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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Johann Sebastian Bach]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/johann-sebastian-bach/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Johann Sebastian Bach]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[A 275 años de su muerte, salen a la luz dos nuevas obras de Johann Sebastian Bach]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/bach-musica-clasica-gran-descubrimiento-musical-salen-luz-nuevas-obras-johann-sebastian-pm_1_12783143.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e746d562-9364-4d73-8840-4e6a4a769cde_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x700y359.jpg" width="1200" height="675" alt="A 275 años de su muerte, salen a la luz dos nuevas obras de Johann Sebastian Bach"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Una investigación de más de 30 años del Archivo Bach de Leipzig, en Alemania, ha dado con dos nuevas piezas atribuibles al compositor barroco con "alta seguridad”</p><p class="subtitle">La curiosa ruta por Viena de la vida de Beethoven llena de mudanzas</p></div><p class="article-text">
        Un gran descubrimiento en el mundo de la m&uacute;sica se se produjo esta semana con el anuncio de dos nuevas obras que se atribuyen a <strong>Johann Sebastian Bach</strong> y que fueron presentadas por el Archivo Bach de <strong>Leipzig</strong>, en Alemania, que posee una de las mayores colecciones del compositor barroco.
    </p><p class="article-text">
        En concreto se trata de dos piezas para &oacute;rgano que son atribuidas a Bach con &ldquo;alta seguridad&rdquo; despu&eacute;s de una investigaci&oacute;n de m&aacute;s de tres d&eacute;cadas llevada a cabo por el director del Archivo Bach y uno de los m&aacute;ximos expertos sobre el compositor alem&aacute;n, <strong>Peter Wollny</strong>.
    </p><h2 class="article-text">Una investigaci&oacute;n de 30 a&ntilde;os que &ldquo;revela el cuadro completo&rdquo;</h2><p class="article-text">
        <strong>Peter Wollny</strong> conoci&oacute; la existencia de dos piezas an&oacute;nimas en un manuscrito de piezas para &oacute;rgano que se conservaba en la <strong>Biblioteca Real de B&eacute;lgica en Bruselas</strong> hace aproximadamente 30 a&ntilde;os, y durante todo este tiempo ha ido recopilando una serie de pistas que le han permitido ahora reconocer &ldquo;con alto grado de seguridad&rdquo; que pertenecen al repertorio de Johann Sebastian Bach.
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        &ldquo;Busqu&eacute; durante mucho tiempo la pieza que faltaba en el rompecabezas para poder clasificar las piezas. Ahora se revela el cuadro completo&rdquo;, asegur&oacute; el experto durante la ceremonia de estreno de las obras reci&eacute;n descubiertas en Leipzig.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n <strong>Wollny</strong> hay varias referencias que hacen que las composiciones sean atribuibles a Bach, como son por ejemplo una melod&iacute;a de bajo acompa&ntilde;ante que se oye de repente en tonos agudos o las sofisticadas fugas, dos caracter&iacute;sticas musicales que solo se dan en el compositor alem&aacute;n.
    </p><h2 class="article-text">La presentaci&oacute;n en un lugar especial para Bach</h2><p class="article-text">
        El anuncio de estas dos nuevas obras de Johann Sebastian Bach tuvieron lugar en la iglesia de Santo Tom&aacute;s de Leipzig, en una ceremonia oficial que fue retransmitida en directo, y en el que se interpretaron al &oacute;rgano por <strong>Ton Koopman</strong>, presidente de la fundaci&oacute;n en el Archivo Bach.
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        &ldquo;Es una pieza que surge de la nada y &iquest;qui&eacute;n sino Bach podr&iacute;a ser su compositor?&rdquo;, afirm&oacute; el famoso organista que reconoci&oacute; sentirse orgulloso de interpretar estas nuevas obras atribuidas al compositor, que se han presentado al p&uacute;blico en la iglesia de Santo Tom&aacute;s, que fue un lugar relevante en la vida del compositor, pues este fue su principal cargo de trabajo, como cantor de Santo Tom&aacute;s, desde 1723 hasta su fallecimiento en 1750.
