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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Richard Wagner]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/richard-wagner/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Richard Wagner]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El Grupo Wagner: música y guerra]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/grupo-wagner-musica-guerra_129_10343467.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2c2dfb16-c3f8-42a2-9000-7f75743a9cad_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El Grupo Wagner: música y guerra"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El musicólogo alemán, Joachim Koller, escribió un ensayo en el que argumenta que las ideas de Hitler fueron un intento de convertir la ópera wagneriana en una realidad política. Wagner, quien había escrito De lo judío en la música, siempre estuvo ligado al nazismo. Por eso no llama la atención que su nombre reaparezca de la mano de los mercenarios  de Prigozhin en la invasión a Ucrania.</p></div><p class="article-text">
        La calamidad civilizatoria que se desat&oacute; con la invasi&oacute;n rusa a Ucrania no deja indemne a la m&uacute;sica. En principio hablamos del Grupo Wagner. D&iacute;as atr&aacute;s Rusia estuvo al borde de la guerra civil cuando <strong>Yevgeny Prigozhin</strong>, el &ldquo;due&ntilde;o&rdquo; de esa fuerza, decidi&oacute; avanzar hasta Mosc&uacute; para dirimir a los balazos su disputa con parte del entorno m&aacute;s selecto de<strong> Vladimir Putin</strong>, entre ellos el ministro de Defensa, <strong>Sergei Shoigu</strong>. La sangre no lleg&oacute; al r&iacute;o. El exvendedor de panchos Prigozhin, cuya ingente fortuna y diversos activos crecieron al amparo del liderazgo en el Kremlin, se fue a Bielorrusia y el Estado putinista se comprometi&oacute; a absorber a los mercenarios.
    </p><p class="article-text">
        Lo que nos interesa ac&aacute; es la genealog&iacute;a del Grupo Wagner. <strong>&ldquo;La Orquesta W te espera. Por el bien y la grandeza de Rusia&rdquo;</strong>, sol&iacute;an rezar las publicidades de cooptaci&oacute;n. Y la &ldquo;Orquesta&rdquo;, con may&uacute;sculas, hab&iacute;a entrado en acci&oacute;n durante la guerra del Domb&aacute;s en Ucrania, entre 2014 y 2015. Sus integrantes han participado a su vez en guerras civiles de Siria, Libia y Mal&iacute;. Pero, &iquest;de d&oacute;nde viene el nombre de ese ej&eacute;rcito que estuvo asociado a Mosc&uacute; y que fue convocado por Putin para &ldquo;desnazificar&rdquo; Ucrania? Todas las fuentes llevan al teniente coronel Dmitry Uktin, uno de los cofundadores del grupo armado (hasta los dientes) y, ante todo, confeso neonazi, capaz de inscribir en su propio cuerpo tatuajes de las Waffen-SS y de la Reichsadler. A Uktin y no a Prigozhin se le ocurri&oacute; bautizar Wagner a esa fuerza en homenaje al compositor alem&aacute;n. Con esa nominaci&oacute;n, se reactivaron viejos fantasmas que revoloteaban alrededor del autor de <em>Trist&aacute;n e Isolda</em>. Vale la pena convocarlos, a los efectos de regresar luego a Ucrania.
    </p><p class="article-text">
        El pensamiento art&iacute;stico de Wagner ha estado en sus or&iacute;genes ligado a los acontecimientos de 1848. Es Wagner quien m&aacute;s emplea la palabra &ldquo;revoluci&oacute;n&rdquo;, en paralelo a &ldquo;futuro&rdquo;.<strong> Y el concepto de &ldquo;revoluci&oacute;n&rdquo; va siempre acompa&ntilde;ado en Wagner de la idea de &ldquo;regeneraci&oacute;n&rdquo;, purificaci&oacute;n</strong>. Lo que quiere, al principio, es redimir a la humanidad. &ldquo;Yo destruyo cuanto existe y a mi paso brota una vida nueva de la roca muerta&hellip;&rdquo;. Wagner estaba, al momento de la Revoluci&oacute;n alemana, muy influenciado por el anarquista Bakunin. Ya por entonces, el revolucionario ruso recurr&iacute;a a la imagen del fuego destructor y purificador de la revoluci&oacute;n proletaria. Ante la pira triunfal, lo &uacute;nico que pretend&iacute;a salvar del pasado musical es el &uacute;ltimo movimiento de la <em>IX Sinfon&iacute;a </em>de Beethoven. Pero, r&aacute;pidamente, Wagner toma distancia de Bakunin. No le interesa regenerar a toda la humanidad sino al pueblo alem&aacute;n. Y, adem&aacute;s, la regeneraci&oacute;n que busca es apenas est&eacute;tica. El nuevo mundo ser&aacute; aquel que acoja al nuevo arte, la obra del porvenir. &ldquo;Los oprimidos obreros de la industria quieren transformase en hombres bellos&rdquo;. <strong>El trasfondo racista ya est&aacute; presente en la obra wagneriana.</strong> En 1848 empieza a sembrar la semilla de lo que ser&aacute; su tetralog&iacute;a, <em>El anillo de los Nibelungos</em>. Paganismo, medioevo y raza son para ese Wagner, mitos que representan una fuga del presente.
