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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - JJB en Río de Janeiro]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/jjb-en-rio-de-janeiro/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - JJB en Río de Janeiro]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Boca y la tristeza de perder lo que no se tuvo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/boca-tristeza-perder-no-tuvo_129_10658261.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a9a8d9a5-cd44-4a68-87f9-bbb7a715dd8c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Boca y la tristeza de perder lo que no se tuvo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Boca perdió como podría haber ganado, y Fluminense ganó como podría haber perdido. La ilusión se rompió, pero no hay que hacer un mundo de eso. Las ilusiones sobran, y a diferencia de lo que ocurre con un jarrón que se rompe (o una Copa), muchas se pueden restaurar. </p><p class="subtitle">Parte 2. Carnaval en la playa: Copacabana recibió al club argentino más brasilero</p><p class="subtitle">Parte 1. “Esto es Boca”: crónica de una peregrinación a Río</p></div><p class="article-text">
        Con el resultado ya inscripto en la piedra de un deporte diab&oacute;lico, todo empieza a caer en el saco roto del pasado. Boca perdi&oacute;. Los hinchas del Fluminense festejan, aunque no tanto como Mauricio Macri, cuyo Plan Nacional de Defensa de Mauricio Macri tendr&aacute; en las pr&oacute;ximas horas otra maniobra de destrucci&oacute;n, en este caso la de Juan Rom&aacute;n Riquelme, como si fuera f&aacute;cil.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero esto no va a ser una nota sobre el ego&iacute;smo sino sobre la tristeza de perder lo que no se tuvo.
    </p><p class="article-text">
        Los peregrinos de la Rep&uacute;blica Federal de la Boca llenaron medio Maracan&aacute; para acreditar que es dif&iacute;cil encontrar en el mundo una persistencia para el canto colectivo como el de La 12. Valga este dato. Poco antes del partido, se cant&oacute; con el volumen a tope el cover tribunero de &ldquo;Ella dijo&rdquo;. Dur&oacute; siete minutos-reloj sin ning&uacute;n desmayo, en los que la hinchada de Fluminense quiso cantar sus bodrios antiliterarios a la par, abandonando la carrera en tres oportunidades.
    </p><p class="article-text">
        La fiesta (aunque deber&iacute;a ser el fin de fiesta) empez&oacute; con los fastos previos de la Conmebol, instituci&oacute;n re&ntilde;ida con las artes. Se presentaron grupos disfrazados con los colores de los clubes protagonistas, custodiados por una Guardia Suiza que enarbolaban banderas de Amstel. Y le sigui&oacute; un partido capaz de quebrantar el equilibrio mental de un mu&ntilde;eco.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Boca empez&oacute; bien. Sin tenencia pero obteniendo su prop&oacute;sito de afear el partido, volverlo un poco indeseable para que Fluminense no desplegara sus tremendas variaciones para algo que no consiste tanto en tener la pelota como en esconderla sobre el &aacute;ngulo derecho del ataque, donde arma cuadrados de distracci&oacute;n para cambiar de frente sobre el vac&iacute;o. Esa es la innovaci&oacute;n del f&uacute;tbol &ldquo;tero&rdquo; de Fernando Diniz, el t&eacute;cnico que grita en un lado y pone los huevos en otro.
    </p><p class="article-text">
        Exist&iacute;a la impresi&oacute;n de que por su parte, Jorge Almir&oacute;n le hab&iacute;a encontrado la vuelta a la tarde para quitarle voltios al local. Era un logro, e instalaba la inquietud y el error forzado en Fluminense. Hasta que hubo una fuga, justamente por la derecha, y Germ&aacute;n Cano ratific&oacute; su calidad de gran felino del &aacute;rea: Fluminense 1.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El martillazo en los dedos dur&oacute; hasta el final del primer tiempo. En el segundo, la situaci&oacute;n de origen en la que Boca ten&iacute;a a raya a Fluminense con m&eacute;todos de vigilancia muy eficaces hasta que se encontr&oacute; en desventaja, tuvo unos ajustes. Se preocup&oacute; por tener m&aacute;s la pelota y atacar, adelant&oacute; a los centrales y consigui&oacute; el empate con un gol de Adv&iacute;ncula con la marca de la factor&iacute;a Messi: rode&oacute; de afuera hacia adentro un &aacute;ngulo del &aacute;rea, y sac&oacute; un disparo envolvente de zurda al segundo palo. &Eacute;xtasis, temor en el Fluminense, silencio en la tribuna local (para variar). Boca dominaba la disputa mental, y caminaba al alargue sin sobresaltos.
