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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Empoderamiento]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Empoderamiento]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Sobre nuevas y antiguas masculinidades]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/nuevas-antiguas-masculinidades_1_10067500.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a0de679e-d29a-4dcd-b6f6-0b81834b50d5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Sobre nuevas y antiguas masculinidades"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La autora imagina un futuro "en el que podamos reivindicar para todos atributos que en otra época se entendían en femenino o en masculino" y en el que "podríamos valorar algunas cosas que históricamente hicieron a los varones sentirse varones (proteger, solucionar, defender) y pensarlas para chicas y chicos".</p></div><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, lentamente, la discusi&oacute;n sobre las &ldquo;nuevas masculinidades&rdquo; dio paso a la de la crisis de la masculinidad. Me parece bien. Escrib&iacute; alguna vez sobre nuevas masculinidades, pero siento que siempre hubo algo en ese marco conceptual que no me cerraba. En el fondo, me parec&iacute;a un problema aburrido. Me acord&eacute; de un profesor de filosof&iacute;a que tuve en el secundario con quien despu&eacute;s coincid&iacute; en una c&aacute;tedra del CBC, ya los dos como docentes. Para esa &eacute;poca, &eacute;l estaba rindiendo los ex&aacute;menes para entrar a la carrera diplom&aacute;tica, con ganas de entrar y trabajar pero con poca ilusi&oacute;n. Dec&iacute;a que despu&eacute;s de estudiar a&ntilde;os sobre relaciones internacionales y ret&oacute;rica &mdash;en la universidad se hab&iacute;a especializado en filosof&iacute;a cl&aacute;sica&mdash; se hab&iacute;a dado cuenta de que el problema es justamente, que los conflictos pol&iacute;ticos que de verdad importan son aquellos que no pueden resolverse conversando. Todo lo que puede dirimirse con debate y diplomacia es, en el fondo, un no problema. 
    </p><p class="article-text">
        Me pasa un poco lo mismo con el asunto de las nuevas masculinidades: me encantan los varones que se animan a hacer cosas que tradicionalmente eran de chicas, me encanta que los criemos para eso y que generemos contextos pol&iacute;ticos, institucionales y culturales para que puedan hacer lo que quieran y ser libres del mandato del macho, pero siento que los que quieren romper ese molde ya tienen la batalla medio ganada. Son los que entendieron, los que se adaptaron, los que tienen m&aacute;s herramientas para moverse en un mundo nuevo interactuando (sea sexualmente, si es lo que les gusta, o socialmente, les guste o no) con mujeres nuevas. Es un fen&oacute;meno que agradezco, el de las nuevas masculinidades, pero creo que no es el problema dif&iacute;cil. El problema dif&iacute;cil son los otros: los que no se adaptan, los que no encuentran c&oacute;mo construir una subjetividad y una forma de estar una vez que las herramientas que ten&iacute;an sus padres para hacerlo ya no est&aacute;n del todo disponibles, y las que s&iacute; est&aacute;n disponibles no terminan de quedarles a mano. Eso es para m&iacute;, a grandes rasgos, la crisis de la masculinidad, y creo que es un tema serio. 
    </p><p class="article-text">
        El ensayista <strong>Richard Reeves</strong> parece ser el nuevo influencer sobre el tema: su libro <em>Of Boys and Men: Why the Modern Male Is Struggling, Why It Matters, and What to Do about It </em>(Sobre los chicos y los hombres: por qu&eacute; el var&oacute;n moderno est&aacute; en problemas, por qu&eacute; importa y qu&eacute; hacer al respecto), que calculo que alguna editorial hispanoparlante ya estar&aacute; en tratativas para traducir, circula por los medios m&aacute;s prestigiosos del mundo anglo. Muchas cosas que dice son interesantes: habla de la brecha educativa en Estados Unidos, que pas&oacute; de favorecer a los varones hasta los a&ntilde;os setenta (mucho m&aacute;s varones que mujeres llegaban a completar sus estudios universitarios) a inclinarse desproporcionadamente en ventaja de las mujeres en la actualidad. Analiza, tambi&eacute;n, posibles configuraciones subjetivas que nos llevaron a estos resultados: las mujeres, dice Reeves, son m&aacute;s como dientes de le&oacute;n, capaces de sobrevivir en diversos ambientes. Los varones, en cambio, son orqu&iacute;deas, m&aacute;s permeables a los contextos buenos y a los malos, y por eso un var&oacute;n tiene menos chances de resistir la influencia de una situaci&oacute;n social complicada que una mujer. Lo menos interesante, probablemente, es la