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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Ratas]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/ratas/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Ratas]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Nueva York, la ciudad de las ratas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mundo/nueva-york-ciudad-ratas_1_10534222.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0713c50b-728f-44e3-8c04-faa8a8ab2fbc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Nueva York, la ciudad de las ratas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Detrás de la crisis por los roedores, se esconden los cimientos podridos de una sociedad marcadamente desigual.</p></div><p class="article-text">
        El pasado martes, el alcalde de Nueva York <strong>Eric Adams</strong> brind&oacute; una conferencia contra su &ldquo;enemigo p&uacute;blico n&uacute;mero uno&rdquo; (sic). &iquest;La indigencia? &iquest;La especulaci&oacute;n inmobiliaria? &iquest;La falta de acceso a la salud? No, sir. Las ratas.<strong> Las much&iacute;simas ratas que recorren la ciudad (algunos hablan de 3 millones) y que &uacute;ltimamente han protagonizado videos virales en las redes sociales. </strong>
    </p><p class="article-text">
        La jornada tuvo un tinte quijotesco. Adams debi&oacute; aceptar que al plan de la designada &ldquo;zarina&rdquo; contra los roedores, la experta en uso del suelo y sostenibilidad Kathy Corradi, fracas&oacute;: aunque hubo sutiles avances, la promesa de campa&ntilde;a &ndash;que las ratas &ldquo;la odien&rdquo;&ndash; no parece concretarse. Corradi se ofreci&oacute; como una flautista de Hamelin y entreg&oacute; cantos de sirena. 
    </p><p class="article-text">
        Ok. Hasta ahora, el veneno no funcion&oacute;. Tampoco los perros adiestrados, las pastillas anticonceptivas (las hembras alcanzan la madurez sexual a las seis semanas), el alcohol, ni las trampas pegajosas. <strong>En esta &ldquo;guerra&rdquo; &ndash;palabra usada por la administraci&oacute;n&ndash; la mejor defensa es un buen ataque.</strong> Por lo tanto, se opt&oacute; por un nuevo m&eacute;todo que, si uno sigue a Adams en las redes, equivaldr&iacute;a a algo as&iacute; como una bomba at&oacute;mica: tachos de basura. En realidad, contenedores (tan peque&ntilde;os, que algunas ratas pueden confundir con vasos jumbos para acompa&ntilde;ar su almuerzo). Todas las empresas de comida deber&aacute;n contar con uno a partir de marzo de 2024. 
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        &ldquo;Escuchaste bien&rdquo;, afirm&oacute; Adams en la plataforma X (no, nadie hacke&oacute; su cuenta). La Comisionada de Saneamiento de la Ciudad Jessica Tisch destac&oacute; el ejemplo de Gray&rsquo;s Papaya, el local de <em>hot dogs</em> que funciona como estampa de Manhattan y que ya los implement&oacute;. 
    </p><p class="article-text">
        Nueva York es fascinante, r&aacute;pida, compleja. Y, sin dudas (aunque menos que antes), sucia. La gesti&oacute;n p&uacute;blica de desechos va de la mano con la poca importancia que le dan los ciudadanos a la limpieza de las calles. En uno de los epicentros del consumo y el descarte (la ciudad mastica, traga y escupe), es igual de factible tropezarse con una c&aacute;scara de banana que pisar una aguja o un pa&ntilde;al con caca.
    </p><p class="article-text">
        Las consideraciones bromatol&oacute;gicas del lugar se condensan en Lexington Candy Shop, una peque&ntilde;a tienda de comida ubicada en el coraz&oacute;n del chet&iacute;simo Upper East Side de Manhattan, a tres cuadras del Metropolitan Museum of Art. Im&aacute;n para turistas, el local sirve la Coca Cola <em>old school</em>: mezclando alm&iacute;bar con agua burbujeante, tal como se hac&iacute;a hace un siglo. Con una cucharada de helado encima, como corresponde. Aunque conviene no tomar mucho: el ba&ntilde;o se encuentra en la cocina, al lado de la freidora de panceta. De la puerta, que no cierra del todo bien, cuelga un cartel: &ldquo;Los empleados deben lavarse las manos antes de regresar al trabajo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Esta es solo una peque&ntilde;a parte de lo que las pel&iacute;culas y series no muestran. Cuando Carrie Bradhsaw, en <em>Sex &amp; The City</em>, vuelve a su departamento y guarda su par reci&eacute;n estrenado de Manolo Blahnik, su vestidor impecable &ndash;valuado en cientos de miles de d&oacute;lares&ndash; probablemente reciba peque&ntilde;as dosis de hantavirus. 