    </p><p class="article-text">
        Pero por algo Brasil es el pa&iacute;s donde los futbolistas son un bien de extracci&oacute;n de la calidad del oro. Hubo un pelotazo a Keno, que baj&oacute; de cabeza para la volea de Kennedy, ese pedazo de presidente asesinado: Fluminense 2.
    </p><p class="article-text">
        Hasta all&iacute; hab&iacute;an habido algunas incidencias, todas salvables. Barco estuvo perdido, pero el equipo no se perdi&oacute; con &eacute;l. Fabbra estaba en modalidad de espectro, pero reci&eacute;n cay&oacute; en desgracia cuando se automargin&oacute; de la final en el alargue, pegando un cachetazo como para que le neguemos el saludo. Y Merentiel y Cavani no fueron penetrantes, y casi ni se vieron las caras. Pero el alma del equipo estaba presente. Hubo lucha, sacrificio, temple aun en sus puntos desbalanceados.
    </p><p class="article-text">
        Boca perdi&oacute; como podr&iacute;a haber ganado, y Fluminense gan&oacute; como podr&iacute;a haber perdido. Los dos equipos fueron err&aacute;ticos y valientes, y el resultado dram&aacute;tico fueron 120 minutos monstruosos y asfixiantes. El Maracan&aacute;, con su caja de resonancia en la que las voces humanas rebotan contra el cielorraso en chillidos distorsionados, puede dar fe del talante enfermizo del espect&aacute;culo. La palabra que lo describe es: irrespirable. La experiencia parece mala, pero es muy buena porque interviene en el universo de la sensibilidad para enloquecerlo. Lo que ocurre es in&eacute;dito, y contarlo nos lleva al vac&iacute;o. &iquest;Hay algo que pueda competir con ese fen&oacute;meno? Nada, ni siquiera si el costo es la derrota.
    </p><p class="article-text">
        La ilusi&oacute;n se rompi&oacute;, pero no hay que hacer un mundo de eso. Las ilusiones sobran, y a diferencia de lo que ocurre con un jarr&oacute;n que se rompe (o una Copa), muchas se pueden restaurar. Esta tambi&eacute;n, porque tiene la din&aacute;mica de la rueda que gira. Ya nos va a tocar de nuevo, pero nada ser&aacute; como en R&iacute;o de Janeiro. Esa era la locaci&oacute;n de ensue&ntilde;o. Queda la fiesta de Copacabana y la saudade de lo que estuvo al alcance de la mano y desapareci&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        <em>JJB</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan José Becerra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/boca-tristeza-perder-no-tuvo_129_10658261.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 05 Nov 2023 11:04:38 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Boca y la tristeza de perder lo que no se tuvo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[JJB en Río de Janeiro,Libertadores,Boca Juniors,Fluminense,Río de Janeiro]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Carnaval en la playa: Copacabana recibió al club argentino más brasilero]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/carnaval-playa-copacabana-recibio-club-argentino-brasilero_129_10656634.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5af6b7ba-5c46-4f4c-9dee-6593a6afc5ca_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Carnaval en la playa: Copacabana recibió al club argentino más brasilero"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Es conmovedor ver cómo han llegado hasta Río miles de personas para las que es casi imposible financiar el viaje. Y es que el factor principal de la gesta es menos el respaldo material que el deseo de cumplir un sueño que no es el de mirar un partido de fútbol sino el de estar ahí, cerca del fuego, descargando su grano de arena en las playas de la fiesta popular.</p><p class="subtitle">Parte 1. “Esto es Boca”: crónica de una peregrinación a Río</p></div><p class="article-text">
        El resultado de la final ya est&aacute; escrito en alg&uacute;n lado. Es un hecho consumado al que lo &uacute;nico que le falta es suceder. Habr&aacute; un nuevo campe&oacute;n de Am&eacute;rica emergiendo de la oscuridad m&iacute;tica del Maracan&aacute;. Entretanto, la actualidad cuelga de una suspensi&oacute;n del tiempo en el que R&iacute;o de Janeiro se estremece en el Copacabana Bost.
