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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Música popular argentina]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/musica-popular-argentina/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Música popular argentina]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Feli Colina entre lo onírico, lo erótico, la poesía y lo teatral: así fue su primer show en el teatro Coliseo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/feli-colina-onirico-erotico-poesia-teatral-primer-show-teatro-coliseo_1_11294274.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1a40bf04-9c74-4131-9f4b-ba44fb26b203_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="En vivo, Feli trafica la propia herencia de su provincianía. Aquella de fragmentar canciones y colar poemas."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La cantante y compositora salteña hizo todo el camino de la gesta independiente hasta ocupar un teatro como el Coliseo. Cataliza un movimiento de artistas mujeres que renovaron la escena con una propuesta que rompe con las etiquetas de estilos y reúne un magma sensual y volcánico de rock, pop, r&b, canción, folklore.
</p></div><p class="article-text">
        Hace diez a&ntilde;os, <strong>Feli Colina</strong> viaj&oacute; desde Salta a Buenos Aires para estar en el cumplea&ntilde;os de su amiga y no regres&oacute;. Trabaj&oacute; en estudios de abogac&iacute;a, cant&oacute; en el subte durante tres temporadas, vivi&oacute; en decenas de casas &ndash;con una hermana mayor, con ex novios, con amigas&ndash;, gan&oacute; un premio para hacer su primer disco en el m&iacute;tico estudio Abbey Road de Londres, toc&oacute; con Conociendo Rusia y grab&oacute; su primer &aacute;lbum,<em> Feroza</em> (2018), que defini&oacute; su<strong> est&eacute;tica entre ese mundo &iacute;ntimo donde se funde lo on&iacute;rico, lo er&oacute;tico, la poes&iacute;a y lo teatral.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Le siguieron <em>El Valle Encantado</em> (2022), elegido entre los cincuenta mejores discos del rock en espa&ntilde;ol por la revista Rolling Stone, y el EP <em>Lxs Infernales del Valle Encantando</em> (2023) con versiones del Cuchi Leguizam&oacute;n, Margarita Lecouna, Sandro, Los Hermanos Abalos, entre otros, donde condens&oacute; ese universo sensual, mitol&oacute;gico y pagano: en el grabado del arte de tapa una mujer est&aacute; a punto de ser penetrada por un hombre con cabeza de caballo y una cola mefistof&eacute;lica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ahora es s&aacute;bado por la noche y est&aacute; frente a un Teatro Coliseo lleno. Cerca de 2.000 personas gimen, a&uacute;llan, recitan sus letras en voz alta y suspiran cuando queda de espaldas apoyada sobre ese volc&aacute;n rojo en el centro del escenario. <strong>Est&aacute; vestida como una gaucha dominatriz con un cors&eacute; de cuero negro</strong>, un tul transparente que le cubre los brazos, las piernas y deja ver sus pechos. Lleva puestas unas botas, unos guantes con pliegues barrocos y un bombach&oacute;n negro que la deja al descubierto, como esas bailarinas de tweerking listas para un reggaet&oacute;n. Ella, en cambio, se contonea al ritmo tel&uacute;rico del 6x8 con una percusi&oacute;n que parece el sonido de una tropa de caballos avanzando hacia la batalla, como el grupo de gauchos Los Infernales que lider&oacute; Mart&iacute;n Miguel de G&uuml;emes en la guerra de la independencia, y que Feli Colina rescata en el nombre de su banda Los Infernales, integrada por Licina Pic&oacute;n (piano), Lola Cobach y Ana Margarita (voces), Concei&ccedil;&atilde;o Soares (percusi&oacute;n), Augusto Argara&ntilde;az (bater&iacute;a) y Tuti Andrenacci (bajo).&nbsp;&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Feli aparece en el escenario: está vestida como una gaucha dominatriz con un corsé de cuero negro.                            </span>
