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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Marlon Brando]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/marlon-brando/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Marlon Brando]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Maria Schneider, la actriz que afirmó sentirse violada en 'El último tango en París', resucita como icono feminista]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/espectaculos/maria-schneider-actriz-afirmo-sentirse-violada-ultimo-tango-paris-resucita-icono-feminista_1_11405911.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e2faf473-7013-4b92-932e-77cb14a385f6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Maria Schneider, la actriz que afirmó sentirse violada en &#039;El último tango en París&#039;, resucita como icono feminista"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Una 'biopic' presentado en el Festival de Cannes recupera y dignifica la figura de la actriz, que fue engañada por Bertolucci y Brando en la polémica escena de la película.</p><p class="subtitle">Karla Sofía Gascón, la española que triunfó en Cannes: “Nadie nos tiene que decir lo que hacer con nuestros cuerpos”
</p></div><p class="article-text">
        Durante d&eacute;cadas la gente habl&oacute; de <strong>El &uacute;ltimo tango en Par&iacute;s</strong> como la pel&iacute;cula con &lsquo;la escena de la manteca&rsquo;. Se hac&iacute;a referencia al momento m&aacute;s pol&eacute;mico de la pel&iacute;cula, en el que <strong>Marlon Brando</strong> viola a su amante, interpretada por <strong>Maria Schneider</strong>, usando dicho alimento como lubricante para tener sexo anal sin consentimiento. El momento se convirti&oacute; en uno de esos que pasan de generaci&oacute;n en generaci&oacute;n, pero ya en su momento provoc&oacute; una gran convulsi&oacute;n, aunque principalmente a los estamentos religiosos, que quisieron prohibir el filme.
    </p><p class="article-text">
        Tras su estreno en Italia a finales de 1972, un espectador denunci&oacute; la pel&iacute;cula y se abri&oacute; un proceso judicial que provoc&oacute; que se secuestrara la cinta y se pidiera que se destruyeran las copias, aunque el filme ya se hab&iacute;a estrenado en salas y Bertolucci logr&oacute; que, al menos una copia, se resguardara en la filmoteca italiana. No se qued&oacute; ah&iacute;, tanto el director, <strong>Bernardo Bertolucci</strong>; como su productor, Bernardo Grimaldo; as&iacute; como Marlon Brando fueron condenados a dos meses de prisi&oacute;n con libertad condicional por el delito de obscenidad. Tuvieron que pasar 15 a&ntilde;os para que la censura permitiera su exhibici&oacute;n en cines.
    </p><p class="article-text">
        Lo sorprendente es que nadie pregunt&oacute; a Maria Schneider por aquella escena. La persona que hab&iacute;a vivido aquel momento no tuvo durante a&ntilde;os voz para contar las terribles bambalinas de lo ocurrido, <strong>el porqu&eacute; del realismo de aquel momento</strong>, la veracidad de aquellas l&aacute;grimas desgarradoras. Fue 30 a&ntilde;os despu&eacute;s de su estreno (y cinco antes de su fallecimiento en 2011) cuando en una entrevista<strong> la actriz cont&oacute; que aquella escena se hizo sin su consentimiento</strong>. Antes de filmarla le dijeron que se hab&iacute;a cambiado y cuando son&oacute; la claqueta Marlon Brando le baj&oacute; los pantalones, cogi&oacute; la mantequilla ante la sorpresa de la actriz, que <strong>nunca supo qu&eacute; iba a ocurrir. La violaci&oacute;n fue simulada, pero el abuso fue real</strong>.
