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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Chisme]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/chisme/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Chisme]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Por qué nos gustan tanto los chismes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/gustan-chismes_129_12014195.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c80a1bf0-d032-4220-a5e9-48a5c1d3b694_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Por qué nos gustan tanto los chismes"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El chisme juega un rol clave en nuestra vida al permitirnos entender qué está socialmente permitido viendo lo que opinan otros.</p></div><p class="article-text">
        &iquest;Viste lo &uacute;ltimo que public&oacute;? &iquest;Y lo que le contest&oacute; ella? &iquest;Y lo que le dijo &eacute;l? A menos que hayas decidido dejar las redes, apagar la tele y no entrar a ning&uacute;n sitio de noticias en los &uacute;ltimos meses, es imposible que no te hayas enterado de la telenovela del verano. De hecho, lo m&aacute;s probable que te hayas enganchado con alguna parte del drama Wanda-Icardi, que hayas comentado alguno de los episodios y chismoseado a gusto. Porque, &iquest;a qui&eacute;n no le gusta hablar sobre la vida de los dem&aacute;s? Sobre todo, si es alguien lejano, y lo que pasa tiene pocas consecuencias sobre nuestras vidas. Y si alguien te dice que no, que jam&aacute;s hablar&iacute;a sobre otros, no le creas, <a href="https://journals.sagepub.com/doi/abs/10.1177/1948550619837000" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la evidencia muestra</a> que somos bastante dados al chisme. 
    </p><p class="article-text">
        El chisme es una parte b&aacute;sica de nuestras relaciones sociales. Hablar sobre otros, que no est&aacute;n presentes en ese momento, para bien o para mal, es una de las actividades que nos ayudan a construir v&iacute;nculos. Por un lado, sirve para marcar qu&eacute; nos parece bien y qu&eacute; no. Pens&aacute; cuando discut&iacute;s con alguien sobre <strong>Wanda Nara</strong> o <strong>Mauro Icardi</strong>, cu&aacute;nto dice eso sobre vos. Tu opini&oacute;n sobre el caso, qu&eacute; te parece mal de lo que hizo tal o cual, dice much&iacute;simo sobre nuestras reglas, lo que estamos dispuestos a aceptar y hasta d&oacute;nde llega nuestra tolerancia. Y ese es un rol fundamental del chisme, vamos tanteando qu&eacute; piensan los otros sobre un tema y c&oacute;mo nos posicionamos nosotros. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Y cuando los chismes se vuelven sobre personas m&aacute;s cercanas, alguien con qui&eacute;n nos cruzamos en la vida, pasan a tener tambi&eacute;n otro rol: advertirnos sobre la gente que no cumple las reglas o que perjudican a otros. Pens&aacute; por ejemplo en el compa&ntilde;ero de laburo que nunca paga lo que qued&oacute; debiendo del almuerzo. Los chismes crecen r&aacute;pido y se genera una reputaci&oacute;n que sirve para sancionarlo de alguna manera. Y una vez que se conoce, es m&aacute;s probable que empiece a pagar para sacarse la mala fama, si quiere que alguien alguna vez le vuelva a prestar. 
    </p><p class="article-text">
        Este efecto de los chismes ha sido bastante estudiado. En <a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/22229458/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">varios experimentos</a>, han visto c&oacute;mo el hecho de que otra persona pueda observar y comentar lo que uno hace (o sea que podr&iacute;a difundir chismes sobre lo que hacemos), nos vuelve m&aacute;s considerados. Tendemos a comportarnos mejor, ser m&aacute;s colaborativos y menos ego&iacute;stas. El riesgo de transformarnos en objetos de un chisme juega. 
    </p><p class="article-text">
        Hay otro aspecto en el que los chismes son clave: generar amistades. Hablar mal de otra persona es uno de los hitos del inicio de una amistad. En una <a href="https://www.researchgate.net/publication/227674233_Interpersonal_chemistry_through_negativity_Bonding_by_sharing_negative_attitudes_about_others" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">investigaci&oacute;n</a> que hicieron sobre este tema, vieron que las personas que coincid&iacute;an en un comentario negativo sobre otra generaban un v&iacute;nculo mucho m&aacute;s fuerte que las que coincid&iacute;an con uno positivo. Criticar a un tercero nos une, mucho m&aacute;s que apreciarlo. 
