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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Guillermo O’Donnell]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/guillermo-o-donnell/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Guillermo O’Donnell]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Rosario y la Argentina: la propagación de las “zonas marrones”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/rosario-argentina-propagacion-zonas-marrones_1_10005297.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cc04a07d-7bb4-44fe-9f1b-0cdce83d3615_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Rosario y la Argentina: la propagación de las “zonas marrones”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El autor, fiscal federal, reflexiona sobre el trasfondo de la crisis que atraviesa la ciudad santafesina, donde estuvo recientemente y que volvió al foco de los medios y la política por el ataque a la familia de Antonella Roccuzzo y la amenaza narco a Lionel Messi. Con una idea de Guillermo O’Donnell como disparador, nos explica que cuando el Estado no hace algo, está haciendo otra cosa porque la inacción es también una acción.</p></div><p class="article-text">
        Estuve en Rosario el 14 de febrero de este a&ntilde;o porque present&eacute; en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Rosario mi &ldquo;Rep&uacute;blica de la Impunidad&rdquo; y con los presentes conversamos sobre la relaci&oacute;n entre el sistema judicial y la democracia. El encuentro se repiti&oacute; al d&iacute;a siguiente en la C&aacute;mara de Diputados de la provincia de Santa Fe, debido a una invitaci&oacute;n del pleno del cuerpo promovida por los legisladores Agustina Donnet y Rub&eacute;n Giustiniani.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El tema de la seguridad estuvo presente todo el tiempo. En particular, los efectos violentos del tr&aacute;fico de drogas ilegales. Hablamos mucho de lo que significa convivir con ese problema y discutimos largo y tendido sobre la relaci&oacute;n entre las instituciones p&uacute;blicas y aquel fen&oacute;meno, desde el punto de vista jur&iacute;dico y de la ciencia pol&iacute;tica. Ahora todo se agudiz&oacute; porque, como cualquiera puede imaginar y tambi&eacute;n constatar, el ataque al comercio de la familia de Antonella Roccuzzo le asign&oacute; a la cuesti&oacute;n un alcance global.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sobre la base de esa experiencia, me interesa identificar a t&iacute;tulo hipot&eacute;tico algunas causas que ayuden a entender un fen&oacute;meno que no est&aacute; acotado a la ciudad de Rosario.
    </p><p class="article-text">
        Antes de hacerlo, debo decir que no soy un experto en seguridad y tampoco en la din&aacute;mica del narcotr&aacute;fico. Por lo tanto, no voy a plantear una &ldquo;receta&rdquo; para terminar con el problema. Sobre esos aspectos, me parece interesante solamente compartir que, fruto de mi memoria institucional generada por el trabajo en el sistema penal, las recomendaciones de quienes se dedican a estudiar a las organizaciones que trafican ilegalmente drogas enfatizan ciertas cosas.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="&quot;Messi te estamos esperando&quot;, el mensaje que dio la vuelta al mundo."
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            <span class="title">
                &quot;Messi te estamos esperando&quot;, el mensaje que dio la vuelta al mundo.                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text">M&aacute;s all&aacute; de la violencia</h3><p class="article-text">
        Si bien es importante la identificaci&oacute;n y enjuiciamiento de quienes venden drogas en las calles, la cuesti&oacute;n nodal es diversa. Los que saben se&ntilde;alan que es central poner la lupa en el flujo de fondos. La venta de drogas ilegales es altamente remunerativa. Por ello los expertos aconsejan enfocar las energ&iacute;as en los grupos de profesionales que administran ese dinero ilegal para convertirlo en legal. Dicho esto, me concentro en algunas causas que ayuden a pensar el fen&oacute;meno.
