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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Elvis Costello]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Elvis Costello]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Canciones de guerra]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/canciones-guerra_129_13505290.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fe21a840-bde4-495b-97d0-aade49064cbb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x319y155.jpg" width="1200" height="675" alt="Canciones de guerra"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Charly García dijo lo que nadie quería ni quiere oír. Desde el otro lado –del Océano y de las batallas– Elvis Costello habló de los astilleros de un pueblo, del thatcherismo, de la esperanza de trabajo, y de los muertos. Y Robert Wyatt lo cantó por primera vez. Novedades y rescates en la red, entre las redes.</p></div><p class="article-text">
        Tal vez fue una canci&oacute;n de Casandra Lange, el alter ego de <strong>Charly Garc&iacute;a</strong>. En todo caso, la apelaci&oacute;n a aquella augur troyana bendecida por Apolo con el don de la clarividencia pero maldecida luego por el mismo dios, de manera que nadie la entendiera, parece caberle plenamente a una de las pocas canciones argentinas que hizo lo que todav&iacute;a hoy parece dif&iacute;cil: hablar de Malvinas desde sus contradicciones. Nombrar la Plaza de dos d&iacute;as antes. Decir que los pibes del barrio se escond&iacute;an y escuchaban a Clash. Juntar &ldquo;las transas, los canas, las panzas&rdquo; con las &ldquo;rancias cunas de poder&rdquo;. Y, sobre todo, la falta de impostaci&oacute;n; la ausencia de <em>Manual del Alumno</em> argentino para escupir aquello de &ldquo;Los jefes de los chicos / toman whisky con los ricos / mientras los obreros hacen masa/ en la Plaza como aquella vez&rdquo;. Finalmente, la ideolog&iacute;a de aquellos que aseguraban (a&uacute;n lo hacen) no tenerla: &ldquo;No bombardeen Buenos Aires&rdquo;.
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        En Ushuaia, donde se habla de una base militar, la percepci&oacute;n era otra. All&iacute; s&iacute; vieron las bolsas con los cad&aacute;veres. No se trataba del miedo distante de la Capital sino de otra cosa. Curiosamente, el sentimiento de los que sintieron Malvinas como causa propia acab&oacute; limpiando de culpa y cargo a aquellos que como gobernantes hab&iacute;an sido siniestros y, como militares, in&uacute;tiles. La reivindicaci&oacute;n patri&oacute;tica o anticolonialista, seg&uacute;n el caso, qued&oacute; escindida del hecho de que la acci&oacute;n de esos torpes oficiales que imaginaron una guerra sin planificaci&oacute;n ni pertrechos cercen&oacute; casi cualquier posibilidad futura de reclamo por otras v&iacute;as. 
    </p><p class="article-text">
        El escritor <strong>Ian McEwan</strong>, que en su novela <em>M&aacute;quinas como yo</em> imaginaba una Gran Breta&ntilde;a en crisis por haber perdido la contienda, pone en escena, con el personaje central de <em>Lecciones</em>, el pensamiento medio de un ingl&eacute;s <em>de bien</em>: no se pod&iacute;a apoyar a <strong>Margaret Thatcher</strong> pero, de todas maneras, era una guerra contra una sangrienta dictadura latinoamericana y ayudar&iacute;a a derrocarla. Pero hay otro ingl&eacute;s medio, el retratado en la hermosa &ldquo;Shipbuilding&rdquo; (construcci&oacute;n de barcos), de <strong>Clive Langer</strong> y <strong>Elvis Costello </strong>(<strong>Declan McManus</strong>), que, en el mismo 1982, grab&oacute; el notable artista <strong>Robert Wyatt</strong> y, un a&ntilde;o despu&eacute;s, Costello, al frente de su grupo <strong>The Attractions</strong> y con dos luminosos solos de trompeta de <strong>Chet Baker</strong>, como invitado especial.
