<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Costa Limay]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/costa-limay/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Costa Limay]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiarioar.com/rss/category/tag/1045682/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[El primer barrio trans del mundo está en Neuquén y fue idea de la Hermana Mónica, una Carmelita Descalza]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/primer-barrio-trans-mundo-neuquen-idea-hermana-monica-carmelita-descalza_1_10044758.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ecd89da6-9600-4761-933c-f490c1687e84_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El primer barrio trans del mundo está en Neuquén y fue idea de la Hermana Mónica, una Carmelita Descalza"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Es un edificio de doce monoambientes que fueron otorgados a mujeres trans en comodato. Las vecinas deben atenerse a un reglamento de convivencia, demostrar que quieren rehabilitarse de las adicciones y dejar el trabajo sexual. La monja que ideó el proyecto es parte de la misma Iglesia que en Dictadura "marcaba" travestis.</p></div><p class="article-text">
        Paola abre la reja de entrada, pero su perfume dulce llega primero. Rocco, su caniche, festeja. El perro es muy blanco, inmaculado, y se le ti&ntilde;en las patas con barro de la calle. Detr&aacute;s de la reja, aparece un edificio marr&oacute;n que combina con un patio que todav&iacute;a no vio crecer el verde. <strong>El edificio es parte del Costa Limay, un complejo ubicado dentro del barrio neuquino Confluencia</strong>. Se llama as&iacute; porque est&aacute; ubicado justo en desembocadura del R&iacute;o Limay y el R&iacute;o Neuqu&eacute;n. Pero el Costa Limay tiene otra caracter&iacute;stica que lo desmarca:<strong> es el primer barrio trans del mundo</strong>. Y Paola, que abre la reja, es una de las vecinas. &ldquo;&iexcl;Pas&aacute;, pas&aacute;! Me estaba arreglando un poco porque tengo la cara demacrada, todo el d&iacute;a laburando. &iexcl;Vamos hijo!&rdquo;. Tiene 48 a&ntilde;os, la risa jovial, un maquillaje sobrio, sin signos de cansancio. Lleva el cabello rubio y lacio hasta la cintura y viste un pullover rojo.
    </p><p class="article-text">
        El Costa Limay es un bloque de cemento imponente, tiene dos pisos y doce puertas blancas. <strong>M&oacute;nica Astorga, una monja de las Carmelitas Descalzas, fue la impulsora del proyecto</strong>. A la izquierda de una rampa para discapacitados est&aacute; el SUM, que oficia de hogar para los dos perritos de una propietaria trans que falleci&oacute;: a los 64 a&ntilde;os Mar&iacute;a Soledad accedi&oacute; a su primera vivienda y a los cuatro meses muri&oacute; por problemas de salud. Las vecinas se turnan para cuidarlos y alimentarlos. &ldquo;No los pod&iacute;amos separar porque se criaron juntos&rdquo;, dice Paola, mientras se apura a mostrar el camino hacia arriba.
    </p><p class="article-text">
        El interior del 11, el departamento que ocupa Paola, es igual al resto de los monoambientes del piso, aunque Paola quiso darle su impronta. Un sill&oacute;n a la derecha, junto a la ventana, en el que lee los libros de ciencia ficci&oacute;n de Juan Jos&eacute; Benitez, que narran la historia de Jes&uacute;s. Tambi&eacute;n hay una vitrina de madera con libros amontonados y vajilla delicada. Dentro de un caj&oacute;n del mueble, <strong>Paola guarda cuidadosamente los papeles de la casa que le entregaron en car&aacute;cter de &ldquo;comodato&rdquo;</strong>: una forma de propiedad vitalicia pero no heredable, junto con el contrato de convivencia y recortes de diarios que anunciaban la inauguraci&oacute;n del complejo. M&aacute;s atr&aacute;s hay una cocina con las hornallas encendidas. Tambi&eacute;n hay un termotanque y sobre el termotanque, dos cuadros con paisajes de la Araucan&iacute;a, y una estampita de Ceferino Namuncur&aacute;. <strong>La due&ntilde;a de casa no quiere colgar cuadros con clavos, le da &ldquo;no s&eacute; qu&eacute;&rdquo; da&ntilde;ar las paredes.