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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Emily Dickinson]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/emily-dickinson/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Emily Dickinson]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Las cartas de Emily Dickinson: literatura y pasión de mujer contra mujer]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/cartas-emily-dickinson-literatura-pasion-mujer-mujer_1_10633868.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f973abdc-548c-4722-a1b4-18017b155f59_16-9-discover-aspect-ratio_default_1083482.jpg" width="1068" height="601" alt="Las cartas de Emily Dickinson: literatura y pasión de mujer contra mujer"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Se conservan más de trescientas misivas de la poetisa a Susan Gilbert, su cuñada, amiga y presumible interés romántico. ¿Cómo se escribía el amor en el siglo XIX?  
</p><p class="subtitle">Apareció en Australia un ejemplar de la primera novela de Virginia Woolf, con notas manuscritas de la autora</p></div><p class="article-text">
        De las m&aacute;s de mil ep&iacute;stolas po&eacute;ticas conocidas de <strong>Emily Dickinson</strong> (1830-1886), un tercio est&aacute;n dirigidas a la escritora Susan Gilbert. Esposa de Austin Dickinson, hermano de la poetisa, se la puede reconocer en los textos como &ldquo;Hermana&rdquo;, &ldquo;Camarada&rdquo;, &ldquo;Sue&rdquo; o &ldquo;Susie&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Las mujeres mantuvieron una conexi&oacute;n fervorosa desde la juventud, traducida en discusiones literarias, paseos y confidencias.</strong> Si bien vivieron gran parte de su vida en casas contiguas en Amherst, Massachusetts, cada vez que Gilbert se alejaba, la pluma pasionaria de Dickinson iba a su encuentro.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esta costumbre comenz&oacute; cuando ten&iacute;an cerca de 20 a&ntilde;os y la madre fundadora de las letras estadounidenses manifest&oacute;: <em>&ldquo;Si no fuera por el mal tiempo Susie &minus; mi carita inoportuna se asomar&iacute;a hoy &minus; Yo robar&iacute;a un beso a la hermana &minus; querida Vagabunda retornada &minus; &iexcl;Agradece al viento g&eacute;lido querida m&iacute;a &minus; que te ahorre tan pesada intromisi&oacute;n! Querida Susie &minus; feliz Susie &minus; Me regocijo con toda tu Alegr&iacute;a &minus; sostenida por esa querida hermana nunca volver&aacute;s a estar sola&rdquo;</em>.
    </p><p class="article-text">
        Mediante las cartas, originalmente censuradas por los familiares y editores de la obra de Dickinson &minus;entre ellos, la hija de Austin y Susan, quien busc&oacute; limar los relieves del apego entre su madre y su t&iacute;a&minus;, puede rastrearse la relaci&oacute;n entre las amigas &minus;y probables amantes&minus; a lo largo de su vida. Afirmaba la poetisa en 1880, con cincuenta a&ntilde;os:&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Susan &mdash; yo habr&iacute;a</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>salido</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>del Ed&eacute;n para abrirte</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>la Puerta</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>si hubiera sabido</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>que t&uacute; estabas ah&iacute;</em>
    </p><p class="article-text">
        Incluso en los textos donde aparecen pedidos de perd&oacute;n, olvidos o vaivenes, hay una reafirmaci&oacute;n de un v&iacute;nculo fundamental y profundo. La correspondencia devela el costado rom&aacute;ntico del corpus de Dickinson y abre la puerta a las posibilidades que ten&iacute;an los lazos entre mujeres durante el siglo XIX.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, contiene una intenci&oacute;n art&iacute;stica y emocional &uacute;nica, que rompe las reglas convencionales de la gram&aacute;tica, la sintaxis y la divisi&oacute;n estricta de g&eacute;neros literarios: <em>&ldquo;Si estuvieras aqu&iacute;, y Oh, ojal&aacute; estuvieras, Susie m&iacute;a, no necesitar&iacute;amos ni siquiera hablar, nuestros ojos susurrar&iacute;an por nosotras, y con tu mano firme en la m&iacute;a, no necesitar&iacute;amos palabras &mdash; intento acercarte m&aacute;s, ahuyento las semanas hasta que casi desaparecen&rdquo;.&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        Los guiones arbitrarios podr&iacute;an entenderse como met&aacute;foras de las particiones de la escritora, quien se opuso a todos los mandatos de la &eacute;poca y gener&oacute;, entre paredes, una creatividad sin fronteras.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text"><strong>La musa y el cuarto propio</strong></h3><p class="article-text">
        La literatura de Emily Dickinson abre el juego a infinitas interpretaciones; como piezas de un rompecabezas divino, cada l&iacute;nea permite la formaci&oacute;n de nuevos universos. Ella misma guardaba fragmentos, anotaciones, im&aacute;genes po&eacute;ticas, que pod&iacute;a manotear a&ntilde;os m&aacute;s tarde en cartas o poemas. Lejos de un descuido de la espontaneidad, esto mostraba la meticulosidad de su artesan&iacute;a; la atenci&oacute;n a sus destinatarios; la importancia de expresar sus sentimientos a trav&eacute;s de im&aacute;genes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Un ejemplo de esto es una carta que redact&oacute; en 1873: <em>&ldquo;Hace mucho que no s&eacute; de ti, Peter, y pueden habernos pasado muchas cosas a ambos, pero ese es el Libro m&aacute;s raro que se abre en cualquier p&aacute;gina y nos encanta igualmente. Espero que tengas Poder y tanta Paz como sea posible en nuestra existencia profunda. Multiplicar los Puertos no reduce el Mar&rdquo;</em>.