    </p><p class="article-text">
        De hecho, al recordar sus a&ntilde;os en un hermoso edificio del Upper West Side, Nora Ephron &ndash;junto a Fran Lebowitz, observadora de Nueva York por excelencia&ndash; aceptaba: &ldquo;Tambi&eacute;n hab&iacute;a ratones. &iquest;A qui&eacute;n le importaba? Mi alquiler aument&oacute; lentamente (&hellip;), pero el apartamento segu&iacute;a siendo una ganga&rdquo;. Otra observaci&oacute;n. Cuando los alquileres son inalcanzables, la presencia de flora y fauna constituye un peque&ntilde;o precio a pagar.
    </p><blockquote class="twitter-tweet" data-lang="es"><a href="https://twitter.com/X/status/1704324008714420315?ref_src=twsrc%5Etfw"></a></blockquote><script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script><p class="article-text">
        <strong>Solo en Nueva York cuatro tortugas antropom&oacute;rficas adictas a la pizza que viven en las ca&ntilde;er&iacute;as y son entrenados por una rata-sensei podr&iacute;an ser superh&eacute;roes. </strong>A mitad del siglo XX, Charles Dickens describi&oacute; a la ciudad como una &ldquo;donde los perros aullar&iacute;an para tumbarse, las mujeres, los hombres y los ni&ntilde;os se escabullen para dormir, lo que obliga a las ratas desplazadas a alejarse en busca de un mejor alojamiento&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La novela <em>Am&eacute;rica</em>, de Franz Kafka, publicada en el alba decimon&oacute;nica, describ&iacute;a a la noche de Nueva York como un &ldquo;alboroto que inundaba aceras y calzadas ven&iacute;a precipit&aacute;ndose como un torbellino y cambiando de direcci&oacute;n a cada instante como si no fuese originado por los hombres, como si fuese m&aacute;s bien un extra&ntilde;o elemento&rdquo;. Las ratas &ndash;no lo aclar&oacute; el escritor&ndash; son part&iacute;culas de este elemento.
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;mbolos de suciedad y caos, resultan aptas para la supervivencia en un ambiente tan hostil: sus dientes, amarillos y cubiertos con hierro, pueden morder entera a la Gran Manzana (penetran hasta el concreto). Parte del panorama de la ciudad, sufrieron falta de comida durante la pandemia. En 2020, investigadores de la Universidad de Missouri identificaron espec&iacute;menes susceptibles (y transmisores) de distintas variantes de coronavirus.
    </p><p class="article-text">
        La animalidad act&uacute;a como contracara y tambi&eacute;n espejo de humanidad. En <em>La Ciudad de las ratas</em> (1979), el escritor argentino Copi imaginaba una sociedad de roedores que usaban el papel higi&eacute;nico con excrementos como ornamentos reales (ten&iacute;an una reina); tapas de mostaza como escudos; y cajas de legumbres como portaaviones. Las ratas aprend&iacute;an a traducir sus pensamientos a una forma inteligible para los hombres, que, a su vez, lograban responderles. La comunicaci&oacute;n surg&iacute;a de contraste y entendimiento; de diferencias y de una posibilidad compartida de elevarse &ndash;o reducirse&ndash; al nivel del otro.