    </p><p class="article-text">
        Wagner tambi&eacute;n se siente en un sentido desenga&ntilde;ado. Quiere encontrar su compensaci&oacute;n en la idea de un &ldquo;arte total&rdquo;, capaz de compensar, con su poder, el fracaso de la revoluci&oacute;n que no ha sido. Porque la vivencia de este arte, imagina, ser&aacute; portavoz de una nueva promesa. La voluntad del arte como religi&oacute;n choca con los l&iacute;mites del &ldquo;acontecimiento&rdquo; meramente est&eacute;tico. Y ese acontecimiento est&aacute; definido por el mercado. Wagner identifica a los jud&iacute;os como la personificaci&oacute;n econ&oacute;mica por excelencia. Esa es una de las fuentes de su antisemitismo, aunque no la &uacute;nica. Y esa es, en el fondo, la matriz anticapitalista de Wagner que los nazis hacen suya. Wagner llega a escribir un ensayo <em>De lo jud&iacute;o en la m&uacute;sica</em>. Presta su o&iacute;do para detectar c&oacute;mo hablan esos hombres y mujeres <em>asimilados</em> (pod&iacute;an ascender socialmente, pero carec&iacute;an de derechos pol&iacute;ticos). Ellos, dice, adoptaron el alem&aacute;n &ldquo;con vistas a situarse en una posici&oacute;n ventajosa&rdquo; y as&iacute; se &ldquo;apropiaron&rdquo; de &ldquo;nuestra antigua herencia&rdquo;. La lengua. &ldquo;En ninguna ocasi&oacute;n he podido tener la experiencia de escuchar a jud&iacute;os empleando entre ellos su lengua originaria; al contrario, ha constituido una perpetua sorpresa para m&iacute; encontrar que en cualquier lugar de Europa los jud&iacute;os entend&iacute;an alem&aacute;n, aunque &iexcl;ay!, a la hora de hablarlo, lo hac&iacute;an en una jerga fabricada por ellos mismos&rdquo;. &iquest;Pensaba en el yiddish? &ldquo;Imagino que ha sido esta espuria relaci&oacute;n con la lengua alemana, en que se echa a faltar cualquier grado de refinamiento, lo que les ha venido a obstaculizar el logro de un entendimiento adecuado del mundo alem&aacute;n&rdquo;. Y sentencia: &ldquo;francamente, ser&iacute;a dif&iacute;cil esperar gran cosa en cuanto a ayuda para nosotros mismos de la victoria del mundo moderno de los jud&iacute;os&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Es Adolf Hitler el que se asocia tempranamente con los herederos de Wagner </strong>(Winifred, la nuera del compositor), que hace de Bayreuth, donde se encuentra el teatro que escenific&oacute; sus dramas musicales, un santuario personal. Hitler llega al poder en 1933 apenas dos semanas antes de los fastos por los 50 a&ntilde;os de la muerte del autor de <em>Sigfrido</em>. A muchos les ser&aacute; dif&iacute;cil separar un evento del otro. Una vez que los nazis tomaron el poder, no se cansaron en asegurar que eran los leg&iacute;timos herederos de Wagner. Despu&eacute;s de la derrota en la Segunda Guerra, el teatro de Bayreuth, que hab&iacute;a sido una tribuna del Tercer Reich, trat&oacute; de renovarse.&nbsp;Wieland Wagner impuso una importante renovaci&oacute;n est&eacute;tica. Escond&iacute;a que hab&iacute;a sido el director de un peque&ntilde;o campo de concentraci&oacute;n en esa misma ciudad.