    </p><h2 class="article-text">Las dos nuevas obras descubiertas y su copista</h2><p class="article-text">
        Estas nuevas composiciones de <strong>Bach</strong> est&aacute;n ya incluidas en su cat&aacute;logo oficial como &lsquo;Ciacona en Re menor BWV 1178&rsquo; y &lsquo;Ciacona en Sol menor BWV 1179&rsquo;, y que se encuentran a disposici&oacute;n del p&uacute;blico en formato digital, que se quedar&aacute;n en Bruselas.
    </p><p class="article-text">
        Estas obras pertenecer&iacute;an, seg&uacute;n la investigaci&oacute;n de <strong>Peter Wollny,</strong> a la &eacute;poca de juventud del compositor cuando era organista en Arnstadt, entre 1703 y 1706, y en las que se puede apreciar la influencia de<strong> Georg B&ouml;hm</strong>, que fue maestro de Bach. Las pistas tambi&eacute;n han podido determinar que el copista fue <strong>Salomon G&uuml;nther John</strong>, que fue alumno entonces del compositor, y la copia datar&iacute;a de 1705.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Andrea Blez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/bach-musica-clasica-gran-descubrimiento-musical-salen-luz-nuevas-obras-johann-sebastian-pm_1_12783143.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 20 Nov 2025 11:02:34 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[A 275 años de su muerte, salen a la luz dos nuevas obras de Johann Sebastian Bach]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Johann Sebastian Bach,Música]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Después, qué importa del después]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/despues-importa-despues_129_11359354.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/04ba5fe8-bfb7-40cc-9217-67bead9a925a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Después, qué importa del después"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Esta semana se publicaron dos discos nuevos del pianista Brad Mehldau. No son álbumes de jazz pero sí están pensados por un músico de jazz. Se trata de preludios, nocturnos y variaciones y preludios y variaciones sobre ellos. "After Bach II" y "Aprés Fauré" trazan recorridos alrededor –y a través– del canto que da cuerda a su mundo. Novedades y rescates en la red, entre las redes.</p></div><p class="article-text">
        <strong>Brad Mehldau</strong> ya hab&iacute;a grabado un disco llamado <em>After Bach</em> hace seis a&ntilde;os. Y en febrero de 2023 edit&oacute; un &aacute;lbum dedicado a temas de <strong>The Beatles</strong> (que inclu&iacute;a, tambi&eacute;n, una pieza de <strong>David Bowie</strong>). Ahora, acaba de publicarse <em>After Bach II</em>, y junto con &eacute;l, <em>Apr&eacute;s Faur&eacute;</em>, donde el fondo en el que se proyecta a s&iacute; mismo es la m&uacute;sica de <strong>Gabriel Faur&eacute;</strong>, un compositor franc&eacute;s genial y habitualmente olvidado que vivi&oacute; entre 1845 y 1924 &ndash;a caballo entre dos mundos, podr&iacute;a decirse&ndash; y que fund&oacute; mucho de lo que otros hicieron famoso. 
    </p><p class="article-text">
        Los materiales, en uno y otro, son distintos tanto por sus caracter&iacute;sticas intr&iacute;nsecas como por su valor simb&oacute;lico: <strong>Johann Sebastian Bach </strong>es un &iacute;cono y Faur&eacute; no. El primero fue abundantemente visitado por m&uacute;sicas de tradici&oacute;n popular, directa &ndash;<strong>Jacques Loussier</strong>, <strong>The Modern Jazz Quartet</strong>&ndash; o indirectamente &ndash;<strong>Dave Brubeck</strong>, <strong>Astor Piazzolla</strong>, The Beatles&ndash;. El segundo, m&aacute;s all&aacute; de alguna versi&oacute;n ocasional &ndash;su <em>Pavana</em> por el grupo ingl&eacute;s <strong>Brian Auger and the Trinity</strong>&ndash; es apenas una sombra &ndash;o un reverbero&ndash; en el paisaje arm&oacute;nico de <strong>Bill Evans </strong>o <strong>Herbie Hancock</strong>.
