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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Fábula]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Fábula]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La fábula del pintor fracasado]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/economia/fabula-pintor-fracasado_1_10451763.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c675fcb7-a2b2-4cd8-881b-b306b322c0f6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La fábula del pintor fracasado"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Estamos en una época en la que se ha perdido la idea de trabajo colectivo: cada uno tiene su canal de tv privado, su oficina pequeña donde es dueño de sí mismo y se hostiga hasta el cansancio. Lo que necesitamos es pasar el día.  </p></div><p class="article-text">
        Un lenguaje que me sea &uacute;til, un lenguaje que pueda memorizar en caso de que pierda todas mis opciones, en caso de que mi canci&oacute;n se vuelva obsoleta. Los poetas y los poemas est&aacute;n para darnos fuerzas a los que no podemos hablar, a los que hemos sido proscriptos. En esta noche del pa&iacute;s &ndash;es de ma&ntilde;ana pero el cielo negro, lluvioso, cambia los planes&ndash; estamos desorientados porque las grandes utop&iacute;as est&aacute;n hechas pedazos y nuestra querida y gloriosa juventud decidi&oacute; llenar las urnas&nbsp;con papel picado. No es que Guevara est&eacute; en la remera de Dior, es que Dior no existe y no hay afuera del Mercado. Por eso Mercado libre es una tautolog&iacute;a y cada uno de nosotros deber&iacute;a empezar a pensar en qu&eacute; shopping va a elegir vivir, en qu&eacute; pasillo, cerca de qu&eacute; g&oacute;ndola. Sabiendo que tu vida no tiene precio, que la leche no tiene precio, porque los precios los ponen dos o tres visionarios que se esconden detr&aacute;s de los que algunos llaman la casta. La casta es una palabra que no basta: porque no nombra nada.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Les quiero contar una f&aacute;bula: &ldquo;Hubo una vez un hombre que naci&oacute; en un pueblo muy lejano de nuestra tierra y quer&iacute;a ser pintor, pero no se le daba bien. El pa&iacute;s en el que viv&iacute;a estaba humillado por una reciente confrontaci&oacute;n b&eacute;lica y la plata que usaban &ndash;como transacci&oacute;n&ndash; se llevaba en bolsas y apenas serv&iacute;a para empapelar las piezas donde las personas pernoctaban. El ex pintor eligi&oacute; un enemigo y lo puso como centro de todos los problemas que aquejaban a su lejano pa&iacute;s. Con el tiempo, el ex pintor aprendi&oacute; a mimetizarse con los directores de orquestas, aprendi&oacute; el lenguaje del odio y la confrontaci&oacute;n, manejaba la batuta con precisi&oacute;n oper&iacute;stica, vest&iacute;a elegantes trajes negros, futuristas y se dejaba llevar en coches ultraveloces. Ten&iacute;a pactos con sociedades secretas y hablaba con los muertos. Cuando todo se desmadr&oacute;, ya era tarde. Los que lo ve&iacute;an como un tipo simp&aacute;tico, caricaturesco, caminaban ahora con los pies descalzos hac&iacute;a las c&aacute;maras de gas. El ex pintor practic&oacute; el aceleracionismo y destroz&oacute; al planeta entero. En sus &uacute;ltimos d&iacute;as, el ex pintor consum&iacute;a un medicamento que le hac&iacute;a temblar las manos &ndash;tal vez un jarabe negro&ndash; , a las que ocultaba detr&aacute;s de su espalda, para que los que marchaban bajo sus &oacute;rdenes no se dieran cuenta de que estaba pasado de rosca. Recuerden eso. As&iacute; fue.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Escribe Mart&iacute;n Gambarotta en el comienzo de su nuevo libro, Sangr&iacute;a (Editorial Rapallo): &ldquo;Dan a entender que podr&iacute;as llegar/ a ser como ellos, te alientan a que/ intentes ser como ellos, te tratan/ como si fueras igual a ellos/ porque saben que nunca/ ser&aacute;s uno de ellos&rdquo;.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Estamos en una &eacute;poca en la que se ha perdido la idea de trabajo colectivo: cada uno tiene su canal de tv privado, su oficina peque&ntilde;a donde es due&ntilde;o de s&iacute; mismo y se hostiga hasta el cansancio. Lo que necesitamos es pasar el d&iacute;a.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Escribe Mart&iacute;n Gambarotta: &ldquo;Termin&oacute; el d&iacute;a/ sin pedirle nada/ tampoco el d&iacute;a pidi&oacute; nada/ se consumi&oacute;/ su llama un poco/ sucia/ nadie tuvo nada/ para dar salvo dar/ otro d&iacute;a por perdido/ el sol es una yema/ llega la noche/ cada uno hace su pedido&rdquo;.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hay algo m&aacute;ntrico en los poemas de Gambarotta, algo adictivo en el poder de sus rimas. Si bien la rima empez&oacute; en la poes&iacute;a como regla nemot&eacute;cnica para que podamos recordar los poemas largos y llevarlos de un lugar a otro en nuestra memoria, ahora la rima viene a erosionar &ndash;usada por Gambarotta&ndash; el lenguaje del enemigo. Escribe Mart&iacute;n Gambarotta: &ldquo;La sangr&iacute;a viene a ser/ tu sangre fr&iacute;a&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Gambarotta publica poco, Punctum y Seudo en los noventa, Relapso + Angola un poco despu&eacute;s y ahora, tras muchos a&ntilde;os de silencio, este magistral Sangr&iacute;a. Parece ser el autor de un libro &uacute;nico, monocorde y potente, que viene transmitiendo se&ntilde;ales de vida desde un lugar rec&oacute;ndito en el coraz&oacute;n de la especie. Los poemas no tienen casi signos de puntuaci&oacute;n y no tienen t&iacute;tulos, los poemas a veces son repetitivos y van variando esa repetici&oacute;n hasta que empiezan a decir otra cosa. Podr&iacute;an ser parte del material que el escritor que sufre un bloqueo literario, Jack Torrance, escribe en una de las piezas del Hotel Overlook, en una pesadilla de Stephen King.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El personaje que se paseaba por sus libros anteriores &ndash;siempre nombrado bajo infinitas m&aacute;scaras&ndash; acaba de pasar por la lluvia &aacute;cida de la vida adulta. Despu&eacute;s de cierta edad, todos somos un poco derrotados y sobrevivientes. Pero poder escribir un poema es un acto afirmativo. Un acto de potencia spinoziana. Aunque los partes que deja son tremendos: &ldquo;la pusieron a incubar/ en una caja de acr&iacute;lico/con sondas/ v&iacute;as intravenosas/ le hicieron punciones/ un d&iacute;as se cort&oacute; la luz/ se apagaron los monitores/la se&ntilde;ales sonoras/ el respirador/ al que estaba conectada/ dej&oacute; de trabajar/ una de las enfermeras/ parec&iacute;a salida/ de una historieta nipona/ llegaba todos los d&iacute;as/ con su ejemplar de Lolita/ pero era/una enfermera real/ no era eso lo que no/ pod&iacute;a ser verdad/ Sangrado/ sangr&iacute;a/ sangrar/ as&iacute; se mantuvo / todo un verano/ pasando de sala en sala/ hasta ganar&rdquo;.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        P&eacute;guense este poema en la heladera: &ldquo;la b&uacute;squeda perpetua/ de analgesia es su/ &uacute;nica iglesia&rdquo;.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>FC&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fabián Casas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/economia/fabula-pintor-fracasado_1_10451763.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 19 Aug 2023 03:14:36 +0000]]></pubDate>
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