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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Ricardo Bartís]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/ricardo-bartis/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Ricardo Bartís]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Mi amigo grande]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/amigo-grande_129_10617150.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/37596e3c-10c7-422c-9858-696d5b14e0b2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Mi amigo grande"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Una amistad poco probable, un viaje aventurero que supera toda expectativa, desencuentros y reencuentros, una noticia que termina por herir.</p></div><p class="article-text">
        No puedo recordar cu&aacute;ndo conoc&iacute; a <strong>Carlos Defeo</strong>, Carli. Imagino que habr&aacute; sido en el Sportivo teatral, la sala de <strong>Ricardo Bart&iacute;s</strong>, pero no recuerdo exactamente el contexto. Como para que nos hici&eacute;ramos amigos. Con tanta diferencia de edad. Una amistad poco probable. &iquest;Pero, por qu&eacute;? Imagino que coincidimos en fiestas, obras de teatro, en el Sportivo mismo pero me cuesta reconstruir de qu&eacute; modo o en qu&eacute; momento pas&eacute; a ir a su casa seguido y a compartir cosas con &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        S&iacute; s&eacute; que debido a esa amistad, o por lo menos en parte, Carli vino a actuar con nosotrxs en una obra que escribi&oacute; <strong>Santiago Gobernori</strong> que se llamaba <em>Dar&iacute;o tiene momentos de soledad</em> y que ensay&aacute;bamos en la habitaci&oacute;n de Santiago en el PH que compartimos en Caballito. Ah&iacute; Carli, que era jovenc&iacute;simo a sus 35 pero era <em>el grande </em>de entre nosotros, hac&iacute;a de un artista circense que junto a <strong>Ale Ber&oacute;n</strong> y a m&iacute; yiraba por la ruta despu&eacute;s de haber desertado de un circo. En un momento, &eacute;l ten&iacute;a un mon&oacute;logo en el que dec&iacute;a <em>yo estudi&eacute; con Fern&aacute;ndez, no s&eacute; qu&eacute; estoy haciendo ac&aacute;</em>, o algo por el estilo, y era un momento c&oacute;mico porque claramente era el m&aacute;s formado y formal de entre nosotros, pero eso no lo detuvo a la hora de sumarse e improvisar como un ni&ntilde;o puertas adentro de esa habitaci&oacute;n. Estrenamos la obra en un festival del CC Ricardo Rojas en el 2002 y antes de eso hicimos un ensayo general en el patio del mismo PH al que invitamos a <strong>Javier Drolas</strong>, otro actor que entrenaba en el Sportivo en ese momento y que viv&iacute;a pared mediante, en la misma propiedad horizontal. Esa clase de arrojo.
    </p><p class="article-text">
        Al final de ese a&ntilde;o Carlos y yo planeamos un viaje. Fuimos a Retiro a sacar los pasajes para el tren a Tucum&aacute;n. No s&eacute; de d&oacute;nde habr&iacute;amos sacado la idea para esa aventura extrema. O si no extrema, por lo menos intensa. Sacamos pasaje para el 18 o el 19 de diciembre, la idea era pasar la Navidad y el A&ntilde;o Nuevo en el norte del pa&iacute;s. As&iacute; que abordamos ese tren con nuestras mochilas y ansias de aventura a cuestas. 
