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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Academia]]></title>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Ninguna torre de marfil]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/torre-marfil_129_10579893.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b4e4e634-c01f-463d-81d3-89da19f55d9b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ninguna torre de marfil"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Puan", la película dirigida por Benjamín Naishtat y María Alché, no oculta ni las sombras ni las mezquindades de la academia a la vez que muestra el valor y la verdad que pueden florecer en sus aulas.</p></div><p class="article-text">
        Hace a&ntilde;os que creo que el clivaje adentro/afuera estructura la mayor&iacute;a de las sutilezas sociales en las que quiero pensar. Quiz&aacute;s la palabra que funciona en el siglo XXI ya no es clivaje, porque en un mundo cada vez m&aacute;s fluido, con inclusiones y exclusiones m&aacute;s complejas (ya no un mundo de espacios sociales estancos sino de diferencias crueles pero fronteras porosas: un mundo en el que la gente con plata quiere hablar como si no la tuviera, un mundo en que el <em>pobre correcto </em>le suma color a tu sesi&oacute;n de fotos y el pobre incorrecto es expulsado sin saludo), quiz&aacute;s haya que buscar otro vocabulario para nombrar las relaciones entre los residentes de un espacio social y los visitantes, categor&iacute;as que adem&aacute;s vamos ocupando alternadamente a veces a lo largo de un mismo d&iacute;a. 
    </p><p class="article-text">
        <em>Puan</em>, la pel&iacute;cula de <strong>Benjam&iacute;n Naishtat</strong> y<strong> Mar&iacute;a Alch&eacute;</strong>, trata exactamente sobre eso: un acad&eacute;mico nacido y criado por su maestro para heredar la c&aacute;tedra de Filosof&iacute;a Pol&iacute;tica de la carrera de Filosof&iacute;a de la UBA (<strong>Marcelo Subiotto</strong>), que lleg&oacute; a los cincuenta y pico sin haber cambiado jam&aacute;s de lugar de trabajo desde la carrera de grado, pelea la jefatura de c&aacute;tedra con una suerte de outsider (<strong>Leo Sbaraglia</strong>), un tipo que se form&oacute; en Puan pero se fue relativamente joven a estudiar <em>afuera </em>y vuelve ahora rodeado de un halo de &eacute;xito y glamour, ganando en euros, citando a colegas prestigiosos y con una novia famosa que nos hace suponer que, adem&aacute;s de su trabajo acad&eacute;mico, tiene alg&uacute;n tipo de lugar como intelectual p&uacute;blico que le permite acceder a algunos c&iacute;rculos de disputa de status m&aacute;s amplios y ambiciosos. 
    </p><p class="article-text">
        Hace un par de semanas habl&eacute; de los j&oacute;venes de Milei, esos outsiders que celebran el sistema que los excluye. <em>Puan </em>no habla de ellos, por supuesto (de hecho, podr&iacute;amos pensar que o bien <em>Puan</em> habla de una juventud un&aacute;nimemente progresista que ya no existe, o bien que supone, quiz&aacute;s acertadamente, que la facultad de Filo es una especie de museo que preserva a esas especies), pero en la pel&iacute;cula, como en el siglo XXI, el outsider no es siempre el marginal o el discriminado: en un sistema cada vez m&aacute;s precarizado y menos respetado por los legos, es evidente que aunque el personaje de Sbaraglia ya no sea tan conocido por los integrantes de Puan los ac&oacute;litos que ha cosechado en reconocimiento y en dinero lo vuelven all&iacute; una figura digna de admiraci&oacute;n. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Soy una emigrada de la academia: aunque sigo dando clases en dos universidades públicas, ya no investigo allí, como pensé que era mi destino mientras cursaba el grado</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Esto ya era as&iacute; cuando yo estudiaba, en la &eacute;poca del kirchnerismo, cuando los sueldos que se pod&iacute;an ganar en el CONICET eran suficientemente no desastrosos como para que algunas personas volvieran del primer mundo a tomar un cargo, pero supongo que si alguien tomara ahora esa decisi&oacute;n delirante (me parece inveros&iacute;mil) la diferencia ser&iacute;a a&uacute;n m&aacute;s abismal, y el resentimiento con el que se lo recibir&iacute;a mucho mayor. Cuando pensaba en esto del adentro y el afuera recordaba el sintagma &ldquo;torre de marfil&rdquo; que se usaba mucho cuando yo era chica, y que cada tanto veo usado en Twitter todav&iacute;a: la pel&iacute;cula muestra efectivamente a gente que no cobra por meses, que a duras penas llega a vivir como algo parecido a un profesional de clase media. Lo de la torre y el aislamiento puede ser cierto: del marfil, en cambio, ya no queda nada.
