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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Laura Haimovichi]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/laura-haimovichi/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Laura Haimovichi]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Todos los cuerpos van a la escuela]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/cuerpos-escuela_129_10414417.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f89e2172-131d-43e5-9d46-b0b29640a04a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Todos los cuerpos van a la escuela"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Desbordar los pupitres, sin pedagogía gorda no hay ESI es la gran novedad para ampliar una biblioteca criolla, nutritiva y sustanciosa sobre la gordura. La publicación da cuenta de distintas experiencias y reflexiones sobre aquello que sucede, y todo lo que se puede lograr, en las instituciones educativas para incluir de manera integral la diversidad de cuerpos infantiles y adolescentes.  </p></div><p class="article-text">
        La biblioteca gorda crece, se ensancha, adquiere altura y grosor, cada vez tiene mayor volumen. Existe para darle entidad a les portadores de cuerpos de distinto tama&ntilde;o. A&ntilde;o a a&ntilde;o aparecen nuevos libros con ficciones, investigaciones, poes&iacute;as, reflexiones, sobre el tema gordo, un cuerpo de lectura imprescindible para pensar las corporalidades situadas, reales, existentes, que colaboran en la ampliaci&oacute;n de las ideas y emociones que generan en s&iacute; mismas y en otres las personas que habitan cuerpos diferentes a los que impone el imperativo contempor&aacute;neo de delgadez.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Desbordar los pupitres</strong>, sin pedagog&iacute;a gorda no hay ESI, de editorial Madreselva, es una compilaci&oacute;n de pensamientos sobre c&oacute;mo nuestra sociedad ridiculiza y culpabiliza a las infancias por sus presuntas fallas f&iacute;sicas y c&oacute;mo se aplican las t&eacute;cnicas de normalizaci&oacute;n en las escuelas. Pero tambi&eacute;n es una serie de propuestas para transformar el maltrato y desconsideraci&oacute;n de les ni&ntilde;es y adolescentes gordes de hoy, en la Argentina.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Se trata de una publicaci&oacute;n en la que participan distintas escrituras que trabajan, desde un recorrido emp&iacute;rico y te&oacute;rico por las pedagog&iacute;as gordas, la educaci&oacute;n f&iacute;sica, la literatura, la nutrici&oacute;n, la violencia en los consultorios, el tratamiento en los medios de comunicaci&oacute;n, los cuerpos gordos y marrones, entre otras tem&aacute;ticas.
    </p><p class="article-text">
        El trabajo es fruto de la tarea compiladora de la antrop&oacute;loga Ana Florencia Cararo Funes, la profesora de lengua y literatura Iris Luz Ortellao, le docente de historia Jos&eacute; Nu&ntilde;ez y Laura Contrera, todes especialistas en ESI y gorditud, para quienes las cuestiones de g&eacute;nero, pertenencia &eacute;tnico-racial, clase, capacidad, orientaci&oacute;n sexual, no pueden desentenderse del estigma del peso corporal que funciona en la institucionalidad de la pedagog&iacute;a moderna local.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Los cuerpos de quienes ense&ntilde;an y de les estudiantes juegan un rol en el aula, incluso si esto se ignora o se pasa por alto. Pero, tal como nos ense&ntilde;&oacute; Audre Lorde, el silencio no nos proteger&aacute;&rdquo;, se&ntilde;ala Laura Contrera, abogada, docente de filosof&iacute;a y activista gorda, responsable junto con Nicol&aacute;s Cuello de Cuerpos sin patrones. Resistencias desde las geograf&iacute;as desmesuradas de la carne, un libro b&aacute;sico para todes quienes deseen pensar en la gordura.
    </p><p class="article-text">
        La idea de producir <strong>Desbordar los pupitres</strong>, me cuenta Iris Luz Ortellao, surgi&oacute; a partir de un ciclo de talleres titulado Cuerpos, Activismo y Educaci&oacute;n Sexual Integral (ESI), en el que se trabaj&oacute; la diversidad corporal de personas con discapacidad, intersex, trans y travestis, y gordas.&nbsp;All&iacute;, les organizadores notaron &ldquo;la demanda y urgencia&rdquo; que hay en les docentes de construir y emplear conocimiento sobre educaci&oacute;n gorda.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El proyecto arranc&oacute; en 2019 de manera colectiva, aunque con la pandemia tuvimos que continuar de manera remota, acompa&ntilde;&aacute;ndonos en el horizonte com&uacute;n y sosteni&eacute;ndonos con las limitaciones que imprimi&oacute; la situaci&oacute;n&rdquo;, recuerda Iris.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Desbordar los pupitres</strong> es una met&aacute;fora que cuestiona la organizaci&oacute;n del espacio f&iacute;sico, algo que se visualiza en la disposici&oacute;n &aacute;ulica de los bancos, nada azarosa, que impone que todes les estudiantes sean de igual tama&ntilde;o. &ldquo;La ense&ntilde;anza propone un sujeto pedag&oacute;gico universal de cuerpo magro, blanco, limpio, de clase media y preferentemente masculino. El libro, en cambio, sugiere repensar esos moldes de la educaci&oacute;n actual que se imponen cuando no est&aacute; tamizada por la ESI&rdquo;, me explica Iris.
    </p><p class="article-text">
        No alcanza s&oacute;lo con evitar la violencia, sino que hay que registrarla en todos los &aacute;mbitos en que funciona &ldquo;y proponer pol&iacute;ticas y estrategias para reparar las consecuencias que ha dejado la gordofobia. La ESI debe dialogar con los distintos movimientos pol&iacute;ticos y sociales, entre ellos el activismo gordo, actualiz&aacute;ndose en cada contexto y circunstancia. Los emergentes son diferentes en cada lugar, en cada provincia debe haber especificidades curriculares para los distintos temas que incumben a los cuerpos y sexualidades diversas. &rdquo;Cuando los cuerpos gordos no son tenidos en cuenta en la escuela no hay integralidad, se est&aacute; dejando afuera a gran parte de la poblaci&oacute;n&ldquo;, asegura Ortellao.
    </p><p class="article-text">
        Doctorada en estudios de g&eacute;nero, Contrera y el resto del equipo se propuso desde este libro arengar a desbordar los pupitres, saliendo &ldquo;del mutismo epist&eacute;mico, como un gesto de cuidado, una peque&ntilde;a intervenci&oacute;n discursiva para plantar como posici&oacute;n la decisi&oacute;n estrat&eacute;gica de que ni&ntilde;xs y adolescentes tienen derecho a existir y permanecer gordxs con el abrazo de pol&iacute;ticas educativas que garanticen su protecci&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Aunque hay quienes prefieren llamar bullying a la agresi&oacute;n contra las personas de cuerpos grandes, &rdquo;nosotres preferimos hablar de gordofobia porque es m&aacute;s espec&iacute;fico. Tambi&eacute;n pensamos que ni&ntilde;eces y adolescentes la ejercen contra sus pares y que hay que construir estrategias transversales con formaci&oacute;n docente para trabajar el problema, desarmarlo y desnaturalizarlo. Esto debe hacerse con pol&iacute;ticas p&uacute;blicas educativas que respalden la tarea pedag&oacute;gica. Ser gorde no es una falla, no se trata de un cuerpo enfermo, es parte de la diversidad y es necesario despatologizar el concepto.
    </p><p class="article-text">
        La idea del desborde del mobiliario escolar es una figura que desarticula discursos y pol&iacute;ticas que chocan con los derechos de las personas gordas a partir de diferentes enfoques, marcos te&oacute;ricos y pr&aacute;cticas.