    </p><p class="article-text">
        En esa canci&oacute;n hab&iacute;a una pregunta inicial: &ldquo;&iquest;Vale la pena?&rdquo; Y, luego, una frase esperanzada, en medio de la recesi&oacute;n thatcherista: &ldquo;Un abrigo y zapatos nuevos para la esposa y una bicicleta para el cumplea&ntilde;os del ni&ntilde;o. Es solo un rumor que se extendi&oacute; por el pueblo por las mujeres y los chicos. Pronto estaremos construyendo barcos&rdquo;. La segunda estrofa era la que tra&iacute;a a cuenta la pregunta del comienzo: &ldquo;El ni&ntilde;o dijo: Pap&aacute;, me van a reclutar / pero estar&eacute; de vuelta en Navidad. / Es s&oacute;lo un rumor que corri&oacute; por la ciudad, / alguien dijo que alguno fue delatado / por decir que la gente muere / como resultado de esta construcci&oacute;n de barcos&rdquo;. Langer hab&iacute;a sido el guitarrista del grupo <strong>Deaf School</strong> y luego fund&oacute; <strong>Clive Langer and The Boxes</strong>. 
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    </figure><p class="article-text">
        Como muchos de los principales m&uacute;sicos del rock-pop brit&aacute;nico de los &rsquo;60 y los &rsquo;70, se hab&iacute;a formado en las escuelas de orientaci&oacute;n art&iacute;stica creadas por el laborismo de posguerra. M&aacute;s adelante compuso m&uacute;sica para pel&iacute;culas y se convirti&oacute; en productor. Pero en el 82 compuso una de las grandes canciones del g&eacute;nero y lo hizo, como suele suceder, a partir de una idea fallida. &ldquo;La canci&oacute;n se llamaba &lsquo;Ten to Nine&rsquo; y pens&aacute;bamos hacer un EP (<em>extended play</em>, un disco sencillo pero con cuatro temas) con versiones a cargo de cuatro cantantes diferentes&rdquo;, cont&oacute; a la publicaci&oacute;n <em>New Musical Express</em> <strong>Mark Bedford</strong>, del grupo <strong>Madness</strong> y contrabajista en la grabaci&oacute;n original. &nbsp;&ldquo;Uno de esos cantantes invitados era Elvis (Costello) y &eacute;l modific&oacute; sustancialmente la letra. La canci&oacute;n fue otra y se transform&oacute; en &lsquo;Shipbuilding&rsquo;. All&iacute; ellos pensaron en que la cantara Wyatt. Y su versi&oacute;n fue tan especial que se convirti&oacute; en un <em>single</em>. Y fue hist&oacute;rico&rdquo;.&nbsp;
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            <span class="title">
                Robert Wyatt                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Wyatt hab&iacute;a sido baterista, compositor y cantante de <strong>Soft Machine</strong>, uno de los grupos brit&aacute;nicos m&aacute;s importantes de la escena del jazz y el rock de los &rsquo;70 y que tomaba su nombre de una novela de <strong>William Burroughs</strong>. Hab&iacute;a perdido, m&aacute;s adelante, la movilidad de las piernas a causa de un accidente y hab&iacute;a desarrollado una manera de tocar su instrumento s&oacute;lo con las manos. Era comunista y, ya como solista, hab&iacute;a grabado &ldquo;La Internacional&rdquo; y canciones de <strong>Violeta Parra</strong> y <strong>Quilapay&uacute;n</strong>. Su versi&oacute;n se public&oacute; en octubre de 1982, con &ldquo;Memories of You&rdquo; (un tema de 1930, con m&uacute;sica de <strong>Eubie Blake</strong> y letra de <strong>Andy Rasaf</strong>) en su lado B. En &ldquo;Shipbuilding&rdquo;, Costello hac&iacute;a los coros, Langer tocaba el &oacute;rgano y a ellos se sumaban Bedford, <strong>Steve Nieve</strong> en piano y <strong>Martin Hughes</strong> en bater&iacute;a. <strong>David Bowie</strong> consider&oacute; esa grabaci&oacute;n, en su lista para la revista <em>Vanity Fair</em>, en 2016, como una de las mejores de todos los tiempos. Y no era para menos. Wyatt, sin embargo, le rest&oacute; importancia a su participaci&oacute;n: &ldquo;<strong>Geoff Travis</strong><em>, director de Rough Trade Records</em>, me envi&oacute; un cassette dici&eacute;ndome que era una canci&oacute;n bastante buena y que deber&iacute;a cantarla&rdquo;, cont&oacute; a <em>New Musical Express</em>. &ldquo;As&iacute; que la prob&eacute; y sonaba bien. La instrumentaci&oacute;n no ten&iacute;a nada que ver conmigo. Elvis ya hab&iacute;a grabado una voz para ella &mdash;una voz muy buena&mdash; y se iba a publicar igual, con &eacute;l cantando. Fui al estudio y grab&eacute; la voz en un par de horas con el Sr. Costello como productor, y eso fue todo. No ten&iacute;a ninguna expectativa. Lo &uacute;nico en lo que pensaba era en cantarla afinada&rdquo;.
