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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - John Cassavetes]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/john-cassavetes/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - John Cassavetes]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Tierra llamando a Marte]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/tierra-llamando-marte_129_11594847.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/513ccf6d-ee86-4487-b04e-8cddd0c6680b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Tierra llamando a Marte"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Nadie detuvo el tiempo como Gina Rowlands durante las casi dos horas y media de "Mujer bajo influencia", el milagro por el que John Cassavetes logró introducir el mayor porcentaje de vida en una obra de arte.</p></div><p class="article-text">
        Muri&oacute; <strong>Gena Rowlands</strong>, una manera desagradable de decir que ya no va estar en su casa. Pero en cuanto a morir-morir, ser&aacute; dif&iacute;cil que el hecho se consume totalmente. Nadie detuvo el tiempo como ella durante las casi dos horas y media de <em>Mujer bajo influencia</em>, el milagro por el que <strong>John Cassavetes</strong> logr&oacute; introducir el mayor porcentaje de vida en una obra de arte.
    </p><p class="article-text">
        Las vidas de las personas de este mundo, incluyendo sobre todo las autoproclamadas &ldquo;sinceras&rdquo;, parecen perder en su transcurso la verdad que tenga para darnos si las contrastamos con esa pel&iacute;cula (s&oacute;lo una pel&iacute;cula: esto s&iacute; que no se puede entender) casi irreal de tan natural, de la que ya pasaron cincuenta a&ntilde;os de su estreno.
    </p><p class="article-text">
        Seguir insistiendo, hasta recalentar las expendedoras de sentido com&uacute;n, en que Cassavetes es el rey del cine indie norteamericano es considerar que el arte debe clasificarse por factores comunes asociados al c&aacute;lculo de costos. De ese modo, mientras se van sulfatando las pilas de los historiadores del arte, una pel&iacute;cula barata ser&iacute;a por principio m&aacute;s independiente o art&iacute;stica que una pel&iacute;cula de f&aacute;brica, lo que no resuelve el enigma, tan escurridizo, de reconocer al arte all&iacute; donde se manifieste.
    </p><p class="article-text">
        Lo que hizo la intuici&oacute;n fuera de serie de Cassavetes con su obra cumbre es salirse de la presi&oacute;n que <strong>William Shakespeare</strong>, autor de casi todos los suministros que inspiran las conductas humanas, ejerce sobre los actos sociales de medio mundo desde hace cuatrocientos a&ntilde;os. Elimin&oacute; de un plumazo el concepto de rol, en el sentido de vivir ejerciendo un rol o varios roles bioteatrales, esos encuadres vinculados a la experiencia generalmente artificial de, como quien dice, &ldquo;actuar para vivir&rdquo;. Pero Cassavetes no s&oacute;lo desde&ntilde;aba actuar en la vida, sino que, adem&aacute;s, postulaba vivir en la actuaci&oacute;n: &ldquo;Cuando un actor empieza a interpretar un papel, <em>es</em> la persona&rdquo;.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La serie var&oacute;n, trabajador, padre, amigo, esposo, y la serie mujer, ama de casa, madre, hija, explotan de un d&iacute;a para el otro. Los cimientos de goma que apuntalan la vida cotidiana de la familia Longhetti se retuercen, y el anecdotario que constituye la materia de la historia deja de importarnos. Lo que nos importa ahora, en clave de verdad pura, es ver c&oacute;mo los personajes se desbordan <em>desde adentro</em>. 
