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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Heberto Padilla]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/heberto-padilla/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Heberto Padilla]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La voz perdida del caso Padilla]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/voz-perdida-caso-padilla_129_10004901.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/284dd8c4-aaf6-46fa-b53b-aa2b73cb41f9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La voz perdida del caso Padilla"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La difusión pública de los videos originales y completos de la autoinculpación del poeta cubano Heberto Padilla, quien durante un juicio televisado se acusó a sí mismo de contrarrevolucionario, permite al autor volver sobre una disputa cultural y política que agrietó en 1971 la relación entre el castrismo y el campo intelectual.</p></div><p class="article-text">
        De repente, una voz nos ofrece el verdadero calado de una disputa cultural y pol&iacute;tica que agriet&oacute; en 1971 la relaci&oacute;n entre el castrismo y el campo intelectual. Hablamos de la <em>autoconfesi&oacute;n </em>del poeta <strong>Herberto Padilla</strong>, una divisoria de aguas que a la distancia parece anecd&oacute;tica y, sin embargo, tuvo una fuerza tect&oacute;nica en la ciudad letrada. Durante a&ntilde;os se conocieron apenas fragmentos de su testimonio -supuestamente contrito- ante representantes de la Uni&oacute;n de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC). Despu&eacute;s circul&oacute; el texto completo y, desde hace pocos d&iacute;as, pudimos escuchar y ver completamente a <em>ese </em>Padilla. La exhumaci&oacute;n audiovisual de aquel episodio de hace 51 a&ntilde;os provoca escalofr&iacute;os. Esa situaci&oacute;n inquisitorial, hab&iacute;a sido recreada hace un a&ntilde;o por un grupo de artistas disidentes, que leyeron en voz alta el discurso autoincriminatorio. Fragmentos de ese material vertebran a su vez el reciente documental de <strong>Pavel Giroud</strong>, <em>El caso Padilla, </em>que incluye a algunos testigos de aquel momento inaugural: el 71 no solo es el nombre de un recomendable ensayo de <strong>Jorge Fornet</strong>, subtitulado &ldquo;anatom&iacute;a de una crisis&rdquo;. Supuso a su vez el comienzo en la isla del llamado quinquenio gris o negro. La disputa crom&aacute;tica se resuelve sin dudas hacia la segunda tonalidad si se presta el o&iacute;do y tambi&eacute;n la vista a este documento f&iacute;lmico.
    </p><p class="article-text">
        Para asomarse a lo que ocurri&oacute; entonces hay que retroceder todav&iacute;a m&aacute;s en el tiempo. Primero, a 1960. El 17 de abril de ese a&ntilde;o arrib&oacute; al puerto de Casilda el buque cisterna Andrey Vyshinsky. Sus primeras gotas de petr&oacute;leo sacaron a la Revoluci&oacute;n de un problema para llevarla a otro: en aras de defenderse del hostigamiento de Washington se acept&oacute;, despu&eacute;s de amagues de autonom&iacute;a, el padrinazgo sovi&eacute;tico. De esta manera, el nombre de Vyshinsky, nada menos que el fiscal de los Procesos de Mosc&uacute;, como se conocieron las farsas judiciales de Stalin concluidas en asesinatos sumarios, aport&oacute; una simiente que exced&iacute;a el flujo de crudo. El germen del caso Padilla hab&iacute;a venido de ultramar y encontrar&iacute;a en los estalinistas cubanos un ecosistema apto para su reproducci&oacute;n. De hecho, el primer gran y decisivo incidente en el campo de la cultura tendr&iacute;a lugar un a&ntilde;o despu&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        El petr&oacute;leo sovi&eacute;tico puso en funcionamiento una econom&iacute;a sometida a fuertes tensiones y, a la vez, facilit&oacute; una peculiar conversi&oacute;n. As&iacute; como el negro esclavo preserv&oacute; sus creencias e identidad escondiendo el nombre sus Orishas debajo de las m&aacute;scaras cristianas &ndash;Babalu-ay&eacute; pas&oacute;, por ejemplo, a llamarse San L&aacute;zaro, y Och&uacute;n, la Virgen del Cobre-, el cubano tuvo que recurrir al simulacro como forma de supervivencia. Unos y otros resultaron sujetos sincr&eacute;ticos, aunque solo el primero fue consecuencia de un proceso de sedimentaci&oacute;n cultural entre africanos, criollos y espa&ntilde;oles. En el segundo caso, un conflicto entre potencias vincul&oacute; a dos culturas dif&iacute;cil de compatibilizar. Result&oacute; una asimilaci&oacute;n contingente y artificial, aunque no menos conflictiva. El libreto que, de tanto repetirlo, muchos aceptaron como verdad, deriv&oacute; en algunas pr&aacute;cticas que 1971 terminan de explicar cabalmente.
