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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - sharenting]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/sharenting/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - sharenting]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[“Ojalá mi mamá no hubiese subido mi foto”: los primeros niños de Facebook ya son adultos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/ojala-mama-no-hubiese-subido-foto-primeros-ninos-facebook-son-adultos_1_12111320.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/415d7f0d-80ba-4c4a-88c7-6ff0632eaf31_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="“Ojalá mi mamá no hubiese subido mi foto”: los primeros niños de Facebook ya son adultos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El 'sharenting', la práctica de compartir en redes sociales la vida privada de los menores, implica que muchos padres publiquen fotos y videos de sus hijos sin su consentimiento, exponiéndolos a riesgos como el acoso, el robo de identidad o la vulneración de su privacidad
</p></div><p class="article-text">
        En septiembre de 2006, Facebook dej&oacute; de ser una red social dirigida a los universitarios estadounidenses y se abri&oacute; al p&uacute;blico general, que se registr&oacute; en la plataforma de Mark Zuckerberg con alegr&iacute;a. Para finales del a&ntilde;o ya ten&iacute;a 12 millones de seguidores y lo que sigui&oacute; ya lo sabe casi todo el mundo porque la frase &ldquo;yo no tengo perfil&rdquo; se convirti&oacute; en el equivalente a &ldquo;yo no tengo televisi&oacute;n&rdquo;. Los usuarios compart&iacute;an opiniones, pensamientos e im&aacute;genes de la vida cotidiana sin pensar en posibles consecuencias. Las vacaciones o las borracheras nocturnas de muchos de aquellos primeros habitantes de ese espacio <em>online</em> est&aacute;n documentadas. Y tambi&eacute;n la infancia de sus hijos, que no pudieron dar su consentimiento en su momento, pero que ahora ya son adultos.
    </p><p class="article-text">
        Fernando, de 24 a&ntilde;os, pertenece a esa generaci&oacute;n de estrellas infantiles de las redes de su familia. Su madre subi&oacute; fotos suyas a Facebook y &ldquo;alguna al WhatsApp&rdquo; dice, precisamente por ese canal. Por supuesto, ella nunca le pidi&oacute; permiso porque era chiquito y ahora &eacute;l preferir&iacute;a que su progenitora no hubiese subido esas im&aacute;genes: &ldquo;Si mi imagen tiene que estar en Internet, que hoy en d&iacute;a hay un mont&oacute;n por ah&iacute;, me gustar&iacute;a que fuese 100% mi decisi&oacute;n&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        &Aacute;ngela, de 23 a&ntilde;os, no sabe si hubiese preferido que su padre subiese a Facebook y WhatsApp sus fotos como hizo cuando era chica. Luc&iacute;a, de 21 a&ntilde;os, vivi&oacute; la misma experiencia y tambi&eacute;n duda, mientras que Indi dice que &ldquo;depende de la foto&rdquo;. Ella tiene 20 a&ntilde;os y en su familia &ndash;su padre, su madre y sus hermanos&ndash; a d&iacute;a de hoy siguen sin preguntarle si les da permiso para publicar im&aacute;genes suyas en Internet. A Luc&iacute;a tampoco le preguntan, pero a &Aacute;ngela s&iacute;. Fernando, por su parte, comenta que ahora su t&iacute;o s&iacute; le pide consentimiento. Antes lo consultaba con su madre.