    </p><p class="article-text">
        Para Cassavetes vivir es improvisar, una tarea que consiste en desarmar a ciegas las bombas del drama en el que laten las locuras personales como lo que son: identidades en elevad&iacute;simos estados de concreci&oacute;n. Una especie de &ldquo;mi locura c&rsquo;est moi&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        De<em> Una mujer bajo influencia</em> (que los ingeniosos traductores de MUBI acaban de rebautizar como <em>Neurosis de una mujer</em>) nos quedan las escenas que cargan la memoria (la memoria nuestra): la de los espaguetis que almuerzan Nick (<strong>Peter Falk</strong>) y sus amigos mientras Mabel (Gena Rowlands) despliega su locura de ni&ntilde;a como un arte del moh&iacute;n en el que ser es ser incomprendida, la ca&iacute;da de Eddie (<span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Charles Horvath</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">) </span>en la monta&ntilde;a, las tres veces que Nick sube a sus hijos al dormitorio (y las tres veces que se les escapan como si lo que llevara en sus brazos fuese agua o aire), la fiesta de bienvenida a Mabel despu&eacute;s de la internaci&oacute;n (suspendida un minuto antes de que llegue), los dos sopapos correctamente dados de Nick a Mabel, la escena final en la que la locura vuelve a la normalidad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Poco o nada habr&iacute;a quedado en pie de todo esto si no fuese por la presencia de Gena Rowlands que lleva su personaje, sin duda de la mano de su persona, hasta inaugurar en nosotros una experiencia nueva: la de saber tanto y a la vez tan poco de alguien que, lisa y llanamente, nos resulte in-so-por-ta-ble.
    </p><p class="article-text">
        Que semejante fen&oacute;meno no haya ocurrido ni siquiera con Molly Bloom en <em>Ulises</em>, con todo el esfuerzo que hizo <strong>James Joyce</strong> para que le conoci&eacute;ramos las galer&iacute;as profundas de su cabeza, le da estatus de proeza a la actuaci&oacute;n de Rowlands y consagra al cine como un instrumento con posibilidades de revelar lo que se esconde en lo humano.
    </p><p class="article-text">
        Pero &iquest;qui&eacute;n habr&aacute; sido Gena Rowlands? En <em>Cassavetes dirige</em>, el diario de rodaje de <em>Love Streams</em> escrito por <strong>Michael Ventura </strong>(Entrop&iacute;a, 2023), saltan algunas chispas de su vida. Una, tal vez la m&aacute;s espectacular y luminosa, la cuenta Cassavetes sin abandonar el asombro que le provoc&oacute; descubrirla: &ldquo;Gena es tan reservada que estuve diez a&ntilde;os &iexcl;sin saber que tocaba el piano! Un d&iacute;a llego a casa y est&aacute; tocando. Primero pens&eacute; que era un disco, un concierto fant&aacute;stico. Entr&eacute; y me enoj&eacute; much&iacute;simo con ella. &iexcl;Qu&eacute; demonios est&aacute;s haciendo? &iexcl;&iquest;Est&aacute;s tocando el piano?! &iexcl;Nunca me dijiste que sab&iacute;as tocar! Ah, qu&eacute; traici&oacute;n&rdquo;. Cassavetes se va de la casa, &ldquo;hecho una furia&rdquo;, ella deja de hablarle por varias semanas y nunca m&aacute;s vuelven a hablar del tema. 
    </p><p class="article-text">
        Cuando Cassavetes dice, aparentemente hablando de otra cosa, &ldquo;siempre anhel&eacute; que una mujer hermosa me revelara sus secretos. Por voluntad propia. Es algo tan lindo&rdquo;, se comprende el impacto que recibi&oacute; cuando vio a esa &ldquo;desconocida&rdquo; tocando el piano. Pero, seg&uacute;n el libro de Ventura, no es una intriga que no haya podido ser debidamente vengada si se recuerda que Gena Rowlands sol&iacute;a repetir: &ldquo;Con John nunca se sabe, nunca se sabe&hellip;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Rowland detestaba revisar los resultados de su actuaci&oacute;n y evitaba ir a los estrenos para no enfrentar la transformaci&oacute;n de tama&ntilde;os. No entend&iacute;a a sus colegas, a los que no les parec&iacute;a extra&ntilde;o verse &ldquo;con cabezas de tres metros&rdquo; En el gigantismo de la proyecci&oacute;n no era ella la que estaba ah&iacute;. Prefer&iacute;a hacerse ver sin verse: &ldquo;Me gusta conservar el recuerdo <em>desde adentro</em>. Se me hace muy dif&iacute;cil ser espectadora&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El misterio de sus actuaciones, en el que el efecto artificioso de la representaci&oacute;n se anula de un modo sobrenatural, responde a una cierta manera de &ldquo;colgarse&rdquo;. Antes de filmar, buscaba la soledad y la tranquilidad, y