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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Theodor W. Adorno]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/theodor-w-adorno/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Theodor W. Adorno]]></description>
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      <title><![CDATA[Habitando mi época]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/habitando-epoca_129_10182031.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/08137940-b8a2-4630-980d-d42a7de4ae6a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Habitando mi época"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"No hay ningún pasado que me haga sentir en casa", reflexiona la autora mientras traduce a Virginia Woolf y lee a Ovidio con música de Fito Páez y Sumo de fondo.</p></div><p class="article-text">
        Estoy traduciendo <em>Una habitaci&oacute;n propia</em>, de Virginia Woolf, para una reedici&oacute;n. Aunque haya pasado a la historia como texto feminista, <em>Una habitaci&oacute;n propia</em> es antes que nada un ensayo de cr&iacute;tica literaria, y uno que se siente muy urgente (eso tiene, sobre todo, de texto feminista, aunque la urgencia no refiera solo a la conquista de derechos); ese esp&iacute;ritu, esa pregunta inc&oacute;moda por la &eacute;poca, es lo que m&aacute;s me llam&oacute; la atenci&oacute;n en esta relectura que estoy haciendo para traducirlo. No recordaba, por ejemplo, que hablaba tanto sobre las consecuencias de la Primera Guerra Mundial, sobre el sentimiento de habitar el despu&eacute;s del fin del mundo. Igual que Adorno despu&eacute;s del Holocausto, Virginia Woolf se pregunta si la guerra no habr&aacute; acabado con la poes&iacute;a, e incluso con el romance; igual que otra gente se lo pregunt&oacute; despu&eacute;s de la ca&iacute;da la URSS o del Muro de Berl&iacute;n, o de las torres Gemelas, o de la pandemia. Nunca deja de sorprenderme el hecho sencillo y desnudo de que es como dijo Dickens, todos los tiempos son el mejor de los tiempos y el peor de los tiempos, todos sentimos que vivimos el post y el pre del peor apocalipsis de todos, una era sin esperanzas en la que todo lo bello se ha terminado. Supongo que hay un sesgo, tambi&eacute;n: las personas que escriben, que son las que dejan relatos para que la posteridad entienda sus &eacute;pocas, tendemos m&aacute;s a la melancol&iacute;a que a la conquista, a la neurosis obsesiva que a la histeria. El resto de la gente est&aacute; viviendo su vida mientras una escribe.
    </p><p class="article-text">
        Me quedaron grabadas sobre todo un par de frases que Woolf no dice que hablan de la nostalgia, pero hoy dir&iacute;amos que hablan de eso. Woolf viene citando poemas que le gustan, uno de <strong>Alfred Tennyson</strong> y otro de <strong>Christina Rossetti</strong>; todav&iacute;a no queda tan claro a cuento de qu&eacute;, porque as&iacute; es el estilo de Woolf, vueltero, pero no en el sentido de enroscado sino en el de quien pasea como si no hubiera ning&uacute;n apuro, como si te escucharan siempre con la atenci&oacute;n de un amante. &ldquo;En una suerte de ataque de celos, supongo, por nuestra propia &eacute;poca, por tontas y absurdas que sean estas comparaciones, empec&eacute; a preguntarme si alguien pod&iacute;a con honestidad nombrar dos poetas vivos tan grandes como Tennyson y Christina Rossetti hab&iacute;an sido en su tiempo. Por supuesto es imposible compararlos pens&eacute; mirando esas aguas espumosas. La raz&oacute;n por la que la poes&iacute;a incita a ese abandonarse, a ese arrebato, es precisamente porque celebra una emoci&oacute;n que una sol&iacute;a tener (en los almuerzos de antes de la guerra, quiz&aacute;s) de modo que una responde f&aacute;cilmente, de manera familiar, sin complicarse intentando entender la emoci&oacute;n o compar&aacute;ndola con alguna que tenga ahora. Pero los poetas vivos expresan un sentimiento que se nos est&aacute; formando y arrancando en este momento. Una no lo reconoce a primera vista; a menudo, por alguna raz&oacute;n, le tememos; lo miramos con ansiedad y lo comparamos, celosa y sospechosamente, con esa otra emoci&oacute;n que s&iacute; conocemos. Por eso es tan dif&iacute;cil la poes&iacute;a moderna&rdquo;, escribe Woolf, y sigue como si nada, vuelve a sus paseos, como la gente genial que siempre tiene la elegancia de aparentar que no sabe que est&aacute; diciendo algo genial. 