    </p><p class="article-text">
        &Eacute;l ley&oacute; una entrevista a una chica que se hizo famosa porque sus padres colgaron una foto suya que se hizo viral y le llam&oacute; la atenci&oacute;n. &ldquo;Mucha gente la reconoc&iacute;a por la calle y le ped&iacute;an fotos o que pusiese 'la cara' y se sent&iacute;a superinc&oacute;moda&rdquo;, se&ntilde;ala. Aunque le hacen mucha gracia los memes de ni&ntilde;os e incluso los utiliza como<em> stickers</em> en Whatsapp, es consciente de que es una imagen de un menor que se subi&oacute; a Internet sin consentimiento previo y esto le hace un poco de ruido.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Si mi imagen tiene que estar en Internet, que hoy en día hay un montón, me gustaría que fuese 100% mi decisión</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Fernando</span>
                                        <span>—</span> 24 años
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Una de esas ni&ntilde;as-meme es Chloe Clem, la conocida ni&ntilde;a rubia que 'mira de reojo'. Se convirti&oacute; en una celebridad <em>online</em> a los dos a&ntilde;os cuando su madre colg&oacute; unos videos en YouTube con la reacci&oacute;n de sus hijas ante la noticia de que ese d&iacute;a no ir&iacute;an al colegio sino a Disneylandia: mientras que su hermana Lily, de siete a&ntilde;os, estalla de alegr&iacute;a, ella pone una cara de incomprensi&oacute;n mezclada con displicencia m&aacute;s propia de una adulta que de una nena. En 2013, alguien hizo una captura de pantalla de esa expresi&oacute;n y se viraliz&oacute; a toda velocidad.
    </p><p class="article-text">
        La familia se llen&oacute; de plata porque es la propietaria de la imagen original y, por lo tanto, pudo monetizarla. La madre, Katie, cont&oacute; hace poco a la <a href="https://people.com/side-eyeing-chloe-mom-recalls-fame-regret-and-a-lot-of-guilt-exclusive-8773941" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">revista </a><a href="https://people.com/side-eyeing-chloe-mom-recalls-fame-regret-and-a-lot-of-guilt-exclusive-8773941" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>People</em></a> que eran pobres y gracias al meme de su hija pudieron pagar las facturas, el alquiler, la comida y hasta ahorrar. El clan continu&oacute; con su canal de YouTube hasta 2020, cuando las ni&ntilde;as perdieron el inter&eacute;s por los videos. A d&iacute;a de hoy, la progenitora tiene sentimientos encontrados acerca de su proceder y se siente algo culpable. Sin embargo, Chloe no se muestra demasiado afectada y, de hecho, siempre lleva su carta del juego de mesa <em>What Do You Meme</em> para ense&ntilde;&aacute;rsela a la gente. &ldquo;Es genial&rdquo;, sostiene.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                &#039;Side Eyeing Chloe&#039;, la imagen de Chloe Clem &#039;mirando de reojo&#039; que la convirtió en meme y celebridad a los dos años cuando su madre colgó unos vídeos en YouTube.                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Si tuviese hijos, Luc&iacute;a solo compartir&iacute;a sus fotos en redes con perfil privado y le parece mal que haya usuarios que publiquen contenidos de su descendencia para ganar popularidad porque considera que los ni&ntilde;os que son reconocidos por la gente ajena a su entorno pueden sentirse agobiados. &Aacute;ngela tampoco piensa que est&eacute; bien y cree que en un futuro los menores podr&iacute;an sentir verg&uuml;enza al ver su infancia documentada en la nube o ser v&iacute;ctimas de <em>bullying</em>. A Indi le parece que si a un adulto le puede resultar estresante que le reconozcan cada vez que sale a la calle, &ldquo;imaginate lo que puede llegar a suponer para un ni&ntilde;o&rdquo;, afirma y se&ntilde;ala la pedofilia como otro peligro potencial. Ella tambi&eacute;n subir&iacute;a las fotos de su descendencia a redes con perfil privado, mientras que &Aacute;ngela no publicar&iacute;a nada.
    </p><h2 class="article-text"><strong>El dilema del &lsquo;sharenting&rsquo;</strong></h2><p class="article-text">
        &lsquo;Sharenting&rsquo; es un t&eacute;rmino anglosaj&oacute;n que nace de la fusi&oacute;n de las palabras <em>share</em> (compartir) y <em>parenting </em>(crianza) y se refiere a la acci&oacute;n de publicar contenidos protagonizados por los hijos en las redes sociales. Cuando Facebook se hizo global no hab&iacute;a demasiada informaci&oacute;n pero en la actualidad hay cada vez m&aacute;s advertencias sobre los peligros de exponer a los menores en Internet. Sin embargo, la actitud de los padres y madres al respecto abarca un amplio espectro que va desde la despreocupaci&oacute;n a la protecci&oacute;n total.
