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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Alexander Mc Queen]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Alexander Mc Queen]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Cuánto es cerca]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/cerca_129_10022794.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/71e742ed-7d6f-4c00-a527-9793c9eddde1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Alexander McQueen"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La autora reflexiona en este texto sobre esa sensación de orfandad y desamparo que dispara la muerte de una madre y que para algunos, por caso el diseñador inglés Alexander Mc Queen, puede resultar tan definitiva como trágica. </p></div><p class="article-text">
        Un amigo me manda para que vea <em>Mc Queen</em>, un documental de Ian Bonh&ocirc;te y Peter Ettedgui que narra la vida y muerte del dise&ntilde;ador ingl&eacute;s, con much&iacute;simo material del dise&ntilde;ador en distintos momentos de su vida, muchas im&aacute;genes en video filmadas por &eacute;l mismo tambi&eacute;n, su desmedido &eacute;xito, su transformaci&oacute;n f&iacute;sica, la demencialidad de sus desfiles. Al final Alexander, a qui&eacute;n sus &iacute;ntimos en la pel&iacute;cula llaman sencillamente Lee, que era su primer y verdadero nombre, mucho menos imperial, acorralado por su &eacute;xito, la presi&oacute;n de ese &eacute;xito, el super&aacute;vit de dinero y consumo, no resiste la muerte de su propia madre y, en medio de los preparativos de su funeral, decide ahorcarse y morir.
    </p><p class="article-text">
        Su madre hab&iacute;a enfermado unos meses antes, &eacute;l no hab&iacute;a podido acompa&ntilde;arla en su proceso de tratamiento, finalmente muere, Lee ya no lo resiste. No pasa m&aacute;s de dos d&iacute;as en este mundo sin su mam&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        La semana pasada asol&oacute; a la comunidad teatral porte&ntilde;a la noticia de la sorpresiva muerte de Mar&iacute;a Onetto, una extraordinaria actriz argentina que no par&oacute; de trabajar en los &uacute;ltimos &iquest;25? a&ntilde;os. No tuve la suerte de haber trabajado con ella pero s&iacute; de haberla visto actuar, muchas veces. La cadencia tan particular de su voz y su decir, quedar&aacute;n resonando. Cuando muere alguien cuya profesi&oacute;n era tambi&eacute;n un servicio p&uacute;blico, es como si se multiplicara el dolor: junto a la desaparici&oacute;n f&iacute;sica se van con ella todos sus personajes posibles, toda su potencial creaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Se cuenta que la muerte reciente de la madre de Mar&iacute;a podr&iacute;a haber precipitado su decisi&oacute;n. Que apenas si hab&iacute;a podido hablar de eso, que no hab&iacute;a llegado a coment&aacute;rselo a la mayor&iacute;a de sus amigos, que no pudo con esa orfandad. Mar&iacute;a, como Alexander, ten&iacute;a talento, trabajo, amigos, una casa, reconocimiento.