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    </figure><p class="article-text">
        &ldquo;Cuanto m&aacute;s intentas relacionarte con &eacute;l, m&aacute;s visible se vuelve tu propia personalidad, inevitablemente&rdquo;, escribe Mehldau en las notas internas para este segundo cap&iacute;tulo bachiano. &ldquo;No est&aacute;s interpretando a Bach; Bach te est&aacute; interpretando a ti, en el sentido de que te deja al descubierto&rdquo;. Hay all&iacute; una clave. No de c&oacute;mo se piensa un disco de jazz sobre Bach &ndash;Mehldau no lo hace&ndash; sino de c&oacute;mo un m&uacute;sico de jazz puede entender &ndash;y releer&ndash; a Bach- En su texto sobre Faur&eacute; lo llama &ldquo;el revolucionario silencioso&rdquo; &nbsp;y, en alg&uacute;n sentido, la calificaci&oacute;n tambi&eacute;n le cabe al alem&aacute;n, a quien las historias tradicionales han pensado m&aacute;s como a alguien que cerr&oacute; para siempre una est&eacute;tica m&aacute;s que como a alguien que no solo experiment&oacute; con la forma, con los g&eacute;neros de su &eacute;poca, con las texturas y con la t&iacute;mbrica sino que, indudablemente, abri&oacute; infinidad de caminos. Pero lo que une a ambos discos es ni m&aacute;s ni menos la manera en que Mehldau los habita. La forma en que sin tomar los rasgos m&aacute;s aparentes del jazz se conecta con su sustrato profundo, la idea de la creaci&oacute;n como una relaci&oacute;n permanente entre figura y fondo. &ldquo;La elecci&oacute;n m&aacute;s importante que haces en todo momento &ndash;escribe Mehldau en relaci&oacute;n con Bach&ndash; no surge de una ausencia, sino de lo que est&aacute; ah&iacute;, en su totalidad. Espec&iacute;ficamente, es la elecci&oacute;n constante que haces sobre c&oacute;mo negociar entre armon&iacute;a y melod&iacute;a.&rdquo;
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    </figure><p class="article-text">
        La elecci&oacute;n de la palabra &ldquo;after&rdquo; en el t&iacute;tulo es precisa porque juega con la imprecisi&oacute;n de la palabra: se trata del despu&eacute;s pero, tambi&eacute;n, en m&uacute;sica, del &ldquo;a partir de&rdquo; o &ldquo;alrededor de&rdquo; o &ldquo;sobre&rdquo;. La versi&oacute;n francesa adoptada para el disco basado en Faur&eacute;, en cambio, posiblemente se trate de un error. &ldquo;Apr&eacute;s&rdquo;, en franc&eacute;s, carece de la multiplicidad de significados del ingl&eacute;s. Es &ldquo;despu&eacute;s&rdquo;, a secas. Y si se quisiera sugerir alguna de las diversas implicancias contenidas en el otro t&iacute;tulo, deber&iacute;a decirse &ldquo;d&rsquo;apr&eacute;s&rdquo;. Pero, como dice el tango, qu&eacute; importa del despu&eacute;s. 
