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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Prácticas ancestrales]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/practicas-ancestrales/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Prácticas ancestrales]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Ser marrón: una traba más en el acceso de las mujeres a la salud]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/blog/punto-de-encuentro/marron-traba-acceso-mujeres-salud_132_10691483.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d14fbba4-d886-4df8-acbe-0624c8e40518_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ser marrón: una traba más en el acceso de las mujeres a la salud"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Mujeres jujeñas, marrones y de escasos recursos cuentan sus experiencias en el sistema de salud que las expulsa, las violenta y las trata como si tuvieran menos derechos. Una traba estructural en el acceso a la salud sexual y reproductiva. 

</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Atendela vos. &iexcl;No! Atendela vos&rdquo;. &ldquo;C&aacute;llate, no hagas l&iacute;o&rdquo;. &ldquo;Aguant&aacute;, aguant&aacute; y quedate tranquilita&rdquo;. &ldquo;Volv&eacute; a tu casa&rdquo;. &ldquo;No puedo creer que no se ba&ntilde;an&rdquo;. &ldquo;Son sucias&rdquo;. &ldquo;No pod&eacute;s parir de cuclillas, &iquest;qui&eacute;n te dijo que pod&iacute;as?&rdquo;. &ldquo;Eso no se hace, se va caer el beb&eacute; al piso&rdquo;.&nbsp; &ldquo;Son indias&rdquo;. &ldquo;No sab&eacute;s nada&rdquo;, &ldquo;No s&eacute; para qu&eacute; se ponen a tener hijos&rdquo;&hellip; y podr&iacute;amos seguir por varios p&aacute;rrafos m&aacute;s describiendo las cosas que las mujeres juje&ntilde;as marrones y pobres deben escuchar cuando se acercan al sistema de salud a recibir un servicio relacionado a los derechos reproductivos y sexuales. En estos espacios, adem&aacute;s de la violencia verbal, tambi&eacute;n existe una negaci&oacute;n de los saberes ancestrales de las comunidades originarias que a&uacute;n conservan sus propios m&eacute;todos para acceder a la salud. La voz de estas mujeres no suele ser escuchada porque no son respetadas como sujetas de derechos y poseedoras de conocimientos v&aacute;lidos.
    </p><p class="article-text">
        Las frases que le&iacute;mos m&aacute;s arriba parecen haber sido dichas hace mucho tiempo, pero son di&aacute;logos que fueron recuperados de las experiencias de tres mujeres j&oacute;venes que habitan la ciudad de San Salvador de Jujuy&nbsp; y que hoy son conscientes de la violencia mediada por racismo y discriminaci&oacute;n que sufrieron a los largo de sus vidas, <strong>pero especialmente cuando tuvieron contacto con el sistema de salud a la hora de un parto, un aborto o una consulta ginecol&oacute;gica.&nbsp;</strong>
    </p><h3 class="article-text"><strong>El color de piel como bandera</strong></h3><p class="article-text">
        <strong>Sara P&eacute;rez</strong>, es docente de teatro, actriz y <em>performer</em> juje&ntilde;a, pero por sobre todo una luchadora incansable en contra del racismo y discriminaci&oacute;n hacia las mujeres marrones de Jujuy.&nbsp; En los diferentes espacios en que la encontramos, Sara hace del color de su piel una bandera que busca visibilizar las situaciones de violencia y la vulneraci&oacute;n de derechos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es por eso que, mientras viaja hacia Buenos Aires para participar de la Marcha de Orgullo, Sara se contact&oacute; por tel&eacute;fono para compartir su historia. Lo hace porque sabe que, como ella, hay muchas otras mujeres que seguramente en alg&uacute;n rinc&oacute;n de esta provincia estar&aacute;n escuchando o sintiendo lo que ella pas&oacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&nbsp;&ldquo;Cuando fui a tener a mi hija sent&iacute; todo: la discriminaci&oacute;n, el racismo, el desprecio, el ser ignorada, no escuchada&rdquo;</strong>, dice.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Sara Pérez. Cuenta que quiso parir en cuclillas como le enseñaron sus abuelas, pero que se lo prohibieron y le ataron los pies a la cama.                             </span>
