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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Elvis Costello]]></title>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Elvis Costello trae desde el más allá las melodías de Burt Bacharach]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/elvis-costello-trae-melodias-burt-bacharach_129_10004693.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e7b6e528-fd6d-4afe-8196-48e655a7aadb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Elvis Costello trae desde el más allá las melodías de Burt Bacharach"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Elvis Costello, lo más parecido a una enciclopedia viviente, resucitó una vez a Burt Bacharach trayendo su alma desde el mundo del desprestigiado melodismo pop y, ahora que ese autor de canciones extraordinarias efectivamente ha muerto, lo hace de nuevo con un lujoso álbum de 4 Cds que incluye la versión remasterizada y ampliada de aquel “Pintado de memoria” de 1998 y más de tres horas de inéditos.</p></div><p class="article-text">
        Toda escucha es ideol&oacute;gica. Se oye (y antes, o durante, se elige o se descarta) de acuerdo con ideas muy firmes (aunque no siempre conscientes) acerca de lo que la m&uacute;sica debe ser, de lo que se espera del arte y, obviamente, de lo que lo hace bueno o malo. O, dicho de otra manera, un poco menos favorable, podr&iacute;a pensarse que se escucha desde los prejuicios. Y en 1998, con un disco de bello t&iacute;tulo &ndash;<em>Pintado de memoria</em>&ndash; y un contenido de canciones brillantes, el siempre sorprendente <strong>Elvis Costello</strong> se ocup&oacute; de enfrentar a la <em>intelligentsia</em> neoyorquina (y sus sat&eacute;lites en distintas partes del mundo) con lo que no sab&iacute;an que pensaban. Y los oblig&oacute; a replantearse seriamente el valor como compositor de <strong>Burt Bacharach</strong>, en ese momento el casi retirado rey del <em>schmuse</em>, ese subg&eacute;nero de la canci&oacute;n de amor que tanto se acerca a la cursiler&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Bacharach ten&iacute;a 70 a&ntilde;os y en su haber una larga lista de &eacute;xitos cuyas ventas se med&iacute;an en millones y no en unidades. Su primera cantante artistas fetiche, que hab&iacute;a grabado la mayor&iacute;a de las primeras versiones de sus temas, fue <strong>Dionne Warwick</strong>, que uni&oacute; a su hermoso timbre una afinaci&oacute;n perfecta y un cierto culto a la inexpresividad entendida como una de las bellas artes. Sus propios discos replicaban esas canciones en versiones instrumentales donde abundaban los solos de trompeta tocados por <strong>Herb Alpert</strong>, el due&ntilde;o del sello discogr&aacute;fico que lo albergaba (A &amp; M, iniciales de Alpert y Moss). Y all&iacute; fue donde las ventas explotaron, de la mano de otros int&eacute;rpretes, el d&uacute;o <strong>The Carpenters</strong>. Las letras, de <strong>Hal David</strong>, ten&iacute;an hallazgos como el de &ldquo;A House is not a Home&rdquo;, escrita para una pel&iacute;cula de 1964 con <strong>Shelley Winters</strong> y <strong>Robert Taylor</strong>: &ldquo;Una silla todav&iacute;a es una silla, aunque nadie se siente en ella/ pero una silla no es una casa ni una casa es un hogar/ cuando no hay nadie all&iacute; para abrazarte fuerte y nadie all&iacute; puede dar un beso de buenas noches./ Una habitaci&oacute;n sigue siendo una habitaci&oacute;n, incluso cuando no hay nada m&aacute;s que tristeza/ pero una habitaci&oacute;n no es una casa y una casa no es un hogar/ cuando los dos estamos lejos y uno de nosotros tiene el coraz&oacute;n roto&rdquo;. 
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    </figure><p class="article-text">
        Pero las m&uacute;sicas, tan aparentemente sencillas, tan enga&ntilde;osamente edulcoradas, estaban llenas de osad&iacute;a, de intervalos inesperados y hasta de modulaciones en el mismo comienzo, como en el momento exactamente anterior a la entrada de la voz principal es &ldquo;I Say a Little Prayer&rdquo;, una canci&oacute;n que fue, por supuesto, estrenada por Dionne Warwick pero encontr&oacute; su verdadera esencia en otra voz, la de <strong>Aretha Franklin</strong>. 