soluci&oacute;n principal que propone: atrasar la escolaridad de los varones un a&ntilde;o, de modo tal que en la sala de dos a&ntilde;os, pongamos, haya nenas de dos y varones de tres. M&aacute;s all&aacute; de que me parece medio una tonter&iacute;a &mdash;no creo que haga tanta diferencia un a&ntilde;o despu&eacute;s de cierta cantidad de tiempo&mdash;, esta recomendaci&oacute;n delata el biologicismo ingenuo del planteo. Si la brecha educativa hoy favorece a las mujeres es &mdash;indudablemente&mdash; porque cambiaron dr&aacute;sticamente ciertas condiciones sociales, no porque en los &uacute;ltimos treinta a&ntilde;os se haya modificado mucho la biolog&iacute;a de nuestros cuerpos. Es improbable, entonces, que una soluci&oacute;n tan centrada en el desarrollo biol&oacute;gico de los cerebros de las mujeres y los varones pueda hacerse cargo de ese problema. <strong>No me interesa tanto, entonces, la parte positiva del libro, pero creo que el diagn&oacute;stico que hace es bastante acertado: nuestros varones est&aacute;n sin norte, porque todo lo que antes hac&iacute;a a &ldquo;un buen var&oacute;n&rdquo; hoy es violento o anticuado o sin sentido. A las chicas les ofrecemos narrativas de empoderamiento y de conquista: a los varones les pedimos que se queden callados, que esperen, que acompa&ntilde;en, como si tuvieran que pagar los pecados de sus cong&eacute;neres con culpa e inacci&oacute;n, como si nos debieran dos mil a&ntilde;os de pasividad. </strong>
    </p><p class="article-text">
        Hace un par de fines de semana me fui de viaje con dos amigas en el auto de una; pisamos la tapa de un pozo ciego vac&iacute;o que se desfond&oacute; y el auto qued&oacute; trabado, con dos ruedas en el aire, imposibles de sacar. Tres varones nos ayudaron a sacarlo: de buenos vecinos, de amorosos, pero tambi&eacute;n, supongo, porque a los varones les ense&ntilde;an a divertirse resolviendo problemas y entendiendo c&oacute;mo funcionan las cosas que usan, les ense&ntilde;an a disfrutar de impresionar a la gente con sus habilidades para ocuparse de algo. Me seduce, y me encanta, en t&eacute;rminos sexuales, pero tambi&eacute;n en t&eacute;rminos simplemente sociales: me encanta verlos a todos paraditos alrededor de una moto que no arranca o un ca&ntilde;o que pierde, me encanta c&oacute;mo trabajan juntos en esas situaciones, c&oacute;mo fruncen el ce&ntilde;o, c&oacute;mo sonr&iacute;en, c&oacute;mo se lucen. 
    </p><p class="article-text">
        Conozco muchas chicas hoy que son as&iacute;: tengo amigas fierreras, amigas que hacen asado, amigas que revocan paredes, hacen sus propios muebles y abren la tele cuando se rompe antes de llamar a alguien. Me hago cargo de que nunca le pongo ni un m&iacute;nimo de energ&iacute;a a ese tipo de cosas, pero lo que siento es que hay partes valiosas en esa masculinidad anticuada que hoy sencillamente podr&iacute;amos ense&ntilde;arles a todos, varones, nenas y cualquier g&eacute;nero disponible. Estamos acostumbradas a reivindicar las virtudes y los intereses tradicionalmente femeninos y pensar que los varones deber&iacute;an participar de ellos: ser m&aacute;s amorosos, m&aacute;s emp&aacute;ticos, mejores negociadores. Estamos acostumbradas, tambi&eacute;n, a decir que las chicas tenemos derecho al esp&iacute;ritu conquistador y ambicioso tradicionalmente esperado solo de los varones. 
    </p><p class="article-text">
        Imagino un futuro cada vez menos generalizado, en el que podamos reivindicar para todos atributos que en otra &eacute;poca se entend&iacute;an en femenino o en masculino, las virtudes de los h&eacute;roes griegos y las de las Madres de Plaza de Mayo, todas las lecciones para todas las personas, todos los referentes, todas las admiraciones. En ese futuro podr&iacute;amos analizar por qu&eacute; a las chicas las educamos en rasgos de personalidad que despu&eacute;s les resultan tan &uacute;tiles para el rendimiento acad&eacute;mico como la paciencia y la escucha. <strong>En ese futuro tambi&eacute;n podr&iacute;amos valorar algunas cosas que hist&oacute;ricamente hicieron a los varones sentirse varones (proteger, solucionar, defender) y pensarlas para chicas y chicos, sin temer, sin sobrecompensar, sin que haya que decirles a los varones que no se pasen, sin tratarlos como si por nacimiento vinieran con un cuerpo peligroso, con una psiquis que es un arma, con algo que tienen que manejar con cuidado.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        <em>TT</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/nuevas-antiguas-masculinidades_1_10067500.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 26 Mar 2023 03:01:48 +0000]]></pubDate>
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