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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Horacio Molina]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/horacio-molina/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Horacio Molina]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Grasa derretida]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/grasa-derretida_129_10500952.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a4f3811c-61f4-4d25-bd00-2425883a468d_16-9-discover-aspect-ratio_default_1080564.jpg" width="400" height="225" alt="Grasa derretida"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">“Música sensiblera”, se la menciona en la edición española del libro “Música de mierda”. No es la mejor traducción. Sería mejor “grasa”. Lo que el estudio de Carl Wilson acerca del gusto no dice es de dónde viene la idea de lo bueno. La concepción de “lo fino” que, para muchos, es directamente asimilable con la definición de “arte”. Aquí, por las dudas, aparecerán algunas de las mejores músicas grasas de toda la historia. Novedades y rescates en la red, entre las redes. </p></div><p class="article-text">
        Nombraba, <a href="https://www.eldiarioar.com/opinion/jazz-argentino-desciende-mono_129_10482426.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">hace una semana</a>, al libro de <strong>Carl Wlson</strong> que acaba de volver a ser distribuido en la Argentina. Editado en espa&ntilde;ol como <em>M&uacute;sica de mierda. Un ensayo rom&aacute;ntico sobre el buen gusto, el clasismo y los prejuicios en el pop</em>,<em> </em>su t&iacute;tulo original es <em>Let's Talk About Love: Why Other People Have Such Bad Taste</em>. &ldquo;Hablemos de amor&rdquo; es a la vez el nombre del &aacute;lbum de <strong>C&eacute;line Dion</strong> (objeto de escarnio un&aacute;nime para la cr&iacute;tica de rock y pop) que inclu&iacute;a la canci&oacute;n central del film <em>Titanic </em>y tambi&eacute;n, como se dice en el libro, una muy buena manera de referirse al tema de las canciones pop que, por supuesto, en su gran mayor&iacute;a hablan de amor. &ldquo;Por qu&eacute; los otros tienen tan mal gusto&rdquo;, es la frase que nunca debi&oacute; haber sido cambiada en tanto all&iacute; radica, en esencia, aquello de lo que el libro se trata a&uacute;n cuando no llegue a profundizar en los aspectos que, a mi juicio, son m&aacute;s interesantes. 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure><p class="article-text">
        Wilson llega hasta cierto punto &ndash;<strong>Nick Hornby,</strong> en su excelente pr&oacute;logo, va un poco m&aacute;s all&aacute;&ndash; tal vez por su desconocimiento de que afuera del pop tambi&eacute;n hay vida. Un registro m&aacute;s amplio de la realidad le habr&iacute;a permitido ver que las pol&eacute;micas entre &ldquo;arte&rdquo; y &ldquo;pasatismo&rdquo; o entre &ldquo;profundo&rdquo; y &ldquo;comercial&rdquo; fueron esenciales en la constituci&oacute;n de lo que a mediados del siglo XIX, y tomando una idea ya cristalizada en ese entonces en el ambiente de las artes pl&aacute;sticas, donde se hablaba de los cl&aacute;sicos para referirse a los maestros del pasado, compositores e int&eacute;rpretes comenzaron a organizar conciertos con obras suyas y de autores cl&aacute;sicos &ndash;los indiscutibles y ya fallecidos Haydn, Mozart y Beethoven&ndash;: conciertos de &ldquo;m&uacute;sica cl&aacute;sica&rdquo; cuyo r&oacute;tulo serv&iacute;a para diferenciarse del fr&iacute;volo, vac&iacute;o y, s&iacute;, comercial, universo de la &oacute;pera, equivalente decimon&oacute;nico de C&eacute;line Dion.
