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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Trastornos Alimenticios]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/trastornos-alimenticios/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Trastornos Alimenticios]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
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    <item>
      <title><![CDATA[Un megaestudio muestra que los trastornos digestivos multiplican el riesgo de sufrir alzheimer y parkinson]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mundo/megaestudio-muestra-trastornos-digestivos-multiplican-riesgo-sufrir-alzheimer-parkinson_1_12561230.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2ef42090-9f99-4560-9e61-7354f9e75a16_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un megaestudio muestra que los trastornos digestivos multiplican el riesgo de sufrir alzheimer y parkinson"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El mayor análisis hasta la fecha, con los datos de 500.000 pacientes durante 15 años, revela que tener diabetes o sufrir trastornos digestivos como colitis, gastritis y esofagitis se asocia a una mayor incidencia de estas dos enfermedades neurodegenerativas 
</p><p class="subtitle">Una gigantesca base de datos con biomarcadores de Alzheimer y Parkinson abre el camino a nuevos tratamientos</p></div><p class="article-text">
        Que las afecciones intestinales pueden influir en la salud cerebral es una vieja sospecha que va ganando peso. El &uacute;ltimo gran aporte es un megaestudio poblacional, con 15 a&ntilde;os de datos cl&iacute;nicos y gen&oacute;micos de alrededor de medio mill&oacute;n de pacientes, que muestra un v&iacute;nculo claro: <strong>las personas diagnosticadas con enfermedades intestinales presentan una mayor probabilidad de desarrollar alzheimer y parkinson, que en algunos casos llega a ser el doble que en el resto de la poblaci&oacute;n. </strong>
    </p><p class="article-text">
        El trabajo, publicado este mi&eacute;rcoles <a href="http://www.science.org/doi/10.1126/sciadv.adu2937" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en la revista </a><a href="http://www.science.org/doi/10.1126/sciadv.adu2937" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Science Advances</em></a>, muestra que las personas con colitis no infecciosa, gastritis y esofagitis tienen un mayor riesgo de desarrollar estas dos enfermedades neurodegenerativas. Los autores utilizaron inicialmente datos del Biobanco del Reino Unido (<a href="https://en.wikipedia.org/wiki/UK_Biobank" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">UK Biobank</a>) y despu&eacute;s los compararon con los del banco de datos SAIL (de Escocia) y el proyecto FinnGen (de Finlandia) para ver si se replicaban los resultados. 
    </p><p class="article-text">
        Para ello, <strong>pusieron el foco en 155 trastornos nutricionales, metab&oacute;licos, digestivos y endocrino</strong>s y compararon los riesgos de las personas diagnosticadas con estas enfermedades digestivas con los del conjunto de medio mill&oacute;n de personas. 
    </p><h2 class="article-text">Duplicar el riesgo</h2><p class="article-text">
        &ldquo;Es el mayor estudio del eje intestino-cerebro a nivel poblacional realizado hasta la fecha para analizar su impacto en enfermedades neurodegenerativas&rdquo;, asegura la investigadora espa&ntilde;ola <a href="https://www.researchgate.net/profile/Sara-Bandres-Ciga" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Sara Bandres Ciga</a>, que ha liderado el estudio. &ldquo;El valor que obtenemos es el <em>hazard ratio</em> (HR), que indica el riesgo relativo de que ocurra un evento (alzheimer o parkinson) entre dos grupos durante un per&iacute;odo de tiempo&rdquo;, explica a elDiario.es. &ldquo;Un HR de 2.5 significa que el grupo en estudio tiene 2,5 veces m&aacute;s riesgo de que ocurra el evento comparado con el grupo de referencia&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Los valores que obtuvieron son ligeramente diferentes para alzheimer y parkinson, y el aumento de riesgo es mucho m&aacute;s claro en el primer caso. La condici&oacute;n que duplica el riesgo en ambos casos es la diabetes, y en alzheimer los siguientes factores de riesgo son las infecciones y los trastornos intestinales funcionales. 
    </p><p class="article-text">
        Las personas con trastornos digestivos funcionales (que incluyen el s&iacute;ndrome del intestino irritable, el estre&ntilde;imiento funcional cr&oacute;nico o la diarrea funcional cr&oacute;nica) tienen de media 2,7 veces m&aacute;s probabilidades de sufrir alzheimer, seguidos de quienes han sufrido infecciones intestinales bacterianas (1,8 m&aacute;s riesgo) y colitis o gastroenteritis que han requerido atenci&oacute;n m&eacute;dica (1,75). Para el parkinson, los trastornos que implican mayor riesgo despu&eacute;s de la diabetes son la <a href="https://www.mayoclinic.org/es/diseases-conditions/functional-dyspepsia/symptoms-causes/syc-20375709" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">dispepsia funcional</a> (2,38 m&aacute;s de riesgo medio) y las <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Diverticulosis" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">enfermedades diverticulares</a> (2,03).
    </p><h2 class="article-text">La conexi&oacute;n intestino-cerebro</h2><p class="article-text">
        &ldquo;Nuestros hallazgos confirman que el intestino y el cerebro est&aacute;n m&aacute;s conectados de lo que pens&aacute;bamos&rdquo;, afirma Brand&eacute;s Ciga, que es directora del grupo de neurogen&eacute;tica en el <a href="https://card.nih.gov/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Centre for Alzheimer&rsquo;s and Related Dementia&rsquo;s&rsquo;</em></a> (CARD<em>)</em> del NIH. &ldquo;Trastornos digestivos pueden anticipar un mayor riesgo para el desarrollo de alzheimer y de parkinson a&ntilde;os antes del diagn&oacute;stico de estas enfermedades neurodegenerativas&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        La investigadora recuerda que hasta hace poco se ha estudiado el cerebro de manera aislada, pero estos resultados ayudan a entenderlo como un sistema complejo, en el que el sistema nervioso ent&eacute;rico, que est&aacute; en el intestino, juega un papel. &ldquo;Estamos conectados y nuestra salud es un todo&rdquo;, recalca. &ldquo;Este cambio de perspectiva es esencial para dise&ntilde;ar nuevas estrategias de prevenci&oacute;n y de tratamiento. Y creo que el mensaje es claro: cuidar el intestino es una forma de cuidar tu cerebro&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Este cambio de perspectiva es esencial para diseñar nuevas estrategias. Creo que el mensaje es claro: cuidar el intestino es una forma de cuidar tu cerebro</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Sara Brandés Ciga</span>
                                        <span>—</span> Líderl del estudio y directora del grupo de neurogenética en el Centre for Alzheimer’s and Related Dementia’s’ del NIH
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Los investigadores tambi&eacute;n han creado un modelo predictivo multimodal, integrando datos gen&eacute;ticos y de prote&oacute;mica, adem&aacute;s de las variables poblacionales y los datos cl&iacute;nicos. Para ello evaluaron 1.463 biomarcadores prote&oacute;micos de 52.000 personas. &ldquo;Con la inclusi&oacute;n de m&uacute;ltiples caracter&iacute;sticas, nuestro modelo mostr&oacute; un desempe&ntilde;o un 15% superior al predecir alzheimer y parkinson en comparaci&oacute;n con modelos previamente reportados basados en una sola variable&rdquo;, explica Bandres Ciga.
    </p><p class="article-text">
         Esta capacidad para predecir mucho mejor puede tener una implicaci&oacute;n cl&iacute;nica, para tomar decisiones sobre actuaciones de salud, dise&ntilde;ar terapias y quiz&aacute; en &uacute;ltima instancia para informar a los pacientes de su mayor predisponibilidad. La cuesti&oacute;n es: &iquest;deber&iacute;a informarse a alguien de que puede sufrir alzheimer o parkinson sin que haya una terapia clara disponible? &ldquo;Al menos sabes que tienes una predisposici&oacute;n y que te tienes que cuidar&rdquo;, responde la autora principal del estudio. &ldquo;No deja de ser lo que pasa cuando te dicen que tienes el colesterol alto y que te puede dar un infarto&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">M&aacute;s all&aacute; de la gen&eacute;tica</h2><p class="article-text">
        <a href="https://www.cicbiogune.es/people/cdmunoz" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Cristian D&iacute;az Mu&ntilde;oz</a>, investigador del <em>Gastrointestinal Genetics Lab</em>, en el CIC bioGUNE, cree que este trabajo <strong>da un giro interesante al eje tradicional al explorar c&oacute;mo los trastornos intestinales (y otras condiciones, como la diabetes) pueden advertirnos sobre la aparici&oacute;n de enfermedades neurodegenerativas como el alzheimer y el parkinson en edades m&aacute;s avanzadas. </strong>
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Individuos con baja predisposición genética pueden tener un alto riesgo de sufrir estas enfermedades si previamente han tenido afecciones intestinales como gastritis, esofagitis u otras alteraciones funcionales</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Cristian Díaz Muñoz</span>
                                        <span>—</span> Investigador del Gastrointestinal Genetics Lab, en el CIC bioGUNE
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &ldquo;La susceptibilidad gen&eacute;tica a padecer estas enfermedades es bien conocida&rdquo;, apunta el especialista. &ldquo;Sin embargo, este estudio encontr&oacute; que incluso individuos con baja predisposici&oacute;n gen&eacute;tica presentan un alto riesgo de sufrir estas enfermedades si previamente han tenido afecciones intestinales como gastritis, esofagitis u otras alteraciones funcionales. Los modelos de predicci&oacute;n apuntan a una acumulaci&oacute;n de da&ntilde;os sist&eacute;micos a lo largo del tiempo, con consecuencias neurodegenerativas que favorecer&iacute;an la aparici&oacute;n de estas patolog&iacute;as&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        D&iacute;az Mu&ntilde;oz considera que la identificaci&oacute;n de nuevos biomarcadores f&aacute;cilmente medibles tiene un gran potencial para crear protocolos cl&iacute;nicos que faciliten una detecci&oacute;n precoz incluso antes de la aparici&oacute;n de s&iacute;ntomas. Por eso, explica a elDiario.es, el estudio le parece &ldquo;un paso m&aacute;s hacia una medicina personalizada&rdquo;, en la que la predisposici&oacute;n gen&eacute;tica y el historial cl&iacute;nico se combinan para entender los riesgos y mejorar el diagn&oacute;stico.
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://cima.cun.es/investigacion/personal-investigacion/jose-luis-lanciego-perez" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Jos&eacute; Luis Lanciego</a>, investigador del Centro de Investigaci&oacute;n M&eacute;dica Aplicada (CIMA) de la Universidad de Navarra, coincide en que estos datos corroboran evidencias existentes acerca del denominado eje intestino-cerebro. &ldquo;El aparato digestivo est&aacute; conectado con el cerebro bidireccionalmente a trav&eacute;s del nervio vago&rdquo;, afirma en declaraciones al <a href="https://sciencemediacentre.es/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">SMC</a>. Y hay numerosas evidencias que demuestran un papel principal de la microbiota intestinal en las enfermedades neurodegenerativas cerebrales, se&ntilde;ala.