    </p><p class="article-text">
        Y es que para poder criticar a otro a gusto necesit&aacute;s cierto nivel de confianza, saber que el otro no se lo va a ir a decir al criticado, no se va a enojar o a mirarte feo. Y cuando se van logrando esos niveles de confianza hay m&aacute;s chances de que surja una amistad. Para estudiar esto, un grupo de investigadores holandeses hizo <a href="https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S0378873312000445" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">una serie de entrevistas</a> en una empresa a lo largo de un a&ntilde;o y medio. Ve&iacute;an qui&eacute;n hablaba con qui&eacute;n, qui&eacute;nes eran amigos y qui&eacute;nes se juntaban a criticar a otros. Lo que encontraron, es que primero nos sentimos c&oacute;modos chismoseando con otro, y de ah&iacute; nos hacemos amigos. El chisme es un cimiento social, parte de los ritos que pasamos para lograr una amistad. 
    </p><p class="article-text">
        Como todo, tiene que ser en su justa medida. En el mismo estudio, encontraron que la gente que chismoseaba todo el tiempo no ten&iacute;a muchos amigos. Probablemente porque ya era demasiado, y porque tambi&eacute;n generaba alguna inseguridad (&ldquo;si habla todo el tiempo as&iacute; de los otros, qu&eacute; dir&aacute; despu&eacute;s de m&iacute;&rdquo;), as&iacute; que tampoco hay que excederse. Otro aspecto negativo de los chismes es que pueden mantener reglas sociales injustas o discriminatorias, se empiezan a generar chismes sobre alguien s&oacute;lo porque es diferente y se busca excluirlo. 
    </p><p class="article-text">
        El chisme juega un rol clave en nuestra vida social. Nos ayuda a entender qu&eacute; est&aacute; socialmente permitido viendo lo que opinan otros, puede funcionar para mantener las reglas sociales y, por sobre todo, nos puede divertir mucho. Hay que consumirlo en moderaci&oacute;n, para no ser el chismoso que no puede guardar ning&uacute;n secreto, ni generar ambientes opresivos en los que cualquier diferencia es penada. Pero, dentro de los l&iacute;mites, es una parte esencial de nuestras relaciones sociales, y los necesitamos tanto como el humor. As&iacute; que es l&oacute;gico que nos encante un buen chisme, a disfrutarlo sin culpa. 
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>OS/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Olivia Sohr]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/gustan-chismes_129_12014195.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 03 Feb 2025 09:40:19 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Chisme,Wanda Nara,Mauro Icardi]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La política consumida como chisme]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/politica-consumida-chisme_129_11582978.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1e9a3265-04ef-4fc9-b564-d44ca8301911_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La política consumida como chisme"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Molesta menos que Alberto Fernández sea un violento que el hecho de que haya sido un violento que, al mismo tiempo, daba lecciones de feminismo. Su violencia machista debería hacerle daño a él, no a todo su espacio, al que sí le corresponden otras críticas.</p></div><p class="article-text">
        Se ha escrito mucho sobre el chisme, pero creo que no hay todav&iacute;a una buena taxonom&iacute;a del chisme, un buen cuadro de doble o triple entrada que incluya al menos los factores 1) tipo de historia 2) tipo/grado de relaci&oacute;n de la audiencia con los sujetos de la historia 3) motivo por el que la historia interesa. <strong>Edgardo Cozarinsky</strong>, escritor que le dedic&oacute; al tema del chisme muchas de sus mejores obras, escribi&oacute; que &ldquo;El chisme y la novela (o, menos taxativamente, los relatos de ficci&oacute;n) se han encontrado con tanta frecuencia en la indignaci&oacute;n de las mentes serias y las almas nobles que no parece injustificado estudiar cu&aacute;les pueden ser los rasgos compartidos que hicieron posible esa coincidencia&rdquo;. Tiene raz&oacute;n Cozarinsky. Tiene l&oacute;gica, por eso, que las personas que leemos ficci&oacute;n gustemos de la conversaci&oacute;n chismosa. 