</strong>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0b4d1d69-8422-4851-b6a4-7a6419df1a33_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0b4d1d69-8422-4851-b6a4-7a6419df1a33_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0b4d1d69-8422-4851-b6a4-7a6419df1a33_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0b4d1d69-8422-4851-b6a4-7a6419df1a33_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0b4d1d69-8422-4851-b6a4-7a6419df1a33_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0b4d1d69-8422-4851-b6a4-7a6419df1a33_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/0b4d1d69-8422-4851-b6a4-7a6419df1a33_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="La Hermana Mónica, impulsora del proyecto."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                La Hermana Mónica, impulsora del proyecto.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Tocan la puerta. Es Adriana, la vecina del 10 que hace una entrada glamorosa: una diva del Alto Valle.  Trae dos tacitas blancas con una guarda de flores.<strong> &ldquo;Estas son las que sobrevivieron. El resto del juego se me rompi&oacute; cuando se cay&oacute; el cielorraso en el lugar donde viv&iacute;a&rdquo;</strong>, avisa. Antes de que la pava silbe, Adriana contar&aacute; que La Delirio y su mejor amiga, Julia Ponce, ya van a cumplir cinco. <strong>Como si fueran cumplea&ntilde;os, ella cuenta muertes</strong>. En cada aniversario revive el asesinato de Julia, que escuch&oacute; por tel&eacute;fono cuando la llam&oacute; para saludarla por el d&iacute;a del amigo. Su mejor amiga era trabajadora sexual en la Avenida General Paz de Buenos Aires. Un tipo la golpe&oacute; hasta matarla. Su sobrina tuvo el mismo destino en manos de su novio. No lleg&oacute; a conocerla&nbsp; en persona.
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;La hermana M&oacute;nica es nuestro &aacute;ngel enviado a la Tierra&rdquo;</h3><p class="article-text">
        La historia de la Iglesia en Neuqu&eacute;n lleva el nombre del obispo <strong>Jaime De Nevares, </strong>un referente de la lucha por los derechos humanos. Pero en democracia, <strong>Jaime de Nevares dirig&iacute;a las </strong><em><strong>razzias</strong></em><strong> contra la comunidad trans, seg&uacute;n aseguran las mujeres que estuvieron en la ciudad a finales de los ochenta</strong>. &ldquo;Jaime andaba en un auto adelante de los patrulleros &mdash;recuerda Adriana, la vecina del d&eacute;cimo, que cuenta muertes como si fueran cumplea&ntilde;os. Frenaba y dec&iacute;a 'ah&iacute; hay uno'. &Eacute;l manejaba los operativos. Yo lo odiaba&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Pero de esa misma Iglesia y de Neuqu&eacute;n, sali&oacute; la monja M&oacute;nica Astorga Cremona</strong>. Es una mujer de sonrisa sostenida, convencida, brillante. Los ojos marrones se le achinan detr&aacute;s de unos lentes de metal austeros. Como todas las monjas de la orden de las <strong>Carmelitas Descalzas</strong>, la oraci&oacute;n ocupa una parte importante de su d&iacute;a. Igual se hace tiempo para acompa&ntilde;ar y escuchar a las personas trans.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Su trabajo con la comunidad comenz&oacute; hace 16 a&ntilde;os y desde entonces ha peleado por mejorar su condici&oacute;n de vida. Logr&oacute; una casa de acompa&ntilde;amiento, la <strong>Casa Santa Teresita</strong>, donde se ofrece atenci&oacute;n psicol&oacute;gica a las mujeres con adicciones, cursos de oficios y una ducha para las personas trans que viven en la calle. La necesidad de vivienda de las mujeres trans era imperiosa. <strong>M&oacute;nica consigui&oacute;, a punta de &ldquo;si prometen, me cumplen&rdquo;, la donaci&oacute;n municipal de un terreno al monasterio y los fondos de Provincia para levantar el complejo en conjunto, aunque fueran de diferentes signos pol&iacute;ticos</strong>.