    </p><p class="article-text">
        Un music&oacute;logo alem&aacute;n, Joachim Koller, escribi&oacute; dos libros perturbadores.&nbsp;<em>Nietzsche y Wagner, una lecci&oacute;n de sojuzgamiento</em> y, hace 23 a&ntilde;os, <em>El Wagner de Hitler, el profeta y su disc&iacute;pulo</em>. El argumento de este segundo ensayo es que el programa de Hitler fue un intento de convertir el codificado mundo mitol&oacute;gico de la &oacute;pera wagneriana en una realidad pol&iacute;tica. Hitler actu&oacute; como agente del c&iacute;rculo de Bayreuth, e intent&oacute; materializar la tarea original del compositor. O sea: Hitler cumpli&oacute; sus deseos confesables. La fascinaci&oacute;n del l&iacute;der nazi con Wagner siempre fue indisimulable. Hasta se convirti&oacute; en vegetariano por &eacute;l. Y am&oacute; a los perros como &eacute;l. No hay duda que el antisemitismo fue un factor crucial en su culto al compositor e ide&oacute;logo. Las conclusiones de Koeller son matizadas por otros autores. &ldquo;Hitler hizo de Wagner un profeta, pero, naturalmente, no se puede responsabilizar a Wagner por el modo en que Hitler reinterpret&oacute; a&uacute;n las peores cosas que Wagner escribi&oacute; sobre los jud&iacute;os&rdquo;, cree <strong>Daniel Barenboim</strong>. Claro, todav&iacute;a no hab&iacute;an entrado en escena los mercenarios rusos. &nbsp;Podr&iacute;amos imaginarlos fascinados con <em>El triunfo de la voluntad, </em>la pel&iacute;cula de Leni Riefenstalh que comienza con un Hitler cual semidi&oacute;s viajando en un avi&oacute;n que, al descender, es recibido por una multitud con un ejercicio de estilo musical wagneriano de trasfondo.
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        El costado estetizante del mal que tempranamente asocia al cielo con la destrucci&oacute;n. En el &uacute;ltimo volumen de <em>En busca del tiempo perdido</em>, de <strong>Marcel Proust</strong>, el narrador recupera una conversaci&oacute;n con un amigo. &ldquo;Le hablaba de la belleza de los aeroplanos trepando en la noche&rdquo;. Compara los escuadrones con las constelaciones. &ldquo;&iquest;No prefieres el momento de Apocalipsis, cuando incluso las estrellas son arrojadas de sus cursos? Entonces, las sirenas, no podr&iacute;an haber sido m&aacute;s wagnerianas. Uno podr&iacute;a efectivamente preguntarse si fueron pilotos o valquirias&rdquo;. Y su amigo, le contesta: &ldquo;S&iacute;, la m&uacute;sica de las sirenas, como la cabalgata de las Valkirias&rdquo;. A lo que el narrador a&ntilde;ade: &ldquo;En cierta manera, esto no es err&oacute;neo. El pueblo qued&oacute; en la oscuridad, como arrojado al abismo de la noche, cuando desde la nada los pilotos vuelan, las sirenas comienzan a sonar&hellip;Cada piloto se parece efectivamente una Valkiria&rdquo;. El comentario es anticipatorio de otra famosa escena, <em>Apocalipsis now</em>, de <strong>Francis Ford Coppola</strong>, cuando los helic&oacute;pteros norteamericanos atacan un pueblito vietnamita mientras resuena la &ldquo;cabalgata&rdquo; de las Valkirias desde los altoparlantes. Chaplin hab&iacute;a obrado en sentido inverso, de la mano de <em>Lohengrin, </em>en su pel&iacute;cula <em>El Gran Dictador</em>, de 1945.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Uno de los primeros intentos posmodernos de infligirle a Wagner una derrota simb&oacute;lica al finalizar la Segunda Guerra tuvo lugar en 1957, cuando la televisi&oacute;n norteamericana estren&oacute; </strong><em><strong>What's Opera, Doc?</strong></em><strong>, el corto de Bugs Bunny que resume en cinco minutos el ideario musical del alem&aacute;n</strong>. Todo comienza con Elmer/Sigfried utilizando el tema de las valquiriasp al servicio de una misi&oacute;n inexcusable: matar al conejo. &ldquo;Kill the Wabbit/ Kill the Wabbit&rdquo;, canta como si fuera un alem&aacute;n que vive en Estados Unidos. La obra maestra de Chuck Jones y Looney Tunes incluye a su vez una escena de travestismo: Bugs Bunny se hace pasar por Brunilda, uno de los grandes personajes wagnerianos, a los efectos de burlarse del nibelungo y su yelmo m&aacute;gico. &ldquo;&iquest;Qu&eacute; esperan de una &oacute;pera, un final feliz?&rdquo;, dice, sobre el final, el conejo de la Warner, que no es lo mismo que Wagner Bros, como si, en ese reconocimiento se dejar&iacute;a sentado el car&aacute;cter coyuntural de la moya: habr&iacute;a siempre que volver a un origen perturbador de Wagner.