se entregaba a pensar en el personaje. Pensar &ldquo;mucho&rdquo;, siempre que fuese un pensamiento &ldquo;sin profundidad&rdquo;: &ldquo;Nunca s&eacute; c&oacute;mo explicarlo. S&oacute;lo s&eacute; que me gusta pensar sobre lo que estoy haciendo. Cuanto m&aacute;s puedo pensar en mi personaje, m&aacute;s feliz me hace&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Su hija Zoe le reproch&oacute; un d&iacute;a esos viajes: &ldquo;cada vez que est&aacute;s interpretando un papel, yo te cuento algo y en la mitad es como si dejaras de prestar atenci&oacute;n&rdquo;. Y en la medida en que Gena Rowlands se mantuviera a distancia, su hija la llamaba desde su Cabo Ca&ntilde;averal: &ldquo;Tierra llamando a Marte, Tierra llamando a Marte. Es hora de volver&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Pero si Rowlands insist&iacute;a tanto en pensar mucho antes de actuar, aunque fuese en profundidad, quiz&aacute;s fuera para refutar el consejo m&aacute;s insistente que le daba Cassavetes: &ldquo;No pienses, Gena, no pienses&rdquo;. Con un colmo en forma de fricci&oacute;n de rodaje cuando, en una escena, ella le dice que su personaje no puede fumar y tomar whisky al mismo tiempo, y &eacute;l le contesta: &ldquo;es que est&aacute;s pensando&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Sus legendarios odios de amor con Cassavetes, que en el rodaje de <em>Love Streams</em> (cuando ella andaba con un rifle para salvar a sus gatos de los coyotes) hicieron imaginar que quer&iacute;a matar al marido, nos permiten especular una salida reflexiva a la disputa pensar/no pensar antes de actuar/vivir. En los hechos art&iacute;sticos, no parece ser tanto del pensamiento que nacen sus personajes como de cierto trance de trasmutaci&oacute;n, por lo que quiz&aacute;s all&iacute; donde Rowlands diga &ldquo;pensar&rdquo; debe leerse &ldquo;sentir&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La &uacute;ltima escena que film&oacute; con Cassevetes, con &eacute;l ya muy enfermo, Rowlands pon&iacute;a siempre la cabeza donde &eacute;l <em>no</em> le indicaba. La guerra era a muerte, y en todos lados. En un momento, discuten sobre aspectos de la pel&iacute;cula y ella le dice que hay cierta informaci&oacute;n que le sirve a un director, pero no a una actriz, dicho esto -suponemos- en el sentido en que se puede decir que hay cierta informaci&oacute;n que puede servirle a un hombre pero no a una mujer. Y agrega, con la iron&iacute;a del caso: &ldquo;Ahora me voy a estudiar. &iquest;Me necesit&aacute;s para algo m&aacute;s?&rdquo;. Cassavetes: &ldquo;Te necesito siempre&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En el momento m&aacute;s representativo de la disimulada pesquisa que Ventura hizo de Gena Rowlands durante el rodaje de <em>Love Streams, </em>se la describe aislada en una campana de cristal: &ldquo;el campo de fuerza de su concentraci&oacute;n&rdquo;. &iquest;Qu&eacute; hace? &ldquo;Se est&aacute; preparando para pronunciar la palabra <em>amor</em>&rdquo;.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>JJB/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan José Becerra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/tierra-llamando-marte_129_11594847.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 18 Aug 2024 03:01:25 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Tierra llamando a Marte]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Gene Rowlands,John Cassavetes]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Entretenimiento para todos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/entretenimiento_129_10467901.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/57288b4f-3db8-400b-8c7a-d88c9e22c02e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Entretenimiento para todos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A propósito de "Paradise", la nueva película de Boris Kunz, o de cómo una "bazofia publicitaria repelente inane calculadora vendehumo seudoprogresista" puede deserpertar el interés fulminante de cientos de millones de personas. </p></div><p class="article-text">
        Arranquemos por los adjetivos infomerciales de ambientaci&oacute;n cultural que escoltaron la llegada de <em>Paradise </em>(2023), de <strong>Boris Kunz</strong>, en las v&iacute;speras de su llegada a este mundo: &ldquo;inquietante&rdquo;, &ldquo;impactante&rdquo;, &ldquo;oscura&rdquo;, &ldquo;perturbadora&rdquo;, &ldquo;desafiante&rdquo;, escalofriante&ldquo;, &rdquo;arrasadora&ldquo;, &rdquo;taquillera&ldquo;. 