    </p><p class="article-text">
        <em>After Bach</em> incluye cuatro preludios y una fuga de <em>El clave bien temperado</em> y la <em>Allemande</em> de la <em>Partita N&ordm; 4</em>, intercaladas con siete composiciones o improvisaciones de Mehldau inspiradas en Bach, incluyendo sus propias variaciones sobre el tema de las Variaciones Goldberg. En <em>Apr&eacute;s Faur&eacute;</em> dialogan entre s&iacute; cuatro <em>Nocturnos</em> &ndash;algunos de la juventud, otros tard&iacute;os&ndash; y una reducci&oacute;n de un extracto del <em>Adagio</em> de su <em>Cuarteto con piano N&ordm; 2</em>, del compositor franc&eacute;s, con cuatro piezas de Mehldau. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Me enter&eacute; que el primer volumen de <em>After Bach</em> incomprensiblemente, hab&iacute;a desorientado a algunos oyentes que no sab&iacute;an d&oacute;nde terminaba Bach y d&oacute;nde comenzaba yo&rdquo;, escribe el pianista. &ldquo;Por lo tanto, para clarificar, igual que en el disco precedente, hay aqu&iacute; tres clases de piezas: m&uacute;sica de Bach, una composici&oacute;n escrita por m&iacute; e improvisaciones.&rdquo; En cuanto a Faur&eacute;, ese amigo de Saint-Sa&euml;ns que fue maestro de Ravel y <strong>Nadia Boulanger</strong> e inspirador de <strong>Olivier Messiaen</strong>, Mehldau se inscribe, con convicci&oacute;n, en su campo arm&oacute;nico &shy;&ndash;que en rigor es el que el jazz tom&oacute; para s&iacute;&ndash; y es por all&iacute; por donde transita en sus cuatro composiciones propias. En uno y otro &aacute;lbum, un curioso &ldquo;ying&rdquo; y &ldquo;yang&rdquo; que rinde sus frutos en la escucha conjunta, parte de lo interesante, m&aacute;s all&aacute; del exquisito manejo del instrumento, de los infinitos matices, de la variedad de ataques y del abanico de colores, es precisamente aquello que aparentemente habr&iacute;a desorientado a los oyentes del primer <em>After Bach</em>: la magn&iacute;fica posibilidad de perderse a partir del bello vals que abre el disco sobre Bach (&ldquo;Prelude to Prelude&rdquo;) , de ser una especie de <em>flaneur</em> de la m&uacute;sica y de jugar a no saber d&oacute;nde terminan Bach o Faur&eacute; y en qu&eacute; exacto momento aparece Mehldau. 
    </p><p class="article-text">
        <em>Diego Fischerman es autor del blog &ldquo;El sonido de los sue&ntilde;os&rdquo;: </em><a href="https://xn--sonidodesueos-skb.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>https://xn--sonidodesueos-skb.com/</em></a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Diego Fischerman]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/despues-importa-despues_129_11359354.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 11 May 2024 14:04:16 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Brad Mehldau,Johann Sebastian Bach,Gabriel Fauré]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mirtha y la trompeta del kitschnerismo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/mirtha-trompeta_129_10598039.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2abc57c0-fc8f-4f97-8029-c711b15017cb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Mirtha y la trompeta del kitschnerismo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">“Emperatriz”, la pieza autoría de Luis María Serra que abre el programa televisivo de Mirtha Legrand, puede ser escuchada como la cortina musical de estás décadas de democracia de baja intensidad y sucesivos descensos en espiral.</p></div><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; llevan en sus o&iacute;dos? Digo, qu&eacute; m&uacute;sicas. <em>&iquest;Maravillosas?</em> &iquest;Solamente puro regodeo emocional? Seguro que alojan otra clase de inc&oacute;moda remanencia.&nbsp;Un gusanito: siempre est&aacute; ah&iacute;, acobachado en la memoria auditiva, tanto que, apuesto, lo reconocer&iacute;an de inmediato, casi fisiol&oacute;gicamente cuando el espacio vibra en su nombre. Me refiero a &ldquo;Emperatriz&rdquo;, la cortina que abre el programa televisivo de la Se&ntilde;ora Mirtha y que, a tono con la importancia <em>institucional </em>que tiene en Argentina -hablamos, en definitiva, de un <em>programa- </em>, sent&oacute; alrededor de su mesa a los principales candidatos para que le rindieran cuentas: <strong>Javier Milei</strong>, <strong>Patricia Bullrich</strong> y <strong>Sergio Massa</strong>.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Emperatriz&rdquo; -vaya t&iacute;tulo y titulaci&oacute;n- ha acompa&ntilde;ado desde sus inicios la restauraci&oacute;n democr&aacute;tica. Si aceptamos la figura del gusanito, y de que casi todas y todos pueden identificar su procedencia, con mayor o menor irritaci&oacute;n, es, en un punto LA m&uacute;sica de est&aacute;s d&eacute;cadas de democracia de baja intensidad y sucesivos descensos en espiral. Pero seamos precisos: la antecede, se escuch&oacute; por primera vez durante los almuerzos de 1980. Esa continuidad nos informa sobre algo: una trompeta que sutura &eacute;pocas. Porque si bien la cortina de los almuerzos y las cenas comienza con un movimiento descendente de las cuerdas, apoyados por los parches (un primer indicio de materiales l&iacute;pidos), es ese instrumento de viento que la define.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuerno, cornetita, trompa, trompeta. Lo de soplar un tubo viene de muy lejos. Antes, mucho antes de Bach, Haendel y la <em>Quinta Sinfon&iacute;a </em>de Malher, en las ant&iacute;podas de la notoriedad adquirida en la era de la reproducci&oacute;n t&eacute;cnica (Armstrong, Davis, Marsalis), siempre son&oacute; un trompetazo. Llamado. Cacer&iacute;a. Advertencia. Incitaci&oacute;n. Acorralamiento. Organizaci&oacute;n del combate. Recogimiento por los ca&iacute;dos.
