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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Louis Aragon]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/louis-aragon/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Louis Aragon]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El sexo de las serpientes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/sexo-serpientes_129_10064454.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/691281d1-113f-4e50-88b1-4da5e0e2de4d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El sexo de las serpientes"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un hada, una maldición y un secreto traicionado. A partir de una leyenda artúrica, la de la bella Melusina, Cécile McLorin Salvant lo hizo de nuevo: un disco perfecto, tan bello como imprevisible. 
</p></div><p class="article-text">
        <strong>Sigmund Freud</strong>, en una de sus cartas a <strong>Yvette Guilbert</strong>, menciona una canci&oacute;n. Ella, estrella del cabaret retratada por <strong>Henri de Toulouse-Lautrec</strong> en 1893 y esposa de <strong>Max Schiller</strong>, un m&eacute;dico amigo del autor de <em>La interpretaci&oacute;n de los sue&ntilde;os</em>, grab&oacute; en 1928 una antigua pieza an&oacute;nima sobre un texto del Siglo XIV, escrito por <strong>Eustache Deschampes</strong>: &ldquo;Ditesmoi que je suis belle&rdquo;. Y Freud &ndash;cazador cazado&shy;&ndash; incurre en un fallido. Al nombrar la canci&oacute;n cambia involuntariamente &ldquo;que&rdquo; por &ldquo;si&rdquo; (&ldquo;Ditesmoi si je suis belle&rdquo;), con lo que lo que era una afirmaci&oacute;n se convierte en una pregunta.
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    </figure><p class="article-text">
        Pero el &eacute;nfasis del vien&eacute;s no est&aacute; all&iacute; sino en la repetici&oacute;n de &ldquo;dime, dime, dime&rdquo;. Una cierta obsesividad que en la versi&oacute;n filo haitiana, bordeando una profusa percusi&oacute;n, de <strong>C&eacute;cile McLorinSalvant</strong> se convierte casi en una maldici&oacute;n. La maldici&oacute;n &shy;&ndash;y la traici&oacute;n y sus castigos&ndash; est&aacute; en el centro, en todo caso, de <em>M&eacute;lusine,</em> su notable nuevo disco, que acaba de publicarse este viernes 24 de marzo.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure><p class="article-text">
        McLorin Salvant, hija de haitiano y francesa nacida en las cercan&iacute;as de Miami y educada vocalmente en el Conservatorio Darius Milhaud de Aix-en-Province, en Francia, dice: &ldquo;Pienso que lo que trato de hacer es m&aacute;s parecido a revelar secretos que a contar historias&rdquo;. Y completa, refiri&eacute;ndose a <em>M&eacute;lusine</em>, &ldquo;revelar secretos es tambi&eacute;n el papel de la serpiente en el Jard&iacute;n del Ed&eacute;n. La serpiente trae secretos, conocimiento, dolor y caos&rdquo;. El primer texto sobre M&eacute;lusine es una pieza teatral con ese t&iacute;tulo, escrita por <strong>Jean D&rsquo;Arras</strong> en 1392 para inventarle un pasado m&iacute;tico a los duques de Lusignan. Hubo una versi&oacute;n en prosa, publicada por el librero Couldrette en 1401, y una ampliaci&oacute;n, <em>La bella Melusina</em>, escrita en alem&aacute;n por <strong>Thiiringvon Ringoltingen</strong> en 1456. Todas cuentan m&aacute;s o menos la misma historia: un hada crecida en Avalon, la &uacute;ltima morada del Rey Arturo, se convierte cada s&aacute;bado en un ser con cuerpo de serpiente &ndash;de la cintura hacia abajo&shy;&shy;&ndash; y ese d&iacute;a no debe ser vista por ning&uacute;n mortal. El bueno de Raymondin, su marido, sucumbe &ndash;por supuesto&ndash; a la curiosidad y perfora con su espada la puerta y la esp&iacute;a mientras se ba&ntilde;a. Ella entonces abandona el mundo terrestre, convertida en drag&oacute;n. Un agujero, una espada, el cuerpo de una v&iacute;bora &ndash;tan sin sexo y tan f&aacute;lico a la vez&ndash;, el fuego. Demasiados s&iacute;mbolos hasta para Freud, podr&iacute;a decirse. &ldquo;La historia de M&eacute;lusine&ndash;afirma <strong>McLorin Salvant</strong>&ndash; es tambi&eacute;n la historia del poder destructivo de la mirada. La espada de Raymondin perfora un agujero en su puerta de hierro. Su mirada tambi&eacute;n. La mirada es transformadora y combustible. Ella ve que &eacute;l la est&aacute; viendo en secreto. Su secreto es revelado. Esta doble mirada la convierte en un drag&oacute;n. Ahora puede respirar fuego.