    </p><p class="article-text">
        La lista completa podr&iacute;a haber ocupado todo el espacio de esta nota. Pero es obligatorio decir algo del sustantivo &ldquo;pel&iacute;cula&rdquo; para sumergirnos en su materia misteriosa. Despu&eacute;s de todo, leer algo no es m&aacute;s que el encuentro o el desencuentro de dos misterios, o de dos gustos, o de dos caprichos.
    </p><p class="article-text">
        No hay reproches legales para quienes fogonearon esta bazofia publicitaria repelente inane calculadora vendehumo seudoprogresista sin sangre en las venas que despert&oacute; el inter&eacute;s fulminante de cientos de millones de personas. El juego de la consagraci&oacute;n por cantidad que ata los cabos de la codicia con los de la estupidez, es una presencia constante en la cultura. Se instalan los aparatos que producen una falsa sed, y ya est&aacute;: se encienden las turbinas colectivas de la curiosidad. De pronto, hay que ver <em>Paradise</em>, como quien dice hay que tomar agua para vivir. La &uacute;nica sugerencia de escape, por error o iron&iacute;a, la hizo el portal de TN con una verdad de piedra: &ldquo;La pel&iacute;cula de 1 hora 58 minutos que te puede sacar a&ntilde;os de vida&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Empecemos por la &ldquo;venta&rdquo; de <em>Paradise</em>: &ldquo;Max descubre el lado oscuro de AEON, la compa&ntilde;&iacute;a de biotecnolog&iacute;a en la que trabaja, cuando su esposa Elena es forzada a vender 40 a&ntilde;os de su ciclo vital para pagar una deuda. Max har&aacute; lo que sea para que Elena recupere sus a&ntilde;os perdidos, pero nada ser&aacute; lo mismo&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Ese &ldquo;nada ser&aacute; lo mismo&rdquo;, insobornable fuente de n&aacute;useas, no falta en ning&uacute;n brief de entrenamiento hecho con im&aacute;genes que se muevan. Lo que se ofrece es el traslado a mundos nuevos cuya caracter&iacute;stica com&uacute;n es que no est&aacute;n en ning&uacute;n lado, ni siquiera en las pel&iacute;culas. De un lado, el antes tedioso; del otro, el despu&eacute;s que representa la vida que vale la pena vivir, es decir la promesa cumplida.
    </p><p class="article-text">
        El nivel de puerilidad (en el peor sentido) de estos productos, es alarmante. Si fuese en el mejor, el inspirado en la intuici&oacute;n de los ni&ntilde;os, la oferta deber&iacute;a incluir hechos art&iacute;sticos de libertad, actos gratuitos, desobediencia a los patrones aristot&eacute;licos de la narraci&oacute;n; y evitar la postulaci&oacute;n del cine-aula, la ense&ntilde;anza, el mensaje y, lo peor de los peor: la voluntad de comunicar. 
    </p><p class="article-text">
        <em>Paradise</em> parte de una idea extraordinaria: la de dar tiempo a cambio de dinero. Es cierto que no debe haber otra m&aacute;s trillada, porque todo el mundo da su tiempo por el dinero de los dem&aacute;s, o dinero por tiempo. Eso y nada m&aacute;s es el capitalismo si se lo traduce a su verdad m&aacute;s r&uacute;stica y a la vez m&aacute;s refinada, que es la de la vida cotidiana. Y en t&eacute;rminos de leyenda, la historia es la de Fausto, que varios siglos antes de las versiones de Marlowe y Goethe se representaba con marionetas. No hay por qu&eacute; exigirle a un argumento que sea nuevo, dado que no ha de haber muchos si los contamos en serio. 
