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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Pescado Rabioso]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Pescado Rabioso]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El sol sale para todos: El libro de Manuel y el álbum doble de Pescado Rabioso, cincuenta años después]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/sol-sale-libro-manuel-album-doble-pescado-rabioso-cincuenta-anos-despues_129_9964014.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f03ec614-7f41-49c1-8f6e-947c7ecc43da_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El sol sale para todos: El libro de Manuel y el álbum doble de Pescado Rabioso, cincuenta años después"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Aquella novela de Cortázar, cargada de una música ajena a la mayoría de los lectores, y el disco, modernista, lírico y brutal, buscaban públicos distintos, dice el autor. A la distancia, pueden integrarse como frescos de una época de ebullición tan invocada como desconocida.</p></div><p class="article-text">
        Hace medio siglo el pa&iacute;s bull&iacute;a.&nbsp;Medio siglo, y todav&iacute;a salimos a la b&uacute;squeda de esos sentidos efervescentes, los restos sonoros de una Argentina perdida (de rota, tambi&eacute;n). En el lejano febrero de 1973 se desplegaba la campa&ntilde;a electoral que llevar&iacute;a a la presidencia a H&eacute;ctor C&aacute;mpora. &ldquo;Todos al frente al frente con Per&oacute;n&rdquo;, invitaba la m&uacute;sica promocional del FREJULI, pero ese anhelo de totalidad era invocado tambi&eacute;n desde la publicidad y la canci&oacute;n hasta la literatura. &ldquo;Sale el sol para todos&rdquo;, promet&iacute;a ese 73 el vino Rojo Trapal y la pantalla, aunque blanco y negro, suger&iacute;a un horizonte bermell&oacute;n. &ldquo;Yo tengo fe que todo cambiar&aacute;&rdquo;, confiaba Palito. &ldquo;Cambiar la realidad para todos&rdquo;, aspiraba uno de los personajes centrales de <em>El libro de Manuel</em>, la novela m&aacute;s pol&iacute;tica y discutible de Julio Cort&aacute;zar, que hace 50 febreros entraba en imprenta. &ldquo;Todo gigante muere cansado de devorar a los de abajo&rdquo;, cantaba ese mismo mes Luis Alberto Spinetta. &ldquo;Crist&aacute;lida&rdquo; cerraba el bell&iacute;simo &aacute;lbum doble de Pescado Rabioso.
    </p><p class="article-text">
        Aquella novela, cargada de m&uacute;sica, una m&uacute;sica ajena a la mayor&iacute;a de los lectores, como veremos, y ese disco, modernista, l&iacute;rico y brutal, buscaban p&uacute;blicos distintos. <strong>Pero, a la distancia, pueden integrarse como frescos de una &eacute;poca tan invocada como desconocida.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Cort&aacute;zar escribe desde Par&iacute;s, convencido que su &ldquo;arma&rdquo;, la literatura, es el equivalente a la metralla de un guerrillero. <strong>La novela fue su ofrenda a la causa revolucionaria.</strong> Esa narrativa realizada sobre la base de distintas t&eacute;cnicas y montajes tienen un destinatario, Manuel, beb&eacute; de poco m&aacute;s de un a&ntilde;o que, alg&uacute;n d&iacute;a, cuando el mundo, se presume, habr&aacute; cambiado, podr&aacute; comprender las razones de lo que tiene delante de sus ojos. Sin embargo,<strong> la novela ha envejecido mal.