    </p><p class="article-text">
        Por ejemplo, Leticia comparte fotos y videos de sus tres hijas en su perfil de Instagram, que es p&uacute;blico. Nunca le surgieron dudas acerca de si pod&iacute;a ser peligroso o si a las ni&ntilde;as les dar&iacute;a verg&uuml;enza que esas im&aacute;genes estuviesen en Internet porque considera son apropiadas y no las expone demasiado. &ldquo;Pens&eacute; en el futuro y siempre intent&eacute; mantener un equilibrio pero creo que, al final, son recuerdos bonitos que forman parte de su vida y de la m&iacute;a&rdquo;, sostiene.
    </p><p class="article-text">
        Ahora que crecieron &ndash;la mayor tiene m&aacute;s de ocho a&ntilde;os&ndash; les pregunta antes de publicar contenido relacionado con ellas: &ldquo;A veces me dicen: 'Mam&aacute;, sube esa foto que me gusta', o me preguntan por qu&eacute; no puse alguna foto suya. Y si me comentan que no les gusta, lo respeto sin dudar&rdquo;. El padre tambi&eacute;n publica fotos de las ni&ntilde;as, aunque a veces es m&aacute;s reservado que ella. &ldquo;Siempre hablamos de lo que es apropiado y lo que no, y pensamos lo mismo en cuanto a los l&iacute;mites. Si alguna vez surge un desacuerdo, lo hablamos pero, en general, estamos de acuerdo&rdquo;, apunta Leticia.
    </p><p class="article-text">
        En el otro extremo est&aacute;n Vega y Roberto, que nunca colgaron en Internet un contenido en el que aparezca su hija Greta, de dos a&ntilde;os y medio. &ldquo;Creemos que debe ser ella quien decida su exposici&oacute;n p&uacute;blica y qu&eacute; huella digital quiere dejar en redes porque el impacto de una publicaci&oacute;n es incalculable. Pensamos que tiene derecho a la protecci&oacute;n de su imagen y a que sus padres no se la arruinen&rdquo;, explica la madre. 
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, tienen miedo de los peligros a los que se exponen los ni&ntilde;os en Internet. &ldquo;Porno ped&oacute;filo, <em>bullying, grooming&hellip;</em> no son palabras que quieres que tengan algo que ver con tu hija&rdquo;, apostilla. Por su parte, Roberto indica que: &ldquo;Damos por sentado que los ni&ntilde;os que apenas llevan unos a&ntilde;os por el mundo no pueden dar su consentimiento porque no pueden entender las consecuencias de sus actos; pero lo peliagudo es que quiz&aacute; tampoco los adultos estemos muy preparados para calibrar el impacto de una decisi&oacute;n tan aparentemente trivial como publicar una foto en la playa&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Creemos que debe ser ella quien decida su exposición pública y qué huella digital quiere dejar en redes porque el impacto de una publicación es incalculable</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Vega</span>
                                        <span>—</span> madre de una niña de dos años y medio
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Ellos lo tienen muy claro pero, por si acaso, le pidieron al resto de la familia que tampoco subiesen ninguna imagen de Greta a las redes. Las pocas veces que lo hicieron, le pixelaron la cara o le pusieron un emoji para tap&aacute;rsela. &ldquo;Mi madre lo que hace es publicar fotos en el estado de WhatsApp y pedimos que nunca publique una foto de Greta&rdquo;, apunta Vega. Puede parecer que esa herramienta de mensajer&iacute;a no es tan p&uacute;blica como lo puede ser Instagram o Facebook pero lo es incluso m&aacute;s. Cualquier persona que la utilice puede acceder a la informaci&oacute;n visible del resto de usuarios.