    </p><p class="article-text">
        <em>LH</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/cuerpos-escuela_129_10414417.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 29 Jul 2023 03:21:03 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Laura Haimovichi,ESI]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¡Cómo pesa el peso!]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/pesa-peso_129_10372552.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0ff0cb18-7fd8-4ea5-9e8e-2d21ebaa146a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¡Cómo pesa el peso!"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Dejar de focalizar en el peso y las calorías es un punto de partida para mejorar la salud física y emocional de las personas, mientras se fortalece la lucha por la aceptación de la diversidad corporal. </p></div><p class="article-text">
        <strong>Valeria Baldoncini</strong>, psic&oacute;loga y nutricionista, con diecis&eacute;is a&ntilde;os de experiencia en el Hospital Anselmo Gamen, de Rosario, descubri&oacute; hace alg&uacute;n tiempo que &ldquo;lo aprendido en la universidad no coincide con la realidad de las personas que tengo enfrente&rdquo;. Por eso, dej&oacute; &ldquo;de focalizar en el peso, las dietas y las calor&iacute;as porque no ayuda a nadie a mejorar su salud&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Valeria integra la primera generaci&oacute;n de profesionales en su especialidad de la ciudad santafesina. Me explica que los tratamientos de nutrici&oacute;n no gordof&oacute;bica, que lleva adelante con sus pacientes, habilitan antes que nada la palabra de elles, a partir de una escucha atenta, y propone una participaci&oacute;n activa de consultante y consultade. &ldquo;Hay que mirar de manera integral al paciente, viendo cu&aacute;l es la demanda que cada uno trae a consulta para luego armar entre las dos partes una estrategia de abordaje&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>M&aacute;s all&aacute; del tama&ntilde;o del cuerpo, es importante tener una alimentaci&oacute;n sin d&eacute;ficit nutricional. Entonces, mientras miles de personas activan para modificar la sociedad gordof&oacute;bica en la que estamos sumergidos, el camino personal es buscar y hallar herramientas para apuntar al goce de una salud integral que nos fortalezca frente a un mundo de mandatos y estereotipos que contaminan. &nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Ese enfoque implica dejar de pensar en objetivos de peso (lo que marca la balanza) y mediciones corporales (el &Iacute;ndice de Masa Corporal) que estandarizan n&uacute;meros con relaci&oacute;n a la salud. Observar y escuchar durante a&ntilde;os a personas que luchan por llegar a determinada meta num&eacute;rica &ldquo;me llev&oacute; a pensar que algo estaba mal porque yo veo personas sanas, sin enfermedades, con resultados de laboratorios excelentes, que llegan con la indicaci&oacute;n de bajar de peso. &iquest;Por qu&eacute;?&rdquo;, se pregunta Valeria. La respuesta es: &ldquo;Por la gordofobia y por la adherencia general a la noci&oacute;n de que delgadez equivale a salud&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Comenc&eacute; a seguir por redes sociales a activistas y profesionales que cuestionan lo mismo que yo, los est&aacute;ndares de salud&rdquo;, comenta. &ldquo;As&iacute; logr&eacute; darle otro sentido a mi pr&aacute;ctica. Las dietas fracasan porque est&aacute;n basadas solo en cuestiones de calor&iacute;as, buscando un balance energ&eacute;tico negativo. Hoy podemos poner en discusi&oacute;n la violencia impl&iacute;cita en los discursos disfrazados de salud y mostrar una alternativa al modelo m&eacute;dico tradicional&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No quiero decir que no sea importante el peso&rdquo;, aclara Baldoncini, &ldquo;sino que es s&oacute;lo un par&aacute;metro m&aacute;s, que se utiliza como primera y casi &uacute;nica normativa y que la mayor&iacute;a de las veces no es necesario. En los procesos de cambio, los aprendizajes van de la mano de la aceptaci&oacute;n del cuerpo que se tiene. El hambre es l&oacute;gico porque la comida es fundamental para vivir y hay que confiar en las se&ntilde;ales del cuerpo&rdquo;. Malas experiencias alrededor de la alimentaci&oacute;n pesoc&eacute;ntrica han devenido en da&ntilde;os y no en beneficios, asegura.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Nadie nace odiando su cuerpo, esa es una conducta aprendida y sugerir dietas milagrosas, restrictivas, desde el castigo, fomenta una existencia no saludable. Habitarnos desde el amor y el respeto producir&aacute; conductas habilitantes en busca de objetivos relacionados con lo que se necesita&rdquo;, explica.
    </p><p class="article-text">
        Seguir cuentas diversas de IG y abandonar aquellas que nos da&ntilde;an con sus ilusiones falsas es un paso que se puede dar hoy, cuando estamos tan apegados a los telefonitos. Tambi&eacute;n, recordar que los discursos de ayuda y body positive terminan haciendo responsable a cada une en forma individual, cuando somos seres sociales y nuestra salud depende en gran medida del entorno en el que vivimos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Seg&uacute;n el mapa de la discriminaci&oacute;n que realiz&oacute; INADI, la gordura ocupa el segundo puesto entre las causas de discriminaci&oacute;n en la Argentina. </strong>Por eso, la nueva tendencia es promocionar el derecho a la salud integral, donde alimentarse saludablemente no implique una exigencia para adelgazar a cualquier costo, sino el acceso a una alimentaci&oacute;n que no genere culpabilidad sino disfrute y salud integral, y la construcci&oacute;n de una mejor calidad de vida.
    </p><p class="article-text">
        Abuelas y madres, personas desconocidas tambi&eacute;n, han asumido que los cuerpos son plataformas de opini&oacute;n p&uacute;blica. Esas voces, replicantes de una cultura que no admite la diversidad, tiene consecuencias en la salud f&iacute;sica y ps&iacute;quica, construyendo sentimientos de verg&uuml;enza, estr&eacute;s, ansiedad y miedo. La salud no se visualiza en una cifra, sino en el acceso libre a la atenci&oacute;n sanitaria, el trabajo, la comida, la vivienda y la vestimenta, entre otros derechos. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>LH</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/pesa-peso_129_10372552.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 15 Jul 2023 03:37:31 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¡Cómo pesa el peso!]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Laura Haimovichi,gordofobia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El deseo y el placer son para todos los cuerpos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/deseo-placer-son-cuerpos_129_10342188.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0fe1b853-fa7f-48db-9ffa-ef9ddb71f6a2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El deseo y el placer son para todos los cuerpos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La lectura de los poemas de Delmira Agustini inspira una conversación sobre la sexualidad en cuerpos de todos los tamaños. No hay límite para el imaginario erótico en la experiencia gorda. 
</p></div><p class="article-text">
        Eros yo quiero guiarte, Padre ciego,... / Pido a tus manos todopoderosas, / Su cuerpo excelso derramado en fuego / Sobre mi cuerpo desmayado en rosas!