    </p><p class="article-text">
        Los hechos que percibimos a trav&eacute;s de los medios de comunicaci&oacute;n masiva y del contacto con los ciudadanos de Rosario nos afectan por su reiteraci&oacute;n y por la violencia que los envuelve en ciertos momentos. Pero si logramos abstraernos lo m&aacute;ximo posible de la violencia y la repetici&oacute;n, r&aacute;pidamente podemos concluir en que lo que sucede en Rosario ocurre en muchas partes de la Argentina. Es cierto que bajo otras formas e intensidades. Pero sucede, ya que el problema b&aacute;sico es la inefectividad en la aplicaci&oacute;n de la ley.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Si logramos abstraernos lo máximo posible de la violencia y la repetición, rápidamente podemos concluir en que lo que sucede en Rosario ocurre en muchas partes de la Argentina</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En efecto, en algunos barrios de la Ciudad Aut&oacute;noma de Buenos Aires y del conurbano de la provincia de Buenos Aires hay problemas an&aacute;logos con el tr&aacute;fico de drogas y con los cr&iacute;menes conexos a esos comportamientos ilegales. El punto en com&uacute;n que tienen estos acontecimientos, m&aacute;s all&aacute; de las distancias geogr&aacute;ficas, tiene que ver con que en algunos de los lugares de nuestro pa&iacute;s la ley que produce el estado rige, pero no se cumple. Ello significa que la vida real de esos sitios se rige por pautas de organizaci&oacute;n social informales. Dichas pautas las producen quienes controlan el territorio que, por definici&oacute;n, no son leales a la Constituci&oacute;n Nacional. Pero ese problema no es exclusivo del narcotr&aacute;fico.
    </p><p class="article-text">
        Ello es as&iacute; pues, en nuestro pa&iacute;s, el Estado tiene muchos problemas para aplicar la ley de manera universal, homog&eacute;nea y con la misma intensidad en todas partes y a las diferentes personas. Hay otros comportamientos menos visibles que el tr&aacute;fico de estupefacientes, pero igual de graves que tambi&eacute;n se escapan de la perspectiva de la Constituci&oacute;n Nacional. Pienso en el lavado de dinero, en el contrabando, en la evasi&oacute;n tributaria y en los hechos de corrupci&oacute;n administrativa, por ejemplo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No estoy minimizando los acontecimientos que ocurren en la ciudad de Rosario. Al contrario. Creo que la cosa es m&aacute;s grave. Me parece que muchas actividades ilegales en nuestro pa&iacute;s adolecen del mismo problema. No puedo detenerme en cada una de ellas. Pero la realidad revela con nitidez que la capacidad estatal de aplicar la ley en general se ve resentida.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">En el país real hay grupos que logran eludir las leyes positivas y obligatorias que genera el país legal</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En otras palabras, me refiero a que la fuerza de la ley que produce la rep&uacute;blica democr&aacute;tica no se impone de manera universal e igualitaria, tal como lo contempla la Constituci&oacute;n. Ello tiene varios efectos. En lo que aqu&iacute; interesa, da lugar a lo que Guillermo O&rsquo;Donnell llam&oacute; &ldquo;zonas marrones&rdquo; para definir determinados lugares en los que el gobierno de hecho queda en manos de actores informales. Ello quiere decir, lisa y llanamente, que la soberan&iacute;a estatal est&aacute; en tela de juicio. Supone que no manda la ley, sino que manda el que tiene fuerza para tomar decisiones y conseguir obediencia.
    </p><p class="article-text">
        Desde este punto de vista, y m&aacute;s all&aacute; de la magnitud de los hechos que por estos d&iacute;as ocupan la cima de la agenda p&uacute;blica, creo que lo que ocurre en Rosario es b&aacute;sicamente un fen&oacute;meno que atraviesa a toda la Argentina y que tiene que ver con el hiato que separa al pa&iacute;s real del pa&iacute;s legal. Insisto. En el pa&iacute;s real hay grupos que logran eludir las leyes positivas y obligatorias que genera el pa&iacute;s legal. Ello resiente la soberan&iacute;a estatal porque determinados lugares no est&aacute;n subordinados a la perspectiva de la Constituci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; yace un punto de suma importancia para comprender la ilegalidad que atraviesa a nuestro pa&iacute;s.