    </p><p class="article-text">
        El asunto es la deriva barata que <em>Paradise</em> hace de esa idea. En esa deriva el esfuerzo est&aacute; puesto en sostener los brillos de un oro falso, estafa formal que es el coraz&oacute;n del discurso publicitario. Imaginemos una idea de <strong>Henri Bergson</strong> ejecutada por <strong>Ramiro Agulla</strong>. La iluminaci&oacute;n, el montaje, las curvas y contracurvas como de Scalextric del guion, las actuaciones, el &ldquo;alma&rdquo; de los personajes, los deslizamientos de g&eacute;nero para abarcar mucho sin apretar nada, los paisajes, los di&aacute;logos, el r&eacute;gimen futurista en el que intenta sostenerse, la puesta en escena y los supuestos dramas amorosos, econ&oacute;micos y pol&iacute;ticos que se van sembrando en una playa de asfalto son de cuarta categor&iacute;a a cambio de aparentar ser de primera. &iquest;Hay algo m&aacute;s ordinario en el arte que fingir calidad?
    </p><p class="article-text">
        Los cambios de rumbo no ser&iacute;an tan da&ntilde;inos a la vista si no estuviesen amparados por la variante c&iacute;nica del c&aacute;lculo. Que una pel&iacute;cula (o un libro) se parezca a un auto, a un iPhone, a un condominio con amenities, a un hotel de cinco estrellas o a un traje s&oacute;lo resuelve el tema de la terminaci&oacute;n, sin dudas el menos importante. De alg&uacute;n modo (en realidad de todos los modos), <em>Paradise</em> responde a todas las cl&aacute;usulas destinadas a cumplir una misi&oacute;n, que es la de acumular lugares comunes en todos los niveles para que se entienda el mensaje. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Cu&aacute;l es el mensaje? Bueno, es tan claro que se desvanece un poco bajos sus propios resplandores, pero quiz&aacute;s sea: &ldquo;Cuidado, amigos globales, no entreguen su vida al dinero ni al ego&iacute;smo. M&aacute;s bien h&aacute;ganse terroristas y luchen por un mundo mejor&rdquo;. Pero los componentes del mensaje son tan desgraciados, tan falsos y tan transparentes en la postulaci&oacute;n de su negocio de encantamiento basura, que lo que llega a la pantalla es un el hilo agonizante de un &ldquo;arte cinematogr&aacute;fico&rdquo; en cuyo interior late una Tesorer&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; millones de personas condescienden a ver estos cascajos? No puede ser resultado del gusto porque nadie sabe de antemano lo que le va a gustar. Pero para una plataforma de consumo, no hay ninguna diferencia entre el que se complace con un cascajo y el que se clava con &eacute;l d&aacute;ndole dos horas de su vida en respuestas a un mini pacto f&aacute;ustico. Si tan aterrados est&aacute;n los personajes de <em>Paradise </em>con los intercambios de tiempo por dinero (como si verlos a ellos fuera gratis), tal vez deber&iacute;an protagonizar otra pel&iacute;cula de tipo compensatoria de esta, en la que los protagonistas luchan contra el tiempo de vida que se llevan las plataformas de entretenimiento.
    </p><p class="article-text">
        El tiempo que no se lleva el trabajo, se lo llevan las pantallas. En un art&iacute;culo de 1959, llamado &ldquo;De la plusval&iacute;a a los medios masivos de comunicaci&oacute;n&rdquo;, <strong>Norman Mailer</strong> dijo algo que naci&oacute; para ser citado mil veces (en estas cosas hay que insistir): &ldquo;La estabilidad de la econom&iacute;a deriva m&aacute;s de manipular el car&aacute;cter ps&iacute;quico del ocio que de someter a la clase trabajadora a su papel productivo&rdquo;. Manipulaci&oacute;n del car&aacute;cter ps&iacute;quico del ocio. &iquest;Hay alguna duda sobre la eficacia de esa manipulaci&oacute;n?