    </p><p class="article-text">
        Decido darle un espacio en la columna a la sexualidad y de inmediato pienso en los inspiradores poemas de <strong>Delmira Agustini</strong>, la uruguaya que modific&oacute; para siempre la l&iacute;rica al abrirle la ventana al erotismo en la escritura de nuestro idioma. Por eso, como un regalo para les lectores, tramo hoy las palabras de la sex&oacute;loga <strong>Carolina Meloni</strong> con algunos fragmentos de la poeta que vivi&oacute; apenas veintiocho a&ntilde;os, fue la primera mujer en obtener el divorcio en su pa&iacute;s y muri&oacute; v&iacute;ctima de femicidio. A Delmira le dec&iacute;an nena, para infantilizar su figura de mujer encendida que construy&oacute; su obra desde el deseo y el placer por las palabras.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lejos de las generalizaciones que definen r&aacute;pido y mal aquello que requiere de una mirada particular de la subjetividad, la psic&oacute;loga Meloni asegura que &ldquo;hay una sexualidad para cada persona&rdquo;. Me habla sobre erotismo desde la conciencia del &ldquo;privilegio delgado&rdquo; que habita, aunque tambi&eacute;n desde una experiencia cl&iacute;nica y el intercambio con activistas gordes, &ldquo;en mi v&iacute;nculo personal y con la lectura de su militancia&rdquo;. Desde su mirada profesional, aclara que &ldquo;nada de lo que expreso pretende pasar por encima de la vivencia de quienes s&iacute; atraviesan las violencias gordoodiantes&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Para ciertos cuerpos, la forma de vincularse sexualmente tiene sus singularidades, no por la identidad en s&iacute;, sino por las violencias que el mundo &lsquo;normal&rsquo; ejerce sobre esas ellos. Lo deseado, lo deseable, las performances esperadas, las formas en que algunas pr&aacute;cticas &lsquo;deben&rsquo; ser realizadas, las formas y los tama&ntilde;os que algunos cuerpos &lsquo;deben&rsquo; tener para &lsquo;merecer&rsquo; ser tocados por otros cuerpos y no ser s&oacute;lo fetichizados, son s&oacute;lo algunos aspectos que considera Meloni, desde una perspectiva de derechos. &ldquo;Sabemos que lo personal es pol&iacute;tico, y lo pol&iacute;tico es todo lo relacionado al ejercicio del poder, una pugna entre fuerzas en conflicto; y que lo social (que rechaza &rdquo;lo gordo&ldquo;) influye en nuestro imaginario er&oacute;tico, en los recursos del deseo&rdquo;, explica. &ldquo;Entonces, claro, existe deseo por los cuerpos gordos, pero sin duda, en un mundo pesocentrista y gordoodiante, debemos construirlo&rdquo;, como todo marco deseante que se salga de la hegemon&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Desde los relatos de su experiencia cl&iacute;nica, pero sobre todo en el intercambio en espacios de talleres y activismo hay una constante que suele darse y es &ldquo;el temor causado por una emoci&oacute;n ansi&oacute;gena de no gustar. De no gustar a la vista y al tacto, de ser un cuerpo de segunda categor&iacute;a, de tener que estar siempre a disposici&oacute;n del deseo de le otre, no pudiendo elegir qu&eacute;, cu&aacute;ndo, c&oacute;mo, d&oacute;nde, cu&aacute;nto&hellip; Teniendo que someterse con la gratitud a flor de piel por tener el &lsquo;privilegio&rsquo; de ser elegido&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Soy un pozo de abismo. // Mi cuerpo es una cinta de delicia / Glisa y ondula como una caricia..., leo a Delmira.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Carolina cree que en los &uacute;ltimos a&ntilde;os ha logrado visibilizarse la deseabilidad de los cuerpos en sus distintas medidas, &ldquo;porque se est&aacute;n visibilizando los cuerpos en todas sus formas y tama&ntilde;os. Eso no exime a nadie a ser receptor de las violencias estructurales, pero creo que es un paso de apertura a una epistemolog&iacute;a y er&oacute;tica diversa para que quienes tienen la posibilidad de tener contacto con estos espacios&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Cuenta que en la consulta recibe personas con temor al rechazo, al contacto, &ldquo;a no ser nunca elegide en primer lugar, ser intercambiade por otres, pero sobre todo quedar sometide al deseo de la otra persona, sin poder decir que no&rdquo;. Las inseguridades son consecuencia del gordoodio internalizado, el terror a aumentar de peso, el cambio de la forma del cuerpo y la demanda aparece en funci&oacute;n de evitar que esas transformaciones afecten el modo en que se vinculan sexualmente con su propio cuerpo y con cuerpos ajenos&ldquo;.
    </p><p class="article-text">
        Asume que le genera conflicto disertar en lugares donde siente que puedo pisar vivencias que ella no experimenta (o experiment&oacute;), pero asume el riesgo. &ldquo;Intento no apropiarme de espacios que siempre le &lsquo;pertenecieron&rsquo; a las mismas identidades. Intento manejarme con el mayor respeto posible, poniendo el acento en mis privilegios y mi experiencia cl&iacute;nica. En distintos encuentros gordos &rdquo;surgen tem&aacute;ticas relacionadas con la deseabilidad, con la construcci&oacute;n de una er&oacute;tica gorda, y obviamente con las violencias sexuales padecidas. Pero lo que me parece m&aacute;s importante destacar es que las consultas en el espacio de consultorio no tienen relaci&oacute;n con la identidad / corporalidad gorda sino con otras cuestiones. Es decir, las personas demandan atenci&oacute;n porque el espacio no es pesocentrado, no porque el motivo de consulta se limite a sus identidades&ldquo;.
    </p><p class="article-text">
        Vuelvo a Delmira: ... &iexcl;Ah yo me siento abrir como una rosa! / Ven a beber mis mieles sobre humanas: / &iexcl;Mi alma es la copa del amor pomposa / Que engarzar&aacute; en tus manos soberanas! /
    </p><p class="article-text">
        Meloni cuenta que inici&oacute; sus estudios en un espacio extremadamente hegem&oacute;nico. &ldquo;Eso, sumado a mi participaci&oacute;n en espacios de militancia de diversidades me llev&oacute; a elegir el camino profesional (y necesariamente pol&iacute;tico) que tomo hoy. Los niveles de violencia y vulneraci&oacute;n de derechos [humanos] que se viven en formaciones y consultorios mainstream me han llevado a decidir trabajar desde una perspectiva antihegem&oacute;nica y de derechos humanos. Estudi&eacute; formalmente en la academia, con contenido r&iacute;gido y poco amigable con todo lo no normativo. Mi formaci&oacute;n de valor (acad&eacute;mico tambi&eacute;n, para qu&eacute; negarlo) fue con mis compa&ntilde;eres de militancia, siempre horizontal, involucrando las emociones, transitando las injusticias, reconociendo mis violencias y buscando capacitarme y actualizarme permanentemente&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        ... As&iacute; tendida soy una surco ardiente / Donde pueda nutrirse la simiente, / de otra Estirpe sublimemente loca.
    </p><p class="article-text">
        Gracias a Delmira por el perfume de sus textos.
    </p><p class="article-text">
        <em>LH</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/deseo-placer-son-cuerpos_129_10342188.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 01 Jul 2023 03:23:15 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El deseo y el placer son para todos los cuerpos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Laura Haimovichi]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Romper con la obediencia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/romper-obediencia_129_10298439.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c7eb4725-a0d9-40bf-92a3-2b0a577d4627_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Romper con la obediencia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En su libro "Tienes derecho a permanecer gorda", la activista estadounidense Virgie Tovar narra su ruptura con los mandatos de la religión. Sacrificio, penitencia y culpa con la comida: nunca más.  
</p></div><p class="article-text">
        El Indice de Masa Corporal (IMC) es una f&oacute;rmula que suena muy cient&iacute;fica, porta autoridad, es una de las formas en que se presenta la verdad corporal en la mayor parte de los consultorios m&eacute;dicos o de nutricionistas al que acuden las personas. Un dispositivo que, como la balanza, simboliza el poder de la medida. Esto es algo que ocurre en la sociedad occidental y particularmente, en nuestro pa&iacute;s, uno de los que m&aacute;s alto rankea en la cantidad de personas con trastornos alimentarios como bulimia y anorexia. La cre&oacute; el belga Lambert Quetelet en 1832, buscando construir un par&aacute;metro de &ldquo;normalidad&rdquo; para las personas de piel blanca, desde el Colegio de Criminolog&iacute;a Positivista, del que fue uno de los fundadores.
    </p><p class="article-text">
        Hijo obediente de su tiempo, Quetelet sosten&iacute;a que la gente negra, discapacitada y pobre era una especie separada de la civilizaci&oacute;n europea, y que en su condici&oacute;n salvaje deb&iacute;a ser esterilizada. Estaba obsesionado por encontrar el reflejo de las tendencias probabil&iacute;sticas en las poblaciones. Sus estudios justificaron pr&aacute;cticas de eugenesia, que es la pseudo disciplina que defiende la modificaci&oacute;n de los rasgos hereditarios mediante distintas formas de intervenci&oacute;n manipulada y m&eacute;todos de selecci&oacute;n humana. Sus estudios justificaron la discriminaci&oacute;n y sirvieron como herramienta colonial de racismo, tambi&eacute;n dieron sustento te&oacute;rico a las pr&aacute;cticas nazis de selecci&oacute;n de personas. En la actualidad, el IMC es uno de los implementos habituales que se usa para determinar qui&eacute;n tiene un cuerpo &ldquo;sano&rdquo; o con exceso. La industria farmac&eacute;utica, en nuestra cultura de las dietas, se sirve de este m&eacute;todo medidor para abultar su negocio.
    </p><p class="article-text">
        Pero, &iquest;qu&eacute; ocurrir&iacute;a si habit&aacute;ramos un mundo donde no nos ense&ntilde;aran que el cuerpo est&aacute; mal si tiene m&aacute;s de x cantidad de kilos o que algunos alimentos te da&ntilde;an? &iquest;Qu&eacute; pasar&iacute;a si tom&aacute;ramos la posta y nos hici&eacute;ramos cargo de nuestra vida sin estar a la expectativa de un n&uacute;mero inferior en la balanza?
