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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Érica Rivas]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/erica-rivas/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Érica Rivas]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Victorias y peligros de la política espectacularizada]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/victorias-peligros-politica-espectacularizada_129_10559493.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8ee8e24e-9fa6-4fb4-8fea-a51d73c522f5_16-9-discover-aspect-ratio_default_1081943.jpg" width="1280" height="720" alt="Victorias y peligros de la política espectacularizada"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En la banda sonora de la “rebeldía” de ultraderecha, la de Victoria Villaruel es la voz altisonante de una walkiria obediente de la contrainsurgencia.</p></div><p class="article-text">
        Nunca nos ba&ntilde;amos en un mismo r&iacute;o ni escuchamos lo mismo de igual manera. La deriva de los sentidos puede ser incontrolable, y mucho m&aacute;s al empuje de las tecnolog&iacute;as de la dispersi&oacute;n. Lo que alguna vez identific&oacute; a un sector pol&iacute;tico se desliza hacia zonas impredecibles. &ldquo;El pueblo unido, jam&aacute;s ser&aacute; vencido&rdquo;. La consigna extra&iacute;da de una canci&oacute;n de <strong>Quilapay&uacute;n</strong> en tiempos de la Unidad Popular chilena retumb&oacute; en Caracas a fines de enero de 2019 cuando el diputado <strong>Juan Guaid&oacute;</strong> se autoproclam&oacute; &ldquo;presidente encargado&rdquo; de Venezuela bendecido por  <strong>Donald Trump</strong> (y el madurismo, cultor de la salsa y el estraperlo a nivel estatal advirti&oacute; que otros tambi&eacute;n pod&iacute;an traficar con s&iacute;mbolos). &ldquo;Se viene el estallido&rdquo;, se canta en los mitines de <strong>Javier Milei</strong>. El tema de la <strong>Bersuit</strong>, de 1997, diseminaba un anhelo que en su momento no fue tomado como prof&eacute;tico: reci&eacute;n se comprendi&oacute; (se <em>escuch&oacute;</em> en contrapunto con el derrumbe)<em> </em>en 2001. &ldquo;Se viene el estallido&rdquo; ha sido apropiada por los seguidores del Profesor Jirafales de la escuela de econom&iacute;a austr&iacute;aca para anunciar la vuelta de aquello mismo que se avizoraba en medio de la fiesta de los noventa en proceso de detonaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Fue <strong>Pablo Stefanoni</strong> el que primero puso el ojo y el o&iacute;do en las trasmutaciones de la ultraderecha: narrativas, oralidades, ademanes, consumos. La banda sonora de esa &ldquo;rebeld&iacute;a&rdquo; se electrifico tambi&eacute;n. Milei disloc&oacute; el espacio de irradiaci&oacute;n de &ldquo;Panic show&rdquo;, de <strong>La Renga</strong>, para anunciar la llegada salv&iacute;fica de un nuevo rey de la selva. La Libertad Avanza (LLA) encontr&oacute; su propio emblema sonoro en &ldquo;La marcha del Le&oacute;n&rdquo;, que el mismo partido promociona. &ldquo;Una luz de libertad empez&oacute; a despertar leones&rdquo;, se canta, al estilo <strong>Riff</strong>, con una voz que parece invocar el fantasma de <strong>Pappo</strong>. La canci&oacute;n fue grabada por un tal <strong>Juan Pablo Gariglio</strong>. &ldquo;Es la marcha del le&oacute;n despert&aacute;ndose en cada esquina!&rdquo;. No puedo dejar de leer ese verso como una reescritura asertiva de &ldquo;me voy corriendo a ver qu&eacute; escribe en mi pared la tribu de mi calle&rdquo;, de <strong>Los Redondos</strong>. Los mudos con sus voces de vencedores vencidos idolatrando en &ldquo;cada esquina&rdquo; al nuevo/viejo mes&iacute;as del mercado redentor. &ldquo;Qu&eacute; impresionante La Marcha del Le&oacute;n. Para ponerla al mango, con m&uacute;sica y video. &iexcl;Celebremos, bailemos y cantemos por la libertad!&rdquo;, se&ntilde;al&oacute; en su momento <strong>Carlos Maslat&oacute;n</strong>, el amigo liberal de nuestros progres asustados.