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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Paradise]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/paradise/]]></link>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Entretenimiento para todos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/entretenimiento_129_10467901.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/57288b4f-3db8-400b-8c7a-d88c9e22c02e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Entretenimiento para todos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A propósito de "Paradise", la nueva película de Boris Kunz, o de cómo una "bazofia publicitaria repelente inane calculadora vendehumo seudoprogresista" puede deserpertar el interés fulminante de cientos de millones de personas. </p></div><p class="article-text">
        Arranquemos por los adjetivos infomerciales de ambientaci&oacute;n cultural que escoltaron la llegada de <em>Paradise </em>(2023), de <strong>Boris Kunz</strong>, en las v&iacute;speras de su llegada a este mundo: &ldquo;inquietante&rdquo;, &ldquo;impactante&rdquo;, &ldquo;oscura&rdquo;, &ldquo;perturbadora&rdquo;, &ldquo;desafiante&rdquo;, escalofriante&ldquo;, &rdquo;arrasadora&ldquo;, &rdquo;taquillera&ldquo;. 
    </p><p class="article-text">
        La lista completa podr&iacute;a haber ocupado todo el espacio de esta nota. Pero es obligatorio decir algo del sustantivo &ldquo;pel&iacute;cula&rdquo; para sumergirnos en su materia misteriosa. Despu&eacute;s de todo, leer algo no es m&aacute;s que el encuentro o el desencuentro de dos misterios, o de dos gustos, o de dos caprichos.
    </p><p class="article-text">
        No hay reproches legales para quienes fogonearon esta bazofia publicitaria repelente inane calculadora vendehumo seudoprogresista sin sangre en las venas que despert&oacute; el inter&eacute;s fulminante de cientos de millones de personas. El juego de la consagraci&oacute;n por cantidad que ata los cabos de la codicia con los de la estupidez, es una presencia constante en la cultura. Se instalan los aparatos que producen una falsa sed, y ya est&aacute;: se encienden las turbinas colectivas de la curiosidad. De pronto, hay que ver <em>Paradise</em>, como quien dice hay que tomar agua para vivir. La &uacute;nica sugerencia de escape, por error o iron&iacute;a, la hizo el portal de TN con una verdad de piedra: &ldquo;La pel&iacute;cula de 1 hora 58 minutos que te puede sacar a&ntilde;os de vida&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Empecemos por la &ldquo;venta&rdquo; de <em>Paradise</em>: &ldquo;Max descubre el lado oscuro de AEON, la compa&ntilde;&iacute;a de biotecnolog&iacute;a en la que trabaja, cuando su esposa Elena es forzada a vender 40 a&ntilde;os de su ciclo vital para pagar una deuda. Max har&aacute; lo que sea para que Elena recupere sus a&ntilde;os perdidos, pero nada ser&aacute; lo mismo&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Ese &ldquo;nada ser&aacute; lo mismo&rdquo;, insobornable fuente de n&aacute;useas, no falta en ning&uacute;n brief de entrenamiento hecho con im&aacute;genes que se muevan. Lo que se ofrece es el traslado a mundos nuevos cuya caracter&iacute;stica com&uacute;n es que no est&aacute;n en ning&uacute;n lado, ni siquiera en las pel&iacute;culas. De un lado, el antes tedioso; del otro, el despu&eacute;s que representa la vida que vale la pena vivir, es decir la promesa cumplida.
    </p><p class="article-text">
        El nivel de puerilidad (en el peor sentido) de estos productos, es alarmante. Si fuese en el mejor, el inspirado en la intuici&oacute;n de los ni&ntilde;os, la oferta deber&iacute;a incluir hechos art&iacute;sticos de libertad, actos gratuitos, desobediencia a los patrones aristot&eacute;licos de la narraci&oacute;n; y evitar la postulaci&oacute;n del cine-aula, la ense&ntilde;anza, el mensaje y, lo peor de los peor: la voluntad de comunicar. 