    </p><p class="article-text">
        Y Padilla, ah&iacute;. Su muerte c&iacute;vica e intelectual dej&oacute; heridas irreparables. El escenario punitivo comenz&oacute; a prepararse en 1968, el a&ntilde;o de la Ofensiva Revolucionaria que se propuso construir el socialismo y el comunismo al mismo tiempo. Aquel a&ntilde;o, Padilla, pol&iacute;glota y poeta con aires de<em> enfant terrible,</em> fuerte cr&iacute;tico en privado y a veces en p&uacute;blico del &ldquo;socialismo real&rdquo;, hab&iacute;a ganado el concurso de la UNEAC con su libro <em>Fuera del Juego.</em>
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Los poetas cubanos ya no sue&ntilde;an</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>(ni siquiera en la noche).</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Mis amigos no deber&iacute;an exigirme que rechace estos s&iacute;mbolos perplejos que han asaltado mi cultura.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>(Ellos afirman que es inglesa.)</em>
    </p><p class="article-text">
        Cuesta encontrar desde el presente los sentidos que tanto irritaron al liderazgo castrista. En lo que respecta al mismo poema &ldquo;Fuera del juego&rdquo;, descubrimos un bajo coeficiente de optimismo, iron&iacute;a, tambi&eacute;n, cierto distanciamiento, pero, &iquest;qu&eacute; m&aacute;s?
    </p><p class="article-text">
        <em>&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&iexcl;Al poeta, desp&iacute;danlo!</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Ese no tiene aqu&iacute; nada que hacer.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>No entra en el juego.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>No se entusiasma.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>No pone en claro su mensaje.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>No repara siquiera en los milagros.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Se pasa el d&iacute;a entero cavilando.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Encuentra siempre algo que objetar.</em>
    </p><p class="article-text">
        El poemario se public&oacute; con una aclaratoria de la UNEAC. &ldquo;&iquest;A qui&eacute;n o a qui&eacute;nes sirven estos libros? &iquest;Sirven a nuestra revoluci&oacute;n, calumniada en esa forma, herida a traici&oacute;n por tales medios?&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Entre la veleidad y el malestar genuino, Padilla se convirti&oacute; en sin&oacute;nimo de la desafecci&oacute;n, un referente desprejuiciado de quienes aterrizaban en La Habana para indagar sobre la marcha caribe&ntilde;a hacia el socialismo. Con ese prop&oacute;sito viajaron <strong>Rene Dumont</strong>, <strong>Hans Magnus Enzensberger</strong> y <strong>K.S. Karol</strong>. Hablamos de tres intelectuales de izquierda cuyos libros, <em>Cuba, &iquest;es socialista?</em>, <em>El interrogatorio de la Habana </em>y <em>Los guerrilleros en el poder, </em>provocaron ronchas de irritaci&oacute;n. Dumont fue prof&eacute;tico. Le hab&iacute;a interesado demostrar &ldquo;el precio elevado de la precipitaci&oacute;n&rdquo;, es decir, la tentativa de construir el socialismo y el comunismo al mismo tiempo. Dudaba, a pesar de los &ldquo;caracteres originales&rdquo; de la Revoluci&oacute;n, de la posibilidad de &ldquo;superar muy pronto los est&iacute;mulos materiales&rdquo; mientras, a la par, se otorgaban &ldquo;muchos privilegios a su grupo dirigente&rdquo;. Intentaba preguntarse &ldquo;si la militarizaci&oacute;n de la econom&iacute;a posibilita el surgimiento de un cierto tipo de socialismo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El caso Padilla no puede dejar de analizarse, con esos libros en el fondo, como el detonador de una ruptura anunciada con parte de los intelectuales europeos y norteamericanos (basta revisar el libro de <strong>Rafael Rojas</strong>, <em>Traductores de la utop&iacute;a. La Revoluci&oacute;n cubana y la nueva izquierda en Nueva York</em>) que termin&oacute; arrastrando a parte de los latinoamericanos. Vayamos a los hechos: el poeta fue llevado de su casa por agentes de seguridad en abril a un centro de detenci&oacute;n e interrogatorio. &ldquo;El encarcelamiento de Padilla era la culminaci&oacute;n de una escalada iniciada cuatro a&ntilde;os&rdquo;, se&ntilde;alaron en una carta p&uacute;blica a <strong>Fidel Castro</strong> nada menos que <strong>Simone de Beauvoir</strong>, <strong>Italo Calvino</strong>, <strong>Fernando Claud&iacute;n</strong>, <strong>Julio Cort&aacute;zar</strong>, <strong>Jean Daniel</strong>, <strong>Marguerite Duras</strong>, el propio Enzensbeger, <strong>Jean-Paul Sartre</strong>, <strong>Rossana Rossanda</strong>, <strong>Jorge Sempr&uacute;n</strong>, <strong>Mario Vargas Llosa</strong>, <strong>Carlos Franqui</strong>, <strong>Carlos Fuentes</strong>, <strong>Gabriel Garc&iacute;a M&aacute;rquez</strong>, entre otros. &ldquo;Tememos la reaparici&oacute;n de una tendencia sectaria mucho m&aacute;s violenta y peligrosa que la denunciada por usted en marzo de 1962&rdquo;, le dicen.