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        En 1969, Bacharach escribi&oacute; la m&uacute;sica para un film de <strong>George Roy Hill </strong>con <strong>Paul Newman</strong> y un muy joven <strong>Robert Redford</strong>, <em>Butch Cassidy and the Sundance Kid</em>. Hubo all&iacute; tambi&eacute;n un hit, &ldquo;Raindrops Keep Fallin&rsquo; on My Head&rdquo;, que cant&oacute; <strong>B. J. Thomas</strong>, pero sobre todo hay una pieza magistral, la que acompa&ntilde;a la persecuci&oacute;n latinoamericana, a cargo de los <strong>Ron Hicklin Singers</strong> (una especie de falsos <strong>Swingle Singers</strong>). La m&uacute;sica fue plagiada en una propaganda argentina de una Pick Up, la Chevrolet Brava, y alterna la desbocada explosi&oacute;n de su primera secci&oacute;n con una parte lenta y en cinco tiempos, que alterna las acentuaciones 3+2 y 2+3 creando una magn&iacute;fica inestabilidad. Tal vez all&iacute; pueda encontrarse la versi&oacute;n m&aacute;s pura del Bacharach m&aacute;s secreto, aquel que estudi&oacute; m&uacute;sica en la Universidad McGill, en el Colegio de Mannes y en la Academia del Oeste en Santa B&aacute;rbara, California y que, en sus comienzos, hab&iacute;a sido el arreglador y director musical de <strong>Marlene Dietrich</strong>.
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        Y Bacharach se eclips&oacute;. El fracaso de un musical en Broadway, demandas por parte de Dionne Warwick y de su antiguo letrista, Hal David, m&aacute;s el divorcio de la actriz <strong>Angie Dickinson</strong>, lo convirtieron, como en el tango, en parte del pasado. Hasta que un agente secreto que de all&iacute; ven&iacute;a, el viejo y bueno <strong>Austin Powers</strong>, y obviamente Elvis Costello, lo sacaron de all&iacute;. El disco, <em>Painted from Memory</em>, fue presentado una tarde de oto&ntilde;o, en 1998, casi en secreto y en una disquer&iacute;a de Times Square. Un peque&ntilde;o cartel en la vidriera lo anunciaba y el lugar acab&oacute; llen&aacute;ndose. En el interior, sobre una peque&ntilde;a tarima, Bacharach sentado al piano y Elvis Costello con una guitarra, cantaron la mayor&iacute;a de las canciones del disco aunque, claro, sin los magn&iacute;ficos arreglos. En sus diferentes &aacute;lbumes, Costello hab&iacute;a elegido como objetos el punk, el country, la canci&oacute;n beatle, la canci&oacute;n de c&aacute;mara (con la genial mezzo soprano <strong>Anne Sophie von Otter</strong>), el folk, el rhythm &amp; blues, el jazz (con <strong>Bill Frisell</strong>, o con <strong>Hal Willner</strong>, en su homenaje a <strong>Charles Mingus</strong>) y el neocabaret (con <strong>Ute Lemper</strong>) o el rock&rsquo;n roll a secas. El enciclopedista Costello, esta vez, se entregaba al lado m&aacute;s pop del pop y, con su lectura, lo convert&iacute;a en un objeto totalmente distinto. Era una virtual resurrecci&oacute;n y ahora, que Bacharach efectivamente ha muerto, vuelve a lograrlo. En <em>The Songs of Bacharach-Costello</em>, un &aacute;lbum de lujo con cuatro Cds, adem&aacute;s de la remasterizaci&oacute;n de aquel <em>Pintado de memoria </em>incluye las canciones in&eacute;ditas que escribieron para un musical no estrenado, las versiones que grab&oacute; con otros y todas las interpretaciones en vivo. El resultado es extraordinario. Costello, ese que comenz&oacute; llam&aacute;ndose <strong>Declan Patrick MacManus</strong>, es alguien formado, como el personaje de <em>Alta fidelidad</em>, la novela de <strong>Nick Hornby</strong>, por las listas, los rankings y, sobre todo, la bab&eacute;lica acumulaci&oacute;n de informaci&oacute;n. De miembro de un club de fans de los Beatles, en su infancia, a amigo de <strong>Paul McCartney</strong> y autor junto con &eacute;l, de &ldquo;My Brave Face&rdquo;, &ldquo;You Want Her Too&rdquo;, &ldquo;Don&rsquo;t Be Careless Love&rdquo; y &ldquo;That Day is Done&rdquo;, incluidos en el &aacute;lbum <em>Flowers in the Dirt</em> (1989) de McCartney, y de &ldquo;Pads, Paws and Claws&rdquo; y &ldquo;Veronica&rdquo;, que forman parte de su propio <em>Spike</em> (del mismo a&ntilde;o); de seguidor del saxofonista <strong>Lee Konitz</strong> a autor de sus solos (en el disco <em>North</em>); de admirador de Diana Krall a su marido; de voyeur de la m&uacute;sica cl&aacute;sica (y de todas las m&uacute;sicas, en realidad) a compositor de cuartetos para cuerdas y ballets sinf&oacute;nicos. Y de lejano fan de Burt Bacharach a su demiurgo.
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        <em>DF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Diego Fischerman]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 04 Mar 2023 14:47:01 +0000]]></pubDate>
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