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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - olivia sohr]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/olivia-sohr/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - olivia sohr]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[Cascos de realidad virtual, cómo podrían afectar nuestra percepción de la realidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/cascos-realidad-virtual-afectar-percepcion-realidad_129_10322746.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/38be7810-ae35-4d2f-b5e1-b5e8079e0263_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cascos de realidad virtual, cómo podrían afectar nuestra percepción de la realidad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las manipulaciones de nuestra percepción, que pueden tener efectos muy reales en nuestra vida, podrían explotarse mucho mejor en la realidad virtual, donde es mucho más fácil modificar lo que uno percibe, sostiene la autora. </p></div><p class="article-text">
        Hace unas semanas Apple present&oacute; su casco de realidad virtual, el Vision Pro. El casco permitir&aacute; tener una experiencia de realidad virtual, inmersiva, y tambi&eacute;n de realidad aumentada, superponer elementos a la realidad. Hay todav&iacute;a muchas preguntas sobre el efecto que tendr&aacute; el lanzamiento de Apple, si lograr&aacute; que esta tecnolog&iacute;a, que promete despegar desde hace 10 a&ntilde;os, efectivamente se popularice; y si lo hace, qu&eacute; efecto podr&iacute;a tener en distintos aspectos de nuestra vida. Por ejemplo, <a href="https://www.bloomberg.com/news/articles/2023-06-12/apple-vision-pro-is-cities-wake-up-call-to-regulate-the-metaverse?cmpid=BBD061823_CITYLABMP&amp;utm_medium=email&amp;utm_source=newsletter&amp;utm_term=230618&amp;utm_campaign=citylabmostpop" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en las ciudades</a>. Basta con recordar lo que fue la locura con Pokemon Go, donde cientos de personas iban por la calle mirando el celular para capturar a los monstruos que se les aparec&iacute;an. <a href="https://www.bbc.com/mundo/noticias-37576674" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Miles de accidentes despu&eacute;s</a>, descubrimos que pod&iacute;a ser un peligro. Ahora, &iquest;Que pasar&iacute;a si todos circulamos con cascos que nos agregan distintas capas a la realidad? Y &iquest;Qu&eacute; efectos podr&iacute;a tener sobre nuestra forma de ver el mundo? &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Nuestra percepci&oacute;n puede ser bastante maleable y lo que pensamos ver o sentir puede tener efectos en lo que nos pasa -algo que f&aacute;cilmente se podr&iacute;a manipular a trav&eacute;s de cascos de realidad virtual. Solemos hablar del efecto placebo al referirnos a la medicina, cuando nos sentimos mejor por el simple hecho de tomar algo, aunque no sea un medicamento. Pero no es el &uacute;nico &aacute;mbito donde ocurre.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Un ejemplo es el sue&ntilde;o. Creer que dormimos bien la noche anterior puede hacernos tener mejores rendimientos. As&iacute; lo <a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/24417326/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">mostr&oacute; un estudio</a> en el que tomaron a un grupo de personas y les dijeron que a trav&eacute;s de una serie de estudios muy elaborados podr&iacute;an saber cu&aacute;nto tiempo de sue&ntilde;o profundo hab&iacute;an tenido la noche anterior -algo que no ten&iacute;an manera de saber-. Tambi&eacute;n les explicaron la importancia de dormir bien y su efecto en el rendimiento. Pero a algunas personas aleatoriamente les dijeron que hab&iacute;an dormido mejor que la media y a otros menos. Luego pusieron a todos a hacer una serie de ejercicios mentales, para medir su rendimiento -por ejemplo sumando dos n&uacute;meros que les dec&iacute;an o listando todas las palabras que se les ocurriesen que empiecen con cierta letra-. Y s&iacute;, quienes pensaban que durmieron mejor, les fue mejor. Todo tiene sus l&iacute;mites, no podemos sugestionarnos con que dormimos bien cada noche si no lo hacemos, pero las peque&ntilde;as variaciones en c&oacute;mo pensamos que estamos pueden tener un efecto. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El caf&eacute; puede tener un efecto similar. Hay <a href="https://www.sciencedaily.com/releases/2018/07/180717125836.htm" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estudios</a> en los que hacen que algunas personas piensen en caf&eacute; al ponerlos en una habitaci&oacute;n con su aroma, y luego los hacen contestar una serie de pruebas matem&aacute;ticas. El pensar en caf&eacute;, una sustancia que asociamos con estar despiertos y alerta, mejora los rendimientos en el examen en comparaci&oacute;n con quienes estaban en una habitaci&oacute;n sin ese olor. Los efectos, sin embargo, se tienden a ver con personas que viven en sociedades que asocian el caf&eacute; con la productividad. <a href="https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S1053810018303350%23:~:text=As%2520higher%2520levels%2520of%2520arousal,appraise%2520different%2520targets%2520of%2520consideration." target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">En otro an&aacute;lisis</a> que se hizo con personas de culturas asi&aacute;ticas, como Corea o Jap&oacute;n, vieron que pensar en caf&eacute; no ten&iacute;a el mismo resultado. Claramente no es la sustancia la que act&uacute;a en estos casos, sino nuestra expectativa de lo que la sustancia har&iacute;a, un placebo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tanto es as&iacute;, que <a href="https://journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371/journal.pone.0182466" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en otro estudio</a>, les hicieron oler a los participantes un aroma antes de tomar una prueba de creatividad. A la mitad le dijeron que era un aroma que mejoraba la creatividad, y al resto que era simplemente un fragancia que estaban probando. Te imagin&aacute;s para d&oacute;nde va esto: los que cre&iacute;an que les mejoraba la creatividad ten&iacute;an puntajes m&aacute;s altos, estaban mentalizados para ser m&aacute;s creativos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y este tipo de efectos no se limita a cuestiones mentales, puede tambi&eacute;n afectar nuestro cuerpo. Para probar esto <a href="https://www.jsams.org/article/S1440-2440(07)00288-5/fulltext" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">tomaron a un grupo de ciclistas</a> y les pidieron que entrenaran hasta que estuviesen exhaustos. Todos ten&iacute;an un reloj al lado. Lo que no sab&iacute;an es que en algunos casos el reloj iba m&aacute;s r&aacute;pido de lo normal y en otros m&aacute;s lento. Es decir, aunque en todos los casos pasaban 10 minutos, algunos pensaban que hab&iacute;an pasado 8 y otros 12. Y para quienes el reloj iba m&aacute;s lento, quienes pensaban que s&oacute;lo hab&iacute;an pasado 8 minutos, demoraban m&aacute;s&nbsp;en declararse extenuados. Pensar que llevaban menos tiempo influ&iacute;a en el cansancio que sent&iacute;an.