    </p><iframe src="https://geo.dailymotion.com/player/x8zbz.html?video=x8z7rt8" allowfullscreen allow="fullscreen; picture-in-picture; web-share"></iframe><p class="article-text">
        &ldquo;<strong>Me informaron justo antes de filmarla</strong>. Deb&iacute; llamar a mi agente o tener un abogado en el set de rodaje, porque no puedes forzar a alguien a hacer algo que no est&aacute; en el guion, pero yo no lo sab&iacute;a.&nbsp;<strong>Marlon me dijo que no me preocupara</strong>, que solo era una pel&iacute;cula, pero yo estaba llorando de verdad. Me sent&iacute; muy mal, porque <strong>me hab&iacute;an tratado como a una sex symbol y yo quer&iacute;a que se me reconociera como actriz</strong>. Para ser honesta, <strong>me sent&iacute; humillada</strong>. <strong>Me sent&iacute; un poco violada por ambos</strong>&rdquo;, dijo en aquella entrevista. La violaci&oacute;n simulada tambi&eacute;n fue una violaci&oacute;n del consentimiento de una mujer que nunca aprob&oacute; que aquello ocurriera en esos t&eacute;rminos. <strong>Maria Schneider llor&oacute; de forma real</strong>, y m&aacute;s tarde repetir&iacute;a ese sentimiento de haber sido doblemente violada, tanto por el actor como por el director.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ni siquiera as&iacute; se le dio toda la importancia que deb&iacute;a. Solo cuando en 2016 un colectivo feminista public&oacute; una entrevista de 2013 donde el propio Bertolucci reconoc&iacute;a que enga&ntilde;&oacute; a la actriz, la gente fue consciente de la magnitud de todo aquello. &ldquo;Me sent&iacute; fatal con Maria porque no le dije lo que suceder&iacute;a, porque yo quer&iacute;a su reacci&oacute;n como una chica, no como una actriz.&nbsp;Yo quer&iacute;a que reaccionara, que se sintiera humillada. No le dije nada de que &iacute;bamos a usar la mantequilla como lubricante. Todav&iacute;a me siento muy culpable. No me arrepiento, pero me siento culpable. Para hacer cine y obtener algo uno tiene que ser libre.&nbsp;No quer&iacute;a que Maria actuara su humillaci&oacute;n y su rabia; quer&iacute;a que Maria sufriera la rabia y la humillaci&oacute;n. Y ella me odi&oacute; para toda la vida&rdquo;, dec&iacute;a el director.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Para ser honesta, me sentí humillada. Me sentí un poco violada por ambos</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Maria Schneider</span>
                                        <span>—</span> Actriz
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Han tenido que pasar otros ocho a&ntilde;os para que alguien cuente finalmente la historia de Maria Schneider. No solo aquella violaci&oacute;n, sino las consecuencias de aquel abuso. Ha sido la directora Jessica Palud la que ha dirigido<em> Maria,</em> una pel&iacute;cula sobre la actriz, y que se ha presentado en el Festival de Cannes. Palud le dedica el filme en una cartela al inicio, reivindica su figura y muestra sin cortapisas lo que ocurri&oacute; en aquella escena. No es un <em>biopic </em>al uso, sino que comienza poco antes de que ella consiga este papel.&nbsp;Schneider recupera la voz que le quitaron y Palud la muestra como icono feminista y pionera a la hora de decir 'no' a ser usada como un objeto sexual en el cine.
    </p><p class="article-text">
        Aquel era su primer protagonista importante, con un cineasta de reconocido prestigio internacional y en la pel&iacute;cula que ten&iacute;a a una estrella como Marlon Brando como actor principal. Vivi&oacute; los prejuicios desde antes, &iquest;por qu&eacute; la eleg&iacute;an a ella si no ten&iacute;a experiencia? Bertolucci le explic&oacute; el filme subrayando que era una relaci&oacute;n violenta, pero nunca le cont&oacute; lo que iba a ocurrir en esa escena que, como muestra el filme, se ensay&oacute; previamente sin la violaci&oacute;n ni la mantequilla.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        El momento traum&aacute;tico ocurre pronto en el filme. En 40 minutos ya se ha contado y ha removido al espectador gracias a la interpretaci&oacute;n de Anamaria Vartolomei, el descubrimiento de<em> El acontecimiento</em> que vuelve a brillar aqu&iacute;. Palud rueda esta escena con elegancia, centr&aacute;ndose en el rostro y las l&aacute;grimas de Vartolomei. Tambi&eacute;n ense&ntilde;a lo que ocurri&oacute; despu&eacute;s, la reacci&oacute;n de ella sinti&eacute;ndose vejada y gritando que la hab&iacute;an enga&ntilde;ado. Tuvo solo cinco minutos para reponerse. Bertolucci le concedi&oacute; esa pausa antes de volver a llamarla para continuar rodando donde lo hab&iacute;an dejado. Es decir, tuvieron que volver a colocarla con sus pantalones bajados, en la misma posici&oacute;n en la que hab&iacute;a sufrido aquel abuso para no romper la continuidad.