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La hermana M&oacute;nica es nuestro &aacute;ngel enviado en la Tierra. Yo creo que no va a haber otra como ella. Ojal&aacute; la hubiera, que tomaran ese ejemplo, que hicieran otras casas de contenci&oacute;n, que construyeran otros complejos de viviendas&rdquo;, dice Paola, la due&ntilde;a del caniche, mientras observa su comedor como quien observa la inmensidad. Sigue: &ldquo;<strong>Yo recorro el pa&iacute;s con la Asociaci&oacute;n de Travestis, Transexuales y Transg&eacute;neros de Argentina (ATTA) y me dicen: 'las de Neuqu&eacute;n est&aacute;n so&ntilde;adas'</strong>,<strong> &iquest;pero en otras provincias? Vos vas a Salta y todav&iacute;a las sigue corriendo la polic&iacute;a</strong>. Estamos en 2022, la polic&iacute;a es muy machirula. La Iglesia tambi&eacute;n. Ac&aacute; porque tenemos a la hermana. Pero no sab&eacute;s todas las que le hicieron a la hermana. Aunque hay un grupo que s&iacute; la ayuda. Hasta el Papa Francisco le ha dado su apoyo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La hermana M&oacute;nica acompa&ntilde;a a la comunidad LGBT+. Recauda dinero para terminar de reconstruir una casa en Mar del Plata, donde vivir&aacute;n 4 mujeres trans. La casa tendr&aacute; la misma idea que el complejo: que sea un espacio bien construido y, sobre todo, luminoso.<strong> Este &uacute;ltimo, un punto innegociable para todo lo que emprende, porque est&aacute; convencida de que &ldquo;las mujeres trans ya vivieron mucho en la oscuridad&rdquo;.</strong>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a279bf43-3c95-4a70-8e77-f47ffbb7a690_9-16-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a279bf43-3c95-4a70-8e77-f47ffbb7a690_9-16-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a279bf43-3c95-4a70-8e77-f47ffbb7a690_9-16-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a279bf43-3c95-4a70-8e77-f47ffbb7a690_9-16-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a279bf43-3c95-4a70-8e77-f47ffbb7a690_9-16-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a279bf43-3c95-4a70-8e77-f47ffbb7a690_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/a279bf43-3c95-4a70-8e77-f47ffbb7a690_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Un pasillo del complejo Costa Limay."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Un pasillo del complejo Costa Limay.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        El barrio Confluencia est&aacute; ubicado al sureste de la ciudad de Neuqu&eacute;n. Es un barrio popular, de casas de chapa o ladrillo hueco sin revoque. Con la iniciativa del fallecido intendente radical <strong>Horacio &ldquo;Pechi&rdquo; Quiroga</strong> de idear una ciudad &ldquo;mirando al r&iacute;o&rdquo;, el barrio cobr&oacute; relevancia por ser un acceso directo al paseo costero del Limay. El sendero permite caminar por una postal de peque&ntilde;as islas con &aacute;lamos y sauces de tonos verdes y amarillos entre los brazos del r&iacute;o. A partir de la llegada del paseo,  asfaltaron e iluminaron algunas calles del barrio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La cercan&iacute;a con el r&iacute;o hizo que el terreno donde levantaron el complejo Costa Limay fuera codiciado. Adem&aacute;s, <strong>se hab&iacute;a instalado el rumor de que los alrededores del barrio se convertir&iacute;an en una zona roja</strong>. Una vez adentro, la relaci&oacute;n con los vecinos del barrio Confluencia empez&oacute; a mejorar a costa de concesiones y buenos gestos. <strong>Una vecina que sol&iacute;a tratar despectivamente a las mujeres de Costa Limay, perdi&oacute; todo cuando se le incendi&oacute; la casa</strong>. Inmediatamente <strong>Adriana pidi&oacute; ayuda a Desarrollo Social y la asistieron con materiales para reconstruirla</strong>. Tambi&eacute;n hubo quejas sobre c&oacute;mo vest&iacute;an las trabajadoras sexuales que visitaban a sus amigas del complejo. La soluci&oacute;n fue pedirles que se cubrieran m&aacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En otra ocasi&oacute;n, las mujeres organizaron una colecta de ropa para repartir en el barrio, como un gesto m&aacute;s para aplacar la desconfianza vecinal. Actualmente, luego de <strong>un curso de sensibilizaci&oacute;n en G&eacute;nero</strong> que dict&oacute; la secretar&iacute;a de Diversidad, los prejuicios se disiparon y existe una relaci&oacute;n de cordialidad, respeto y protecci&oacute;n mutua. Por lo dem&aacute;s, es un barrio como todos: chicos que se juntan a jugar en la plaza. 