    </p><p class="article-text">
        La pel&iacute;cula problematiza todo esto de maneras expl&iacute;citas y tambi&eacute;n sutiles: cuando empieza, pensamos que es el personaje de Sbaraglia el que entiende algo del mundo, el tipo que sabe de vinos, que tiene una novia linda y gana plata. Vamos entendiendo, cerca del final, que hay algunos saberes asociados al mundo real de los que la pertenencia a la academia europea m&aacute;s bien te protege. Pero m&aacute;s all&aacute; de esos detalles, creo que la pel&iacute;cula se toma en serio la pregunta por la intervenci&oacute;n de la academia filos&oacute;fica (y de humanidades m&aacute;s en general) en eso que llamamos la realidad, y espec&iacute;ficamente en eso que llamamos la realidad argentina. En un momento en que el CONICET y sus &ldquo;papers sobre el rey Le&oacute;n&rdquo; est&aacute;n siendo tan cuestionados (y esto no es una cuesti&oacute;n local: las humanidades y sus saberes est&aacute;n bajo amenaza en todo el mundo, incluyendo en pa&iacute;ses en los que se los financia de manera privada), es muy valiente hacer una pel&iacute;cula que no es solemne, que no oculta las sombras ni las mezquindades de la academia, y que a la vez muestra el valor y la verdad que pueden florecer all&iacute;. 
    </p><p class="article-text">
        Soy una emigrada de la academia: aunque sigo dando clases en dos universidades p&uacute;blicas, ya no investigo all&iacute;, como pens&eacute; que era mi destino mientras cursaba el grado. Cuando me fui pensaba mucho en esa cuesti&oacute;n del aislamiento, y siempre en t&eacute;rminos negativos. Hoy sostengo una posici&oacute;n que supongo que es impopular, porque incluso quienes defienden la academia suelen intentar hacerlo en t&eacute;rminos de que s&iacute; est&aacute; &ldquo;conectada&rdquo; con la realidad. Lo que digo no es que no lo est&eacute;, sino que con los a&ntilde;os encontr&eacute; algo profundamente valioso en la sensaci&oacute;n de desconexi&oacute;n: la idea de que entrar a una aula a dar una clase de filosof&iacute;a es ingresar a un santuario en el que todos participamos de un teatro, un ritual, una ficci&oacute;n durante la cual el tiempo se detiene y hay horas infinitas para discutir un pasaje de Kant que, de pronto, se vuelve, tambi&eacute;n, en ese teatro, infinitamente importante. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Ése es el único momento de la película en que no hay ni un atisbo de comedia, que sin ser solemne es profundamente serio, porque está pasando una cosa seria</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s es complicado p&uacute;blicamente, pero creo que hay encontrar la forma de defender ese ritual en lugar de negarlo, o peor a&uacute;n, transformarlo: y tal vez adem&aacute;s es una opini&oacute;n retr&oacute;grada, pero yo tiemblo cuando alg&uacute;n pedagogo dice que no puede ser que las clases universitarias sean iguales hoy que hace 50 a&ntilde;os y qu&eacute; hay que modificarlas para un supuesto sujeto que no te puede prestar atenci&oacute;n si no sos una pantalla con patas habl&aacute;ndole en centennial. Cualquier cosa interesante que se produzca en la academia de humanidades (y por supuesto, no todo lo que se produce all&iacute; es interesante: no pasa en ning&uacute;n lado eso) va a salir de ese teatro, de ese tiempo fuera de tiempo, ese mundo fuera del mundo, mucho m&aacute;s que de cualquier intento de modernizaci&oacute;n o aplicaci&oacute;n que se parecer&aacute; m&aacute;s al se&ntilde;or Burns con gorrita que a una frescura real. 
    </p><p class="article-text">
        En mi escena favorita de <em>Puan</em>, el personaje de Subiotto da clases en una especie de bachillerato popular: hay varias escenas de esas, pero hablo de una en la que llega pensando en la muerte, y decidido a hablar de eso. Subiotto habla del suicidio de S&oacute;crates y la c&aacute;mara se detiene en las caras de los estudiantes, de diversas edades y extracciones sociales, que lo escuchan con atenci&oacute;n. Sin subrayarlo, la pel&iacute;cula parece recordar que la magia se produce all&iacute;: es mentira, parece pensar la pel&iacute;cula, que esos ejercicios de mal llamada <em>divulgaci&oacute;n</em> son paralelos a la filosof&iacute;a. Lo paralelo, en cualquier caso, es todo lo dem&aacute;s, la rosca, los t&iacute;tulos, eso que pasa en las altas esferas. &Eacute;se es el &uacute;nico momento de la pel&iacute;cula en que no hay ni un atisbo de comedia, que sin ser solemne es profundamente serio, porque est&aacute; pasando una cosa seria. Los alumnos escuchan porque hay alguien que les est&aacute; contando algo nuevo sobre algo que importa: quien cree que eso ya no existe es porque hace mucho que no pisa una aula. 
    </p><p class="article-text">
        La pel&iacute;cula parece decir que nos metimos en la filosof&iacute;a por eso, y lo que queda de eso en los rincones sigue siendo lo &uacute;nico que vale, lo &uacute;nico sagrado.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/torre-marfil_129_10579893.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 08 Oct 2023 03:01:51 +0000]]></pubDate>
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