    </p><p class="article-text">
        No es que sea tan original, pero me gusta el modo en que reconoce que la poes&iacute;a de su propia &eacute;poca (que para m&iacute;, desde el a&ntilde;o 2023, es mucho mejor que la de Tennyson y Rossetti que evoca ella) es tan buena como la de los poetas muertos, y si no nos parece as&iacute; es solo porque no nos lleva a un sentimiento conocido sino a uno por conocer, a uno que todav&iacute;a nos angustia; de hecho quiz&aacute;s esa ser&iacute;a la definici&oacute;n de un arte que todav&iacute;a fuera vigente, o de leer una obra como si estuviera vigente; leerla como si todav&iacute;a nos pudiera angustiar. Las obras nost&aacute;lgicas no suelen leerse as&iacute;; al contrario, reconfortan, tranquilizan, entibian. 
    </p><p class="article-text">
        Para bien o para mal, casi nunca leo as&iacute;; no hay ning&uacute;n pasado que me haga sentir en casa. Si efectivamente se trata de una obra de arte cuya herida sigue abierta, que todav&iacute;a tiene algo para decir, la leo con la misma angustia e incomodidad con la que me aproximo a las cosas nuevas que todav&iacute;a no termino de entender. Estoy leyendo en estos d&iacute;as las <em>Heroidas</em> de Ovidio, una colecci&oacute;n de cartas (ficticias, por supuesto) escritas por las hero&iacute;nas de la mitolog&iacute;a griega a sus enamorados: Pen&eacute;lope le escribe a Odiseo, Ariadna a Teseo, Helena a Paris. Una princesa que no conozco le escribe al hombre que espera: me dijiste que ibas a volver cuando la luna perdiera sus cuernos, ya pasaron cuatro lunas, &iquest;y d&oacute;nde est&aacute;s? Arregl&eacute; tus barcos, te di una isla, la virtud que una doncella entrega una sola vez, y ahora voy a matarme por tu culpa, por un tipo que ni siquiera est&aacute; pensando en m&iacute;. Leo este texto fechado en el 25 antes de Cristo despu&eacute;s de la d&eacute;cimo quinta nota firmada por un cincuent&oacute;n que cree que el fantasmeo lo inventaron los celulares, que la gente ya no se enamora, que ya nada en el mundo tiene la intensidad que ten&iacute;a cuando &eacute;l era joven, qu&eacute; casualidad. Lo leo como ya dije, lo leo abierto, como se leen las cosas que hablan de problemas sin soluci&oacute;n; el desencuentro amoroso, la b&uacute;squeda del sentido, la condici&oacute;n de insatisfacci&oacute;n permanente del deseo de lo que est&aacute; vivo. 
    </p><p class="article-text">
        La nostalgia es una forma de leer, pero tambi&eacute;n es una forma de escribir, de producir; hay obras que piden esa lectura m&aacute;s que otras. Cuando me acerco a una m&aacute;s nost&aacute;lgica que abierta (que siga la vida, por ejemplo, de un grupo de j&oacute;venes rockeros), sin embargo, tampoco siento ese calor del recuerdo, ni ese arrebato de deseo por un pasado que no pude haber vivido. Lo que me asalta, sobre todo, es la pregunta de si estoy viviendo mi presente, habitando mi &eacute;poca con la intensidad con que lo est&aacute;n haciendo esos protagonistas. Me sorprende que esa angustia no sea la emoci&oacute;n principal, o la m&aacute;s compartida. Supongo que tiene m&aacute;s suerte que yo la gente que puede ver la serie de Fito y pensar &ldquo;yo estuve ah&iacute;&rdquo; aunque por supuesto no estuvieron ah&iacute;, sentirse reconfortada con la idea de que la vivieron cuando lo m&aacute;s probable es que no la hayan vivido, que no hayan ido ni al primer recital de Fito, ni al primer recital de Sumo, ni al segundo, ni a ninguna fiesta, ni a ninguna sesi&oacute;n. Supongo, tambi&eacute;n, que ca&iacute;das las esperanzas positivistas &mdash;no por razones objetivas, otra vez, porque todas las &eacute;pocas son el fin del mundo, aunque en un pa&iacute;s que no crece hace d&eacute;cadas sea m&aacute;s f&aacute;cil efectivamente la a&ntilde;oranza&mdash;, ca&iacute;dos los ideales de la modernidad que subvencionaban nuestra fe en el porvenir, el pasado se convierte en el lugar imaginario al que vamos a almacenar ilusiones.
    </p><p class="article-text">
        <em>TT</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/habitando-epoca_129_10182031.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 07 May 2023 03:01:12 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Virginia Woolf,Theodor W. Adorno,Fito Páez]]></media:keywords>
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