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    </figure><p class="article-text">
        Adem&aacute;s de las versiones de Wyatt y de Costello hay otras, muy diferentes entre s&iacute;, que vale la pena escuchar. <strong>June Tabor</strong>, una de las m&aacute;s brillantes compositoras e int&eacute;rpretes entre quienes trabajan a partir &ndash;o alrededor&ndash; de las tradiciones folkl&oacute;ricas brit&aacute;nicas, incluy&oacute; la canci&oacute;n en <em>Ashore</em> (Hacia la orilla), un disco donde recorre piezas que tratan la relaci&oacute;n de las personas con el mar. La versi&oacute;n, &iacute;ntima hasta el extremo de lo posible, es un d&uacute;o con el pianista <strong>Huw Warren</strong>. La Orquesta Nacional de Jazz de Francia, por su parte, incluy&oacute; &ldquo;Shipbuilding&rdquo; en su disco de homenaje a Wyatt, de 2009 &ndash;que no figura en Spotify,&ndash; y volvi&oacute; a registrarla, esta vez en vivo y con la cantante <strong>Yael Naim</strong>, en la Cit&eacute; de la Musique parisina, como parte del concierto de festejo de trig&eacute;simo aniversario, en 2016. 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure><p class="article-text">
        &ldquo;Qu&eacute; gran error volverte a ver&rdquo;, escribi&oacute; <strong>Jos&eacute; Mar&iacute;a Contursi</strong> para &ldquo;Como dos extra&ntilde;os&rdquo;, un tango con m&uacute;sica de <strong>Pedro L&aacute;urenz</strong> que <strong>Horacio Molina</strong> cant&oacute; para siempre. 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure><p class="article-text">
        Y la invocaci&oacute;n bien podr&iacute;a ser tomada en cuenta para la mayor&iacute;a de las secuelas. Una de ellas es la que el propio Costello grab&oacute; en 2013, &ldquo;Cinco minutos con vos&rdquo;. All&iacute; se cuenta a Malvinas &ndash;o m&aacute;s bien a la dictadura&ndash; desde el lado argentino y Costello canta junto a <strong>La Marisoul</strong>, una estadounidense de origen mexicano que integra la banda <strong>La Santa Cecilia</strong>.
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    </figure><p class="article-text">
        <em>Diego Fischerman es autor del blog Apuntes (</em><a href="https://diegofischerman.blogspot.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>https://diegofischerman.blogspot.com/</em></a><em>)</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Diego Fischerman]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/canciones-guerra_129_13505290.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 12 Sep 2026 14:34:22 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Malvinas,Charly García,Elvis Costello]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Elvis Costello trae desde el más allá las melodías de Burt Bacharach]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/elvis-costello-trae-melodias-burt-bacharach_129_10004693.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e7b6e528-fd6d-4afe-8196-48e655a7aadb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Elvis Costello trae desde el más allá las melodías de Burt Bacharach"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Elvis Costello, lo más parecido a una enciclopedia viviente, resucitó una vez a Burt Bacharach trayendo su alma desde el mundo del desprestigiado melodismo pop y, ahora que ese autor de canciones extraordinarias efectivamente ha muerto, lo hace de nuevo con un lujoso álbum de 4 Cds que incluye la versión remasterizada y ampliada de aquel “Pintado de memoria” de 1998 y más de tres horas de inéditos.</p></div><p class="article-text">