    </p><p class="article-text">
        Tardamos 30 horas en llegar a Tucum&aacute;n. Nada de ese trayecto fue como fantaseamos. Yo me hab&iacute;a visualizado absorta en el paisaje, expectante de poder ver media Argentina por tierra, no imagin&eacute; que la mayor parte del trayecto el tren se desplazar&iacute;a entre unos arbustos que no permit&iacute;an ver m&aacute;s all&aacute;. Y a la altura de San Nicol&aacute;s, justo antes de entrar a Rosario, es decir a un par de horas de Buenos Aires nom&aacute;s, el tren arroll&oacute; a alguien en una moto y estuvimos horas detenidos sobre las v&iacute;as, <em>hasta que terminen de sacar todo lo que qued&oacute; debajo</em>, seg&uacute;n el guarda que fue vag&oacute;n por vag&oacute;n a explicar la situaci&oacute;n. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Carli era bastante cabrón por momentos, se enojaba, o al menos conmigo, yo lo hacía enojar, no sé, no es fácil convivir, compartimos cuarto, compartimos todo</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En Tucum&aacute;n en diciembre hace un calor infernal. Nos alojamos en una mini habitaci&oacute;n en una pensi&oacute;n con Carli, no recuerdo mucho de la ciudad, m&aacute;s all&aacute; de la casita tucumana, la humedad y el sopor. Y a los d&iacute;as ya nos fuimos para Taf&iacute; del Valle. S&iacute; recuerdo ese ascenso por la monta&ntilde;a en el que el paisaje se modificaba tanto kil&oacute;metro a kil&oacute;metro, sobre todo la vegetaci&oacute;n, aparec&iacute;a esa selva de altura, h&uacute;meda y frondosa. Y ya en Taf&iacute; nos hicimos amigos de un grupo de franceses que estaban de intercambio en la Universidad Cat&oacute;lica de C&oacute;rdoba y plegamos el resto de nuestro viaje a ellos, primero sin quererlo y despu&eacute;s ya como decisi&oacute;n. En Taf&iacute;, se alojaron en el mismo hospedaje que nosotros y cuando nos conocimos nos confesaron que cuando vieron nuestra puerta abierta y las dos camas individuales no hab&iacute;an podido conjeturar de qu&eacute; se trataba nuestro v&iacute;nculo, hab&iacute;an dado por sentado que &eacute;ramos una pareja. Por el contrario a m&iacute; nuestro v&iacute;nculo, esa amistad, me hac&iacute;a sentir absolutamente aut&oacute;noma y poderosa: viajo con mi amigo hombre 13 a&ntilde;os mayor, &iquest;y qu&eacute;?
    </p><p class="article-text">
        Carli era bastante cabr&oacute;n por momentos, se enojaba, o al menos conmigo, yo lo hac&iacute;a enojar, no s&eacute;, no es f&aacute;cil convivir, compartimos cuarto, compartimos todo. Una noche se hab&iacute;a enojado mucho conmigo porque me hab&iacute;a visto muy pendiente de los franceses, de qu&eacute; hac&iacute;an o dejaban de hacer, hab&iacute;a estado ansiosa y a la noche, mientras cen&aacute;bamos en un restaurante, me cag&oacute; a pedos, me cant&oacute; las cuarenta y me recuerdo dici&eacute;ndole <em>no sos mi pap&aacute; para hablarme as&iacute; </em>y en ese momento su cara cambia por completo y yo no entiendo la raz&oacute;n de la transformaci&oacute;n y me hace notar que me est&aacute; sangrando la nariz, <em>te est&aacute; sangrando la nariz</em>. La pelea me hab&iacute;a hecho sangrar la nariz. 
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de esa noche nos acomodamos y plegar nuestro viaje al de los franceses fue una buena forma de descomprimir la convivencia entre nosotros, en varias ocasiones llegamos a compartir habitaci&oacute;n: los tres franceses, el alem&aacute;n que viajaba con ellos, Carli y yo. Una aut&eacute;ntica familia disfuncional. El viaje finalmente result&oacute; de lo m&aacute;s aventurero y superador de cualquier expectativa porque realmente era de mochila y hacer dedo y recorrer la vieja Ruta 40 de ripio a bordo de la caja de una camioneta de lugare&ntilde;os. 
    </p><p class="article-text">
        Pasamos la Navidad en Cachi, en una misa en la capilla recubierta de tronco de cactus y con regalos de amigo invisible entre nuestra familia de ocasi&oacute;n; pasamos A&ntilde;o Nuevo en Iruya, una de las cosas m&aacute;s extremas que viv&iacute;, nuestra extra&ntilde;a comitiva fue invitada a la casa de una se&ntilde;ora lugare&ntilde;a, nos invitaba la comida, nosotros s&oacute;lo ten&iacute;amos que aportar la bebida, eso hicimos, compramos varias botellas de vino, llegamos a la hora citada, la se&ntilde;ora nos abre, son un grupo de evangelistas abstemios que toman jugo en vasitos descartables, nos hacen lugar en una mesa en la terraza, nos sentimos rid&iacute;culos con nuestras botellas en esa casa del se&ntilde;or.