    </p><p class="article-text">
        <em>Paradise</em> parte de una idea extraordinaria: la de dar tiempo a cambio de dinero. Es cierto que no debe haber otra m&aacute;s trillada, porque todo el mundo da su tiempo por el dinero de los dem&aacute;s, o dinero por tiempo. Eso y nada m&aacute;s es el capitalismo si se lo traduce a su verdad m&aacute;s r&uacute;stica y a la vez m&aacute;s refinada, que es la de la vida cotidiana. Y en t&eacute;rminos de leyenda, la historia es la de Fausto, que varios siglos antes de las versiones de Marlowe y Goethe se representaba con marionetas. No hay por qu&eacute; exigirle a un argumento que sea nuevo, dado que no ha de haber muchos si los contamos en serio. 
    </p><p class="article-text">
        El asunto es la deriva barata que <em>Paradise</em> hace de esa idea. En esa deriva el esfuerzo est&aacute; puesto en sostener los brillos de un oro falso, estafa formal que es el coraz&oacute;n del discurso publicitario. Imaginemos una idea de <strong>Henri Bergson</strong> ejecutada por <strong>Ramiro Agulla</strong>. La iluminaci&oacute;n, el montaje, las curvas y contracurvas como de Scalextric del guion, las actuaciones, el &ldquo;alma&rdquo; de los personajes, los deslizamientos de g&eacute;nero para abarcar mucho sin apretar nada, los paisajes, los di&aacute;logos, el r&eacute;gimen futurista en el que intenta sostenerse, la puesta en escena y los supuestos dramas amorosos, econ&oacute;micos y pol&iacute;ticos que se van sembrando en una playa de asfalto son de cuarta categor&iacute;a a cambio de aparentar ser de primera. &iquest;Hay algo m&aacute;s ordinario en el arte que fingir calidad?
    </p><p class="article-text">
        Los cambios de rumbo no ser&iacute;an tan da&ntilde;inos a la vista si no estuviesen amparados por la variante c&iacute;nica del c&aacute;lculo. Que una pel&iacute;cula (o un libro) se parezca a un auto, a un iPhone, a un condominio con amenities, a un hotel de cinco estrellas o a un traje s&oacute;lo resuelve el tema de la terminaci&oacute;n, sin dudas el menos importante. De alg&uacute;n modo (en realidad de todos los modos), <em>Paradise</em> responde a todas las cl&aacute;usulas destinadas a cumplir una misi&oacute;n, que es la de acumular lugares comunes en todos los niveles para que se entienda el mensaje. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Cu&aacute;l es el mensaje? Bueno, es tan claro que se desvanece un poco bajos sus propios resplandores, pero quiz&aacute;s sea: &ldquo;Cuidado, amigos globales, no entreguen su vida al dinero ni al ego&iacute;smo. M&aacute;s bien h&aacute;ganse terroristas y luchen por un mundo mejor&rdquo;. Pero los componentes del mensaje son tan desgraciados, tan falsos y tan transparentes en la postulaci&oacute;n de su negocio de encantamiento basura, que lo que llega a la pantalla es un el hilo agonizante de un &ldquo;arte cinematogr&aacute;fico&rdquo; en cuyo interior late una Tesorer&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; millones de personas condescienden a ver estos cascajos? No puede ser resultado del gusto porque nadie sabe de antemano lo que le va a gustar. Pero para una plataforma de consumo, no hay ninguna diferencia entre el que se complace con un cascajo y el que se clava con &eacute;l d&aacute;ndole dos horas de su vida en respuestas a un mini pacto f&aacute;ustico. Si tan aterrados est&aacute;n los personajes de <em>Paradise </em>con los intercambios de tiempo por dinero (como si verlos a ellos fuera gratis), tal vez deber&iacute;an protagonizar otra pel&iacute;cula de tipo compensatoria de esta, en la que los protagonistas luchan contra el tiempo de vida que se llevan las plataformas de entretenimiento.