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Todas estas peque&ntilde;as manipulaciones de nuestra percepci&oacute;n, que pueden tener efectos muy reales en nuestra vida, podr&iacute;an explotarse mucho mejor en la realidad virtual, donde es mucho m&aacute;s f&aacute;cil modificar lo que uno percibe. Y no se trata de pensar que somos entes totalmente maleables o <a href="https://www.livescience.com/does-subliminal-messaging-work.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">revivir</a> el miedo de las supuestas publicidades subliminales que en microsegundos nos iban a ordenar qu&eacute; es lo que ten&iacute;amos que hacer. Pero s&iacute; es posible que si se populariza una nueva forma de interactuar con el mundo esta tenga un efecto en la forma en que lo pensamos y que haya nuevas maneras de modificar nuestra percepci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>OS</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Olivia Sohr]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/cascos-realidad-virtual-afectar-percepcion-realidad_129_10322746.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 24 Jun 2023 03:01:40 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cascos de realidad virtual, cómo podrían afectar nuestra percepción de la realidad]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[olivia sohr,Realidad virtual]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los jóvenes ya no quieren trabajar, y otros mitos sobre las nuevas generaciones]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/jovenes-no-quieren-trabajar-mitos-nuevas-generaciones_129_10282068.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8cec43be-9bd6-4798-870e-515cf8aa8b9b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los jóvenes ya no quieren trabajar, y otros mitos sobre las nuevas generaciones"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La razón, explican los investigadores, es que por un lado somos muy buenos viendo las deficiencias de las áreas en las que nosotros somos buenos. Y por otro lado, somos muy malos acordándonos de cómo éramos nosotros hace años.  </p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Los j&oacute;venes no quieren trabajar&rdquo;, &ldquo;Lo &uacute;nico que les importa es su vida personal&rdquo;, &ldquo;No est&aacute;n dispuestos a esforzarse&rdquo;, &ldquo;No saben lidiar con la frustraci&oacute;n&rdquo; o &ldquo;Renuncian por cualquier cosa&rdquo;, son algunos de los cl&aacute;sicos cuando se habla de las nuevas generaciones que entran al mercado laboral. <strong>Que los j&oacute;venes ya no quieren laburar es casi un clich&eacute; que surge con cada nueva camada. Ocurri&oacute; cuando los millennials -nacidos entre 1980 y 1995- entraron con fuerza en el mundo del trabajo y se repite ahora con los centennials -que nacieron entre 1995 y 2010-.</strong>
    </p><p class="article-text">
        La queja de que las personas ya no quieren trabajar es tan frecuente que <strong>Paul Fairie</strong>, un polit&oacute;logo norteamericano, hizo <a href="https://twitter.com/paulisci/status/1549527748950892544?s=46" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un hilo de Twitter</a> con recortes de diarios de distintas d&eacute;cadas en los que hablaba del tema. El primero que encontr&oacute; era de 1894, en el que un diario se&ntilde;alaba: &ldquo;Se vuelve claro que en estos duros tiempos nadie quiere trabajar&rdquo;. En 1916, hablando sobre el precio de los vegetales, un comerciante dec&iacute;a: &ldquo;La raz&oacute;n para la escasez es que nadie quiere trabajar tan duro como antes&rdquo;. En 1952, &ldquo;Todos se est&aacute;n volviendo flojos, ya nadie quiere trabajar&rdquo;. La &uacute;ltima que puso es de 2022, &ldquo;Uno de cada cinco l&iacute;deres ejecutivos est&aacute; de acuerdo con la frase &lsquo;Nadie quiere trabajar&rsquo;&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Una de las variantes de esta frase es cuando se refiere a los j&oacute;venes. Se le aplica a la siguiente generaci&oacute;n el estereotipo de que no quieren trabajar. Quienes ya est&aacute;n empleados tienden a pensar que los que arrancan ahora no est&aacute;n a la altura, son flojos o d&eacute;biles, no est&aacute;n dispuestos a esforzarse de la misma manera.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y no pasa s&oacute;lo en el mundo laboral, es muy com&uacute;n que las personas mayores piensen que las siguientes generaciones son menos educadas o incluso menos inteligentes que la propia. Una investigaci&oacute;n que se hizo sobre esto, en la que <a href="https://www.science.org/doi/10.1126/sciadv.aav5916" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">le preguntaron</a> a cientos de adultos sobre los j&oacute;venes, encontr&oacute; que hay una tendencia a creer, por ejemplo, que disfrutan menos de la lectura. Y esta sensaci&oacute;n est&aacute; vinculada a cu&aacute;nto le&iacute;a la persona encuestada, si era un lector voraz ten&iacute;a m&aacute;s tendencia a pensar que los h&aacute;bitos de lectura estaban en decadencia entre los j&oacute;venes. <strong>La raz&oacute;n, explican los investigadores, es que por un lado somos muy buenos viendo las deficiencias de las &aacute;reas en las que nosotros somos buenos. Y por otro lado, somos muy malos acord&aacute;ndonos de c&oacute;mo &eacute;ramos nosotros hace a&ntilde;os. Proyectamos nuestras cualidades de hoy en las que ten&iacute;amos a&ntilde;os atr&aacute;s.</strong>&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; entra el sesgo de la retrospecci&oacute;n id&iacute;lica, olvidamos muchas de las cosas negativas de ese momento y nos quedamos con lo positivo (es el mismo sesgo que <a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/9247371/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">nos lleva a acordarnos</a> de la vista hermosa que tuvimos al final de una caminata y olvidar las horas de sufrimiento para llegar ah&iacute;).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Muchas veces, estamos comparando a una persona de 25 a&ntilde;os con una versi&oacute;n imaginaria de nosotros mismos a esa edad, que probablemente se parezca poco a c&oacute;mo &eacute;ramos realmente. Y cuando estamos en el trabajo, miramos a nuestro nuevo colega, con poca experiencia y muchas expectativas y suponemos que todos los problemas vienen de esta nueva generaci&oacute;n, en lugar de pensar que puede ser simplemente porque reci&eacute;n empiezan su vida laboral.