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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Meshell Ndegeocello]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/meshell-ndegeocello/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Meshell Ndegeocello]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Del otro lado del espejo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/lado-espejo_129_10361088.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/411b74e0-69d7-4b86-9d05-29b99721d05c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Del otro lado del espejo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Meshell Ndegeocello crea en su último disco, The Omnichord Real Book, un mundo de reflejos e imágenes sonoras que se desplazan y ponen en escena la difuminación de límites, de género y de géneros. 
Novedades y rescates en la red, entre las redes.

</p></div><p class="article-text">
        Cruce de caminos, hubiera dicho <strong>Robert Johnson</strong>. Historias americanas (y habr&iacute;a que precisar: norteamericanas), como ense&ntilde;aron <strong>Carson McCullers, Dorothy Parker, Cormac McCarthy, Flannery O&rsquo;Connor</strong> o, desde el lado paranoico del espejo, <strong>Philip Dick</strong> y <strong>Thomas Pynchon</strong>. En todo caso, nada podr&iacute;a ser m&aacute;s (norte) americano que una estrella de un g&eacute;nero al costado de varios g&eacute;neros: rapper y bajista, compositora y cantante, sesionista de los Stones o de <strong>Madonna</strong> y fundadora de una suerte de neo-soul (o neo-pop o neo-jazz o neo-funk, vaya a saberse).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hija de un sargento mayor del ej&eacute;rcito que tocaba el saxo, nacida en uno de los lados de Berl&iacute;n (cuando se llamaba Occidental) con el nombre de Michelle Lynn Johnson y bautizada a s&iacute; misma como <strong>Meshell Ndegeocello</strong>, que en swahili significa &ldquo;libre como un p&aacute;jaro&rdquo;, negra, queer, contestataria y experimental, ella acaba de sacar un nuevo disco en cuyo t&iacute;tulo se homenajea a la vez la idea del <em>Real Book</em> &ndash;la Biblia del jazz, donde figuran la melod&iacute;a y el cifrado arm&oacute;nico de todos los temas cl&aacute;sicos del g&eacute;nero&ndash; y un instrumento japon&eacute;s de pl&aacute;stico, el omnichord, tan despreciado por la <em>inteligentsia</em> como valorado por personajes como <strong>Brian Eno, Joni Mitchell </strong>y <strong>Damon Albarn</strong>. En <em>The Omnichord Real Book</em>, no obstante, es bueno saber que el instrumento del t&iacute;tulo aparece bajo una capa de elaboraci&oacute;n (o de elaboraciones sucesivas) en la que participan, adem&aacute;s, notables de muy variadas extracciones: el pianista <strong>Jason Moran</strong>, el trompetista <strong>Ambrose Akinmusire</strong>, el guitarrista <strong>Jeff Parker, Joel Ross</strong> en vibr&aacute;fono y la arpista <strong>Brandee Younger.</strong>
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    </figure><p class="article-text">
        Por otra parte, nada podr&iacute;a ser m&aacute;s (sud) americano &ndash;cuestiones de la distribuci&oacute;n de m&uacute;sica en el patio trasero del patio trasero y de la falta de canales de divulgaci&oacute;n que hablen de lo que el mercado no habla&ndash; que el hecho de que una artista multipremiada y con una carrera de treinta a&ntilde;os plagada de hallazgos y sorpresas, sea aqu&iacute;, donde actu&oacute; en 2016, mucho menos conocida que lo que merecer&iacute;a. Sus primeros discos, <em>Plantation Lullabies</em> (1993) y <em>Peace Beyond Passion</em> (1996) circulan por los l&iacute;mites (o exactamente sobre los l&iacute;mites) del funk. El tercero, <em>Bitter,</em> de 1999, los traspasa. Ya la introducci&oacute;n del cuarteto de cuerdas en &ldquo;Adam&rdquo; y la exquisita, hipn&oacute;tica, balada que le sigue, &ldquo;Fool of Me&rdquo;, hablan de otra cosa. De algo que se expandir&iacute;a en el inclasificable <em>The Spirit Music Jamia: Dance of the Infidel</em> editado en Francia en 2005. All&iacute;, en un &aacute;lbum que no es de jazz pero que usa al jazz como uno de sus materiales, participan m&uacute;sicos como <strong>Oliver Lake, Don Byron, Kenny Garrett</strong> o <strong>Jack DeJohnette</strong> &ndash;todos ilustres m&uacute;sicos de jazz&ndash; y en un tema, &ldquo;The Chosen&rdquo; canta <strong>Cassandra Wilson.</strong>&nbsp;
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    </figure><p class="article-text">
        <em>The Omnichord Real Book</em>, el debut de Ndegeocello en el sello Blue Note, como mucho de lo que est&aacute; viendo la luz &uacute;ltimamente, tuvo su g&eacute;nesis durante el confinamiento a causa de la pandemia de Covid. Experimentos con el famoso omnichord que despu&eacute;s fueron derivando hacia un disco en que el eclecticismo y la heterogeneidad &ndash;o las maneras de bordear estilos sin acabar de fijarlos en la imagen&ndash; se convierte en norma. La primera canci&oacute;n, &ldquo;Georgia Ave&rdquo;, sobre un ostinato r&iacute;tmico, va sumando capas de peque&ntilde;os comentarios instrumentales. La que le sigue, &ldquo;An Invitation&rdquo;, parte del m&aacute;s banal de los comienzos y tambi&eacute;n en este caso va convirtiendo ese material primigenio en irreconocible. En &ldquo;Call The Tune&rdquo; son las voces las que rarifican la pintura original y en &ldquo;Towers&rdquo; unos acordes casi Beatles derivan hacia un mundo sonoro donde el pop aparentemente sencillo de la superficie es permanentemente interpelado, desplazado o difuminado. El primer tema t&iacute;pico del disco es el m&aacute;s at&iacute;pico de todos, una especie de balada en la que Jason Moran, desde el piano, va moviendo permanentemente el fondo para desfigurar la figura. Todo el &aacute;lbum es una especie de juego de reflejos falsos y fantasmas, donde nada es exactamente lo que parece en primera instancia. Eventualmente, la trompeta de Akinmusire en &ldquo;Burn Progression&rdquo; &ndash;nuevamente en un tema que se va astillando y transformando en su transcurso&ndash; est&aacute; entre lo mejor de un &aacute;lbum en el que no podr&iacute;a haber mejor cierre que el de &ldquo;Virgo 3&rdquo;, con una guitarra r&iacute;tmica casi &ldquo;disco&rdquo;, arreglos del vanguardista <strong>Oliver Lake,</strong> una plegaria (&ldquo;They&rsquo;re calling me&rdquo;) que parece evocar el &ldquo;A Love Supreme&rdquo; de <strong>John Coltrane</strong>, un arpa que recuerda a su esposa Alice y, como sustrato, un bajo ultra funk y, claro, el omnichord.
    </p><p class="article-text">
        <em>DF&nbsp; </em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Diego Fischerman]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 08 Jul 2023 03:05:21 +0000]]></pubDate>
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