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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Revistas]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/revistas/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Revistas]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Daniel Flores, como un Rolling Stone]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/conexiones/soy-parte-del-mar/daniel-flores-rolling-stone_132_12325742.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ff71e9f7-993d-4f0f-af14-f69578cfeabe_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Daniel Flores, como un Rolling Stone"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Dirige desde 2019 la edición argentina de la mítica revista "Rolling Stone", donde explora los cruces entre periodismo, cultura musical y plataformas digitales. Fundador de publicaciones clave del rock alternativo en los 90, Flores también es músico y compositor en Satélite Kingston. Su trayectoria combina edición, creación sonora y experimentación con nuevos formatos.</p></div><p class="article-text">
        La conversaci&oacute;n con <strong>Daniel Flores</strong> (Buenos Aires, 1973) podr&iacute;a girar en torno a la edici&oacute;n de una revista de papel en esta era de IA y algoritmos, de c&oacute;mo una publicaci&oacute;n f&iacute;sica lleva el mes a mes en una industria que ha virado en gran parte hacia lo digital. Pero <em>Rolling Stone</em>, la publicaci&oacute;n del grupo <em>La Naci&oacute;n</em> que &eacute;l dirige desde fines de 2019, es m&aacute;s que eso. 
    </p><p class="article-text">
        Imaginemos un rogel con muchas capas de informaci&oacute;n. Una torta en la que los ingredientes (l&eacute;ase contenidos) pueden ser reutilizados tanto como segmentados. Lo que puede implicar una pesadilla para unos, para otros es un mar de oportunidades. Son las bonanzas de la sustentabilidad period&iacute;stica y dem&aacute;s. Mucho de esto y m&aacute;s converger&aacute; en nuestra conversaci&oacute;n que llevaremos a cabo en uno de los espacios de la revista en su sede en Vicente L&oacute;pez. 
    </p><p class="article-text">
        All&aacute; y a lo lejos, la experiencia de Flores en el universo period&iacute;stico comienza como parte del staff fundador de dos revistas se&ntilde;eras del rock alternativo de comienzos de los a&ntilde;os 90: <em>Esculpiendo</em> <em>Milagros</em> y <a href="https://archive.org/search?query=creator%3A%22Revista+Revolver%22" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">Revolver</a>. En el camino, no dej&oacute; nunca de lado su otra pasi&oacute;n: m&uacute;sico y compositor de la banda de ska <strong>Sat&eacute;lite Kingston</strong>, que celebra este 2025 sus tres d&eacute;cadas de existencia con la salida del EP <em>Justo cuando cre&iacute;as que no - The Romaphonic Sessions</em> (Muzick vibes). Adem&aacute;s, compuso la banda sonora de la serie <em>Signos </em>(Canal 13, 2015) y cuenta con un disco solista en su haber (<em>Todo hombre es una isla</em>, publicado en 2012).
    </p><p class="article-text">
        En estos d&iacute;as vio la luz <em>Jamaica no existe &ndash; En busca del poder del reggae</em> (Gourmet Musical), libro en el que Flores se pregunta c&oacute;mo una m&uacute;sica que naci&oacute; en una isla resistente y muy particular pudo esparcir por distintos puntos del mundo &ndash;y con diferencias notables tanto de clima como de h&aacute;bitos&ndash; las semillas de un g&eacute;nero siempre vigente. Anteriormente edit&oacute; <em>La manera correcta de gritar</em> (Piloto de Tormenta, 2008) y <em>Remeras de rock</em> (Tren en Movimiento, 2017), coescribi&oacute; las antolog&iacute;as sobre el under rockero: <em>Gente que no</em> (Piloto de Tormenta, 2009) y <em>Derrumbando la Casa Rosada </em>(Piloto de Tormenta, 2011) y produjo <em>Pint&oacute; el punk</em> (Piloto de Tormenta, 2012), un libro para colorear tapas de discos de <strong>The Clash</strong> a <strong>NoFX</strong>. 
    </p><p class="article-text">
        - <strong>&iquest;C&oacute;mo es hacer una revista en papel con tanta inmediatez a la vuelta de la esquina?</strong>
    </p><p class="article-text">
        - Cambia el enfoque en muchos sentidos. Siempre est&aacute; la sensaci&oacute;n de: &ldquo;&iquest;Cu&aacute;l es la actualidad&rdquo; &ldquo;&iquest;Cu&aacute;l es el presente?&rdquo;. En periodismo, yo he trabajado m&aacute;s que nada en diarios con el d&iacute;a a d&iacute;a; y despu&eacute;s pas&eacute; a realizar periodismo semanal, pero en los &uacute;ltimos a&ntilde;os me aboqu&eacute; al periodismo mensual, lo que implica un salto. Aunque en otro planeta porque lo que hacemos desde <em>Rolling Stone</em> en muchos casos tiene algo como de oficializaci&oacute;n de algunos hechos, de algunos acontecimientos. Por ejemplo, este a&ntilde;o vino <strong>Patti Smith</strong> a Buenos Aires. &iquest;Vamos a contar c&oacute;mo fue la presentaci&oacute;n para que te enteres dentro de un mes y medio, considerando el tiempo de producci&oacute;n de una revista? Incluso cuando leas la nota, habr&aacute; pasado m&aacute;s de un mes y medio. No, no tiene mucho sentido. No te vas a enterar por la revista, o quiz&aacute; s&iacute; te enteres, pero ese no puede ser nuestro objetivo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>- &iquest;Cu&aacute;l es el objetivo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        - El objetivo es hacer una especie de memoria, como un bolet&iacute;n oficial. Una especie de apostilla de &ldquo;esto pas&oacute;, esto es importante&rdquo;. Pensamos en que esta revista queda en tu colecci&oacute;n y cuando la revises, va a estar documentado esto que sucedi&oacute; y que fue importante. S&iacute;, caprichosa y arbitraria como cualquier edici&oacute;n period&iacute;stica, pero bien intencionada. Aqu&iacute; y ahora estamos tratando de combinar por un lado el valor de la noticia y la velocidad con que pasan las cosas. Yo empec&eacute; en <em>Rolling Stone</em> a fines de 2019 y en esos primeros n&uacute;meros que me toc&oacute; agarrar, todav&iacute;a hab&iacute;a una secci&oacute;n de dos p&aacute;ginas, a veces m&aacute;s, con rese&ntilde;as de shows. Sin embargo, eso no se hace m&aacute;s. En principio, porque a los cuatro meses vino la Pandemia, que fue interesante dado que de alguna manera provoc&oacute; un reseteo. Muchas de estas cosas no tienen sentido y pasan otras. Es que <em>Rolling Stone</em> no es solo una revista de rock, hab&iacute;a que empezar a pensarla desde otro lado.
    </p><p class="article-text">
        <strong>- Es bueno que traigas esto a la mesa. &iquest;Por qu&eacute; seguimos creyendo que </strong><em><strong>Rolling Stone</strong></em><strong> es una revista rockera? Si desde 1974 abandon&oacute; ese paradigma.</strong>
    </p><p class="article-text">
        - Por un mont&oacute;n de malentendidos. Por el nombre que mucha gente asocia a la banda&hellip; Como si no hubiera pasado m&aacute;s de medio siglo de que ya conocemos esa historia. Por supuesto que tiene una fuerte impronta el rock, ocupando una parte importante del sumario de la revista. Adem&aacute;s, la mayor&iacute;a de las tapas han sido de m&uacute;sicos de rock. Pero lo cierto es que <strong>In&eacute;s Est&eacute;vez </strong>estuvo en una de las primeras veinte portadas. Adem&aacute;s, la ocuparon <strong>Flor de la V</strong>, (<strong>Jorge</strong>) <strong>Lanata</strong> y (<strong>Ricardo</strong>) <strong>Dar&iacute;n</strong>, entre otros. S&iacute;, pod&eacute;s verlo con ojos rockeros &ndash;ya que pod&eacute;s ver con ojos rockeros cualquier cosa&ndash;, pero no eran espec&iacute;ficamente m&uacute;sicos de rock. Si bien para un mont&oacute;n de gente no es tan obvio, hay que seguir explic&aacute;ndolo.<span class="highlight" style="--color:white;"> </span>Dicho esto, curiosamente, hoy s&iacute; la <em>Rolling Stone</em> se parece m&aacute;s a una revista de rock.