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y tambi&eacute;n ocurre que sobrestimamos las diferencias que tenemos. Uno de los aspectos m&aacute;s citados sobre los cambios entre generaciones son las motivaciones para trabajar. Que lo que m&aacute;s valora una es el salario, mientas que otra est&aacute; enfocada en la flexibilidad o el crecimiento. Pero no son tan distintas. Una <a href="https://www.mckinsey.com/capabilities/people-and-organizational-performance/our-insights/gen-what-debunking-age-based-myths-about-worker-preferences?utm_source=pocket_saves" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">encuesta</a> hecha por la consultora McKinsey hecha a miles de trabajadores de distintas edades, concluy&oacute; que &ldquo;muchos estereotipos basados en generaciones, especialmente aquellos sobre los miembros m&aacute;s j&oacute;venes de la fuerza laboral, son m&aacute;s mito que realidad&rdquo;. <strong>Cuando le preguntaron a las personas sobre las razones para renunciar a un trabajo, las tres causas m&aacute;s comunes, sin importar la edad, fueron: compensaci&oacute;n insuficiente, falta de desarrollo y avance profesional, y liderazgo indiferente.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Por supuesto hay diferencias en las sociedades entre una generaci&oacute;n y otra, en la forma en la que crecieron y se relacionan, y tambi&eacute;n en el momento en el que ingresaron al mercado laboral. No es lo mismo buscar el primer trabajo en medio de la crisis de 2001 que hacerlo en una econom&iacute;a en pleno crecimiento, y eso puede afectar la relaci&oacute;n que cada generaci&oacute;n tiene con el trabajo. Pero las diferencias no parecen ser tan marcadas y probablemente mucho se explica por la etapa de la vida en la que cada uno est&aacute;, m&aacute;s que por la generaci&oacute;n a la que pertenece.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>OS</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Olivia Sohr]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/jovenes-no-quieren-trabajar-mitos-nuevas-generaciones_129_10282068.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 10 Jun 2023 03:05:34 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los jóvenes ya no quieren trabajar, y otros mitos sobre las nuevas generaciones]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[olivia sohr,Trabajo,Jóvenes]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Por qué esperamos en las filas?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/esperamos-filas_129_10239022.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ae1bdb38-44f2-4ce8-97e6-7304d2c682f8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Por qué esperamos en las filas?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las odiamos pero, muchas veces, nos sometemos voluntariamente a ellas y hacemos colas que podríamos evitar. ¿Por qué? Varios estudios nos dan la respuesta.</p></div><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Por qu&eacute; hay colas para comer en los restaurantes? Se ha discutido mucho sobre las razones econ&oacute;micas, que pueden explicar por qu&eacute; a pesar de los indicadores actuales, hay tantas personas yendo a comer afuera, pero esas discusiones no explican por qu&eacute; estamos dispuestos a hacer cola.</strong> Por&nbsp;esperar para comer en un determinado lugar -muchas veces parados, inc&oacute;modos, en la calle- en vez de irnos a otro restaurante. A nadie le gusta hacer fila, pero puede ser que el hecho de esperar junto a otros haga que la comida nos parezca m&aacute;s rica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para que eso ocurra y la espera no sea un suplicio, se tienen que dar ciertas condiciones. Una de las cosas que m&aacute;s nos importa es que se trate de <strong>un sistema justo</strong>. Es lo que se supone que permite la cola, el primero que llega pasa primero. Por eso molesta tanto cuando alguien se cuela: rompe la justicia del sistema. Pero, en cambio, si alguien pide pasar adelante, tendemos a dejarlo, siempre y cuando nos d&eacute; una raz&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esto fue lo que concluy&oacute; <a href="https://jamesclear.com/wp-content/uploads/2015/03/copy-machine-study-ellen-langer.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un estudio</a> en el que una persona ped&iacute;a que la dejen pasar antes en la fila de una fotocopiadora (s&iacute;, es de cuando se usaban fotocopiadoras) y hac&iacute;a el pedido de diferentes maneras. A algunas personas les dec&iacute;a simplemente que la dejen pasar dado que ten&iacute;a pocas hojas, sin dar una raz&oacute;n, y en ese caso el 60% de las personas la dejaban pasar. A otras les preguntaba si la dejar&iacute;an pasar porque estaba apurada, y eso lograba que el 94% de las veces quienes esperaban aceptaran -pareciera que todos podemos entender que a veces estamos a la corridas y que la pr&oacute;xima nos podr&iacute;a pasar a nosotros-. Una tercera forma de pedirlo era diciendo que simplemente necesitaba sacar fotocopias, que no es una raz&oacute;n para pasar delante realmente, pero suena como si lo fuese. Y aunque parezca sorprendente, el 93% de las veces pudo pasar con ese pedido, casi igual que cuando dec&iacute;a que estaba apurada. El hecho de dar una raz&oacute;n, aunque no sea muy buena, parece ser clave para que estemos dispuestos a dejar a alguien pasar delante nuestro.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Un segundo factor que influye mucho en nuestra experiencia en la fila es <strong>la incertidumbre</strong>. No saber cu&aacute;nto va a demorar nos suele molestar m&aacute;s que el hecho de esperar en s&iacute;. <strong>David Maister</strong>, quien viene estudiando el tema, <a href="http://www.columbia.edu/~ww2040/4615S13/Psychology_of_Waiting_Lines.