    </p><p class="article-text">
        A veces pienso que en el intercambio de chismes hoy se produce parte de la cr&iacute;tica literaria que m&aacute;s me interesa, una cr&iacute;tica literaria que no tiene miedo de hablar del mundo, de usar las obras para hablar de cosas que no son el tema de la obra pero tampoco son formalismos vac&iacute;os; la libertad del registro del chisme permite partir de un relato y terminar en cualquier lado, como hac&iacute;an <strong>Roland Barthes</strong> o <strong>Susan Sontag</strong>, permisos que hoy no se toma la academia ni las pocas rese&ntilde;as cuadradas que quedan en los diarios. En resumen: la profesionalizaci&oacute;n de la cr&iacute;tica literaria en el periodismo y la universidad provoc&oacute; de alguna manera su separaci&oacute;n de la esfera de la vida. La gente ya no habla de la vida cuando habla de ficciones literarias y, en cambio, s&iacute; lo hace cuando habla de relatos sobre conocidos basados, m&aacute;s o menos fielmente, en hechos reales. 
    </p><p class="article-text">
        La gente, entonces, est&aacute; hablando de la vida esta semana cuando habla de <strong>Alberto Fern&aacute;ndez</strong>. Est&aacute; hablando de &eacute;tica, est&aacute; hablando de hipocres&iacute;a, est&aacute; hablando de moral sexual y de lo p&uacute;blico y lo privado. No estoy rest&aacute;ndole importancia a la denuncia de violencia de <strong>Fabiola Y&aacute;&ntilde;ez</strong> al ponerla en l&iacute;nea con el lenguaje del chisme: las cosas no &ldquo;son&rdquo; chismes, sino que son o no consumidas como chismes, y es mentira que, en los esc&aacute;ndalos pol&iacute;ticos, se puede separar el consumo como noticia del consumo como chisme. Toda clase de delitos pueden entrar en esa forma m&aacute;s morbosa de lectura: los hoteles de <strong>Cristina Fern&aacute;ndez de Kirchner</strong>, las escuchas de <strong>Mauricio Macri</strong>, las denuncias de <strong>Donald Trump</strong> o el mail de <strong>Hillary Clinton</strong>, lo que se quiera, sin importar ni la veracidad ni la gravedad relativa de cada asunto.
    </p><p class="article-text">
        No s&eacute; si es un efecto del modo en que narran los medios masivos o algo m&aacute;s at&aacute;vico de la especie humana, pero no creo que en ning&uacute;n caso exista algo as&iacute; como una escucha pura y fr&iacute;a, desprovista de ese hambre de detalles personales, esa performance detectivesca y barrial que hacemos todos cada vez que intercambiamos lo que sea que le&iacute;mos o escuchamos sobre el tema del d&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        De hecho, si esa escucha fr&iacute;a existiera no habr&iacute;a casi noticia posible, no habr&iacute;a conversaci&oacute;n, todo ser&iacute;a un intercambio de datos sobre pol&iacute;tica p&uacute;blica, &ldquo;que hable la justicia&rdquo; y ya. En alg&uacute;n momento de la semana pens&eacute; que esta columna ten&iacute;a que tratarse de separar la paja del trigo: separar la violencia de g&eacute;nero de ser un viejo verde, separar el derecho de una persona de a pie a ser un viejo verde de la conducta que se espera del m&aacute;s alto mando de una democracia, separar la culpabilidad del viejo verde en cuesti&oacute;n de la de las chicas que lo fueron a ver, separar la responsabilidad pol&iacute;tica real de Cristina por elegir un mal presidente de su responsabilidad por elegir a un tipo que ella no ten&iacute;a por qu&eacute; saber que era violento (la realidad es que nadie sabe nada ni de sus mejores amigos hasta que s&iacute; lo sabe), la responsabilidad de las feministas o de los