    </p><p class="article-text">
        Toda la ciudad es una amansadora de hinchas de Boca boyando en las aguas de la impaciencia. Pero Copacaba es el n&uacute;cleo de un fen&oacute;meno que no admite la comprensi&oacute;n. Est&aacute; pasando. Eso es todo. La bristolizaci&oacute;n de la playa m&aacute;s famosa del mundo alcanza varios cenits. Familias enteras de origen popular, muchas de ellas por primera vez en Brasil, vinculan la felicidad del hincha con la ciudad en la que Boca debi&oacute; haber nacido. Se deber&iacute;a pensar seriamente en una mudanza. Boca ganar&iacute;a, y ganar&iacute;a Brasil, que tendr&iacute;a por fin su club m&aacute;s brasilero.
    </p><p class="article-text">
        Se oyen cumbias, cantos de guerra, gritos de conventillo, mientras va creciendo la masa cr&iacute;tica de &ldquo;tapones&rdquo; y &ldquo;tanques&rdquo; (no me hagan trabajar, que estoy en la playa: busquen los conceptos &ldquo;tanque&rdquo; y &ldquo;tap&oacute;n&rdquo; en la <a href="https://www.eldiarioar.com/opinion/boca-cronica-peregrinacion-rio_129_10653334.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">primera nota de esta serie</a>). En los grupos de WhatsApp se anuncia la cercan&iacute;a de La 12 y su desembarco en el predio del Vasco Da Gama. Los aviones &ldquo;marplatenses&rdquo;, con sus colas publicitarias, van y vienen de Arpoador al Pan de Az&uacute;car e inscriben en el cielo los nombres que deben manijear. Uno es el de Betsson (el sponsor timbero de Boca). Otro (me paro para escribirlo), es el de Roberto Carlos, el cantante del amor en el pa&iacute;s del amor, que va a dar conciertos s&aacute;bado y domingo. El tercero es el de Jorge Reale, el popular candidato a presidente de Boca que hace unos d&iacute;as les recomend&oacute; a los hinchas que usen la camiseta, algo que vienen haciendo todos, incluyendo &ldquo;tanques&rdquo; y &ldquo;tapones&rdquo;, desde el 5 de abril de 1905. Cada pasadita, hace estallar a las decenas de miles de bosteros en un cuarto nombre adorado: &ldquo;&iexcl;Riquelme, Riquelme, Riquelme!&rdquo;. Una de las espectadoras de la reacci&oacute;n, que tiene el mismo impulso que se necesita para echar flit, es la madre del coreado.
    </p><p class="article-text">
        La playa revienta como revent&oacute; el d&iacute;a anterior la explanada del Cristo, donde se hicieron mil promesas y pasaron muchas cosas, entre ellas la m&aacute;s importante: el abrazo de hermandad entre dos amigos que no paraban de llorar a los pies del monumento al Chiquito Romero en posici&oacute;n de atajar penales. Cada tanto, una corrida, un robo menor, millones de resacas curadas con nuevas borracheras, y una performance que le propongo a Andr&eacute;s Duprat recrearla en el MMBA. Un &ldquo;tanque&rdquo; se queda dormido de cara a un sol homicida. Por efecto de la entrop&iacute;a digestiva, el cuerpo abre la boca como maniobra de supervivencia. Mientras, un &ldquo;colega&rdquo; se implanta en la bragueta de la malla un choclo humeante, lo acerca a la boca del desmayado y pide que le saquen una foto.
    </p><p class="article-text">
        Es conmovedor ver c&oacute;mo han llegado hasta R&iacute;o miles de personas para las que es casi imposible financiar el viaje. Y es que el factor principal de la gesta es menos el respaldo material que el deseo de cumplir un sue&ntilde;o que no es el de mirar un partido de f&uacute;tbol sino el de estar ah&iacute;, cerca del fuego, descargando su grano de arena en las playas de la fiesta popular. Es gente sabia que lo &uacute;nico que quiere es sentir.
    </p><p class="article-text">
        Sobre el atardecer de R&iacute;o, fuegos de colores en el cielo, estruendos, m&uacute;sica de cuarteto, coros de amor. Una Reveleao amarilla y azul contra los blancos del Copacabana Palace. Lo ins&oacute;lito es que lejos del agotamiento, de los helic&oacute;pteros policiales que rozan con sus esqu&iacute;es las olas para recordarle al Deseo que la Ley acecha y de los cuerpos de asalto cebados en sus camionetas, la fiesta crece y crece.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esto que ocurre es m&aacute;s, mucho m&aacute;s que una final ganada o perdida. Es lo que hace posible que la fiesta transcurra a cambio de nada. Mejor dicho, a cambio de vivir en estado de ilusi&oacute;n. Lo que se llama (as&iacute; lo llaman los hinchas) &ldquo;hacer la fiesta&rdquo;. Es as&iacute;: primero se festeja, despu&eacute;s se encuentran las causas de la felicidad.