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        La cantante y compositora salte&ntilde;a hizo todo el camino de la gesta independiente hasta ocupar un teatro como el Coliseo, que la ubica en otro lugar de referencia, ya no solo como una nueva figura, sino como <strong>catalizadora de todo un movimiento de artistas mujeres que renovaron la escena llevando adelante una propuesta que rompe con las etiquetas de estilos y re&uacute;ne un magma sensual y volc&aacute;nico de rock, pop, r&amp;b, canci&oacute;n, folklore, pero que en s&iacute;ntesis reencarna una nueva identidad regional.</strong> En mayo, Feli viajar&aacute; a Barcelona seleccionada para representar a la Argentina en el evento Primavera Pro (el encuentro de la industria musical del festival Primavera Sound), como emergente de una generaci&oacute;n musical pre-pandemia que no disfrut&oacute; de la viralizaci&oacute;n de las redes. Se tuvo que construir a fuego en cada show.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Los recitales fueron la oportunidad para que la onda expansiva de su arte se multiplicara. </strong>Su audiencia fue creciendo y fideliz&aacute;ndose, como se refleja esta noche, donde todos forman parte de un mismo ritual: una nota en suspenso que Feli Colina deja colgada en el aire se completa con la gente cantando el resto del verso, un movimiento de sus caderas provoca un grito que la hace re&iacute;r, un solo de voz jadeante, que la lleva a tirarse al piso tomada por el &eacute;xtasis del momento, puede terminar en una ovaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El repertorio del concierto le sirve para poner en perspectiva toda su obra. Dividido en diferentes bloques, las canciones trazan un mapa del territorio de sus obsesiones art&iacute;sticas. El vac&iacute;o emocional se cuela en &ldquo;La entrega&rdquo;. La llama del deseo arde en &ldquo;Condenada&rdquo; con Flori&aacute;n de invitado, amarraditos, en un baile sensual, entre un tango y una bachata de baja intensidad. El sofoc&oacute;n del p&uacute;blico se despierta con su versi&oacute;n hot de &ldquo;Trigal&rdquo;, popularizada por Sandro. La atm&oacute;sfera inquietante, entre los rituales es&oacute;tericos del Gauchito Gil y las velas de la santer&iacute;a orisha, aparece en canciones como &ldquo;Diabla&rdquo; y &ldquo;Babal&uacute;&rdquo;, con el tumbao de la clave cubana. El tropicalismo a lo Caetano Veloso se enciende en el cover de &ldquo;Sonhos&rdquo;, un d&uacute;o exquisito entre Feli Colina y la percusionista brasile&ntilde;a. La cita al cancionero del rock argentino se vislumbra en &ldquo;Martes&rdquo;. Mientras que las influencias de Chabuca Granda, el sonido arm&oacute;nico del Cuchi Leguizam&oacute;n, el gui&ntilde;o al disco <em>La Misa Criolla </em>de Ariel Ramirez y Felix Luna con la voz de Mercedes Sosa, o el gesto contempor&aacute;neo de artistas como Rosal&iacute;a, se reflejan en la relectura musical que hace de todo un t&aacute;ndem de temas folkl&oacute;ricos: &ldquo;Gloria&rdquo;, &ldquo;Carnavalito del duende&rdquo;, &ldquo;El avenido&rdquo;, y chacareras como &ldquo;Chakaymanta&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Sin duda, el crecimiento de Feli Colina, adem&aacute;s de esas canciones que atravesaron a una generaci&oacute;n de chicas, chicos y chiques que pueblan la platea y las cabeceras altas, se sostiene en la <strong>complicidad que la salte&ntilde;a fue creando en sus conciertos y en el dise&ntilde;o de sus espect&aacute;culos m&aacute;s cercanos a la atm&oacute;sfera teatral: </strong>la intervenci&oacute;n de un coro en el inicio a tel&oacute;n cerrado, los personajes como ese duende que salta entre el p&uacute;blico de las plateas, o la rave tel&uacute;rica que se arma al final con todo el elenco bailando &ldquo;Do&ntilde;a Ubenza&rdquo; del Chacho Echenique, forman parte de la dramaturgia en vivo.