    </p><p class="article-text">
        <strong>- &iquest;Por qu&eacute;?</strong>
    </p><p class="article-text">
        - Porque las revistas m&aacute;s generalistas &ndash;la <em>Rolling Stone</em> era una revista generalista en su universo de cultura rock&ndash; se fueron comprimiendo, se fueron haciendo de nicho. Hoy todas las revistas son de nicho y llegan a un universo de lectores mucho m&aacute;s restringido, y eso hace que vayas de alg&uacute;n modo cerrando el foco. Adem&aacute;s, ocurre otra cosa. A fines de los a&ntilde;os 90, principios de los 2000, aspirar a cubrir todo el panorama del rock, la literatura joven, el nuevo periodismo, las figuras emergentes, el cine, la televisi&oacute;n, la radio, era una aspiraci&oacute;n de <em>Rolling Stone</em> bien resuelta. Hoy pretender dar cuenta de todo lo que ocurre en el streaming, abarcar todos los g&eacute;neros de la m&uacute;sica, todo el cine y todos los podcast que se producen, es inabarcable; ese mundo es mucho m&aacute;s vasto. Si el fuerte de <em>Rolling</em> era el rock, quiz&aacute;s es momento de concentrarse en ese estadio en lo que mejor hac&iacute;a, y as&iacute; aflojar un poco con esa pretensi&oacute;n de cubrirlo todo. Uno de los esl&oacute;ganes de <em>Rolling</em> es &ldquo;lo que importa est&aacute; ac&aacute;&rdquo;. Pero hoy lo que importa no entra en ning&uacute;n lado. Es m&aacute;s, tendr&iacute;a que ser &ldquo;ac&aacute; hay cosas que importan&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>- Pensando en la grilla, en el mapa de notas, &iquest;esto se convierte en alg&uacute;n momento del mes en un trastorno para vos? </strong>
    </p><p class="article-text">
        - Venimos hablando de c&oacute;mo hacer una revista mensual y en realidad es una pregunta muy pertinente, pero lo cierto es que <em>Rolling Stone</em> no es eso tampoco. Pasan otras cosas en el medio. En un punto, hoy es una especie de multimedio. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>- Bien la aclaraci&oacute;n porque quiz&aacute; me qued&eacute; en los 90. (</strong><em><strong>Risas</strong></em><strong>)</strong>
    </p><p class="article-text">
        - Claro. Si bien es pertinente hablar de la revista porque la hacemos mes a mes, pero &iquest;en qu&eacute; pensamos cuando venimos a laburar todos los d&iacute;as? No en una revista mensual. S&iacute;, algunos d&iacute;as pensamos en ella; en c&oacute;mo nos va a servir lo que vamos a hacer hoy para una revista mensual, pero no es el &uacute;nico foco. Para nada. Nuestra agenda period&iacute;stica es la web, son las redes &ndash;que es otra categor&iacute;a; las redes no son solo una ampliaci&oacute;n m&aacute;s de la noticia que damos en la web, sino que otras veces es otra cosa con su l&oacute;gica propia, incluso distinta de una red a otra&ndash;; son as&iacute; tambi&eacute;n otros formatos que hacemos por momentos (entrevistas en video, que algunas se desglosan en distintos formatos; algo s&uacute;per variable y din&aacute;mico). 
    </p><p class="article-text">
        Pero no todas las notas del papel van a la web ni viceversa. Ni tampoco se publican ni se trasladan del mismo modo.<span class="highlight" style="--color:white;"> </span>As&iacute; como reci&eacute;n est&aacute;bamos hablando de c&oacute;mo hacemos la revista de papel mensual, cambi&oacute; asimismo la forma en c&oacute;mo hacemos la web. Sucede que el lector de <em>Rolling Stone</em> es muy diverso. Est&aacute; el suscriptor de la revista en papel, como tambi&eacute;n el que anda <em>scrolleando</em> en las redes y as&iacute; llega a contenido nuestro. Acabamos de pasar los trescientos mil seguidores en Instagram pero no tenemos esa cifra de suscriptores en papel. (<em>Risas</em>) Hay un video en nuestro Instagram del &uacute;ltimo show de <strong>Shakira</strong> que tiene cuatro millones y medio de vistas. No hay una nota de la revista que hayan le&iacute;do cuatro millones de personas. Ahora bien, &iquest;qu&eacute; nos da sustentabilidad? Todav&iacute;a vivimos de los diez mil lectores de papel y no de los cuatro millones y medio de vistas en las redes. Adem&aacute;s, no hubo un traslado de la publicidad a las redes; en el mundo, s&iacute;; en los medios, no.
    </p><p class="article-text">
        <strong>- Daba por hecho que s&iacute;.</strong>
    </p><p class="article-text">
        - Las ventas todav&iacute;a son ventas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>- Una de las notas que cobraron relevancia en estos &uacute;ltimos tiempos fue la rese&ntilde;a del </strong><a href="https://es.rollingstone.com/arg-critica-duki-ameri/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>&uacute;ltimo disco de Duki</strong></a><strong> que escribi&oacute; el colega Juan Facundo D&iacute;az en </strong><em><strong>Rolling Stone</strong></em><strong>. Lo curioso es que mucha gente salt&oacute; a bardear al periodista por ser un poco cr&iacute;tico con el m&uacute;sico. &iquest;Qu&eacute; ves en todo el revuelo que gener&oacute;?</strong>
    </p><p class="article-text">
        - Hay varias aristas. Primero sali&oacute; en la web. Justo el d&iacute;a en que sal&iacute;a el disco de un personaje con tanta repercusi&oacute;n, con tanta visibilidad como <strong>Duki</strong>. Ahora, es como vos dec&iacute;s, llam&oacute; la atenci&oacute;n que hubiera una cr&iacute;tica con algunos puntos negativos, porque hab&iacute;a otros que no lo eran. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>- Exacto.</strong>
    </p><p class="article-text">
        - Pero eran ciertos puntos negativos sobre un disco, una costumbre que se ha perdido.<span class="highlight" style="--color:white;"> </span>Ahora se habla bien de todo y hay mucha sensibilidad con la cr&iacute;tica. De todos modos, hubo otro fen&oacute;meno interesante. Lo que caus&oacute; impacto y tuvo mayor rebote fue c&oacute;mo se levant&oacute; la nota en algunas webs con el t&iacute;tulo: &ldquo;<em>Rolling</em> <em>Stone</em> destroz&oacute; a Duki&rdquo;. Lo cual no era cierto. Para alguien poner algunos peros sobre algo es destruirlo, destrozarlo. Y eso no era verdad. De hecho, la nota &ndash;que estaba muy argumentada, muy pensada, muy trabajada y con mucho cuidado, atendiendo a esta sensibilidad de los artistas y de sus entornos&ndash;, incluso dec&iacute;a cosas como que Duki es hoy el artista m&aacute;s importante de la m&uacute;sica en castellano, y que esper&aacute;bamos su obra cumbre pero que esta no es su obra cumbre. De ah&iacute; a &ldquo;destroz&oacute;&rdquo; hay un abismo. Ahora bien, el rebote era sobre un posteo, no sobre nuestro link. Eso fue lo que se viraliz&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>- La interpretaci&oacute;n de la interpretaci&oacute;n. </strong>
    </p><p class="article-text">
        - Uno ve a diario &ndash;en los comentarios a las notas en los medios&ndash;lectores que responden a cosas que no leyeron. Pero en este caso era peor porque ni siquiera ten&iacute;an ah&iacute; la nota para leer, estaban respondiendo y recompartiendo una lectura &ndash;equivocada&ndash; de nuestro contenido, aunque no era nuestro contenido. Era como la metaviralizaci&oacute;n, pero encima de una lectura forzada para tener repercusi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>- Salgamos un poco de la actualidad. Viajemos a tu formaci&oacute;n. Viviste en Estados Unidos en tu adolescencia.</strong>
    </p><p class="article-text">
        - Hice la secundaria en Virginia, en los suburbios de Washington. Con mi familia nos fuimos por laburo de mi viejo. Cuando viajamos yo reci&eacute;n empezaba a escuchar punk rock, hab&iacute;a ido a ver a los <strong>Fabulosos Cadillacs</strong>, hab&iacute;a ido a ver a los <strong>Redondos</strong> varias veces, hab&iacute;a ido al Parakultural. Vi a <strong>Todos Tus Muertos</strong> y a <strong>Los</strong> <strong>Corrosivos</strong> en Cemento. Ten&iacute;a catorce a&ntilde;os. Vi muchas cosas en esos seis meses que empec&eacute; a salir entre fines de 1987 hasta mediados de 1988. Y nos volvimos en 1991. All&aacute; conoc&iacute; el sello Dischord, a <strong>Fugazzi</strong>, el emo verdadero, no el de MTV, sino el que se desprende del hardcore, m&aacute;s indie, m&aacute;s bestial. 