    </p><p class="article-text">
        El <em>Antiguo Testamento</em> es nuestra principal fuente de informaci&oacute;n sobre las trompetas de los israelitas: el shofar y el hassrah de plata. El uso m&aacute;s famoso de la primera tuvo lugar en Jeric&oacute;.&nbsp;Al cruzar el r&iacute;o Jord&aacute;n en busca de la &ldquo;tierra prometida&rdquo; -debi&oacute; relatar a Milei su rabino ortodoxo de cabecera- el pueblo jud&iacute;o siti&oacute; la ciudad. Los sacerdotes, se cuenta, le cont&oacute;, hicieron sonar el cuerno con efectos devastadores. Las murallas se derrumbaron y se pudo escuchar con claridad estent&oacute;rea la relaci&oacute;n entre el sonido y las acciones de Dios. El shofar <em>de</em> Milei -utilizado en sus actos de campa&ntilde;a a trav&eacute;s de una grabaci&oacute;n- parece decirle a una nueva Jeric&oacute;: &ldquo;Abandonen los plazos fijos: soplar&eacute; como un le&oacute;n hasta pulverizar el peso&rdquo;. Shofar-d&oacute;lar, de eso se tratar&iacute;a para el aprendiz por correspondencia de los secretos de la Torah. &iquest;Habr&iacute;a percibido en clave de venganza b&iacute;blica la obertura &ldquo;Emperatriz&rdquo;?
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        La pieza -dig&aacute;moslo finalmente-&nbsp;le pertenece a <strong>Luis Mar&iacute;a Serra</strong>. Al momento de escribirla ya ten&iacute;a varios pergaminos en su haber. Alumno de <strong>Alberto Ginastera</strong> y <strong>Roberto Caama&ntilde;o</strong>, avezado en el uso de la m&uacute;sica electroac&uacute;stica, Serra hab&iacute;a compuesto en 1973 la banda sonora de <em>Juan Moreira. </em>&nbsp;Si algo definir&aacute; el alcance de la pel&iacute;cula de <strong>Leonardo Favio</strong> ser&aacute; su <em>melos</em>, el canto del final, la propia voz del h&eacute;roe popular que migra de su boca a un colectivo despu&eacute;s de que el hombre perseguido realiza su &uacute;ltimo acto, ese &ldquo;Ac&aacute; est&aacute; Juan Moreira, mierda&rdquo;. Aquel Serra aport&oacute; varios detalles sugerentes. De un lado, el &oacute;rgano y la progresi&oacute;n arm&oacute;nica con aires barrocos, al igual de &ldquo;Here&rsquo;s to You&rdquo;, la canci&oacute;n final de Sacco y Vanzetti, la historia de otro martirologio, en ese caso obrero, interpretada por <strong>Joan Baez</strong>. De ese tema, todo un c&oacute;digo de barras de <strong>Ennio Morricone</strong>, Serra se apropia adem&aacute;s de la idea del crescendo gradual, al que a&ntilde;ade un coro mixto, para darle a ese final una proximidad con la idea de la pasi&oacute;n bachiana. 
