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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Moral sexual]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/moral-sexual/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Moral sexual]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[¿Por qué somos (in)fieles?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/in-fieles_129_10849321.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ee2cd256-b19c-4230-ad31-ca81ff560d1e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Por qué somos (in)fieles?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En tiempos de una infidelidad “desmaterializada”, que incluye likes en redes o chateos con otras personas, ¿qué sostiene la fidelidad en el pacto implícito de una pareja? </p></div><p class="article-text">
        Una de las cuestiones m&aacute;s dif&iacute;ciles en el campo de la psicoterapia de pareja es quitarle a la infidelidad su velo moral.
    </p><p class="article-text">
        Por supuesto que esto es pr&aacute;cticamente imposible para quienes est&aacute;n en el interior del v&iacute;nculo y viven el acto infiel como una traici&oacute;n, quiz&aacute; como algo hecho deliberadamente y con la intenci&oacute;n de da&ntilde;ar, como una forma de maldad.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, en el espacio terap&eacute;utico no es raro descubrir que la infidelidad, las m&aacute;s de las veces, fue una manera de expresar un conflicto que no se puedo elaborar de otro modo, o bien menos un asunto de deseo (por otra persona) que una variante del aburrimiento o una frustraci&oacute;n, si no la v&iacute;a desesperada de sostener la pareja &ndash;antes que de buscar alg&uacute;n tipo de separaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En definitiva, en el &aacute;mbito psicoterap&eacute;utico la infidelidad se vuelve un s&iacute;ntoma; o sea, un mensaje que debe ser descifrado. Sobre esta cuesti&oacute;n ya escrib&iacute; en otras ocasiones y, para el caso, tambi&eacute;n escrib&iacute; un art&iacute;culo &ndash;para este mismo medio&ndash; en el que desarroll&eacute; un esbozo de diferencia entre la infidelidad masculina y la femenina.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; un poco temerariamente, en aquella ocasi&oacute;n propuse que los varones recurren a la infidelidad como un modo de recuperar una versi&oacute;n deseante de s&iacute; mismos, con la cual a veces buscan complementar su pareja &ndash;no por nada en una novela de Silvina Bullrich, una de las escritoras que mejor escribi&oacute; acerca de la instituci&oacute;n matrimonial, la protagonista dice que nunca su marido es tan bueno como despu&eacute;s de visitar a su &ldquo;querida&rdquo;&ndash;; mientras que para las mujeres la infidelidad puede ser una manera de conservar el amor con su marido, con m&aacute;s o menos culpa.
    </p><p class="article-text">
        Claro est&aacute; que este esquematismo apresurado es rebatible y hoy no tiene vigencia, no solo por la modificaci&oacute;n de los estereotipos de g&eacute;nero, sino porque el matrimonio ya no es el tipo de v&iacute;nculo privilegiado para consolidar el amor. El matrimonio era una instituci&oacute;n que inclu&iacute;a sus transgresiones, de ah&iacute; que (hoy) se la considere hip&oacute;crita (vaya uno a saber a partir de qu&eacute; nuevos valores normativos); por ejemplo, el v&iacute;nculo con un amante implicaba cari&ntilde;o y cuidado, antes que el descarte con que hoy se relacionan con otras personas quienes est&aacute;n en una pareja formal.
    </p><p class="article-text">
        Ya no es la nuestra una &eacute;poca de amantes, sino de un uso instrumental del otro, que el d&iacute;a que se pone medio pesado se manda a pasear, sin noci&oacute;n de deuda. En otro tiempo, haber sido la amante de un hombre daba derecho a ciertos reclamos, si no a participar de beneficios y, eventualmente, a aspectos de su herencia y una segunda fila en el entierro.
    </p><p class="article-text">
        No obstante, no es de los cambios en las estructuras y condici&oacute;n del amantazgo que quer&iacute;a escribir hoy, as&iacute; que volvamos a la infidelidad. Si la vemos como fen&oacute;meno moral, no hay chance de llegar muy lejos, ya est&aacute; todo resuelto: hay algo malo que alguien le hizo a otra persona y listo.