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://twitter.com/TuchoRab" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Alberto R&aacute;bano</a>, neuropat&oacute;logo de la Fundaci&oacute;n CIEN, considera especialmente interesante que los autores diferencien entre factores no modificables (edad y gen&eacute;tica) y factores modificables (un conjunto de enfermedades metab&oacute;licas o gastrointestinales que, seg&uacute;n sus resultados, implican un claro riesgo).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El trabajo permite profundizar en cuestiones m&aacute;s propiamente patog&eacute;nicas, sobre el papel de diferentes procesos en el inicio y la progresi&oacute;n de la enfermedad, que es ciencia de la buena&rdquo;, destaca R&aacute;bano. Y eso es precisamente en lo que &eacute;l y su equipo trabajan dentro del <a href="https://www.fundacioncien.es/proyectos-de-investigacion/proyecto-gadir" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">proyecto GADIR</a>, dirigido a estudiar miles de cerebros donados en Espa&ntilde;a y Portugal para conocer mejor la combinaci&oacute;n de patolog&iacute;as que se dan en estas enfermedades. &ldquo;Este tipo de cohortes pueden servir en el futuro para avanzar en resultados como los que se presentan en este art&iacute;culo&rdquo;, concluye.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonio Martínez Ron]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mundo/megaestudio-muestra-trastornos-digestivos-multiplican-riesgo-sufrir-alzheimer-parkinson_1_12561230.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 28 Aug 2025 09:23:52 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Un megaestudio muestra que los trastornos digestivos multiplican el riesgo de sufrir alzheimer y parkinson]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Alzheimer,Salud,Parkinson,Diabetes,Trastornos Alimenticios]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[“Tengo una nefasta relación con la comida y nada de fuerza de voluntad, no sé ni por dónde empezar”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mejor-vivir/dieta-sana-comer-bien-alimentacion-saludable-peso-ideal-mejorar-relacion-comida_1_12046950.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4118248e-fddf-4618-a909-532a821299dd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="“Tengo una nefasta relación con la comida y nada de fuerza de voluntad, no sé ni por dónde empezar”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La desregulación del apetito no tiene tanto que ver con la fuerza de voluntad, sino con factores psicológicos, hormonales, de dieta y de estilo de vida.
</p></div><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">No tengo fuerza de voluntad y sí una nefasta relación con la comida. Es mi vía de escape y llevo años subiendo de peso. Actualmente estoy con mucho sobrepeso cuando siempre he estado bien, hasta los 48 años. Ahora tengo 56. No sé ni por dónde empezar</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Ali</span>
                                        <span>—</span> lectora de elDiario.es
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Muchas personas se enfrentan a este dilema. Saben que una mala alimentaci&oacute;n o el exceso de peso pueden ser un riesgo para su salud, pero no se sienten capaces de regular su forma de comer. Muchas otras se ven atrapadas en un c&iacute;rculo vicioso de dietas y sufrimiento.
    </p><p class="article-text">
        Si hace cien a&ntilde;os la desnutrici&oacute;n afectaba a una gran parte de la humanidad, hoy en d&iacute;a el sobrepeso y la obesidad se han convertido en problemas de salud globales. Seg&uacute;n <a href="https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/obesity-and-overweight" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la OMS</a>, en 2022, una de cada ocho personas en el mundo ten&iacute;a obesidad, casi el doble que en 1990. La situaci&oacute;n es a&uacute;n peor entre los ni&ntilde;os, un problema que tambi&eacute;n est&aacute; creciendo tanto en los pa&iacute;ses m&aacute;s ricos como en los m&aacute;s pobres.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Una narrativa com&uacute;n en la sociedad es que las personas que sufren de sobrepeso y obesidad no tienen fuerza de voluntad para controlar su ingesta de comida, pero no es as&iacute; como la ciencia m&eacute;dica est&aacute; enfrentando el problema. En un reciente <a href="https://bmcmedicine.biomedcentral.com/articles/10.1186/s12916-023-02803-z" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">art&iacute;culo</a> publicado por cient&iacute;ficos de la Universidad de Oxford con el t&iacute;tulo <em>La 'fuerza de voluntad' no basta: es hora de un nuevo enfoque de la pol&iacute;tica de salud p&uacute;blica para prevenir la obesidad, </em>los autores pon&iacute;an de relieve que las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas que animan a las personas a cuidar su salud deben estar acompa&ntilde;adas de un entorno que no incentive el consumo excesivo de comida no saludable.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La fuerza de voluntad como tal no existe&rdquo;, afirma la psic&oacute;loga Carmen Blanco. &ldquo;No podemos hacer un an&aacute;lisis de sangre para saber cu&aacute;les son tus niveles de fuerza de voluntad. Por ejemplo, est&aacute; muy regulada por el contexto. Si est&aacute;s dejando de fumar o de beber, no pod&eacute;s ir a los bares y que la gente te eche el humo en la cara, o tener acceso a cigarrillos en tu casa&rdquo;, explica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La p&eacute;rdida de control del apetito se relaciona con factores fisiol&oacute;gicos bien conocidos. Por ejemplo, la hormona grelina, producida en el est&oacute;mago, se segrega antes de las comidas para generar hambre, mientras que otras hormonas, como la leptina (liberada por el tejido graso) y la insulina (producida por el p&aacute;ncreas), env&iacute;an se&ntilde;ales de saciedad al cerebro.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Sin embargo, las causas hormonales son las menos frecuentes de todas&rdquo;, aclara el doctor Joaqu&iacute;n Puerma, endocrin&oacute;logo especializado en obesidad. &ldquo;Cuando un paciente con exceso de peso viene a la consulta, primero tenemos que descartar que tenga alguna enfermedad org&aacute;nica, que son las m&aacute;s graves. Pero, en mi experiencia, causas mucho m&aacute;s importantes son el estr&eacute;s, la influencia de la dieta y los h&aacute;bitos modernos&rdquo;, comenta.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Si tenemos un mal día y no hacemos bien la gestión emocional de esa tristeza, por ejemplo, la comida a corto plazo nos satisface, anestesia, suprime esa emoción, porque estamos comiendo algo agradable</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Carmen Blanco</span>
                                        <span>—</span> psicóloga
                      </div>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text">Comer emocionalmente</h2><p class="article-text">
        La comida emocional es un mecanismo de compensaci&oacute;n en el que las personas comen, por lo general comida basura o dulces, como una <a href="https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC4214609/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">forma de 'automedicar'</a> un estado emocional, ya que la ingesta de estos alimentos produce, al menos moment&aacute;neamente, un alivio del estr&eacute;s. En una <a href="https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC10005347/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">reciente revisi&oacute;n de estudios</a> se pudo comprobar que esta forma de comer estaba asociada con el estr&eacute;s, la ansiedad, la depresi&oacute;n, el malestar psicol&oacute;gico y, como consecuencia, con la ganancia de peso.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Si tenemos un mal d&iacute;a y no hacemos bien la gesti&oacute;n emocional de esa tristeza, por ejemplo, la comida a corto plazo me satisface, me anestesia, suprime esa emoci&oacute;n, porque estoy comiendo algo agradable, sobre todo si es procesado&rdquo;, explica Carmen Blanco. &ldquo;Tenemos una mala relaci&oacute;n con las emociones en general, nadie nos ha ense&ntilde;ado a regularlas. Si estoy triste y no voy a lo que est&aacute; originando el problema, sino que lo tapo con alcohol o con la alimentaci&oacute;n, esto puede generar otros problemas&rdquo;, a&ntilde;ade. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hay muchos pacientes que vienen a mi consulta y que se sienten mal por recurrir a la comida de esta forma&rdquo;, comenta el doctor Puerma. &ldquo;Pero son mecanismos de compensaci&oacute;n que todos usamos en mayor o menor medida. Hay gente que usa el tabaco o el ejercicio f&iacute;sico, o incluso otras sustancias mucho m&aacute;s t&oacute;xicas que la comida. Pero el problema es que un m&eacute;dico te puede decir no fumes, no te drogues, pero no podemos decir a una persona que no coma&rdquo;, a&ntilde;ade.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s el <a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/26463499/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">entorno y las se&ntilde;ales</a> de consumo de comida tambi&eacute;n influyen enormemente en el control del apetito, interactuando con estos sistemas biol&oacute;gicos y mentales. &ldquo;Yo hago una valoraci&oacute;n global de la persona: c&oacute;mo es su barrio, si tienes acceso a unas pistas deportivas o es inseguro salir a correr, si tiene acceso a alimentos frescos, qu&eacute; formaci&oacute;n nutricional tiene, porque la industria nos enga&ntilde;a f&aacute;cilmente, y qu&eacute; dificultades familiares o sociales, tiene&rdquo;, explica Blanco.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Pero son mecanismos de compensación que todos usamos en mayor o menor medida. Hay gente que usa el tabaco o el ejercicio físico, o incluso otras sustancias mucho más tóxicas que la comida</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Joaquín Puerma</span>
                                        <span>—</span> médico endocrino
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Muchos de los comportamientos asociados a la desregulaci&oacute;n del apetito son autom&aacute;ticos, y somos poco conscientes de ellos, algo que se ha podido comprobar en <a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/36989377/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el contexto de los trastornos alimentarios</a>. El entorno puede ser determinante, incluyendo las redes sociales. &ldquo;Si vamos al supermercado a comprar con hambre, ya se encarga el supermercado de ponernos la comida delante. Las redes sociales son otra fuente que llega para minar nuestra conducta. Muestran una vida perfecta y parece que nadie puede tener un d&iacute;a malo. Al final parece que lo normal es tener este cuerpo est&aacute;ndar&rdquo;, aclara la psic&oacute;loga.
    </p><h2 class="article-text">Salir del c&iacute;rculo vicioso de la comida emocional</h2><p class="article-text">
        Muchos de estos factores se realimentan en un c&iacute;rculo vicioso del que a veces es dif&iacute;cil salir. Por ejemplo, subir de peso puede hacer aumentar el sentimiento de culpa, el estr&eacute;s y la frustraci&oacute;n, que a su vez estas personas intentan aliviar con la comida emocional. &ldquo;Es un c&iacute;rculo vicioso: tengo baja autoestima, me a&iacute;slo, me refugio en la comida que me da gratificaci&oacute;n y placer, y no salgo, no quedo con gente, no hago deporte&rdquo;, dice Carmen Blanco.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; hacer? El primer paso siempre es descartar los problemas de salud. &ldquo;Muchas veces las alteraciones tardan en salir en las anal&iacute;ticas&rdquo;, explica el doctor Puerma. &ldquo;Adem&aacute;s de los n&uacute;meros en la b&aacute;scula, hay problemas, como apnea del sue&ntilde;o, que est&aacute; muy relacionada con el exceso de peso, la presi&oacute;n m&aacute;s alta, problemas digestivos, hinchaz&oacute;n, o que te cueste m&aacute;s subir las escaleras&rdquo;, a&ntilde;ade.
