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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Lana del Rey]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/lana-del-rey/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Lana del Rey]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Solo tengo que hacer un disco mejor]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/disco-mejor_129_10677407.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2bf9e7dc-8942-40b4-bd3b-8d751745dc3a_16-9-discover-aspect-ratio_default_1082610.jpg" width="3112" height="1750" alt="Solo tengo que hacer un disco mejor"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Taylor Swift no es graciosa, ni carismática. Lo único que realmente le interesa es hacer música. No arma su persona pública en internet, como los chicos del siglo XXI, sino que sobre todo construye su yo poético, un yo que habla en sus canciones mucho más que en sus entrevistas.</p></div><p class="article-text">
        A m&iacute; me gusta <strong>Taylor Swift </strong>porque me gusta el siglo XX. Lo descubr&iacute; hace poco, no sin cierta zozobra. Siempre pens&eacute; que ten&iacute;a un temperamento abierto y orientado hacia el abrazo de lo nuevo. De hecho, mucha gente probablemente piensa que gustar de Taylor Swift es una muestra de eso, de estar dispuesta a abordar lo nuevo; pero no, es esto que digo, otra prueba de amor al siglo que nos negamos a abandonar.
    </p><p class="article-text">
        Me conmueve m&aacute;s el talento que el carisma. No sirvo para la gente que no hace nada, ni para la gente cuya supuesta especialidad es tener onda, vestirse de una manera determinada. No sirvo para los youtubers ni para los influencers. Hace poco una amiga me hablaba de otra chica (que sal&iacute;a, por supuesto, con un chico que a ella le gustaba, un tropo muy de Taylor Swift antes del giro feminista) y me dec&iacute;a que claro, que c&oacute;mo no van a gustar de ella los muchachos, con lo cool que es ella. Sab&iacute;a de qui&eacute;n hablaba, y me indign&eacute;: &iquest;qu&eacute; va a tener de cool una chica que no es artista, ni dirigente, ni arquitecta, una chica que no hace nada? &iquest;Por la ropa que usa? &iquest;Por c&oacute;mo sale en las fotos? No tengo paciencia para este tiempo. Tampoco la tengo para la gente que hace algo pero no tiene inter&eacute;s en ser la mejor: lo lamento. Me deprimen los traperos cuando hablan de que son todos amigos como si eso me tuviera que importar, que lo bueno de la escena es que se adoran como la familia Ingalls. Qu&eacute; me importa si son todos amigos. Por m&iacute; que se quieran o que se quieran matar, me da exactamente igual. A m&iacute; lo que me conmueve, ya lo dije, es el talento. El talento y las canciones.
    </p><p class="article-text">
        Taylor Swift tiene talento, y tiene canciones. Es una estrella del siglo XX: su personaje p&uacute;blico, en el fondo, no tiene gusto a nada. Jam&aacute;s podr&iacute;a ser, como Rihanna, un &iacute;cono pop que en alg&uacute;n momento simplemente dej&oacute; de sacar m&uacute;sica, porque no tiene momentos emblem&aacute;ticos en redes sociales, pongamos, ni es r&aacute;pida para tirar frases ingeniosas u originar memes; lo &uacute;nico que la salva, como a muchas divas del siglo XX que en el fondo deb&iacute;an ser personas aburrid&iacute;simas, es el halo de misterio que arma manteni&eacute;ndose escondida. Taylor no es graciosa, ni carism&aacute;tica. No es una chica con la que me interese, por ejemplo, comer. En el documental <em>Miss Americana</em> (2020), de <strong>Lana Wilson</strong>, se nota bastante que Taylor no tiene gracia. Lo &uacute;nico que realmente le interesa es hacer m&uacute;sica: mi momento favorito, por lejos, es cuando se entera de que no la nominaron para el Grammy por su disco <em>Reputation</em>: &ldquo;I just need to make a better record&rdquo;, dice Taylor, preocupada pero en eje. Solo tengo que hacer un disco mejor. La gente la consuela. Yo sonr&iacute;o: me gusta que Taylor crea en la objetividad de lo bueno, en que hay discos indiscutiblemente mejores que otros y que esos son los discos que reciben premios. Nadie cree en esas cosas en el siglo XXI. Solo ella.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No me interesa para nada comer con Taylor, ya lo he dicho; no tiene buenas an&eacute;cdotas, no parece que le guste coger lo suficiente como para que me den ganas de escuchar sus historias, ni que sobre alg&uacute;n otro tema tenga alg&uacute;n deseo u opini&oacute;n que podamos compartir. S&iacute; me gustar&iacute;a, en cambio, estar con ella en un estudio de grabaci&oacute;n. Algo de esa magia en crudo se ve en el documental, pero la evidencia m&aacute;s grande est&aacute;, por supuesto, en su obra: por m&aacute;s que tenga a los mejores productores y compositores de la escena a su servicio (tampoco hace falta negarlo: Taylor Swift no es <strong>Joni Mitchell</strong>), Taylor Swift es Taylor Swift, porque si <strong>Jack Antonoff</strong> pudiera inventar otra Taylor Swift ya lo hubiera hecho. Taylor ha probado sonidos relativamente diversos dentro del espectro de lo popular, desde el country de sus comienzos (que haya salido de una tradici&oacute;n tan fundamentalmente conservadora como esta es, probablemente, el secreto de su &eacute;xito: no importa cu&aacute;nto lo intente, Taylor es una chica que para hacer m&uacute;sica tuvo que aprender a tocar la guitarra, no va a ser nunca una cantante salida de Tik Tok) hasta el pop m&aacute;s puro de<em> 1989</em>, pasando por los temas bailables, las baladas y llegando a esta especie de adult contemporary para treinta&ntilde;eras nost&aacute;lgicas de unos a&ntilde;os noventa que casi no recordamos que inaugur&oacute; en <em>Evermore</em>. 