    </p><p class="article-text">
        Esto es muy poco. Entiendo que para quienes est&eacute;n dentro de la situaci&oacute;n, sea dif&iacute;cil ver otra cosa, pero &iquest;qu&eacute; tal si tratamos de pensarla sin identificarnos con alguno de los dos roles y vemos si sale algo mejor?
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">No por nada la infidelidad hace tanto ruido en los libros que hoy se publican sobre psicoterapia de pareja, porque cuando se quiere reducir la fidelidad a algún tipo de pacto, fracasa. Termina en la ruptura de la relación</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Hace un momento, cuando me refer&iacute;a a la infidelidad como s&iacute;ntoma, propuse que no se la puede pensar sin tener cuenta c&oacute;mo se lleg&oacute; a dar. Ahora dir&iacute;a m&aacute;s: &iquest;de qu&eacute; se sostiene la fidelidad? Quiero decir: la fidelidad, &iquest;es simplemente responder a una limitaci&oacute;n? Dicho de otra manera, &iquest;somos fieles porque no somos infieles? 
    </p><p class="article-text">
        Esta &uacute;ltima pregunta es especialmente interesante, cuando hoy la infidelidad se ampli&oacute; a un grado tal que incluye likes en redes, chateos con otras personas, etc.; es decir, esta es LA pregunta, en un tiempo de infidelidad &ldquo;desmaterializada&rdquo;, cuando se la puede encontrar m&aacute;s all&aacute; (o m&aacute;s ac&aacute;) de la consumaci&oacute;n de una relaci&oacute;n sexual fuera de la pareja. Para resolver esta inquietud, voy a presentar una noci&oacute;n, la de &ldquo;pacto impl&iacute;cito&rdquo; en una pareja.
    </p><p class="article-text">
        Los pactos impl&iacute;citos son un tipo de modo vincular, basado en imponerle al otro una condici&oacute;n que se deduce de una conducta&nbsp;personal &ndash;para que el otro act&uacute;e tal como&nbsp;yo lo hice.&nbsp;Apliqu&eacute;moslo a nuestro tema: un d&iacute;a descubro que mi pareja me fue infiel y me enojo, creo que por el hecho, pero m&aacute;s bien porque, de manera t&aacute;cita, yo entend&iacute; mi fidelidad como una privaci&oacute;n. Es decir, se basaba en limitarme para que el otro se limite. Lo que duele, entonces, no es tanto lo ocurrido en s&iacute; &ndash;a cu&aacute;ntas personas les duele la traici&oacute;n de personas a las que, en verdad, hace rato que no aman&ndash; sino la ruptura de un pacto cuyo motor estaba en condicionarse rec&iacute;procamente. 
    </p><p class="article-text">
        A veces los pactos impl&iacute;citos se conversan expl&iacute;citamente, se los ratifica expresamente, sin tener en cuenta que la salud de una pareja depende de que sean los menos posibles. Cuantos m&aacute;s pactos impl&iacute;citos tiene un v&iacute;nculo, m&aacute;s se debilita. Este es una manera de decir que la pareja no es contrato, acuerdo, negociaci&oacute;n. La fidelidad es una v&iacute;a privilegiada para investigar esta cuesti&oacute;n. No por nada la infidelidad hace tanto ruido en los libros que hoy se publican sobre psicoterapia de pareja, porque cuando se quiere reducir la fidelidad a alg&uacute;n tipo de pacto, fracasa. Termina en la ruptura de la relaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La fidelidad es un don. No tiene que ver con ning&uacute;n tipo de limitaci&oacute;n, sino con el af&aacute;n de realizarse a trav&eacute;s del otro, por eso tambi&eacute;n podr&iacute;amos decir que es una forma de entrega en el v&iacute;nculo. Hay una paradoja en la fidelidad: quien se decide a serlo, ya no necesita serlo. La fidelidad se anula a s&iacute; misma, porque es un acto de trascendencia. Poner la l&iacute;nea de corte en lo que hace el otro, evaluado en t&eacute;rminos de que sea m&aacute;s o menos &ldquo;correcto&rdquo;, corre el foco de lo verdaderamente importante y restablece la perspectiva fallida de qu&eacute; hago (o hice yo) en funci&oacute;n de lo que el otro hace, como si hubiera simetr&iacute;a en el v&iacute;nculo amoroso.