    </p><p class="article-text">
        Cambiar la dieta bajo supervisi&oacute;n profesional es tambi&eacute;n decisivo. &ldquo;La gente llega muy agotada de las dietas y con una actitud muy derrotista&rdquo;, dice Blanco. &ldquo;Entonces tenemos que explicar que esto es un proceso largo, que al final vamos a cambiar un estilo de vida y huir de esas dietas cortoplacistas, m&aacute;s reduccionistas. Establecer metas realistas y cambios progresivos. Incrementar el autocontrol, que no es la fuerza de voluntad. Lo que queremos es que la persona sea observadora y controle sus propias conductas. Se trabaja desde cosas muy b&aacute;sicas: salir a caminar o al gimnasio con un amigo, <a href="https://www.eldiario.es/consumoclaro/compra-online-super-como-ahorrar_1_11694882.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">comprar </a><a href="https://www.eldiario.es/consumoclaro/compra-online-super-como-ahorrar_1_11694882.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"><em>online,</em></a><em> </em>fijar el horario de comidas, comer con atenci&oacute;n plena, saborear la comida, sin distracciones&rdquo;, explica.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Hay pensamientos irracionales que hacen mucho daño, como &#039;me he comido un dónut, soy horrible, nunca voy a salir de aquí&#039;. Esto genera una violación de la abstinencia: me como la caja entera. No lo normalizo como parte del proceso, sino que me culpabilizo</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Carmen Blanco</span>
                                        <span>—</span> psicóloga
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &ldquo;Los f&aacute;rmacos como la <a href="https://www.eldiario.es/sociedad/ozempic-muestra-efectos-prometedores-demencia-riesgos-rinon-pancreas-macroestudio_1_11977691.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">semaglutida [Ozempic]</a> o liraglutida pueden producir p&eacute;rdidas de peso del 30%, similares a las de una cirug&iacute;a bari&aacute;trica&rdquo;, explica el doctor Puerma. &ldquo;&iquest;Significa que tenemos que utilizarlos siempre que haya sobrepeso? Pues no, solo cuando no podamos conseguir la p&eacute;rdida de peso con cambio de h&aacute;bitos, modificaciones conductuales, cambio de h&aacute;bitos alimenticios o aumento del ejercicio f&iacute;sico&rdquo;, afirma.
    </p><p class="article-text">
        La paciencia y asumir que habr&aacute; reca&iacute;das es una parte fundamental del proceso. &ldquo;Se hacen registros de alimentaci&oacute;n para que la persona tome conciencia de cu&aacute;nto come, c&oacute;mo come y acompa&ntilde;ado siempre de un registro de pensamientos. Cuando como esto, &iquest;qu&eacute; pienso?&rdquo;, explica Carmen Blanco. &ldquo;Hay pensamientos irracionales que hacen mucho da&ntilde;o, como 'me com&iacute; una factura, soy horrible, nunca voy a salir de aqu&iacute;'. Esto genera una violaci&oacute;n de la abstinencia: me como la caja entera. No lo normalizo como parte del proceso, sino que me culpabilizo&rdquo;, a&ntilde;ade.
    </p><p class="article-text">
        Como estrategia, Carmen Blanco sugiere el apoyo del entorno y cultivar la paciencia. &ldquo;La tristeza y el aislamiento nos reducen mucho la gratificaci&oacute;n del d&iacute;a a d&iacute;a, y encontrar esa gratificaci&oacute;n en la comida es muy f&aacute;cil. El apoyo social aqu&iacute; es muy importante: salir a hacer actividades o incluso a hacer deporte&rdquo;. Para Blanco, &ldquo;la autocr&iacute;tica nos desmoraliza y no nos sirve para nada, hay que celebrar los peque&ntilde;os logros&rdquo;, concluye.
    </p><p class="article-text">
        *Dar&iacute;o Pescador es editor y director de la <a href="https://quo.eldiario.es/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">revista Quo</a> y autor del libro <a href="https://www.amazon.es/gp/product/8441542066/ref=as_li_tl?ie=UTF8&amp;tag=revistaquo-21&amp;camp=3638&amp;creative=24630&amp;linkCode=as2&amp;creativeASIN=8441542066&amp;linkId=1b00141385b4b42b5d008e6b60ad7c5c" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Tu mejor yo</em></a> publicado por Oberon.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Darío Pescador]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mejor-vivir/dieta-sana-comer-bien-alimentacion-saludable-peso-ideal-mejorar-relacion-comida_1_12046950.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 12 Feb 2025 10:26:39 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[“Tengo una nefasta relación con la comida y nada de fuerza de voluntad, no sé ni por dónde empezar”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Alimentos,Alimentación,Trastornos Alimenticios,alimentos saludables,Vida sana]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[“Sufrí un episodio de recaída de TCA y me resulta muy difícil el contacto corporal con las otras, siento un muro”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/recaida-tca-dificultad-contacto-corporal_1_10956306.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fdd17c11-420d-4c8c-97cf-560a4d2db2aa_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="“Sufrí un episodio de recaída de TCA y me resulta muy difícil el contacto corporal con las otras, siento un muro”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">'Está bien sentir' es un espacio de conversación con la poeta y escritora Sara Torres ('Lo que hay', Reservoir Books). Envíanos tus reflexiones y preguntas, tus deseos de indagar sobre una realidad, un vínculo, un placer o un duelo</p><p class="subtitle">Consultorio - "Me prometí no estar con quien no quiera llamarme 'novia' pero el chico con el que salgo rechaza las etiquetas, ¿qué hago?"</p></div><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Sufrí un episodio de recaída de TCA y me resulta muy difícil el lenguaje del amor corporal. Siento una distancia extraña con el cuerpo de las otras, un murito que está ahí y que no puedo atravesar. ¿Cómo operar ante esta imposibilidad de contacto?</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Jahel</span>
                                        <span>—</span> lectorx de elDiario.es
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Escribe Elizabeth Grosz que desde la antigua Grecia el pensamiento occidental se ha establecido en una profunda somatofobia. Esto implica el rechazo y el miedo al cuerpo, que se entiende como una especie de &ldquo;interferencia&rdquo; indeseable para los trabajos de la raz&oacute;n. Rastreando el lugar que se le ha dado al cuerpo en el discurso sobre lo humano, la fil&oacute;sofa cuenta que Descartes liga la oposici&oacute;n mente/cuerpo a la base misma del conocimiento.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Dentro de la espiritualidad cristiana, el cuerpo aparecer&aacute; como un lugar de tr&aacute;nsito que tenemos que habitar con mesura, ya que es la transcendencia del alma lo que de verdad importa. El para&iacute;so no es un posible en el ahora de un cuerpo hambriento, deseante, afirmativo. Al para&iacute;so no podemos llegar encarnadas, con la urgencia del sexo, de la sed. Se enuncia como promesa de un futuro despu&eacute;s del cuerpo, despu&eacute;s de sus necesidades, formas y apetitos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hoy nos dicen que tenemos que &ldquo;aceptar&rdquo; nuestro cuerpo o que tenemos que aprender a amarlo, pero el conflicto con lo corporal viene de lejos, est&aacute; en la ra&iacute;z profunda. Inconscientemente, aprendemos desde la infancia la idea de cuerpo como problema: cuando enfermamos o nos debilita el cansancio es un inconveniente para lograr nuestros prop&oacute;sitos de productividad, cuando envejecemos y morimos, le echamos la culpa porque lo significamos como barrera que impide el grandilocuente sue&ntilde;o de vivir para siempre. Una famosa frase nos atraviesa &ldquo;el cuerpo es la c&aacute;rcel del alma&rdquo; ah&iacute; aparece el cuerpo como l&iacute;mite, cuerpo culpable de un l&iacute;mite que desear&iacute;amos trascender.
    </p><p class="article-text">
        En nuestra herencia, es humano aquel que ha aprendido a domesticar su cuerpo. Esto implica el esfuerzo brutal de intervenir en todas sus necesidades y potencias, hasta lograr ordenarlas dentro del guion de la &ldquo;normalidad&rdquo;. El pis, la caca, la comida se convierten en motivos de ansiedad. Todo ha de darse dentro de unas pautas, un horario, un espacio destinado a ese fin. De adultas aun tenemos miedo a orinar &ldquo;fuera de lugar&rdquo;, que ocurra en la noche, sin poder hacer nada por evitarlo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sin adulto ya que castigue, el castigo es la verg&uuml;enza. Se busca tambi&eacute;n una relaci&oacute;n &ldquo;sana&rdquo; con la comida. &iquest;Qu&eacute; es eso?&nbsp; Una relaci&oacute;n racionalizada, comedida, consciente. Interiorizar una serie de pautas hasta que se repitan con aparente naturalidad. Ser humano es renunciar con esfuerzo a una relaci&oacute;n no mediada con los procesos m&aacute;s primarios de la supervivencia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esta es la historia de todas nuestras vidas: aprender el control del cuerpo, temer salvajemente perderlo y perder con ello el amor de las dem&aacute;s. Ocultamos con ansiedad las heces, la herida, el olor. Planeamos el vestido, el perfume, la depilaci&oacute;n, el crecimiento de las u&ntilde;as. Tememos dejar rastro, una huella que no haya sido perfectamente planeada. Aprendemos que un cuerpo &ldquo;bueno&rdquo; muestra los signos de su domesticaci&oacute;n como estandarte. La educaci&oacute;n en la feminidad amplifica la exigencia de control corporal hasta niveles insoportables.
    </p><p class="article-text">
        Con todo esto a nuestras peque&ntilde;as espaldas, encontrar un momento placentero de atenci&oacute;n al encuentro amoroso entre cuerpos no es nada sencillo. Cada cual se acerca a la otra con una imagen corporal de s&iacute; misma que se pone a temblar ante la posibilidad del juicio. Tenemos miedo a asustar, a ser para la otra una masa de materia fuera de control, desbordada frente a unos l&iacute;mites exigidos. Miedo a ser bajo la mirada de la otra un poder de desorden, una monstruosidad: el lugar donde el prejuicio est&eacute;tico de quien amamos se escandaliza. A veces el tiempo de la seducci&oacute;n y el acercamiento es el de dos mundos de ansiedad que entran en conversaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si las palabras que atribuyo a aquello que veo cuando me miro al espejo son terribles: &iquest;c&oacute;mo estar expuesta y abierta al otrx sin sufrimiento? Es dif&iacute;cil soportar una mirada sobre mi desnudez si imagino que ejerce crueldades similares a las que suelo dedicarme a m&iacute; misma.
    </p><p class="article-text">
        Aceptar el deseo de la otra sin sospecha, adem&aacute;s, no es sencillo. Implica sostener el impulso de control y entrar en una intemperie que se promete dulce y por dulce, genera m&aacute;s miedo a la p&eacute;rdida de aquello que anhelamos: &iquest;y si hoy su mirada acoge y ma&ntilde;ana no? Creo que a m&iacute; me ayuda pensar que aceptar el deseo de la otra, el amor de la otra, su generosidad, no es f&aacute;cil para algunas, es un acto de valent&iacute;a. Y es necesario aceptarlo como nos gustar&iacute;a que otrxs aceptasen aquello que tenemos para dar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La somatofobia asociada a la imagen corporal nos afecta en distintos modos e intensidades e interviene directamente en nuestra capacidad para buscar la satisfacci&oacute;n de nuestros instintos: el hambre, las ganas de entrar en contacto sexual. A unxs nos afecta m&aacute;s que a otrxs, y en momentos agudos es necesario un acompa&ntilde;amiento terap&eacute;utico, pero tambi&eacute;n es importante no caer en la culpa ni asignarnos la exclusividad o la responsabilidad frente a un problema cuya matriz es colectiva.&nbsp;
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <div data-tf-live="01HJB80HTAXZYAZ0N7J7G3SHZH"></div><script src="//embed.typeform.com/next/embed.js"></script>
    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sara Torres]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/recaida-tca-dificultad-contacto-corporal_1_10956306.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 25 Feb 2024 13:38:21 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[“Sufrí un episodio de recaída de TCA y me resulta muy difícil el contacto corporal con las otras, siento un muro”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Salud,Salud mental,Trastornos Alimenticios]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Digerir el silencio: la anorexia en primera persona]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/digerir-silencio-anorexia-primera-persona_129_10732537.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/452443b3-745d-44fb-bec2-45f2ec55fa44_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Digerir el silencio: la anorexia en primera persona"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Escribir desde el otro lado de la enfermedad y el dolor. Con la prueba en el cuerpo de que la cura es posible porque existen las palabras.