    </p><h3 class="article-text">Ley selectiva</h3><p class="article-text">
        Hay otra raz&oacute;n complementaria que profundiza la extensi&oacute;n de las &ldquo;zonas marrones&rdquo; y que se relaciona con el modo en que se aplica la ley. Recordemos que las leyes pueden cumplirse, no cumplirse o se puede torcer su significado. En este &uacute;ltimo caso, mediante la actividad interpretativa, los judiciales a veces ubicamos a las reglas en una zona brumosa cuyo resultado es que la ley parece que rige pero, en rigor de verdad, la torcemos para que en la pr&aacute;ctica los efectos sean los opuestos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Bajo esos h&aacute;bitos, propongo pensar el debate p&uacute;blico que se inscribe en derredor de la posibilidad que tienen los detenidos de usar tel&eacute;fonos en las c&aacute;rceles. Hay perspectivas muy claras sobre el punto. Pero casi todas eluden la expl&iacute;cita previsi&oacute;n legal que existe al respecto. Veamos.
    </p><p class="article-text">
        De acuerdo con el art&iacute;culo 18 de la Constituci&oacute;n Nacional la condena a prisi&oacute;n es el modo en que un ciudadano rinde cuentas frente a sus pares a trav&eacute;s de un juicio justo. Cuando una persona ingresa a prisi&oacute;n no pierde la condici&oacute;n de sujeto de derechos. Al contrario, como el fin del encierro es la resocializaci&oacute;n del reo, la ley 24.660 traza las pautas que tienen que cumplir los detenidos. Es un r&eacute;gimen progresivo. Quien respeta el marco legal adquiere beneficios que se traducen en la morigeraci&oacute;n del encierro.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La pregunta es obvia: ¿por qué los presos tienen teléfonos celulares si la ley lo prohíbe?</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Entre los derechos que tienen los presos est&aacute; el de comunicarse. Sin embargo, la chance de tener celulares est&aacute; expresamente prohibida. &ldquo;Quedan prohibidas las comunicaciones telef&oacute;nicas a trav&eacute;s de equipos o terminales m&oacute;viles&rdquo;, dice el art&iacute;culo 160 de la citada ley.
    </p><p class="article-text">
        Por lo tanto, no hay posibilidades legales de discutir esa disposici&oacute;n, salvo que los magistrados comprueben que no es razonable y que ofende la Constituci&oacute;n Nacional.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No conozco ning&uacute;n caso en que ello haya pasado. S&iacute; s&eacute; que durante las restricciones derivadas del Covid-19, esa prohibici&oacute;n fue morigerada. Pero todo eso, felizmente, es parte del pasado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La pregunta es obvia: &iquest;por qu&eacute; los presos tienen tel&eacute;fonos celulares si la ley lo proh&iacute;be? No lo s&eacute;. Pero quiz&aacute; el h&aacute;bito de torcer el significado de las leyes nos suministra algunas pistas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El problema de las &ldquo;zonas marrones&rdquo; y de las interpretaciones de las leyes que a veces atentan contra la eficacia de las propias leyes no agota el tema. Pero me parece que nos lleva a una discusi&oacute;n un tanto m&aacute;s profunda.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n nos leg&oacute; O&rsquo;Donnell la idea de que cuando el Estado no hace algo, no tenemos que quedarnos con la sensaci&oacute;n de que esa impotencia se limita a los malos funcionarios, o a la corrupci&oacute;n, a la desidia institucional. Si el Estado no hace lo que tiene que hacer alguien gana.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        O&rsquo;Donnell remarcaba que la inacci&oacute;n del Estado es una forma de acci&oacute;n. Cuando el Estado no hace algo est&aacute; haciendo otra cosa. Por ejemplo, no aplicar la ley de manera universal e uniforme permite que algunas zonas &ldquo;se liberen&rdquo; de la arquitectura legal.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Recordemos que el Estado tiene el monopolio leg&iacute;timo de la fuerza en un territorio. Puede imponer sus decisiones cuando no se cumplen las leyes que el propio Estado produce. Las &ldquo;zonas marrones&rdquo;, en esa clave, quiz&aacute;s tienen que ver con una determinada forma de ejercicio del poder pol&iacute;tico que no es la que contempla la Constituci&oacute;n Nacional y que concibe al Estado y a sus instituciones, no como la expresi&oacute;n del poder pol&iacute;tico de los ciudadanos, sino como un instrumento capaz de ser manipulado para conseguir beneficios sectoriales.
    </p><p class="article-text">
        <em>ED</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Federico Delgado]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/rosario-argentina-propagacion-zonas-marrones_1_10005297.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 04 Mar 2023 23:15:02 +0000]]></pubDate>
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