    </p><p class="article-text">
        Unos meses despu&eacute;s tuvimos otra pelea con Carli, se enoj&oacute; porque no estuve a la altura de algo o de varias cosas, me grit&oacute; por tel&eacute;fono, yo tambi&eacute;n me enoj&eacute;, o me ofend&iacute;, no hablamos por un tiempo, despu&eacute;s nos arreglamos pero la amistad se diluy&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Fui a verlo actuar algunas veces en estos a&ntilde;os, recuerdo particularmente su trabajo en <em>Estado de ira</em>, de <strong>Ciro Zorzoli</strong>. No llegu&eacute; a verlo en la que estaba haciendo ahora, la nueva de Bart&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Carli muri&oacute; el s&aacute;bado pasado, a los 57, durmiendo en su cama.
    </p><p class="article-text">
        En la &eacute;poca en la que nos ve&iacute;amos Carli siempre andaba atemorizado por la muerte temprana y s&uacute;bita de su padre, que muri&oacute; de un paro a los 36, si no me equivoco. Porque en la &eacute;poca en la que nos ve&iacute;amos Carli estaba cerca de cumplir esa edad y siempre estaba atemorizado por ese legado.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Un duelo nuevo reactiva todos, siento, esos otros duelos con los que se aprende a convivir, pero que ni se apagan ni desaparecen</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Tuvimos un &uacute;ltimo reencuentro en Ca&eacute;n, una ciudad a dos horas de Par&iacute;s. Carli estaba ah&iacute; haciendo funciones de una obra de <strong>Copi </strong>dirigida por <strong>Marcilla Di Fonzo Bo</strong> y de casualidad yo estaba en la misma ciudad dirigiendo un semimontado de una obra de <strong>Santiago Loza</strong>. Me acompa&ntilde;aba mi mam&aacute; que me ayudaba con mi hijo Ram&oacute;n que ten&iacute;a dos a&ntilde;os entonces, los del teatro nos hab&iacute;an prestado una casa para lxs tres. Una tarde salimos a pasear con Carlitos, Ram&oacute;n, mi mam&aacute;, Carli empujaba ese carro con el ni&ntilde;o y una vez m&aacute;s y en otro lugar, fuimos una familia, esta parec&iacute;a una tipo si se la ve&iacute;a de afuera pero claro, no. Esta fue siempre nuestra familia teatral, una distinta y rara y an&aacute;rquica.
    </p><p class="article-text">
        El domingo me enter&eacute; de la muerte de Carli por Santi Gobernori que me escribi&oacute; desde Madrid. Me dijo que se enter&oacute; de lo de Carli y pens&oacute; en m&iacute;. Qu&eacute; de Carli, le pregunt&eacute; yo, ya temiendo lo peor. Santi lament&oacute; haberme dado la noticia, a m&iacute; me pareci&oacute; apropiad&iacute;simo en nuestra narrativa personal. Y ah&iacute; como que algo se me bloque&oacute;. Y descubr&iacute; una especie de mecanismo de bloqueo interno que es el de asimilar la noticia como si fuera una noticia y no tuviera que ver conmigo y no me pudiera herir. Carli, hace mucho que no lo ve&iacute;a, mir&aacute; vos. Pero esta vez ya no pude hacer ese bloqueo del todo, la muerte de Carli se instal&oacute; con fuerza y reclama estoica su cuota de dolor. Veo las fotos y comentarios de sus amigos en FB. Me siento cerca de cada uno de ellos. Un duelo nuevo reactiva todos, siento, esos otros duelos con los que se aprende a convivir, pero que ni se apagan ni desaparecen.