    </p><p class="article-text">
        Casi no hay demanda. La demanda es la sobreoferta, que m&aacute;s que consumirse se respira. Es cuesti&oacute;n de salir del trabajo para meterse en una pel&iacute;cula o en una serie, y salir de la serie para meterse en una discusi&oacute;n sobre esa serie u otras, y as&iacute; navega el individuo &ldquo;ilustrado&rdquo;, &ldquo;informado&rdquo;, &ldquo;culto&rdquo;, &ldquo;inquieto&rdquo;, &ldquo;libre&rdquo;, comparando <em>Paradise </em>con <em>Black Mirror</em>, y <em>Black Mirror</em> con <em>Dark</em>, y <em>Dark </em>con <em>Los ba&ntilde;eros m&aacute;s locos del mundo</em>, mezclando lo que hay que ver con aquello de lo que hay que hablar. Esa secuencia ser&iacute;a darse un gusto <em>personal.</em>
    </p><p class="article-text">
        Con todo lo bodrio que es, merecedora de todos los premios Don Segundo Sombra a escala mundial, <em>Paradise</em> tiene por distracci&oacute;n u omisi&oacute;n un logro accidental que surge de la protagonista femenina, Elena (<strong>Marlene Tanczik</strong>). Es escondedora. Primero, descubrimos que hab&iacute;a firmado una hipoteca de un departamento de lujo a espaldas del marido. Luego, cuando pierde cuarenta a&ntilde;os de golpe y se obsesiona con recuperarlos, vemos que no era tan santa como aparentaba serlo. Nada del otro mundo, pero justamente por ser de alg&uacute;n modo fiel a este es que la pel&iacute;cula encuentra perdido en el espacio alg&uacute;n valor. 
    </p><p class="article-text">
        Para salir del pozo de <em>Paradise</em>, nos despediremos con un ascenso hacia <strong>Gena Rowlands</strong>, otra escondedora. En la l&iacute;nea de Elena, pero tanto peor que nos hiela la sangre, Rowlands se revel&oacute; como monstruo delante de su marido, <strong>John Cassavetes</strong>. La an&eacute;cdota la cuenta <strong>Michael Ventura</strong> en el diario de rodaje de <em>Love Streams</em> (<em>Love Strems</em> podr&iacute;a ser la exorcista de <em>Paradise</em>). 
    </p><p class="article-text">
        Resulta que Cassavetes entra a su casa y ve a Rowlands tocando el piano. Cassavetes enloquece y le dice que c&oacute;mo puede ser que hace diez a&ntilde;os que vive con ella y nunca la vio tocar el piano. Pega un portazo y se va, en una escena que tiene todo de una pel&iacute;cula de Cassavetes protagonizada por Rowlands. Pero el var&oacute;n humano es volvedor, y despu&eacute;s de unas horas de desorientaci&oacute;n, regresa y le pide disculpas. Eso, en el manual de Cassavetes, es entender a una mujer.
    </p><p class="article-text">
        <em>JJB</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan José Becerra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/entretenimiento_129_10467901.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 27 Aug 2023 03:03:40 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Paradise,Boris Kunz,John Cassavetes]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[John Cassavetes dirige]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/john-cassavetes-dirige_129_10162067.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/69483dcc-dcd1-474f-83c0-a3a280d2ef62_16-9-discover-aspect-ratio_default_1071846." width="1200" height="675" alt="John Cassavetes dirige"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿De dónde surgen las historias?, se pregunta el autor. Encuentra la respuesta en palabras de John Cassavetes: “Uno siempre, borracho, sobrio o como sea, puede volver al lugar donde vive. Hasta que se desvía. Y es ahí, creo, cuando no encontrás el camino de vuelta a casa, que vale la pena hacer una película. Porque eso sí me resulta interesante”.</p></div><p class="article-text">