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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        Esa marchita anarcocapitalista se nutre de numerosos pr&eacute;stamos, entre ellas, claro, las convenciones del heavy metal, con las guitarras distorsionadas en un primer plano que intentan comunican una energ&iacute;a ind&oacute;mita. Y as&iacute; como ese canto leonino nos puede llevar a <strong>Norberto Napolitano</strong>, otras voces nos llaman a recordar rostros que asociamos con cierta t&iacute;mbrica y registro. Pienso en <strong>Victoria Villarruel</strong>. Olvid&eacute;monos un momento de aquello que dice. Las vibraciones que deja escapar de su boca, esos giros en pleno trance sof&iacute;stico, la pizca de altisonancia que se hizo patente en la discusi&oacute;n con al aspirante a la vicepresidencia <strong>Agust&iacute;n Rossi</strong>, a la que volver&eacute;, me han hecho recordar a Mar&iacute;a Elena Fuseneco, el personaje de <em>Casados con hijos </em>que encarn&oacute; <strong>&Eacute;rica Rivas</strong>. Una voz esperp&eacute;ntica que viene del espect&aacute;culo se ha solapado en mi memoria con un referente de la pol&iacute;tica <em>espectacularizada</em>. No estoy hablando de imitaciones a lo <strong>F&aacute;tima Florez</strong>, la supuesta novia de Milei, ni copias que deban verificarse en un espectrograma (el c&aacute;lculo de frecuencias de una se&ntilde;al que se representa a trav&eacute;s de un gr&aacute;fico). Solo de aproximaciones. Analog&iacute;as t&iacute;mbricas y algo m&aacute;s. Un juego ventricular capaz de informarnos sobre lo que dejamos pasar por alto.
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        La victoria de Villarruel es haber sido capaz, con ayuditas varias, de ser algo m&aacute;s que el nombre ocasional de una carrera de relevos que comenz&oacute; en plena dictadura con Familiares y Amigos de Muertos por la Subversi&oacute;n (FAMUS) y que prosigui&oacute;, en democracia, a trav&eacute;s de otras siglas. La novedad que la vuelve reconocible, aun sin verla, es fruto de un sostenido proceso de inserci&oacute;n medi&aacute;tica que no puede desligarse del momento calamitoso y normalizante. 
    </p><p class="article-text">
        El aparato resonador de Villarruel es tambi&eacute;n pol&iacute;tico. Los picos <span class="highlight" style="--color:white;">que aparecen en el espectro sonoro de las vocales suenan como anticipaciones inquietantes. La tesitura de una aspiraci&oacute;n de tierra arrasada. </span>Milei y su candidata a vicepresidenta funcionan como un mismo rostro bifronte. Jano que divide las tareas que garanticen la existencia de lo mismo, pero peor. De un lado, la m&aacute;xima iracundia, capaz de ser o&iacute;da como el grito de un verdadero indignado. Villarruel, por su parte, se encarga de otros aspectos program&aacute;ticos: g&eacute;nero, aborto, seguridad, revisi&oacute;n del pasado. 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        Insisto: la unidad de LLA se sella con el pegamento del espect&aacute;culo, entendido desde la perspectiva debordiana, es decir, como relaci&oacute;n social mediada por im&aacute;genes, afirmaciones de una apariencia, la reconstrucci&oacute;n material de una ilusi&oacute;n religiosa al servicio de millones de desencantados. Si cada momento de la vida est&aacute; mediado por mercanc&iacute;as, el espect&aacute;culo es el capital que ahora despliega sus fuerzas a trav&eacute;s de sus iconograf&iacute;as y en un grado de acumulaci&oacute;n que ya no lo dicta el <em>ethos </em>del trabajo como en tiempos de <strong>Guy Debord</strong>: se ladea hacia una econom&iacute;a de las aplicaciones y la valorizaci&oacute;n financiera. Es el discurso ininterrumpido del orden que puede pasar por el meme sonoro y los clips de Tik Tok que sue&ntilde;an con su ruptura mientras abonan ingeniosamente el camino de la servidumbre voluntaria, para llamarlo con un concepto de <strong>Le&oacute;n Rozitchner</strong>.