    </p><p class="article-text">
        Padilla permaneci&oacute; m&aacute;s de un mes encerrado y recuper&oacute; su libertad para <em>confesar</em> sus antiguas <em>felon&iacute;as</em>. Escucharlo y verlo estremece.
    </p><p class="article-text">
        <em>De estas actitudes, de estas posiciones, nunca me cansar&eacute; de arrepentirme mientras viva, nunca podr&eacute; arrepentirme en realidad cuando he visto la cantidad de enemigos que vienen a nuestro pa&iacute;s disfrazados de poetas, de teatristas, de soci&oacute;logos, de fot&oacute;grafos, de lo que sea posible&hellip; &iquest;Para qu&eacute; vienen? &iquest;A ver, a admirar la Revoluci&oacute;n? </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        Padilla se lamenta luego de sus &ldquo;torpezas&rdquo; y &ldquo;errores&rdquo;, motivados por &ldquo;el deslumbramiento por las grandes capitales, por la difusi&oacute;n internacional, por las culturas for&aacute;neas&rdquo;. Dice que, a pesar del cansancio, est&aacute; frente a sus colegas porque quiere hablar y &ldquo;liberarse de un pasado&rdquo; que le pesa&ldquo;. Ha hablado casi una hora cuando sucede algo que la letra impresa nunca ha permitido constatar en su dimensi&oacute;n. Padilla va m&aacute;s all&aacute; de infligirse la humillaci&oacute;n: deviene <em>otro</em>. Nos hab&iacute;amos referido antes al simulacro y la santer&iacute;a, el juego de m&aacute;scaras como modo de supervivencia. Hacerse pasar por otro o <em>serlo </em>por unos instantes. En los toques de santo, el ritual de la comunidad afrocubana, por muchos a&ntilde;os clandestino o semi tolerado, el fren&eacute;tico repicar de los tambores habilita a que a los participantes se le <em>monte </em>una deidad y que, en virtud de sus atributos, femeninos (la citada Ochun, por ejemplo) o masculinos (Chang&oacute;, el orisha del trueno, pongamos), los afectados comiencen una suerte de performance mim&eacute;tica basada en la reproducci&oacute;n de gestos y movimientos propios de la figura invocada. El toque habilita esa transformaci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        A Padilla, si seguimos su protocolo, no se le <em>mont&oacute; </em>un santo venido con los barcos esclavistas sino el mismo dios estatal: Fidel Castro, acompa&ntilde;ado tal vez de otro fantasma, el propio Vishinsky. &iquest;Se dej&oacute; <em>montar</em>? &iquest;Fue una venganza tan secreta como sutil?<em> </em>&iquest;La urdi&oacute; conscientemente con el &uacute;nico consuelo de ser redimido por la historia? Lo cierto es que el poeta se apropi&oacute; de inflexiones ret&oacute;ricas y ademanes del l&iacute;der, repiti&oacute; la coreograf&iacute;a de sus brazos, con ese dedo &iacute;ndice que enfatizaba en el aire la perorata. &iquest;Qu&eacute; nos dicen esos rasgos y el teatro ac&uacute;stico que eman&oacute; de su garganta? &iquest;Qu&eacute; entendieron los escritores y artistas cubanos sentados delante suyo? &iquest;Hab&iacute;a sido Padilla apenas <em>mediador</em> de una admonici&oacute;n, como en un toque de santo estatizado? Les recomiendo que vayan a YouTube, a partir del minuto 14.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        <em>Yo s&eacute; que hay muchos suspicaces &ndash;lo s&eacute;&ndash; que piensan, que piensan de un modo especial, singular, de un modo caracter&iacute;stico de ciertas zonas, de esta autocr&iacute;tica hondamente sentida. Y yo me digo que peor para ellos si no comprenden el valor moral que puede tener mi conducta, que puede tener una autocr&iacute;tica. Peor para ellos, para esos suspicaces, si no entienden, si no son capaces de comprender lo que significa que a un hombre que ha cometido errores se le permita la oportunidad de confesarlos, de explicarlos delante de sus compa&ntilde;eros y de sus amigos; peor para ellos, para esos suspicaces, si no creen en lo que yo estoy diciendo. Peor para ellos. Porque yo conozco, como muchos de ustedes, escritores revolucionarios que est&aacute;n aqu&iacute; presente, y que han tenido que dar ese salto de fuego de las propias caracter&iacute;sticas tan negativas que constituyen ese &aacute;ngulo enfermizo de la personalidad creadora. Si no comprenden, peor para ellos.</em>