    </p><blockquote class="twitter-tweet" data-lang="es"><a href="https://twitter.com/X/status/1704504569894502880?ref_src=twsrc%5Etfw"></a></blockquote><script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script><p class="article-text">
        La periodista cient&iacute;fica Bethany Brookshire, autora de <em>Pestes: c&oacute;mo los humanos crean villanos animales</em>, invierte el foco, enfatizando el papel que las ratas confinadas en laboratorios desempe&ntilde;an en la salud de la sociedad. &ldquo;En lugar de vivir de nosotros, vivimos vidas m&aacute;s largas y saludables gracias a ellas (&hellip;) Prosperamos gracias a los datos que producen los ratones y las lecciones que pueden ense&ntilde;arnos. Como herramientas de laboratorio vivientes, los ratones no s&oacute;lo mejoran nuestro conocimiento; cambian la ciencia misma&rdquo;, reflexiona.
    </p><p class="article-text">
        Yendo m&aacute;s lejos, advierte: &ldquo;<strong>Un rat&oacute;n no es un humano. Pero vive en el mundo humano y come alimentos humanos. </strong>Navega por la vida con un cerebro de mam&iacute;fero, con una fisiolog&iacute;a muy parecida a la nuestra. Es algo que reconocemos como inteligente e incluso lindo, pero que mucha gente matar&iacute;a sin pensarlo dos veces. Y as&iacute;, cuando fuimos a buscar algo que nos sustituyera mientras aprend&iacute;amos los secretos de nuestros cuerpos, (&hellip;) el rat&oacute;n fue una elecci&oacute;n natural. Lo suficientemente humano como para no serlo en absoluto&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Entonces, se puede concebir el drama de la infestaci&oacute;n, que tiene como vector a las ratas, como uno fomentado por la naturaleza y la desnaturalizaci&oacute;n humana. Los numerosos vagabundos que pueblan las calles de Nueva York (y son tratados como menos que animales por el gobierno y con indiferencia por parte de los caminantes) padecen doblemente las consecuencias de la plaga: a la intemperie, reciben mordidas, ingieren comida contaminada y sufren mayores dificultades para dormir (lo cual impacta en su ya fr&aacute;gil salud mental). Brookshire habl&oacute; con indigentes que se defend&iacute;an con armas de los roedores y no pod&iacute;an evitar su presencia, pese a que intentaban mantener el precario entorno higienizado.
    </p><p class="article-text">
        El fallecido cocinero Anthony Bourdain defin&iacute;a as&iacute; a Manhattan en su libro <em>The nasty bits</em>: &ldquo;Un minuto est&aacute;s en la cima del mundo, y el siguiente &ndash;como cuando quer&eacute;s prender un cigarrillo en el bar y no pod&eacute;s&ndash; te est&aacute;s ahogando en la miseria y la autocompasi&oacute;n, incapaz de decidir entre el asesinato y el suicidio&rdquo;.
    </p><blockquote class="twitter-tweet" data-lang="es"><a href="https://twitter.com/X/status/1704334062947881040?ref_src=twsrc%5Etfw"></a></blockquote><script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script><p class="article-text">
        Uno de los videos m&aacute;s impactantes de las &uacute;ltimas semanas muestra a un rat&oacute;n recorriendo el cuerpo dormido de un hombre &ndash;de apariencia latina y humilde&ndash; en el subte. Nadie le avisaba lo que ocurr&iacute;a, pero s&iacute; hab&iacute;a c&aacute;maras filmando, mentes elucubrando el pr&oacute;ximo hit de TikTok. Nueva York, con sus luces, cansa y aliena. Como en el cuento de Horacio Quiroga, no ser&iacute;a inveros&iacute;mil que una persona asesinara a otra (su propia hija), confundi&eacute;ndola con una bestia, con una gigante rata, por culpa de un limbo alcoh&oacute;lico impulsado por la depresi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Jason Munshi-South, profesor de biolog&iacute;a en la Universidad de Fordham University, estudi&oacute; a los roedores neoyorquinos durante doce a&ntilde;os, para concluir: &ldquo;El enemigo somos nosotros&rdquo;. Este ecologista urbano cuenta que las trampas y el envenenamiento, por s&iacute; solos, no pueden competir con la biolog&iacute;a y las matem&aacute;ticas de la reproducci&oacute;n de las ratas. &ldquo;La propagaci&oacute;n de ratas por una ciudad refleja la desigualdad racial y socioecon&oacute;mica, ya que las ratas prosperan en barrios m&aacute;s pobres con edificios m&aacute;s antiguos&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        El acad&eacute;mico apunta, tambi&eacute;n, contra el cambio clim&aacute;tico. Las alcantarillas humeantes reflejadas en las caricaturas tienen poco de pintoresco en la vida real: generan una especie de nube densa que adhiere a la piel, a las superficies, con un olor nauseabundo y una temperatura casi subtropical. No hay soluci&oacute;n tecnol&oacute;gica (ni trampas f&iacute;sicas, ni inteligencia artificial) que pueda generar cambios, si la carencia, la soledad y la avaricia siguen intactas.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Como todo el mundo habr&aacute; notado, la palabra <vecina> no tiene especial relevancia en Manhattan. Oh, maldici&oacute;n, no puede decirse lo mismo de la palabra <vecindario>&rdquo;. La frase, acu&ntilde;ada por Elizabeth Hardwick, en una de sus <em>Historias de Nueva York</em>, es trasladable al mundo de los roedores, que muestran una adaptaci&oacute;n biol&oacute;gica a las divisiones entre clases sociales.</vecindario></vecina>
    </p><p class="article-text">
        Matthew Combs se recibi&oacute; como doctor, tambi&eacute;n en la Universidad de Fordham, con un estudio gen&eacute;tico de poblaciones de ratas urbanas. En un art&iacute;culo publicado con Munshi-South y otros tres colegas demostraron que todas las ratas de Manhattan tienen un origen remoto homog&eacute;neo y consistente: llegaron con los brit&aacute;nicos para realizar su propia colonizaci&oacute;n. Sin embargo, en la historia reciente, surgieron dos subgrupos evolutivos en el Uptown y el Downtown, como respuesta a los distintos ecosistemas, distribuci&oacute;n de recursos y disposici&oacute;n espacial. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Las ratas aparecen, desde esta perspectiva, como s&iacute;ntoma. A nivel pol&iacute;tico, pasan a ser otro roedor: conejillos de indias. </strong>O el enemigo visible que tapa lo que no se quiere mostrar, ni decir. El velo de una inequidad rampante, que mantiene a millones de personas por fuera del relato de la naci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El alquiler de un departamento de un cuarto en ciudades como Nueva York supera los 3 mil d&oacute;lares mensuales. Un informe de United Way of New York City afirma que la mitad de los neoyorquinos en edad laboral (cerca de 3 millones de personas) no gana lo suficiente para cubrir sus necesidades b&aacute;sicas. Una enfermedad, un accidente o cualquier imprevisto abre las puertas del desamparo.
    </p><p class="article-text">
        Cantaba David Byrne, en &ldquo;Miss America&rdquo;: <em>&ldquo;Amo a Am&eacute;rica / pero, chico, ella puede ser tan cruel / y yo s&eacute; qu&eacute; tan alta es / sin sus zapatos de plataforma&rdquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        La mayor&iacute;a de los neoyorquinos se la rebuscan, separan los centavos; parecen argentinos haciendo cuentas, chequeando a cada segundo el valor del blue, convirtiendo d&oacute;lares a pesos, mientras piensan qu&eacute; tarjeta usar para que no los devoren los impuestos. El individualismo imperante atribuye a los habitantes particulares los problemas de una ciudad marcadamente dispar, donde unos descartan paquetes de frituras y, otros, iPhones y personas. Nueva York est&aacute; lleno de ratas y de basura. Y tambi&eacute;n de peque&ntilde;os roedores y desechos en las calles, pero ese es otro tema.