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        Barenboim, como se sabe, ha intentado tomarse en serio el legado musical. &ldquo;Wagner aprovech&oacute; al extremo todas las formas de expresi&oacute;n a disposici&oacute;n de un compositor; armon&iacute;a, din&aacute;mica, orquestaci&oacute;n. Su m&uacute;sica es sumamente emotiva y al mismo tiempo Wagner ejerce un control extraordinario sobre el efecto que logra&rdquo;. Por eso se ha empecinado en hacer escuchar sus obras en Israel, a pesar de las continuas resistencias. &ldquo;Me resulta triste que el Israel oficial se reh&uacute;se de modo tan obstinado a permitir que sea interpretado&hellip; veo esto como un s&iacute;ntoma de una enfermedad. Las palabras que yo empleo son rudas, pero lo hago de modo deliberado: Hay una politizaci&oacute;n de la conmemoraci&oacute;n del Holocausto y esto es algo terrible&rdquo;, le dijo a<em> Spiegel</em> en 2012. &ldquo;Desde la guerra de Seis D&iacute;as los pol&iacute;ticos israel&iacute;es establecieron una y otra vez una conexi&oacute;n entre el antisemitismo de los europeos y el hecho de que los palestinos no aceptan la creaci&oacute;n del estado de Israel. &iexcl;Pero esto es absurdo! Los palestinos no eran b&aacute;sicamente antisemitas, sino que simplemente no aceptaron ser expulsados. Pero el antisemitismo europeo viene desde mucho mas atr&aacute;s que la partici&oacute;n de Palestina y la fundaci&oacute;n de Israel en 1948. Inclusive viene desde antes del Holocausto. Basta con recordar los pogroms en Rusia y en Ucrania, el caso de Dreyfus en Francia y el antisemitismo de Richard Wagner&rdquo;.
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            </figure><p class="article-text">
        Faltaban dos a&ntilde;os para que entrara en acci&oacute;n en Domb&aacute;s la fuerza mercenaria de Uktin y Prigozhin. Con ellos, otra vez la espeluznante conexi&oacute;n entre Wagner/<em>Apocalypse Now</em> y un desastre que le compete a la cultura europea, desastre que va mucho m&aacute;s all&aacute; del autor que le prest&oacute; el nombre al ej&eacute;rcito privado que acaba de desmembrarse<em>. </em>La presencia del Grupo Wagner en la invasi&oacute;n tuvo su contrapartida norteamericana en The Mozart Group (TMG), una &ldquo;startup militar&rdquo; fundada por un exintegrante de las Fuerzas Especiales, Andy Milburn. Antes de disolverse a fines de enero de este a&ntilde;o por un conflicto entre sus integrantes y denuncias de negocios opacos con la guerra, los <em>mozartianos</em> se propon&iacute;an &ldquo;construir una capacidad sostenible en las unidades militares y de defensa territorial de Ucrania para que pueda defenderse de la invasi&oacute;n de Rusia&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Como si faltaran apropiaciones espurias, el conflicto que nos estremece ha dado la posibilidad que exlegionarios franceses funden en el teatro de operaciones el Team o &Eacute;quipe Berlioz, por el autor de la <em>Sinfon&iacute;a fant&aacute;stica, </em>para darle a la ruina de la cultura de estos tiempos b&eacute;licos una saz&oacute;n parisina. &iquest;Sabr&iacute;an de las caricaturas del siglo XIX en las que se asociaba al portentoso sonido de sus obras con una unidad de combate?
    </p><p class="article-text">
        <em>AG/MG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Abel Gilbert]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/grupo-wagner-musica-guerra_129_10343467.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 02 Jul 2023 03:02:48 +0000]]></pubDate>
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