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                Los recitales fueron la oportunidad para que la onda expansiva de su arte se multiplicara.                            </span>
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        En su papel protag&oacute;nico de sacerdotisa pagana, la artista es capaz de convocar diferentes estados de &aacute;nimo en las canciones, los cambios de piel, el esp&iacute;ritu valiente y desbocado de una amante, la humillaci&oacute;n de sentirse usada por los hombres como una mu&ntilde;eca inflable, la libertad sexual frente a una sociedad represiva y cat&oacute;lica como la de su provincia, la b&uacute;squeda de una identidad, la pasi&oacute;n y el dolor. En &ldquo;Sagitario&rdquo;, tema de su disco &ldquo;Feroza&rdquo;, que se volvi&oacute; un cl&aacute;sico en sus recitales y que en la noche del s&aacute;bado repite, ella dice: &ldquo;<em>Se me cae el alma al suelo, ya tengo la cara rota/Te despido gota a gota/Mil gajes de tu cari&ntilde;o/Es que me siento un ni&ntilde;o conociendo la derrota</em>&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En un mundo tan fragmentado y percibido a trav&eacute;s de la pantallas, la obra y la narrativa conceptual de Feli Colina podr&iacute;a perderse, ser parte de ese mundo l&iacute;quido de una historia en Instagram, pero <strong>en vivo la cantora y compositora salte&ntilde;a crea otra profundidad, la verdadera experiencia.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Entre la madeja musical que teje la fuerte base percusiva, las sutiles armon&iacute;as vocales de Lola Cobach y Ana Margarita, y el trazo mel&oacute;dico del piano, la voz de Feli Colina se abre camino a machetazos, o creando una trama m&aacute;s intimista, seg&uacute;n el tono de la canci&oacute;n, que puede ir de la balada a un carnavalito. Sin embargo, es la intensidad la que marca el rumbo desde el inicio del espect&aacute;culo cuando entra con su voz en un trance org&aacute;smico y religioso m&aacute;s cercano al de Santa Teresa en &ldquo;Valle encantando&rdquo;, la pieza que eligi&oacute; para abrir el concierto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Los estados m&aacute;s divinos se pierden cuando los busco</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Llevame de un tir&oacute;n brusco hacia tu agua bendita</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Mi coraz&oacute;n se agita con solo sentir tu aroma</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Cuando mi musa asoma yo solo le rindo culto&ldquo;.</em>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                En vivo, Feli trafica la propia herencia de su provincianía, aquella de fragmentar canciones y colar poemas.                            </span>
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        <strong>En vivo, Feli trafica la propia herencia de su provincian&iacute;a, aquella de fragmentar canciones y colar poemas.</strong> As&iacute; lo hac&iacute;an los poetas mayores del cincuenta como Manuel J Castilla (el compa&ntilde;ero del Cuchi Leguizam&oacute;n, autor de las obras m&aacute;s grandes del cancionero popular), y lo siguen haciendo en las guitarreadas, aquellos que se levantan a decir unas glosas entre tanta m&uacute;sica. En sus letras, incluso, se adivina el rastro inconsciente de otro tipo de poetas salte&ntilde;os como Jacobo Regen, que escrib&iacute;a estos versos: &ldquo;Yo creo en las palabras/que son carne y esp&iacute;ritu: tatuajes repujados/a punta de cuchillo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Los que est&aacute;n junto a ella atraviesan ese mismo trance misterioso de sus canciones tatuadas a punta de cuchillo. Su obra, entonces, ya no tendr&aacute; el mismo significado y ser&aacute; dif&iacute;cil olvidar ese ritual que como un hierro caliente deja su marca.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>GP/DTC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gabriel Plaza]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/feli-colina-onirico-erotico-poesia-teatral-primer-show-teatro-coliseo_1_11294274.