    </p><p class="article-text">
        Margarita, que tiene dos hijas peque&ntilde;as, tuvo que hablar con la abuela para que no pusiera nada de ellas en su estado: &ldquo;Tiene una foto de las ni&ntilde;as en su perfil, que a m&iacute; no me hace mucha gracia, y subi&oacute; puntualmente alg&uacute;n video o foto a los estados. Tuvimos una conversaci&oacute;n al respecto y ah&iacute; se dio cuenta [de que pod&iacute;a ser peligroso]. Desde entonces dice que ya no va a poner nada&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                La actitud de los padres y madres respecto al &#039;sharenting&#039; abarca un amplio espectro que va desde la despreocupación a la protección total.                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text"><strong>Qu&eacute; dicen los expertos</strong></h2><p class="article-text">
        El abogado y consultor legal tecnol&oacute;gico <a href="https://tecnoabogado.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Jos&eacute; Luis Vilaplana</a> explica que los principales riesgos del <em>sharenting </em>son: &ldquo;La recopilaci&oacute;n de datos que permite crear perfiles detallados de los menores, facilitando el robo de identidad infantil. Adem&aacute;s, la geolocalizaci&oacute;n y los metadatos en fotos pueden revelar rutinas y domicilios, exponiendo a los menores al acoso (saber si est&aacute; llegando o saliendo del colegio, por ejemplo)&rdquo;. Asimismo, se&ntilde;ala que &ldquo;las im&aacute;genes pueden ser utilizadas para<em> </em><a href="https://www.eldiario.es/temas/phishing/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>phishing</em></a><a href="https://www.eldiario.es/temas/phishing/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> </a>dirigido,<em> digital kidnapping, </em>o incluso para crear <a href="https://www.eldiario.es/sociedad/deepfakes-sexuales-caso-menores-almendralejo-consolida-nueva-forma-violencia-machista_1_10527153.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"><em>deepfakes.</em></a> A largo plazo, esta huella digital permanente puede afectar sus oportunidades laborales y personales de futuro&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En pa&iacute;ses como Francia e Italia ya se establecieron formas de regular la exposici&oacute;n de los menores en las redes sociales para protegerlos a nivel legal. 
    </p><p class="article-text">
        Como experto, Vilaplana recomienda que se minimice la informaci&oacute;n que se comparte: &ldquo;Antes de publicar, <span class="highlight" style="--color:white;">preg&uacute;ntate si la foto o el dato podr&iacute;an exponer la ubicaci&oacute;n, rutina o informaci&oacute;n sensible de tu hijo/a. Elimina los metadatos de las fotos y utiliza perfiles privados&rdquo;. Asimismo, remarca que nunca hay que mostrar fechas de nacimiento completas, nombres de mascotas o im&aacute;genes de documentos: &ldquo;Monitorea la huella digital de tu hijo/a y educa a tus familiares sobre estos riesgos, incluidos los abuelos. Involucra a tus hijos/as en la gesti&oacute;n de su huella digital a medida que crecen, respetando su autonom&iacute;a y privacidad&rdquo;.</span>
    </p><h2 class="article-text"><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>&iquest;Por qu&eacute; se comparten fotos de los hijos?</strong></span></h2><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Si cada vez hay m&aacute;s informaci&oacute;n sobre los riesgos del </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>sharenting, </em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> &iquest;por qu&eacute; se sigue haciendo? La psic&oacute;loga </span><a href="https://www.psicologadevalencia.es/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Bego&ntilde;a Albalat</a> declara que hay diversos factores, pero el que<span class="highlight" style="--color:white;"> m&aacute;s observa en su consulta es el '</span>sesgo de invulnerabilidad', que hace que las personas piensen que 'eso' nunca les va a pasar a ellas. &ldquo;Nos&nbsp;ocurre a todos en diferentes ocasiones y hace que a veces se cometan imprudencias con m&aacute;s o menos consecuencias. Ser conscientes de esto a veces es suficiente para dejar de compartir esas fotos&rdquo;, afirma.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">En ocasiones, hay un componente de comparación social, mostrar una versión idealizada de la crianza o del propio hijo puede, de manera inconsciente, alimentar la autoestima del adulto</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Ainhoa Plata</span>
                                        <span>—</span> psicóloga
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Para la psic&oacute;loga <a href="https://www.psicologabcn.es/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Ainhoa Plata</a> tiene que ver con una combinaci&oacute;n de aspectos psicol&oacute;gicos: la sensaci&oacute;n de validaci&oacute;n social que supone <a href="https://www.eldiario.es/era/corazon-fueguito-queremos-decir-damos-like_1_12022421.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">cada 'me gusta'</a> o comentario positivo, la construcci&oacute;n de una narrativa p&uacute;blica de identidad familiar y la expresi&oacute;n de amor u orgullo por los hijos. &ldquo;En ocasiones, hay un componente de comparaci&oacute;n social, mostrar una <a href="https://www.eldiario.es/nidos/crianza-vinculo-hijos-psicologia_1_12051019.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">versi&oacute;n idealizada de la crianza</a> o del propio hijo puede, de manera inconsciente, alimentar la autoestima del adulto&rdquo;, desarrolla la especialista.