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Mi cuerpo sol&iacute;a ser m&iacute;o&rdquo;, dice la activista estadounidense Virgie Tovar su libro <em>Tienes derecho a permanecer gorda</em>. Alude as&iacute; a su infancia, cuando al llegar de la escuela iba corriendo hasta su cuarto para tirar toda la ropa y, desnuda, se dirig&iacute;a hacia el jard&iacute;n donde mov&iacute;a, ondulaba, estiraba cada parte de su cuerpo. Su voz potente se alza contra el sometimiento frente a la cultura diet&eacute;tica. &ldquo;Los muslos, la panza, los mofletes, todo se bamboleaba&rdquo;. Gozaba de ese placer, lo acunaba. Pero pronto sus compa&ntilde;eros de colegio le se&ntilde;alaron que su cuerpo no estaba bien: sos gorda.
    </p><p class="article-text">
        Esos chicos no estaban solos. Hab&iacute;a toda una cultura que los respaldaba y que comenz&oacute; cuando a principios del siglo diecinueve, en los Estados Unidos, el reverendo presbiteriano Sylvester Graham comenz&oacute; a predicar los beneficios de la dieta y la abstinencia como camino hacia una vida superior. &ldquo;Algo as&iacute; como que la comida deliciosa, sabrosa e incluso picante te incitaba al sexo, a la masturbaci&oacute;n&hellip; &iexcl;Intolerable!&rdquo;, ironiza Tovar.
    </p><p class="article-text">
        No es inocente que la gula sea uno de los pecados capitales para la religi&oacute;n. Sacrificio, penitencia y culpa son elementos troncales del dogma cristiano y est&aacute;n internalizados en cada uno como un c&iacute;rculo nada virtuoso. &ldquo;El deseo se transforma en un arma de control. Si te hacen cuestionar tus deseos te conviertes en una persona desgraciada y por tanto m&aacute;s manipulable, lo que resulta muy provechoso al capitalismo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En 2010, Virgie tuvo una revelaci&oacute;n cuando en un congreso en Oakland vio a un grupo de mujeres nadando en bikini en una piscina. Estaban haciendo algo prohibido: vivir de manera emocionante el placer. Ellas un&iacute;an su actividad pol&iacute;tica en sus vidas personales y colectivas. No hay nada que le moleste m&aacute;s al opresor que el goce femenino.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No alineada con la ideolog&iacute;a de la aceptaci&oacute;n del cuerpo, el body positive al que adhiri&oacute; en el comienzo de su recorrido, Tovar reivindica el feminismo gordo pol&iacute;tico porque no s&oacute;lo defiende lo individual sino lo social. Ella deja en claro que es notoria la diferencia entre acceder a un privilegio y conquistar un derecho humano, en una sociedad donde la gordura equivale a una categor&iacute;a humana inferior, indisciplinada, fea, vergonzante.
    </p><p class="article-text">
        Tovar creci&oacute; en un medio religioso con la idea de que el cuerpo ten&iacute;a un valor moral -el bien o el mal- seg&uacute;n su apariencia y su peso. Fueron d&eacute;cadas subsumida a ese mandato que intoxica a millones de mortales y que funciona como un femicidio asistido, f&iacute;sico y emocional.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Quer&iacute;a que mi vida tuviera ciertos giros de gui&oacute;n y pensaba que controlar mi peso era controlar el relato pero el futuro es una realidad cerrada herm&eacute;ticamente que no tiene ninguno de los l&iacute;mites &ndash; o el potencial para la magia &ndash; del presente&rdquo;, cont&oacute;. Su obsesi&oacute;n con la delgadez ten&iacute;a que ver con lo incorp&oacute;reo, con desasociarse de ella por completo, del presente y de su cuerpo. &ldquo;Estaba intentando matarme de hambre como camino a la libertad. Me hab&iacute;an ense&ntilde;ado que la p&eacute;rdida de peso era el factor clave que me conceder&iacute;a todos mis mayores deseos, pero la verdad es que no lo era. Porque no puedes encontrar el amor hacia ti misma en un camino pavimentado de odio hacia ti misma&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En un momento, tom&oacute; la decisi&oacute;n de abandonar esa creencia triste, su herida, y recuper&oacute; el disfrute de su cuerpo.&nbsp;Tir&oacute; abajo la idea de que las mujeres que no son delgadas &ldquo;nunca ser&aacute;n amadas, no ser&aacute;n dignas ni merecedoras de amor&rdquo; y que &ldquo;se nos vende un amor condicional hiriente, perjudicial, rid&iacute;culo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Tovar afirma que la cultura de la dieta y la supremac&iacute;a blanca est&aacute;n relacionadas porque a trav&eacute;s del discurso de preocupaci&oacute;n por la salud se enmascaran actitudes descalificadoras hacia la gordura, la etnia, la clase, el g&eacute;nero y las capacidades.&nbsp;Tambi&eacute;n asegura que el modo de transformar ese discurso, aunque dif&iacute;cil, es el activismo, la participaci&oacute;n colectiva, la generaci&oacute;n conjunta de nuevos canales de difusi&oacute;n sobre la vida gorda. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo hemos dicho otras veces: estar gorda se ha establecido como algo negativo, cuando en realidad el tama&ntilde;o del cuerpo no tiene un significado y carece de las asociaciones morales y sanitarias impuestas por la cultura en general. A las personas de gran tama&ntilde;o se nos usa de chivo expiatorio de los excesos, la inmoralidad y la relaci&oacute;n sin l&iacute;mite con el deseo y el consumo, que el mismo sistema promueve.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>LH</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/romper-obediencia_129_10298439.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 17 Jun 2023 03:01:22 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Romper con la obediencia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Laura Haimovichi]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Celebración del volumen]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/celebracion-volumen_129_10263776.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ea792599-d141-47ea-a6b6-97e79994b976_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Celebración del volumen"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los cuerpos grandes fueron protagonistas de lienzos y esculturas durante distintos períodos de la historia del arte. Desde la Venus de Hohle Fels, tallada en marfil hace unos 35 mil años, hasta las figuras actuales de las pinturas del colombiano Fernando Botero. Considerados una alabanza, sin balanza, a la belleza humana, las religiones se encargaron de disciplinar y reprimir su presunto exceso.
</p></div><p class="article-text">
        &iquest;Se imaginan si el planeta fuera todo llanura o exclusivamente monta&ntilde;as? Si s&oacute;lo hubiera agua nos ahogar&iacute;amos. Y si encontr&aacute;ramos exclusivamente piedras a nuestro paso, vivir&iacute;amos tropez&aacute;ndonos, da&ntilde;&aacute;ndonos. &iquest;Qu&eacute; pasar&iacute;a si el clima fuera parejo, homog&eacute;neo, sin cambios entre las estaciones? No s&oacute;lo nos resultar&iacute;a aburrido y poco atractivo, sino peligroso, porque la Naturaleza requiere de la biodiversidad para perpetuarse. Ella nos ense&ntilde;a y en nuestra capacidad de descubrir lo diferente, en la experiencia de nombrar con el lenguaje lo que vamos distinguiendo, nos volvemos m&aacute;s humanos. Ocurre con las personas lo mismo que con los espacios. Si todos fu&eacute;ramos iguales o si nos gustara lo mismo, acabar&iacute;amos como especie.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Contra el modelo de belleza dominante, el pintor colombiano <strong>Fernando Botero</strong> ha ofrecido una galer&iacute;a de pinturas de figuras robustas y gruesas para transmitir su b&uacute;squeda de la sensualidad a trav&eacute;s del volumen. &ldquo;As&iacute; se crean campos de color&rdquo;, ha explicado el artista de mayor resonancia internacional de su pa&iacute;s. Lo mismo ha hecho en nuestro pa&iacute;s el artista entrerriano <strong>Julio Lavall&eacute;n</strong>, creando obras maravillosas con gordas, inspirado en su modelo <strong>Claudia Nebbia</strong>, a quien hoy recordamos desde esta columna.
    </p><p class="article-text">
        Lo delgado y lo voluptuoso son motivo de goce, junto con todas sus posibilidades intermedias. &iquest;Qu&eacute; ser&iacute;an del uno sin el otro? L&iacute;neas finas, medianas y gruesas aplicadas a la anatom&iacute;a, durante la historia del arte, dan cuenta del enorme abanico que ofrecen la vida y la creaci&oacute;n, a trav&eacute;s del tiempo y del espacio.