    </p><p class="article-text">
        Viv&iacute;amos a dos cuadras del Tower Records de Virgina. Pero no hab&iacute;a un mont&oacute;n como era el caso de Musimundo en Buenos Aires. Hab&iacute;a uno ah&iacute; y otro en DC. No mucho m&aacute;s. Al regreso del colegio pasaba por Tower. El local era gigante y estaba todo. Compr&eacute; muchos discos ah&iacute;. El segundo &aacute;lbum que compr&eacute; fue <em>Machine Gun Etiquette</em> de <strong>The Damned</strong>. Las vueltas de la vida, la banda inglesa toc&oacute; a mediados de marzo en Buenos Aires. Unas semanas antes de venir me ofrecieron la t&iacute;pica telef&oacute;nica de diez minutos para promocionar el show, pero le propuse al productor hacerle una entrevista a cada uno de los cuatro integrantes. Estuve cuarenta minutos con cada uno. S&iacute;, la meloman&iacute;a peg&oacute; toda esa vuelta. De ser el segundo disco que compr&eacute; en mi vida a poder entrevistar a los cuatro; y escribir finalmente una nota con mucha sustancia, porque ellos son inteligentes y justo los que ven&iacute;an eran extra&ntilde;amente &ndash;para una banda tan longeva&ndash; tres miembros originales del d&iacute;a uno y uno que es el nuevo, que entr&oacute; en 1980.
    </p><p class="article-text">
        <strong>- A todo esto, siendo adem&aacute;s vos parte de una banda de ska, &iquest;c&oacute;mo convive el oficio del m&uacute;sico y el rigor period&iacute;stico?</strong>
    </p><p class="article-text">
        - Ahora s&uacute;per bien, pero siendo m&uacute;sico durante veinte a&ntilde;os hice periodismo musical amateur porque la situaci&oacute;n me generaba un conflicto. Vengo trabajando en la empresa que hace la <em>Rolling Stone</em> desde hace dos d&eacute;cadas, pero a lo sumo habr&eacute; hecho dos notas antes de incorporarme a la revista. Al contrario, colabor&eacute; en revista independientes, hice libros alternativos. En realidad, se han dado tres cosas. Una, por el conflicto que me pod&iacute;a generar a m&iacute; ser m&uacute;sico y a la vez escribir sobre colegas. Otra, el periodismo de m&uacute;sica mainstream no me interesaba, y era dif&iacute;cil vivir de la m&uacute;sica que me atra&iacute;a. La tercera es que me traum&oacute; un poco el editor de un suplemento juvenil en un encuentro que tuvimos en el Tower Records de Santa Fe y Riobamba. Hasta hoy no s&eacute; por qu&eacute;, pero me vino a apurar y me dijo: &ldquo;Vos te mor&iacute;s por escribir en el<em> S&iacute;</em>&rdquo;. Y yo le dije: &ldquo;X, la verdad es que no. Lo &uacute;ltimo que quiero es escribir en el <em>S&iacute;</em>; lo leo, me encanta, pero para nada&rdquo;. Posta que esa situaci&oacute;n me defini&oacute;. Pens&aacute; que si conozco gente en alguna rama del periodismo donde podr&iacute;a haber intentado haber hecho cosas es en espect&aacute;culos barra rock. Por eso me dediqu&eacute; al periodismo de viajes.
    </p><p class="article-text">
        <strong>- Estuviste en los albores de dos revistas se&ntilde;eras de los primeros a&ntilde;os 90: una m&aacute;s indie (</strong><em><strong>Revolver</strong></em><strong>)</strong><em><strong> </strong></em><strong>y otra m&aacute;s sofisticada (</strong><em><strong>Esculpiendo Milagros</strong></em><strong>). &iquest;C&oacute;mo es eso?</strong>
    </p><p class="article-text">
        - En 1991, a mi regreso de Estados Unidos, particip&eacute; de un taller de apreciaci&oacute;n musical que daban <strong>Norberto Cambiasso</strong> y <strong>Pablo Schanton</strong>. No era de periodismo, mucho menos de m&uacute;sica para m&uacute;sicos, pero s&iacute; de escucha barra historia de la m&uacute;sica alternativa &ndash;en t&eacute;rminos muy amplios. Lo hac&iacute;an en el departamento de Cambiasso frente al Hospital Italiano. Ser&iacute;amos doce personas. En un momento, el taller se divide. Unos se van con Pablo y otros con Norberto. Y est&aacute;n los que hacen ambos talleres. Yo soy del team Cambiasso, porque hab&iacute;a llegado ah&iacute; por &eacute;l. Y de ese grupo surgi&oacute; <em>Escupiendo Milagros</em>. En una segunda escisi&oacute;n, entre <strong>Ernesto &ldquo;Conejo&rdquo; Martelli</strong>, <strong>Alfredo</strong> <strong>Sainz</strong> y <strong>Esteban Bitesnik</strong>, forman <em>Revolver</em>. Yo estaba en las dos: en <em>Esculpiendo</em> en tanto alumno de <strong>Cambiasso</strong>; y en <em>Revolver</em> en tanto amigo de Ernesto, Alfredo y Esteban, una revista que hac&iacute;an en parte con lo que hab&iacute;an aprendido de <em>Esculpiendo</em> y sum&aacute;ndole lo que lo que ellos quer&iacute;an hacer y no pod&iacute;an ah&iacute;. Quiz&aacute; Cambiasso tuvo un enfoque m&aacute;s acad&eacute;mico, m&aacute;s riguroso. Como l&iacute;nea hist&oacute;rica period&iacute;stica, en el &uacute;ltimo n&uacute;mero de <em>Revolver</em> hab&iacute;a una computadora con internet en la casa de uno de los chicos. O sea, en el final de este recorrido aparec&iacute;a la b&uacute;squeda de informaci&oacute;n por internet. De la que nos nutr&iacute;amos, pero de la que tambi&eacute;n muy pronto se iba a nutrir el lector. En un punto, no nos iban a necesitar a nosotros.<span class="highlight" style="--color:white;"> </span>No es que no sean necesarias las revistas de rock, lo son, pero en el final de <em>Revolver</em> surge un cambio de paradigma incipiente. Eso fue en 1996 y hay otro dato interesante para mencionar: inclu&iacute;a un casete con temas de <strong>Catupecu Machu</strong>, <strong>Massacre</strong>, <strong>Porco</strong> y <strong>Pez</strong>, ni m&aacute;s ni menos. Todos, salvo <strong>Massacre</strong>, en car&aacute;cter de bandas &ldquo;nuevas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>- Desde esos d&iacute;as a hoy, la cr&iacute;tica musical ha mutado y mucho. &iquest;Cu&aacute;l es la funci&oacute;n del periodista musical actualmente?</strong>
    </p><p class="article-text">
        - Yo leo cr&iacute;ticas tanto de sitios web como Pitchfork, AllMusic o The Guardian &ndash;este es m&aacute;s tradicional&ndash;, pero hechas por periodistas j&oacute;venes, y la verdad es que no son tan diferentes a las cl&aacute;sicas. Pensemos en la cr&iacute;tica no como un veredicto de si algo est&aacute; bien o mal, sino en aquello que brinda alg&uacute;n tipo de reflexi&oacute;n sobre una obra. Ante la cantidad desmesurada de material musical que se lanza a diario, es bastante interesante que se pueda separar algo, destacarlo, comentarlo y pensar algunas cosas sobre eso y compartirlas. En ese punto, veo s&uacute;per vigente al periodismo musical.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>Nuestro pr&oacute;ximo invitado ser&aacute; Daniel Ripoll.</strong></em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gustavo Álvarez Núñez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/conexiones/soy-parte-del-mar/daniel-flores-rolling-stone_132_12325742.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 24 May 2025 03:01:26 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Daniel Flores, como un Rolling Stone]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Periodismo,Rock,Revistas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Alfonso “Ponchi” Fernández, el coleccionista de revistas de rock argentino]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/conexiones/soy-parte-del-mar/alfonso-ponchi-fernandez-coleccionista-revistas-rock-argentino_132_11805274.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e0321a79-c041-4e05-8088-00c3289fa4c7_16-9-discover-aspect-ratio_default_1105678.jpg" width="1190" height="670" alt="Alfonso “Ponchi” Fernández, el coleccionista de revistas de rock argentino"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Es reconocido como el responsable de la hemeroteca especializada en rock argentino más importante de nuestro país. Nos adentramos en un vínculo que le cambió la vida. La cultura rock en papel tiene quien la documente.</p></div><p class="article-text">
        <strong>Alfonso &ldquo;Ponchi&rdquo; Fern&aacute;ndez</strong> (Ayacucho, Buenos Aires, 1974) podr&iacute;a ser un personaje de <em>Alta fidelidad</em>, esa pel&iacute;cula &ndash;basada en el libro del brit&aacute;nico <strong>Nick Hornby</strong>&ndash; que giraba en torno al due&ntilde;o de una disquer&iacute;a y sus coequipers, un grupo humano predispuesto a realizar un top 5 de todo lo que tuviese relaci&oacute;n con la vida y los discos. 