    </p><p class="article-text">
        Muchos se preguntaron por qu&eacute; Schneider no hab&iacute;a logrado una carrera s&oacute;lida y continua tras <em>El &uacute;ltimo tango en Par&iacute;s.</em> No la tuvo porque, por supuesto, volvi&oacute; a vivir en sus carnes el machismo de la industria del cine. Los &uacute;nicos papeles que le llegaban eran de mujeres sexys, que se desnudaban o donde hab&iacute;a escenas de sexo bastante expl&iacute;citas. Ella tuvo claro que no quer&iacute;a ser un objeto, ni una <em>sex symbol </em>ni una mujer sexualizada. El peaje a su coherencia fue la falta de trabajo.
    </p><p class="article-text">
        Aquella violaci&oacute;n cinematogr&aacute;fica tambi&eacute;n le afect&oacute; mentalmente, y Schneider, como muestra el filme, acab&oacute; sumida en una adicci&oacute;n a las drogas, incluida la hero&iacute;na. Intent&oacute; suicidarse y nunca logr&oacute; trascender aquella etiqueta de &lsquo;la chica de la escena de la mantequilla&rsquo;. Palud la dignifica. Muestra su lucha, sus valores, sus &lsquo;noes&rsquo;. Las veces que acus&oacute; de machista a productores que quer&iacute;an que se quitara el sujetador sin venir en el guion. Tambi&eacute;n c&oacute;mo mantuvo esa coherencia hasta el final. Nunca volvi&oacute; a hablar con Bertolucci. Ni siquiera cuando coincidieron dando una entrevista en el mismo hotel. &ldquo;No conozco a ese hombre&rdquo;, dijo la actriz que no quer&iacute;a volver a ver a aquella persona que la enga&ntilde;&oacute; y dej&oacute; en ella una herida que nunca se cerrar&iacute;a.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Zurro]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 29 May 2024 12:17:31 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Abuso,Abuso sexual,Último tango en París,Maria Schneider,Marlon Brando]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cómo conseguir chicas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/chicas_129_10454619.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7fdf2b85-5e55-4a28-a2cc-bdf32d6080b9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cómo conseguir chicas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La amplísima mayoría de las mujeres argentinas que no votaron a Milei no son ni woke ni feministas. Tiene que ver con ese desencuentro fundamental del incelismo, con eso que los gringos llaman “la pandemia de la soledad masculina”.</p></div><p class="article-text">
        Quiero empezar con un <em>disclaimer</em> que va a ocupar la mitad de la columna: a una tienen que dejarla pensar para la posteridad. No porque lo que una pueda pensar sea particularmente valioso, ni siquiera porque sea bueno, es porque esos son los tiempos de la actividad. Es como hacer una torta o pintar una pared o filmar una pel&iacute;cula: puede salir bien o mal, pero incluso hacerlo mal tarda lo que tarda. Digo esto porque estuve pensando y leyendo muchas cosas, y supongo que muchas de esas cosas podr&iacute;an decirme en alg&uacute;n momento, si las contin&uacute;o con la suficiente persistencia, algo sobre la sorpresa electoral del domingo pasado (porque no importa lo que digan tantos comunicadores que ahora parece que siempre la vieron, o que no la ve&iacute;an pero ahora la ven: tenemos sus titulares, sus tapas de diario, sus tweets, sus columnas, tenemos todo guardado y ninguno la vio). Lo que no quiero es tener que escribir pensando que solo porque esto es un diario esto que voy a intentar pensar ahora es un diagn&oacute;stico o una explicaci&oacute;n para la sorpresa electoral del domingo pasado. No lo es. No se trata tampoco, solamente, de una cuesti&oacute;n de tiempo. Por si me empezaron a leer hace poco: yo no soy economista, no s&eacute; de estad&iacute;stica, no tengo data de ninguna clase, y personalmente creo que cualquier cosa que intente acercarse a una explicaci&oacute;n causal de la ya varias veces mentada sorpresa electoral del domingo pasado deber&iacute;a incluir todas esas cosas. No