    </p><p class="article-text">
        Veamos c&oacute;mo ha variado, por ejemplo, la representaci&oacute;n del cuerpo femenino. Hace menos de dos d&eacute;cadas se encontr&oacute; en Alemania la escultura de la Venus de Hohle Fels, tallada en marfil. Se trata de la figura de mujer m&aacute;s antigua, de entre 35 mil y 40 mil a&ntilde;os de antig&uuml;edad. Su aspecto difiere de lo que en nuestros d&iacute;as se considera un cuerpo normal: es redondeada, con una gran panza, pechos de grandes dimensiones y unas piernas contundentes que surgen de anchas caderas. La vulva enorme se ve con sus labios abiertos. Todo es franco, nada se disimula. &iquest;Habr&iacute;a juicio entonces?
    </p><p class="article-text">
        Continuemos con el paseo diacr&oacute;nico por obras que produjeron artistas relevantes, en el amanecer de la modernidad. All&iacute; est&aacute;, del veneciano <strong>Tintoretto</strong>, <em>Susana y los viejos</em>&nbsp;(de alrededor de 1565), donde en &oacute;leo sobre tela se ve a una mujer con un cuerpo generoso, de abundantes pliegues y curvas, observ&aacute;ndose a s&iacute; misma con aprobaci&oacute;n en un espejo, mientras unos mirones la esp&iacute;an con lujuria. En las <em>Tres Gracias</em>, que el barroco <strong>Rubens</strong> pint&oacute; hacia 1639, aparecen con un velo transparente los cuerpos con celulitis de Aglaya (Belleza), Eufr&oacute;sine (J&uacute;bilo) y Talia (Abundancia). Son f&eacute;minas que habitan sus anatom&iacute;as con elegancia y aceptaci&oacute;n. De hecho, una figura rubenesca refiere a la gordura atractiva de las mujeres voluptuosas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La belleza es un sistema monetario semejante al patr&oacute;n oro&rdquo;, escribe a comienzos de los a&ntilde;os noventa la escritora y analista feminista estadounidense <strong>Naom&iacute; Wolf </strong>para desmontar el mito de la belleza. &ldquo;Como cualquier econom&iacute;a est&aacute; determinado por lo pol&iacute;tico y en la actualidad &ndash;en Occidente- es el &uacute;ltimo y m&aacute;s eficaz sistema para mantener intacta la dominaci&oacute;n masculina. El hecho de asignar valor a la mujer dentro de una jerarqu&iacute;a vertical y seg&uacute;n pautas f&iacute;sicas impuestas por la cultura es una expresi&oacute;n de las relaciones de poder, seg&uacute;n las cuales las mujeres deben competir de forma antinatural por los recursos que los hombres se han otorgado a s&iacute; mismos&hellip;no hay justificaci&oacute;n hist&oacute;rica ni biol&oacute;gica para el mito de la belleza, sus efectos sobre la mujer de hoy son consecuencia de algo tan poco elevado como lo es la necesidad que tiene la estructura del poder, de la econom&iacute;a y de la cultura de montar una contraofensiva frente a las mujeres&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Nancy Cel&aacute;yez</strong>, pintora mendocina y especialista en g&eacute;nero y diversidad con una diplomatura en la Universidad del Aconcagua, nos recuerda que para <strong>Pierre Bourdieu </strong>todos los cuerpos procuran seguir un canon, lo que implica &ldquo;una violencia amortiguada, insensible, e invisible para sus propias v&iacute;ctimas, que se ejerce esencialmente a trav&eacute;s de los caminos puramente simb&oacute;licos de la comunicaci&oacute;n y del conocimiento o, m&aacute;s exactamente, del desconocimiento&rdquo;. Para el soci&oacute;logo franc&eacute;s, la fuerza simb&oacute;lica es una forma de poder que se ejerce directamente sobre los cuerpos y como por arte de magia, por lo tanto no requiere coacci&oacute;n ni violencia f&iacute;sica sobre la v&iacute;ctima, la aludida magia va a operar apoyada en unas disposiciones registradas por el sujeto, a la manera de unos resortes, en lo m&aacute;s profundo de los cuerpos.
    </p><p class="article-text">
        Por su parte, el soci&oacute;logo chileno <strong>Basti&aacute;n Olea Herrera</strong> sostiene que se ha instalado una tendencia dram&aacute;tica y creciente a la disminuci&oacute;n en el tama&ntilde;o corporal de las representaciones medi&aacute;ticas de la figura femenina ideal, en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. En 1980, <strong>David Garner </strong>y <strong>Paul Garfinkel </strong>&ldquo;realizaron un estudio emp&iacute;rico sobre los cambios hist&oacute;ricos que ha visto la representaci&oacute;n del cuerpo femenino en Estados Unidos, usando las medidas corporales de las modelos de Playboy y de participantes del concurso Miss Am&eacute;rica, junto a la cuantificaci&oacute;n de art&iacute;culos referidos a dietas en seis revistas populares para mujeres. Su conclusi&oacute;n fue la existencia de una tendencia cultural definida hacia un ideal corporal ligado a la delgadez femenina&rdquo;. Mientras la representaci&oacute;n de mujeres normativamente bellas se dirige hacia la delgadez extrema, el resto se exponen a paradigmas inalcanzables, de una delgadez imposible: s&oacute;lo el 5% de las mujeres poseen el tipo de cuerpo requerido para ser una modelo. Las modelos de Playboy pesan consistentemente menos cada a&ntilde;o, mientras que el peso promedio de las mujeres del mismo pa&iacute;s va en alza.
    </p><p class="article-text">
        Fueron las religiones monote&iacute;stas las que direccionaron esta tendencia, bas&aacute;ndose en la gula como pecado, en el disciplinamiento y en la voluntad para mantenerlo a raya. Es inherente al catolicismo lastimar el propio cuerpo y sancionar a quienes no son capaces, seg&uacute;n su criterio, de atenerse a la fuerza de voluntad. La corpulencia es un indicador de la excesiva debilidad moral del sujeto, bajo este modelo, lo que implica un descenso en la carnalidad, que es la contraposici&oacute;n del ascetismo. Desde su perspectiva, los cuerpos gordos ser&iacute;an corruptos y merecer&iacute;an ser condenados. 
    </p><p class="article-text">
        El autocontrol y la castidad construir&iacute;an personas alejadas de los excesos de consumo y placer y m&aacute;s cercanas a lo divino, de mayor superioridad &eacute;tica. En la actualidad, la visita a los consultorios m&eacute;dicos para poder encajar en la norma imperante es una manera de expiar el pecado, intentando regular el consumo de alimentos que el mercado voraz oferta sin parar.
    </p><p class="article-text">
        La belleza hoy equivale a delgadez y requiere de distintos grados de represi&oacute;n, pero vemos que no siempre fue as&iacute;. Es dif&iacute;cil, aunque no imposible romper con esa norma. La historia ense&ntilde;a que el cambio, las fuerzas m&oacute;viles, gu&iacute;an el devenir del ser humano. No hay fijeza sino variaci&oacute;n. Las distintas representaciones simb&oacute;licas surgidas en el universo del arte dan cuenta de la pluralidad est&eacute;tica y de las fisionom&iacute;as en nuestra especie. Los paradigmas de belleza son socialmente construidos y se pueden cambiar en procura de alojar a todos los cuerpos.
    </p><p class="article-text">
        <em>LH</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/celebracion-volumen_129_10263776.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 03 Jun 2023 03:02:40 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Laura Haimovichi,Venus de Hohle Fels]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Fuera de línea]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/fuera-linea_129_10218062.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/98a217e7-957a-4019-b6fb-38621cee9fd0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Fuera de línea"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Encontrar ropa para las corporalidades diferentes es una odisea difícil de evitar. Siete de cada diez personas no encuentran ropa para su talle. Un tema para la novela negra Mujer equivocada. 
</p></div><p class="article-text">
        Hasta tanto la ley de talles sea una realidad de cumplimiento efectivo en todo el pa&iacute;s, es decir que los comercios dispongan de ropa para todos los cuerpos que habitamos el suelo argentino, en una gama amplia de medidas, sin exclusiones, una de las actividades menos atractivas para las personas gordas es salir a comprar ropa.