peronistas o de quien sea por errores efectivamente cometidos a conciencia que la responsabilidad por, de nuevo, cosas que nadie puede saber de nadie hasta que las sabe. Pero son aburridisimas esas columnas pedag&oacute;gicas, y la realidad es que nadie las necesita: todas las personas sensatas entienden estas diferencias y las que no las entienden, porque de verdad son cortas o por falta de voluntad, no tienen demasiada esperanza. No es un tema de formaci&oacute;n, por supuesto: conozco gente con toda clase de t&iacute;tulos que cree que quienes votaron a <strong>Javier Milei</strong> o a <strong>Sergio Massa</strong>, seg&uacute;n el caso, son lisa y llanamente malas personas. No pierdo el tiempo con ninguno de ellos.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Supongo que solo podemos tratar de que nuestras políticas (antes que nuestros políticos) estén a la altura de nuestras banderas y esperar que, en algún momento, pase de moda esta idea chabacana de honestidad que anima a todas las derechas globales</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Supongo que, si hay algo interesante en toda esta cuesti&oacute;n, si hay una buena conversaci&oacute;n sobre la vida que aparece en esta ronda de chismes, es lo que ata&ntilde;e a la hipocres&iacute;a. Es l&oacute;gico que a espacios que se reivindican progresistas y feministas esta clase de faltas de &eacute;tica le peguen peor. <strong>Victoria Villarroel</strong> puede tener como mentor a <strong>Alberto Gonz&aacute;lez</strong>, condenado por delitos sexuales en la ESMA, sin que eso le mueva un pelo a nadie. No alcanza ni para noticia, ni siquiera para relacionarlo con el &eacute;xito de <em>La llamada</em>, el libro de <strong>Leila Guerriero</strong> en el que se cuenta c&oacute;mo &eacute;l sacaba a <strong>Silvia Labayru</strong> del centro clandestino para violarla en su casa junto a su esposa. No dir&iacute;a que eso es porque en La Libertad Avanza est&aacute;n masivamente a favor de la violencia o las violaciones; dir&iacute;a que es porque, para bien o para mal, esa clase de espacios no tienen ninguna reivindicaci&oacute;n asociada a alguna idea de pureza o de moral progresista. Molesta menos que Alberto sea un violento que el hecho de que haya sido un violento que, al mismo tiempo, daba lecciones de feminismo. No molestar&iacute;a tanto que haya roto el aislamiento si no hubiera dado lecciones de moral sobre el aislamiento. 
    </p><p class="article-text">
        Espacios como La Libertad Avanza ofrecen esas ventajas. Sus primeras figuras y sus discursos oficiales no dedican ning&uacute;n tiempo a juzgar la &eacute;tica de nada ni de nadie; no significa que est&eacute;n a favor de la violencia de g&eacute;nero, no estoy diciendo eso ni lo creo, solo que efectivamente no ocupan en lo p&uacute;blico ese lugar. La pregunta, supongo, es si un espacio progresista tiene la chance de escaparse de esa posici&oacute;n aleccionadora que tanto molesta a tantas personas, entiendo que con raz&oacute;n. Lo que quiero decir: la violencia machista de Alberto Fern&aacute;ndez deber&iacute;a hacerle da&ntilde;o a &eacute;l, no a todo su espacio, al que s&iacute; le corresponden otras cr&iacute;ticas. De hecho, es evidente que muchas personas a las que s&iacute; les cabe una responsabilidad pol&iacute;tica por los problemas de la presidencia de Alberto Fern&aacute;ndez est&aacute;n aprovechando este momento para desligarse. Como no tienen la culpa de que Alberto le haya pegado a su mujer, resulta que tampoco tienen la culpa de ning&uacute;n otro problema de gesti&oacute;n. Curioso, como m&iacute;nimo. 