tengo herramientas para hacer eso, y si alguien piensa que un escritor las tiene es porque se acostumbraron demasiado a leernos escribir sobre cualquier cosa; probablemente sea culpa nuestra, como gremio. Yo no me hago cargo igual, porque jam&aacute;s escribo sobre temas que me exceden, m&aacute;s por narcisismo que por modestia: odio hacer cosas en las que ya s&eacute; que no brillo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y digo todo esto porque estuve leyendo bastante en estos d&iacute;as sobre la descomposici&oacute;n del lazo social, y quiero escribir sobre eso, y s&eacute; que va a parecer que estoy explicando ya demasiadas veces mentada sorpresa electoral de domingo pasado, porque s&eacute; que es parte del problema. Pero creo que es una parte m&iacute;nima del problema, y de ninguna manera una explicaci&oacute;n. Soy ignorante de muchas cosas, pero conozco bastante bien los l&iacute;mites de mi ignorancia y los del provecho que puedo sacarle a mis saberes. Lo que yo tengo en la mano es un martillo, pero no todos los problemas son clavos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Coment&eacute; ya <a href="https://www.eldiarioar.com/opinion/polaroids-intimidad-extraordinaria_129_10443610.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la semana pasada</a>, en relaci&oacute;n con su tratamiento del humor, el libro de Lauren Berlant que estoy traduciendo. La parte que me toca ahora es un an&aacute;lisis bastante extenso de <em>&Uacute;ltimo tango en Par&iacute;s</em>, pel&iacute;cula ca&iacute;da en desgracia en los &uacute;ltimos a&ntilde;os por una renombrada escena de sexo que, ahora sabemos, se hizo en condiciones deplorables para la actriz francesa Maria Schneider. As&iacute; y todo, es una gran pel&iacute;cula, y Berlant la utiliza para pensar la relaci&oacute;n del sexo con la pol&iacute;tica, tal como la pens&oacute; la generaci&oacute;n de mayo del 68 y tal como la pensaron los te&oacute;ricos que reivindicaron, criticaron, y volvieron a reivindicar a la generaci&oacute;n de mayo del 68. Berlant no est&aacute; hablando, aqu&iacute;, de feminismo y de consentimiento, de esa forma de politizaci&oacute;n del sexo; est&aacute; hablando, en cambio, de algo aut&eacute;nticamente pasado de moda, del sexo &ldquo;libre&rdquo; (que para Berlant es una contradicci&oacute;n en los t&eacute;rminos: &ldquo;libre&rdquo; no es algo que pueda predicarse de ninguna forma de estar en relaci&oacute;n) como forma de desafiar a la moral burguesa, y as&iacute; tambi&eacute;n a la pol&iacute;tica burguesa, incluso al proyecto colonial. La pel&iacute;cula dibuja de manera sutil, aunque con escenas sabidamente expl&iacute;citas, una contraposici&oacute;n bastante interesante (y profundamente francesa): Jeanne (Maria Schneider), la protagonista femenina, se ve envuelta en un tri&aacute;ngulo con su prometido Tom (Jean-Pierre L&eacute;aud), por un lado, y con un completo extra&ntilde;o, Paul (Marlon Brando). Tom es un director de cine que desde el principio de la pel&iacute;cula enmarca su relaci&oacute;n con Jeanne en un proyecto est&eacute;tico: de hecho, la filma todo el tiempo para un programa de televisi&oacute;n. Berlant se detiene sobre el concepto de &ldquo;matrimonio pop&rdquo; que utiliza Jeanne para describir lo que espera de su matrimonio con Paul, y que parece ser b&aacute;sicamente la versi&oacute;n flower power de la gente que piensa que cas&aacute;ndose en zapatillas va a puentear la trampa de la burgues&iacute;a; hasta habla de tener dos hijitos (un var&oacute;n y una mujer, como en una publicidad de coca cola) y ponerles Rosa y Fidel. La pel&iacute;cula parece sospechar, en cambio (o al menos eso sospecha Berlant en su lectura, y yo ya no puedo no verla) que la verdadera revoluci&oacute;n sexual sucede en el v&iacute;nculo entre Jeanne y Paul, el personaje de Marlon Brando, que se encuentran sin saber nada el uno del otro en un departamento destruido a tener algo a medio camino entre una relaci&oacute;n