    </p><p class="article-text">
        <em>JB / NB</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jazmín Bazán]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mundo/nueva-york-ciudad-ratas_1_10534222.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 21 Sep 2023 17:01:48 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Nueva York, la ciudad de las ratas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ratas,Nueva York,Estados Unidos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los “tours” de ratas, la última moda en una Nueva York infestada de roedores]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mundo/the-guardian/tours-ratas-ultima-moda-nueva-york-infestada-roedores_1_10502584.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/08a0aab5-2ec9-4aec-8d39-676d518f17b1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los “tours” de ratas, la última moda en una Nueva York infestada de roedores"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El año pasado se duplicaron los casos de actividad de ratas en la ciudad, un problema que para algunos se convirtió en una experiencia que merece ser vivida</p><p class="subtitle">Nueva York termina (o casi) con los alquileres temporarios para turistas
</p></div><p class="article-text">
        El Empire State Building. La Estatua de la Libertad. Central Park. Times Square. Una horda de ratas grita y corretea entre un nido subterr&aacute;neo y un restaurante mientras un grupo de turistas la vitorea. A Nueva York nunca le faltaron actividades tur&iacute;sticas interesantes, pero la &uacute;ltima de la lista es una de las m&aacute;s inesperadas. 
    </p><p class="article-text">
        La ciudad lidia con una grave problema de ratas. De hecho, el a&ntilde;o pasado<a href="https://www.nbcnewyork.com/investigations/i-team-rat-sightings-doubled-in-nyc-over-past-12-months-according-to-health-data/4070243/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"> se duplicaron los casos de actividad de roedores</a>, lo que llev&oacute; al alcalde a anunciar en diciembre la b&uacute;squeda de un matarratas &ldquo;algo sediento de sangre&rdquo;. Sin embargo, para algunos, este problema es la &uacute;ltima moda neoyorquina que merece ser vivida. 
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://nypost.com/2023/08/26/nyc-tourists-seeking-authentic-experience-take-rat-tours/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">Seg&uacute;n el</a><a href="https://nypost.com/2023/08/26/nyc-tourists-seeking-authentic-experience-take-rat-tours/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"><em> New York Post,</em></a> dada la demanda de los visitantes, algunos servicios de gu&iacute;as tur&iacute;sticos empezaron a ofrecer en sus visitas guiadas alguna parada en puntos de la ciudad notoriamente infestados de ratas.
    </p><h3 class="article-text">De 'tiktoker' a gu&iacute;a </h3><p class="article-text">
        El turismo de ratas se est&aacute; convirtiendo r&aacute;pidamente en un negocio en auge. Kenny Bollwerk, de 36 a&ntilde;os, que consigui&oacute; acumular seguidores en TikTok publicando videos de Nueva York, se transform&oacute; en gu&iacute;a de roedores cuando pas&oacute; &ldquo;una o dos horas&rdquo; retransmitiendo en directo c&oacute;mo las ratas correteaban por una obra en Sunnyside, en Queens. &ldquo;Pens&eacute;: 'Maldita sea, esto es feo'&rdquo;, dice. &ldquo;La gente pasa y las ratas corretean por sus pies, se amontonan las basuras en la acera&rdquo;, detalla.
    </p><p class="article-text">
        La respuesta de sus seguidores fue masiva. Explica que m&aacute;s de 10.000 personas se conectaron en directo para ver a las ratas. Bollwerk, a quien no le gustan los roedores, indica que hizo el video con el objetivo de que las autoridades de la ciudad hicieran algo al respecto. Hizo una convocatoria para que las personas afectadas llamaran al servicio 311 de la ciudad, que permite denunciar infestaciones de ratas, para quejarse. El llamamiento funcion&oacute;: &ldquo;Hubo unas 100 quejas en una noche en un mismo lugar, y el Ayuntamiento termin&oacute; viniendo y deshaci&eacute;ndose de las ratas de la obra&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Con su video, Bollwerk, que es originario de Missouri y se mud&oacute; a Nueva York en 2019, atrajo a un p&uacute;blico de entusiastas de las ratas. Se vio inundado de solicitudes para que las grabara en lugares de toda la ciudad. Comenz&oacute; a salir a filmar ratas &ndash;desde una distancia segura&ndash; de tres a cinco veces por semana, y pronto estaba recibiendo mensajes de turistas que quer&iacute;an unirse. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Me acompa&ntilde;aron una hija y su padre, y un marido y su mujer. Todo lo que se te ocurra: me acompa&ntilde;aron empresarios a buscarlas. Vinieron personas de Pittsburgh, Pensilvania; de San Luis, Misuri; de Oklahoma City; de Vancouver, Canad&aacute;; de Los &Aacute;ngeles. Es una locura lo mucho que esto une a la gente&rdquo;, dice. 