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Padilla presta su cuerpo y su dedo apunta hacia el auditorio.
    </p><p class="article-text">
        &hellip;<em>estoy convencido de que muchos de los que yo veo aqu&iacute; delante de m&iacute; mientras yo he estado hablando durante todo este tiempo, se han sentido consternados de cu&aacute;nto se parecen sus actitudes a mis actitudes, de cu&aacute;nto se parece mi vida, la vida que he llevado, a la vida que ellos llevan, han venido llevando durante todo este tiempo, de cu&aacute;nto se parecen mis defectos a los suyos, mis opiniones a las suyas, mis bochornos a los suyos. Yo estoy seguro de que ellos estar&aacute;n muy preocupados, de que estuvieron muy preocupados, adem&aacute;s, por mi destino durante todo este tiempo, de qu&eacute; ocurrir&iacute;a conmigo. Y de que al o&iacute;r estas palabras ahora dichas por m&iacute; pensar&aacute;n que con igual raz&oacute;n la Revoluci&oacute;n los hubiera podido detener a ellos. Porque la Revoluci&oacute;n no pod&iacute;a seguir tolerando una situaci&oacute;n de conspiraci&oacute;n venenosa de todos los grupitos de desafectos de las zonas intelectuales y art&iacute;sticas.</em>
    </p><p class="article-text">
        El poeta encontr&oacute; la luz durante sus conversaciones con los agentes de la seguridad.
    </p><p class="article-text">
        <em>La correlaci&oacute;n de fuerzas de la Am&eacute;rica Latina no puede tolerar que un frente, como es el frente de la cultura, sea un frente d&eacute;bil; no pod&iacute;a seguir tolerando esto. Y si no ha habido m&aacute;s detenciones hasta ahora, si no las ha habido, es por la generosidad de nuestra Revoluci&oacute;n</em>.
    </p><p class="article-text">
        Pero no se queda ah&iacute;. El lugar de la confesi&oacute;n inducida pod&iacute;a haber sido ocupado por los otros.
    </p><p class="article-text">
        <em>Veo en muchos de los compa&ntilde;eros que est&aacute;n aqu&iacute;, cuyas caras est&aacute;n aqu&iacute;, errores muy similares a errores de los que ye comet&iacute;. Y si estos compa&ntilde;eros no llegaron al grado de deterioro moral, de deterioro moral a que yo llegu&eacute;, eso no los exime de ning&uacute;n modo de ninguna culpa. Quiz&aacute;s entre sus papeles, entre sus poemas, entre sus cuentecitos existen p&aacute;ginas tan bochornosas como muchas de las p&aacute;ginas que felizmente nunca se publicar&aacute;n y que estaban entre mis papeles.</em>
    </p><p class="article-text">
        En mayo se conoci&oacute; una segunda carta de intelectuales a Castro: &ldquo;Creemos un deber comunicarle nuestra verg&uuml;enza y nuestra c&oacute;lera. El lastimoso texto de la confesi&oacute;n que ha firmado Heberto Padilla s&oacute;lo puede haberse obtenido por medio de m&eacute;todos que son la negaci&oacute;n de la legalidad y la justicia revolucionarias&rdquo;. La suscribieron tambi&eacute;n esta vez <strong>Carlos Monsiv&aacute;is</strong>, <strong>Pier Paolo Pasolini</strong>, <strong>Tamara Deutscher</strong>, <strong>Istv&aacute;n M&eacute;sz&aacute;ros</strong>, <strong>Alain Resnais</strong>, <strong>Jos&eacute; Revueltas</strong> y <strong>Juan Rulfo</strong>. Cort&aacute;zar y Garc&iacute;a M&aacute;rquez se abstuvieron. &iquest;Lo habr&iacute;an hecho de haber podido escuchar y ver esas escenas?