    </p><p class="article-text">
        Lo otro que Wilson podr&iacute;a haber percibido, de haber contemplado un panorama m&aacute;s vasto, habr&iacute;a sido que no solo el mal gusto era relativo sino que el buen gusto tambi&eacute;n lo es. Que lo que para &eacute;l resulta indiscutible &ndash;el valor &ldquo;art&iacute;stico&rdquo; del segundo disco de <strong>Los</strong> <strong>Ramones</strong> o de los &aacute;lbumes en vivo del grupo <strong>Television</strong>&ndash; desde otros puntos del universo &ndash;el p&uacute;blico del jazz o de la &oacute;pera (que acab&oacute; siendo incluida en el canon de la m&uacute;sica cl&aacute;sica)&ndash; era tan execrable &ndash;y tan poco art&iacute;stico&ndash; como la buena de C&eacute;line Dion. Pero donde Wilson insin&uacute;a algo realmente importante es en su cap&iacute;tulo 5, que en la traducci&oacute;n al castellano sufre un embate irreparable. Cada cap&iacute;tulo es encabezado con la formulaci&oacute;n &ldquo;Let&rsquo;s Talk About&hellip;&rdquo; y en ese quinto apartado la palabra que la sigue es &ldquo;schmaltz&rdquo;. Ese t&eacute;rmino, originado en el idishe &ndash;y en el protagonismo de los jud&iacute;os norteamericanos en el campo de la canci&oacute;n popular y en el negocio del entretenimiento&ndash;, identifica en los Estados Unidos a todo un g&eacute;nero caracterizado por melod&iacute;as &ldquo;f&aacute;ciles&rdquo; (aunque no siempre) y letras dulzonas (aunque tampoco siempre). La edici&oacute;n espa&ntilde;ola del trabajo de Wilson lo traduce como &ldquo;sensibler&iacute;a&rdquo;. No es una buena decisi&oacute;n. &ldquo;Schmaltz&rdquo; deriva del alem&aacute;n &ldquo;schmelzen&rdquo; (derretirse) e identifica a la grasa de pollo derretida. El schmaltz se trata de canciones para derretirse de amor. O, lisa y llanamente, de &ldquo;canciones <em>grasa</em>&rdquo;.<strong> Grasa es, finalmente, una palabra que en la Argentina y en particular en el campo de la m&uacute;sica, funciona como exacto sin&oacute;nimo del mal gusto. </strong>
    </p><p class="article-text">
        Lo notable es c&oacute;mo una cierta idea del mal gusto, originada hace tiempo y en un &aacute;mbito social muy definido, ha logrado atravesar fronteras espaciales y temporales y servir tanto para anatemizar la mala &oacute;pera como el mal jazz, el mal pop, el mal tango o el mal folklore. Ese mal gusto &ndash;Wilson lo especifica refiri&eacute;ndose a contenidos &ldquo;menos refinados y hasta lacrim&oacute;genos&rdquo;, a lo &ldquo;recargado&rdquo; o lo &ldquo;excesivo&rdquo;&ndash; se corresponde exactamente &ndash;como la luz de una estrella desaparecida hace tiempo pero a&uacute;n visible en nuestro cielo&ndash; con los modos &ndash;los buenos modales&ndash; con que la aristocracia y las burgues&iacute;as consolidadas de fines del siglo XIX buscaron diferenciarse de los reci&eacute;n llegados; de los advenedizos; de los &ldquo;nuevos ricos&rdquo;. Al fin y al cabo la enunciaci&oacute;n de lo &ldquo;cl&aacute;sico&rdquo; &ndash;y tambi&eacute;n de los principios de valor de la vieja &ldquo;m&uacute;sica cl&aacute;sica&rdquo;, referida otrora a lo profundo, &ldquo;elevado&rdquo; y &ldquo;espiritual&rdquo; y devenida objeto de <em>clase</em>&ndash; se refer&iacute;a un poco a lo mismo: lo que estaba asentado por los a&ntilde;os, lo que ven&iacute;a de cuna, lo que no pasaba de moda, lo que no pod&iacute;a adquirirse con dinero. 
    </p><p class="article-text">
        Cuando un pianista de jazz exhibe demasiado sus recursos t&eacute;cnicos es grasa, como son grasas el cantante de tango que grita o el violinista cl&aacute;sico que gesticula &ldquo;demasiado&rdquo; o la soprano con &ldquo;demasiado&rdquo; vibrato o el folklorista que se enardece. El arist&oacute;crata no deb&iacute;a abalanzarse sobre la comida, como si tuviera hambre, porque nunca la hab&iacute;a tenido. No mostraba sus sentimientos (refinados, obviamente) ni hablaba de dinero porque no necesitaba demostrar que los ten&iacute;a. No se vest&iacute;a con colores llamativos. Ten&iacute;a, en materia de vestimenta y comida, gustos <em>cl&aacute;sicos</em>.&nbsp;Y las virtudes del viejo arist&oacute;crata son las que acaban sirviendo para burlarse de C&eacute;line Dion, de <strong>Ricardo Arjona</strong> o del grasa que se prefiera. 