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 16 Apr 2024 13:24:06 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Feli Colina entre lo onírico, lo erótico, la poesía y lo teatral: así fue su primer show en el teatro Coliseo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Música,Música popular argentina,música indie]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Litto Nebbia, una reivindicación]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/litto-nebbia-reivindicacion_129_10483597.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/09f938a1-7fd4-48d3-9efb-9fbfbcd202c9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Litto Nebbia, circa 1974."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El autor desbroza "Muerte en la catedral", disco central en la carrera del rosarino, cincuenta años después de su lanzamiento.  </p></div><p class="article-text">
        Ahora que la figura de <strong>Alberto Fern&aacute;ndez</strong> ha adquirido la carnadura pol&iacute;tica de un holograma (titilante), se ha abierto un espacio m&aacute;s propicio para escuchar, sin sus apolog&iacute;as, la voz de <strong>Litto Nebbia</strong>. A lo largo de casi cuatro a&ntilde;os, el presidente lo invoc&oacute; con desatino. Hizo de la glosa un <em>nonsense</em> del lenguaje estatal. Fern&aacute;ndez tom&oacute; la guitarra en ejercicio del poder&nbsp;y convirti&oacute; &ldquo;Solo se trata de vivir&rdquo; en&nbsp;rito evang&eacute;lico del optimismo. Le asign&oacute; adem&aacute;s p&uacute;blicamente a Nebbia un papel de un Yoda, decisorio en la construcci&oacute;n de su subjetividad y algo m&aacute;s. Lleg&oacute; a contarle al ocurrente animador <strong>Tom&aacute;s Rebord</strong> que no hab&iacute;a aprendido la &eacute;tica, pongamos, con Arist&oacute;teles, San Agust&iacute;n, Spinoza, Kant o Nietzsche. No, hab&iacute;an sido las canciones del rosarino las formadoras de sus ideas sobre el bien y el mal (y, por lo tanto, nos invita a inferir, el sustrato sonoro de sus decisiones ejecutivas). Cosm(&eacute;tica) de las autorepresentaciones. En fin.
    </p><p class="article-text">
        Lo cierto, lo relevante, es que <em>Muerte en la catedral</em> ha cumplido medio siglo. Y es acaso de lo mejor que ha grabado junto con <em>Melopea</em>, en 1974. Dos de los tesoros de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas de la m&uacute;sica popular argentina de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. <em>Muerte en la catedral</em> es un documento de &eacute;poca y, tambi&eacute;n, un objeto que toma distancia de la misma e invita a su recuperaci&oacute;n cr&iacute;tica. Nebbia ten&iacute;a entonces 25 a&ntilde;os y se hab&iacute;a separado ostensiblemente de su origen musical, es decir, <strong>Los Gatos</strong>. Sus tiempos de formaci&oacute;n fueron veloces, acompa&ntilde;ados del jazz (<strong>John Coltrane, Miles Davis, Cannonball Adderley),</strong> la figura tutelar de <strong>Rodolfo Alchurr&oacute;n,</strong> la MPB brasile&ntilde;a y una curiosidad siempre a flor de piel. Ese Litto era a su vez un joven atravesado por la lectura (&ldquo;y yo duermo aqu&iacute; en medio/ de los libros que no he le&iacute;do&rdquo;, canta en el primer tema del disco, &ldquo;Vals de mi hogar&rdquo;). Esa voluntad de ilustraci&oacute;n lo lleva a encomendar el arte de la tapa a P&eacute;rez Celis. Una pata en el rock, pensado en su ecum&eacute;nica amplitud, y otra afuera, en alianza r&iacute;tmica con el contrabajista <strong>Jorge &ldquo;Negro&rdquo; Gonz&aacute;lez</strong> y el baterista <strong>N&eacute;stor Astarita,</strong> dos emergentes de la escena jazzera. El &aacute;lbum fue grabado en apenas 40 horas en los estudios de RCA y en ocho canales, toda una novedad para Nebbia que supo aprovechar para darle frescura y precisi&oacute;n. Cont&oacute; con algunos invitados de lujo, como <strong>Gustavo Moretto</strong> (trompeta y tromb&oacute;n), <strong>Bernardo Baraj</strong> (saxos y flauta), <strong>Ciro Fogliatta</strong> (piano y &oacute;rgano) y <strong>Roque Narvaja</strong> (guitarra el&eacute;ctrica).