    </p><p class="article-text">
        <em>JJB</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan José Becerra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/carnaval-playa-copacabana-recibio-club-argentino-brasilero_129_10656634.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 04 Nov 2023 00:08:37 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Carnaval en la playa: Copacabana recibió al club argentino más brasilero]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["Esto es Boca": crónica de una peregrinación a Río]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/boca-cronica-peregrinacion-rio_129_10653334.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6baeedaa-4c1f-4adb-ac96-1f4146b11e85_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&quot;Esto es Boca&quot;: crónica de una peregrinación a Río"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No hay camuflaje efectivo para los hinchas de Boca. Tarde o temprano se corta la cuerda de la discreción y se manifiesta el monstruo interior, cuyo plan es embarcarse una y otra vez en trances de felicidad. 
</p></div><p class="article-text">
        El avi&oacute;n de Aerol&iacute;neas Argentinas sali&oacute; de Ezeiza a las 6 y media de la ma&ntilde;ana con destino a Puerto Iguaz&uacute;. Pocas palabras en el ambiente, en correspondencia con la mansedumbre zombi de los embarques de madrugada. En esa misma modalidad se oyeron unos aplausos blandos, como hechos con manos de goma, en agradecimiento a la tripulaci&oacute;n. La calma y el tedio se hubieran acentuado bajo condiciones sociales de normalidad, pero un pasajero grit&oacute; varias veces una palabra, y luego otras dos de refuerzo, y las voces se multiplicaron en decenas de sapucais.
    </p><p class="article-text">
        La primera palabra, fue: &ldquo;&iexcl;Boca, Boca, Boca!&rdquo;; y las agregadas: &ldquo;&iexcl;Esto es Boca!&rdquo;. Eran gritos que m&aacute;s bien parec&iacute;an saltos mentales desde las plataformas de la obsesi&oacute;n. Lo extraordinario del evento, y tambi&eacute;n lo inexplicable, es que los que gritaron hayan podido contenerse durante las dos horas del vuelo. El esfuerzo de pasar desapercibido se hizo, y fracas&oacute;. No hay camuflaje efectivo para los hinchas de Boca. Tarde o temprano se corta la cuerda de la discreci&oacute;n y se manifiesta el monstruo interior, cuyo plan es embarcarse una y otra vez en trances de felicidad. No tiene nada que ver con la felicidad de ganar sino con la felicidad de ir a ver a Boca, de acercarse al hervidero de ese deseo loco de &ldquo;estar ah&iacute;&rdquo;. &Eacute;se es el milagro sensible de ir (volver ya es uno de los tr&aacute;mites grises de la vida). Las estad&iacute;sticas in voce son dram&aacute;ticas: uno de cada dos hinchas viaja sin entrada para la final de la Libertadores. Si no dos de cada tres.
    </p><p class="article-text">
        La horda policlasista, ya entrando en confianza, cruza la frontera en un micro de l&iacute;nea. La cultura fronteriza encaja bien con la escena. Hay que identificarse, y por primera vez en todas estas horas, la manga de bosteros recuerda que los seres humanos tienen nombre, incluso ellos. Por un momento se recupera la raz&oacute;n que est&aacute;n yendo a perder, porque si el hincha se mueve largas distancias detr&aacute;s de su equipo es para enajenarse, para dejar de ser un sujeto y poder flotar como una part&iacute;cula en la polvareda de la felicidad.