    </p><p class="article-text">
        Lo que sorprender&iacute;a a Carl Wilson ser&iacute;a averiguar que, as&iacute; como &eacute;l establece jerarqu&iacute;as dentro del pop &ndash;que para otros es homog&eacute;neamente deleznable&ndash; tambi&eacute;n en lo grasa hay categor&iacute;as y que, como lo demuestran numerosos trabajos de investigaci&oacute;n, los consumidores de los llamados &ldquo;g&eacute;neros tropicales&rdquo;, por poner un ejemplo habitualmente vilipendiado por la <em>inteligentsia </em>musical, distinguen entre buenos y malos e incluso entre artistas refinados (alguno que utiliz&oacute; coro de ni&ntilde;os en sus grabaciones, como refiri&oacute; hace a&ntilde;os<strong> La Tota Santill&aacute;n</strong> en una mesa redonda de la que fui participante) y meros productos comerciales. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Franz Liszt </strong>y<strong> Niccol&ograve; Paganini</strong> &ndash;dos exhibicionistas, qu&eacute; duda cabe&ndash; encabezan la lista de grasas contradictorios y, en el caso del primero, con un esp&iacute;ritu visionariamente moderno, lleg&oacute; a convertir lo grasa en material de especulaci&oacute;n est&eacute;tica. 
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    </figure><p class="article-text">
        Otro genio del Schmaltz fue sin duda <strong>Burt Bacharach,</strong> capaz de giros mel&oacute;dicos y arm&oacute;nicos sorprendentes dentro del campo de la canci&oacute;n de amor para consumo masivo y que, en las letras de <strong>Hal David</strong>, frecuentemente amargas, y en el estilo nada exhibicionista de sus dos int&eacute;rpretes fetiche, <strong>Dionne Warwick</strong> y <strong>Karen Carpenter</strong> &ndash;en <strong>The Carpenters</strong>&ndash;, logr&oacute; que la grasa se derritiera de manera exquisita.
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    </figure><p class="article-text">
        Muchos de los mejores tangos est&aacute;n en el borde del melodrama &ndash;excesivo y &ldquo;de mal gusto&rdquo;&ndash; y lo que los pone del lado del arte son sus versiones. <strong>Horacio Molina</strong>, uno de los int&eacute;rpretes de tango m&aacute;s finos &ndash;en el doble sentido&ndash;, aborrec&iacute;a de los cantantes que gritaban y golpeaban el piso con pies y construy&oacute; un estilo de interpretaci&oacute;n sin duda aristocr&aacute;tico. La casi excesiva &ldquo;Fuimos&rdquo; es, en su voz, un dechado de contenci&oacute;n y buenos modales. Y, como bien sab&iacute;a <strong>Bertolt Brecht,</strong> la distancia suele ser un recurso expresivo mucho m&aacute;s valioso que el derrame. 
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    </figure><p class="article-text">
        Otra canci&oacute;n en la frontera del <em>schmaltz </em>criollo es la genial &ldquo;Zamba para olvidarte&rdquo;, de <strong>Daniel Toro</strong>. Basta imagin&aacute;rsela en la voz de Arjona para descubrir c&oacute;mo lo sublime puede estar a un solo paso de lo imperdonable. Y una frase tan bella como &ldquo;se abri&oacute; tu boca en el beso, como un damasco lleno de miel&rdquo; podr&iacute;a f&aacute;cilmente volverse algo demasiado lleno de miel, hasta el derrame, si no fuera por lo austero &ndash;aristocr&aacute;tico&ndash; del canto de <strong>Eduardo Fal&uacute;</strong>. 
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    </figure><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n una de las mejores canciones de todos los tiempos, &ldquo;Strange Fruit&rdquo;, con su extra&ntilde;o fruto colgado de un &aacute;rbol &ndash;un negro v&iacute;ctima de un linchamiento&ndash; podr&iacute;a volverse el colmo de la cursiler&iacute;a sin el dolor contenido, de labios apretados, que <strong>Billie Holiday</strong>&nbsp;y el trompetista <strong>Frankie Newton</strong> consiguen transmitir. 
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    </figure><p class="article-text">
        De este lado del gusto &ndash;el del buen gusto, que es el propio, como es obvio&ndash; <strong>Art Tatum</strong> no es lo mismo que <strong>Liberace</strong> y <strong>Wos</strong> &ndash;un trapero fino, si vale tal definici&oacute;n&ndash; es diferente de <strong>L-Gante</strong>. 
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    </figure><p class="article-text">
        No deber&iacute;a olvidarse que del otro lado del gusto, son otros los que poseen los arcanos. Y que, por motivos diferentes de los que comprendemos, all&iacute; tampoco son lo mismo Liberace que Art Tatum ni L.-Gante que Wos. 
    </p><p class="article-text">
        <em>DF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Diego Fischerman]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/grasa-derretida_129_10500952.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 09 Sep 2023 14:20:47 +0000]]></pubDate>
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