    </p><p class="article-text">
        Esa &uacute;ltima frase, con sus may&uacute;sculas caprichosas, tiene, por s&iacute; sola, la fuerza de un rayo. Por eso, aunque naci&oacute; en un marco &iacute;ntimo como la mayor&iacute;a de su producci&oacute;n (la autora solo public&oacute; ocho poemas en vida bajo un seud&oacute;nimo), estaba destinada a ir m&aacute;s all&aacute;. No es casual que <strong>Joyce Carol Oates</strong> atribuyera a la empresa po&eacute;tica de Dickinson una &ldquo;naturaleza heroica&rdquo;, ya que implicaba tanto una realizaci&oacute;n del alma como la persecuci&oacute;n de trascendencia.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Susan Gilbert, esposa de Austin Dickinson, hermano de Emily.                            </span>
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        La llamaba &ldquo;la m&aacute;s parad&oacute;jica de las poetas&rdquo; porque su voz, inimitable, puede ser reconocida en cada uno de sus textos; y, sin embargo, enunciaba desde &ldquo;la m&aacute;s deliberada y m&aacute;s desgarradora anonimidad&rdquo;. Quiz&aacute;s esta era la dualidad que quer&iacute;a expresar en uno de sus versos de 1864: &ldquo;Me escondo dentro de una flor&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La ensayista establece una sinergia entre el dispendio literario presente en las cartas de Dickinson y su situaci&oacute;n social/habitacional: fue una mujer que opt&oacute; por tener una vida dom&eacute;stica, en el sentido m&aacute;s estricto. Teniendo la capacidad econ&oacute;mica de mantener el cuarto propio &minus;que, como marc&oacute; Virginia Woolf, era inalcanzable para la mayor&iacute;a de las mujeres de los siglos XIX y XX&minus;, se aferr&oacute; a &eacute;l.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>La tildaron de &ldquo;agoraf&oacute;bica&rdquo; y &ldquo;loca&rdquo;. No hizo una vida tradicional de ama de casa (no se cas&oacute;, ni tuvo hijos), pero tampoco sigui&oacute; el camino de poeta (no viaj&oacute; y casi no dio a conocer su obra, enfrent&aacute;ndose a los dict&aacute;menes de los editores).</strong> Hab&iacute;a en su reclusi&oacute;n un aspecto de agencia, de elecci&oacute;n. &ldquo;Despu&eacute;s de todo, conoc&iacute;a la sociedad que se estaba negando&rdquo;, se&ntilde;ala Oates. Podr&iacute;a agregarse que, adem&aacute;s, sab&iacute;a lo que estaba ganando a cambio: el tiempo para la perfecci&oacute;n literaria y el espacio para desarrollar su amor con Susan.