    </p><p class="article-text">
        El Congreso aprob&oacute; la norma en 2019, en 2021 se reglament&oacute;, pero todav&iacute;a siete de cada diez personas tienen dificultades para encontrar prendas de su talle. Es la expresi&oacute;n de una sociedad no inclusiva, que no considera las diversidades corporales.
    </p><p class="article-text">
        No s&oacute;lo es una frustraci&oacute;n intentar encontrar la ropa que deseamos y que s&oacute;lo se ofrece para cuerpos peque&ntilde;os, sino que muchas veces, adem&aacute;s, nos encontramos con que detr&aacute;s del mostrador hay alguien que, gratuitamente, nos trata mal. Es humillante.
    </p><p class="article-text">
        Para quien no tuvo la desdicha de experimentarlo, la escena t&iacute;pica suele ser as&iacute;: ingres&aacute;s a un local para comprar, es decir, ten&eacute;s la intenci&oacute;n de desembolsar tu dinero a cambio de una prenda que quer&eacute;s lucir y por la que vas a pagar, lo que de por s&iacute; constituye un esfuerzo para la mayor&iacute;a de las personas, e inmediatamente sos bochada con la frase de la vendedora o el vendedor de turno: &ldquo;Para vos, no tenemos nada&rdquo;, mientras con total impunidad, esa persona que deber&iacute;a atenderte con respeto&nbsp;te inspecciona el cuerpo desde la cabeza hasta la punta de los pies, como si te estuviera sacando una placa radiogr&aacute;fica y vos te qued&aacute;s muda y absorta.
    </p><p class="article-text">
        Nunca, por supuesto, te sent&iacute;s lo suficientemente curtida para soportar ese examen que no quisiste rendir, hasta tener que hacer malabarismos para quitarte tus propias prendas y probarte la que te fascin&oacute; en la vidriera, sin que tires el cortinado del probador al piso porque el probador es diminuto y no pod&eacute;s moverte con comodidad adentro de ese fr&aacute;gil cub&iacute;culo.
    </p><p class="article-text">
        Es interesante recordar que el sistema de talles y medidas no es algo que est&aacute; inscripto en la naturaleza. Es parte de una construcci&oacute;n hist&oacute;rica y geogr&aacute;fica tambi&eacute;n, que aparece en un momento concreto, durante la Revoluci&oacute;n Industrial en Inglaterra y de la mano de la antropometr&iacute;a, una disciplina destinada a medir huesos y cr&aacute;neos en esos otros territorios -la Terra Inc&oacute;gnita de los mapas antiguos- que la Europa expansionista invad&iacute;a para conquistar y colonizar. Esta misma antropometr&iacute;a, inventada para justificar la inferioridad racial y aplicar desde ah&iacute; el racismo cient&iacute;fico, es la que tambi&eacute;n va a medir cu&aacute;les son los cuerpos correctos, es decir va a inventar las medidas correctas de un cuerpo, que se parece mucho m&aacute;s a la supremac&iacute;a blanca de los pa&iacute;ses conquistadores y expansionistas que a la diversidad de la gente de la periferia.
    </p><p class="article-text">
        No s&oacute;lo se han escrito cantidad de vol&uacute;menes supuestamente cient&iacute;ficos sobre el tema. Tambi&eacute;n se convirti&oacute; al gordo en el centro de un espect&aacute;culo televisivo s&aacute;dico sin darle al gordo espacio para que despliegue su voz propia.
    </p><p class="article-text">
        Felizmente, la ficci&oacute;n ha recreado la problem&aacute;tica incluso en g&eacute;neros narrativos impensados, d&aacute;ndole lugar a quienes suelen ser (mal) representados por la &uacute;nica verdad de la cosm&eacute;tica y la medicina. Me lo advierte un lector, Gabriel Wainstein, quien conduce el programa radial El dulce veneno de la novela negra, por Mestiza, que emite la Universidad Nacional Arturo Jauretche los martes a las 21 y me env&iacute;a un fragmento del libro Mujer equivocada, de la escritora uruguaya Mercedes Rosende.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hola &Uacute;rsula, bienvenida al mundo de los gordos, donde todos los espejos te dan malas noticias. Pienso: el sobrepeso lleg&oacute; sigilosamente, casi sin que me diera cuenta. No, no es cierto que no me diera cuenta, un d&iacute;a te aprieta un bot&oacute;n, otro dia te cuesta un poco cerrar el cierre, y ninguno de esos datos tomados en forma aislada significan nada: la menstruaci&oacute;n te hincha, son gases, retenci&oacute;n de l&iacute;quidos, &iquest;no tendr&eacute; un fibroma? Hasta hace poco tiempo el m&eacute;dico encontraba equilibrada mi relaci&oacute;n peso-altura; est&aacute; en un percentil saludable, dec&iacute;a. &iquest;Cu&aacute;ndo fue que la salud empez&oacute; a ser m&aacute;s importante que la belleza? &iquest;Despu&eacute;s de los setenta, setenta y cinco kilos? &iquest;Desde cu&aacute;ndo a alguien le importa tener cintura, piernas, caderas saludables?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        -&iquest;C&oacute;mo le qued&oacute;? -escucho gritar a la vendedora-.
    </p><p class="article-text">
        -No me entra, &iquest;me tra&eacute;s un talle m&aacute;s?
    </p><p class="article-text">
        -No, no tenemos, ese era el m&aacute;s grande.
    </p><p class="article-text">
        Paf, recibo el sopapo. Un calor s&uacute;bito trepa por mi pecho y la cara, las orejas me arden. El vestido, que no bajo m&aacute;s all&aacute; de la cintura, queda trabado entre las axilas y la cabeza al intentar sacarlo, y la tela espesa me sumerge en una oscuridad sin aire. Hago fuerza, tiro hacia arriba, trato de liberarme, agito los brazos, mis codos empujan, la puta que la pari&oacute; a la vendedora, &iquest;c&oacute;mo que no hay otro talle?, las nalgas golpean contra las paredes de madera del probador que de pronto me aprietan, me comprimen, me ahogan. No logro sacarme el vestido, no veo nada y me falta el aire, la transpiraci&oacute;n me moja la espalda, el pecho, este trapo de mierda no sale, por Dios, &iquest;por qu&eacute; no sale?, tironeo con m&aacute;s fuerza y ya sin pensar en las costuras, pero pensando en la mujer que est&aacute; ah&iacute; fuera, la bronca, las ganas de llorar y salir y tirarle el vestido en la cara, hago fuerza, tiro y tiro, me lo arranco, cruje el hilo roto, la tela desgarrada.
    </p><p class="article-text">
        Emerjo y respiro. Respiro.&ldquo;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sin piedad ni justicia para los diferentes, el control social de los cuerpos se filtra en cada gesto cotidiano, una realidad a la que todos estamos forzados para estar en l&iacute;nea, un mecanismo para disciplinarnos y mantenernos en la jerarqu&iacute;a inferior de las variadas corporalidades, que nos convierte en v&iacute;ctimas y muchas veces en repetidores del maltrato.
    </p><p class="article-text">
        <em>LH</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/fuera-linea_129_10218062.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 20 May 2023 03:01:49 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Fuera de línea]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Laura Haimovichi]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El peso de la mirada]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/peso-mirada_129_10102325.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/345efc54-69b9-40ee-a93e-3a8529b6565b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El peso de la mirada"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Vivimos en un mundo que cada vez más penetra por los ojos. La vista llega antes que las palabras, señaló el escritor y crítico de arte John Berger. En ese contexto, las personas gordas quisieran ser invisibles, aunque se les intenta hacer sentir que siempre fracasan. Sin embargo, el activismo va cambiando, poco a poco, los modos de ver.</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;La vista llega antes que las palabras. El ni&ntilde;o/a mira y ve antes de hablar&rdquo;, escribe el londinense <strong>John Berger</strong>, en su ya legendario libro <em>Modos de ver</em>. Berger, quien se form&oacute; como pintor en su juventud en la Central School of Arts, fue cr&iacute;tico de arte y un escritor cr&iacute;tico de la sociedad donde vivi&oacute;, le da al sentido visual, a la mirada, un lugar central, determinante. Las im&aacute;genes configuran las maneras en qu&eacute; pensamos y comprendemos la realidad y lo hacen en forma paralela al aprendizaje del lenguaje oral y escrito.