    </p><p class="article-text">
        El cincuentenario de <em>Muerte en la catedral </em>coincide con un libro m&aacute;s que pertinente. <em>Reflexiones de un hombre singular</em> es una larga conversaci&oacute;n de Nebbia con el periodista <strong>Pablo S. Alonso</strong>. A trav&eacute;s de sus p&aacute;ginas nos encontramos con un Litto reflexivo, desplegando un capital cultural que acumul&oacute; a lo largo de los a&ntilde;os y que se desgrana entre preguntas e intercambios infrecuentes sobre autores, contextos, t&eacute;cnicas de grabaci&oacute;n, coyunturas, escrituras e influencias. &ldquo;Nunca sabremos las razones de los que dicen esto&rdquo;, barrunta en relaci&oacute;n a aquellos que, como en esta columna, rescatan los discos del 73 y 74 por encima de una obra incesante y a veces discutible. Y recuerda que tanto <em>Muerte en la catedral </em>como <em>Melopea </em>fueron &ldquo;subestimados&rdquo; al editarse y solo &ldquo;sobrevalorados&rdquo; a la distancia. &ldquo;Creo que sucede lo mismo con el &aacute;lbum <em>Artaud </em>de Spinetta. En su momento, Luis no ten&iacute;a la m&iacute;nima posibilidad de cantar esas canciones a p&uacute;blico lleno, y ahora, todo el mundo ley&oacute; Artaud. As&iacute; es Buenos Aires&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        <em>Muerte en la catedral </em>nos sigue seduciendo desde el primer corte, el citado &ldquo;Vals de mi hogar&rdquo;. Prueba elocuente de que Nebbia pod&iacute;a ser un muy buen letrista (&iexcl;a los 25 a&ntilde;os!): &ldquo;All&iacute; est&aacute; mi camisa arrugada sobre la silla/ all&iacute; est&aacute;n los bizcochos y el mate sobre la mesa/ y aqu&iacute; est&aacute; mi cuerpo extendido/ dando tiempo a la poes&iacute;a&rdquo;. Un comienzo <em>folky </em>de inmediato desmentido por la armonizaci&oacute;n y el tipo de acompa&ntilde;amiento. El &oacute;rgano Hammond llena el espacio, es el instrumento que sutura mundos dispersos y sostiene la constataci&oacute;n del canto: &ldquo;porque la primavera rob&oacute; el verano&rdquo;. El<em> </em>&nbsp;<em>scat</em> tan nebbiano es ya ac&aacute; una marca, silabeo <em>aun </em>entra&ntilde;able.	
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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        Primaveras y veranos. Lo estacionario estaba tambi&eacute;n definido por las palabras que pod&iacute;an decirse p&uacute;blicamente. Matar era una. Que el verbo fuera el equivalente a la ponderaci&oacute;n en la jerga juvenil (&ldquo;este disco mata&rdquo;) es uno de los fondos sin fondos de ese periodo tan complejo y que corre peligro de ser pasado por el raso de un revisionismo procaz si se cumplen las profec&iacute;as de los encuestadores respecto a las elecciones del 22 de octubre.&nbsp;El t&iacute;tulo del disco que revisitamos lleva esa marca temporal en el sustantivo. Y no solo eso: en la muy roquera&nbsp;&ldquo;Dios es m&aacute;s&rdquo; se sue&ntilde;a, &ldquo;entre bostezo y bostezo&rdquo;, con Lady Macbeth, ep&iacute;tome shakesperiano de la violencia alucinada. En cuanto a su segundo corte, &ldquo;El revolver es un hombre normal&rdquo;.&nbsp;&iquest;Podr&iacute;a haberse llamado &ldquo;La <em>normalidad</em> de un hombre con rev&oacute;lver&rdquo; y el orden de los sintagmas no alteraba el significado? <em>Muerte en la catedral </em>llegaba a las disquer&iacute;as cuando <strong>Mario Eduardo Firmenich</strong>, en una entrevista de setiembre de 1973 a <em>El Descamisado, </em>la publicaci&oacute;n oficial de Montoneros, dec&iacute;a que el poder pol&iacute;tico brotaba de la boca de un fusil. 
