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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Egberto Gismonti]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Egberto Gismonti]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Junto a un río con orillas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/rio-orillas_129_10579479.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fa1e2675-c416-4f2b-a26c-482d16095efe_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Junto a un río con orillas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un quinteto argentino en estado de gracia. Y una música que no es jazz, en sentido estricto, pero que sólo podría ser pensada y tocada por músicos de jazz. Carlos Casazza, Ernesto Jodos, Inti Sabev, Mauricio Dawid y Carto Brandan, en Benarés, logran un disco bello e importante a la vez.  Novedades y rescates en la red, entre las redes.</p></div><p class="article-text">
        No siempre lo inusual es bueno. Lo contrario, en cambio, se verifica en la mayor&iacute;a de las ocasiones. Por lo menos en el campo de lo que puede identificarse como arte &ndash;un campo poblado de incertezas, desde ya&ndash; el valor siempre tiene algo que ver con eso que los formalistas llamaban extra&ntilde;amiento: hacer que algo sea visto &ndash;escuchado&ndash; como por primera vez. La m&uacute;sica sucede en el tiempo. Y sucede sobre la base de previsiones. De expectativas. La m&uacute;sica las crea, navega por las convenciones, genera deseos y despu&eacute;s, como con todo deseo, el secreto es mantenerlos. No puede satisfacerlos del todo (desaparecer&iacute;an) pero tampoco puede desentenderse de ellos (se abandonar&iacute;an). Podr&iacute;a pensarse que la m&uacute;sica, como la vida, funciona con satisfacciones transitorias que, claro, generan nuevas tensiones y necesidades. Todo esto para hablar de un disco que es inusual y que es bueno. Condenadamente bueno, dir&iacute;a una traducci&oacute;n espa&ntilde;ola de un escritor estadounidense. De hecho, uno de los mejores escuchados en mucho tiempo. 
    </p><p class="article-text">
        <em>Benar&eacute;s</em> podr&iacute;a ser entendido, en una primera instancia, como un disco de jazz. Pero ser&iacute;a injusto. Porque se trata de un disco de m&uacute;sica, pensado e interpretado y jugado (en ingl&eacute;s, ventaja considerable, se trata de una sola palabra), y recorrido placenteramente por cinco de los mejores m&uacute;sicos de jazz argentinos del momento. Es m&aacute;s, su vocabulario es el del jazz: los acordes, los modelos de desarrollo basados en la improvisaci&oacute;n, el concepto de independencia de las voces, el papel preponderante de instrumentos y funciones que en otras m&uacute;sicas est&aacute;n claramente subordinados &ndash;el contrabajo, la bater&iacute;a&ndash;. Pero aquello que se dice trasciende en mucho los l&iacute;mites del g&eacute;nero (y del ghetto). Y parte del lo inusual &ndash;del prodigio, del extra&ntilde;amiento&ndash; tiene que ver con el sentido mel&oacute;dico de quienes le dan vida, el guitarrista <strong>Carlos Casazza</strong> &shy;&ndash;compositor de todo el material&ndash;, el pianista<strong> Ernesto Jodos</strong>, <strong>Inti Sabev</strong> en clarinete, <strong>Mauricio Dawid</strong> en contrabajo y <strong>Carto Brand&aacute;n</strong> en bater&iacute;a. 
    </p><p class="article-text">
        Todos ellos piensan y estructuran l&iacute;neas amplias, que van mucho m&aacute;s all&aacute; de las notas que caben en cada acorde, llenas tanto de l&oacute;gica como de sorpresas. Pies r&iacute;tmicos asim&eacute;tricos, un equilibrio notable entre la composici&oacute;n y lo improvisado &ndash;y una m&aacute;xima fluidez en las transiciones entre una y lo otro&shy;&ndash; logran un conjunto, adem&aacute;s, con un sonido absolutamente propio &ndash;y argentino&ndash; en que no hay, sin embargo, ni una postal. Asi como, sin ser jazz, <em>Benar&eacute;s</em> no podr&iacute;a ser pensado por m&uacute;sicos que no fueran de jazz, la m&uacute;sica, sin gui&ntilde;os toscos ni obviedades &ndash;sin camellos, habr&iacute;a afirmado Borges&ndash; s&oacute;lo podr&iacute;a deberse a m&uacute;sicos argentinos. 
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    </figure><p class="article-text">
        Casazza, disc&iacute;pulo de <strong>Ralph Towner</strong> &ndash;el notable fundador del grupo <strong>Oregon</strong> y de toda una manera de concebir la guitarra de concierto en el &aacute;mbito de las m&uacute;sicas populares, y que influy&oacute; entre otros a <strong>Egberto Gismonti&shy;</strong>&ndash; fue parte de un grupo magn&iacute;fico, el <strong>Tr&iacute;o de Guitarras de Rosario</strong>, y en esa ciudad, adem&aacute;s de impulsar innumerables proyectos propios toc&oacute; junto a creadores como <strong>Jorge Fandermole</strong>, <strong>Adri&aacute;n Abonizzio</strong>, <strong>Ethel Koffman</strong> o <strong>Liliana Herrero</strong>. Durante a&ntilde;os fue una especie de ap&oacute;stol de la guitarra cl&aacute;sica. Incluso en sus dos discos anteriores, los excelentes <em>La sombra del sauce transparente</em>, donde salvo por la ausencia del clarinete, se trataba del mismo grupo actual, y <em>Carlos Casazza Quinteto</em> (sin piano pero con clarinete y flugelhorn), la guitarra era esa que los argentinos nos acostumbramos a llamar &ldquo;criolla&rdquo;. 
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    </figure><p class="article-text">
        Carlos Casazza, que suele citar al director de cine <strong>John Cassavetes</strong> y su frase acerca de que hac&iacute;a cine &ldquo;para gente a la que le gustan los detalles&rdquo;, ha optado, ahora, por la guitarra el&eacute;ctrica. Y la elecci&oacute;n podr&iacute;a atribuirse a una b&uacute;squeda de un sonido m&aacute;s potente, de mayor impulso. No obstante, nada de eso sucede &ndash;o no de manera aparente&ndash;. Por el contrario, <em>Benar&eacute;s</em> tiene un esp&iacute;ritu absolutamente camar&iacute;stico. Eventualmente, hay otras dos categor&iacute;as que pueden marchar juntas pero acostumbran tener recorridos diferentes: lo importante y lo bello. Este disco las une de manera virtuosa. Y, para quienes viven en Rosario &ndash;o planean viajar all&iacute;&ndash;, adem&aacute;s de pensar en comer boga asada en la Bajada Espa&ntilde;a es bueno que vayan agendando que la presentaci&oacute;n de <em>Benar&eacute;s</em>, que fue publicado por el sello BlueArt &ndash;otro de los milagros rosarinos&ndash; ser&aacute; en esa ciudad. La cita es el pr&oacute;ximo s&aacute;bado 28 en la Biblioteca Argentina.
    </p><p class="article-text">
        DF
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Diego Fischerman]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/rio-orillas_129_10579479.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 07 Oct 2023 15:27:51 +0000]]></pubDate>
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