    </p><p class="article-text">
        Esta &uacute;ltima es otra trampa de la moral sexual contempor&aacute;nea aplicada a la pareja, hacer creer que la reciprocidad es una cuesti&oacute;n de simetr&iacute;a, reducir la matriz del v&iacute;nculo a un asunto de mercado, como si en el amor se tratara de lo que pone cada una de las partes con el fin de aumentar los rendimientos de una empresa com&uacute;n. Sin duda en una pareja se trata de aquello que es &ldquo;com&uacute;n&rdquo;, pero que jam&aacute;s se constituye por partes iguales. 
    </p><p class="article-text">
        Hasta que no pensemos lo com&uacute;n de un modo totalmente diferente, vamos a seguir atrapados en las apor&iacute;as actuales de la psicoterapia de pareja &ndash;como la que se pone de manifiesto en la infidelidad entendida como fen&oacute;meno moral, por haberla pensado desde la noci&oacute;n de pacto impl&iacute;cito.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>LL</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/in-fieles_129_10849321.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 19 Jan 2024 09:26:39 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Por qué somos (in)fieles?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Infidelidad,Parejas,Moral sexual]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La puerta que se abre al extraño y al amigo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/puerta-abre-extrano-amigo_129_10559559.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/72bdaf8f-1a71-4465-97b4-9879ef80ebfa_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La puerta que se abre al extraño y al amigo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">
La socialidad de los bares y su indeterminación. La espontaneidad de la de las casas y su intimidad. Dos magias distintas.</p></div><p class="article-text">
        Empec&eacute; la semana viendo un <a href="https://www.instagram.com/p/CxptJ1OsfrV/?igshid=NzZhOTFlYzFmZQ==" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">meme</a> que mostraba la mejor pieza de cr&iacute;tica literaria existente: la cr&iacute;tica en cuesti&oacute;n era una rese&ntilde;a de goodreads que le pon&iacute;a una sola estrella a <em>Orgullo y prejuicio </em>de <strong>Jane Austen</strong> y escrib&iacute;a, como comentario, &ldquo;solo un mont&oacute;n de gente yendo a la casa del resto&rdquo;. Como todos los buenos chistes: es gracioso porque es cierto.
    </p><p class="article-text">
        Las novelas de Jane Austen son novelas de matrimonio, y antes de que existieran las citas (antes de que se considerara aceptable para una chica de familia pasar tiempo sola con un muchacho soltero) lo que hab&iacute;a para conocerse y enamorarse eran las visitas. Me parece impensable hoy a m&iacute;, que no le presento a alguien a mi familia hasta que es estrictamente obligatorio porque me estoy por ir a vivir con &eacute;l, ese nivel de proximidad entre la familia y el sexo. En alg&uacute;n sentido podr&iacute;a decirse que justamente, mantener al ritual del amor tan inserto en el hogar era una manera de ahuyentar al sexo; pero as&iacute; y todo la cercan&iacute;a es innegable. Estoy releyendo <em>Orgullo y prejuicio</em> para un taller y me angustio con el momento en que la madre de las Bennett hace que su hija Jane vaya a visitar a las chicas Bingley a caballo y no en carruaje porque va a llover, y si se larga va a tener quedarse a dormir y as&iacute; a flirtear con el hermano. Nada me parece m&aacute;s pesadillesco que tener a t&uacute; madre as&iacute; de metida en tu vida sexual, pero as&iacute; fueron las cosas por much&iacute;simo tiempo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Me pongo a pensar en esto cuando me doy cuenta de que hoy tengo amigos cuya casa no conozco, y que no conocen mi casa, gente que puedo considerar bastante amiga realmente, a la que veo seguido e incluso puedo pedirle un favor cada tanto. M&aacute;s all&aacute; del cambio en la moral sexual que hizo posible el paso de las visitas a las citas, es m&aacute;s amplio el fen&oacute;meno que hace que la vida social en general, y no solo la sexual y afectiva, empiece a transcurrir en el espacio p&uacute;blico. Siento que ese proceso se sigue profundizando, y que se relaciona tanto con cambios en la relaci&oacute;n con la intimidad como con transformaciones del h&aacute;bitat (casas cada vez m&aacute;s chicas) y el consumo. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Cuando era adolescente me iba de un boliche a otro y luego a otro y no solo por las ganas de bailar y vivir, sino para no volver a casa, al lugar donde me sentía vigilada, donde había que ir avisando los movimientos.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Dos recuerdos: el primero, ir a comer afuera con mi familia cuando era chica, una especie de aventura, tan excepcional como un casamiento. El segundo, la vez que me puse a llorar en un colectivo, volviendo con mi mam&aacute; del curso de ingreso al ILSE, porque se atrevi&oacute; a sugerirme que invitara a mis nuevas compa&ntilde;eras a nuestro departamento que quedaba en Once y no ten&iacute;a jard&iacute;n ni pileta. 