</p></div><p class="article-text">
        &ndash;Vos tuviste un trastorno alimentario.
    </p><p class="article-text">
        Sin pregunta, sin anestesia (porque todo est&aacute; caro). Diecis&eacute;is a&ntilde;os despu&eacute;s, con el succionador de saliva en la boca, una dentista a la que hab&iacute;a visto dos veces me sac&oacute; la ficha. Diecis&eacute;is a&ntilde;os despu&eacute;s, la anorexia volvi&oacute; a morder. Y yo &minus;otra vez&minus; ten&iacute;a la voz inhabilitada.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En su <em>Biograf&iacute;a del hambre</em>, la escritora <strong>Am&eacute;lie Nothomb </strong>enfatizaba la similitud fon&eacute;tica entre <em>maladie</em> (palabra francesa para &ldquo;enfermedad&rdquo;) y la construcci&oacute;n <em>mal &agrave; dire</em> (traducible como &ldquo;dificultad para decir&rdquo;).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>El desgaste dentario fue la secuela menos esperada y m&aacute;s tard&iacute;amente anunciada de mi </strong><em><strong>maladie</strong></em><strong>: una de las pocas huellas f&iacute;sicas &minus;entre las much&iacute;simas posibles&minus; de haber pesado 38 kilos, con un metro setenta de altura.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Pocas veces me detengo a reflexionar sobre esta, mi versi&oacute;n m&aacute;s fr&aacute;gil. Pero, en el transcurso de una semana, la conclusi&oacute;n de un art&iacute;culo sobre el tema que me llev&oacute; meses, una visita a la odont&oacute;loga y el hallazgo de un poema de mi adolescencia desencadenaron esta introspecci&oacute;n obligada.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;En lo personal, me resulta dif&iacute;cil enunciarme como &ldquo;exanor&eacute;xica&rdquo;, incluso como una &ldquo;anor&eacute;xica recuperada&rdquo;, porque entiendo que la condici&oacute;n no contiene mi identidad, nunca lo hizo. Pese a que los trastornos de la conducta alimentaria comparten una serie de s&iacute;ntomas, fundamentales para prevenirlos, detectarlos, diagnosticarlos y tratarlos, tienen m&uacute;ltiples causas y los tratamientos deben ser individualizados. Para decirlo de otra forma: las formas de vivirlos tienen sustratos comunes, pero se resisten a la universalizaci&oacute;n tajante.
    </p><p class="article-text">
        A la vez, entiendo que soy lo que soy tambi&eacute;n por lo que fui. Y siento la responsabilidad de abrazar mi historia, como ser pol&iacute;tico que se inscribe en un entramado cultural de mandatos mis&oacute;ginos y asesinos, donde el acceso a la salud mental y a la educaci&oacute;n sobre la diversidad corporal encuentran muchos obst&aacute;culos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Dentro del discurso patologizante, que asocia siempre anorexia a cronicidad, quienes la sufren o sufrieron ser&aacute;n siempre &ldquo;pacientes&rdquo;. Hay personas &minus;no todas&minus; que deben luchar contra los fantasmas de la enfermedad durante toda su vida (recayendo o no, desarrollando alg&uacute;n otro trastorno o no): el problema, en todos los casos, es asignarnos el car&aacute;cter de sujetos reducidos, en vez de agentes activos de nuestras trayectorias individuales y, potencialmente, de transformaciones sociales (&iquest;no conocen, acaso, el poder de nuestra rabia?). Creo que ah&iacute; radica el valor de los testimonios. &ldquo;&iquest;De qu&eacute; sirve la rosa, sin el canto?&rdquo;. Cuento mi pasado por el presente.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La anorexia no es una metáfora. Puede llegar a grados tan peligrosos como el que conocí, donde el organismo comienza a funcionar en modo ahorro</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &ldquo;Ya que no hab&iacute;a m&aacute;s alimento, decid&iacute; comerme todas las palabras: le&iacute; el diccionario entero&rdquo;, recordaba Nothomb en el relato en primera persona de su anorexia. Existen muchos de este tipo (a veces elucubro que constituyen un g&eacute;nero literario en s&iacute; mismo, en formato de cr&oacute;nicas, cuentos, novelas o memorias). El suyo uno de los pocos con los que empatic&eacute;, aunque no sufr&iacute; emigraci&oacute;n ni abusos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La voz interior, subalimentada, se hab&iacute;a callado&rdquo;, resum&iacute;a la autora. En mi vivencia, puedo decir que lo callado, lo silenciado estuvo en el origen, tanto como el ideal aprendido del cuerpo delgado cueste-lo-que-cueste. Y, como ella, encontraba un refugio &minus;no siempre seguro&minus; en los libros y la escritura.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        2007, 17 a&ntilde;os, 5&deg; a&ntilde;o de la secundaria. Hab&iacute;a descubierto los cuentos de Silvina Ocampo. Entre estos, &ldquo;Malva&rdquo;, al que le&iacute;a obsesivamente y con temor. La protagonista se devoraba a s&iacute; misma; primero, el dedo me&ntilde;ique, luego la rodilla, despu&eacute;s el hombro, hasta no dejar rastro de su ser. Ocampo hablaba de una creciente impaciencia que &ldquo;creci&oacute; y la desfigur&oacute;&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Dicen que Malva no sab&iacute;a contenerse. Nada m&aacute;s falso. &iquest;No fue acaso por obra de su voluntad que contuvo la sangre de la herida que naturalmente hubiera corrido a borbotones revelando su oprobio?&rdquo;, (me) preguntaba la narradora. Yo nunca tuve la intenci&oacute;n, ni la sensaci&oacute;n de dominio sobre la enfermedad: sent&iacute;a que una fuerza me hab&iacute;a tomado desde dentro, quiz&aacute;s para matarme.
    </p><p class="article-text">
        Que no se malinterprete: la anorexia no es una met&aacute;fora. Puede llegar a grados tan peligrosos como el que conoc&iacute;, donde el organismo comienza a funcionar en modo ahorro, a consumirse a s&iacute; mismo, a descomponerse por partes, primero lentamente y luego de forma acelerada.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A&uacute;n me cuesta verbalizar que casi me muero. Que mis padres tuvieron que escuchar que no saldr&iacute;a del quir&oacute;fano al que entr&eacute; por una peritonitis aguda, con la piel &minus;por momentos blanca, por momentos viol&aacute;cea&minus; pegada a los huesos.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Versi&oacute;n contempor&aacute;nea del Evangelio seg&uacute;n Juan: &ldquo;En el principio, era el Cuerpo&rdquo; (que no fue hecho carne, porque se lo prohibieron). <strong>Reversi&oacute;n del pecado original: Eva mordi&oacute; la manzana grande y super&oacute; el l&iacute;mite de calor&iacute;as marcado por la dieta de Cormillot.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Recuerdo la primera visita al consultorio de la m&eacute;dica que me acompa&ntilde;&oacute; durante la recuperaci&oacute;n. Debido a la dismorfia corporal exacerbada, no pod&iacute;a reconocer la imagen exang&uuml;e que devolv&iacute;a el espejo. S&iacute; me percib&iacute;a enferma y en riesgo: ese fue mi punto de partida para el tratamiento, que involucr&oacute; mucho m&aacute;s que una gu&iacute;a nutricional. Todav&iacute;a no logro describir acabadamente qu&eacute; me llev&oacute; a la anorexia. Puedo se&ntilde;alar elementos ligados a mi personalidad, a mis inseguridades, a distintos eventos disparadores.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo que tengo clar&iacute;simo es la presi&oacute;n est&eacute;tica que me bombarde&oacute; desde peque&ntilde;a, aquella que me llevaba a fantasear con ir a Slim en tercer grado y comprar Reduce Fat Fast. La cultura de la dieta no desencadena por s&iacute; sola un desorden alimentario. Pero lo alimenta, lo estimula, lucra con su desarrollo.
    </p><p class="article-text">
        Volver al terreno de la salud integral &minus;corporal, psicol&oacute;gica, social&minus; fue dif&iacute;cil. Durante meses, pas&eacute; m&aacute;s tiempo en consultorios que en clases de Matem&aacute;tica o Lengua. No me quejo: no todas pueden acceder a la atenci&oacute;n adecuada y es fundamental pelear para que eso cambie.
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, no todo fue sufrimiento. Mientras corr&iacute;a el pesado manto de la anorexia, revisando traumas, prejuicios y conductas, reconect&eacute; con las actividades y personas que me hac&iacute;an feliz. Sin su contenci&oacute;n, no hubiera encontrado salida.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Debido a la dismorfia corporal exacerbada, no podía reconocer la imagen exangüe que devolvía el espejo</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        El mismo a&ntilde;o en que llegu&eacute; a pesar 38 kilos, me esperar&iacute;an alegr&iacute;as, descubrimientos, salidas, an&eacute;cdotas irrepetibles, las cuales revalorizo cuando intento diseccionar ese per&iacute;odo tan dif&iacute;cil. A la vez, me enojo, porque nadie deber&iacute;a pasar por algo as&iacute; para reafirmarse o conocerse. Ni siquiera hay que llegar a los l&iacute;mites: cualquier mujer sabe que, en esta sociedad, &ldquo;amor propio&rdquo; &minus;y no me refiero a sus variantes despolitizadas, banales o ego&iacute;stas&minus; cuesta.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Lo que tengo clarísimo es la presión estética que me bombardeó desde pequeña, aquella que me llevaba a fantasear con ir a Slim en tercer grado y comprar Reduce Fat Fast</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En 2017, la estudiante y bloguera Camille Rainville public&oacute; <em>&ldquo;Be a lady, they said&rdquo;</em>, una suerte de manifiesto, posteriormente viralizado en un video protagonizado por Cynthia Nixon (Miranda en <em>Sex and the city</em>). Los estereotipos f&iacute;sicos &minus;el peso del peso&minus;, contradictorios y asfixiantes, aparecen en el centro de lo que se espera de una mujer. Dejo un fragmento: <em>&ldquo;S&eacute; una dama, dec&iacute;an. No est&eacute;s demasiado gorda. No seas demasiado delgada. No seas demasiado grande. No seas demasiado peque&ntilde;a. Alimentate. Adelgaz&aacute;. Dej&aacute; de comer tanto. No comas demasiado r&aacute;pido. Ped&iacute; una ensalada. No ingieras carbohidratos. Salte&aacute; el postre. Necesit&aacute;s perder peso. Ponete ese vestido. Ponete a dieta. Cuid&aacute; lo que comes. Com&eacute; apio. Chicle. Beb&eacute; mucha agua. Ten&eacute;s que entrar en esos jeans. Dios, parec&eacute;s un esqueleto. &iquest;Por qu&eacute; no com&eacute;s y ya? Te ves demacrada. Parec&eacute;s enferma. Com&eacute; una hamburguesa. A los hombres les gustan las mujeres con algo de carne en los huesos. S&eacute; peque&ntilde;a. S&eacute; ligera. S&eacute; femenina. S&eacute; una talla cero. S&eacute; un doble cero. S&eacute; nada. S&eacute; menos que nada&rdquo;</em>. &iexcl;BASTA!