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;En un punto, la efervescencia y la pasi&oacute;n de este comunicador social proveniente de Ayacucho, ciudad del interior de la provincia de Buenos Aires, instalado en La Plata desde sus a&ntilde;os universitarios, corre por la misma arteria. Entre 2016 y 2020, <strong>Ponchi</strong> fue uno de los hacedores de <em>Los subterr&aacute;neos</em>, programa radial que cocondujo junto a <strong>Sebasti&aacute;n de Benedetti</strong> y <strong>Nicol&aacute;s Arias</strong> en FM Universidad de La Plata (107.5). Desde 2022, en el mismo dial, forma parte de <em>Libroparlante</em> junto con el periodista <strong>Federico Anzardi</strong> y el editor <strong>Roque</strong> <strong>Di Pietro</strong> (Editorial Vadem&eacute;cum).
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        En Ayacucho, ese p&aacute;ramo bonaerense a 272 kil&oacute;metros de la capital provincial y con 20 mil habitantes aproximadamente, un d&iacute;a <strong>Ponchi Fern&aacute;ndez</strong> se vio imantado por la energ&iacute;a de las revistas de rock. Era fines de los a&ntilde;os 80. <strong>Ponchi</strong> estaba buscando en el kiosco de su pueblo unos ejemplares de la extinta <em>Canta Rock </em>&ndash;la revista fundada por <strong>Pipo Lernoud</strong>, cuya existencia fue de 1983 a 1988&ndash; y un vecino &ndash;el mozo del bar de enfrente&ndash;, un poco mayor, fan del metal, al enterarse de que el adolescente de los Fern&aacute;ndez andaba detr&aacute;s de revistas de rock, le prometi&oacute; que m&aacute;s tarde le alcanzar&iacute;a a su casa un pil&oacute;n de ejemplares.
    </p><p class="article-text">
        Dicho y hecho: unas horas despu&eacute;s el muchacho cumpl&iacute;a su promesa. <strong>Ponchi</strong>, aqu&iacute; y ahora, puede sostener que ah&iacute; empez&oacute; todo: su fascinaci&oacute;n por el coleccionismo. A lo largo de nuestra conversaci&oacute;n, en un momento se jactar&aacute; (sin jactancia, claro) de que fue el mayor coleccionista de casetes originales en Ayacucho y kil&oacute;metros a la redonda. Y remarcar&aacute; que en los &uacute;ltimos tiempos, por una cuesti&oacute;n laboral, solo lee libros de m&uacute;sica. Es m&aacute;s, tirar&aacute; &ndash;como se tira una tira de asado a la parrilla&ndash; que cuenta con alrededor de novecientos libros de m&uacute;sica. Y que el &uacute;ltimo que ley&oacute; es <em>Amoroso - Una biograf&iacute;a de Jo&atilde;o Gilberto</em>, un texto del cr&iacute;tico <strong>Zuza Homem de Mello</strong>, editado por el espa&ntilde;ol <strong>Libros del Kultrum</strong>.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>- &iquest;Es cierto que ten&eacute;s ocho mil revistas de rock argentino?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;- S&iacute;, es cierto. El n&uacute;mero anda por ah&iacute; en revistas especializadas, sumando tambi&eacute;n los suplementos j&oacute;venes de los diarios. Adem&aacute;s, tengo revistas generalistas &ndash;<em>Anah&iacute;</em>, <em>Antena</em>, <em>As&iacute;</em>, <em>Semana Gr&aacute;fica</em>, <em>Radiolandia</em>, <em>Cristina</em>, <em>Somos</em>, <em>Siete</em> <em>D&iacute;as</em>, <em>Gente, Humor, El Porte&ntilde;o</em>&ndash; que incluyen notas de rock, que es otra cantidad grande de ejemplares. Y despu&eacute;s cuento con much&iacute;simas notas sueltas, que ordeno por fecha, en folios, y distintos anillados, cajas y carpetas que &ldquo;vinieron as&iacute;&rdquo;, con el criterio de colecci&oacute;n del entusiasta anterior al que ha pertenecido cada una. Por ejemplo, tengo un juego completo de <em>Riff Raff</em> &ndash;revista del heavy metal de los a&ntilde;os 80&ndash;, todas perforadas en el margen izquierdo y con un espiralado y tapas que las unen. Igual, despu&eacute;s fui consiguiendo los n&uacute;meros sueltos. Como las revistas tienen distintos tama&ntilde;os &ndash;y mi criterio es no doblar las que tienen un tama&ntilde;o tabloide o superior&ndash;, la organizaci&oacute;n del material se hace un poco m&aacute;s complicada.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;<strong>- &iquest;Crees que detr&aacute;s del coleccionismo hay una raz&oacute;n de tu parte, una lucha contra el avance tecnol&oacute;gico?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;- En un punto te voy a decir que diste en la tecla. No uso redes sociales ni Spotify. Pero el avance de la tecnolog&iacute;a ayuda much&iacute;simo en lo que tiene que ver con la conservaci&oacute;n de la documentaci&oacute;n y la difusi&oacute;n de los archivos. El laburo de <strong>Ahira</strong> me parece excelente, subiendo las digitalizaciones completas de much&iacute;simas revistas argentinas &ndash;m&aacute;s all&aacute; de las especializadas en rock, claro&ndash;; el de la <strong>Universidad Nacional de Quilmes</strong> tambi&eacute;n, cuando digitaliz&oacute; toda la colecci&oacute;n de revista <em>Pelo </em>y permiti&oacute; que miles de usuarios, periodistas e investigadores accedan a esa valios&iacute;sima informaci&oacute;n. En mi caso particular, hay mucho material que no lo tendr&iacute;a de no haber sido por una computadora conectada o un celular con WhatsApp. Pero la virtualidad no ha logrado desterrar esa sensaci&oacute;n que tenemos los coleccionistas ante un material nuevo y valioso. Por m&aacute;s que veamos la foto en una pantallita, la sensaci&oacute;n sigue siendo parecida a la de cruzarnos con la revista en una pila dentro de una caja de galletitas Criollitas en un canje. Por un instante se te para el coraz&oacute;n y se te aflojan las piernas.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;<strong>- &iquest;En qu&eacute; te convierte ser un coleccionista de revistas?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;- Siempre me gust&oacute; saber las historias con todos los detalles posibles. Es m&aacute;s, muchas veces puedo reconstruir una historia gracias a un detalle lateral que retengo. Tengo muy buena memoria con esos datos menores del relato. Me gusta saber el por qu&eacute;, buscar causas y posibles consecuencias, ir rearmando las historias. En el programa de radio <em>Los Subterr&aacute;neos</em>, un aspecto con el que siempre nos gustaba meternos en los reportajes era con la pata econ&oacute;mica de las publicaciones de las que habl&aacute;bamos. La historia de las revistas de rock en Argentina es en gran parte la historia de los fracasos econ&oacute;micos de sus editores.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;<strong>- Te volviste una fuente de consulta para editoriales como Planeta, Gourmet Musical o Vadem&eacute;cum. &iquest;C&oacute;mo armaste el archivo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;- Se fue dando de mil modos. Los parques Rivadavia y Centenario, sitios de internet, contactos que me han regalado mucho material, amigos que me avisan de alguna casa que se est&aacute; vaciando y que si no voy a buscar las revistas las tiran a la calle. Tambi&eacute;n consigo mucho en las librer&iacute;as de usados, tanto de Capital como de Rosario o de la costa bonaerense. Cuando hacemos un viaje familiar, busco previamente todas las librer&iacute;as y canjes de usados que haya en la ciudad a la que vamos y una vez all&aacute; me armo el itinerario para garantizarme de pasar por todas.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;<strong>- &iquest;Cu&aacute;l fue la revista m&aacute;s dif&iacute;cil de conseguir?