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">da el siguiente ejemplo</a>: si uno llega temprano a una cita con un m&eacute;dico, se sienta a esperar hasta que se haga la hora sin mucho problema. Ahora, apenas es el horario de nuestra cita, nos empezamos a poner m&aacute;s nerviosos y ansiosos, &iquest;cu&aacute;ntos pacientes tendr&eacute; delante?, &iquest;por qu&eacute; se demora tanto? No saber el por qu&eacute; o cu&aacute;nto tardar&aacute; tiende a ser peor que la demora. Por eso, en muchos lugares dan un estimado de cu&aacute;nto tiempo falta y muchas veces sobreestiman el tiempo: es mejor decirte que ser&aacute;n 45 minutos y resulten ser 30, que al rev&eacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero, &iquest;c&oacute;mo puede ser que una cola, por m&aacute;s justa y transparente que sea pueda hacernos disfrutar m&aacute;s de algo? Lo que pasa es que nos importa mucho lo que otros hacen, y si muchos vienen a este restaurante y esperan para comer, es que debe estar buen&iacute;simo. Y eso influye despu&eacute;s en cu&aacute;nto nos gusta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tanto es as&iacute;, que hay restaurantes que han logrado aumentar las ventas de un plato hasta un 20% simplemente poni&eacute;ndole una leyenda de &ldquo;el m&aacute;s pedido&rdquo;, seg&uacute;n cuenta <strong>Robert Cialdini</strong> en su libro <em>Influencia</em>. <strong>Las personas, al ver que se trata del plato m&aacute;s popular, suponen que si muchos lo piden es que debe estar bueno, y se populariza a&uacute;n m&aacute;s.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        En una <a href="https://journals.sagepub.com/doi/10.1509/jmkr.47.4.713" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">investigaci&oacute;n</a> que se hizo para evaluar c&oacute;mo influye en nuestra evaluaci&oacute;n el hecho de hacer cola, se puso una mesa en una universidad para dar muestras gratis de un jugo, y a quienes se acercaban les dec&iacute;an que era una prueba de sabor. Les pidieron que lo probaran y dijeran cu&aacute;nto les hab&iacute;a gustado, pero mientras que algunos pudieron hacerlo de inmediato, otros tuvieron que esperar en una cola. Quienes tuvieron que hacer una cola y vieron a otras personas esperando con ellos, tend&iacute;an a darle una mejor puntuaci&oacute;n al final.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En <a href="https://papers.ssrn.com/sol3/papers.cfm?abstract_id=3007786" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">otro estudio</a> que se hizo sobre el efecto de las filas, encontraron que quienes ten&iacute;an que esperar para comprar su comida -lo probaron en una panader&iacute;a y en una cadena de restaurantes de autoservicio- tend&iacute;an a comprar m&aacute;s. Es posible que la espera les abriese el apetito, pero lo m&aacute;s probable, concluyeron los investigadores, es que el hecho de esperar hace que luego sintamos que tiene que haber valido la pena y por lo tanto, querramos aprovecharlo comprando m&aacute;s cosas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Hay filas de las que no podemos escapar: cuando tenemos que pasar por la caja del banco o hacer un tr&aacute;mite en una oficina p&uacute;blica. Pero hay veces que elegimos hacer fila. Nos quedamos en ese restaurante y esperamos.&nbsp;</strong>Y a pesar de todo lo que nos quejemos, puede ser que cuando la hagamos, si el sistema es justo y nos dan la informaci&oacute;n necesaria, al final lo disfrutemos m&aacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>OS</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Olivia Sohr]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/esperamos-filas_129_10239022.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 27 May 2023 03:02:01 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Por qué esperamos en las filas?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[olivia sohr]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Por qué nos gusta tanto la música de nuestra adolescencia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/gusta-musica-adolescencia_129_10200050.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d5fb5e61-9d24-406c-acef-f662dd88b41b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Por qué nos gusta tanto la música de nuestra adolescencia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las cosas -y las canciones- que nos suenan familiares, nos gustan más. Por eso, la música que escuchamos muchas veces en todas esas horas de adolescencia nos encanta, cuenta la autora a partir de datos de varios estudios realizados en distintas partes del mundo. 

</p></div><p class="article-text">
        &iquest;Te parece que la m&uacute;sica de hoy ya no es tan buena como la de antes? &iquest;Volv&eacute;s siempre a la m&uacute;sica que escuchabas cuando eras chico? Pasa mucho. Con el tiempo crecemos en muchos aspectos, cambiamos gustos, formas de ver el mundo, maneras de divertirnos, pero la m&uacute;sica queda. Esas canciones que escuch&aacute;bamos de adolescentes, las podemos volver a escuchar una y otra vez y nos siguen gustando. En cambio la m&uacute;sica que sali&oacute; despu&eacute;s no tiene el mismo efecto. Y aunque quiz&aacute;s hay algunos tipos de m&uacute;sica por los que se puede desarrollar el gusto m&aacute;s tarde -como la m&uacute;sica cl&aacute;sica o el jazz- hay algo en nuestros&nbsp;gustos musicales que parece congelarse en la juventud.
    </p><p class="article-text">
        Y en un momento bastante preciso de la juventud: lo m&aacute;s probable es que tu canci&oacute;n favorita haya salido cuando ten&iacute;as alrededor de 13 o 14 a&ntilde;os. Eso <a href="https://www.nytimes.com/2018/02/10/opinion/sunday/favorite-songs.html?" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">concluy&oacute;</a> Seth Stephens-Davidowitz, un especialista de datos, que tuvo acceso a la informaci&oacute;n del consumo de m&uacute;sica de Spotify seg&uacute;n el a&ntilde;o de nacimiento de sus usuarios. El investigador encontr&oacute; que entre quienes nacieron en 1979, Creep de Radiohead estaba entre las 200 canciones m&aacute;s escuchadas, mientras que no figura entre las primeras 300 de los que nacieron 10 a&ntilde;os antes o despu&eacute;s. &iquest;Por qu&eacute; qued&oacute; como una de las favoritas de quienes nacieron en 1979? Porque ten&iacute;an 14 a&ntilde;os cuando sali&oacute; la canci&oacute;n en 1993. Y no es una particularidad de esa canci&oacute;n, hizo el mismo an&aacute;lisis con todas las que llegaron a estar entre las m&aacute;s escuchadas entre 1960 y el a&ntilde;o 2000. Y el resultado fue consistente: nos gusta lo que escuchamos mucho en el fin de la pubertad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hay varias posibles razones para esta relaci&oacute;n.&nbsp;Una es que en general, tenemos m&aacute;s tiempo para escuchar m&uacute;sica en nuestra juventud. Y mientras m&aacute;s escuchamos una canci&oacute;n, m&aacute;s nos tiende a gustar. Esto pasa por el principio de familiaridad: mientras m&aacute;s conocido nos suena algo m&aacute;s nos gusta. Por eso puede que la primera vez que escuchamos un tema no nos convenza del todo, pero cuando lo escuchamos dos, tres, cuatro veces, nos va pareciendo mucho mejor (&iquest;o no hubo un momento en el que finalmente te empez&oacute; a gustar Despacito?). Esto se ha estudiado en <a href="https://link.springer.com/content/pdf/10.3758/BF03201171.