    </p><p class="article-text">
        En la estaci&oacute;n de &oacute;mnibus de Foz de Iguaz&uacute; se expanden el azul y el amarillo. Hay termos, camisetas, buzos, gorras de Boca movi&eacute;ndose en una di&aacute;spora de soberan&iacute;a. Las caracter&iacute;sticas personales no pueden ser mas ricas en variantes. Ac&aacute; una adolescente con su padre, y all&aacute; una pareja de j&oacute;venes enamorados (de Boca). M&aacute;s all&aacute;, los ejemplares de cancha que llamaremos &ldquo;tapones&rdquo;, morochos de gran resistencia a las batallas f&iacute;sicas que habitualmente patrullan los suburbios de la Bombonera, cubiertos hasta los tobillos con los camperones oficiales al modo de Neo, de Matrix.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Al lado de los &ldquo;tapones&rdquo;, instalando un clima de tensa calma (la calma anterior al bombardeo), est&aacute;n los &ldquo;tanques&rdquo;. M&aacute;s diplom&aacute;ticos que aquellos, menos torvos, con grupos musculares florecidos con dedicaci&oacute;n en el gimnasio y las tiendas de anab&oacute;licos, son una referencia de protecci&oacute;n para la familia boquense. El &ldquo;tap&oacute;n&rdquo; es vanguardia, y el &ldquo;tanque&rdquo; es guerrero de elite. Otra de las distinciones es de orden din&aacute;mico: el &ldquo;tap&oacute;n&rdquo;, va y viene. El &ldquo;tanque&rdquo;, est&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        Pasan las horas. Mejor dicho, las horas no pasan, y al ritmo de espera que vamos, no van a pasar nunca. Faltan tres horas para que salga el coche-cama a R&iacute;o de Janeiro. Estamos en la calamidad de la pausa. Un hincha de los caracterizados pone dos reales para disfrutar del ba&ntilde;o privado de la estaci&oacute;n. Gira el molinete. Pasa. Se sienta en un lujoso inodoro emparedado de m&aacute;rmoles africanos. Un testigo, circunstancialmente en el habit&aacute;culo contiguo, cuenta a elDiarioAR los detalles de la descarga.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El hincha hizo la fuerza que hay que hacer. Hasta ah&iacute;, lo predecible. A partir de ahora, el valor agregado: dijo &ldquo;Uf!&rdquo;, dijo &ldquo;&iexcl;Agh!&rdquo;, y luego de unos segundos de respiraci&oacute;n contenida en los que ocurri&oacute; el deslizamiento, dijo: &ldquo;&iexcl;Fiesta!&rdquo;, y luego :&ldquo;&iexcl;Boca, Boca, Boca!&rdquo;. Valga el testimonio, de muy buena fuente, para dar fe de la intensidad monoman&iacute;aca con la que se viven estas aventuras.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El &ldquo;busdream&rdquo; de la empresa Noreste es una nave espectacular. Quiz&aacute;s un poquito parecida a un telo con sus racimos de leds de colores&nbsp;que produce flashes de LSD y los espejos en las puertas (decisi&oacute;n despiadada del decorador de interiores), lo que no le impide seguir siendo un Invictus de Scania de &uacute;ltima generaci&oacute;n. Las camas no tienen competencia. Se flota en ella, mientras se sue&ntilde;a con La S&eacute;ptima. Cada tanto, una escala, y otra y otra m&aacute;s. &ldquo;Tanques&rdquo; y &ldquo;tapones&rdquo; comparten cerveza y tabaco en la ma&ntilde;ana brasilera. &iquest;Marihuana? No, no, nada que ver.
    </p><p class="article-text">
        Y de golpe, primero la sensaci&oacute;n, y de inmediato la certidumbre, de que en el lujo del &ldquo;busdream&rdquo;, la realidad es la del asentamiento y la ranchada. Imaginemos a 50 personas en un monoambiente con un solo ba&ntilde;o (sin ducha), durante 24 horas. Imaginemos como burgueses asustados los prop&oacute;sitos de los encuentros de ese tipo, en los que lo m&aacute;s importante es que no se puede no estar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero &ldquo;esto es Boca&rdquo;, y se est&aacute; viviendo la mejor experiencia del mundo, que es la de las v&iacute;speras.
    </p><p class="article-text">
        Pasa Campinhas, pasa (como las horas, no termina de pasar) San Pablo. Y llega R&iacute;o de Janeiro, la ciudad que es otra cosa, plagadas de seres humanos llamados cariocas que nacieron para vivir la vida. Los pasajeros despiertan de la catatonia y el primer recuerdo, el resto diurno fijo, es el de una gallina, la misteriosa ave que naci&oacute; para no volar: &ldquo;Te quer&eacute;' mat&aacute;r, che gallina vigilante salud&aacute; a pap&aacute;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>JJB</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan José Becerra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/boca-cronica-peregrinacion-rio_129_10653334.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 02 Nov 2023 23:56:06 +0000]]></pubDate>
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