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;- Las <em>Bang!</em> Es una publicaci&oacute;n de 1968 de la que sacaron s&oacute;lo diez n&uacute;meros semanales. Hablamos de una historia que transcurri&oacute; en apenas dos meses y medio y nunca m&aacute;s. Hab&iacute;a le&iacute;do eso sobre su existencia pero nunca hab&iacute;a visto ni una sola tapa, hasta que una vez vi en pantalla una copia del libro <em>Extra&ntilde;os de pelo largo</em> &ndash;in&eacute;dito a&uacute;n&ndash; de <strong>Mario Antonelli</strong>, donde aparec&iacute;an las fotos de una o dos tapas. Ah&iacute; comenz&oacute; mi b&uacute;squeda. Afortunadamente para m&iacute;, el coleccionista &ndash;un m&uacute;sico de Pehuaj&oacute; que toc&oacute; en alguna de las formaciones tard&iacute;as de Trocha Angosta&ndash; no colecciona rock, sino beat y material sobre las bandas que seg&uacute;n <em>Pelo</em> resultaron del bando de las complacientes. Finalmente accedimos a un canje que nos dej&oacute; conformes a ambos: yo le enviar&iacute;a copias color de mi colecci&oacute;n de revistas <em>Ritmo Juvenil</em> (que &eacute;l conoc&iacute;a perfectamente) y varias <em>JV</em> en formato digital, mientas que &eacute;l me enviar&iacute;a las <em>Bang!</em> Hubo un par de noches en las que no pude dormir. Despu&eacute;s de unas tres semanas de que todo comenzara, y por encomienda, llegaron los diez ejemplares que hoy conservo como uno de los mayores tesoros de mi archivo.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;<strong>- El River-Boca de nuestras revistas fue la rivalidad de </strong><em><strong>Expreso Imaginario </strong></em><strong>vs </strong><em><strong>Pelo</strong></em><strong>. &iquest;Cu&aacute;les ser&iacute;an los pilares de este encono? </strong>
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;- Entre otras cosas, <em>Pelo</em> es important&iacute;sima porque se encarg&oacute; de militar lo que por entonces se llamaba el movimiento de rock argentino, siempre de modo tajante y a veces de modo cruel e intolerante. A su vez es la revista que le da una columna para escribir, por primera vez, a <strong>Jorge Pistocchi</strong> &ndash;futuro editor de <em>Expreso Imaginario</em> y varias otras&ndash;<em> </em>y que, gracias a las repercusiones que tuvieron sus ideas, fue pensando en hacer sus propias revistas. Una diferencia sustancial en lo estrictamente musical est&aacute; dada por la apertura de <em>Expreso Imaginario</em> a propuestas latinoamericanas, a la MPB, a <strong>Astor</strong> <strong>Piazzolla</strong>, al jazz rock, a la m&uacute;sica &eacute;tnica; mientras que <em>Pelo</em> hablaba solamente de rock. Y la mayor diferencia de posicionamiento profesional creo que est&aacute; dada en la cercan&iacute;a que propon&iacute;a <em>Expreso </em>con sus lectores. No s&oacute;lo desde el correo. El hecho de que las notas en <em>Pelo</em> no estuvieran firmadas, hac&iacute;a que la lectura fuera m&aacute;s impersonal, y la sensaci&oacute;n en muchos casos era como que te hablaban desde cierta superioridad. En cambio, en <em>Expreso</em> ven&iacute;an con firma y uno pod&iacute;a seguir a un determinado periodista; comenzaban a conocerse los nombres de <strong>Alfredo Rosso</strong> y <strong>Claudio Kleiman</strong>, dos pr&oacute;ceres que siguen activos y vigentes hasta hoy.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;<strong>- &iquest;Cu&aacute;l es tu revista incunable? </strong>
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;- Las que a&uacute;n busco son el n&uacute;mero cero de <em>La Garc&iacute;a</em>, con <strong>Iv&aacute;n Noble</strong> en tapa; las dos <em>Alquitr&aacute;n</em>, de diciembre de 1969 la uno y enero de 1970 la dos, y algunos n&uacute;meros sueltos de <em>La Bella Gente</em> que a&uacute;n me faltan. Despu&eacute;s siguen apareciendo revistas que nunca vi &ndash;generalmente historias de pocos n&uacute;meros&ndash;, que son las que vuelven a poner la zanahoria all&aacute; adelante para continuar la b&uacute;squeda. Es tan rica la historia gr&aacute;fica rockera argentina que no tengo ni idea de cu&aacute;nto me falta por conseguir.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;<strong>- &iquest;C&oacute;mo diste con un dibujo que Luis Alberto Spinetta firm&oacute; para la revista </strong><em><strong>Disney Club</strong></em><strong> en 1964?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;- Ese fue un laburo de unos cuantos meses. <strong>La Faraona</strong>, una de mis proveedoras habituales de revistas, me coment&oacute; que alguna vez supo que <strong>(Luis Alberto) Spinetta</strong> hab&iacute;a enviado un correo de lectores a una revista infantil llamada <em>Disney Club</em>. Ah&iacute; empec&eacute; a buscar. Hasta que cierto d&iacute;a apareci&oacute; publicada en internet a la venta la colecci&oacute;n completa de diez n&uacute;meros. Las compr&eacute; sin pensarlo dos veces, me tom&eacute; el tren a Avellaneda y retir&eacute; el lote de una casa particular. No llegu&eacute; ni a la esquina y me sent&eacute; en la vereda, las orden&eacute; por n&uacute;mero y empec&eacute; a pasar, p&aacute;gina por p&aacute;gina, para buscar el supuesto texto del <strong>Flaco</strong>. Tuve que esperar hasta el n&uacute;mero 9. La sorpresa es que no era un texto sino un dibujo: un payaso melanc&oacute;lico que bien puede vincularse con el de la tapa de <strong>Almendra</strong> que dibujar&iacute;a cinco a&ntilde;os despu&eacute;s. M&aacute;s adelante <strong>Mart&iacute;n Graziano</strong> me entrevist&oacute; y cont&oacute; la historia para <em>La Naci&oacute;n</em>. Hasta donde s&eacute; ser&iacute;a la primera obra art&iacute;stica publicada por <strong>Spinetta</strong>, con catorce a&ntilde;os: el dibujo de un payaso, en un correo de lectores, en una revista infantil. Incre&iacute;ble.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;<strong>- El a&ntilde;o que viene probablemente vea la luz finalmente el libro de car&aacute;cter enciclop&eacute;dico que realizaron con Sebasti&aacute;n Benedetti donde cuentan la historia de las revistas de rock en Argentina. &iquest;Con qu&eacute; nos vamos a encontrar?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;- No, no se trata de un trabajo enciclop&eacute;dico, sino que es m&aacute;s bien de car&aacute;cter narrativo donde se cuenta toda una historia de m&aacute;s de cincuenta a&ntilde;os en la que los protagonistas van entrando y saliendo de la escena seg&uacute;n el per&iacute;odo que vayamos contando. Est&aacute;n las m&aacute;s conocidas por todos &ndash;<em>Pelo, Expreso Imaginario, Canta Rock, Rock &amp; Pop, El Musiquero, Los Inrockuptibles, Rolling Stone</em>&ndash;, pero tambi&eacute;n relevamos varias publicaciones que nunca fueron tenidas en cuenta en ning&uacute;n trabajo anterior, y abordamos sus historias en la medida en que pudimos reconstruirlas. La idea es que el libro sirva de puntapi&eacute; para que otros investigadores puedan, a partir de &eacute;l, profundizar la investigaci&oacute;n en determinadas publicaciones, protagonistas o per&iacute;odos. Rearmamos la historia de Magendra &ndash;la editorial de <strong>Daniel</strong> <strong>Ripoll</strong>&ndash; en Brasil en los a&ntilde;os 80 entrevistando a los periodistas de R&iacute;o de Janeiro que laburaban para sus publicaciones. Y en la parte gr&aacute;fica, habr&aacute; muchas tapas de revistas que nunca se han visto &ndash;y otras poco vistas&ndash; y afiches de calle de algunas de ellas.