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de la pesquisa sobre las posibles emulaciones, un instrumento ajeno conecta a esta m&uacute;sica de manera sutil a lo cr&iacute;stico y una imaginer&iacute;a sonora de la &ldquo;tendencia&rdquo; revolucionaria del peronismo de esos a&ntilde;os: el parche, remedo del bombo. Serra podr&iacute;a haber prescindido de esa textura para reforzar el acento que se mezcla con la melod&iacute;a y los disparos. En esos dos golpes de negra -el coro parece, bajo ese impulso, marchar en procesi&oacute;n- se cuelan las escenas callejeras de los setenta.&nbsp;Moreira rebelde que va al encuentro con la muerte con una sensaci&oacute;n de haber vencido: parece avanzar no como un gaucho en fuga sino como un combatiente. Se gana no solo el lugar m&aacute;s riesgoso de la lucha, la primera fila, sino que le ofrece al espectador, m&uacute;sica mediante, un modo de muerte perfecta, la del que se ha arriesgado, ha dado todo y, por lo tanto, no solo merece ocupar un sitio en la vanguardia sino ser objeto de un himno sin palabras, porque en este caso, est&aacute;n de m&aacute;s.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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        Siete a&ntilde;os m&aacute;s tarde, &ldquo;Emperatriz&rdquo;, y, de nuevo, la sombra de las traducciones Bach, aunque de tercera y cuarta marca y, esta vez, de la mano de la trompeta. Un Juan Sebasti&aacute;n manco. En el camino Serra hab&iacute;a tomado otros pr&eacute;stamos. &ldquo;Como me hab&iacute;a enamorado de la m&uacute;sica del trompetista <strong>Jean-Claude Borelly</strong>, compuse algo que tuviera un gran protagonismo de ese instrumento&rdquo;, dijo Serra alguna vez. Y ese elogio a uno de los cultores del <em>easy listening</em> nos abre una puerta interpretativa mayor. Para entender su aporte a los almuerzos de la Se&ntilde;ora debemos dar algunos rodeos. 
    </p><p class="article-text">
        Relata<strong> Kenneth Womack</strong> en <em>Sound Pictures: The Life of Beatles Producer George Martin (The Later Years: 1966-2016)</em> el modo en que la trompeta se convirti&oacute; en elemento distintivo de &ldquo;Penny Lane&rdquo; a comienzos de 1967. Despu&eacute;s de un d&iacute;a de agotadores sobregrabaciones, <strong>Paul McCartney</strong> se fue a su casa en Cavendish Avenue. Encendi&oacute; la televisi&oacute;n. La BBC 2 presentaba el programa <em>Masterworks. </em>El episodio de esa noche inclu&iacute;a el <em>Concierto de Brandemburgo</em> 2, en FA mayor, con la participaci&oacute;n del trompetista <strong>David Mason</strong>. McCartney, un verdadero vampiro musical, qued&oacute; impresionado por las posibilidades del instrumento. Al otro d&iacute;a le pregunt&oacute; al productor de los <strong>Beatles</strong> qu&eacute; era esa trompeta tan peque&ntilde;a y fascinante. &ldquo;Se llama trompeta piccolo&rdquo;, le explic&oacute;. Y el que la tocaba era su amigo. &ldquo;Traig&aacute;moslo&rdquo;, pidi&oacute; Paul para sumar a los Beatles a una de las causas de posguerra: la apropiaci&oacute;n de Bach (<strong>The Modern Jazz Quartet</strong>, <strong>Astor Piazzolla</strong>, <strong>Wendy Carlos</strong>, <strong>Procol Harum</strong>). &ldquo;&iexcl;Me he pasado la vida tocando con las mejores orquestas, &iexcl;pero soy m&aacute;s famoso por haber tocado en &acute;Penny Lane`!&rdquo;, dir&iacute;a Mason. La canci&oacute;n tuvo una progenie en el mundo del <em>muzak</em>, desde la incluida en <em>Beatles song book</em>, de la <strong>Hollyridge Strings</strong> a la versi&oacute;n de <strong>Paul Muriat</strong>, un director franc&eacute;s especializado en m&uacute;sica ligera. Grab&oacute; &ldquo;Penny Lane&rdquo; el mismo 67 para amenizar ascensores, restaurantes, oficinas y, por qu&eacute; no, escenas familiares. 