    </p><p class="article-text">
        Letras en el campo de batalla. Escrib&iacute;, cuando cumpl&iacute; 17, puertas adentro de la enfermedad:
    </p><p class="article-text">
        <em>me desgarro la piel</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>me muerdo la carne</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>ins&iacute;pida</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>incolora</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>pero con olor</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>a sangre podrida</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>a guerras perdidas</em>
    </p><p class="article-text">
        Me cost&oacute; romper la asociaci&oacute;n entre afecci&oacute;n y escritura; entender el proceso de inspiraci&oacute;n, como parte de una sanaci&oacute;n compleja, antes que como un velo entre el mundo y mis ojos. Aquel pesimismo adolescente se convirti&oacute;, con los a&ntilde;os, en ganas furiosas por dar vuelta las cosas, por informarme, por concientizar. Porque sobreviv&iacute;, puedo narrar los d&iacute;as de relaci&oacute;n resquebrajada con los alimentos &minus;como espejo de tantas astillas emocionales&minus;, con m&aacute;s fuerza que dolor. No estoy sola.
    </p><p class="article-text">
        Hay un poema de Mario Benedetti, &ldquo;Maravilla&rdquo;, al que apelo como una suerte de mantra: &ldquo;Recuper&aacute; tu cuerpo, hacelo m&iacute;o, que yo lo aceptar&eacute; de mil amores&rdquo;. Lo conoc&iacute; durante esa &eacute;poca de delgadez y tristeza extremas.
    </p><p class="article-text">
        Todav&iacute;a lo puedo citar de memoria. Son pocas l&iacute;neas, exactamente 40 segundos. Con un hambre siempre voraz de deseo y de vida, me las apropio y reformulo levemente el final. &ldquo;Aprendamos la vida, boca a boca&rdquo;, exhorta Benedetti; &ldquo;bocado a bocado&rdquo;, agrego.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Espero, necesito, que la mengana de esos versos, yo, todas nosotras sigamos el consejo y usemos, de una vez, la maravilla.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Este art&iacute;culo es parte de la producci&oacute;n realizada en el marco de la beca de periodismo sobre salud mental, ofrecida por el Rosalynn Carter Center y la Universidad de La Sabana.</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jazmín Bazán]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/digerir-silencio-anorexia-primera-persona_129_10732537.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 30 Nov 2023 15:54:56 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Digerir el silencio: la anorexia en primera persona]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Anorexia,Trastornos Alimenticios]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Es Argentina el segundo país con más casos de anorexia nerviosa del mundo?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/argentina-segundo-pais-casos-anorexia-nerviosa-mundo_1_10731913.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0a9fe027-5789-443d-bd8a-a9c09c796491_16-9-discover-aspect-ratio_default_1085724.jpg" width="2462" height="1385" alt="¿Es Argentina el segundo país con más casos de anorexia nerviosa del mundo?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">De la psiquiatría a la neurobiología, especialistas locales e internacionales buscan desentrañar la alta incidencia de este flagelo. </p><p class="subtitle">Instagram y los adolescentes: cuanto más lo usan, más riesgo tienen de desarrollar trastornos de la conducta alimentaria</p><p class="subtitle">La obsesión por comer sano y cómo la ortorexia interfiere en la salud mental: “Mi vida corría peligro”</p></div><p class="article-text">
        <strong>Argentina es el segundo pa&iacute;s con m&aacute;s presencia de trastornos de la conducta alimentaria &ndash;con prevalencia de la anorexia nerviosa</strong>&ndash; despu&eacute;s de Jap&oacute;n. O, por lo menos, as&iacute; lo indica el citado estudio de Mervat Nasser, especialista en psiquiatr&iacute;a e investigaci&oacute;n del Instituto de Psiquiatr&iacute;a del King&rsquo;s College.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Se abren dos preguntas: &iquest;la afirmaci&oacute;n responde a realidad? Y &iquest;existen pol&iacute;ticas p&uacute;blicas para abordar este innegable flagelo, que recae principalmente sobre las adolescentes?
    </p><p class="article-text">
        Olga Ricciardi es psic&oacute;loga y psicoanalista, directora del Centro Especializado en Des&oacute;rdenes Alimentarios (CEDA). Tras tres d&eacute;cadas de trabajo junto a pacientes, ve que la posmodernidad empuja a modelos est&eacute;ticos basados en la delgadez (el mort&iacute;fero ideal del &ldquo;cuerpo Barbie&rdquo;). Aunque, para ella, el germen de la enfermedad no se encuentra &uacute;nicamente en la cultura.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En cambio, alude a causas ps&iacute;quicas, cuya sintomatolog&iacute;a se presenta en el plano alimentario y nutricional. Refiere, as&iacute;, a una &ldquo;patolog&iacute;a del acto&rdquo;: del atrac&oacute;n y el v&oacute;mito inducido en la bulimia; de la abstinencia de comida en la anorexia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Mi hambre debe entenderse en su sentido m&aacute;s amplio. (...) &iquest;Pero existe realmente eso de tener solo hambre de alimentos? &iquest;Existe un hambre de est&oacute;mago que no sea el indicio de un hambre generalizada? (...) All&iacute; donde no hay nada, imploro que exista algo&rdquo;, escrib&iacute;a <strong>Am&eacute;lie Nothomb</strong> en su<em> Biograf&iacute;a del hambre</em>.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Donde hay acto no hay palabra y donde hay palabra no hay acto&rdquo;, afirma Ricciardi. Est&aacute; convencida de que hace falta vehiculizar el habla para que se puedan desentra&ntilde;ar las causas. <strong>&ldquo;En la bulimia se tragan las palabras en forma de comida y se vomita la comida para no pronunciar palabras; y, en la anorexia, se cierra la boca para no comer, pero tambi&eacute;n para no hablar. </strong>Cuando lo emocional-traum&aacute;tico puede ponerse en palabras o en una expresi&oacute;n art&iacute;stica, ah&iacute; comienza el camino de la cura&rdquo;, reanuda.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="“En la bulimia se tragan las palabras en forma de comida y se vomita la comida para no pronunciar palabras; y, en la anorexia, se cierra la boca para no comer, pero también para no hablar&quot;, sostiene la psicóloga Olga Ricciardi."
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                “En la bulimia se tragan las palabras en forma de comida y se vomita la comida para no pronunciar palabras; y, en la anorexia, se cierra la boca para no comer, pero también para no hablar&quot;, sostiene la psicóloga Olga Ricciardi.                            </span>
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        En el art&iacute;culo &ldquo;Argentina: el cuerpo social en riesgo&rdquo; (del libro <em>Trastornos alimentarios y culturas en transici&oacute;n</em>), Oscar Meehan y Melanie Katzman conjeturaron que la &uacute;ltima dictadura &ndash;con torturas sobre el cuerpo de determinadas mujeres, para imponer un sistema de valores sobre el conjunto&ndash; dej&oacute; secuelas en las formas de ser y actuar en la vida contempor&aacute;nea. Alertan, de todos modos, que es dif&iacute;cil establecer causalidades directas.
    </p><p class="article-text">
        De forma similar, la licenciada maneja una hip&oacute;tesis tentativa, que tampoco no ha podido validar por la falta de investigaciones sobre el tema. <strong>&ldquo;En nuestro pa&iacute;s hay una historia de estar obligados a cerrar la boca, a no meterse, a callarse. Hubo esl&oacute;ganes, como &rsquo;el silencio es salud&rdquo;,</strong> elabora.
    </p><p class="article-text">
        Meehan y Katzman planteaban que atribuir las presiones de la moda importada y el marketing como causa de los trastornos alimentarios ser&iacute;a demasiado simplista. En cambio, suger&iacute;an revisar la historia del pa&iacute;s. En plena crisis del 2001, indagaban si, por la &ldquo;frustraci&oacute;n psicol&oacute;gica y econ&oacute;mica&rdquo;, &ldquo;la posibilidad de controlar el tama&ntilde;o y la apariencia del cuerpo no solo tiene un sentido ps&iacute;quico de dominio, sino un posible beneficio econ&oacute;mico ya que la cultura actual recluta y refuerza caracter&iacute;sticas f&iacute;sicas irreales&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esta d&eacute;cada tiene sus particularidades. La fundadora de CEDA advierte que hacen falta m&aacute;s estudios y l&iacute;neas de investigaci&oacute;n con una metodolog&iacute;a unificada, para constatar los efectos del encierro y la crisis actual sobre el desarrollo de trastornos alimentarios. Tiende a pensar que la pandemia expuso la vulnerabilidad y fragilidad de la vida humana, lo cual implic&oacute; un cimbronazo ps&iacute;quico muy fuerte, que pudo haber impactado en el desarrollo de trastornos de la conducta alimentaria.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La composici&oacute;n de pacientes que atendi&oacute; a lo largo de su carrera fue mutando. Cuando empez&oacute;, atend&iacute;a casi exclusivamente con adolescentes mujeres; luego aument&oacute; la cantidad de varones; posteriormente, las mujeres en etapa de menopausia; y, <strong>cada vez m&aacute;s, se ensancha m&aacute;s el rango etario. Tiene una paciente de dos a&ntilde;os y adultos mayores.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        No solo en &aacute;mbitos urbanos: ha atendido a j&oacute;venes de Curuz&uacute; Cuati&aacute; (Corrientes) y dio charlas en localidades agrarias, &ldquo;en medio de campo, vacas y sembrados&rdquo;. Le sigue sorprendiendo la cantidad de personas que acuden a buscar informaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Los efectos del deterioro a nivel org&aacute;nico de las patolog&iacute;as alimentarias tienen un espectro muy amplio: da&ntilde;os cardiovasculares, diabetes, &uacute;lceras esof&aacute;gicas, hipopotasemia. Por eso, cuando se produce un deceso, lo que se informa en la partida de defunci&oacute;n suele ser &ldquo;paro card&iacute;aco no traum&aacute;tico&rdquo; u otras cuestiones ligadas a las consecuencias (neumon&iacute;a, accidentes cerebrovasculares), lo cual refuerza la falta de estad&iacute;sticas gubernamentales.