    </p><p class="article-text">
        Pero me desv&iacute;o; no me queda del todo claro que se pueda hacer pol&iacute;tica de derechos humanos y, al mismo tiempo, salvarse de esa posici&oacute;n del juicio moral aleccionador que todos encuentran tan desagradable. El progresismo est&aacute; entonces, quiz&aacute;s, condenado irremediablemente a la hipocres&iacute;a: incluso teniendo pol&iacute;ticas de g&eacute;nero (que las tuvimos: ning&uacute;n expresidente violento puede alterar eso) nos expondremos a ser medidos con una vara que nosotros mismos no podemos bajar. Un pol&iacute;tico con pasado genocida ser&aacute; siempre un golpe para quienes se reivindiquen contra el genocidio, y no para quienes prefieran no hablar del tema. Supongo que solo podemos tratar de que nuestras pol&iacute;ticas (antes que nuestros pol&iacute;ticos) est&eacute;n a la altura de nuestras banderas y esperar que, en alg&uacute;n momento, pase de moda esta idea chabacana de honestidad que anima a todas las derechas globales, para la cual es mejor que nadie ofrezca ning&uacute;n ideal ni espere nada de nadie antes que hacerlo y fracasar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>TT/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/politica-consumida-chisme_129_11582978.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 11 Aug 2024 03:00:47 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La política consumida como chisme]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Alberto Fernández,Fabiola Yañez,Chisme]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[A favor de los chismes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/favor-chismes_129_10719738.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/100ed4e7-0076-41e8-8368-87ecde2111df_16-9-discover-aspect-ratio_default_1085423.jpg" width="3791" height="2132" alt="A favor de los chismes"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Todos lo hacemos. Quizás con más o menos culpa, pensando que está mal. Pero, un poco de chismoseo compartido puede a acercar a las personas.</p></div><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Es malo ser chismoso? Es una idea que tenemos muy arraigada, que est&aacute; mal hablar de otros cuando no est&aacute;n, no se habla a las espaldas de una persona. Pero, &iquest;qui&eacute;n nunca lo hizo?</strong> &iquest;Nunca comentaste algo con un amigo sobre lo que hizo otro? &iquest;Nunca charlaste con un colega de lo que dijo otro o lo que hizo un jefe? Todos lo hacemos. Quiz&aacute;s con m&aacute;s o menos culpa, pensando que est&aacute; mal. Pero, &iquest;y si no est&aacute; tan mal?, &iquest;Y si hasta pueden ser positivos los chismes?
    </p><p class="article-text">
        Bien o mal le dedicamos un mont&oacute;n de tiempo a los chismes, y espec&iacute;ficamente a hablar de otros. Las estimaciones var&iacute;an, pero hay <a href="https://journals.sagepub.com/doi/abs/10.1177/1948550619837000" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un estudio</a> en el que grabaron partecitas aleatorias de lo que las personas hablaban durante varios d&iacute;as y encontraron que pasamos casi una hora al d&iacute;a chismoseando (52 minutos para ser exactos). En este caso, definido como tiempo que pasamos hablando sobre una persona que no est&aacute; presente. Pero no todo eso es negativo. De hecho lo que encontraron es que la mayor&iacute;a de lo que se hablaba sobre terceros era neutro. Hay mucho que es simplemente comentar lo que otros hicieron o dijeron sin necesariamente criticarlo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los chismes cumplen un rol social, que es el de establecer las reglas de un grupo. Si lleg&aacute;s a un nuevo laburo y escuch&aacute;s que est&aacute;n criticando a uno que no est&aacute; porque nunca paga lo que debe del almuerzo, te queda bastante claro que ese tipo de actitudes te van a complicar las relaciones. Se sabe quien es el que clava a sus compa&ntilde;eros y se desliga del trabajo o el que cuenta todo lo que pasa al resto. Hablar de los otros funciona un poco como los cuentos de ni&ntilde;os con sus moralejas: una forma de ver qu&eacute; es lo que est&aacute; socialmente aceptado. Quiz&aacute;s el ejemplo m&aacute;s claro de esto son los chismes de famosos, donde podemos dedicar horas a ver si nos parece bien o mal lo que hizo un desconocido total.