    </p><h3 class="article-text"><strong>Vivir, como mucho, 35 a&ntilde;os, sin techo ni trabajo formal</strong></h3><p class="article-text">
        La expectativa de vida de las personas trans en Argentina es de 35 a&ntilde;os. La falta de oportunidades, la discriminaci&oacute;n, la pobreza, la violencia de g&eacute;nero, el transodio, la falta de derechos b&aacute;sicos como la salud, la vivienda, el trabajo formal, arman un combo literalmente fatal. Adriana vivi&oacute; por m&aacute;s de 50 a&ntilde;os cada una de esas violencias, consecuencia de un Estado que acompa&ntilde;a poco y reprime mucho. &ldquo;A lo largo de mi vida he tenido todo. Las mejores ropas, los mejores zapatos. Pero no era feliz. Todo viene, todo se va. Siempre que me ca&iacute;, me levant&eacute;. Siempre me levant&eacute;. Como el ave f&eacute;nix. Ahora no voy a perder&rdquo;, dice Adriana, que est&aacute; sentada en el comedor de la departamento de Paola.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Y ahora que tienen un hogar, &iquest;se permiten pensar en algo que antes no pod&iacute;an siquiera imaginar?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        En la tranquilidad y la paz. Y saber que podemos morir dignamente --responde Adriana.
    </p><p class="article-text">
        Adriana recuerda la primera vez que se enter&oacute; con qui&eacute;nes iba a vivir. La hermana M&oacute;nica las hab&iacute;a convocado en la casa Santa Teresita para que se conocieran.<strong> &ldquo;&iexcl;Ay, cuando nos vimos las caras! Nos conoc&iacute;amos pero de la noche, de la calle y de los calabozos. Algunas hab&iacute;amos vivido juntas, pero otras no.</strong> Cuando nos mudamos al complejo empezamos a pelearnos. La primera pelea fue de las de arriba con las de abajo, porque dec&iacute;an que las de arriba quer&iacute;amos ser m&aacute;s que ellas: cl&aacute;sico de personas que nunca tuvieron nada de m&aacute;s&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En 1992, <strong>Adriana hab&iacute;a vuelto de una gira por los cabarets de la Patagonia</strong> y tra&iacute;a la moda de las trabajadoras sexuales del sur: el torso desnudo, un triangulito y taco aguja. Cuando lleg&oacute; a Neuqu&eacute;n capital el resto de las trabajadoras sexuales de la Ruta 22 empezaron a ver c&oacute;mo su clientela disminu&iacute;a: la prefer&iacute;an a Adriana.<strong> Convencieron a dos pibes de que le dar&iacute;an coca&iacute;na a cambio de que la mataran.</strong> Tres disparos impactaron en su est&oacute;mago y uno en el gl&uacute;teo.&nbsp;Adriana anda por la vida con cuatro tiros en el cuerpo. Recuerda Adriana: &ldquo;Me dec&iacute;an que no iba a poder volver a trabajar con los tacos. Al mes volv&iacute; a la esquina y las mujeres se burlaban porque estaba con alpargatas, as&iacute; que me puse unos tacos de 15 cent&iacute;metros y sent&iacute; un orgullo... 'Ac&aacute; estoy', les dije, 'vivita y coleando'&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las garant&iacute;as para alquilar una pieza a una mujer trans son nulas. Paola y Adriana saben por experiencia que el valor para ellas es el doble que para cualquier otra persona. Los propietarios sacan provecho de su vulnerabilidad porque son conscientes de que les es dif&iacute;cil conseguir un alquiler. Adriana le alquilaba una piecita a una mujer que un d&iacute;a decidi&oacute; cobr&aacute;rselo dos veces en un mes. &ldquo;Me pag&aacute;s o te echo a la calle&rdquo;, amenaz&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;<strong>&iquest;Hoy me echar&aacute;n? &iquest;En d&oacute;nde me voy a quedar despu&eacute;s? Siempre vivimos con esa constante: &iquest;D&oacute;nde vivir&eacute; ma&ntilde;ana?