        Toda escucha es ideol&oacute;gica. Se oye (y antes, o durante, se elige o se descarta) de acuerdo con ideas muy firmes (aunque no siempre conscientes) acerca de lo que la m&uacute;sica debe ser, de lo que se espera del arte y, obviamente, de lo que lo hace bueno o malo. O, dicho de otra manera, un poco menos favorable, podr&iacute;a pensarse que se escucha desde los prejuicios. Y en 1998, con un disco de bello t&iacute;tulo &ndash;<em>Pintado de memoria</em>&ndash; y un contenido de canciones brillantes, el siempre sorprendente <strong>Elvis Costello</strong> se ocup&oacute; de enfrentar a la <em>intelligentsia</em> neoyorquina (y sus sat&eacute;lites en distintas partes del mundo) con lo que no sab&iacute;an que pensaban. Y los oblig&oacute; a replantearse seriamente el valor como compositor de <strong>Burt Bacharach</strong>, en ese momento el casi retirado rey del <em>schmuse</em>, ese subg&eacute;nero de la canci&oacute;n de amor que tanto se acerca a la cursiler&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Bacharach ten&iacute;a 70 a&ntilde;os y en su haber una larga lista de &eacute;xitos cuyas ventas se med&iacute;an en millones y no en unidades. Su primera cantante artistas fetiche, que hab&iacute;a grabado la mayor&iacute;a de las primeras versiones de sus temas, fue <strong>Dionne Warwick</strong>, que uni&oacute; a su hermoso timbre una afinaci&oacute;n perfecta y un cierto culto a la inexpresividad entendida como una de las bellas artes. Sus propios discos replicaban esas canciones en versiones instrumentales donde abundaban los solos de trompeta tocados por <strong>Herb Alpert</strong>, el due&ntilde;o del sello discogr&aacute;fico que lo albergaba (A &amp; M, iniciales de Alpert y Moss). Y all&iacute; fue donde las ventas explotaron, de la mano de otros int&eacute;rpretes, el d&uacute;o <strong>The Carpenters</strong>. Las letras, de <strong>Hal David</strong>, ten&iacute;an hallazgos como el de &ldquo;A House is not a Home&rdquo;, escrita para una pel&iacute;cula de 1964 con <strong>Shelley Winters</strong> y <strong>Robert Taylor</strong>: &ldquo;Una silla todav&iacute;a es una silla, aunque nadie se siente en ella/ pero una silla no es una casa ni una casa es un hogar/ cuando no hay nadie all&iacute; para abrazarte fuerte y nadie all&iacute; puede dar un beso de buenas noches./ Una habitaci&oacute;n sigue siendo una habitaci&oacute;n, incluso cuando no hay nada m&aacute;s que tristeza/ pero una habitaci&oacute;n no es una casa y una casa no es un hogar/ cuando los dos estamos lejos y uno de nosotros tiene el coraz&oacute;n roto&rdquo;. 
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        Pero las m&uacute;sicas, tan aparentemente sencillas, tan enga&ntilde;osamente edulcoradas, estaban llenas de osad&iacute;a, de intervalos inesperados y hasta de modulaciones en el mismo comienzo, como en el momento exactamente anterior a la entrada de la voz principal es &ldquo;I Say a Little Prayer&rdquo;, una canci&oacute;n que fue, por supuesto, estrenada por Dionne Warwick pero encontr&oacute; su verdadera esencia en otra voz, la de <strong>Aretha Franklin</strong>. 
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        En 1969, Bacharach escribi&oacute; la m&uacute;sica para un film de <strong>George Roy Hill </strong>con <strong>Paul Newman</strong> y un muy joven <strong>Robert Redford</strong>, <em>Butch Cassidy and the Sundance Kid</em>. Hubo all&iacute; tambi&eacute;n un hit, &ldquo;Raindrops Keep Fallin&rsquo; on My Head&rdquo;, que cant&oacute; <strong>B. J. Thomas</strong>, pero sobre todo hay una pieza magistral, la que acompa&ntilde;a la persecuci&oacute;n latinoamericana, a cargo de los <strong>Ron Hicklin Singers</strong> (una especie de falsos <strong>Swingle Singers</strong>). La m&uacute;sica fue plagiada en una propaganda argentina de una Pick Up, la Chevrolet Brava, y alterna la desbocada explosi&oacute;n de su primera secci&oacute;n con una parte lenta y en cinco tiempos, que alterna las acentuaciones 3+2 y 2+3 creando una magn&iacute;fica inestabilidad. Tal vez all&iacute; pueda encontrarse la versi&oacute;n m&aacute;s pura del Bacharach m&aacute;s secreto, aquel que estudi&oacute; m&uacute;sica en la Universidad McGill, en el Colegio de Mannes y en la Academia del Oeste en Santa B&aacute;rbara, California y que, en sus comienzos, hab&iacute;a sido el arreglador y director musical de <strong>Marlene Dietrich</strong>.