    </p><p class="article-text">
        El jactancioso Pepe, de la misma edad que Nebbia, no ten&iacute;a a su m&uacute;sica en el radar (lo suyo hab&iacute;a sido en su formaci&oacute;n el folclore de vetas nacionalistas, <strong>Roberto Rimoldi Fraga,</strong> para ser m&aacute;s espec&iacute;ficos, como he tratado de demostrar en mi ensayo <em>Llevo en mis o&iacute;dos</em>). La sentencia le pertenec&iacute;a a <strong>Mao Zedong,</strong> quien invocaba la fuerza del fusil, a secas, como parte de un comentario sobre la guerra civil en China, reactualizado en 1938 a partir de la invasi&oacute;n japonesa. En los sesenta se incluy&oacute; el discurso completo en sus <em>Obras escogidas</em>, en el apartado &ldquo;Problemas de guerra y estrategia&rdquo;.&nbsp;La frase adquiere sin embargo dimensi&oacute;n mundial a partir de su inclusi&oacute;n en el <em>Libro Rojo</em> de Mao. Un compendio de aforismos que hac&iacute;a hablar a parte de la intelectualidad de izquierda. Si se repone toda la oraci&oacute;n, adquiere un matiz que Montoneros pasar&iacute;a por alto. &ldquo;Nuestro principio es que el Partido comanda el arma, y nunca se debe permitir que el arma mande al Partido&rdquo;. En <em>boca </em>de Firmenich aquello del ca&ntilde;o como fuente emanadora del poder anticipaba tormentas. <strong>Jos&eacute; Ignacio Rucci</strong>, en aquel setiembre, ni m&aacute;s ni menos. Problemas de <em>estrategia</em>. Y ese es el trasfondo latente de la canci&oacute;n de Nebbia, un joven que, le recuerda a Alonso, iba entonces de la ficci&oacute;n a la &ldquo;literatura pol&iacute;tica&rdquo; con total soltura. Litto canta contra toda ilusi&oacute;n: <em>La humanidad no fue lo que yo esperaba/ Ni siquiera lo que mi conciencia dictaba/ Larga es la realidad tan corta la justicia</em>
    </p><p class="article-text">
        El peso de semejante constataci&oacute;n (&ldquo;un poco hablo de que existe siempre un desequilibrio entre la realidad y la justicia&hellip; socialmente asistimos a hechos violentos que mucha gente termina acept&aacute;ndolos&rdquo;) se reviste de un en&eacute;rgico e inusual arreglo que lleva el perfume de <strong>Blood, Sweat &amp; Tears</strong>, <strong>Frank Zappa</strong> y el <em>wah wah</em> que es parte de su ADN en <em>Waka/Jawaka </em>y <em>The grand Wazoo</em>, como le se&ntilde;ala su entrevistador. Pero tambi&eacute;n habr&iacute;a que mencionar a Alma y vida, grupo traductor, en definitiva, de Blood, Sweat &amp; Tears. &ldquo;Le pasaba las melod&iacute;as a Moretto -muy buen m&uacute;sico y un tipo abierto- y &eacute;l las escrib&iacute;a y ajustaba t&iacute;mbricamente para las voces que se armaban&rdquo;. Llama la atenci&oacute;n el solo de Narvaja, de cierto perfume <em>harrisoniano.</em> Y lo pol&iacute;tico, entre esos cruces de cruces, que se vuelve un comentario sentimental. <em>Tu amor no fue lo que yo esperaba/ Ni siquiera lo que mi angustia deseaba.</em>
