquo;, pero lo que m&aacute;s me interes&oacute; fue el modo en que en su libro quedan claras la cantidad de met&aacute;foras, im&aacute;genes y fantasmas que hoy depositamos en la alimentaci&oacute;n. La fantas&iacute;a de la pureza: desintoxicarse, tomar cientos de litros de agua, quitar los alimentos &ldquo;sucios&rdquo; de la dieta. La fantas&iacute;a de ser especial: tener una alergia, comer algo distinto del resto, ser fr&aacute;gil, una doncella de cristal. Pienso que muchos de esos fantasmas antes se tramitaban en las religiones: ir al templo o a la iglesia con cierta frecuencia como hoy vamos al gimnasio, limpiarse con agua bendita, confesarse y liberarse de los pecados. Cuando yo era chica com&iacute;a kosher, y aunque el asunto me importaba poco recuerdo que mis compa&ntilde;eras de colegio compet&iacute;an por qui&eacute;n era la que mejor sab&iacute;a las normas como hoy compiten la chicas que conozco en su conocimiento sobre nutrici&oacute;n y fitness: hab&iacute;a un goce en el cumplimiento de la regla. Creo que es eso sobre todo los que nos dan esas dietas, el goce de la restricci&oacute;n en un mundo donde casi todo est&aacute; permitido.
    </p><p class="article-text">
        Yo cocino charlando, escribiendo o leyendo, haciendo cualquier cosa, haciendo siete cosas a la vez, como hago todo. Escribo esta columna mientras hago un salmorejo, una especie de gazpacho emulsionado, se agrega el aceite de oliva de a poco sin dejar de mezclar, como en una mayonesa, para que emulsione y quede mucho m&aacute;s espeso. Pienso que cocinar y escribir se parecen en el hecho de que hay much&iacute;sima gente que no sabe tocar ning&uacute;n instrumento ni pintar, por caso, pero toda la gente escribe y cocina en su vida diaria: quienes nos dedicamos a la cocina o a la escritura sabemos hacer algo, en teor&iacute;a, pero no algo que el resto de la gente no sepa hacer en alguna medida. A veces por eso supongo que se siente como no saber hacer nada. 
    </p><p class="article-text">
        Lo que m&aacute;s me gusta de mi amiga la que es cocinera profesional es que tiene una relaci&oacute;n completamente no neur&oacute;tica con eso: yo envidio tanto en cambio a la gente que, no s&eacute;, toca un clavicordio o arregla m&aacute;quinas, la gente que tiene un saber t&eacute;cnico espec&iacute;fico. Ella es todo lo contrario: es una pastera experta pero rara vez te lo recuerda si est&aacute;s cocinando con ella, y tiene menos esnobismos culinarios que mucha otra gente que conozco. Hace poco tuvimos que llevar sanguchitos de miga a una reuni&oacute;n y le pregunt&eacute; d&oacute;nde comprar, preocupada por no caer con algo que ella no comer&iacute;a: me dijo que cualquier confiter&iacute;a que a m&iacute; me gustara, sin darle ninguna importancia. Supongo que esa es la sabidur&iacute;a que me interesa, con la comida y con todo, la sabidur&iacute;a del juego que cualquiera puede jugar, que la idea es que juguemos todos. 
    </p><p class="article-text">
        <em>TT</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/juego-jugar_129_9945713.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 12 Feb 2023 03:02:02 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/08b51d1d-3314-450d-94c0-c32e52842f29_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="123632" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/08b51d1d-3314-450d-94c0-c32e52842f29_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="123632" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El juego que cualquiera puede jugar]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/08b51d1d-3314-450d-94c0-c32e52842f29_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Comida,Cocina,Escritura,Sabiduría]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