    </p><p class="article-text">
        Porque, como dice la poeta <strong>Clara Muschietti</strong> en <em>Podr&iacute;a llevar cierto tiempo:</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Cuando algo importante se cae, se vuelve a caer todo lo&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>importante que se cay&oacute; en el pasado.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>RP</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Romina Paula]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/amigo-grande_129_10617150.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 21 Oct 2023 03:01:16 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Mi amigo grande]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Romina Paula,Ricardo Bartís,Carlos Defeo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Intensidades que sí, intensidades que no]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/intensidades-si-intensidades-no_129_10284574.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7257abef-f82a-4b7f-ab4b-7d73526b460d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Intensidades que sí, intensidades que no"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Sobre experiencias ardientes que sirven para enriquecer el arte y otras igual de quemantes -la pobreza, la violencia- que restan más de lo que suman.</p></div><p class="article-text">
        A veces siento que lo m&aacute;s dif&iacute;cil de tener una columna semanal es que yo no creo en hacer una cosa distinta cada semana. Creo en el trabajo, <a href="https://www.eldiarioar.com/opinion/calle-duerme_129_10265546.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ya lo escrib&iacute; la semana pasada</a>. Creo en el poder el tiempo, en su capacidad de hacer que las cosas pesen y dejar que el viento o el ruido se lleven las que no saben pesar; y creo en las obsesiones, en estar siempre hablando de lo mismo, por eso me termino repitiendo tanto, en esta columna y en todo lo que escribo. No me cuesta la <em>small talk </em>pero, en el fondo, la detesto y as&iacute; termino obligando a cualquier extra&ntilde;o a involucrarse en mis dramas existenciales y compartirme los suyos (tener que estar pensando temas nuevos, por diminutos y livianos que sean, me angustia): prefiero que todas las conversaciones se traten sobre las cuestiones que me importan, que son muy pocas, incluso si son con personas que no conozco bien y que no s&eacute; si van a decirme algo que me importe. No estoy haciendo una defensa de esta manera de posicionarse en el mundo, ni en t&eacute;rminos art&iacute;sticos ni en t&eacute;rminos pol&iacute;ticos ni en t&eacute;rminos humanos: estoy hablando de lo que me cuesta, de la dificultad de este espacio de los domingos, que para m&iacute; es de los s&aacute;bados, en realidad, que es cuando termino de escribir.
    </p><p class="article-text">
        Hace ya un mes o dos, por caso, que estoy traduciendo <em>Una habitaci&oacute;n propia</em> de <strong>Virginia Woolf</strong> y, honestamente, ocupa tanto espacio en mi cabeza que no me resulta tan f&aacute;cil hablar de otra cosa. Traducir es como quedar trabado en un embotellamiento yendo a la costa, o como ir al colegio, o como estar en una sala de espera: te toca estar tan quieta, avanzar tan despacio por un lugar por el que la gente pasa o pasar&aacute; despu&eacute;s a otra velocidad que es inevitable concentrarse en cada telara&ntilde;a, en cada fraseo o en cada idea peque&ntilde;&iacute;sima, en cada plazoleta absurda del camino. La primera vez que le&iacute; el libro no hab&iacute;a prestado atenci&oacute;n a todo el cap&iacute;tulo que Woolf dedica a la incandescencia de la mente, que en estas &uacute;ltimas semanas me enloqueci&oacute;. 
    </p><p class="article-text">
        Una de las partes m&aacute;s famosas de este texto es aquella en la que Woolf imagina qu&eacute; hubiera pasado con una Shakespeare mujer, una hipot&eacute;tica hermana de Shakespeare que tuviera su mismo talento y sus mismas ambiciones. Siento que la parte m&aacute;s c&eacute;lebre, o al menos la que a m&iacute; me hab&iacute;a quedado grabada en la memoria, era la que ten&iacute;a que ver con las obvias dificultades materiales que hubiera encontrado esta hermana de Shakespeare, que hubiera terminado, seg&uacute;n Woolf, muerta por suicidio &mdash;b&aacute;sicamente, como termin&oacute; la propia Woolf&mdash; despu&eacute;s de tantos obst&aacute;culos y burlas. Pero no prest&eacute; atenci&oacute;n la primera vez que le&iacute; este texto, quiz&aacute;s porque era chica, quiz&aacute;s porque todav&iacute;a no me dedicaba a escribir y pensaba que eso no pod&iacute;a estar en mis cartas, a la pregunta no ya por las condiciones materiales sino por las condiciones que la mente necesita para crear. Woolf parece estar en alg&uacute;n sentido en contra del modelo del artista torturado, que precisa de una vida intensa para crear, y en otro sentido a favor. 
    </p><p class="article-text">
        La sensaci&oacute;n es que hay intensidades que s&iacute; e intensidades que no, experiencias ardientes que sirven para enriquecer el arte que una puede producir&mdash;como el sexo o la aventura&mdash; y otras igual de quemantes pero que restan m&aacute;s de lo que suman &mdash;la pobreza, o la violencia&mdash;. Para Woolf, el fuego de las segundas es un fuego que hace imposible esto que ella llama la incandescencia de la mente, esa cualidad de la pureza que Shakespeare alcanz&oacute; en un grado m&aacute;ximo: las dificultades de ser mujer produc&iacute;an una ira que, en lugar de ayudar al trabajo, hac&iacute;an que algo de la llama se perdiera al pasar de la mente al papel, que ese traspaso fuera torpe. Eso se ve, dice Woolf, en la obra de muchas escritoras mujeres que parec&iacute;an tener talento pero estaban demasiado distra&iacute;das por la furia para producir poes&iacute;a pura. 