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        Y Bacharach se eclips&oacute;. El fracaso de un musical en Broadway, demandas por parte de Dionne Warwick y de su antiguo letrista, Hal David, m&aacute;s el divorcio de la actriz <strong>Angie Dickinson</strong>, lo convirtieron, como en el tango, en parte del pasado. Hasta que un agente secreto que de all&iacute; ven&iacute;a, el viejo y bueno <strong>Austin Powers</strong>, y obviamente Elvis Costello, lo sacaron de all&iacute;. El disco, <em>Painted from Memory</em>, fue presentado una tarde de oto&ntilde;o, en 1998, casi en secreto y en una disquer&iacute;a de Times Square. Un peque&ntilde;o cartel en la vidriera lo anunciaba y el lugar acab&oacute; llen&aacute;ndose. En el interior, sobre una peque&ntilde;a tarima, Bacharach sentado al piano y Elvis Costello con una guitarra, cantaron la mayor&iacute;a de las canciones del disco aunque, claro, sin los magn&iacute;ficos arreglos. En sus diferentes &aacute;lbumes, Costello hab&iacute;a elegido como objetos el punk, el country, la canci&oacute;n beatle, la canci&oacute;n de c&aacute;mara (con la genial mezzo soprano <strong>Anne Sophie von Otter</strong>), el folk, el rhythm &amp; blues, el jazz (con <strong>Bill Frisell</strong>, o con <strong>Hal Willner</strong>, en su homenaje a <strong>Charles Mingus</strong>) y el neocabaret (con <strong>Ute Lemper</strong>) o el rock&rsquo;n roll a secas. El enciclopedista Costello, esta vez, se entregaba al lado m&aacute;s pop del pop y, con su lectura, lo convert&iacute;a en un objeto totalmente distinto. Era una virtual resurrecci&oacute;n y ahora, que Bacharach efectivamente ha muerto, vuelve a lograrlo. En <em>The Songs of Bacharach-Costello</em>, un &aacute;lbum de lujo con cuatro Cds, adem&aacute;s de la remasterizaci&oacute;n de aquel <em>Pintado de memoria </em>incluye las canciones in&eacute;ditas que escribieron para un musical no estrenado, las versiones que grab&oacute; con otros y todas las interpretaciones en vivo. El resultado es extraordinario. Costello, ese que comenz&oacute; llam&aacute;ndose <strong>Declan Patrick MacManus</strong>, es alguien formado, como el personaje de <em>Alta fidelidad</em>, la novela de <strong>Nick Hornby</strong>, por las listas, los rankings y, sobre todo, la bab&eacute;lica acumulaci&oacute;n de informaci&oacute;n. De miembro de un club de fans de los Beatles, en su infancia, a amigo de <strong>Paul McCartney</strong> y autor junto con &eacute;l, de &ldquo;My Brave Face&rdquo;, &ldquo;You Want Her Too&rdquo;, &ldquo;Don&rsquo;t Be Careless Love&rdquo; y &ldquo;That Day is Done&rdquo;, incluidos en el &aacute;lbum <em>Flowers in the Dirt</em> (1989) de McCartney, y de &ldquo;Pads, Paws and Claws&rdquo; y &ldquo;Veronica&rdquo;, que forman parte de su propio <em>Spike</em> (del mismo a&ntilde;o); de seguidor del saxofonista <strong>Lee Konitz</strong> a autor de sus solos (en el disco <em>North</em>); de admirador de Diana Krall a su marido; de voyeur de la m&uacute;sica cl&aacute;sica (y de todas las m&uacute;sicas, en realidad) a compositor de cuartetos para cuerdas y ballets sinf&oacute;nicos. Y de lejano fan de Burt Bacharach a su demiurgo.
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        <em>DF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Diego Fischerman]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/elvis-costello-trae-melodias-burt-bacharach_129_10004693.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 04 Mar 2023 14:47:01 +0000]]></pubDate>
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