    </p><p class="article-text">
        Escribe con lucidez el autor de <em>Puerca tierra</em> y <em>Lila y Flag</em>: &ldquo;El prop&oacute;sito de la publicidad es que el espectador se sienta marginalmente insatisfecho con su modo de vida presente. No con el modo de vida de la sociedad, sino con el suyo dentro de esa sociedad. La publicidad le sugiere que, si compra lo que se le ofrece, su vida mejorar&aacute;. La ofrece una alternativa mejorada a lo que ya es&rdquo;. Evoca una ausencia, una falta que, consumo mediante, se podr&iacute;a paliar.
    </p><p class="article-text">
        Las escenas se expanden y se reiteran a trav&eacute;s de los medios de comunicaci&oacute;n, las redes, las publicidades callejeras y, a fuerza de repetirse, se convierten en el equivalente a la verdad para quienes asistimos pasivamente a ellas. Si compro x objeto lograr&eacute; que me&nbsp;acepten, que me respeten, que me amen. 
    </p><p class="article-text">
        No siempre la percepci&oacute;n a trav&eacute;s del ojo tuvo ese valor. En las sociedades que el gran antrop&oacute;logo nacido en Bruselas <strong>Claude Levi Strauss </strong>caracteriz&oacute; como aut&eacute;nticas (poco contaminadas por el avasallamiento de la civilizaci&oacute;n) el valor de verdad lo ten&iacute;a la palabra, algo que -sabemos- poco a poco se ha ido perdiendo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Vivimos en un mundo que cada vez m&aacute;s penetra por la vista. Los bienes y servicios que dominan nuestras vidas se promocionan a trav&eacute;s de escenas donde las personas alcanzan la felicidad a trav&eacute;s de la compra de art&iacute;culos. Pero &iquest;Nos proporciona un bienestar duradero y profundo la adquisici&oacute;n de una cartera, un par de zapatillas o un celular? &iquest;es cierto que esa promesa se cumple?
    </p><p class="article-text">
        La misi&oacute;n de alcanzar la felicidad nos agobia. Nos persiguen y abruman los slogans con buenos augurios a cambio de una simple transacci&oacute;n comercial. La invasi&oacute;n de lo que debemos ser y hacer dificulta detenerse y demorarse en la reflexi&oacute;n. Como dice la feminista inglesa criada en Australia <strong>Sara Ahmed</strong>, la promesa de una econom&iacute;a de la felicidad nos arrastra como un tsunami a elegir buscar un imposible en forma individual, en lugar de luchar junto a otras personas para hermanarnos con ellas. All&iacute; est&aacute;n los &iacute;ndices anuales de pa&iacute;ses felices (&iquest;c&oacute;mo y qui&eacute;n los mide?) como ejemplo de los productos de investigaci&oacute;n de una presunta nueva ciencia.
    </p><p class="article-text">
        Creemos que se trata de una ilusi&oacute;n, y una forma encubierta de control y disciplinamiento para que las industrias de la dieta, la cosm&eacute;tica y la salud contin&uacute;en engrosando sus arcas. Nos venden la idea de que cuando logramos concretar la compra o el pago, ese gesto tan caro a la sociedad de consumo, alcanzamos un estado ideal del que carec&iacute;amos. Pero esa sensaci&oacute;n estalla en mil pedazos y lo que aparece es una enorme frustraci&oacute;n, proporcional a la esperanza que ten&iacute;amos respecto del placer esperado. Con el costo adicional de haber invertido energ&iacute;a, dinero, expectativas.
    </p><p class="article-text">
        Es lo que suele pasar con las recetas de adelgazamiento, con la magia de las dietas, con los tratamientos para bajar de peso o eliminar lo que no nos gusta de nuestro cuerpo. Nada de eso es garant&iacute;a de una vida mejor. Desarmar la fantas&iacute;a de vivir en ese castillo, descoser esa costura, desinflar los argumentos son tareas duras, constantes, dif&iacute;ciles. 
    </p><p class="article-text">
        Nos dicen: nunca vas a ser feliz hasta que adelgaces. Y nos muestran el antes y el despu&eacute;s de una persona que pas&oacute; de gorda a flaca o un cuerpo delgado con una sonrisa contagiosa. Como si esas personas no conocieran la angustia y la desdicha y fueran garant&iacute;a de salud y bienestar. Es un chantaje. 
    </p><p class="article-text">
        Porque las im&aacute;genes de los objetos asociados a la felicidad est&aacute;n fuertemente anudadas y ejercen una especie de violencia sobre las personas: si no lo ten&eacute;s, si no lo compr&aacute;s, no sos, no exist&iacute;s, no pertenec&eacute;s, no val&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Es unidireccional y s&oacute;lo se puede revertir en forma colectiva, enlazados a otros, sin ir en una &uacute;nica direcci&oacute;n, pluralizando.
    </p><p class="article-text">
        Como escribe <strong>Luz Moreno</strong> en su libro <em>Gorda traidora</em> (Bocas Pintadas Editorial) &ldquo;la felicidad nos orienta a determinados objetos. El cuerpo puede ser pensado en t&eacute;rminos actuales como la obsesi&oacute;n del capitalismo neoliberal. La responsabilidad de esa felicidad se centra en lograr los c&aacute;nones corporales para obtener mayor &eacute;xito y visibilidad social de manera individual. El cuerpo hegem&oacute;nico promete un para&iacute;so de deseabilidad y de oportunidades libres de violencia. La felicidad, entonces, involucra una serie de niveles desde aquello que intenciona esa alegr&iacute;a, desde los m&uacute;sculos marcados o el uso de las llamadas tallas &uacute;nicas, hasta aquellas cosas que juzgamos como felices o no seg&uacute;n el juicio de cada quien&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Claro que una vez alcanzada algo parecido al modelo ideal, siempre hay algo que corregir porque no somos &ldquo;perfectos&rdquo;. El fracaso debe ser incesante porque el sistema de producci&oacute;n necesita que su maquinaria no se interrumpa de ning&uacute;n modo, que siga funcionando a pleno. El mercado nos ofrece siempre alg&uacute;n producto para contrarrestar lo que nos sobra o nos falta.
    </p><p class="article-text">
        Hemos normalizado la violencia, hemos incorporado la mirada condenatoria, que no quieran tenernos cerca, la palabra que nos quiere dirigir porque parece ley de vida que nos vigilen y castiguen, con o sin argumentos, por tener un cuerpo distinto al que se presenta como bueno. Hasta hace muy poco tiempo la impunidad para maltratarnos no ten&iacute;a respuesta. Pero ahora tenemos repuestos, hay palabras, insumos para luchar contra esa colonizaci&oacute;n. Podemos decir no, exigir que se callen frente a nuestros cuerpos, que se cumpla la ley de talles, expandir conciencia. Ya no somos insuficientes, ni inferiores, tenemos que escondernos a llorar en los rincones vivimos de alquiler.
    </p><p class="article-text">
        Nos falta, eso s&iacute;, unirnos con las personas viejas, las que tienen granos o estr&iacute;as, la gente sin dinero, la que tiene celulitis, los maltratados por el color de su piel. Tengo la intuici&oacute;n de que el d&iacute;a que logremos tomar conciencia de que las distintas formas de discriminaci&oacute;n forman parte del mismo sistema, todo florecer&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        <em>LH</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/peso-mirada_129_10102325.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 08 Apr 2023 03:02:03 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El peso de la mirada]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Laura Haimovichi]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Como si fueran monstruos y bestias]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/si-fueran-monstruos-bestias_129_10059384.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6ba4b3d1-bdd3-4be9-9b1f-d6699180f9d4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Como si fueran monstruos y bestias"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La representación generalizada de los personajes gordos en el cine y en la tele los ridiculiza o victimiza. Eso sí, se acude a intérpretes delgados y fashion para ganar audiencias y se los disfraza para engrosar sus cuerpos ¿Se contarán alguna vez historias de personas con cuerpos anchos y una vida que no esté centrada en su peso? </p></div><p class="article-text">
        &iquest;Viste alguna vez una pel&iacute;cula, programa de tele o serie, donde la persona gorda tenga otras experiencias y vivencias que no sean el conflicto por su tama&ntilde;o y por su peso?