    </p><p class="article-text">
        Dickinson pr&aacute;cticamente prescindi&oacute; de est&iacute;mulos externos. En cambio, aliment&oacute; su l&iacute;rica con un fuego interior, nacido de las peque&ntilde;as experiencias puertas adentro, las observaciones cotidianas, la meditaci&oacute;n acerca del esp&iacute;ritu, la enso&ntilde;aci&oacute;n, la lectura y sus relaciones personales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Alude a esta musa particular en la sexta carta a Gilbert: <em>&ldquo;Esta ma&ntilde;ana me lamento, Susie, por no tener una dulce puesta de sol con que dorar una p&aacute;gina para ti ni una bah&iacute;a tan azul &minus; ni siquiera una peque&ntilde;a alcoba en lo alto del cielo, como est&aacute; la tuya, que me evoque pensamientos del para&iacute;so, para poder yo transmit&iacute;rtelos a ti&rdquo;</em>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        All&iacute; tambi&eacute;n le preguntaba a su amiga, desde la contemplaci&oacute;n hogare&ntilde;a donde controlaba los tiempos: <em>&ldquo;&iquest;Qui&eacute;n te ama m&aacute;s, y te ama mejor, y piensa en ti cuando el resto descansa?&rdquo;</em>. El di&aacute;logo devoto entre ambas est&aacute; presente hasta la &uacute;ltima carta, la sucinta 245, enviada en 1886, cuando la autora se encontraba ya muy enferma:
    </p><p class="article-text">
        <em>Gracias,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>querida Sue &mdash;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>por cada</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>consuelo &mdash;</em>
    </p><h3 class="article-text"><strong>Tinta y tiempo</strong></h3><p class="article-text">
        <em>&nbsp;&ldquo;Y ahora cu&aacute;n pronto te tendr&eacute; y te estrechar&eacute; entre mis brazos; me perdonar&aacute;s las l&aacute;grimas, Susie, est&aacute;n tan contentas de asomar que mi coraz&oacute;n no es capaz de reprenderlas y mandarlas de vuelta. No s&eacute; por qu&eacute; &mdash; pero hay algo en tu nombre, ahora que te han alejado de m&iacute;, que me colma el coraz&oacute;n, y los ojos, tambi&eacute;n. No es que la menci&oacute;n me apene, no, Susie, pero pienso en cada &lsquo;lugar soleado&rsquo; donde nos hemos sentado juntas, y el temor a que no haya m&aacute;s, es lo que hace que estas l&aacute;grimas asomen&rdquo;</em> (Carta n&deg; 10, 1852).
    </p><p class="article-text">
        Las palabras de Dickinson a Gilbert destilan amor, melancol&iacute;a, anhelos candentes y espera calma. Mujer contra mujer. A los per&iacute;odos que pasaban sin verse, se sumaban la cronolog&iacute;a y los modos epistolares propios del siglo XIX, con su burocracia, traslados, posibles p&eacute;rdidas y rituales: la caligraf&iacute;a manual, la envoltura, la despedida singular, la idea sin edici&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Lograr&iacute;an los tecnoadictos del siglo XXI adaptarse a la demora? &iquest;De d&oacute;nde pueden extraer esa paciencia, entre la sobreinformaci&oacute;n y el apego a las pantallas donde, indistintamente, llegan &oacute;rdenes de jefes, pedidos, recados de amigos, familiares y amantes, publicidad, advertencias y llamadas? La reflexi&oacute;n contempor&aacute;nea resulta aplastada por im&aacute;genes ca&oacute;ticas. Los intercambios de mensajes dif&iacute;cilmente podr&iacute;an ser compilados en libros.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las teor&iacute;as sobre las representaciones sociales del tiempo abundan. Reg&iacute;menes de historicidad, presentismo, aceleraci&oacute;n. <em>Burnout</em>, estr&eacute;s, ansiedad. Mark Fisher hablaba de una &ldquo;cultura r&aacute;pida, antihist&oacute;rica y antinem&oacute;nica&rdquo;: como el capital persigue al sujeto hasta cuando est&aacute; durmiendo, el tictac se vuelve ca&oacute;tico.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Byung-Chul Han alerta sobre el &ldquo;enjambre digital&rdquo; dominante, generador de individuos aislados y aturdidos. En consonancia con Fisher, describe a la red como espacio intemporal, habitado por fantasmas, narcisos que navegan en busca de im&aacute;genes idealizadas. El sujeto neoliberal reh&uacute;ye a la vulnerabilidad y la identidad sin tapujos que Emily Dickinson volcaba en el papel.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ella teji&oacute; libertad e intimidad en un mundo que condenaba su forma de habitarlo. Su poes&iacute;a y su amor a cielo abierto invitan a que los lectores de todas las &eacute;pocas se rebelen tambi&eacute;n contra las normas establecidas: a los gritos o esbozando cartas confundibles con poemas.
    </p><p class="article-text">
        <em>JB/MG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jazmín Bazán]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/cartas-emily-dickinson-literatura-pasion-mujer-mujer_1_10633868.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 28 Oct 2023 03:08:24 +0000]]></pubDate>
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