    </p><p class="article-text">
        - <strong>Con tama&ntilde;a colecci&oacute;n, &iquest;qu&eacute; esperas del ma&ntilde;ana? Walter Benjamin dec&iacute;a que &ldquo;el rasgo m&aacute;s distintivo de una colecci&oacute;n siempre ser&aacute; su transmisibilidad&rdquo;.</strong>
    </p><p class="article-text">
        - Sinceramente no pienso demasiado en qu&eacute; pasar&aacute; con la colecci&oacute;n/archivo en el futuro. Seguramente <strong>(Walter) Benjamin</strong> haga referencias a colecciones de obras de arte, de pinturas, a cosas m&aacute;s universales. Este fato de las revistas argentinas de rock es m&aacute;s de nicho, &iquest;no? De todos modos, la que finalmente decidir&aacute; el futuro del archivo ser&aacute; mi hija Ema. Lo &uacute;nico que le di fueron las recomendaciones de a qui&eacute;nes llamar el d&iacute;a en que yo no est&eacute; para que puedan asesorarla sobre lo que hay y las opciones de qu&eacute; hacer. Ella decidir&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>- &iquest;Le&iacute;as revistas de rock porque estabas deprimido o estabas deprimido porque le&iacute;as revistas de rock?</strong>
    </p><p class="article-text">
        - (<em>Risas</em>) Es el eterno dilema del huevo o la gallina. Lo que me asemeja a <strong>Rob Gordon</strong>, el protagonista de <em>Alta Fidelidad</em>, en realidad es que estoy todo el tiempo haciendo listas de top 5 en todos los rubros. Necesitamos posicionar nuestras pasiones en top 5 y debatirlas con los amigos. M&uacute;sicos, compositores, temas, discos, pero tambi&eacute;n goles, delanteros, jugadas, figuras m&aacute;s relevantes de cualquier disciplina. Todo es rankeable; incluso las revistas de rock. Te tiro el m&iacute;o (sacando a <em>Expreso Imaginario</em> y <em>Pelo</em>): <em>Canta Rock, La Garc&iacute;a, Pinap, Bang! </em>y <em>El Musiquero</em>.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>Nuestra pr&oacute;xima invitada ser&aacute; Andy Cherniavsky</strong></em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gustavo Álvarez Núñez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/conexiones/soy-parte-del-mar/alfonso-ponchi-fernandez-coleccionista-revistas-rock-argentino_132_11805274.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 09 Nov 2024 03:01:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Alfonso “Ponchi” Fernández, el coleccionista de revistas de rock argentino]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Rock,Revistas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Día del canillita: ¿por qué se celebran hoy 7 de noviembre?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/dia-canillita-celebran-hoy-7-noviembre_1_10660962.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1f110a46-6140-4726-b105-e1b856868bc2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Día del canillita: ¿por qué se celebran hoy 7 de noviembre?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La jornada homenajea la labor de los vendedores de diarios y revistas. ¿Por qué no hay diarios hoy? Conocé la razón y cuál es el origen.</p></div><p class="article-text">
        Todos los&nbsp;<strong>7 de noviembre</strong>&nbsp;en Argentina se celebra&nbsp;<strong>el D&iacute;a del Canillita</strong>, los vendedores ambulantes de diarios y revistas. La fecha conmemora el fallecimiento del autor y dramaturgo&nbsp;Florencio S&aacute;nchez&nbsp;creador de la obra &ldquo;Canillita&rdquo;, que trata sobre&nbsp;un ni&ntilde;o que trabajaba vendiendo peri&oacute;dicos y revistas&nbsp;en la calle.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El t&eacute;rmino &ldquo;canillita&rdquo; proviene del lat&iacute;n&nbsp;canella, que significa ca&ntilde;a</strong>. En lunfardo&nbsp;se conoce como canillita al hueso largo de las piernas. Por eso es que a las piernas delgadas se les dec&iacute;a canillas o canillitas.
    </p><p class="article-text">
        El periodista not&oacute; que un joven vendedor ambulante que vend&iacute;a diarios&nbsp;llevaba unos pantalones que le quedaban cortos&nbsp;y se le ve&iacute;an sus piernas flacas. Esa situaci&oacute;n que no pas&oacute; desapercibida&nbsp;le sirvi&oacute; como inspiraci&oacute;n para bautizar a su reciente obra terminada &ldquo;Canillita&rdquo;. Desde ese d&iacute;a, se populariz&oacute; el t&eacute;rmino para los repartidores de diarios.
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                Un niño, vendedor ambulante, que vendía diarios con unos pantalones que le quedaban cortos y se le veían sus piernas flacas                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text">D&iacute;a del canillita: c&oacute;mo surgi&oacute; el trabajo</h3><p class="article-text">
        En 1868,&nbsp;el diario La Rep&uacute;blica en la ciudad de Buenos Aires implement&oacute; la costumbre neoyorquina de vender ejemplares&nbsp;a trav&eacute;s de j&oacute;venes que se situaran en las calles y en esquinas estrat&eacute;gicas de la ciudad. La estrategia les permit&iacute;a a los due&ntilde;os del diario&nbsp;pagar mucho menos dinero&nbsp;que al correo&nbsp;y acortar el tiempo de espera de los lectores.
    </p><p class="article-text">
        El contexto era de mucha pobreza y desempleo en el pa&iacute;s. As&iacute; los ni&ntilde;os colaboraban con los ingresos de sus familias, por lo que la costumbre se hizo popular r&aacute;pido.&nbsp;&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">Por qu&eacute; no hay diarios el d&iacute;a del canillita</h3><p class="article-text">
        C&oacute;mo parte de la celebraci&oacute;n del oficio,&nbsp;el 7 de noviembre, los canillitas se toman franco ese d&iacute;a y no trabajan. Para acompa&ntilde;ar el festejo, los diarios no imprimen ejemplares de su edici&oacute;n.
    </p><h3 class="article-text">Adem&aacute;s, hoy 7 de noviembre es el d&iacute;a del periodista deportivo</h3><p class="article-text">
        El D&iacute;a Nacional del Periodista Deportivo se celebra en la Argentina desde 1938 cuando se estableci&oacute; en el Primer Congreso Nacional de Periodistas en Buenos Aires,&nbsp;llevado a cabo para conmemorar el trabajo de los periodistas deportivos y de los canillitas, que tambi&eacute;n festejan su d&iacute;a en esta fecha.
    </p><p class="article-text">
        Por su parte, a nivel mundial el D&iacute;a del Periodista deportivo se celebra cada 2 de junio. Su fecha tiene origen en que hace 95 a&ntilde;os se cre&oacute; la Asociaci&oacute;n Internacional de la Prensa Deportiva, la cual fue fundada para los Juegos Ol&iacute;mpicos de Par&iacute;s 1924.