    </p><p class="article-text">
        El diagn&oacute;stico correcto y a tiempo son fundamentales. &ldquo;Se llega a los des&oacute;rdenes alimentarios por causas tan &uacute;nicas e irrepetibles como lo son el sujeto y su propia historia&rdquo;, ampl&iacute;a Ricciardi. En su centro brindan tratamientos individuales e interdisciplinarios. Adem&aacute;s de acompa&ntilde;amiento nutricional y psicol&oacute;gico, disponen de un espacio de arte-terapia (con pintura, m&uacute;sica, escritura), para que los pacientes logren plasmar manifestaciones inconscientes para comprender las causas de su patolog&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Salvo en casos extremos, apostamos a tratamientos ambulatorios. Muchos hospitales de d&iacute;a sumergen al sujeto en la enfermedad. Para CEDA, si el paciente est&aacute; en condiciones cl&iacute;nicas, es importante que la enfermedad tenga el m&iacute;nimo lugar posible, siempre y cuando siga con el encuadre del tratamiento. Buscamos que las personas est&eacute;n en la escuela, con su familia, con amigos, con lo social, con sus proyectos&rdquo;, asevera la especialista.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; ocurre con las personas de bajos recursos? &ldquo;Lamentablemente, no pueden acceder a este tipo de tratamientos. Deber&iacute;an poder hacerse a nivel estatal. Ser&iacute;a fant&aacute;stico y yo ser&iacute;a una entusiasta para colaborar. Hay muy buenas intenciones y trabajadores de salud, como los colegas del Centro de Salud Mental N&deg;3 Dr. A. Ameghino, para nombrar un ejemplo, pero muchas veces no dan abasto. No hay una campa&ntilde;a de prevenci&oacute;n como corresponde. Ni en los Municipios, ni desde el Ministerio de Salud. Las escuelas lo piden como actividad privada&rdquo;, contesta la profesional.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Mucho m&aacute;s que un n&uacute;mero</strong></h3><p class="article-text">
        Emilio Compte es &ndash;entre muchos t&iacute;tulos&ndash; doctor en Psicolog&iacute;a Cl&iacute;nica y mag&iacute;ster en Dise&ntilde;os de Investigaci&oacute;n en Psicolog&iacute;a y Salud. Se desempe&ntilde;a como miembro editorial de revistas cient&iacute;ficas, como el International Journal of Eating Disorders y fue copresidente del Comit&eacute; Cient&iacute;fico de la International Conference on Eating Disorders de la Academy for Eating Disorders.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Compte plantea serias dudas respecto la evaluaci&oacute;n de Mervat Nasser, que sit&uacute;a a Argentina como el segundo pa&iacute;s con m&aacute;s presencia de trastornos de la conducta alimentaria. &ldquo;Para poder efectuar comparaciones, deber&iacute;a haber muchos equipos de investigaci&oacute;n en distintos pa&iacute;ses, realizando estudios con la misma poblaci&oacute;n y metodolog&iacute;a&rdquo;, clarifica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ldquo;Comparar una poblaci&oacute;n latina &ndash;occidentalizada y donde hay mucha inseguridad alimentaria&ndash; con una asi&aacute;tica es muy arriesgado&rdquo;</strong>, agrega. Las cuestiones hist&oacute;ricas, culturales, sociales y de acceso a la comida, tanto como la validez metodol&oacute;gica, son fundamentales a la hora de abordar la problem&aacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        De acuerdo con el profesional, en ocasiones, al recibir muchos pacientes, los especialistas tienden a sobredimensionar la enfermedad. &ldquo;No es correcto generalizar la experiencia cl&iacute;nica con lo que ocurre en la sociedad&rdquo;. En distintos estudios epidemiol&oacute;gicos, la anorexia se mantiene en cerca del 1% de la poblaci&oacute;n mundial.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El doctor esclarece que el manual de la Asociaci&oacute;n Americana de Psiquiatr&iacute;a ahora utiliza la categor&iacute;a &ldquo;Trastornos alimentarios y de la ingesti&oacute;n de alimentos&rdquo;. La anorexia nerviosa representa casos infrecuentes, pero muy graves. Como las dietas restrictivas son dif&iacute;ciles de sostener, muchas personas experimentan una &ldquo;migraci&oacute;n diagn&oacute;stica&rdquo; hacia otro tipo de trastornos, como la bulimia. &ldquo;Por eso, hay que identificar siempre de qu&eacute; tipo de pacientes estamos hablando&rdquo;, arguye Compte.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="“Comparar una población latina –occidentalizada y donde hay mucha inseguridad alimentaria– con una asiática es muy arriesgado”, plantea Emilio Compte sobre el estudio que ubica a Argentina como el segundo país con más casos de anorexia nerviosa."
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                “Comparar una población latina –occidentalizada y donde hay mucha inseguridad alimentaria– con una asiática es muy arriesgado”, plantea Emilio Compte sobre el estudio que ubica a Argentina como el segundo país con más casos de anorexia nerviosa.                            </span>
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        La anorexia nerviosa puede implicar consecuencias cl&iacute;nicas muy riesgosas.<strong> &ldquo;Si uno no se alimenta, el cuerpo se alimenta de nosotros: de la grasa, los m&uacute;sculos, los huesos, la masa encef&aacute;lica. El cuerpo comienza a funcionar en &lsquo;modo ahorro&rsquo;&rdquo;</strong>. Existen muchos problemas asociados al bajo peso y la desnutrici&oacute;n. Psicol&oacute;gica y socialmente, el esquema de valoraci&oacute;n de la persona comienza a limitarse a la imagen corporal: el peso, la figura y la capacidad de controlarlo se transforman en pensamientos intrusivos.
    </p><p class="article-text">
        Compte ha escrito respecto a un tema muy pertinente para la Argentina actual: los problemas ligados a la inseguridad alimentaria. En Chile, por ejemplo, el 74,6% de la poblaci&oacute;n adulta tiene obesidad atribuible a la mala calidad de las comidas. De la misma forma, existe un tipo de restricci&oacute;n alimentaria &ndash;que no es anorexia nerviosa ni trastorno de evitaci&oacute;n/restricci&oacute;n de alimentos (TERIA)&ndash;, que parte de la falta de acceso a alimentos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Tambi&eacute;n ha investigado la incidencia de los TCA en minor&iacute;as y disidencias sexuales o de g&eacute;nero. Habla del &ldquo;estr&eacute;s de minor&iacute;as&rdquo;, que engloba los estresores ambientales o distales (discriminaci&oacute;n y estigma), as&iacute; como estresores proximales (internos) que afecta a las minor&iacute;as y disidencias, exponi&eacute;ndolas a distintas problem&aacute;ticas psiqui&aacute;tricas. Entre estos, trastornos alimentarios, de ansiedad y depresivos.
    </p><h3 class="article-text"><strong>La importancia de la salud p&uacute;blica</strong></h3><p class="article-text">
        Ricardo Corral, presidente de la Asociaci&oacute;n Argentina de Psiquiatras, ejerce en el Hospital Interdisciplinario Psicoasistencial J. T. Borda, donde funciona un Servicio de Salud Mental en Des&oacute;rdenes del Comportamiento Alimentario, referente en la regi&oacute;n, p&uacute;blico y gratuito. All&iacute; reciben cerca de doce admisiones semanales: ocho son mujeres.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Actualmente, hay 25 pacientes con anorexia que acuden al hospital de d&iacute;a &ndash;disponible durante el d&iacute;a y parte de la tarde, para quienes requieren un seguimiento mayor o presentan riesgos graves de salud&ndash; y 90 realizan consulta ambulatoria. En cuanto al perfil socioecon&oacute;mico, Corral nota que &ldquo;es una cuesti&oacute;n transversal, porque todas las personas est&aacute;n atravesadas por la cultura&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La anorexia conlleva una perturbaci&oacute;n de la conciencia corporal y de la realidad. Se cree que hay un componente biol&oacute;gico, pero tambi&eacute;n cultural&rdquo;, define. El tratamiento ofrecido en el Borda consta de psicoterapia basada en la transferencia psicoanal&iacute;tica: es decir, un &ldquo;modelo psicoterap&eacute;utico cognitivo conductual, basado en evidencia&rdquo;. En el equipo hay nutricionistas y otros especialistas, para lograr una atenci&oacute;n integral y personalizada. Hay pacientes que presentan comorbilidades: principalmente trastornos de ansiedad y depresi&oacute;n. Algunos requieren medicaci&oacute;n, no todos. Se analiza caso por caso, y el abordaje var&iacute;a, seg&uacute;n la evoluci&oacute;n de la recuperaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Se busca restablecer proyectos vitales, prop&oacute;sitos, para que los pacientes puedan elegir su futuro, reconocer su vocaci&oacute;n&rdquo;, acent&uacute;a el doctor. Y concluye: &ldquo;&iquest;Es una enfermedad que se cura? Totalmente&rdquo;.
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                    alt="“¿Es una enfermedad que se cura? Totalmente”, afirma Ricardo Corral del servicio de Salud Mental del Borda."
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                “¿Es una enfermedad que se cura? Totalmente”, afirma Ricardo Corral del servicio de Salud Mental del Borda.                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text"><strong>Consumismo/Consumidas</strong></h3><p class="article-text">
        Candela Yatche es la fundadora de Bellamente, un proyecto que naci&oacute; como un espacio seguro para miles de personas en las redes sociales y se convirti&oacute; en Fundaci&oacute;n. El objetivo fue siempre el mismo: promover la autoaceptaci&oacute;n y el amor propio. Psic&oacute;loga y comunicadora, fue pasante en el sector de Trastornos de la Conducta Alimentaria del Hospital Borda y curs&oacute; el programa de Des&oacute;rdenes Alimenticios en la Fundaci&oacute;n La Casita.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, junto a otros expertos, arm&oacute; un manual de prevenci&oacute;n, alerta y acompa&ntilde;amiento de los TCA, con apoyo del Ministerio de Salud de la Naci&oacute;n. Compara a su comunidad con un &ldquo;abrazo colectivo virtual&rdquo;, donde se intenta desenredar inseguridades, actitudes negativas y las diversas presiones sobre los cuerpos.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Ahora se habla m&aacute;s de trastornos de la conducta alimentaria, de falta de representaci&oacute;n de la diversidad en los medios, y eso es muy positivo. Pero eso no quiere decir que est&eacute; resuelto el tema. Hay mucha resistencia, <em>bullying</em> en el colegio por la apariencia f&iacute;sica, en el &aacute;mbito laboral, en los v&iacute;nculos familiares&rdquo;, finaliza.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Jesica Lavia, licenciada en Nutrici&oacute;n y autora, aboga por una educaci&oacute;n nutricional integral desde la infancia. En su &uacute;ltimo libro<em>, Sobrevivir a un mundo gordof&oacute;bico sin caer en trastornos alimentarios</em>, realiz&oacute; una serie de preguntas a m&aacute;s de 9.500 personas. El 78,5% respondi&oacute; que alguna vez sufri&oacute; burlas por su aspecto f&iacute;sico. El 47,4%, a la vez, admiti&oacute; haberlo hecho con alguien m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El punto es d&oacute;nde est&aacute; puesta la mirada: en el cuerpo y los estereotipos. Como si hubiera cuerpos v&aacute;lidos y cuerpos inv&aacute;lidos&rdquo;, explica la nutricionista&ldquo;. Y enfatiza: &rdquo;Hace falta un cambio colectivo que lleve a la idea de que el cuerpo sano es salud y ense&ntilde;ar la importancia de la diversidad&ldquo;.
    </p><p class="article-text">
        Contra el dictamen de los est&aacute;ndares, propone comer desde el placer, desde el deseo, desde la elecci&oacute;n. Quiz&aacute;s los n&uacute;meros reflejados en su libro, antes que estad&iacute;sticas, sean voces clamando por una transformaci&oacute;n.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Redes sociales y de contenci&oacute;n</strong></h3><p class="article-text">
        Mara Fern&aacute;ndez es Psic&oacute;loga especialista en TCA y fue declarada de inter&eacute;s para la promoci&oacute;n y defensa de los derechos humanos de las mujeres y diversidades por la legislatura porte&ntilde;a. A trav&eacute;s de su Instagram @hablar_sana, habla a sus 30 mil seguidores contra la &ldquo;cultura dietante y gordof&oacute;bica&rdquo;, promoviendo la salud mental.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No quiero ser pesimista, pero lamentablemente todav&iacute;a nos falta mucho como sociedad en relaci&oacute;n con las opiniones sobre el cuerpo ajeno. Se promulg&oacute; la Ley nacional de talles, pero a&uacute;n no se implementa. Continuamos escuchando comentarios de contenido gordoodiante o de rechazo hacia las personas con sobrepeso, en donde el parecer es m&aacute;s valioso que el ser&rdquo;, dice.