    </p><p class="article-text">
        Al margen de la vertiente tur&iacute;stica, Bollwerk afirma que su nuevo e inusual pasatiempo consiste en intentar ayudar a los vecinos de las zonas asediadas por los roedores: &ldquo;Creo que es la raz&oacute;n por la que sigo saliendo y haci&eacute;ndolo es porque creo conciencia sobre el problema y ayudo a los vecinos. Adem&aacute;s, estoy conociendo a muchas personas interesantes que, de lo contrario, nunca habr&iacute;a conocido&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">La batalla contra las ratas</h3><p class="article-text">
        En la batalla de la ciudad contra las ratas, se vislumbran algunos rayos de esperanza. Tras una oleada de roedores que dur&oacute; varios meses, la ciudad fich&oacute; en abril de este a&ntilde;o a su 'zarina' de las ratas, como se la conoce aunque su cargo oficial es el de directora del programa de mitigaci&oacute;n de roedores. El alcalde de la ciudad, Eric Adams, anunci&oacute; que Kathleen Corradi, ser&iacute;a la encargada de controlar al &ldquo;enemigo p&uacute;blico n&uacute;mero uno&rdquo;. Desde entonces, seg&uacute;n el portal de noticias locales Gothamist, los casos disminuyeron un 15% en junio en comparaci&oacute;n con el a&ntilde;o anterior a medida que Nueva York intenta terminar con su reputaci&oacute;n de ser una ciudad refugio de ratas.
    </p><p class="article-text">
        La ciudad estableci&oacute; &ldquo;zonas de mitigaci&oacute;n de ratas&rdquo; en los lugares con mayor presencia de roedores, donde los trabajadores identifican los focos de infecci&oacute;n y act&uacute;an de inmediato, armados con raticida y multas para las empresas o propietarios de negocios que puedan estar propiciando su proliferaci&oacute;n. Tambi&eacute;n se impulsaron nuevas normas que obligan a los restaurantes a depositar sus residuos de comida en contenedores de verdad, en lugar de la costumbre neoyorquina de arrojar bolsas de basura a la calle.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Nueva York sol&iacute;a ser conocida por sus calles descuidadas pero, a partir de ahora, vamos a ser conocidos por nuestras calles limpias&rdquo;, dijo Adams en junio. A pesar de los esfuerzos de la zarina y de personas como Bollwerk, sigue habiendo muchas ratas. Hace unos d&iacute;as, cuando Bollwerk habl&oacute; con <em>The Guardian</em>, acababa de ser informado de un nuevo foco problem&aacute;tico de roedores en el centro de Manhattan. 
    </p><p class="article-text">
        Se trataba de una obra junto a un establecimiento de comida r&aacute;pida Wendy's. Pensaba salir esa noche para comprobarlo por s&iacute; mismo. Sin embargo, como la mayor&iacute;a de los neoyorquinos, no quer&iacute;a acercarse demasiado: &ldquo;Me dan miedo. Cada vez que una se acerca, pego un salto. No las quiero cerca&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>Traducci&oacute;n de Emma Reverter</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Adam Gabbatt]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mundo/the-guardian/tours-ratas-ultima-moda-nueva-york-infestada-roedores_1_10502584.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 11 Sep 2023 09:11:12 +0000]]></pubDate>
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