    </p><p class="article-text">
        <em>NB</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[elDiarioAR]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/dia-canillita-celebran-hoy-7-noviembre_1_10660962.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 07 Nov 2023 03:01:18 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Día del canillita: ¿por qué se celebran hoy 7 de noviembre?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Efemérides,Canillita,diarios,Revistas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Neoliberalismo, burocracia y Robert Maxwell: cómo las revistas científicas primaron el negocio sobre el saber]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/neoliberalismo-burocracia-robert-maxwell-revistas-cientificas-primaron-negocio_1_9969524.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c8140445-36d7-4d4f-9a2a-9c5e55bd915f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Neoliberalismo, burocracia y Robert Maxwell: cómo las revistas científicas primaron el negocio sobre el saber"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El mercado editorial, hasta entonces en manos de las sociedades científicas, sufrió un primer cambio a mediados del SXX a través de la figura de Maxwell; la llegada del neoliberalismo e internet en los 90 terminó de transformarlo</p></div><p class="article-text">
        La Ciencia no siempre fue as&iacute;. Hubo un tiempo en el que los investigadores no pagaban por publicar, en el que las revistas cient&iacute;ficas no eran un ping&uuml;e negocio y se centraban m&aacute;s en el conocimiento que en los ingresos. Pero una lluvia de dinero, el aumento del volumen de trabajo y por tanto de la carga administrativa y la ambici&oacute;n de <strong>Robert Maxwell</strong> en la Europa de la posguerra transformaron el sector.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Hoy los cient&iacute;ficos tienen que costearse sus propias publicaciones con fondos que en teor&iacute;a son para investigar, editan el trabajo de sus colegas gratis y, en ocasiones, tienen que pagar de nuevo &ndash;personalmente, los menos, o sus instituciones&ndash; por leer el trabajo que ellos mismos generan para que otros se queden con los beneficios.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Pero la Ciencia no siempre fue as&iacute;, insiste <strong>Carlos Chaccour</strong>, investigador del ISGLOBAL. &ldquo;Desde que aparecieron en el siglo XVII las primeras publicaciones cient&iacute;ficas y la diseminaci&oacute;n del conocimiento, estaba todo en manos de las sociedades cient&iacute;ficas. Pero eran simplemente los cient&iacute;ficos cont&aacute;ndose sus historias y compartiendo hallazgos&rdquo;, recuerda Chaccour.
    </p><p class="article-text">
        Luego vendr&iacute;an las revistas propiamente, pero el sistema se mantuvo bajo ese modelo hasta mediados del siglo XX. Entonces, en la Europa de la posguerra se junt&oacute; todo: un modelo agotado, peque&ntilde;o, ineficiente e incapaz de dar una respuesta &aacute;gil en t&eacute;rminos de publicaci&oacute;n a la creciente producci&oacute;n cient&iacute;fica, que se acumulaba en las sociedades esperando turno, una lluvia de dinero para las instituciones y la irrupci&oacute;n de la persona que cambiar&iacute;a el mercado para siempre.
    </p><h3 class="article-text">Un tipo ambicioso con muchas ideas</h3><p class="article-text">
        Achacar todo el cambio que se produjo en un sector cualquiera a un solo hombre suele ser complicado &ndash;excepto para los Henry Ford de la vida&ndash;, y m&aacute;s un cambio tan grande, pero quienes conocen esta historia le ponen nombre y apellido al <em>declive</em>: Robert Maxwell.
    </p><p class="article-text">
        Maxwell es una figura intrigante. Checo de nacimiento y brit&aacute;nico de adopci&oacute;n, muri&oacute; en las Canarias en 1991 al, supuestamente, caerse de su barco y ahogarse, una versi&oacute;n cuestionada desde muchos frentes. Pese a que fue multimillonario, falleci&oacute; sepultado en deudas y tras haber vaciado el fondo de pensiones de sus empleados. Sobre su figura han pesado tambi&eacute;n sospechas de que era agente del Mossad, el servicio secreto israel&iacute;, y tuvo una relaci&oacute;n muy cercana con la URSS. 
    </p><p class="article-text">
        Este editor pas&oacute; a los libros como un magnate de la prensa capaz de rivalizar con Rupert Murdoch &ndash;fueron enemigos de negocios y tambi&eacute;n ideol&oacute;gicos&ndash; y fue incluso diputado laborista brit&aacute;nico. Entre todas estas actividades encontr&oacute; tiempo para modificar por completo la estructura de publicaci&oacute;n de ciencia y ser considerado el padre del actual sistema de revistas.
    </p><p class="article-text">
        La de Maxwell es la historia de un oportunista, una persona con ambici&oacute;n, visi&oacute;n y talento que tras pelear en la II Guerra Mundial con los brit&aacute;nicos se encontr&oacute; en Berl&iacute;n en 1946, con 23 a&ntilde;os y el objetivo declarado de hacerse millonario, <a href="https://amp.theguardian.com/science/2017/jun/27/profitable-business-scientific-publishing-bad-for-science" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">seg&uacute;n recuerda este art&iacute;culo de </a><a href="https://amp.theguardian.com/science/2017/jun/27/profitable-business-scientific-publishing-bad-for-science" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>The Guardian</em></a>. All&iacute; se encontr&oacute; en el sitio exacto en el momento preciso.
    </p><p class="article-text">
        Tras la guerra, el Gobierno brit&aacute;nico estaba preocupado por el paup&eacute;rrimo estado en el que se encontraba el ecosistema nacional de publicaciones cient&iacute;ficas, varios a&ntilde;os por detr&aacute;s de un cuerpo cient&iacute;fico que inclu&iacute;a apellidos ilustres como Fleming o Darwin (nieto). As&iacute; que decidi&oacute; relanzar la hist&oacute;rica editora nacional Butterworths, uni&eacute;ndola con la solvente &ndash;y alemana&ndash; Springer. 
    </p><p class="article-text">
        Maxwell, que viv&iacute;a entonces en la capital germana y hab&iacute;a colaborado con Springer, encontr&oacute; en esa fusi&oacute;n su oportunidad. Empez&oacute; a trabajar para la nueva empresa y termin&oacute; haci&eacute;ndose con ambas editoriales. El momento fue perfecto. Llam&oacute; a la uni&oacute;n de ambas Pergamon Press &ndash;a&ntilde;os m&aacute;s tarde se la vender&iacute;a a Elsevier&ndash;, y se dispuso a cambiar el sector. El primer gran movimiento, que de hecho empez&oacute; su socio, Paul Rosbaud, fue convencer a las sociedades cient&iacute;ficas, que hist&oacute;ricamente hab&iacute;an controlado sus propias revistas, de que necesitaban m&aacute;s publicaciones, m&aacute;s especializadas, cada una en su peque&ntilde;o nicho. Para ello bastaba con persuadir a la persona adecuada y, premio, ponerla al frente. El siguiente paso fue vender las suscripciones de estas revistas a las bibliotecas universitarias, boyantes de dinero en aquellos momentos. El sistema estaba montado.
    </p><h3 class="article-text">Una nueva revista por semana</h3><p class="article-text">
        <strong>Isidro F. Aguillo</strong>, responsable del laboratorio de Cibermetr&iacute;a del Instituto de Pol&iacute;ticas y Bienes P&uacute;blicos del CSIC de Espa&ntilde;a, cuenta que en su momento m&aacute;s &aacute;lgido el editor lleg&oacute; a abrir una revista nueva cada semana. &ldquo;Se dio cuenta del negocio que hab&iacute;a&rdquo;. En 1959, Pergamon editaba 40 publicaciones. En 1965 sumaba 150. Era la cabeza del mercado sin un rival cercano. Fue perfeccionado y ampliando el m&eacute;todo: pas&oacute; de crear revistas a comprar las que a&uacute;n editaban las sociedades, o gestionarlas a cambio de una cuota mensual.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n cambi&oacute; las <em>maneras</em> en la ciencia. Abordaba a los cient&iacute;ficos en las conferencias para ficharlos y que editaran o publicaran en exclusiva con &eacute;l. Lo hac&iacute;a de manera agresiva u ofreci&eacute;ndoles lujos (fiestas, viajes en barco) a los que no estaban acostumbrados. Gan&oacute; cient&iacute;ficos para sus revistas, pero perdi&oacute; a su socio Rosbaud, que no estaba de acuerdo con sus m&eacute;todos. El dinero que pon&iacute;a por delante pod&iacute;a con todo. &ldquo;Era muy impresionante&rdquo;, dijo en una ocasi&oacute;n Leslie Iversen, antiguo editor del <em>Journal of Neurochemistry</em>. &ldquo;Cen&aacute;bamos y tom&aacute;bamos un buen vino, y al final nos entregaba un cheque: unos miles de libras para la sociedad. Era m&aacute;s dinero del que nosotros, los pobres cient&iacute;ficos, jam&aacute;s hab&iacute;amos visto&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Una de las claves del &eacute;xito de Maxwell fue que supo ver (o crear) un hecho clave: el mercado de la publicaci&oacute;n cient&iacute;fica es infinito. </strong>Cuando se entiende que cada art&iacute;culo es &uacute;nico, que da cuenta de un descubrimiento exclusivo y que no se puede reemplazar por otro, se llega a la conclusi&oacute;n de que crear una nueva revista no le quita negocio a su te&oacute;rica competidora. Solo lo ampl&iacute;a. Cuando aparece una nueva revista simplemente los cient&iacute;ficos pedir&aacute;n a su instituci&oacute;n que se suscriba a ella para estar informados. Y a seguir facturando.