    </p><p class="article-text">
        Le preocupan particularmente las y los adolescentes que, &ldquo;en su b&uacute;squeda de identidad, y con la necesidad de sentirse aceptados y queridos, quieren cumplir con determinados par&aacute;metros implementando estrategias poco saludables&rdquo;. Cita un estudio de 2020 de la Sociedad Argentina de Pediatr&iacute;a, el cual encontr&oacute; que el 30% de las mujeres de entre 10 y 24 a&ntilde;os hab&iacute;a manifestado sentirse insatisfecha con su imagen y haber desarrollado alg&uacute;n tipo de TCA&ldquo;.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="&quot;Todavía nos falta mucho como sociedad en relación con las opiniones sobre el cuerpo ajeno&quot;, asegura Mara Fernández, psicóloga especialista en trastornos de la alimentación."
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                &quot;Todavía nos falta mucho como sociedad en relación con las opiniones sobre el cuerpo ajeno&quot;, asegura Mara Fernández, psicóloga especialista en trastornos de la alimentación.                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text"><strong>El cerebro y la comida</strong></h3><p class="article-text">
        Juana Poulisis es psiquiatra, especialista en trastornos alimentarios, mag&iacute;ster en Psicofarmacolog&iacute;a, fellow de la Academy of Eating Disorders y presidenta del cap&iacute;tulo hispanolatinoamericano de la International Association of Eating Disorders.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Los trastornos alimentarios reflejan una discrepancia entre las necesidades fisiol&oacute;gicas de comer y las ganas o impulso de hacerlo. Entender la recompensa y la inhibici&oacute;n en los trastornos de la conducta alimentaria ayuda a dirigir el tratamiento, psicoeducar a los pacientes y a las familias&rdquo;, apunta. Experta en neurobiolog&iacute;a, estudia las &aacute;reas del cerebro que se ven afectadas en personas con anorexia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Poulisis explica que, en casos de anorexia, la anatom&iacute;a cerebral arroja desbalances, tales como el hiperfuncionamiento de la am&iacute;gdala (&aacute;rea donde se genera el miedo) y el hipofuncionamiento del sistema de recompensa (n&uacute;cleo accumbens), encargado de brindar placer al organismo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n se presentan alteraciones en la corteza prefrontal dorsolateral (relacionada con los pensamientos, la anticipaci&oacute;n, la planeaci&oacute;n y las funciones ejecutivas), el l&oacute;bulo parietal (que regula la sensaci&oacute;n sobre la imagen corporal) y las se&ntilde;ales de la &iacute;nsula (que recibe todas las sensaciones del cuerpo, entre ellas el hambre, y transmite la informaci&oacute;n a otras &aacute;reas del cerebro para su posterior interpretaci&oacute;n y acci&oacute;n). Al estar involucrados tanto el circuito l&iacute;mbico como el circuito cognitivo, el apetito, las emociones y el pensamiento se ven distorsionados.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                &quot;“Los trastornos alimentarios reflejan una discrepancia entre las necesidades fisiológicas de comer y las ganas o impulso de hacerlo&quot;, señala Juana Poulisis, psiquiatra.                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        &iquest;Estas variaciones en la anatom&iacute;a cerebral son preexistentes al trastorno alimentario? &ldquo;Es la pregunta del huevo o gallina. Todos los resonadores magn&eacute;ticos funcionales se hacen durante o posanorexia&rdquo;, contesta Poulisis.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ella es la &uacute;nica m&eacute;dica en Latinoam&eacute;rica certificada en terapia basada en rasgos (temperament based therapy with support o TBT-S): un enfoque emergente de tratamiento neurobiol&oacute;gico, que combina la psicoeducaci&oacute;n y actividades experienciales, para aumentar la comprensi&oacute;n y reconocer patrones de temperamento en pacientes con anorexia nerviosa. &ldquo;Hay que ense&ntilde;arle gradualmente al cerebro que nada malo pasa si se expone al miedo que representa la comida&rdquo;, se explaya.
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; toca un tema fundamental: aun cuando se llega a un peso saludable, el cerebro &ndash;acostumbrado a la restricci&oacute;n&ndash; tardar&iacute;a &ldquo;m&iacute;nimamente un a&ntilde;o&rdquo; en adaptarse a los cambios. Por eso, ese per&iacute;odo es fundamental (el paciente y su entorno deben estar atentos a las <em>red flags</em> en torno a la relaci&oacute;n con la comida) y el acompa&ntilde;amiento terap&eacute;utico debe seguir. La doctora cree firmemente que la recuperaci&oacute;n total de trastornos como la anorexia es posible, pero no inmediata.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Al igual que Compte, la doctora mira con mucha cautela los estudios que colocan a Argentina como el segundo pa&iacute;s del mundo en cuanto a casos de anorexia nerviosa. &ldquo;S&iacute; se puede decir que la anorexia tiene una alta prevalencia en Argentina&rdquo;, especifica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Observa que las mujeres argentinas tienden a comer menos &ndash;por ejemplo&ndash; que en Chile y esto no incumbe &uacute;nicamente a las pacientes. Esta tendencia hacia el ideal de delgadez permea incluso en la medicina. &ldquo;En Estados Unidos, M&eacute;xico, Australia y Canad&aacute;, las pacientes de anorexia nerviosa tienen el alta cuando recuperan un IMC (&iacute;ndice de masa corporal) de entre 19 y 20; aqu&iacute;, cuando llegan a un IMC de 18. Es un n&uacute;mero muy justo, ya que el cerebro no genera flexibilidad y tiene m&aacute;s margen de reca&iacute;da&rdquo;, precisa.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La especialista cuenta que los estudios gen&eacute;ticos y las investigaciones de microbiota intestinal han aumentado el conocimiento de la fisiopatolog&iacute;a de los trastornos alimenticios, incluida la anorexia</strong>. As&iacute;, se ha constatado una importante incidencia de factores hereditarios y la superposici&oacute;n con otros trastornos psiqui&aacute;tricos, como los trastornos por ansiedad o el trastorno obsesivo compulsivo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A pesar de que existe una heredabilidad, recalca que no todas las personas desarrollan las enfermedades. Para que los genes se &ldquo;enciendan&rdquo; debe haber, entre distintos elementos, el inicio de una dieta restrictiva o un descenso de peso por causas externas (como la diabetes o la mononucleosis). Las redes sociales, el entorno y los estereotipos corporales son otros factores que contribuyen como desencadenantes.
    </p><p class="article-text">
        En s&iacute;ntesis, la gen&eacute;tica y la biolog&iacute;a son m&aacute;s pesadas que el entorno en los desarrollos de trastornos de la conducta alimentaria, aunque este &uacute;ltimo tiene un rol importante y es justamente all&iacute;, en el colegio, el hogar, las redes, donde se puede intervenir. Como en su charla TED (&ldquo;Cuando lo saludable no te deja vivir&rdquo;), invita a las personas a convertirse en &ldquo;agentes de prevenci&oacute;n, modelos positivos, flexibles&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>La anorexia at&iacute;pica: &iquest;cuesti&oacute;n de peso?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        La Dra. Melissa Freizinger, con dos d&eacute;cadas de experiencia en Psicolog&iacute;a cl&iacute;nica y especializaci&oacute;n en trastornos alimentarios, ofrece una visi&oacute;n profunda de la anorexia nerviosa at&iacute;pica (AAN) desde su rol como directora asociada del Programa de Trastornos de la Conducta Alimentaria en el Hospital de Ni&ntilde;os de Boston.
    </p><p class="article-text">
        Este diagn&oacute;stico describe a personas que cumplen con los criterios de anorexia nerviosa (tienen los mismos comportamientos y pensamientos) y pueden haber perdido una cantidad significativa de peso, pero se mantienen dentro del rango &ldquo;normal&rdquo; o &ldquo;sobrepeso&rdquo;, seg&uacute;n lo definido por el &iacute;ndice de masa corporal (IMC). Debido a que muchos m&eacute;dicos asocian conductas restrictivas &uacute;nicamente a personas delgadas o con apariencia demacrada, las y los pacientes no suelen recibir el tratamiento adecuado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Un estudio de 256 pacientes con trastornos alimentarios compar&oacute; a 118 con anorexia nerviosa y 42 con anorexia at&iacute;pica y no encontr&oacute; diferencias en las tasas de bradicardia, cambios ortost&aacute;ticos, hipotermia, ni ingresos hospitalarios&rdquo;, destaca la doctora.
    </p><p class="article-text">
        En t&eacute;rminos de s&iacute;ntomas psiqui&aacute;tricos, resalta, las personas con anorexia nerviosa at&iacute;pica tienen &ldquo;pensamientos y comportamientos alimentarios comparables a pacientes con anorexia nerviosa y pueden experimentar s&iacute;ntomas psiqui&aacute;tricos (trastornos depresivos, trastornos de ansiedad, trastorno obsesivo-compulsivo, autolesiones e ideaci&oacute;n suicida), as&iacute; como pensamientos en torno a la comida y la imagen corporal igualmente graves&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Para los profesionales de la salud mental y m&eacute;dica, esto significa que todos los individuos &ndash;especialmente adolescentes&ndash; que hayan perdido peso deben ser evaluados para trastornos alimentarios y enfermedades psicol&oacute;gicas, independientemente del peso corporal, el tama&ntilde;o o la falta de historia psiqui&aacute;trica previa.
    </p><p class="article-text">
        La especialista insiste en la importancia de una formaci&oacute;n mejorada de los profesionales de la salud y una educaci&oacute;n que elimine el &ldquo;sesgo hacia el peso&rdquo;, lo cual &ldquo;conducir&aacute; a intervenciones m&aacute;s tempranas y efectivas, mejorando significativamente los resultados del tratamiento&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>Este art&iacute;culo es parte de la producci&oacute;n realizada en el marco de la beca de periodismo sobre salud mental, ofrecida por el Rosalynn Carter Center y la Universidad de La Sabana.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>JB/MG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jazmín Bazán]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/argentina-segundo-pais-casos-anorexia-nerviosa-mundo_1_10731913.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 30 Nov 2023 15:54:16 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Es Argentina el segundo país con más casos de anorexia nerviosa del mundo?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Anorexia,Trastornos Alimenticios,bulimia,Hospital Borda]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La obsesión por comer sano y cómo la ortorexia interfiere en la salud mental: “Mi vida corría peligro”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/obsesion-comer-sano-ortorexia-interfiere-salud-mental-vida-corria-peligro_1_10419976.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1900420d-7d2a-45cf-8aac-762342985635_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La obsesión por comer sano y cómo la ortorexia interfiere en la salud mental: “Mi vida corría peligro”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un estudio liderado en España determina que tres de cada diez personas manifiestan síntomas que se vuelven peligrosos al condicionar de forma negativa otros ámbitos de la vida.</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;De peque&ntilde;a tomaba dulce y lo disfrutaba. Ahora no me lo permito porque me siento culpable y pienso que no deber&iacute;a haberlo comido. En el momento creo que es malo por los aditivos y la composici&oacute;n, cuando acabo pienso en c&oacute;mo influye en mi imagen corporal&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Las palabras son de Adriana Mart&iacute;nez, una joven de 18 a&ntilde;os ingresada en Adaner, la Asociaci&oacute;n en Defensa de la Anorexia Nerviosa y Bulimia. Ella padece anorexia nerviosa, pero tiene actuaciones y s&iacute;ntomas propios de la ortorexia nerviosa. Esta enfermedad es un tipo de <a href="https://www.eldiario.es/aragon/sociedad/convivir-trastorno-conducta-alimentaria-hay-hablar-ninos-ninas-caprichosos-no-comer_1_7366997.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">Trastorno de la Conducta Alimentaria (TCA)</a> que se basa en limitar la ingesta de alimentos a los que se consideran como comida sana, sobre todo cuando busca fines est&eacute;ticos y control de la comida e impide disfrutar de la vida con normalidad.&nbsp;Como en el caso de Adriana, suele relacionarse a la vez con otras enfermedades de este tipo.