    </p><p class="article-text">
        Muriat sustrajo las voces y los instrumentos el&eacute;ctricos, pero no se priv&oacute; de tener una trompeta cuyas reverberaciones llegaron a Buenos Aires y, sin duda, contribuyeron al dise&ntilde;o de &ldquo;Emperatriz&rdquo;. El mal gusto no se funda s&oacute;lo en lo mal hecho sino en este tipo de imitaci&oacute;n de imitaciones en sentido decreciente, como si se estuviera en una sala de espejos deformados. Un parque tem&aacute;tico de lo <em>kitsch</em>.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        He escrito <em>kitsch</em>. Vale la pena expandirse.
    </p><p class="article-text">
        Si la experiencia est&eacute;tica es un encuentro, &iquest;con qu&eacute; nos topamos al escuchar &ldquo;&iquest;Emperatriz&rdquo;, ese soplido seboso que suelta la trompeta? Suerte de antagonista de la idea del buen gusto, lo <em>kitsch</em> nos tienda una trampa a veces cuando queremos asociarlo apenas a lo berreta, grasa y falsario. Recuerda Giorgio Agamben que el gusto supuso un problema desde el mismo momento en que se lo someti&oacute; a discusi&oacute;n (un saber que no puede dar raz&oacute;n en su conocer, pero goza de &eacute;l). Lo <em>kitsch</em>, con su presencia cotidiana y su densidad, canta la victoria por <em>nockout</em> de la subjetividad y destruye la anhelada uni&oacute;n entre el placer y el conocimiento. 
    </p><p class="article-text">
        El gusto -en tanto sentido, es un discernimiento sobre los elementos del mundo que manducamos- se expresa a trav&eacute;s de la boca y el decir. Comentamos lo que se ingiere. Nada mejor que un ciclo televisivo donde se come entre cada derrape lexical para que converjan lo gustativo y el gusto sobre las cosas, con &ldquo;Emperatriz&rdquo; de fondo. &iexcl;C&oacute;mo hablar de mal gusto mientras se mastica! La cortina musical tampoco necesita de las referencias textuales. Sus ademanes orquestales de seriedad son el fundamento y la anticipaci&oacute;n significante de todo lo que se comentar&aacute; con una copa en la mano. El men&uacute; que se ofrece a los invitados puede ser frugal. Lo op&iacute;paro es la banda sonora. Una cuant&iacute;a simb&oacute;lica.
    </p><p class="article-text">
        Lo bello excede al lenguaje y a lo conceptual. En cambio, la parafernalia <em>kitsch</em> invita a la diatriba y el desmenuzamiento de una <em>falta</em>. Todos podemos dar cuenta de nuestras preferencias, supongamos, los mentados Beatles, como si se tratara de un juicio personal y fundado, aunque tambi&eacute;n mediado por una escala preexistente y consensuada. Siempre puede haber alguien que no comparta esa escala valorativa y se le responder&aacute; que sobre gustos no hay nada escrito. Por lo tanto, la membres&iacute;a que se forja alrededor de un artista o una obra es apenas una convenci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&iquest;De qu&eacute; lado estar&iacute;a est&aacute; obertura imperial e imperativa si pens&aacute;ramos el gusto desde el inconsciente? &iquest;O acaso, como se sugiri&oacute; al principio, no podr&iacute;a silbarla un pa&iacute;s? &iquest;Por qu&eacute; casi todos quieren ser invitados a esa mesa (recuerdo en los setenta el peque&ntilde;o l&iacute;o que se arm&oacute; en la comunidad roquera con la presencia de <strong>Charly Garc&iacute;a</strong>)? Una hip&oacute;tesis: para ser <em>cantados</em> por esa trompeta. Podr&iacute;a decir al respecto un defensor recalcitrante de &ldquo;Emperatriz&rdquo; durante una imaginaria emisi&oacute;n del programa televisivo: &ldquo;a ver, &iquest;por qu&eacute; est&aacute; considerado arte el urinario de <strong>Marcel Duchamp</strong>? 