    </p><p class="article-text">
        Ambas est&aacute;n de acuerdo en que esta exposici&oacute;n p&uacute;blica puede repercutir de manera negativa en los menores, que pueden sentir vulnerabilidad, verg&uuml;enza, desconfianza o problemas de autoestima, entre otros problemas. Adem&aacute;s, Plata siente rechazo por las cuentas en las que los padres hablan abiertamente sobre los diagn&oacute;sticos o condiciones neurodivergentes de sus hijos. &ldquo;Aunque su intenci&oacute;n pueda ser 'ayudar' o 'concientizar', est&aacute;n revelando informaci&oacute;n que forma parte de su historial m&eacute;dico o psicol&oacute;gico, sin pensar en c&oacute;mo eso puede afectarles cuando crezcan, ya sea en su identidad, sus relaciones o incluso sus oportunidades profesionales. Sinceramente, en este aspecto creo que los menores est&aacute;n legalmente desprotegidos&rdquo;, dice.
    </p><p class="article-text">
        Albalat trat&oacute; en su consulta el tema del <em>sharenting </em>en alguna ocasi&oacute;n con padres, pero a&uacute;n no con adultos que est&eacute;n sufriendo las consecuencias del comportamiento<em> online </em>de sus familias. Las dos psic&oacute;logas est&aacute;n seguras de que ese tipo de casos llegar&aacute;n y cuando sus respectivos pacientes les piden consejo, las respuestas de ambas van encaminadas a alertar sobre los posibles peligros y a proteger la intimidad de los ni&ntilde;os. &ldquo;El objetivo no es demonizar el compartir algunos momentos familiares sino fomentar una crianza digital consciente y respetuosa&rdquo;, concluye Plata.