        Los grandes poetas influencian por wifi. En el ya famoso tercer cap&iacute;tulo de la &uacute;ltima temporada de <em>Succession</em> hay -adem&aacute;s de los personajes que interpretan los actores- un personaje m&aacute;s que es la c&aacute;mara, que se mueve inquieta, &iacute;ntima, meti&eacute;ndose entre medio de los int&eacute;rpretes. La c&aacute;mara -en <em>Succession</em>- es un personaje y es un estado de &aacute;nimo. Y ese cap&iacute;tulo tres jam&aacute;s se hubiera hecho de esa manera si no hubiera existido antes el cine de <strong>John Cassavetes</strong>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cassavetes en su momento fue un actor y un director inspirado, pero tard&oacute; mucho tiempo en poder imponer su estilo f&iacute;lmico, su manera de actuar. En ese sentido, s&oacute;lo los que lo rodeaban -amigos, actores, productores, su familia- sab&iacute;an que estaban trabajando con un genio. Es necesario siempre que dos o tres personas conf&iacute;en en tu genio para poder sostenerte y avanzar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ver una pel&iacute;cula de Cassavetes era y es una experiencia extraterrestre. La primera que vi fue <em>Mujer bajo influencia</em>. En el cine. No recuerdo qui&eacute;n me llev&oacute; o por qu&eacute; la fui a ver. S&eacute; que no estaba informado sobre el mito Cassavetes y que de golpe me encontraba con una historia de amor desesperado y una frase que dec&iacute;a <strong>Gena Rowlands </strong>mientras mov&iacute;a sus brazos con un tic nervioso que era una marca de su personaje: &ldquo;Creo que estoy casi loca&rdquo;. Los que alguna vez vivimos en una familia, sabemos que esa frase lo dice todo. &iquest;Qui&eacute;n no est&aacute; casi loco? &iquest;Por qu&eacute; salimos a trabajar? &iquest;Elegimos rutinas para los d&iacute;as feriados? &iquest;Por qu&eacute; nos juntamos a vivir en una madriguera con un televisor y un refrigerador? &iquest;Y el sexo? Esos pocos minutos por los que tantos caminan cuesta arriba.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Vi <em>Husbands</em>, otra gran pel&iacute;cula de Cassavettes, una noche en un microcine que ya no est&aacute;. Era la historia de la errancia de unos hombres a los que se les hab&iacute;a muerto un amigo y una forma particular de practicar el duelo por esa muerte. Una vez llamamos a un amigo de mi padre, Fena, para que le anunciara a mi viejo -que ya ten&iacute;a 80 a&ntilde;os- que su amigo del alma, Milo, al que no ve&iacute;a hace mucho y por el que preguntaba tanto, se hab&iacute;a muerto. Fena decidi&oacute; que se lo dij&eacute;ramos -que &eacute;l se lo iba a decir, en el almuerzo- . As&iacute; que mientras com&iacute;amos Fena, mi padre, yo y mis dos hermanos, esper&aacute;bamos el momento en que lo dijera. Entonces Fena dijo: &ldquo;Juan, &iquest;viste Milo?&rdquo;. &ldquo;Si&rdquo;, dijo mi viejo. &ldquo;Bueno&rdquo;, dijo Fena y tard&oacute; en terminar la frase, &ldquo;est&aacute; en Brasil&rdquo;. Con mis hermanos nos miramos sorprendidos. &ldquo;Ah, entonces se va a quedar ah&iacute;, &iquest;no? Siempre le gust&oacute; Brasil&rdquo;, dijo mi viejo. Y todos seguimos comiendo. Cassavetes podr&iacute;a haber filmado esta escena.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El cine de Cassavetes es un lienzo donde los actores y las situaciones que se crean son m&aacute;s importantes que la trama -en eso tiene algo de Chejov- . Uno nunca sabe cu&aacute;nto puede durar una escena de Cassavetes y aparecen ciertos personajes secundarios que toman la escena y despu&eacute;s no vuelven a aparecer nunca m&aacute;s en la pel&iacute;cula, como suele pasar a veces en la vida real. Los hermanos Cohen -en <em>Fargo</em>- hacen que aparezca un personaje -un japon&eacute;s que fue al colegio con la mujer polic&iacute;a que interpreta <strong>Frances Mc Dormand</strong>- y que larga un mon&oacute;logo incre&iacute;ble y despu&eacute;s se borra del film. Eso es Cassavetes.