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">muchos experimentos</a>, en los que exponen a una persona por primera vez a una canci&oacute;n y ven c&oacute;mo, cuando la vuelve a escuchar, tiende a gustarle m&aacute;s. Las cosas -y las canciones- que nos suenan familiares, nos gustan m&aacute;s. Por eso, la m&uacute;sica que escuchamos muchas veces en todas esas horas de adolescencia nos encanta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Otro factor que puede influir en la&nbsp;apreciaci&oacute;n musical es cu&aacute;n abiertos estamos en los distintos momentos de nuestra vida a nuevas experiencias. La apertura a la novedad se suele medir como parte de un cuestionario para evaluar nuestra personalidad y, por supuesto, hay mucha variaci&oacute;n entre persona y persona. Pero tambi&eacute;n la hay a lo largo de la vida. Mientras que de j&oacute;venes queremos experimentar y probar m&aacute;s, a medida que pasan los a&ntilde;os nos decimos que ya sabemos lo que nos gusta y que no hace falta salir a descubrir algo nuevo. U<a href="https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC2562318/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">n estudio</a> que analiz&oacute; miles de encuestas de personalidad en el Reino Unido y Alemania, de personas entre 16 y 80 a&ntilde;os, encontr&oacute; que los j&oacute;venes tienden a estar m&aacute;s abiertos a nuevas experiencias.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En la misma l&iacute;nea, aunque un poco menos riguroso, Robert Sapolsky, un neurocient&iacute;fico, hizo una <a href="https://www.newyorker.com/magazine/1998/03/30/open-season-2" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">peque&ntilde;a encuesta</a>. Consult&oacute; en distintos locales sobre la edad promedio de su clientela, y esto lo llev&oacute; a concluir que: si no probamos el sushi antes de los 39 no hay muchas chances de que nos guste despu&eacute;s, si no te hiciste un piercing en la lengua a los 23 lo m&aacute;s probable es que no te lo hagas nunca y que a partir de los 35 a&ntilde;os hay muy pocas probabilidades que nos guste un nuevo m&uacute;sico. Pareciera que hay ciertas cosas que estamos abiertos a hacer de j&oacute;venes que luego descartamos y nos acomodamos en lo que ya sabemos que nos gusta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Una tercera raz&oacute;n por la cual la m&uacute;sica de nuestra juventud puede quedarse con nosotros para siempre es que la asociamos con los potentes recuerdos de esa &eacute;poca. En pleno momento de desarrollo, cuando vivimos muchas de nuestras primeras veces -como el primer beso o el primer recital- el cerebro absorbe la informaci&oacute;n que nos queda grabada con mucha m&aacute;s fuerza que en el resto de nuestra vida &iquest;Qui&eacute;n recuerda el beso n&uacute;mero 543? &iquest;O la d&eacute;cima entrevista de trabajo? Y esos recuerdos, de esos momentos intensos, quedan asociados a la m&uacute;sica que escuch&aacute;bamos para siempre. Volver a o&iacute;rla nos <a href="https://theconversation.com/why-were-obsessed-with-music-from-our-youth-154864" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">tiende a traer</a> algunas de esas emociones.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La forma en la que descubrimos la m&uacute;sica en nuestra adolescencia cambia, antes eran cassettes de Fito que pasaban de mano en mano hoy pueden ser videos de TikTok y en unos a&ntilde;os puede ser otra. Pero lo m&aacute;s probable es que la m&uacute;sica que salga ahora, acompa&ntilde;e a los que nacieron en 2010 durante los pr&oacute;ximos 70 a&ntilde;os, o m&aacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>OS</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Olivia Sohr]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/gusta-musica-adolescencia_129_10200050.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 13 May 2023 02:35:50 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Por qué nos gusta tanto la música de nuestra adolescencia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Música,olivia sohr]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Leer ficción, un camino a la empatía]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/leer-ficcion-camino-empatia_129_10162036.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/131ac472-1039-493e-b160-d815ea9f6e0e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Leer ficción, un camino a la empatía"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Quizás, ver el mundo a través de los ojos de una mujer árabe, de un campesino chino de hace 100 años o un niño brasilero nos ayude un poco a recordar más de lo que tenemos en común", propone la autora. La lectura, un ejercicio posible para salirnos de nuestra propia perspectiva y ver las cosas desde otra.</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Transformate en otra persona&rdquo;, dec&iacute;a la invitaci&oacute;n de la campa&ntilde;a publicitaria de una librer&iacute;a, que mostraba como la cara del lector se fund&iacute;a con la del personaje del libro. <strong>Un juego gr&aacute;fico que captura una de las grandes posibilidades de la lectura: ponernos en el lugar de otra persona. Pensar c&oacute;mo piensa otro, entender c&oacute;mo toma sus decisiones y ver el mundo a trav&eacute;s de sus ojos.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es algo que todos recomiendan, &ldquo;ponernos en los zapatos del otro&rdquo;, pero puede ser bastante dif&iacute;cil de lograr. La empat&iacute;a, la capacidad de entender y sintonizar con lo que est&aacute; sintiendo otra persona, no es siempre f&aacute;cil. Salirnos de nuestra propia perspectiva para ver las cosas desde otra es un esfuerzo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero las novelas tienen esa capacidad -ver el mundo desde otro punto de vista- sin que sea una carga. Durante horas podemos perdernos viendo el mundo a trav&eacute;s de los ojos de un personaje, ver c&oacute;mo razona, por qu&eacute; toma ciertas decisiones y c&oacute;mo lo afectan. Y aunque no estemos de acuerdo, cuando logran transportarnos, podemos entenderlo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero esa capacidad de la ficci&oacute;n, &iquest;tiene alg&uacute;n efecto en c&oacute;mo entendemos a otros en la vida real? Hay muchos estudios que se hicieron para analizarlo. En <a href="https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S009265660500053X" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">uno de ellos</a>, le preguntaron a un grupo de personas cu&aacute;nta ficci&oacute;n le&iacute;an. Esta pregunta es m&aacute;s compleja de lo que parece, porque tendemos a exagerar cu&aacute;nto leemos. As&iacute; que les pidieron que identificaran de una lista de autores de cu&aacute;les hab&iacute;an escuchado hablar y les avisaron que hab&iacute;a algunos nombres falsos en la lista. Con eso lograron tener una mejor aproximaci&oacute;n a cu&aacute;nta ficci&oacute;n efectivamente le&iacute;an, seg&uacute;n cu&aacute;ntos autores reconoc&iacute;an. Luego les hicieron una serie de pruebas, como definir qu&eacute; emoci&oacute;n est&aacute; sintiendo una persona a partir de una foto de sus ojos. Y s&iacute;, quienes m&aacute;s le&iacute;an, ten&iacute;an respuestas m&aacute;s acertadas sobre las emociones de otros y tambi&eacute;n ten&iacute;an mayores niveles de empat&iacute;a en los cuestionarios que les hicieron para medirlo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo que el estudio no puede definir es qu&eacute; viene primero: el gusto por la lectura o la capacidad de identificar las emociones.