    </p><p class="article-text">
        <em>Los nombres de los j&oacute;venes que dan su testimonio en este art&iacute;culo fueron cambiados por petici&oacute;n de los participantes para preservar su anonimato.</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carmen López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/ojala-mama-no-hubiese-subido-foto-primeros-ninos-facebook-son-adultos_1_12111320.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 07 Mar 2025 09:32:13 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[“Ojalá mi mamá no hubiese subido mi foto”: los primeros niños de Facebook ya son adultos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[sharenting,Redes sociales]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["Está mal subir fotos de mis hijos a las redes, pero no puedo evitarlo”: sobre el sharenting como otro dilema parental]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/blog/un-trabajo-extraordinario-historias-e-ideas-sobre-maternidad-y-paternidad-en-argentina/mal-subir-fotos-hijos-redes-no-evitarlo-sharenting-dilema-parental_132_10380414.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a87ec969-e5e7-4399-9c6c-4482c7f7030f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&quot;Está mal subir fotos de mis hijos a las redes, pero no puedo evitarlo”: sobre el sharenting como otro dilema parental"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La mayor parte de los padres y madres conoce los riesgos de publicar imágenes de sus hijos en las redes sociales. Pero lo siguen haciendo. ¿Cuáles son las razones de es impulso irrefrenable, esa necesidad de mostrar?</p></div><p class="article-text">
        Hace poco una amiga me cont&oacute; una an&eacute;cdota horrenda. Despu&eacute;s de escribir una nota sobre un tema que se met&iacute;a de lleno en la grieta, empez&oacute; a recibir una avalancha indomable de odio en las redes. Entre todos esos mensajes &ndash;de los que ley&oacute; solo algunos&ndash; un tipo de mensaje todav&iacute;a la perturbaba unos a&ntilde;os despu&eacute;s:<strong> en Twitter, le pusieron fotos de ella con su hijo, con mensajes intimidatorios</strong>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las fotos, l&oacute;gicamente, las hab&iacute;an sacado de alguna de sus redes sociales en donde muchas personas compartimos informaci&oacute;n personal de manera voluntaria y entusiasta. A diferencia de las narrativas dist&oacute;picas de c&oacute;mo las plataformas nos roban datos personales y trackean nuestra respiraci&oacute;n gracias a t&eacute;rminos y condiciones abusivos, ac&aacute; no hay coerci&oacute;n ni secretos, sino <strong>un deseo indudablemente contempor&aacute;neo que nos lleva a hacer p&uacute;blica nuestra intimidad</strong>, como retrat&oacute; hace m&aacute;s de una d&eacute;cada <strong>Paula Sibilia</strong>, entre otros, en un libro a esta altura cl&aacute;sico: <em>La intimidad como espect&aacute;culo</em>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando tenemos hijos chicos, muchos los mostramos conociendo y a la vez menospreciando los riesgos. O desconci&eacute;ndolos, hasta que alguna an&eacute;cdota o hecho perturbador y disruptivo nos paraliza, nos hace replantearnos nuestro v&iacute;nculo con la tecnolog&iacute;a para despu&eacute;s, probablemente, volver a usarla como antes al cabo de unos d&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        La que imagin&oacute; consecuencias tajantes del <em>sharenting</em> como decisi&oacute;n maternal fue la escritora <strong>Delphine de Vigan.</strong> En su novela <em>Los reyes de la casa</em>, una mam&aacute; de dos hijos vive monetizando su canal de YouTube en el que su hija es protagonista absoluta y preguntando en Instagram encuestas a sus seguidores hasta que la nena desaparece por completo. A ra&iacute;z de este caso policial, la novela va develando una trama de pantallas e indicios constantes sobre aspectos ciertamente privados que dejamos ver en las redes sociales.&nbsp;Tambi&eacute;n, distintas miradas de distintas instituciones sobre los potenciales riesgos.
    </p><p class="article-text">