    </p><p class="article-text">
        Adriana Mart&iacute;nez comenz&oacute; a tener una relaci&oacute;n restrictiva con la comida en 2019. &ldquo;Empiezas a prohibirte alimentos queriendo estar m&aacute;s sana y tener una mejor apariencia f&iacute;sica y acabas teniendo un problema&rdquo;, relata la joven desde el centro sobre su caso. Los problemas empezaron cuando baj&oacute; de peso de una forma exponencial: &ldquo;Disminu&iacute; mi peso de forma muy r&aacute;pida. Mi vida corr&iacute;a peligro y tuve que ingresar por primera vez&rdquo;.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">Empiezas a prohibirte alimentos queriendo estar más sana y tener una mejor apariencia física y acabas teniendo un problema</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Adriana Martínez</span>
                                  </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Ahora, va por su cuarto ingreso, esta vez en el centro de Adaner. Los primeros fueron siendo a&uacute;n menor de edad, periodo donde la<a href="https://www.eldiario.es/sociedad/instagram-adolescentes-riesgo-desarrollar-trastornos-conducta-alimentaria_1_10241891.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> prevalencia de padecer un TCA </a>es m&aacute;s alta. &ldquo;Tras comer, muchas veces me quedaba de pie o hac&iacute;a ejercicio para &lsquo;compensar&rsquo;&rdquo;, cuenta. Mart&iacute;nez asocia su enfermedad a un aumento de su necesidad de control y autoexigencia: &ldquo;Con el inicio de la Universidad sent&iacute; una necesidad de ser muy buena en t&eacute;rminos acad&eacute;micos, pero al estudiar pasaba mucho tiempo sentada y eso me hac&iacute;a empeorar mi salud mental&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">Las diferencias</h3><p class="article-text">
        Aunque los TCAs est&eacute;n interrelacionados, Ana Moull&aacute;, Dietista y Nutricionista especializada en estos trastornos en Adaner, explica las diferencias entre la anorexia y la ortorexia nerviosa: &ldquo;Mientras que en la primera hay una restricci&oacute;n alimentaria enfocada solo al cuerpo ideado como perfecto, en la segunda no es solo por las calor&iacute;as, sino tambi&eacute;n por la composici&oacute;n. Estos pacientes comen, pero solo los alimentos que ven como seguros&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La gente con orientaci&oacute;n natural a los h&aacute;bitos saludables no es un problema. Lo es si se asocia con patolog&iacute;a; es culpabilizarse, castigarse o perder amigos al no tener con quien comer de la forma que uno considera saludable&rdquo;, especifica por su parte Juan Ram&oacute;n Barrada, experto en ortorexia nerviosa y profesor en Psicolog&iacute;a y Sociolog&iacute;a en la Universidad de Zaragoza.
    </p><p class="article-text">
        Una investigaci&oacute;n internacional pionera liderada en Espa&ntilde;a desarrollada por la Universidad P&uacute;blica de Navarra junto a Navarrabiomed, Harvard University y la Universidad Central de Ecuador estipula que 3 de cada 10 personas padecen alg&uacute;n s&iacute;ntoma relacionado con la ortorexia nerviosa. El estudio se basa en un metaan&aacute;lisis de la literatura cient&iacute;fica escrita desde 2001 hasta 2023, y en &eacute;l se ve un claro aumento con el paso de los a&ntilde;os en el diagn&oacute;stico de este TCA. &ldquo;Los resultados ponen de manifiesto la necesidad de desarrollar instrumentos psicom&eacute;tricos que ayuden al diagn&oacute;stico cl&iacute;nico y a la eficacia del tratamiento en cuanto a ortorexia nerviosa se refiere&rdquo;, destaca Jos&eacute; Franciso L&oacute;pez-Gil, nutricionista e investigador principal del proyecto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Este estudio no establece una diferencia clara en el g&eacute;nero entre hombres y mujeres, como s&iacute; se ve en otros estudios, donde las mujeres padecen los TCAs con una mayor prevalencia. Sin embargo, s&iacute; que hay un mayor riesgo de padecer ortorexia nerviosa en los atletas de alto rendimiento, en los usuarios de fitness y en el colectivo LGTBIQ+. En este &uacute;ltimo, &ldquo;faltan m&aacute;s estudios espec&iacute;ficos, pero s&iacute; se ve la prevalencia. Estar&iacute;a bien poder contar con alguno que investigase otros factores, como la migraci&oacute;n y ver si son m&aacute;s susceptibles&rdquo;, apunta el investigador principal.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text"><strong>Problemas de identificaci&oacute;n</strong></h3><p class="article-text">
        Uno de los problemas para identificar la ortorexia nerviosa es, seg&uacute;n los expertos, la falta de herramientas para diagnosticarla. &ldquo;Como es un TCA que a&uacute;n se est&aacute; investigando faltan criterios de diagn&oacute;stico. A veces, a los profesionales de la salud, les cuesta determinar si el problema en una persona es el de ortorexia nerviosa por falta de informaci&oacute;n y perspectiva&rdquo;, apunta Jos&eacute; Franciso L&oacute;pez-Gil y demanda en este sentido herramientas m&aacute;s espec&iacute;ficas para decretar cu&aacute;ndo alguien padece el trastorno.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">Aún se está investigando faltan criterios de diagnóstico. A veces, a los profesionales de la salud, les cuesta determinar si el problema en una persona es el de ortorexia nerviosa por falta de información y perspectiva</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">José Franciso López-Gil</span>
                                        <span>—</span> Investigador
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Si uno se detiene a pensarlo, establecer cu&aacute;ndo una persona est&aacute; en el extremo de comer demasiado sano es complicado. &ldquo;Por nuestra cultura social, cuando alguien empieza a mejorar sus h&aacute;bitos de vida es l&oacute;gico que cambie tambi&eacute;n su alimentaci&oacute;n. Si su c&iacute;rculo cercano no lo hace puede haber incluso un ligero aislamiento social sin que llegue a padecerse ortorexia&rdquo;, apunta L&oacute;pez-Gil.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los l&iacute;mites entre lo saludable y el TCA a veces son difusos, pero s&iacute; se pueden establecer. &ldquo;Cuando afecta a nuestra salud mental. Cuando nos obsesionamos con la comida sana y perdemos la concentraci&oacute;n en otras tareas. Cuando hay aislamiento social por la comida. Cuando alguien se siente triste, agobiado o con culpa por no seguir estrictamente una dieta determinada&rdquo;, apunta como causas el psic&oacute;logo Juan Ram&oacute;n Barada. &ldquo;Preocuparse por comer sano no tiene que ir asociado de un malestar psicol&oacute;gico&rdquo;, apunta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Otro de los problemas es que las personas establecen relaciones entre lo que es sano y lo que no sin informarse. &ldquo;Uno puede pensar que alimentarse solo a base de lechuga y zanahorias es saludable&rdquo;, refleja Barada. Por ello, quien quiera &ldquo;tener una dieta m&aacute;s saludable que se ponga en contacto con un nutricionista. Hay estipulaciones generales que son correctas, pero siempre va a depender de lo que queramos conseguir mejorando nuestros h&aacute;bitos&rdquo;, explica el investigador L&oacute;pez-Gil.
    </p><h3 class="article-text"><strong>La cultura y la exposici&oacute;n influyen</strong></h3><p class="article-text">
        &ldquo;Las redes sociales influyen much&iacute;simo. Hay cuentas peligrosas: las<em> influencers</em>, actrices o modelos suben fotos retocadas y de primeras no te das cuenta de la edici&oacute;n. Refuerzan unos c&aacute;nones de belleza en la sociedad que no son reales&rdquo;, responde Adriana Mart&iacute;nez al ser preguntada por algunas de las causas que considera que le han afectado para padecer un TCA.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En aplicaciones como TikTok, al buscar palabras como anorexia salta un aviso de ayuda al usuario. Sin embargo, para Mart&iacute;nez este aviso es poco. Cuenta a este diario que cuando juega a alg&uacute;n videojuego online en su <em>tablet </em>le saltan anuncios para bajar de peso, y confiesa &ldquo;casi hacerlo alguna vez&rdquo;. Para ella, es vital &ldquo;que los pol&iacute;ticos empiecen a regular en estas materias&rdquo;. En este sentido, Ana Moull&aacute;, que trabaja en el tratamiento de Adriana Mart&iacute;nez, insiste a este diario, emocionada, que la joven recuerda muchas veces a sus compa&ntilde;eras estas caracter&iacute;sticas aunque la enfermedad sea &ldquo;una lucha diaria&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">“El problema de los hábitos saludables es que quien los coge muchas veces los hace más con el fin de mejorar su apariencia física que por la salud en sí misma”</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">José Francisco López-Gil</span>
                                        <span>—</span> Nutricionista e investigador
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En palabras del psic&oacute;logo Juan Ram&oacute;n Barrada, toda la obsesi&oacute;n por la comida saludable pasa por un cambio en la corriente cultural actual. &ldquo;En las librer&iacute;as hay secciones de nutrici&oacute;n o creadores de contenido hablando de ello en redes sociales. No todos pasan el filtro de la ciencia y la salud, pero s&iacute; que se extreman los l&iacute;mites y parece todo o blanco o negro, sin grises&rdquo;. Para &eacute;l, con la estabilizaci&oacute;n de unos h&aacute;bitos de salud por la salud, que dice no criticar, &ldquo;se ha atribuido cierta responsabilidad o culpa al no cumplir con los c&aacute;nones de belleza&rdquo; y destaca la importancia de &ldquo;asumir que en la vida hay grises&rdquo;, refiri&eacute;ndose a la flexibilidad en la dieta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Preguntado por si movimientos como <em>realfooding </em>de Carlos R&iacute;os y que una persona establezca qu&eacute; es comida real y qu&eacute; no pueda tener una consecuencia negativa en la sociedad, responde: &ldquo;Es complicado llamar causa a nada, pero creo que se crea una comunidad de apoyo para la rigidez alimentaria y se lanzan mensajes que la apoyan&rdquo;. Adem&aacute;s, en este sentido recuerda que &ldquo;aunque los alimentos ultraprocesados sean menos sanos, no dejan de ser comida. La comida irreal para el consumo humano son las tuercas&rdquo;. &ldquo;No es lo mismo intentar que la gente coma m&aacute;s sano a demonizar constantemente un tipo de comida&rdquo;, apunta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El problema de los h&aacute;bitos saludables es que quien los coge muchas veces los hace con un fin. Y este objetivo suele ir m&aacute;s por la apariencia f&iacute;sica que por la salud en s&iacute; misma&rdquo;, explica por su parte el nutricionista Jos&eacute; Francisco L&oacute;pez-Gil. Indica que una relaci&oacute;n en la que el 80% de los alimentos que ingerimos sean naturales frente a un 20% con una mayor cantidad de procesamiento, &ldquo;en l&iacute;neas generales es saludable, pero sin obsesionarse&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Raúl Novoa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/obsesion-comer-sano-ortorexia-interfiere-salud-mental-vida-corria-peligro_1_10419976.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 31 Jul 2023 09:57:15 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La obsesión por comer sano y cómo la ortorexia interfiere en la salud mental: “Mi vida corría peligro”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Sistemas Alimentarios,Seguridad Alimentaria,Alimentación,Trastornos Alimenticios,ortorexia,Salud mental]]></media:keywords>
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