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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Sátira]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Sátira]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Pinochet, un vampiro que sigue aterrorizando Chile y que sacude al Festival de Venecia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/espectaculos/critica-conde-pinochet-vampiro-pablo-larrain-sigue-aterrorizando-chile-sacude-venecia-gracias_129_10480991.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6748954e-33ce-458e-ac0b-8410189b78e5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Pinochet, un vampiro que sigue aterrorizando Chile y que sacude al Festival de Venecia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El director Pablo Larraín presenta en el festival "El conde", una sátira de terror producida por Netflix donde el dictador chupa la sangre de los chilenos.</p></div><p class="article-text">
        El 11 de septiembre se cumplir&aacute;n 50 a&ntilde;os del <a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/revolucion-incognitas-silenciaron-victor-jara_1_10472017.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Golpe de Estado de Pinochet al Gobierno de Salvador Allende.</a> Un hecho que sigue marcando al pa&iacute;s, que hace pocos d&iacute;as ve&iacute;a como, por fin, se condenaba a los militares que<a href="https://www.eldiarioar.com/sociedad/condenaron-25-anos-prision-asesinos-cantautor-victor-jara-chile_1_10471318.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> asesinaron, pocos d&iacute;as despu&eacute;s, al cantautor V&iacute;ctor Jara</a>. <strong>Pinochet</strong>, sin embargo, y <strong>como otros dictadores como Franco, nunca tuvo un juicio. Muri&oacute; en plena impunidad</strong>. Esa impunidad, ese morir tranquilo en la cama &#8213;aunque el juez Garz&oacute;n intentara juzgarle antes de morir&#8213;, provocan un halo de eternidad que se queda pegado a los huesos de sus ciudadanos. <strong>Cuando un dictador no es condenado</strong>, cuando no es sentenciado p&uacute;blicamente delante de la gente, <strong>se le seguir&aacute; otorgando una legitimidad falsa</strong>, a pesar de los asesinatos y cr&iacute;menes que hayan cometido.
    </p><p class="article-text">
        Desde ese punto de partida, tan interesante como triste &ndash;por lo cerca que nos toca&ndash; es desde donde construye Pablo Larra&iacute;n su nueva pel&iacute;cula donde, por primera vez en su filmograf&iacute;a, <a href="https://www.eldiarioar.com/temas/augusto-pinochet/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Augusto Pinochet</a> se convierte en carne. <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/pelicula-deberia-ver-izquierda-ganar-elecciones-23j_129_10369298.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">Aunque las referencias al dictador estuvieron presentes en todo su cine </a>(desde <em>No, </em>de forma evidente, hasta <em>El club),</em> siempre lo hizo de dos formas; o como fantasma que sobrevuela la historia y las heridas del pa&iacute;s; o como palabra, como simple verbo nunca encarnado por ning&uacute;n actor.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo dramatizar y recrear lo terrible, lo que tanto nos marc&oacute;? Parece preguntarse constantemente Larra&iacute;n con sus pel&iacute;culas (las rodadas en Chile); y en <em>El conde,</em> su nuevo filme presentado en el <strong>Festival de Venecia</strong> &#8213;antes de estrenarse en Netflix el 15 de septiembre&#8213;, donde compite por el Le&oacute;n de Oro, parece haber encontrado la respuesta.<strong> Solo hab&iacute;a una forma de hacer a Pinochet un personaje de ficci&oacute;n, y era convertirlo en un vampiro que sigue aterrorizando al Chile actual</strong>. Vuela por la noche, come corazones de j&oacute;venes y se mantiene vivo aunque nadie lo sepa. En la realidad paralela creada por el director, <strong>Pinochet fingi&oacute; su propia muerte y es un ser de la noche aislado en una casona</strong> en un paraje des&eacute;rtico donde vive con su mujer y su fiel criado, un ruso que se veng&oacute; del comunismo matando a cientos de personas en la dictadura chilena.