    </p><p class="article-text">
        Sus canciones se volvieron m&aacute;s sofisticadas y refinadas con el tiempo, y por eso muchas que la conocemos de siempre pero no la ven&iacute;amos siguiendo empezamos a escucharla con m&aacute;s atenci&oacute;n (personalmente, adem&aacute;s, le respeto mucho que no haya tenido ning&uacute;n coqueteo con los g&eacute;neros urbanos: estamos hablando, tal vez, de la &uacute;nica estrella pop masiva de la actualidad que jam&aacute;s ha intentado ser negra, ni por cuatro compases; ni <strong>Lana del Rey</strong> se salva de eso).
    </p><p class="article-text">
        Taylor ha crecido, ha aprendido y ha mejorado, pero en un sentido importante, como siempre pasa con la gente que adem&aacute;s de trabajo y disciplina tiene talento puro, todo estaba ya en su primer hit, &ldquo;Our song&rdquo;, una canci&oacute;n que escribi&oacute; para un show de talentos cuando ella y todo el resto de la clase 89 est&aacute;bamos todav&iacute;a en el colegio. Es un tema plenamente country, con banjo y armon&iacute;a a tres voces en el estribillo, pero ya tiene esa redondez de una melod&iacute;a precisa e infalible que no tiene ni una nota que no sea la que debe ser, ese fraseo que en la estrofa sigue sobre todo un ritmo de lo hablado como para que la centralidad de la letra quede clara desde el principio, ese tono &iacute;ntimo y a la vez un poquito gen&eacute;rico que es el mix perfecto de Taylor Swift, la chica que siente todo con mucha intensidad pero no siente nada que no hayas sentido vos tambi&eacute;n, nada demasiado original.
    </p><p class="article-text">
        Es esa mezcla de o&iacute;do y modestia lo que le permite hacer crecer una identidad yendo de sonido en sonido, de color en color, de era en era, como dicen sus fans; melod&iacute;as que nunca se pasan de listas y en cambio avanzan a paso firme sobre los recursos que Taylor va incorporando con los a&ntilde;os; melod&iacute;as, adem&aacute;s, suficientemente cristalinas como para no hacerle sombra a la textualidad de Taylor, que no arma su persona p&uacute;blica en internet, como los chicos del siglo XXI, sino que sobre todo construye su yo po&eacute;tico, un yo que habla en sus canciones mucho m&aacute;s que en sus entrevistas. Un yo que crece con su audiencia, que acompa&ntilde;a lo que sabemos de sus amantes (pero otra vez, m&aacute;s como en el siglo XX que como en el XXI, m&aacute;s como seguimos las historias de amor de <strong>Fito P&aacute;ez</strong> a trav&eacute;s de sus discos y sus etapas emotivas que como seguimos las de <strong>Olivia Rodrigo</strong>), pero que antes que contar la historia espec&iacute;fica de Taylor lo que hace es ir escribiendo una gram&aacute;tica emocional para estas chicas que como yo, como ella, no saben bien en qu&eacute; &eacute;poca viven, y por eso aman como en las novelas de antes, pero en el fondo no se bancan lo que viene con eso; as&iacute; nos va, supongo.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Nunca so&ntilde;&eacute; con Taylor, ni creo que lo haga, pero me gusta su manera de so&ntilde;ar, me identifico con ella. <strong>Fernando Pessoa</strong> escribi&oacute; que ten&iacute;a dentro de s&iacute; todos los sue&ntilde;os del mundo; Taylor, y en eso es que me representa, es del tipo de gente que solo tiene un sue&ntilde;o, m&aacute;s de la escuela de <strong>Oscar Wilde</strong>, que dec&iacute;a que el castigo de los so&ntilde;adores que encuentran el camino solo a la luz de la luna es que ven el amanecer antes que el resto. Taylor todav&iacute;a no tiene marido, y eso en Hollywood a los casi 34 es bastante grave; dir&iacute;a, igual, que lo de verla antes que el resto por ahora le viene saliendo bastante bien.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>(Este texto sali&oacute; como pr&oacute;logo del libro &ldquo;Ayer so&ntilde;&eacute;&rdquo; con Taylor, editado por Paz Azc&aacute;rate y Jos&eacute; Bellas para Planeta, en el que una serie de swifties cuentan sus sue&ntilde;os, fantas&iacute;as e ilusiones con Taylor)</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>TT</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 12 Nov 2023 03:01:24 +0000]]></pubDate>
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