        La decisi&oacute;n de publicar informaci&oacute;n preciada sobre nuestra vida privada se parece cada vez menos a eso, a una decisi&oacute;n: m&aacute;s bien, la vida en el entorno digital (como lo llaman Pablo Boczkowski y Eugenia Mitchelstein) es una vida siempre online, con entradas y salidas tan flu&iacute;das que son imperceptibles y ni se inmutan ante un tick autom&aacute;tico en el cuadrado de t&eacute;rminos y condiciones. Incluso, tampoco se detienen demasiado en formularios f&iacute;sicos en el que diversas instituciones, entre ellas los colegios, piden autorizaci&oacute;n para disponer de las im&aacute;genes de nuestros hijos, que de golpe son protagonistas de las cuentas de redes sociales que promocionan esos colegios gracias a sus alumnos felices.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No es un tema de culpabilizar a los adultos sino m&aacute;s bien parece un signo de los tiempos el no saber del todo qu&eacute; hacer con eso, c&oacute;mo domar el impulso que nos facilita <em>volvernos p&uacute;blicos</em>, como dice<strong> Boris Groys</strong>, con los reparos que eso nos genera tanto cuando se trata de nuestra propia actividad como de la de personas que tenemos circunstancialmente a cargo, como nuestros hijos.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En una nota muy sensata en el New Yorker sobre un nuevo libro a prop&oacute;sito del tema,<strong> Hua Hsu </strong>interpret&oacute; el fen&oacute;meno con mayor complejidad: obvio que hay una cuota de querer mostrar a tus hijos con su mejor luz e ir dise&ntilde;ando una maternidad o paternidad agradable y divertida, solo compuesta de esos momentos que s&iacute; se pueden fotografiar. Pero no hace falta ser condescendiente para subrayar el aspecto social de las redes sociales: &ldquo;El aislamiento de la paternidad te lleva a lugares extra&ntilde;os, especialmente al principio, y necesitas a tu tribu. <strong>Compartir im&aacute;genes o historias en las redes sociales hace que la experiencia sea soportable</strong>, conectando a uno con un mundo m&aacute;s grande en un momento en que parece que las escalas y los contornos de la vida se est&aacute;n reduciendo&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s de un placer por ser parte de una conversaci&oacute;n en momentos de soledad y exigencias m&uacute;ltiples, ese aspecto &iacute;ntimo en la pulsi&oacute;n de compartir es tambi&eacute;n parte de la complejidad de nuestra era, a menos que queramos seguir abonando a los relatos de p&aacute;nico moral sobre las redes sociales que nos manipulan con los datos que nos extraen sin nuestro permiso o conocimiento o aprovech&aacute;ndose de la necesidad de manutenci&oacute;n como la pobre madre de la novela: la verdad es que hay muchos datos, bastante &iacute;ntimos, que les damos simplemente porque queremos, porque nos gusta que otras madres o padres nos respondan y est&eacute;n al tanto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Carolina Martinez Elebi </strong>es Licenciada en Comunicaci&oacute;n e investiga el <a href="https://www.dhytecno.ar/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">cruce</a> entre derechos humanos y tecnolog&iacute;a. Su perspectiva desde los derechos del ni&ntilde;o es crucial para combinar el foco del que comparte con el que es compartido sin su consentimiento. Por un lado, se&ntilde;ala los potenciales conflictos: &ldquo;En primer lugar tiene que ver con entender que desde que una persona nace tiene derechos, que un ni&ntilde;o no es alguien que nos pertenece y por lo tanto por el hecho de ser sus tutores tenemos la libertad de autorizar la publicaci&oacute;n de su imagen. Se trata de entender que desde que nace tiene derecho a la intimidad, a estar en un entorno seguro, contenido, a comprender su propia l&iacute;nea hist&oacute;rica: eso que hoy es el puro presente se convierte en un registro que va a quedar como una huella digital para siempre disponible en la red&rdquo;. Tambi&eacute;n, se&ntilde;ala que hay mejores y peores pr&aacute;cticas: la publicaci&oacute;n de ni&ntilde;os desnudos en situaciones &iacute;ntimas (por ejemplo aprendiendo a usar una pelela) o en redes sociales que mantienen la imagen a la vista (a diferencia de las historia de Instagram, por ejemplo) no solamente constituyen un potencial avasallamiento mayor sino que tambi&eacute;n aumentan el riesgo de que las im&aacute;genes sean tomadas en sitios de pornograf&iacute;a infantil o sufrir otros peligros en la red y en el mundo offline. Pero a la vez, reconoce que el compartir es algo inherente al ser humano, aunque la inclusi&oacute;n de los algoritmos haga m&aacute;s espec&iacute;fica la problem&aacute;tica en la era del like, el comentario y la satisfacci&oacute;n que brinda la interacci&oacute;n online: &ldquo;Antes hab&iacute;a gente que ten&iacute;a fotos de sus hijos en la billetera. Al tener ahora la posibilidad por una disponibilidad tecnol&oacute;gica de no solo poder mostrar una foto est&aacute;tica sino poder mostrarlo en diversos momentos, los hacemos, tambi&eacute;n en parte para ponernos en el centro de la escena, como dice Sibilia. Pero adem&aacute;s, en pos de conseguir la aprobaci&oacute;n ajena, la tem&aacute;tica de los ni&ntilde;os es muy ponderada por los algoritmos&rdquo;. Se genera entonces una interacci&oacute;n que termina siendo muy satisfactoria para esos padres y madres devenidos usuarios, y borra o minimiza preguntas realmente complejas: &iquest;es justo crearles a los ni&ntilde;os una persona digital antes de que ellos decidan hacerlo?&iquest;Cu&aacute;les son los riesgos presente y futuros de hacerlo, en t&eacute;rminos tanto de seguridad offline como tambi&eacute;n de los que implica involucrarlos en el &ldquo;capitalismo de la vigilancia&rdquo;?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El marco regulatorio plantea diversos derechos del ni&ntilde;o reconocidos en convenciones internacionales. Pero hay una regulaci&oacute;n espec&iacute;fica para esta era que est&aacute; siendo discutida en distintos pa&iacute;ses. En Francia, por ejemplo, en donde transcurre la novela de De Vigan, los hijos podr&iacute;an demandar a los padres por compartir su imagen en redes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La abogada, fot&oacute;grafa y madre <strong>Stacey Steinberg</strong> tiene tres profesiones que, cruzadas, dan en el clavo de la problem&aacute;tica pensada como un tema de derechos. Ella, como cuenta en <a href="https://www.youtube.com/watch?v=uNbonhBgW_Q" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">esta</a> charla y como desarrolla en su libro <em>Grow-Up Shared,</em> investiga el cruce entre el derecho a la privacidad de los ni&ntilde;os y el derecho de los padres a compartir sus im&aacute;genes. Entre otras cosas, cree que hay que mejorar la informaci&oacute;n de los padres a la hora de subir informaci&oacute;n pero tambi&eacute;n de los reguladores y dise&ntilde;adores de pol&iacute;ticas p&uacute;blicas para aprender a proteger mejor la data incluso cuando las familias deciden compartirla. En ese sentido, pone el ojo en otros actores del ecosistema digital y no solo en los padres. Pero adem&aacute;s, propone preguntarles a los chicos si quieren que compartamos sus im&aacute;genes antes de hacerlo, incluso aunque sean chicos, para que vayan aprendiendo que es un tema en el que necesitamos consentimiento del otro involucrado. Todas las reflexiones de esta abogada valen la pena. Tambi&eacute;n una que habla de esa pulsi&oacute;n por mostrarles a los chicos las fotos que les acabamos de sacar. Steinberg comparte evidencia que muestra que ver una foto apenas fue tomada altera el recuerdo sobre ese momento: &ldquo;Mientras estamos constantemente documentando la ni&ntilde;ez, estamos tambi&eacute;n reescribiendo la ni&ntilde;ez&rdquo;. Pensando en t&eacute;rminos de derechos, se pregunta si no es aqu&iacute; donde deber&iacute;a jugar el famoso derecho al olvido para cuando esos otrora adorables bebitos tengan edad suficiente para decidir borrar su huella digital.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aunque pueda presentarse con un tono m&aacute;s o menos resuelto sobre lo que est&aacute; bien y lo que est&aacute; mal (y lo que est&aacute; decididamente mal), todo indica que el <em>sharenting</em> se est&aacute; convirtiendo en un dilema m&aacute;s que pesa en la cultura contempor&aacute;nea de la crianza, en donde se combinan discursos culpabilizadores con preguntas abiertas por parte de los adultos y de los ni&ntilde;os, mediados como nunca por pantallas en red. 
    </p><p class="article-text">
        <em>NS/MG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Natalí Schejtman]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/blog/un-trabajo-extraordinario-historias-e-ideas-sobre-maternidad-y-paternidad-en-argentina/mal-subir-fotos-hijos-redes-no-evitarlo-sharenting-dilema-parental_132_10380414.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 17 Jul 2023 08:35:47 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA["Está mal subir fotos de mis hijos a las redes, pero no puedo evitarlo”: sobre el sharenting como otro dilema parental]]></media:title>
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