</strong> El personaje Manuel podr&iacute;a preguntarse, ya cincuent&oacute;n, por qu&eacute; le dejaron semejante presente, cuyos efectos no fueron nunca alcanzados. Las malas lecturas que tuvo en su momento la novela de circulaci&oacute;n nos ofrecen una diagonal interpretativa. Recordemos: <em>El libro de Manuel</em> cuenta las peripecias en Par&iacute;s de una cofrad&iacute;a latinoamericana que incluye a varios argentinos. Ellos forman &ldquo;la Joda&rdquo;. El grupo de aspiraciones revolucionarias y nombre estramb&oacute;tico parece la superaci&oacute;n dial&eacute;ctica del Club de la Serpiente. Si en uno, el de <em>Rayuela, </em>reinaba el jazz y la conversaci&oacute;n improductiva, el otro se abre al secuestro diletante de un funcionario con atributos regionales, llamado &ldquo;el VIP&rdquo;. El bot&iacute;n de la guerra urbana ser&iacute;a intercambiado por prisioneros pol&iacute;ticos. Pero antes de lograr el objetivo, y por un desliz sentimental, son encontrados por la polic&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Qu&eacute; opina de <em>Libro de Manuel</em> de Julio Cort&aacute;zar?&rdquo; La pregunta de <em>Crisis </em>en su primer n&uacute;mero, que sali&oacute; a la veinte pocas semanas antes de la asunci&oacute;n de C&aacute;mpora, fue respondida con diversas coloraciones de la sospecha. &ldquo;El europeo Cort&aacute;zar nos mira. Pero no dejemos de leerlo&rdquo;, respondi&oacute; Osvaldo Bayer. &ldquo;A nosotros los trabajadores nos importa m&aacute;s Evita que Plat&oacute;n&rdquo;, la soslay&oacute; el ex secretario general de la CGT de los Argentinos, Raimundo Ongaro. &ldquo;Simplista e ingenua&rdquo;, remat&oacute; Liliana Hecker, del <em>Escarabajo de Oro.</em> Ya en 1974, Beatriz Sarlo lo califica en <em>Los libros</em> de &ldquo;escritor peque&ntilde;o burgu&eacute;s&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de asuntos estrictamente relacionados con el pudor, la eficacia de la forma o sus procedimientos,<strong> la querella tiene como trasfondo el problema de la autonom&iacute;a del arte</strong> del cual el propio Cort&aacute;zar no se desentiende: &ldquo;en lo que llevamos visto el hombre nuevo suele tener cara de viejo apenas ve una minifalda o una pel&iacute;cula de Andy Warhol&rdquo;. Pero en un pliegue m&aacute;s desatendido, aunque no menos importante est&aacute; la m&uacute;sica. Los narradores y a la vez testigos de los hechos que se novelan (Andr&eacute;s y &ldquo;el que te dije&rdquo;) son inocultablemente mel&oacute;manos. De un modo inveros&iacute;mil, enfrentado a todo c&oacute;digo realista o documental. Parte de las predilecciones de los personajes, que eran las de Cort&aacute;zar, se desconoc&iacute;an en Argentina, eran <strong>patrimonio de minor&iacute;as entre las minor&iacute;as culturales</strong> o pod&iacute;an ser entendidos como una marca de abolengo &ldquo;peque&ntilde;o burgu&eacute;s&rdquo;. Mozart (sus quintetos), Bela Bartok, Luciano Berio, el ex integrante de la guerrilla griega durante la Segunda Guerra y campe&oacute;n de la m&uacute;sica estoc&aacute;stica, Ianis Xenakis (&ldquo;Vos con tu Xenakis y tu culturita de