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        Sobre las formas en las que se manifiestan estas violencias recuerda: &ldquo;Fui con muchos dolores al Hospital Pablo Soria (que nucleaba casi todas las prestaciones de salud en la capital juje&ntilde;a) y me dijeron que no estaba para parir, que me fuera a mi casa y volviera despu&eacute;s. Yo vivo lejos, en Alto Comedero, (ubicado a 15 kil&oacute;metros del casco c&eacute;ntrico de la ciudad Capital),&nbsp;estaba sin plata para el colectivo y mucho menos para pagarme un remis. Igual volv&iacute; m&aacute;s tarde, me quejaba mucho del dolor y solo quer&iacute;a ubicarme de cuclillas como me hab&iacute;an ense&ntilde;ado mis abuelas, que hab&iacute;an tenido sus hijos lejos de un hospital. Pero ah&iacute; me retaron mucho. Me dijeron &lsquo;No es as&iacute;, &iquest;qui&eacute;n te dijo que pod&eacute;s tenerlo as&iacute;?'. <strong>Me pusieron en una camilla, me ataron los pies y me ped&iacute;an todo el tiempo que no grite, que no haga l&iacute;o y que me quede tranquilita&rdquo;</strong>.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;<strong>Tu hija ya tiene ocho a&ntilde;os. &iquest;Segu&iacute;s recordando ese d&iacute;a?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;S&iacute;, a&uacute;n me acuerdo y hoy me doy cuenta que eso pasa a diario. Hoy, con m&aacute;s herramientas, puedo entender que fue racismo,  discriminaci&oacute;n y desprecio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&nbsp;</strong>&ndash;<strong>&iquest;Crees que esto aleja a muchas mujeres marrones de escasos recursos de los centros de salud?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Sin duda que s&iacute;, cada vez que vas sent&iacute;s el destrato, no quer&eacute;s volver. Y eso te limita en todo, en hacerte un control anticonceptivo adecuado, en hacerte estudios de prevenci&oacute;n y todo lo que todas las mujeres debemos tener por derecho.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;<strong>&iquest;Qu&eacute; sentiste cuando quisiste recurrir a los saberes que te hab&iacute;an dado tus abuelas y el personal de salud te lo neg&oacute;?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Sent&iacute; como otras tantas veces que mi voz no fue escuchada, el reto como si fuera una ni&ntilde;a. Sent&iacute; que nada de lo que yo dijera importaba. Por eso entiendo que hasta hace muy poco muchas mujeres ind&iacute;genas prefer&iacute;an que sus hijos nacieran en sus hogares recibiendo un trato emp&aacute;tico y acorde a los valores, costumbres y tradiciones milenarias que a&uacute;n viven en nuestras comunidades.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text"><strong>Una voz que no se escucha</strong></h3><p class="article-text">
        <strong>Noelia Esquivel</strong>, madre de dos ni&ntilde;as, tuvo otra experiencia del destrato a la hora de acceder a los servicios de salud reproductiva y sexual. &ldquo;Yo me hice un aborto antes de que se sancionara la Ley de Interrupci&oacute;n Voluntaria del Embarazo y tuve una infecci&oacute;n muy grave, porque tuve que hacerlo en condiciones no aptas, en mi propia casa&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Noelia cont&oacute; que vivi&oacute; una situaci&oacute;n &ldquo;de terror&rdquo;.&nbsp; &ldquo;Me dejaron en el pasillo con un dolor insoportable, yo gritaba del dolor pero nadie me atend&iacute;a. Yo lo sent&iacute; como un castigo. Hubo un trato despectivo, porque soy del barrio, generalmente las personas que vamos al hospital no tenemos muchos recursos. Sent&iacute; como un <strong>&lsquo;Jodete, ahora qu&eacute;date ah&iacute;, &iquest;para qu&eacute; te hiciste un aborto?&rsquo;.</strong> Para mi fue una forma de aleccionar&rdquo;.&nbsp;&nbsp;
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                    alt="Noelia Esquivel asegura que en el hospital le hicieron un legrado sin anestesia como “castigo” por un aborto espontáneo."