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        El fuego es, eventualmente, otro de los ejes de este disco extraordinario en que la cantante vuelve a lograr lo imposible: decir algo nuevo en un territorio que parec&iacute;a ya clausurado para siempre. O, por lo menos, condenado al submundo del entretenimiento de hotel o la m&uacute;sica de fondo para reuniones &iacute;ntimas: el de las cantantes de jazz. &ldquo;Me siento consumir por un fuego secreto/ sin poder aliviar el mal que me posee&rdquo;, canta en &ldquo;De un fuego secreto&rdquo;, una canci&oacute;n cortesana compuesta por <strong>Michel Lambert </strong>en 1660 que aqu&iacute;&nbsp;transforma la tablatura de la&uacute;d del acompa&ntilde;amiento original en un enigm&aacute;tico juego de espejos y repeticiones a cargo de sintetizadores &ndash;y del gran tecladista <strong>Sullivan Fortner</strong>&ndash; . Hay tambi&eacute;n otras canciones antiguas, escritas en occitano por trovadoras del siglo 12 y, en uno de los casos, traducida al franc&eacute;s criollo de Hait&iacute; y, desde ya, al mundo sonoro de la cantante que aqu&iacute;, como en todos sus discos anteriores, encuentra placer en sentirse m&aacute;s parte de un grupo que solista; junto con Fortner, que adem&aacute;s de sintetizadores toca piano, kalimba y celesta, participan de la aventura otro colaborador habitual, el pianista <strong>Aaron Diehl</strong>, <strong>Paul Sikivie</strong> y <strong>Luques Curtis</strong> en bajos, Godwin Louis en saxo alto, silbatos y voz, <strong>Weedie Braimah</strong> en percusi&oacute;n y djembe, <strong>Daniel Swenberg</strong> en guitarra y los bateristas <strong>Lawrence Leathers</strong>, <strong>Kyle Pool</strong> y <strong>Obed Calvaire</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Un texto de <strong>Louis Aragon</strong> convertido en canci&oacute;n por <strong>L&eacute;o Ferr&eacute;</strong> &ndash;&ldquo;Est-ce ainsi que les hommesvivent?&rdquo;&ndash;, una canci&oacute;n de <strong>Charles Trenet </strong>compuesta para un film de <strong>Pierre Caronen </strong>en 1938 &ndash;&ldquo;La route enchant&eacute;e&rdquo;&ndash;, &ldquo;Ilm&rsquo;avuenue&rdquo;, una pieza escrita en 1927 por <strong>Pierre Chagnon</strong>, <strong>Jean Delabre</strong>, <strong>Fran&ccedil;ois Pruvost</strong>, <strong>Modesto Romero Mart&iacute;nez</strong> y <strong>Georges Thenon</strong>, &ldquo;Petite musique terrienne&rdquo; (del musical <em>Starmania</em>) y &ldquo;Le tempsestassassin&rdquo; de V&eacute;ronique Sanson, alternan con cinco canciones propias, algunas de ellas muy breves, que rondan el personaje de M&eacute;lusine y los diferentes nombres que acompa&ntilde;an sus apariciones, &ldquo;Doudou&rdquo;, &ldquo;Aida&rdquo;, &ldquo;Wedo&rdquo;, &ldquo;Fenestra&rdquo; y &ldquo;M&eacute;lusine&rdquo;, todas con arreglos del saxofonista del grupo. &ldquo;Este disco &ndash;que est&aacute; cantado mayormente en franc&eacute;s&ndash; tiene que ver, en parte, con ese sentimiento de ser un h&iacute;brido, una mezcla de diferentes culturas, que he experimentado no solo como nativa de los Estados Unidos e hija de dos inmigrantes de primera generaci&oacute;n, sino como alguien criado en una familia mestiza, de varios pa&iacute;ses diferentes , con diferentes idiomas que se hablan en el hogar&rdquo;, reflexiona la cantante. &ldquo;Este disco combina elementos de la mitolog&iacute;a francesa, del <em>vaudoo</em> haitiano e, inevitablemente, de mis escuchas y aprendizajes&rdquo;, define.
    </p><p class="article-text">
        A los 34 a&ntilde;os, &ldquo;la cantante m&aacute;s importante surgida en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas&rdquo; seg&uacute;n <em>The New York Times</em>, sigue sorprendiendo. Cada uno de sus discos es absolutamente diferente del anterior y, en realidad, de cualquier cosa hecha antes en el universo del jazz y alrededores. Tiene la inteligencia de elegir el jazz como un punto de observaci&oacute;n, como un lugar desde el cual leer, y no como una religi&oacute;n ni como un manual de instrucciones cerrado. Su misterio, tal vez, no sea diferente del de otros grandes artistas y radique en un doble prodigio: la posibilidad de hacer algo imposible para otros y la de lograr, a la vez, que tal cosa parezca lo m&aacute;s natural del mundo. Cada una de las inflexiones, la precisi&oacute;n de su fraseo y su afinaci&oacute;n, el control del timbre, la densidad y el color bordados sonido por sonido, son apenas los medios para algo que est&aacute; m&aacute;s all&aacute;. Su disco <em>WomanChild</em>, publicado en 2013, fue el primero en editarse en los Estados Unidos &ndash;seis a&ntilde;os antes hab&iacute;a grabado en Francia&ndash; y signific&oacute; una revoluci&oacute;n; fue elegido como el mejor del a&ntilde;o y ella fue ungida como mejor cantante, artista del a&ntilde;o y artista &ldquo;estrella naciente&rdquo; por la revista especializada <em>Down Beat</em>.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure><p class="article-text">
        Diez a&ntilde;os despu&eacute;s, la mujer serpiente &ndash;o la hibridez entendida como una de las bellas artes&ndash; es el punto de partida de otra obra maestra.
    </p><p class="article-text">
        <em>DF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Diego Fischerman]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/sexo-serpientes_129_10064454.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 25 Mar 2023 03:01:28 +0000]]></pubDate>
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