    </p><p class="article-text">
        Una de estas tarde de calor est&aacute;bamos en la plaza de enfrente, mi madre, mi hijo y yo. En el banco frente a nosotros, un se&ntilde;or con bolsas y revistas en el que no reparamos hasta que se nos acerca a hablar. Va de ropa deportiva y sus ojos tienen una pel&iacute;cula transl&uacute;cida, de llanto eterno, o de alg&uacute;n grado de ceguera. No viene a pedirnos nada, quiere conversar. Nos se&ntilde;ala el edificio de enfrente, dice que en ese edificio vivi&oacute; durante muchos a&ntilde;os su mam&aacute;. Que trabajaba para una familia. Dice el nombre de la familia pero no logro retenerlo. Dice que a su madre la trajeron enga&ntilde;ada de Salta, a trabajar para una familia, que le dijeron que pod&iacute;a venir con &eacute;l, su hijo, que se criar&iacute;a con los hijos de la familia, pero que no fue cierto eso, y que ni bien llegaron tuvo que entregarlo, y que entonces lo mandaron a un internado rural en Santa Fe. Que la madre del se&ntilde;or trabaj&oacute; a&ntilde;os en la casa de esta familia, y luego en lo de otra, unas cuadra m&aacute;s all&aacute;, y menciona otro apellido que tampoco puedo recordar. Nos pregunta si los conocemos, que son m&eacute;dicos, mi madre le dice que ella no vive por ac&aacute;, a partir de entonces se dirige a m&iacute;, que s&iacute; vivo ac&aacute; pero que no, a esa familia no conozco, no. Dice el se&ntilde;or que est&aacute; ahorrando para ir a Salta a conocer el sitio del que sali&oacute; su madre, dice que no fue nunca, que quiere conocer. Dice tambi&eacute;n que muri&oacute; su madre, ah&iacute; tampoco est&aacute; clara la l&iacute;nea de tiempo, si fue hace mucho, si es algo reciente, y los ojos se le llenan de l&aacute;grimas, m&aacute;s a&uacute;n. Dice, como si el tiempo no hubiera pasado y fuera el ni&ntilde;o m&aacute;s ni&ntilde;o en ese cuerpo de se&ntilde;or, que la extra&ntilde;a mucho, <em>la extra&ntilde;o mucho</em>, dice y es tan sincero ese dolor. Vuelvo a ver a ese se&ntilde;or en los pr&oacute;ximos d&iacute;as, orbitando la plaza siempre, lee revistas, come alguna cosa, no lo he visto conversar. Queda imantado por el sitio en el que sol&iacute;a trabajar su mam&aacute;, a la que extra&ntilde;a, porque ya no est&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Cu&aacute;l ser&aacute; la distancia propicia a la madre? Para ni anhelar ni desbordar. &iquest;Habr&aacute; tantas distancias como madres hay? A veces mi hijo Ram&oacute;n me dice que me quiere demasiado. Le digo que no, que lo justo y necesario. Y &eacute;l insiste que no, que es demasiado. Me inclino a pensar que no es m&aacute;s que un modo de decir, de galanter&iacute;a, y apuesto tambi&eacute;n a que si tiene una buena base de cari&ntilde;o, de ser querido ahora que todav&iacute;a es chico y est&aacute; irremediablemente cerca, eso le va a ayudar a estar a distancia prudencial, mucha o poca, despu&eacute;s. Que el agujero siempre es peor, como para ese se&ntilde;or al que enviaron tan lejos de su madre y &eacute;l ahora la extra&ntilde;a tanto que no puede ser un hombre ni alejarse del radio en el que ella trabaj&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Es muy incre&iacute;ble que la distancia no necesariamente sea distancia f&iacute;sica real. Para volver a Lee Alexander: &eacute;l se fue de su casa de suburbio ingl&eacute;s de muy joven, pidi&oacute; trabajo en una sastrer&iacute;a en la que su madre le hab&iacute;a dicho que necesitaban empleados y, como se sabe, nunca volvi&oacute;. Termin&oacute; disputado por las casas m&aacute;s importantes, Gucci, Givenchy, rodeado de famosxs, revolucionando la historia de la moda. Alguien apegado a su madre no necesariamente vive en la misma casa que ella y mira televisi&oacute;n en el sill&oacute;n. Eso es lo m&aacute;s misterioso, que puede ser un fen&oacute;meno silente. Y sin embargo luego, pum: ni 48 hs sin tu madre en el mundo. Se fue ella, me voy yo. Las amigas que tengo que perdieron a sus madres, por m&aacute;s adultas que hayan sido cuando eso sucedi&oacute;, me han dicho que la sensaci&oacute;n de orfandad es enorme&hellip; Enorme. &iquest;Y ahora? &iquest;C&oacute;mo es el mundo sin mam&aacute;? El agujero en el coraz&oacute;n que a veces lleva el nombre de <em>mam&aacute;</em>, lo que sea que eso signifique, es un agujero que no se cubre, con el que en el mejor de los casos, se convive. O no.
    </p><p class="article-text">
        <em>RP</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Romina Paula]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/cerca_129_10022794.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 11 Mar 2023 05:02:25 +0000]]></pubDate>
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