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esta funci&oacute;n de mantener las reglas sociales a trav&eacute;s de los chismes ha sido muy <a href="https://journals.sagepub.com/doi/10.1177/1059601109360390" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estudiada</a> en distintos contextos, desde equipos deportivos hasta empresas. Y que tengan este rol no los vuelve en s&iacute; ni positivos ni negativos. Depende de qu&eacute; tipo de regla social se est&eacute; manteniendo. Puede ser una forma de reforzar discriminaciones hacia quien sea distinto, como puede ayudar a que las personas no se traten de aprovechar de otros.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero hay otra funci&oacute;n social que pueden tener los chismes y que s&iacute; es positiva: acercar a dos personas. Y ac&aacute; s&iacute; tienden a ser los chismes negativos los que mejor funcionan. Hay un peque&ntilde;o punto de quiebre en las relaciones, cuando nos estamos conociendo, en el momento en que compartimos alguna maldad sobre otra persona, que genera una complicidad, una cercan&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esto se ha estudiado mucho en el mundo laboral. En <a href="https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S0378873312000445" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">una investigaci&oacute;n</a>, analizaron los diferentes v&iacute;nculos laborales y amistades de una organizaci&oacute;n a lo largo de un a&ntilde;o. Y a trav&eacute;s de entrevistas y cuestionarios vieron que las personas primero compart&iacute;an algunos chismes y luego se volv&iacute;an m&aacute;s cercanos. Y es que hay algo de poder chismosear con otro que implica un secreto compartido, un cierto nivel de confianza y valores compartidos, criticamos lo mismo.&nbsp;&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El chisme puede reforzar reglas sociales muy negativas, excluir a quienes sean diferentes y generar entornos muy densos. Por eso hay que consumirlo con moderación</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Y los comentarios positivos sobre un tercero no tienen el mismo efecto. Una de las formas en las que <a href="https://psycnet.apa.org/record/2006-06341-001" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estudiaron</a> esto, fue tomar a un grupo de personas a las que le ped&iacute;an su opini&oacute;n sobre otra persona -con cosas positivas y negativas-, y luego le dec&iacute;an que justo despu&eacute;s iban a conocer a alguien que pensaba como ellos. Cuando esa coincidencia se daba en los aspectos negativos, las personas se sent&iacute;an m&aacute;s cercanas a quienes iban a conocer que cuando coincid&iacute;an en lo positivo. Saber que al otro tambi&eacute;n le cae mal alguien nos acerca m&aacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Un poco de chismoseo compartido tiende a acercar a las personas, pero todo tiene su l&iacute;mite. En uno de los estudios que se hicieron, vieron tambi&eacute;n que cuando una persona era vista como muy chismosa empezaba a generar rechazo. Los que eran considerados muy conventilleros no generaban tantas amistades. Porque una cosa es que el chisme ocasional genere cercan&iacute;a, otra cosa es cuando la persona va por el mundo compartiendo secretos y entonces ya no se&ntilde;ala una complicidad especial sino solo una falta de discreci&oacute;n, y la amenaza de ser uno el objeto de los chismes apenas demos vuelta la espalda est&aacute; demasiado presente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y por supuesto, el chisme puede traer consecuencias negativas. Puede reforzar reglas sociales muy negativas, excluir a quienes sean diferentes y generar entornos muy densos. Por eso hay que consumirlo con moderaci&oacute;n. <strong>Pero usarlo como un alivio temporal, una forma de ventilar frustraciones y generar v&iacute;nculos con otros puede funcionar como un buen pegamento social. Y adem&aacute;s, que aburrido ser&iacute;a todo si no tuvi&eacute;semos los chismes.&nbsp; </strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Olivia Sohr]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/favor-chismes_129_10719738.