    </p><p class="article-text">
        Dos intuiciones: la primera, las filas llenas y las reservas estalladas de los restaurantes hablan m&aacute;s de una generaci&oacute;n que hizo cotidiano a lo especial, una generaci&oacute;n a la que ya casi no le queda nada que no sea f&aacute;cil (coger es f&aacute;cil, drogarse es f&aacute;cil, salir es f&aacute;cil: no es ni bueno ni malo, es as&iacute;) que de una econom&iacute;a pujante que todos sabemos que no tenemos. La segunda: para ir a comer a un restaurante hace falta plata, es cierto, pero hace falta mucha m&aacute;s plata para tener una casa linda que te den ganas de mostrar, sobre todo en las ciudades atestadas y en los sectores medios atrapados entre la hipocres&iacute;a y la competencia infructuosa. En mi humilde experiencia anecd&oacute;tica que no representa una data objetiva, la gente fina se junta much&iacute;simo m&aacute;s en casas, igual que la gente de las clases populares.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Hoy que mi casa es parte del mundo de la espontaneidad me encanta estar ahí.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Y m&aacute;s all&aacute; de las causas, me pregunto qu&eacute; clase de socialidad se hace consecuencia de este mundo de vivir en cajitas de f&oacute;sforos (en las que nadie quiere poner demasiado dinero porque encima, en general, no son propias) y juntarnos con nuestros amigos y parejas en bares y restaurantes. Por supuesto que me encanta comer afuera, y por supuesto que me encanta la salida de la esfera familiar que eso implica y la posibilidad de conocer gente nueva que una todav&iacute;a no admitir&iacute;a en su casa (otro factor, supongo, de las citas y encuentros sociales en lugares p&uacute;blicos: la paranoia de la &eacute;poca). Pienso, tambi&eacute;n, en que me encanta estar en mi casa porque vivo sola, o en otras palabras: porque elijo con qui&eacute;n vivo. 
    </p><p class="article-text">
        Cuando era adolescente me iba de un boliche a otro y luego a otro y no solo por las ganas de bailar y vivir, sino para no volver a casa, al lugar donde me sent&iacute;a vigilada, donde hab&iacute;a que ir avisando los movimientos. Hoy que mi casa es parte del mundo de la espontaneidad me encanta estar ah&iacute;. Son dos magias distintas, supongo, la magia de los bares y su indeterminaci&oacute;n y la de las casas y su intimidad, dos clases de erotismo. Y eso, me encanta el bar, pero algo pasa en los afectos y en el calor cuando una puede compartir con gente en su casa, no solo con mis amigos, tambi&eacute;n con los extra&ntilde;os. Algo pasa cuando una tiene el privilegio habitacional de poder armar un encuentro que no se organiza en torno del consumo de nada.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>TT&nbsp;</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/puerta-abre-extrano-amigo_129_10559559.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 01 Oct 2023 03:01:46 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La puerta que se abre al extraño y al amigo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Jane Austen,Orgullo y prejuicio,Moral sexual,Espacio Público]]></media:keywords>
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