sof&aacute; y l&aacute;mpara a la izquierda&rdquo;, le dice Lonstein a Andr&eacute;s), y hasta Joni Mitchell, famosa despu&eacute;s de Woodstock, &iexcl;Caetano Veloso!, Juan Carlos Paz, Pedro Maffia, Eduardo Fal&uacute; y un cl&aacute;sico cortazariano: Jerry Roll Morton. Cort&aacute;zar los hace desfilar ante los ojos del lector como<strong> ciudadanos de la profusa discoteca de un arist&oacute;crata del gusto</strong>. &iquest;Los educaba para la lucha o para el solaz con auriculares que tanto usaba en privado?<strong> &iquest;La toma del poder o la sofisticaci&oacute;n y curiosidad musical? </strong>
    </p><p class="article-text">
        El escritor le dedica varios extensos p&aacute;rrafos a <em>In C</em>, una obra Terry Riley, una obra de 1964, nacida en el ambiente creativo que pari&oacute; al hipismo en San Francisco, y que contribuy&oacute; de manera decisiva a fundar el minimalismo. <em>Libro de Manuel </em>disecciona en clave pol&iacute;tica el <em>modus operandi </em>de esa larga pieza que lleg&oacute; al disco en 1968: &ldquo;And&aacute; a saber, reconoce el que te dije, pero en todo caso vos pod&eacute;s juntar a treinta pibes, explicarles el mecanismo, y durante una hora har&aacute;n una m&uacute;sica del carajo; si extrapolas podr&iacute;an invitar a todos los de Boca o de River a mandarse el Terry Riley un domingo de tarde, reparti&eacute;ndoles unas quenitas y otras cornamusas f&aacute;ciles y baratas; casi todo el mundo es capaz de leer las notas, sin contar que hay el sistema de cifras, de letras y otras simplificaciones&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Desde el punto de vista de los impugnadores de la novela, Andr&eacute;s, quien cavila hasta el final sobre su pertenencia a &ldquo;la Joda&rdquo; por miedo a perder su individualidad, debi&oacute; haber sido el personaje m&aacute;s irritante al reivindicar &ldquo;el derecho de escuchar free jazz si me da la gana y no hago mal a nadie&rdquo;. Si &ldquo;el que te dije&rdquo; valoraba a Riley, el m&aacute;s hippie de los compositores de posguerra, Andr&eacute;s est&aacute; obsesionado con una obra de Karlheinz Stockhausen, el mismo al que los Beatles incluyeron en la portada de <em>Sgt. Pepper&acute;s Lonely Hearts Club Band</em>: 
    </p><p class="article-text">
        <em>Mi problema de esa noche antes de que vinieran Marcos y Lonstein a partirme por el eje, cordobeses del carajo, era entender por qu&eacute; no pod&iacute;a escuchar la grabaci&oacute;n de </em>Prozession<em> sin distraerme y concentrarme alternativamente, y pas&oacute; un buen rato antes de que me diera cuenta de que la cosa estaba en el piano. Entonces es as&iacute;, basta repetir un pasaje del disco para corroborarlo; entre los sonidos electr&oacute;nicos o tradicionales pero modificados por el empleo que hace Stockhausen de filtros y micr&oacute;fonos, de cuando en cuando se oye con toda claridad, con su sonido propio, el piano. Tan sencillo en el fondo: el hombre viejo y el hombre nuevo en este mismo hombre sentado estrat&eacute;gicamente para cerrar el tri&aacute;ngulo de la estereofon&iacute;a, la ruptura de una supuesta unidad que un m&uacute;sico alem&aacute;n pone al desnudo en un departamento de Par&iacute;s a medianoche</em>.