    </p><p class="article-text">
        Es evidente que el valor no radica en el objeto. &iquest;C&oacute;mo se fijar&iacute;a la cotizaci&oacute;n de esta m&uacute;sica que tantas perturbaciones provoca (el invitado se acomodar&iacute;a la cabellera, mirando desafiante a las c&aacute;maras)? Pues bien, alrededor de esta mesa&ldquo;. Supongamos que luego dice esto: &rdquo;Una cosa devaluada en el mercado de los elogios puede transformarse en algo diferente por un chasquido de dedos. &iquest;Y si a un cr&iacute;tico, no yo, por favor, un cr&iacute;tico de veras, una voz autorizada, un Sebreli, pongamos, se le ocurriera aplicar la misma l&oacute;gica del arte moderno o conceptual a la melod&iacute;a en cuesti&oacute;n? &iquest;Qu&eacute; pasar&iacute;a? Dar&iacute;a un primer paso del arte al <em>kitsch</em> y, en un gesto inverso, del <em>kitsch</em> al arte. &iquest;Lo har&iacute;a para mofarse secretamente de la jerga de los especialistas y la presunci&oacute;n de superioridad? Podr&iacute;a argumentar que parodia el buen gusto, las reglas aristocratizantes y el concepto de distinci&oacute;n. Iron&iacute;a suprema que se descargar&iacute;a sobre aquellos que creen que Serra es una moto-sierra de la alta cultura. Fin de las disputas: es evidente que el compositor encontr&oacute; en la Se&ntilde;ora su veh&iacute;culo&ldquo;. 
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Lo <em>kitsch </em>encuentra su venganza cuando es exhibido en el museo, pero, qu&eacute; sucede cuando el museo es el ciclo televisivo. Hay que estar a la altura de esa melod&iacute;a, etiquetado frontal en cuyo dise&ntilde;o y textura se definen los intereses del almuerzo o la cena, el de la Se&ntilde;ora epic&uacute;rea. Ella disfruta de su superioridad y las condiciones que impone. Con la melod&iacute;a de fondo, los comensales se convierten y tamborillean el ritmo sobre el mantel: candidatos y banqueros, <em>influencers, </em>cantantes e imitadoras. Parte de la fuerza de la homologaci&oacute;n reside en esa musica. Peluche sonoro. La raz&oacute;n no domina el impulso y esa es la raz&oacute;n del triunfo de la obertura como tarareo ecum&eacute;nico al interior de una sociedad entumecida. &ldquo;<em>Emperakitsch</em>&rdquo; en una mesa K, porque es puro <em>Kitschnerismo</em> (tendencia y sistema).
    </p><p class="article-text">
        &iquest;El coeficiente de lo <em>kitsch</em> sube al comp&aacute;s de la degradaci&oacute;n social y pol&iacute;tica? &iquest;Es la cualidad formal de un momento definido por el espect&aacute;culo? &iquest;Las advertimos mejor mientras m&aacute;s nos hundimos acompasados por &ldquo;Emperatriz&rdquo;? <em>Le grand desastre</em>. No podemos responsabilizar al autor de todas las derivas que tuvo su creaci&oacute;n. Pero esas posibilidades lat&iacute;an en su interior. &ldquo;Emperatriz&rdquo; habla por lo tanto de una coronaci&oacute;n, y no solo la de la figura nonagenaria a la que se la asocia. Est&aacute; ah&iacute;, imperturbable, y barniza todo comentario sobre la realidad, metiendo su cu&ntilde;a de un trompetazo. 
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s de esa obertura triunfal, Serra compuso &ldquo;Brillando Mirtha&rdquo;, la canci&oacute;n que comienza: &ldquo;Mirtha ya lleg&oacute;, nuevamente est&aacute;, brillando fuerte&rdquo;. Pero, &iquest;c&oacute;mo va llegar lo que siempre est&aacute; y estar&aacute; hasta el fin de los tiempos?
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>AG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Abel Gilbert]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/mirtha-trompeta_129_10598039.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 15 Oct 2023 03:01:13 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Mirtha y la trompeta del kitschnerismo]]></media:title>
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