</strong> Contar con esta estabilidad, de que va a ser tu casa siempre, es mucho para nosotras&rdquo;, dice Paola. Despu&eacute;s de treinta a&ntilde;os y una vez que le dieron la casa dej&oacute; de prostituirse. Ahora trabaja en la Casa Santa Teresita, acompa&ntilde;ando a otras mujeres trans. &ldquo;<strong>&iquest;Viste c&oacute;mo llueve afuera? En otro tramo de nuestra vida, ya estaba parada en la ruta</strong>. En invierno, desde las seis de la tarde hasta las cinco de la ma&ntilde;ana. Porque si no, no pod&iacute;a vivir, no llegaba. Y ten&iacute;a que pagar el alquiler. Ahora me puedo dar el gusto de quedarme. Si no quiero salir a la ruta, no salgo. A veces voy una hora y vuelvo, para controlar mi zona nada m&aacute;s, agrega Adriana, que todav&iacute;a es trabajadora sexual.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/7ddebe2f-5749-477f-8615-4a83dc8e4d0d_9-16-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/7ddebe2f-5749-477f-8615-4a83dc8e4d0d_9-16-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/7ddebe2f-5749-477f-8615-4a83dc8e4d0d_9-16-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/7ddebe2f-5749-477f-8615-4a83dc8e4d0d_9-16-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/7ddebe2f-5749-477f-8615-4a83dc8e4d0d_9-16-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/7ddebe2f-5749-477f-8615-4a83dc8e4d0d_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/7ddebe2f-5749-477f-8615-4a83dc8e4d0d_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Complejo Costa Limay."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Complejo Costa Limay.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        El complejo se inaugur&oacute; en agosto de 2020 y, como en todos lado, la convivencia nunca es f&aacute;cil. En el complejo Costa Limay rige un <strong>reglamento de convivencia que arm&oacute; la hermana M&oacute;nica con la abogada del Instituto Provincial de Vivienda y Urbanismo de Neuqu&eacute;n</strong>. El departamento es propiedad de cada una, pero el complejo es de todas. La limpieza y el mantenimiento se hacen colectivamente. Adem&aacute;s, tienen prohibido ejercer el trabajo sexual dentro del complejo, y <strong>deben demostrar que quieren abandonar las adicciones y la prostituci&oacute;n, seg&uacute;n los valores cristianos</strong>. A la segunda advertencia o llamado de atenci&oacute;n, el monoambiente se lo dan a otra persona. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y si hubieran entregado doce departamentos distribuidos por Neuqu&eacute;n en lugar de un complejo, es decir, que este no sea &ldquo;el barrio trans&rdquo;? <strong>Paola cree que el complejo fue una buena idea</strong>, que disfrutan de la convivencia y se sienten seguras: &ldquo;Estamos bien as&iacute;, juntas, porque nos conocemos, nos podemos proteger y, ante una situaci&oacute;n de enfermedad, podemos pedir ayuda a quien tenemos al lado. Entonces sentimos una hermandad. Me preguntan:<strong> '&iquest;Por qu&eacute; estudiaste gerontolog&iacute;a?'</strong>. Y yo les digo a las m&aacute;s adultas: <strong>'Porque alg&uacute;n d&iacute;a yo te voy a cuidar'</strong>. Ya s&eacute; tomarles la presi&oacute;n, s&eacute; si les pasa algo. <strong>Con otras personas del barrio solo nos decimos &lsquo;hola, buenos d&iacute;as, buenas tardes&rsquo;, nada m&aacute;s&rdquo;</strong>.
    </p><p class="article-text">
        LG/MG
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lara Guerrero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/primer-barrio-trans-mundo-neuquen-idea-hermana-monica-carmelita-descalza_1_10044758.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 18 Mar 2023 17:33:12 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/ecd89da6-9600-4761-933c-f490c1687e84_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="1735167" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/ecd89da6-9600-4761-933c-f490c1687e84_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1735167" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El primer barrio trans del mundo está en Neuquén y fue idea de la Hermana Mónica, una Carmelita Descalza]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/ecd89da6-9600-4761-933c-f490c1687e84_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Costa Limay,Neuquén,Barrio trans]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