    </p><h3 class="article-text">Pescado</h3><p class="article-text">
        Insurgencia y m&uacute;sica confluyen de modo desopilante en la novela (al comandante montonero Roberto Perd&iacute;a le llev&oacute; cuatro d&eacute;cadas descubrir a Charly Garc&iacute;a, como reconoce en su voluminosa memoria personal) mientras Pescado Rabioso pone en escena lo contrario en <strong>uno de los gags que protagoniza en </strong><em><strong>Rock hasta que se ponga el sol</strong></em><strong>,</strong> la pel&iacute;cula que, en sinton&iacute;a con su disco doble, se estren&oacute; en febrero de 1973. El grupo que integraban Spinetta, David Leb&oacute;n, Carlos Cutaia y Black Amaya tiene tres apariciones en el filme que dirigi&oacute; An&iacute;bal Uset y cont&oacute; con la colaboraci&oacute;n en el gui&oacute;n del productor Jorge &Aacute;lvarez. En la primera, los m&uacute;sicos caminan despreocupados por una calle arbolada de San Isidro. Avanzan entre sonrisas mientras que un Fiat 128, y un Impala negro, manejado por un chofer y con un hombre &ldquo;importante&rdquo; en el asiento trasero, se preparan para confluir en un mismo punto, frente a una casa. Del 128, sale un joven. Viste una campera de jean y usa el pelo y las patillas largas, como si fuera el Joe Cocker de Woodstock. &nbsp;De pronto, saca un arma y apunta contra su objetivo. El proyectil se incrusta en el abdomen de David Leb&oacute;n. El bajista y cantante se toma la zona del impacto, que empieza a te&ntilde;irse de rojo. Se acerca al autor del disparo y lo increpa: &ldquo;qu&eacute; hac&eacute;s loco, &iquest;no te das cuenta? &iexcl;Pero mir&aacute; lo que me hizo este tipo, loco! Esto yo no me lo merezco, &iexcl;ven&iacute; para ac&aacute;!&rdquo;. El atacante lo mira en silencio, impert&eacute;rrito. Si hasta ese momento se manten&iacute;a la duda sobre el agresor, la amenaza de Leb&oacute;n la despeja. &ldquo;Si fuera otro tipo, &iquest;sab&eacute;s lo que te hago? En cana te meto, taradito&rdquo;. &iquest;Qui&eacute;n ser&iacute;a ese &ldquo;otro tipo&rdquo; que dice no ser? &iquest;Un delator? &iquest;Una persona &ldquo;com&uacute;n&rdquo;? Con un dedo, Leb&oacute;n refuerza su intimidaci&oacute;n (la de llamar a la polic&iacute;a) y le tizna el rostro de sangre. Desde atr&aacute;s se escucha la voz de un Spinetta. Viste una remera con el rostro de Jimmy Hendrix y acota: &ldquo;tonto&rdquo;, como si glosara la canci&oacute;n de Billy Bond y La Pesada que forma parte de la misma pel&iacute;cula y el disco lanzado tambi&eacute;n a fines de 1972. 
    </p><p class="article-text">
        El gag se termina por corte. Spinetta irrumpe sobre el escenario de un teatro, encorvado y con el dorso desnudo. Sobre su espalda tiene una sirena, acaso la del patrullero que amagaron convocar con tono par&oacute;dico. El &ldquo;Flaco&rdquo; imita su sinusoide caracter&iacute;stica en medio de los aplausos del p&uacute;blico. &ldquo;La cana&rdquo;, se escucha decir, aunque nadie en la sala va preso por &ldquo;cantar canciones de rock&rdquo;. Spinetta se saca la sirena de encima y comienza a sonar &ldquo;Despi&eacute;rtate nena&rdquo;, una canci&oacute;n que cantan indistintamente Leb&oacute;n y Luis. Forma parte de <em>Desatorment&aacute;ndonos</em>, el disco de fines del 72. Pod&iacute;a leerse en su contratapa: &ldquo;el pueblo es la estrella m&aacute;gica. Todos la vemos parecerse al r&iacute;o. Los gusanos de los emperadores trepidan en apocal&iacute;ptico fest&iacute;n. Ellos no tienen tiempo de recurrir a las armas. La estrella las fundi&oacute; todas en un piano infinito. La cabellera de los torturadores sangra en mi carro. Nosotros: desatorment&aacute;ndonos para siempre&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        La energ&iacute;a radiante ese disco tambi&eacute;n