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        Ten&iacute;a, repito,&nbsp;25 a&ntilde;os. Solo basta repasar qu&eacute; hacen los pibes de edades similares en estos momentos de dispersi&oacute;n para dimensionarlo (los 50 a&ntilde;os que los separan se igualan en una pasmosa cifra: los argentinos tenemos el mismo poder de compra que en 1973 y m&aacute;s de 40% de pobres). <em>&nbsp;</em>Lo que sigue es &ldquo;Se&ntilde;ora muerte&rdquo;. Y si bien Alonso la pone en relaci&oacute;n con &ldquo;La mort&rdquo;, de <strong>Jacques Brel,</strong> &ldquo;Canci&oacute;n para mi muerte&rdquo;, de Sui Generis y &ldquo;Balada para mi muerte&rdquo;, de <strong>Astor Piazzolla </strong>y<strong> Horacio Ferrer,</strong> Nebbia se separa de ese corpus. Se siente -ins&oacute;litamente- m&aacute;s cerca de &ldquo;Siete notas de amor&rdquo;, de <strong>Los Panchos</strong> y &ldquo;Calendar Girl&rdquo;, de <strong>Neil Sedaka</strong>. Las referencias de Nebbia eran amplias, muy amplias, y ajenas para muchos de sus compa&ntilde;eros de ruta. Hablamos de un mel&oacute;mano vampiresco (indagaciones que lo pasearon por discotecas y hemerotecas para esculpirlo: no podr&iacute;amos decir lo mismo de Fern&aacute;ndez, un <em>fan</em> sin indicios de la enciclopedia port&aacute;til de su admirado cantautor: me cuesta imaginarlo escuchando al Coltrane de <em>Ascencion</em>). 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Se&ntilde;ora muerte&rdquo; se destaca por su<em> melos</em>. El arreglo remite a la MPB brasile&ntilde;a. Al interior de la letra cohabitan el<em> </em>derrape y el hallazgo<em>. Ahora s&eacute; que mi muerte ser&aacute; igual que una canci&oacute;n/ Con todo el desarrollo de la composici&oacute;n.&nbsp;</em>Una muerte<em>, a&ntilde;ade, l&aacute;nguida y optimista, cual s&eacute;ptima mayor.</em> Desliz del cual nos sobreponemos gracias a la encantadora sobriedad de la secci&oacute;n Intermedia. <em>Piel de durazno/ Escalofr&iacute;os/ Gajos de fruta/ Semen/ Fruta madura/ Polen compartido/ &Aacute;rbol fecundo/ Que desenmascara el amor pr&oacute;digo</em> (Spinetta ser&iacute;a m&aacute;s austero y radical en &ldquo;Por&rdquo;, ese mismo 73, puro sustantivos. En un punto, secretamente, ambos dialogan).
    </p><p class="article-text">
        Hay algo en &ldquo;Se&ntilde;ora muerte&rdquo; que definir&aacute; la carrera de Nebbia. La inspiraci&oacute;n y el tropiezo. Cara y seca de un largu&iacute;simo repertorio que oscila entre la b&uacute;squeda y el automatismo. <em>Muerte en la catedral </em>se inclina hacia el primero de los polos. C&oacute;mo no sorprenderse ante la factura de &ldquo;El otro cambio, los que se fueron&rdquo;, desde el mismo instante que se despliegan los arpegios iniciales sobre el piano. &nbsp;&ldquo;Todo est&aacute; en orden/ como es costumbre&rdquo;. &iquest;No es acaso el reverso de lo <em>normal</em>? &ldquo;Si algo ha cambiado, eso es nosotros/ El otro cambio, los que se fueron&rdquo;. Perplejidad ante las partidas y, adem&aacute;s, una manera de evitar la palabra clivaje, &iquest;no? Hay algo de nostalgia tanguera tambi&eacute;n (&ldquo;el mismo humor con aire grotesco&rdquo; que &ldquo;sigue sonando en los cafetines&rdquo;). Y una certeza sobre el &ldquo;ayer&rdquo; que castiga. &ldquo;Muchos lo ve&iacute;an como un tema raro&rdquo;. Su t&iacute;tulo original, nos enteramos por el libro, era &ldquo;Tiempo de Arlt&rdquo;. Por entonces, Litto estaba &ldquo;muy metido&rdquo; con <em>Los siete locos</em>, <em>Los lanzallamas </em>y <em>El amor brujo. </em>Qu&eacute; bien canta Litto ac&aacute;, hasta en sus arrebatos en el registro agudo. Las cuerdas sostienen ese salto e irrumpe el tromb&oacute;n de Moretto con la melod&iacute;a del estribillo. Una joyita. Pasen y escuchen.