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 27 Nov 2023 09:02:05 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[A favor de los chismes]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Chisme,Relaciones personales,Trabajo,Rechazo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Larga vida al chisme]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/larga-vida-chisme_129_10501635.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3ba709a3-0a9b-451a-9f3a-23c3a275a26a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Larga vida al chisme"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Si la imagen reina sobre este mundo, sostiene el autor, "el chisme es la conspiración que la decapita". Y explica su potencia: "Una vez que se echa a rodar como una rueda de acero, no hay campo que no atraviese ni reparo que no aplaste". </p></div><p class="article-text">
        En una de esas observaciones dr&aacute;sticas que prend&iacute;an fuego la casa de los Bioy Casares - Ocampo, Borges dijo que <strong>Lucio V. Mansilla</strong> hac&iacute;a &ldquo;enumeraciones est&uacute;pidas&rdquo;. No soportaba sus alardes de adelantado viajando en mula, a caballo, en elefante, en camello, en coche, en barco; y probando aqu&iacute; y all&aacute; manjares que solo exist&iacute;an si los com&iacute;a &eacute;l. Cuando parec&iacute;a que las patadas al ca&iacute;do iban a dar paso a la calma del agotamiento, sobrevino la l&aacute;pida: &ldquo;Est&aacute; <em>showing off</em> todo el tiempo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Un d&iacute;a, evocando a Borges, alguien deber&iacute;a poner en su lugar a Mansilla, emblema del escritor consentido por las ventajas de clase y por una extra&ntilde;a celebraci&oacute;n de su dandismo que es curioso ver c&oacute;mo todav&iacute;a sobrevive como valor. Y, quiz&aacute;s, darle a su excursi&oacute;n a los indios ranqueles el estatus de incursi&oacute;n cultural, dado que su legendaria amenidad y su adulada elegancia no le quitan al relativismo cultural de sus aventuras un aire de superioridad autoadjudicada.
    </p><p class="article-text">
        Pero ese d&iacute;a no es hoy, ocupado en asociar el <em>showing off</em> de Mansilla a su avatar actualizado: el hacerse ver, el hacerse o&iacute;r o (atentos columnistas) el hacerse leer. Como dir&iacute;a el l&eacute;xico infantiloide m&aacute;s repetido que sopa de ajo en las cuentas del alardeo social: &ldquo;Vengo a presumir&rdquo;. &iquest;Qu&eacute;? Lo que uno es o parece ser o quisiera ser; o lo que uno tiene. Para el <em>showing off</em> vale tanto el cuerpo como el logro social o la posesi&oacute;n. Lo que cuenta es el efecto resplandor que se desprende de la voluntad de &eacute;xito a escala de ejemplar de una especie, y que es la voluntad de existir.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El acto del <em>showing off </em>consiste en asomar la cabeza de hormiga entre millones de hormigas para dar un mensaje desesperado: &ldquo;Ac&aacute; estoy, <em>todav&iacute;a</em> estoy. No se les ocurra olvidarme&rdquo;. La pregunta: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; ser&aacute; de la vida de fulana o de fulano?&rdquo;, prueba de un inter&eacute;s por aquello que se olvid&oacute; y de pronto se recuerda como una emisi&oacute;n inesperada de la memoria que llama al orden al amn&eacute;sico, ya no existe. Lo que contribuye a la extinci&oacute;n de la curiosidad. Queda en pie una curiosidad residual, atada con varias vueltas de cuerda al palo de la oferta.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">¿Quién no escuchó la desgracia que habría sufrido un conocido conductor televisivo de “nuestro medio”, quien habría ingresado a la guardia de un importante sanatorio de la Avenida Juan B. Justo con el “agregado” en su cuerpo?</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Todo lo que quisi&eacute;ramos saber (bajo la curadur&iacute;a de los propios interesados) est&aacute; disponible en el cat&aacute;logo de la comedia y el drama humanos. Tiene la amplitud de un padr&oacute;n, y ni siquiera hacer falta ir al encuentro de las novedades porque la din&aacute;mica de la &ldquo;comunicaci&oacute;n&rdquo; interconectada nos las trae. Todo el mundo es una celebridad, incluyendo por supuesto a los amigos; y si bien nadie deber&iacute;a poner las manos en el fuego por la apariencia &iacute;ntima de sus publicaciones, es a la revelaci&oacute;n de lo &iacute;ntimo (y tambi&eacute;n a falsearlo) a lo que aspira el g&eacute;nero.