lleg&oacute; a sonar como fondo en <em>Los traidores</em>, la pel&iacute;cula que se iba a estrenar ese mismo a&ntilde;o. Para el momento de la tortura del sindicalista clasista, Raymundo Gleyzer eligi&oacute; como m&uacute;sica de fondo <em>Post-crucifixi&oacute;n</em>, el tema que sigue en el disco a &ldquo;Despi&eacute;rtate nena&rdquo;, y que contiene <strong>uno de los </strong><em><strong>rif</strong></em><strong>fs m&aacute;s reconocibles de la m&uacute;sica de los setentas</strong>, gracias a las manos de Cutaia. La electricidad en su mayor estado de salvajismo sonoro. &ldquo;&iquest;Qui&eacute;n m&aacute;s integra tu grupo?&rdquo;, quiere saber el verdugo, y no habla de rock. &ldquo;&iquest;Vas a hablar o no vas a hablar, carajo? Ac&aacute; no hay mucho tiempo: estamos comiendo. Habl&aacute; o te reventamos. Cont&aacute; todo o al cementerio&hellip; ac&aacute; cantan todos o van a la quinta del &Ntilde;ato&rdquo;, dice el verdugo al hombre que est&aacute; atado en una cama, y que solo responde que no sabe nada. &ldquo;Cont&aacute; &iquest;qui&eacute;nes son? &iexcl;Carajo, bajen esa radio que el compa&ntilde;ero quiere cantar!&rdquo;. La picana se desplaza sobre el pecho y de la radio sale el <em>riff </em>de la canci&oacute;n. &ldquo;Escuchame, esto es suavecito&rdquo;, le dice el torturador, y el volumen de &ldquo;Post-crucifixi&oacute;n&rdquo; sube inexplicablemente. &ldquo;Ponete piola&rdquo;. Pescado domina la situaci&oacute;n. &ldquo;Carajo, baj&aacute; esa m&uacute;sica de una vez que el compa&ntilde;ero va a cantar&rdquo;. Y el sonido pesado de la banda se pierde antes de que la voz de Spinetta pida lo que la escena misma delata: &ldquo;abr&aacute;zame, madre del dolor / Nunca estuve tan lejos de mi cuerpo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El salto de calidad entre <em>Desatorment&aacute;ndonos</em> y <em>Pescado II </em>es importante. &ldquo;Pose&iacute;do del alba&rdquo;, &ldquo;Credulidad&rdquo;, con sus pizcas de surrealismo, &ldquo;Corto&rdquo;, con el portentoso &oacute;rgano Hammond, pero, sobre todo, la mencionada &ldquo;Crist&aacute;lida&rdquo;. Cutaia se encarg&oacute; de los arreglos orquestales. El grupo y la orquesta grabaron a sus &oacute;rdenes en condiciones t&eacute;cnicas que solo pueden ser superadas por una voluntad infinita. Y ah&iacute;, en esa larga canci&oacute;n, cuyas secciones se unen a partir del estribillo, podemos leer y escuchar hoy algo sombr&iacute;o y, entonces, inadvertido. Spinetta canta primero &ldquo;todo gigante muere cansado de que lo observen los de afuera&rdquo;. Sobre el final, el autor reescribe la letra como<strong> una admonici&oacute;n que, medio siglo despu&eacute;s, tiene mucha mayor importancia que </strong><em><strong>El libro de Manuel.</strong></em><em> </em>Impresiona la predicci&oacute;n saturnina de Spinetta, siempre tan alejado de la contingencia, pero, a la vez, abierto a dejar que la &eacute;poca estalle en su voz: &ldquo;todo gigante muere cansado de devorar a los de abajo&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        A los 23 a&ntilde;os, Spinetta se encontraba en estado de gracia. El mismo 73, desarmar&iacute;a su banda, grabar&iacute;a <em>Artaud</em> y formar&iacute;a Invisible (quien quiera seguir el recorrido ins&oacute;lito y a la vez tan fecundo vaya a <em>El a&ntilde;o de Artaud</em>, el imprescindible libro de Sergio Pujol). 
    </p><p class="article-text">
        <em>CC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Abel Gilbert]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/sol-sale-libro-manuel-album-doble-pescado-rabioso-cincuenta-anos-despues_129_9964014.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 19 Feb 2023 03:01:41 +0000]]></pubDate>
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