    </p><p class="article-text">
        El tiempo que no se lleva el trabajo, se lo llevan las pantallas. En un art&iacute;culo de 1959, llamado &ldquo;De la plusval&iacute;a a los medios masivos de comunicaci&oacute;n&rdquo;, <strong>Norman Mailer</strong> dijo algo que naci&oacute; para ser citado mil veces (en estas cosas hay que insistir): &ldquo;La estabilidad de la econom&iacute;a deriva m&aacute;s de manipular el car&aacute;cter ps&iacute;quico del ocio que de someter a la clase trabajadora a su papel productivo&rdquo;. Manipulaci&oacute;n del car&aacute;cter ps&iacute;quico del ocio. &iquest;Hay alguna duda sobre la eficacia de esa manipulaci&oacute;n?
    </p><p class="article-text">
        Casi no hay demanda. La demanda es la sobreoferta, que m&aacute;s que consumirse se respira. Es cuesti&oacute;n de salir del trabajo para meterse en una pel&iacute;cula o en una serie, y salir de la serie para meterse en una discusi&oacute;n sobre esa serie u otras, y as&iacute; navega el individuo &ldquo;ilustrado&rdquo;, &ldquo;informado&rdquo;, &ldquo;culto&rdquo;, &ldquo;inquieto&rdquo;, &ldquo;libre&rdquo;, comparando <em>Paradise </em>con <em>Black Mirror</em>, y <em>Black Mirror</em> con <em>Dark</em>, y <em>Dark </em>con <em>Los ba&ntilde;eros m&aacute;s locos del mundo</em>, mezclando lo que hay que ver con aquello de lo que hay que hablar. Esa secuencia ser&iacute;a darse un gusto <em>personal.</em>
    </p><p class="article-text">
        Con todo lo bodrio que es, merecedora de todos los premios Don Segundo Sombra a escala mundial, <em>Paradise</em> tiene por distracci&oacute;n u omisi&oacute;n un logro accidental que surge de la protagonista femenina, Elena (<strong>Marlene Tanczik</strong>). Es escondedora. Primero, descubrimos que hab&iacute;a firmado una hipoteca de un departamento de lujo a espaldas del marido. Luego, cuando pierde cuarenta a&ntilde;os de golpe y se obsesiona con recuperarlos, vemos que no era tan santa como aparentaba serlo. Nada del otro mundo, pero justamente por ser de alg&uacute;n modo fiel a este es que la pel&iacute;cula encuentra perdido en el espacio alg&uacute;n valor. 
    </p><p class="article-text">
        Para salir del pozo de <em>Paradise</em>, nos despediremos con un ascenso hacia <strong>Gena Rowlands</strong>, otra escondedora. En la l&iacute;nea de Elena, pero tanto peor que nos hiela la sangre, Rowlands se revel&oacute; como monstruo delante de su marido, <strong>John Cassavetes</strong>. La an&eacute;cdota la cuenta <strong>Michael Ventura</strong> en el diario de rodaje de <em>Love Streams</em> (<em>Love Strems</em> podr&iacute;a ser la exorcista de <em>Paradise</em>). 
    </p><p class="article-text">
        Resulta que Cassavetes entra a su casa y ve a Rowlands tocando el piano. Cassavetes enloquece y le dice que c&oacute;mo puede ser que hace diez a&ntilde;os que vive con ella y nunca la vio tocar el piano. Pega un portazo y se va, en una escena que tiene todo de una pel&iacute;cula de Cassavetes protagonizada por Rowlands. Pero el var&oacute;n humano es volvedor, y despu&eacute;s de unas horas de desorientaci&oacute;n, regresa y le pide disculpas. Eso, en el manual de Cassavetes, es entender a una mujer.
    </p><p class="article-text">
        <em>JJB</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan José Becerra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/entretenimiento_129_10467901.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 27 Aug 2023 03:03:40 +0000]]></pubDate>
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