    </p><h3 class="article-text">La llegada del neoliberalismo</h3><p class="article-text">
        A Maxwell tambi&eacute;n se lo relaciona, explica Chaccour, con la creaci&oacute;n del factor de impacto, el &iacute;ndice bibliogr&aacute;fico m&aacute;s utilizado en Ciencia y que mide la frecuencia con la cual fue citado el art&iacute;culo promedio de una revista en un a&ntilde;o en particular. &ldquo;No aceptaba todo, solo ciertos art&iacute;culos, lo que favorece que se cite m&aacute;s, m&aacute;s gente quiera publicar en sus revistas y &eacute;l pueda seleccionar&rdquo;, explica el investigador.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n esta teor&iacute;a, esto model&oacute; el factor de impacto, que se utiliza hoy para evaluar la calidad de una revista. En ocasiones los editores tambi&eacute;n tiran de este &iacute;ndice para justificar sus precios, tanto para suscribirse como para publicar. Y para indexar una revista en la Web of Science (WoS) o Scopus, los dos sitios de referencia, las empresas tienen m&aacute;s capacidad que las sociedades cient&iacute;ficas. Un&aacute;se a toda esta corriente el desembarco del neoliberalismo en la Ciencia y la comercializaci&oacute;n total de las revistas y salen los ingredientes para el siguiente gran cambio en el sector de la publicaci&oacute;n cient&iacute;fica.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Vicenzo Pavone</strong>, del Instituto de Pol&iacute;ticas y Bienes P&uacute;blicos del CSIC, explica que hacia finales de los 80 &ldquo;las revistas de referencia estaban gestionadas por las propias comunidades o sociedades cient&iacute;ficas, y segu&iacute;an el mismo protocolo de calidad que se sigue hoy&rdquo;. Los costes de editar las revistas se cubr&iacute;an con las cuotas de membres&iacute;a de los propios cient&iacute;ficos que pertenec&iacute;an a estas sociedades.
    </p><p class="article-text">
        Pero a partir de los noventa, contin&uacute;a Pavone, &ldquo;las sociedades cient&iacute;ficas empezaron a subcontratar o directamente vender sus revistas a empresas como Elsevier. Es decir, la gesti&oacute;n cient&iacute;fica (gratuitamente ofrecida)&nbsp;se quedaba en la sociedad cient&iacute;fica, pero la gesti&oacute;n t&eacute;cnica y comercial de la revista pasaba a ser tarea de las editoriales&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En paralelo lleg&oacute; la sustituci&oacute;n del papel por internet. Antes de esto las revistas ya aplicaban una pol&iacute;tica de suscripciones particular, que no se basaba en el valor del producto que vend&iacute;an, explica Aguillo. &ldquo;Hab&iacute;a precios diferentes para suscripciones de revistas. Uno era el individual, que pod&iacute;a ser 40 o 50 d&oacute;lares anuales. Pero si lo compraba una instituci&oacute;n el precio se multiplicaba por 20 o 30 hasta los 900 o 1000 d&oacute;lares&rdquo;. Por el mismo producto, una revista en papel.
    </p><h3 class="article-text">Y lleg&oacute; internet: otro soporte, mismo negocio</h3><p class="article-text">
        Internet lo cambi&oacute; todo, tambi&eacute;n en este sector. &ldquo;Aunque lo que cobraban [las revistas] por el papel ya entonces no era real, dej&oacute; de ser cierto definitivamente [sin los costes del papel y de imprimir]&rdquo;, explica Aguillo. Pero a los editores les sigui&oacute; pareciendo natural seguir cobrando por la suscripci&oacute;n; pod&iacute;a haber cambiado el formato, pero el producto era el mismo.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, ante la proliferaci&oacute;n de revistas algunas de las universidades norteamericanas m&aacute;s potentes (Harvard, Stanford) se plantaron, recuerda Aguillo. Pagaban muchas suscripciones y sus cient&iacute;ficos les ped&iacute;an m&aacute;s. No hab&iacute;a fondos para todo. &ldquo;Este fue uno de los or&iacute;genes del <em>open access</em>&rdquo;, asegura el investigador del CSIC.
    </p><p class="article-text">
        Ante el pie en pared de muchos clientes y el impulso de las instituciones de la &ldquo;ciencia abierta&rdquo;, se cre&oacute; otro modelo. En vez cobrar por la lectura de los art&iacute;culos a trav&eacute;s de suscripciones, las revistas cargaron los costos a los investigadores que quer&iacute;an publicar. Les cobraban una cantidad en concepto de &ldquo;procesamiento de art&iacute;culos&rdquo; (APC, en sus siglas en ingl&eacute;s), que var&iacute;a seg&uacute;n el factor de impacto de la revista (actualmente puede subir hasta los 10.000 d&oacute;lares en las de m&aacute;s prestigio) &ndash;pese a que todo el trabajo t&eacute;cnico lo hacen, de manera gratuita, los propios cient&iacute;ficos&ndash;, pero abr&iacute;an el acceso a todo el mundo.
    </p><p class="article-text">
        Pavone lamenta que instituciones como la UE hayan apostado por la ciencia abierta, pero sin plantearse otro modelo al de pagar por publicar que se termin&oacute; imponiendo. &ldquo;No se ha esforzado, ni siquiera se ha debatido, en buscar un modelo alternativo. Creo que la soluci&oacute;n no es crear nuevas revistas&rdquo; de acceso libre y sin coste para el investigador, rechaza la idea que proponen algunos cient&iacute;ficos. &ldquo;Las hay muy buenas y son las que la gente lee. Pero si la UE me paga a m&iacute; [a trav&eacute;s de los proyectos de investigaci&oacute;n] para que yo le pague a una editorial, &iquest;por qu&eacute; no le pagan directamente a las academias para que gestionen sus revistas?&rdquo;, se pregunta.
    </p><p class="article-text">
        Aguillo recuerda que &ldquo;el &aacute;nimo mercantilista de las revistas no es nuevo, quiz&aacute; sea m&aacute;s evidente. Pero antes era la biblioteca la que pagaba y estaba presionada por los investigadores para tener las suscripciones y ahora se ha pasado el coste a los investigadores, que se han vuelto m&aacute;s conscientes de lo que supone&rdquo;. Una evoluci&oacute;n que recuerda a la de tantos sectores, que poco a poco han ido desplazando los costes al usuario final.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; balance global dej&oacute; el cambio de modelo? &ldquo;El usuario final de pa&iacute;ses en desarrollo ha ganado porque tiene acceso ahora a revistas que antes no pod&iacute;a&rdquo;, opina. &ldquo;Pero han perdido los investigadores que no tengan un proyecto (sea de manera estructural o coyuntural) y han perdido los j&oacute;venes y por supuesto los investigadores privados, que no tienen una instituci&oacute;n detr&aacute;s que pague por publicar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>DSC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Daniel Sánchez Caballero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/neoliberalismo-burocracia-robert-maxwell-revistas-cientificas-primaron-negocio_1_9969524.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 21 Feb 2023 03:02:43 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Neoliberalismo, burocracia y Robert Maxwell: cómo las revistas científicas primaron el negocio sobre el saber]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ciencia,Revistas,Robert Maxwell]]></media:keywords>
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