    </p><p class="article-text">
        <em>Los guerrilleros en el poder</em>, el voluminoso ensayo del polaco-franc&eacute;s Karol, sigue siendo extraordinario. Lo termin&oacute; de escribir en 1969. Se edit&oacute; dos a&ntilde;os m&aacute;s tarde. En su pr&oacute;logo a la edici&oacute;n italiana, de 1972, denunciaba el &ldquo;enmudecimiento de las voces te&oacute;ricamente m&aacute;s comprometidas&rdquo; y que se nucleaban en la revista <em>Pensamiento Cr&iacute;tico. </em>El autor, marxista, en la l&iacute;nea de <strong>Isaac Deutscher</strong>, el gran bi&oacute;grafo de Trotsky, expresaba a su vez el estupor por la situaci&oacute;n que hab&iacute;a atravesado Padilla y el tenor de una &ldquo;sorprendente autocr&iacute;tica&rdquo; en la cual &ldquo;se acusaba&rdquo; a s&iacute; mismo &ldquo;entre otras cosas de haber proporcionado informaci&oacute;n a dos conocidos agentes de la CIA&rdquo;, el propio Karol y Dumont. &ldquo;No es preciso decir que Padilla no hubiera podido procurarme informaci&oacute;n pol&iacute;tica ni aun en caso de necesidad: mis fuentes de informaci&oacute;n han sido los dirigentes cubanos, el propio Castro&rdquo;. Lo que afloraba en la isla era la &ldquo;antigua intolerancia&rdquo; y la &ldquo;incapacidad de algunos dirigentes comunistas para acoger una cr&iacute;tica o darle una r&eacute;plica razonada, sin recurrir al viejo m&eacute;todo de denunciar como enemigo &ndash;asalariado, a ser posible- a cualquiera que observe desapasionadamente su historia&rdquo;. De hecho, Fidel, quien hab&iacute;a llevado de la mano a Karol a numerosas de sus actividades, comenz&oacute; a hablar de los &ldquo;escritorzuelos&rdquo; europeos que, sin vivir las dificultades de la revoluci&oacute;n cubana se atrev&iacute;an a mirarla a distancia con pizcas de dudas.
    </p><p class="article-text">
        La Cuba actual en nada se parece a la del 71 aunque los choques entre la cultura y el poder siguen obedeciendo a la misma matriz. A eso hay que sumarle que los dramas actuales son mucho m&aacute;s desgarradores. La militarizaci&oacute;n de le econom&iacute;a intuida por Dumont ha adquirido rasgos insospechados entonces: una coalici&oacute;n castrense y hotelera, el grupo econ&oacute;mico y financiero Gaesa, maneja los resortes de un pa&iacute;s que, en plena pandemia, destin&oacute; gran parte de sus inversiones a un sector tur&iacute;stico que nunca termina de ocuparse a pleno y desatendi&oacute; con esp&iacute;ritu neoliberal a los sectores de educaci&oacute;n y salud. A los intelectuales ya no les interesa el devenir del tr&oacute;pico entr&oacute;pico. La voz recuperada de Padilla deber&iacute;a sin embargo obligarnos no solo a revisar aquella temporada siniestra sino a decir finalmente aquello que el pudor, el miedo a &ldquo;hacerle el juego al enemigo&rdquo; nos llam&oacute; a silenciar.
    </p><p class="article-text">
        <em>AG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Abel Gilbert]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/voz-perdida-caso-padilla_129_10004901.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 05 Mar 2023 03:02:12 +0000]]></pubDate>
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