violenta y un v&iacute;nculo sadomasoquista sin marco te&oacute;rico. Tom y Jeanne intentan buscar una cotidianeidad para la revoluci&oacute;n: &ldquo;en otro registro&rdquo;, dice Berlant, &ldquo;llamar&iacute;amos a eso pol&iacute;tica&rdquo;. Jeanne y Paul, en cambio, persisten en una especie de revoluci&oacute;n insostenible, algo que claramente nunca puede volverse lo ordinario de la vida, pero que quiz&aacute;s sea la &uacute;nica forma en que efectivamente se puede corroer al matrimonio burgu&eacute;s sin en realidad estar haciendo solo un teatro de la corrosi&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el mismo cap&iacute;tulo, Berlant analiza el sexo y la incomodidad que inherentemente trae como una parte importante de la circulaci&oacute;n social, incluso del lazo social: el hecho de que el sexo de una &eacute;poca nos habla m&aacute;s de sus devenires pol&iacute;ticos (de sus devenires pol&iacute;ticos reales y no solamente de sus discursos pol&iacute;ticos, o de la politizaci&oacute;n de sus v&iacute;nculos) de lo que a veces nos tomamos el trabajo de pensar. Berlant destaca a la erotofobia (entendida a veces en un sentido literal, como miedo al sexo, y a veces en un sentido m&aacute;s laxo; no tener sexo, por miedo, entre otras cosas, pero probablemente no solo por eso) como un fen&oacute;meno de &eacute;poca, y me llam&oacute; la atenci&oacute;n porque yo tambi&eacute;n ven&iacute;a pensando en eso, en estas dos cosas. Por un lado, en la desexualizaci&oacute;n de una &eacute;poca en el que la gente tiene m&aacute;s ganas de comunicar sexo que de vivirlo (pasa con las adolescentes: chicas con las que hay que hablar de los peligros de andar compartiendo material er&oacute;tico online, pero que son v&iacute;rgenes); por otro lado, en lo que eso implica para el lazo social, sobre todo para el lazo heterosexual que est&aacute; m&aacute;s roto que nunca. Dije que no quer&iacute;a hablar de Milei, y un poco ment&iacute;; en la &uacute;nica encuesta p&uacute;blica de intenci&oacute;n de voto desagregada por sexo que entiendo que estuvo circulando (gentileza de <a href="https://twitter.com/fedetiberti/status/1692351230197084386?s=20" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Federico Tiberti</a>), me sorprendi&oacute;, o tal vez no tanto, la brecha de g&eacute;nero del voto a Milei: es el &uacute;nico candidato de las PASO en el que la diferencia entre votantes de varones y mujeres es as&iacute; de significativa (casi el doble, con un 26,1% de los varones declarando que lo votar&iacute;an, contra solamente un 14,8% de las mujeres; lo sepan o no, son votos de mujeres los que probablemente necesitan salir a buscar los militantes de La Libertad Avanza). Reitero, esto no es una causalidad, ni una explicaci&oacute;n: es menos que una pregunta, son anotaciones marginales alrededor de un libro que estoy traduciendo, pero hay algo, algo que tiene que ver con el feminismo pero no, desde mi humilde punto de vista, con la cultura <em>woke</em>; la ampl&iacute;sima mayor&iacute;a de las mujeres argentinas que no votaron a Milei no son ni <em>woke</em> ni feministas. Tiene que ver con ese desencuentro fundamental del incelismo, con eso que los gringos llaman &ldquo;la pandemia de la soledad masculina&rdquo;, con la repentina fama de hombres y mujeres que les ense&ntilde;an a personas heterosexuales (varones, pero tambi&eacute;n a mujeres) a buscar pareja, como si se nos hubiera roto el &oacute;rgano de hablar con el sexo opuesto, porque de hecho todo indica que se nos rompi&oacute;. Hoy quiz&aacute;s esa sea una esperanza num&eacute;rica, la incapacidad del mileismo de conseguir chicas. A la larga, pase lo que pase en octubre, creo que nos va a salir mal.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>TT</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 20 Aug 2023 03:01:13 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cómo conseguir chicas]]></media:title>
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