    </p><p class="article-text">
        Me qued&eacute; pensando en esto en relaci&oacute;n con la otra de mis obsesiones del momento, el asunto del shabat, y la costumbre de prender velas para empezarlo y terminarlo. El fuego tiene un sentido para el misticismo jud&iacute;o, igual que para muchas otras tradiciones: representa el intento de los seres humanos por acercarse a lo divino, por ser dioses, por producir su propia luz. Pero ese mismo fuego puede servir para un sacrificio divino o para una destrucci&oacute;n, para iluminar y para matar; puede pasar por una mente incandescente hacia una obra perfecta, o por una mente dispersa hacia una obra fallida. Aunque Woolf distingue las experiencias de las mujeres y las de los varones, creo que sabe que ese fuego interno que produce poes&iacute;a buena y poes&iacute;a mala es el mismo; y que es el mismo, tambi&eacute;n, que le hace tan dif&iacute;cil vivir a cualquiera que tenga la arrogancia y el arrojo de intentar vivir de &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        Pero pens&eacute; en esto de las obsesiones y la reiteraci&oacute;n no principalmente por Virginia Woolf ni por mi trabajo de traducirla, ni porque pensaba volver a hablar de shabat por vez n&uacute;mero tres, cuatro o mil, sino porque anoche vi en el Cervantes <em>La gesta heroica</em>, una versi&oacute;n libre de <em>El rey Lear</em> que escribe y dirige <strong>Ricardo Bart&iacute;s</strong>. Bart&iacute;s dio vuelta la Mar&iacute;a Guerrero para achicar el teatro. Lo le&iacute; muchas veces decir que el teatro se ve hasta la fila 10, y entonces all&iacute; estamos, viendo teatro hasta la fila 10 en una de las salas m&aacute;s grandes del pa&iacute;s. All&iacute; estamos, viendo un teatro muy espec&iacute;fico, un teatro en el que Bart&iacute;s insiste desde mucho antes de que yo naciera, desde mucho antes de que yo supiera su nombre. En un momento determinado, el personaje de Mach&iacute;n (an&aacute;logo al rey Lear, y en alg&uacute;n sentido al propio Bart&iacute;s), que est&aacute; siempre mirando la misma pel&iacute;cula, dice que ya no hay nada nuevo para ver: lo dice el personaje y lo dice su autor, pero con una capa tan grande de tristeza y de cr&iacute;tica que no se entiende &mdash;en el mejor de los sentidos&mdash; si el autor est&aacute; poniendo esa afirmaci&oacute;n en boca de un viejo decr&eacute;pito porque sabe que es solo eso, un s&iacute;ntoma de vejez, o porque sabe que es la sabidur&iacute;a, que de verdad nunca hay nada nuevo o no es tan importante; o por las dos cosas, porque est&aacute; viejo y no puede creer otra cosa o porque incluso de joven pensaba lo mismo, que lo &uacute;nico que hab&iacute;a era casarse con un teatro, con un lenguaje, profundizar en una b&uacute;squeda sin dejar que nadie te corra de ella, ni las modas, ni la sensaci&oacute;n de que lo que hac&eacute;s ha quedado viejo o de que deber&iacute;as dejarte inspirar por cosas nuevas.
    </p><p class="article-text">
        Lo veo a Bart&iacute;s profundizar en sus propias obsesiones, a riesgo de repetirse, a riesgo de aburrir e incluso de desencantar, y a riesgo tambi&eacute;n de decir unas verdades salvajes sobre su vida y su obra que si estuviera revoloteando de un tema a otro jam&aacute;s hubiera llegado a decir; y pienso que es mentira que no quiero hacer una defensa de las obsesiones y de insistir por d&eacute;cadas con los mismos temas y la construcci&oacute;n pormenorizada de un lenguaje sin pasear, sin vacaciones est&uacute;pidas, sin excursiones superfluas; que s&iacute; quiero hacerla, que s&iacute; creo que es una forma superior del arte y de la vida.
    </p><p class="article-text">
        <em>TT</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/intensidades-si-intensidades-no_129_10284574.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 11 Jun 2023 03:01:20 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Intensidades que sí, intensidades que no]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Virginia Woolf,William Shakespeare,Ricardo Bartís]]></media:keywords>
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