    </p><p class="article-text">
        Primero se hac&iacute;an ver las figuras endiosadas de la realeza, luego las del <em>star system</em> de Hollywood, y ahora lo hace medio mundo en una oferta masiva de aventuras en las que la identidad es un derivado de la composici&oacute;n teatral. De alg&uacute;n modo, los exhibicionistas de las redes &iquest;no son en un sentido estricto, en el sentido en que ya no los son los directores de cine o de teatro, verdaderos autores, aunque lo que hagan sea falso? &iquest;Qui&eacute;nes si no las mujeres y los hombres comunes son los autores que <em>quedan</em>? &iquest;No son ellos los &uacute;nicos capaces de imaginar el guion que ellos mismos son capaces de protagonizar en honor a una identidad de mercado? &iquest;O no hay un mercado de la identidad?
    </p><p class="article-text">
        Perfecto, entonces. Tenemos este aluvi&oacute;n dram&aacute;tico en el que vemos a cientos de millones de personas viajando, comiendo, cocinando, en el gimnasio, manejando, haciendo un <em>stand up</em> espont&aacute;neo con menos chispa que una marat&oacute;n de babosas; recomendando libros, monopatines el&eacute;ctricos, vegetales org&aacute;nicos, helados sin TACC, geri&aacute;tricos, armas, <em>coachs</em> de la mente; mostrando los b&iacute;ceps, los tr&iacute;ceps, los cu&aacute;driceps, el orto. No falta nada de lo que el mundo tiene para darnos a trav&eacute;s de su especie <em>aparentemente</em> m&aacute;s perspicaz.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aparentemente. Porque detr&aacute;s de los miles de millones de im&aacute;genes de &ldquo;identidades en auge&rdquo; con que las hembras y machos terr&iacute;colas nos revientan los almacenes de los tel&eacute;fonos, subyace, como el lobo feroz que es, con su malicia intangible, el lenguaje tambi&eacute;n terr&iacute;cola en su variante de chisme. Por algo, <strong>Edgardo Cozarinsky</strong> lo llam&oacute; &ldquo;el relato indefendible&rdquo;. Una vez que se echa a rodar como una rueda de acero, no hay campo que no atraviese ni reparo que no aplaste. Un ejemplo popular: &iquest;qui&eacute;n no escuch&oacute; no una vez sino varias en distintos ciclos, la desgracia que <em>habr&iacute;a</em> sufrido un conocido conductor televisivo de &ldquo;nuestro medio&rdquo;, quien <em>habr&iacute;a </em>ingresado a la guardia de un importante sanatorio de la Avenida Juan B. Justo con el &ldquo;agregado&rdquo; en su cuerpo de, seg&uacute;n quien cuente la historia, ora un desodorante, ora un bate de beisbol, ora el cilindro de espuma de polietileno conocido como Flota-Flota?
    </p><p class="article-text">
        Si la imagen es la reina de este mundo, el chisme es la conspiraci&oacute;n que la decapita. Tambi&eacute;n es un arte derivado, por supuesto. Cozarinsky detecta su poder, sin el cual nos dice que no tendr&iacute;amos a <strong>Marcel Proust</strong>, ni a <strong>Henry James</strong>. Una se&ntilde;ora en una comida de Nochebuena, dice Cozarinsky hablando de James, &ldquo;deja caer en la conversaci&oacute;n un &lsquo;germen&rsquo;&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Un germen. Para qu&eacute; m&aacute;s. Con esa insignificancia (pero insignificancia creciente) comienza la aventura de la destrucci&oacute;n de la imagen, un fen&oacute;meno que podemos imaginar de muchos modos, tambi&eacute;n de este: mientras miramos con alguien una foto de X sonriendo en un posteo &ldquo;internacional&rdquo; de su IG, decimos que esa sonrisa es lo m&aacute;s genuino que tiene. Es el triunfo de la imagen que nos quiere dar, y de la identidad falsa por la que trabaja a sol y a sombra. Lo sabremos porque ese alguien con quien miramos la foto, va a desenvainar la daga del chisme para decirnos: &ldquo;&iexcl;Nada que ver! Se la saqu&eacute; yo. Es una sonrisa falsa&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>JJB</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan José Becerra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/larga-vida-chisme_129_10501635.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 10 Sep 2023 03:02:12 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Larga vida al chisme]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Chisme]]></media:keywords>
    </item>
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