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Formaste parte del p&uacute;blico de alguna existencia ficcional protag&oacute;nica, com&uacute;n y corriente, como la del resto de los mortales, de alguien que porta un cuerpo distinto del que imponen las normas?
    </p><p class="article-text">
        Parece que, en las escenas creadas por guionistas y realizadores de fantas&iacute;as audiovisuales, a les gordes no les ocurre otra cosa que no sea el padecimiento por la abundancia de grasa en su cuerpo. Nada de que a una persona gorda la atraviesen el amor, la amistad, el trabajo, el tiempo libre, la relaci&oacute;n con les padres o les hijes, y donde el eje dram&aacute;tico no pivotee alrededor de su volumen corporal. Toda su vida gira siempre en torno del kilaje.
    </p><p class="article-text">
        La gordura ha alcanzado la categor&iacute;a de bestialidad, vampirismo y monstruosidad. Es el resultado de una sociedad peso centrista, donde les gordes son enfocados desde el cuestionamiento de su supuesta problem&aacute;tica. Elles siempre tienen que achicar su cuerpo para alcanzar la salud y el bienestar, es decir la felicidad.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de la excitaci&oacute;n de los Oscar, la alfombra roja y la competencia por el vestido m&aacute;s brillante y la joya m&aacute;s cara, podemos detenernos a pensar c&oacute;mo la industria del cine hollywoodense y todas las cinematograf&iacute;as replicadoras de su modelo han representado la vida gorda. Salvo contadas excepciones que confirman la regla, como <strong>Lena Dunham</strong> y <strong>Melissa McCarthy</strong>, (las actrices de <em>Girls</em> y de <em>Las chicas Gilmore</em>, respectivamente) las personas gordas son causa de risas y llantos solo por su cuerpo, caricaturas deformes de lo que deber&iacute;an ser. Gordes, no como sujetos, sino como objeto de chiste o como v&iacute;ctimas del resto del mundo. Esas son las &uacute;nicas representaciones que le ofertan las pantallas a los espectadores. Una encarnaci&oacute;n distorsionada y reduccionista.
    </p><p class="article-text">
        La gordura, en la vida real y en la ficticia, sigue siendo causa de rechazo y discriminaci&oacute;n. &ldquo;De chica sufr&iacute; violencia m&eacute;dica, yo estaba ultra sana, pero una pediatra me puso 18 mil dietas con muy poca edad&rdquo;, recuerda la actriz <strong>Laura Gal&aacute;n</strong>, protagonista de la pel&iacute;cula <em>Cerdita</em> (por la que gan&oacute; el Goya a la mejor actriz en 2022). &ldquo;Estaba obsesionada con mi peso, iba a pesarme todas las semanas&rdquo;, cont&oacute; la protagonista de la pel&iacute;cula en la que un grupo de chicas flacas segrega a un par por su cuerpo diferente. 
    </p><p class="article-text">
        Estos estereotipos son tomados y aplicados por los creadores de cine y series. &ldquo;En el momento en el que las mujeres no somos deseables seg&uacute;n los c&aacute;nones establecidos no se nos pone en pantalla&rdquo;, afirma Gal&aacute;n, consciente de que no hubiera sido elegida en un casting para convertirse en un personaje sexy.
    </p><p class="article-text">
        Dicen @brownssugahh y @ lainsumisa que en <em>La ballena</em> (<em>The Whale</em>) &ldquo;el personaje de Charlie interpretado por <strong>Brendan Fraser</strong> est&aacute; de luto por la muerte de su amante. Pasa sus d&iacute;as dando una clase de escritura creativa a distancia con la c&aacute;mara apagada y discutiendo con su hija hostil. La escena inicial lo muestra masturb&aacute;ndose tan fren&eacute;ticamente que casi sufre un infarto. A pesar de las muchas veces que se le muestra comiendo, en ning&uacute;n momento disfruta de la comida o la saborea&rdquo;. Traga tan r&aacute;pido que no mastica y en una escena casi se ahoga. Charlie no tiene existencia fuera de la gordura. Es una ballena. Y el p&uacute;blico acude al cine como tibur&oacute;n, con la ferocidad de un depredador.
    </p><p class="article-text">
        Las pantallas han cimentado e incrementado la visi&oacute;n antigorda de la sociedad con todos sus prejuicios y fobias. Y en general, a esas figuras las representan int&eacute;rpretes delgados y fashion, aseguradores de audiencias, que se ponen artefactos que les inflan el cuerpo para interpretar roles ridiculizados. L&aacute;tex, goma espuma y silicona pintada se aplica sobre la piel para crear la ilusi&oacute;n de una superficie engrosada.
    </p><p class="article-text">
        Es un dibujo, pero Homero Simpson encarna al gordo idiota, como si esas dos caracter&iacute;sticas fueran indivisibles. Pero volvamos a la carne y al hueso del asunto. La representaci&oacute;n ficcional de la gordura en cine y tele se sostiene para perpetuar una idea colonial y este imaginario ignora la verdad de la experiencia de un grupo hist&oacute;ricamente oprimido por un grupo social dominante. Gordura como anomal&iacute;a, enfermedad, amoralidad, invita a querer corregir y corregirse siempre.
    </p><p class="article-text">
        En el flashback de un episodio de <em>Friends</em>, una de las series m&aacute;s exitosas de los 90, el personaje de M&oacute;nica (<strong>Courtney Cox</strong>) usa el artilugio de un disfraz que la infla para representar a una chica obsesionada con la comida, insegura, traga (de libros y de alimentos). Sin amigos ni vida amorosa es un fracaso hasta que logra bajar de peso. 
    </p><p class="article-text">
        Cuenta <strong>Gwyneth Paltrow</strong> sobre lo ocurrido durante los par&eacute;ntesis del rodaje de la pel&iacute;cula <em>Amor ciego</em> (<em>Shallow Hal</em>): &ldquo;El primer d&iacute;a que us&eacute; el traje de gorda me encontraba en Tribecca Grand, de Nueva York, camin&eacute; por el lobby del hotel muy triste. Era muy perturbador. Nadie hac&iacute;a contacto visual conmigo porque era obesa&rdquo;.&nbsp;En el filme, el personaje masculino se enamora de una Paltrow que anima a Rosemary en traje de una gorda de 150 kilos. &Eacute;l la ve como si fuera una mujer flaca. El mensaje es que la belleza viene en paquete delgado, blanco, rubio y el remate feliz es con una Rosemary transformada en una persona magra.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Julia Roberts</strong> tambi&eacute;n se visti&oacute; de gorda en <em>La pareja del a&ntilde;o</em>. En el programa de <strong>Ophrah Winfrey</strong> cont&oacute; que los maquilladores le sugirieron que durmiera una siesta durante las largas y tediosas sesiones. &ldquo;De ninguna manera, si llegara a hacer eso y al despertarme me viera con 40 kilos de m&aacute;s, perder&iacute;a el sue&ntilde;o para siempre&rdquo;, dijo. 
    </p><p class="article-text">
        El cine y la tele son los medios para perpetuar la idea de que la gordura es un permanente estado de transici&oacute;n, algo que debe transformarse para recuperar una inexistente sensaci&oacute;n de control, el s&iacute;mbolo del manejo absoluto del exceso. 
    </p><p class="article-text">
        En la pel&iacute;cula <em>Matilda, el musical</em>, <strong>Emma Thompson</strong> juega el rol de la se&ntilde;orita Trunchbull, una ex atleta ol&iacute;mpica, brusca e imponente, una gorda mala que hace temblar a la criatura m&aacute;s valiente. Y la lista sigue: <strong>Eddie Murphy</strong> en <em>El profesor chiflado</em>, <strong>Martin Lawrence</strong> en <em>Mi abuela es un peligro</em> y <strong>Mike Myers</strong> en <em>Austin Powers</em> tambi&eacute;n se disfrazaron y engrosaron para ridiculizarlos y generar la burla del p&uacute;blico. Las narrativas audiovisuales confirman el prejuicio contra les gordes al retratarles como payasos, o gente triste y falta de voluntad.
    </p><p class="article-text">
        <em>LH</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/si-fueran-monstruos-bestias_129_10059384.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 25 Mar 2023 03:01:28 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Como si fueran monstruos y bestias]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Laura Haimovichi]]></media:keywords>
    </item>
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