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo que s&iacute; pudieron determinar <a href="https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC4733342/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en otro estudio</a> -analizando el cerebro de las personas mientras le&iacute;an- es que la lectura usa los mismos circuitos cerebrales que usamos para suponer los pensamientos y motivaciones de otras personas en la vida real. <strong>La literatura podr&iacute;a estar ayud&aacute;ndonos a ejercitar esos procesos para entender lo que le pasa a otros.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        En todos los momentos que interactuamos con otros estamos en alg&uacute;n nivel suponiendo por qu&eacute; act&uacute;an de cierta manera y atribuy&eacute;ndoles motivaciones: No me salud&oacute; cuando me lo cruc&eacute;, &iquest;ser&aacute; que no me vio o ahora se cree mil y ya no saluda? o &iquest;Me di&oacute; mal el vuelto porque se confundi&oacute; o me quer&iacute;a estafar? <strong>Lo que suponemos del otro es clave.</strong> Y en general, tendemos a ser mucho m&aacute;s benevolentes y emp&aacute;ticos con las personas que pertenecen a nuestro grupo, las que se nos parecen de alguna manera.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero ver por un ratito el mundo a trav&eacute;s de los ojos de otro, puede ayudar a sacarnos algunos prejuicios. En <a href="https://psycnet.apa.org/record/2014-05506-009" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un estudio</a> que se hizo en los Estados Unidos, le dieron a un grupo de personas un extracto de una novela escrita en primera persona sobre una mujer &aacute;rabe viviendo en Nueva York, a la que un grupo de adolescentes agrede con frases discriminatorias. A otro grupo le dieron un resumen del fragmento y a un tercer grupo un texto informativo sobre otro tema. Despu&eacute;s de la lectura, les mostraban una serie de fotos de personas con distintas expresiones en las que ten&iacute;an que definir si eran &aacute;rabes o no. Quienes hab&iacute;an le&iacute;do el fragmento de la novela desde la perspectiva de la mujer se mostraban menos sesgados en su interpretaci&oacute;n: no tend&iacute;an a asociar los rostros m&aacute;s enojados con rostros &aacute;rabes como s&iacute; hac&iacute;an los otros dos grupos. Leer esa ficci&oacute;n, entender c&oacute;mo se siente esa mujer agredida, ayuda a acercarnos a ese grupo, aunque sea por un momento.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Quiz&aacute;s, ver el mundo a trav&eacute;s de los ojos de una mujer &aacute;rabe, de un campesino chino de hace 100 a&ntilde;os o un ni&ntilde;o brasilero nos ayude un poco a recordar m&aacute;s de lo que tenemos en com&uacute;n y le ayude a nuestro cerebro a entender mejor c&oacute;mo piensan otros.</strong> Ejercitar un poco la empat&iacute;a nunca viene mal.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>OS</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Olivia Sohr]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/leer-ficcion-camino-empatia_129_10162036.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 29 Apr 2023 03:01:50 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Leer ficción, un camino a la empatía]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[olivia sohr]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Podría la Inteligencia Artificial cambiar nuestro pasado?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/inteligencia-artificial-cambiar-pasado_129_10121613.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8371e4b0-ab33-4079-ae9c-c4f2813fac5a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Podría la Inteligencia Artificial cambiar nuestro pasado?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Una de las áreas en la que la inteligencia artificial avanzó más rápido en los últimos meses es en la generación de imágenes. ¿Qué pasa si vemos fotos de cosas que no ocurrieron?</p></div><p class="article-text">
        Va a automatizar nuestras tareas, escribir nuestros textos, analizar millones de datos, traducir en segundos y darnos mejores respuestas. Todo eso y mucho m&aacute;s escuchamos en las &uacute;ltimas semanas sobre los cambios que la Inteligencia Artificial traer&aacute; a nuestro futuro. Y cuesta terminar de imaginar c&oacute;mo van a ser los distintos trabajos con la integraci&oacute;n de esta herramienta. &iquest;C&oacute;mo ser&aacute; escribir textos o leerlos, sin saber si detr&aacute;s est&aacute; la intenci&oacute;n de un humano de expresar algo o si es el resultado del ejercicio predictivo de una nueva tecnolog&iacute;a?, &iquest;o c&oacute;mo ser&aacute; el trabajo de investigaci&oacute;n si existe la posibilidad de revisar y resumir enormes cantidades de estudios y de informaci&oacute;n? &iquest;Y el trabajo de los programadores? &iquest;O de los m&eacute;dicos? Si la inteligencia artificial cumple aunque sea una partecita de las posibilidades que hoy se vislumbran, nuestro futuro podr&iacute;a ser muy distinto. Quiz&aacute;s nuestro pasado tambi&eacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Una de las &aacute;reas en la que la inteligencia artificial avanz&oacute; m&aacute;s r&aacute;pido en los &uacute;ltimos meses es en la generaci&oacute;n de im&aacute;genes. Pas&oacute; de caras distorsionadas y deformes a rostros hiperrealistas. Las im&aacute;genes que circularon en las que <strong>Donald Trump</strong> supuestamente estaba siendo arrestado, o en las que el <strong>Papa Francisco</strong> usaba una campera blanca, no enga&ntilde;an a un ojo s&uacute;per entrenado, pero vistas al pasar son muy cre&iacute;bles. Y eso podr&iacute;a afectar nuestro pasado. &iquest;Qu&eacute; pasa si vemos fotos de cosas que no ocurrieron?