    </p><p class="article-text">
        El tr&aacute;nsito de aquella Mar&iacute;a Elena de arrebatos feministas a esta Villarruel que defiende el programa de 1976 coincide con el surgimiento y declive del kirchnerismo. El primer episodio de <em>Casados con hijos </em>es de 2005, cuando la joven abogada terminaba su <em>proceso</em> de formaci&oacute;n. Dieciocho a&ntilde;os despu&eacute;s, esa coloratura vocal nos arrecia con una advertencia: el instante de peligro que relampaguea en su garganta y teje una telara&ntilde;a de la que contendientes como Rossi no saben salir cuando discuten con ella. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>A qu&eacute; me refiero: existe una fundada e incluso contrita cr&iacute;tica a las armas proveniente de lo que se conoci&oacute; como izquierda revolucionaria que la candidata a vicepresidente pasa por alto como si todav&iacute;a la idea instrumental de la violencia estuviera congelada en la portada de </strong><em><strong>Causa Peronista</strong></em><strong> que, en setiembre de 1974, segu&iacute;a celebrando el asesinato del general Aramburu.</strong> Los se&ntilde;alamientos de <strong>Rodolfo Walsh</strong> a la conducci&oacute;n montonera sobre el militarismo, el debate suscitado alrededor de &ldquo;No matar&aacute;s&rdquo; -el texto de <strong>Oscar del Barco</strong> de 2006 sobre la experiencia de la alucinada guerrilla en Salta de <strong>Jorge Ricardo Masetti</strong>, en 1964 (&ldquo;no existe ning&uacute;n <em>ideal</em> que justifique la muerte de un hombre, ya sea del general Aramburu, de un militante o de un polic&iacute;a&rdquo;)- y la propia obra de Rozitchner -desde &ldquo;La izquierda sin sujeto&rdquo; y <em>Per&oacute;n, entre la sangre y el tiempo</em>,<em> </em>a su respuesta a Del Barco- fueron, junto con otros, incluso exguerrilleros, construyendo una tradici&oacute;n reflexiva que no deber&iacute;an soslayarse en ninguna discusi&oacute;n sobre el pasado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La guerra, que no era m&aacute;s que el recurso a la violencia extrema como medio de la pol&iacute;tica, se transform&oacute; de medio en fin&rdquo;, le recuerda Rozitchner a Del Barco. Se trat&oacute; de una &ldquo;concepci&oacute;n estrictamente de derecha, ofensiva, pero ejecutada sin misericordia ahora en el seno de la izquierda&rdquo;. El intelectual de derecha, sigue Le&oacute;n, sabe de antemano que hay coincidencia entre lo que sienten respecto del otro y lo que piensan.&nbsp;&ldquo;Eso -que cada minuto muera un ni&ntilde;o de hambre, por ejemplo- a los hombres de derecha no los incomoda&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Son, escribe en &ldquo;Primero hay que saber vivir. Del vivir&aacute;s materno al no matar&aacute;s patriarcal&rdquo;, coherentes. &ldquo;Que en la izquierda haya asesinos les complace: justifican a los propios. Pero las culpas y las responsabilidades de los militantes que se jugaron la vida para cambiar las cosas, y que muchos perdieron, son diferentes cualitativamente, desde el punto de vista de su inscripci&oacute;n individual y colectiva, de los hechos monstruosos de algunos miembros, jefes sobre todo, del ERP o de los Montoneros&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Me dice a prop&oacute;sito <strong>Diego Stulwark</strong>, lector contumaz de Rozitchner: &ldquo;Nuestros resonantes disidentes han sido deso&iacute;dos. El costo de ignorancia es la delegaci&oacute;n del poder de impugnaci&oacute;n a las ultra-derechas&rdquo;. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Villarruel es una walkiria obediente de la contrainsurgencia. Quiere elevar a sus figuras a la condición de guerreros sagrados. Erigir un nuevo panteón, si fuera posible, de llegar al Gobierno.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Es probable que Villarruel conozca este archivo, pero no le interesa: sus prop&oacute;sitos superan el deseo de patrocinar a v&iacute;ctimas inocentes de lo sucedido en los setenta (m&aacute;s que la <em>verdad</em> le importa producir un punto de desv&iacute;o interpretativo sobre lo juzgado). Y al Estado tampoco le ha interesado, lamentablemente, ni esa tradici&oacute;n cr&iacute;tica ni las acciones reparatorias de familias que quedaron a la intemperie (habr&iacute;an neutralizado a los querellantes que los representan con una carta guardada en sus bolsillos). El acuerdo de paz en Colombia oblig&oacute; a las FARC a pedir perd&oacute;n a familiares de sus v&iacute;ctimas. Ah&iacute; el conflicto interno provoc&oacute; 450.664 muertos, de acuerdo con la Comisi&oacute;n de la Verdad. Dijo entonces <strong>Rodrigo Londo&ntilde;o</strong>, alias Timochenko, el jefe de esa insurgencia: &ldquo;Despu&eacute;s de haber silenciado para siempre nuestros fusiles, en el sosiego de la vida civil que nos ha permitido la reflexi&oacute;n profunda sobre la guerra en la que participamos y fuimos protagonistas, queremos decirles que el secuestro fue un grav&iacute;simo error del que no podemos sino arrepentirnos&hellip; Hoy entendemos el dolor que le causamos a tantas familias, que vivieron un infierno esperando noticias de sus seres queridos&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Ese reconocimiento contrasta con el silencio sobre algunas acciones de hom&oacute;logos argentinos que todav&iacute;a viven y, a diferencia de lo ocurrido en Colombia, no participaron de una &ldquo;guerra&rdquo;, como la define, al igual que sus mentores, viejos cruzados que purgan condenas, la abogada Villarruel.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        El dios Jano de Roma, recordemos, avizoraba el futuro y lo que hab&iacute;a sucedido. Su templo se encontraba cerrado en tiempos de paz. Se abr&iacute;a cuando <em>estallaba </em>el ruido de las espadas y las lanzas. Y la guerra me devuelve, por &uacute;ltimo, a otra de sus escenificaciones consagradas que paso por el filtro de nuestras emergencias, solo a los efectos de proyectarla sobre nuestro horizonte. Pienso en las valquirias, rescatadas por Wagner de la mitolog&iacute;a n&oacute;rdica. Esas mujeres deb&iacute;an elegir a los m&aacute;s hombres heroicos de aquellos ca&iacute;dos en combate. Llevarlos al Valhalla donde se convert&iacute;an en esp&iacute;ritus. En el drama musical <em>Die Walk&uuml;re</em>, ellas le dan la espalda a Wotan y pagan el precio de la rebeld&iacute;a. Villarruel, en cambio, es una walkiria obediente de la contrainsurgencia. Quiere elevar a sus figuras a la condici&oacute;n de guerreros sagrados. Erigir un nuevo pante&oacute;n, si fuera posible, de llegar al Gobierno. Como si se tratara de <span class="highlight" style="--color:white;">Waltraute, una de las guerreras del tercer acto de esa &oacute;pera, nos canta: &ldquo;la oscuridad desciende desde el norte. &iexcl;Ya llega la tormenta!&rdquo;</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;"><em>AG</em></span>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Abel Gilbert]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/victorias-peligros-politica-espectacularizada_129_10559493.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 01 Oct 2023 03:01:46 +0000]]></pubDate>
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