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        Este &aacute;lbum incluye, adem&aacute;s, las primeras colaboraciones de Nebbia con la poeta <strong>Mirtha Defilpo</strong>, cuya impronta ser&aacute; crucial a partir de <em>Melopea. </em>Ella estampa su firma en &ldquo;Mendigo de la luna&rdquo; y &ldquo;La operaci&oacute;n es simple&rdquo;. En cuanto a la primera, sobrevuela el fantasma de McCartney, aunque Litto dice haber preferido siempre a Lennon. Esos gustos, como ya se ha visto, no eran exclusivos y por eso la canci&oacute;n deja un abanico de mayores indicios, confesados por el mismo Nebbia: <strong>Burt Bacharach</strong>,<strong> Tom Jobin</strong>,<strong> Brian Wilson,</strong> la vers&aacute;til <strong>&iexcl;Laura Nyro</strong> (muy popular en EE.UU, muy desconocida en Argentina)! y, tempranamente, <strong>Milton Nascimento</strong>. La suya, insistimos, era una oreja amplia y gozosa. El modo de metabolizar esa experiencia en pocos minutos. El texto es atravesado por el mismo vector de buena parte del disco: <em>Condenado estoy por vida/ A ser muy sabio y tan triste/ Voy a morir/ Voy a morir, apresado. </em>
    </p><p class="article-text">
        Lo que nos lleva a la canci&oacute;n que le da el nombre al vinilo. Canci&oacute;n que funciona, otra vez, como sutil refutaci&oacute;n de aquel presente. Dicho de otra manera: lo que quedaba de optimismo despu&eacute;s de que se desatara la furia entr&oacute;pica en Ezeiza e irrumpiera con m&aacute;s elocuencia el culto a las armas. &iquest;Canci&oacute;n augur? Su autor lleg&oacute; a decir que detr&aacute;s de &ldquo;Muerte en la Catedral&rdquo; se esconde una certeza: &ldquo;nadie tiene m&aacute;s fe&rdquo;. Si nos apegamos a las propias expresiones de Nebbia, podr&iacute;a pensarse en espejo negativo de &ldquo;Yo tengo fe&rdquo;. Ah&iacute; donde <strong>Palito Ortega</strong> avizoraba que todo cambiar&iacute;a, los hombres, de modo <em>beethoveniano</em> cantar&iacute;an una canci&oacute;n universal a medida que se avanzaba hacia un &ldquo;mundo de justicia&rdquo; (olv&iacute;dense por un momento de las posteriores derivas del tucumano, esa canci&oacute;n reflej&oacute; como ninguna, desde fines de 72, el horizonte de expectativas antes de la pesadilla), Litto oteaba un conf&iacute;n de amargura. &ldquo;La gente protege su vida/ Siempre en nombre de Dios/ Y el p&aacute;jaro negro anuncia en su vuelo/ Un tiempo de tormenta&rdquo;. Cielo bruno, entonces. &ldquo;Y la espada brilla/ Ante la ca&iacute;da del rayo&rdquo;. Todas las premoniciones son de espanto. &ldquo;El clar&iacute;n estalla/ En la tarde esta vez/ Porque no habr&aacute; epopeya&rdquo;. &iquest;Qui&eacute;nes pod&iacute;an detectarlo? &ldquo;Muerte en la catedral&rdquo; languidece apegada al rock con su acompa&ntilde;amiento pulsado del bajo y la guitarra, y la pregunta sobre una posible salvaci&oacute;n. &ldquo;&iquest;C&oacute;mo haremos?&rdquo;. El saxo la desdibuja porque no hab&iacute;a nada a mano para responder al interrogante. Y ese &ldquo;c&oacute;mo haremos&rdquo; nos vuelve con su perplejidad, como si los a&ntilde;os no hubieran transcurrido o se mordieran la cola. Si: algo no ha cambiado. Hubo repetici&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Ya sobre el final, &ldquo;Se&ntilde;ora vida&rdquo;, una confesi&oacute;n de partes. &ldquo;Hago lo mejor que puedo&rdquo;. Vaya si lo hizo en este caso. El disco es un acto de consecuencia.
    </p><p class="article-text">
        <em>AG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Abel Gilbert]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 03 Sep 2023 03:01:12 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Litto Nebbia, una reivindicación]]></media:title>
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