    </p><p class="article-text">
        Los que tienen fe en su memoria podr&iacute;an pensar que poco importa, que podr&aacute;n descartar r&aacute;pidamente una foto de algo que saben que no ocurri&oacute; porque no tienen recuerdo de que haya pasado. Pero nuestra memoria es muy fr&aacute;gil. No hay que llegar hasta las pel&iacute;culas de ciencia ficci&oacute;n para pensar que una foto puede implantar falsos recuerdos. 
    </p><p class="article-text">
        De hecho, es lo que hicieron un <a href="https://link.springer.com/article/10.3758/BF03196318" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">grupo de investigadores</a> en Nueva Zelanda. Tomaron a un grupo de voluntarios a los que les presentaron varias fotos de distintos hitos que hab&iacute;an ocurrido durante su infancia, solo que entre ellas hab&iacute;a una falsa, que estaba manipulada para que apareciese la persona de ni&ntilde;o arriba de un globo aerost&aacute;tico (al parecer es algo relativamente com&uacute;n en Nueva Zelanda). A partir de ah&iacute; les hicieron una serie de entrevistas en las que les ped&iacute;an que contaran lo que recordaban de esas experiencias. Cuando llegaban a la del globo, l&oacute;gicamente los participantes no la recordaban. Entonces los guiaban, dici&eacute;ndoles que trataran de visualizar el momento, d&oacute;nde podr&iacute;a haber sido o con qui&eacute;n podr&iacute;an haber estado. Poco a poco muchos participantes fueron &ldquo;recordando&rdquo; el momento, &ldquo;si creo que mi mam&aacute; se qued&oacute; abajo y nos tom&oacute; la foto&rdquo;. Al final, la mitad de los participantes dec&iacute;a recordar algo que nunca hab&iacute;a pasado. 
    </p><p class="article-text">
        El caso tiene algunas particularidades, como que se trata de recuerdos de la infancia, un per&iacute;odo del cual no solemos tener recuerdos tan precisos y por lo tanto puede ser m&aacute;s f&aacute;cil implantar algo falso. Pero a la vez se trata de algo que le ocurri&oacute; a la persona, parte de su propia vida. &iquest;Qu&eacute; podr&iacute;a pasar con hechos menos cercanos, c&oacute;mo eventos p&uacute;blicos o hist&oacute;ricos?
    </p><p class="article-text">
        Un estudio que se hizo en los Estados Unidos nos puede dar una pista. All&iacute; hicieron una <a href="https://webfiles.uci.edu/eloftus/Frenda_SlateStudy_ex_JESP2013.pdf?uniq=ei05tm" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">encuesta online</a> a miles de personas y les preguntaron entre otras cosas cu&aacute;l era su posici&oacute;n pol&iacute;tica. Luego les mostraron una serie de fotos de eventos pol&iacute;ticos, y entre ellas, colaron algunas im&aacute;genes de cosas que jam&aacute;s ocurrieron, como una foto del entonces presidente Barak Obama estrechando la mano del Presidente de Ir&aacute;n, o una del ex presidente <strong>George Bush</strong> divirti&eacute;ndose con un jugador de baseball justo despu&eacute;s de que el hurac&aacute;n Katrina arrasara con la ciudad de Nueva Orleans. Ninguna de esas cosas ocurri&oacute;, pero entre los dem&oacute;cratas una proporci&oacute;n mayor crey&oacute; &ldquo;recordar&rdquo; la foto de Bush, y al rev&eacute;s con los republicanos, entre quienes era m&aacute;s probable que &ldquo;recordaran&rdquo; la de Obama. 
    </p><p class="article-text">
        O sea que podemos recordar cosas que nunca ocurrieron cuando se alinean con nuestra postura o se trata de recuerdos de infancia. Pero no pasa s&oacute;lo en esos casos. Nuestra memoria no es una caja cerrada donde guardamos los recuerdos que cada tanto abrimos para sacar un par y volverlos a guardar. Nuestros recuerdos cambian con el tiempo. Por ejemplo cuando los compartimos con otra persona que tambi&eacute;n los vivi&oacute;. Cuando charlas con tu amigo con el que te fuiste de viaje, y te habla de cosas que no ten&iacute;as presente, empez&aacute;s a modificar tu propio recuerdo. Pero, incluso, el recuerdo puede cambiar seg&uacute;n c&oacute;mo pens&aacute;s en &eacute;l y el momento en el que est&aacute;s ahora. 
    </p><p class="article-text">
        En una <a href="https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S0022537174800113" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">investigaci&oacute;n</a> que se hizo sobre esto, le mostraron a un grupo un video de un accidente entre dos autos. Luego les preguntaron cu&aacute;n r&aacute;pido iban. Pero la frase que usaron para formular la pregunta afect&oacute; la respuesta: cuando les dec&iacute;an &ldquo;cu&aacute;n r&aacute;pido iban antes chocar&rdquo;, las personas respondieron con velocidades m&aacute;s altas que cuando les preguntaron &ldquo;cu&aacute;n r&aacute;pido iban antes de entrar en contacto con el otro auto&rdquo;. Y una semana despu&eacute;s cuando les preguntaron si hab&iacute;a vidrios rotos en el accidente, quienes escucharon &ldquo;chocar&rdquo; en la pregunta ten&iacute;an m&aacute;s tendencia a decir que s&iacute;. La imagen que genera la palabra chocar afecta la forma en la que recordamos lo que pas&oacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Nuestra memoria es mucho m&aacute;s maleable de lo que solemos pensar. No es una grabaci&oacute;n, sino algo que se va construyendo con otros y modificando con el tiempo. Si a todo esto le sumamos la posibilidad de tener im&aacute;genes creadas con inteligencia artificial de cosas que nunca ocurrieron, ya sea sobre eventos de nuestra vida o de la historia &iquest;podr&aacute; cambiar c&oacute;mo recordamos nuestro pasado?