    </p><p class="article-text">
        Cuando era chico, en mi barrio, entre las dos avenidas principales, un tramo que abarcaba cinco cuadras, hab&iacute;a cinco cines. Ahora no hay ninguno. El cine es diversi&oacute;n, pero tambi&eacute;n es metaf&iacute;sica. &iquest;A d&oacute;nde se fue toda esa metaf&iacute;sica?&nbsp;&iquest;En que mut&oacute;? &iquest;Qu&eacute; dice del tipo de barrio que tenemos cuando ya las personas no salen de su casa y van a ver historias para, a su vez, contarle a los vecinos o amigos que en tal o cual cine, ac&aacute; nom&aacute;s, hay una historia incre&iacute;ble? Las personas vuelven calladas de la guerra y del trabajo. No tienen m&aacute;s experiencia ni vida privada. Algo&nbsp;que abundaba en los personajes desesperados de Cassavetes&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A comienzos de los ochenta, Cassavetes est&aacute; por filmar la que ser&aacute; su &uacute;ltima pel&iacute;cula <em>Love Streams</em>. Y le pide a <strong>Michael Ventura</strong> &ndash;un escritor y periodista- que forme parte del rodaje para que d&eacute; cuenta de c&oacute;mo se filma una pel&iacute;cula inestable. Una pel&iacute;cula al tunt&uacute;n total. El libro de Ventura se acaba de publicar en nuestro pa&iacute;s por Entrop&iacute;a y se llama <em>Cassavetes dirige (En el rodaje de Love Streams)</em> y es una verdadera joya para comprender la potencia del cine de Cassavetes. Nadie sabe todo lo que puede un cuerpo, dec&iacute;a Spinoza en la &eacute;tica. Bueno, en el libro de Ventura, un Cassavetes que sabe que est&aacute; enfermo de cirrosis hep&aacute;tica y que pronto va&nbsp;a morir no para un minuto porque ya no le queda tiempo. &iquest;De d&oacute;nde surgen las historias? Cassavetes le dice a Ventura: &ldquo;Uno siempre, borracho, sobrio o como sea, puede volver al lugar donde vive. Hasta que se desv&iacute;a. Y es ah&iacute;, creo, cuando no encontr&aacute;s el camino de vuelta a casa, que vale la pena hacer una pel&iacute;cula. Porque eso s&iacute; me resulta interesante&rdquo;. Los gn&oacute;sticos pensaban lo mismo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Todas las pel&iacute;cula de Casavettes hablan de esa cosita llamada amor -que en definitiva es el misterio-. En la p&aacute;gina treinta y uno del libro de Ventura, dice John: &ldquo;Ese fue el mayor descubrimiento que hice en mi vida: que el amor se detiene. Como un reloj. O como cualquier otra cosa. Hasta que le damos cuerda y empieza de nuevo. Porque si se detiene para siempre estamos muertos&rdquo;.&nbsp;Y despu&eacute;s agrega una frase genial: &ldquo;El amor es la habilidad de no saber&rdquo;. Ventura lo glosa y piensa en esa frase que le va a resonar en la cabeza durante mucho tiempo, hasta que llega a una conclusi&oacute;n: &ldquo;Ahora creo que John quiere decir: a menos que uno asuma que hay aspectos, honduras, tipolog&iacute;as de la persona amada que nunca va a conocer, tocar o siquiera sospechar, a menos que acepte eso no va a amar de verdad, sino apenas completar los espacios en blanco con sus propias preferencias, sus propias suposiciones&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Con la pel&iacute;cula <em>Gloria</em> (1980), Cassavetes tuvo un &eacute;xito comercial. <em>El perfecto asesino</em> (1994), de <strong>Luc Besson</strong>, est&aacute; inspirada en <em>Gloria</em>. En <em>Gloria</em>, es una mujer la que debe defender a un ni&ntilde;o de la mafia. Ver las dos pel&iacute;culas es una experiencia interesante. Despu&eacute;s de ver <em>Gloria</em> necesitamos ir a un psiquiatra, despu&eacute;s de ver el <em>El perfecto asesino</em>, podemos ir a cenar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>FC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fabián Casas]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 29 Apr 2023 03:01:50 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[John Cassavetes dirige]]></media:title>
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