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        La met&aacute;fora es clara. <strong>Pinochet sigue vivo en el Chile actual</strong>. Est&aacute; vivo porque <strong>nunca se le juzg&oacute;</strong>, porque nunca hubo un buen ejercicio de memoria hist&oacute;rica, y el cine viene a mostrar los errores. A hacerlo desde la s&aacute;tira, desde el g&eacute;nero y desde la exageraci&oacute;n. Esa idea es la columna vertebral de <em>El conde,</em> y <strong>es una idea tan potente, tan brillante y tan suicida que a la pel&iacute;cula se le acaban perdonando sus errores</strong>. Le cuesta coger el tono, a veces no es tan divertida como debiera, y sin embargo est&aacute; plagada de mala baba, de fogonazos de genio y de perlas pol&iacute;ticas que se convierten en los mejores gags.
    </p><p class="article-text">
        La trama avanza con la llegada de los hijos del dictador con la noticia de no querer seguir viviendo y ante el horizonte de poder repartirse todo lo que rob&oacute; durante d&eacute;cadas. <strong>Sus hijos, tan v&iacute;boras como &eacute;l, herederos de una fortuna manchada de sangre y que vivieron en impunidad</strong>. A pesar de ello quieren m&aacute;s, como le pasaba a su padre. Como su madre, una Lady Macbeth en la sombra. Parte de los gags se los lleva algo real, lo mucho que fastidiaba a Pinochet que le acusaran de ladr&oacute;n. Le daba igual que dijeran lo que hab&iacute;a matado. &ldquo;A usted le gustaba robar, a m&iacute; matar&rdquo;; le dice su ayudante en<em> El conde</em>, a lo que el Pinochet vampiro contesta sin dudar: &ldquo;No, <strong>a m&iacute; tambi&eacute;n me gustaba matar</strong>&rdquo;. Pocas veces se meti&oacute; tanto el dedo en la llaga a la dictadura chilena. Ni se hizo con tanta gracia.
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                Jaime Vadell como Pinochet en &#039;El Conde&#039;                            </span>
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        A Espa&ntilde;a le toca su parte. Por supuesto hay menci&oacute;n a Garz&oacute;n, ese &ldquo;juez espa&ntilde;ol pesado&rdquo; que le quiso juzgar cuando estaba mayor seg&uacute;n su familia; y nuestra dictadura, otra sin juzgar, se lleva la mejor frase de la funci&oacute;n. Aparece en el interrogatorio que una monja hace a los hijos para ver cu&aacute;nto dinero hay escondido en los s&oacute;tanos de la casa. Una de sus hijas habla de su educaci&oacute;n, que fue &ldquo;en un colegio tan cat&oacute;lico que tres monjas se suicidaron cuando se muri&oacute; Franco&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pinceladas del humor m&aacute;s pol&iacute;tico. Memoria hist&oacute;rica desde la s&aacute;tira y el terror. Es, <em>El conde</em>, una pel&iacute;cula sangrienta y bestia, a veces incluso puede que demasiado. La cabeza de una mujer aplastada en los primeros compases suena a excesiva cuando esa misma salvajada se puede sugerir y no mostrar.
    </p><p class="article-text">
        A Larra&iacute;n le cuesta mantener la brillantez, y la pel&iacute;cula desbarra en ocasiones, aunque todo est&aacute; rodado con un gusto impecable, con una puesta en escena inteligente y con ecos del expresionismo alem&aacute;n, una direcci&oacute;n art&iacute;stica l&oacute;brega (esa casa en descomposici&oacute;n) y con una fotograf&iacute;a en blanco y negro que solo se rompe en un ep&iacute;logo final que vuelve a demostrar el genio y riesgo de Larra&iacute;n. Llega tras un giro que conviene no desvelar y que apunta a que los dictadores ni se crean ni se destruyen, solo se transforman y en ocasiones hasta se les considera dem&oacute;cratas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Zurro]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 Sep 2023 12:21:19 +0000]]></pubDate>
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