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;<em>OS</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Olivia Sohr]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/inteligencia-artificial-cambiar-pasado_129_10121613.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 15 Apr 2023 04:12:51 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Podría la Inteligencia Artificial cambiar nuestro pasado?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[olivia sohr]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La necesidad, y el riesgo, de compartir]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/necesidad-riesgo-compartir_129_10043797.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7f31be37-9d7d-4596-9653-8a62d6526bd4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La necesidad, y el riesgo, de compartir"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Fotografiar momentos para compartir en las redes, ¿nos priva de disfrutarlos a pleno? La autora reflexiona sobre este tema que también involucra a los niños, cuyas fotos muchas veces compartimos sin considerar hasta dónde pueden llegar.</p></div><p class="article-text">
        Proteger la privacidad de los ni&ntilde;os poniendo un l&iacute;mite a lo que sus padres pueden compartir en las redes sociales es la <a href="https://www.rfi.fr/es/francia/20230203-redes-sociales-diputados-buscan-proteger-la-intimidad-de-ni%C3%B1os-fotografiados-por-sus-padres" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">propuesta que plantea</a> un diputado franc&eacute;s. Detr&aacute;s de la iniciativa, est&aacute; la preocupaci&oacute;n de que muchas veces los adultos no miden hasta d&oacute;nde pueden llegar las fotos de sus hijos, que circulan y se propagan sin su consentimiento. Luego tienen vida propia, son muy dif&iacute;ciles de retirar de circulaci&oacute;n. El fen&oacute;meno incluso tiene un nombre en ingl&eacute;s &ldquo;sharenting&rdquo;, la combinaci&oacute;n entre criar y compartir. En Argentina tambi&eacute;n <a href="https://www.argentina.gob.ar/justicia/convosenlaweb/situaciones/riesgos-de-subir-fotos-de-mis-hijos-e-hijas-a-las-redes-sociales" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">preocupa</a> el uso de las im&aacute;genes de los ni&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Pero &iquest;por qu&eacute; lo hacemos? Si sabemos que las fotos de los chicos pueden difundirse m&aacute;s all&aacute; de nuestro conocimiento y cada vez hay m&aacute;s conciencia sobre los peligros de internet, &iquest;qu&eacute; lleva a los padres, que aman a sus hijos, a compartir sus im&aacute;genes?
    </p><p class="article-text">
        Es posible que en algunos casos los adultos no piensen en la inmensidad de la red al postear las fotos de sus hijos sino simplemente en que las vean su familia y amigos. En muchos casos es probable que la necesidad de compartir pese m&aacute;s que los riesgos. Porque la necesidad de compartir es fuerte.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y uno de los problemas es que en las redes sociales se mezclan muchos otros aspectos. En algunos casos estamos simplemente compartiendo, mientras que en otros estamos tambi&eacute;n construyendo una imagen de nosotros mismos y de nuestra familia, haciendo una curadur&iacute;a de los contenidos que subimos para presentarle una cierta faceta nuestra al mundo. Y si en el momento que estamos viviendo, en lugar de compartirlo con quienes est&aacute;n ah&iacute;, estamos calculando el mejor &aacute;ngulo para sacar la foto que luego subimos a las redes, la forma de compartir la experiencia cambia radicalmente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esto lo demostr&oacute; un grupo de investigadores <a href="https://academic.oup.com/jcr/article/44/6/1220/4627834" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">con un estudio</a> en el que le ped&iacute;an a distintas personas que documentaran su navidad con fotos. Pero mientras a un grupo le dijeron que sacara fotos para que pudiesen tenerlas despu&eacute;s para ellos mismos, al otro le dijeron que las sacaran para compartirlas en redes sociales. Cuando los distintos grupos evaluaron cu&aacute;n placenteros fueron sus festejos navide&ntilde;os, el grupo que estaba pendiente de sacar fotos para luego compartirlas declaraba que los disfrut&oacute; menos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y no solo eso, el mirar lo que otros hacen en redes sociales tambi&eacute;n puede intensificar otra tendencia que tenemos: la de compararnos. El hecho de compararnos con otros para ver c&oacute;mo estamos es habitual, necesitamos tener puntos de referencia para saber si vamos bien, si lo que hacemos es mucho o poco o si la forma en la que pensamos es com&uacute;n o no.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero cuando entramos en el mundo de las redes, en el que de pronto pasamos de compararnos con un grupo de decenas de personas que tenemos cerca, a miles de conocidos lejanos o desconocidos, la ecuaci&oacute;n puede cambiar. Porque nuestra satisfacci&oacute;n con la vida tiende a variar seg&uacute;n con qui&eacute;n nos comparemos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Un &aacute;rea donde esto se ha estudiado bastante es la de los ingresos: con qui&eacute;n nos comparamos a la hora de evaluar cu&aacute;nto ganamos importa mucho. Incluso <a href="https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC4718872/#R12" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">hay algunas investigaciones</a> que muestran que la comparaci&oacute;n de ingresos puede modificar profundamente nuestros niveles de satisfacci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Con el mismo sueldo, las personas que viven en barrios m&aacute;s ricos, rodeados de personas que ganan m&aacute;s -que se van de vacaciones y cambian el auto m&aacute;s seguido- se declaran menos satisfechas que quienes viven en barrios m&aacute;s modestos. Y el efecto va m&aacute;s all&aacute; de que las cosas pueden ser m&aacute;s caras en un barrio m&aacute;s rico: incluso teniendo en cuenta eso, los investigadores concluyeron que la comparaci&oacute;n juega un rol, el hecho de ver todo el tiempo a quienes ganan m&aacute;s que nosotros nos deja m&aacute;s descontentos con nuestros ingresos. Y aunque la evidencia no es concluyente del todo, si pareciera que las comparaciones pueden pensar m&aacute;s de lo que solemos pensar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si sumamos las cosas, usuarios que hacen una curadur&iacute;a de sus contenidos para mostrarse en la mejor luz posible, la comparaci&oacute;n permanente que hacemos y c&oacute;mo esto se potencia en redes sociales, pareciera ser una receta para generarnos descontento. Y por supuesto hay muchos aspectos positivos de las redes y del compartir, pero vale la pena pensar en los problemas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando compartimos las im&aacute;genes de nuestra familia y sobre todo de los chicos, es importante pensar no s&oacute;lo d&oacute;nde pueden terminar las fotos y qu&eacute; pasa con la privacidad de los chicos, sino tambi&eacute;n en c&oacute;mo el hecho de vivir los momentos pensando en compartirlos luego en las redes puede afectarnos y c&oacute;mo ver los de otros puede generar efectos de comparaci&oacute;n de los que no siempre estamos tan conscientes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>OS</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Olivia Sohr]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/necesidad-riesgo-compartir_129_10043797.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 18 Mar 2023 03:36:12 +0000]]></pubDate>
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