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                Noelia Esquivel asegura que en el hospital le hicieron un legrado sin anestesia como “castigo” por un aborto espontáneo.                            </span>
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        Unos a&ntilde;os despu&eacute;s, Noelia qued&oacute; otra vez embarazada pero era un saco sin embri&oacute;n. El aborto fue espont&aacute;neo, pero la experiencia fue la misma: &ldquo;Me hicieron un legrado, muy doloroso, sin anestesia. Con la misma actitud como queriendo que me duela para que &lsquo;aprenda&rsquo;&rdquo;.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Es como si todos te dijeran: &lsquo;si estas embarazada ten&eacute;s que tenerlo, sino para qu&eacute; abr&iacute;s las piernas'. Hay a&uacute;n una mirada muy machista y el trato es aleccionador casi tutelar. Nadie fue a buscar al padre de ese aborto, sino que todo el maltrato lo sent&iacute; yo. Es un maltrato hacia las mujeres, siempre&rdquo;, reflexiona Noelia.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text"><strong>Un sentir y un saber que busca ser respetado</strong></h3><p class="article-text">
        <strong>Lidia Balcarce</strong> es la voz de las mujeres de un peque&ntilde;o pueblo ubicado entre la Quebrada y las Yungas juje&ntilde;as: Caspal&aacute;, una comunidad de 250 familias que hasta hace una d&eacute;cada atr&aacute;s no ten&iacute;a conexi&oacute;n con la ciudad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La voz de Lidia surgi&oacute; despu&eacute;s de una tragedia familiar: su hermano, jefe del Registro Civil del pueblo, desapareci&oacute; durante 20 d&iacute;as y ella se puso al frente de la b&uacute;squeda. Luego, ante una situaci&oacute;n de desacuerdo con las decisiones gubernamentales sobre obras que se pretend&iacute;an hacer en su pueblo, Lidia alz&oacute; otra vez la voz para defender los derechos de su comunidad.&nbsp;
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                Identidad Marrón. Lidia comenzó a militar como respuesta a la discriminación que sentía. Hoy es orgullo.                             </span>
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        &ldquo;<strong>Siempre a las comunidades que vienen del norte o bajan de los cerros se las destrata. Nos ven as&iacute;: morochas, bajitas con cierta vestimenta y siempre hay racismo. </strong>Yo sufr&iacute; mucho esta situaci&oacute;n de ni&ntilde;a. Me quede hu&eacute;rfana a edad temprana y vine a la ciudad y sent&iacute; discriminaci&oacute;n y por supuesto tambi&eacute;n a la hora de recibir alguna atenci&oacute;n m&eacute;dica&rdquo;, indica mientras su voz se ti&ntilde;e de tristeza recordando los calificativos que recibi&oacute; a lo largo de su vida.&nbsp; &ldquo;<strong>Me dec&iacute;an india, coya y un mont&oacute;n de cosas que hoy son mi orgullo</strong>, pero de ni&ntilde;a no lo entend&iacute;a as&iacute; y me avergonzaba de donde ven&iacute;a&rdquo;, agrega.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En los hospitales Lidia dice que vuelve a vivir el mismo destrato: &ldquo;No es lo que te dicen sino c&oacute;mo te tratan. Baj&eacute; con mi abuela y escuch&eacute; un &rdquo;Atendela vos, no atendela vos&ldquo;. No te lo dicen de frente&nbsp; pero es como que les diera asco vernos&rdquo;, asegura. &ldquo;El tema de tratarnos de falta de higiene, es siempre.&nbsp; A veces lo viajes del campo a la ciudad son largos y no es que uno no quisiera estar aseado, pero tambi&eacute;n es un motivo de un trato discriminatorio&rdquo;, cuenta Lidia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Habla de desvalorizaci&oacute;n de los saberes ancestrales: &ldquo;Nosotros tenemos formas de curarnos con yuyos. En Caspal&aacute; seguimos siendo muy ancestrales en ese sentido. Hoy ya hay camino, pero no tiene m&aacute;s de 10 a&ntilde;os. Y no tenemos hospital, solo una salita. Cuando hay urgencias, como un parto, las que asisten son las mujeres m&aacute;s grandes de la comunidad&rdquo;.&nbsp;&nbsp;
    </p><h3 class="article-text"><strong>El mapa del racismo</strong></h3><p class="article-text">
        Los relatos de Sara, Lidia y Noelia coinciden con las cifras de discriminaci&oacute;n que el Instituto Nacional contra la Discriminaci&oacute;n, la Xenofobia y el Racismo (INADI) public&oacute; recientemente: <strong>Jujuy es la provincia con mayor discriminaci&oacute;n por cuestiones est&eacute;ticas, por color de piel y por pobreza. </strong>As&iacute; lo indica el Mapa Nacional de la Discriminaci&oacute;n elaborado a partir de encuestas realizadas a 11.700 personas en sus hogares durante 2019.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El tema de g&eacute;nero figura como segundo y tercer motivo de estos episodios en las provincias de Jujuy, Salta, C&oacute;rdoba, La Pampa, Mendoza y San Luis.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Silencio nunca m&aacute;s&nbsp;</strong></h3><p class="article-text">
        El racismo estructural que existe en nuestro pa&iacute;s atraviesa todas las situaciones de la vida de las mujeres marrones y pobres del norte y por supuesto es una barrera m&aacute;s a la hora de acceder a los derechos reproductivos y sexuales.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Tal como lo indica que el informe de &ldquo;Las Mujeres Ind&iacute;genas y sus Derechos Humanos en las Am&eacute;ricas&rdquo; (2017), de la Comisi&oacute;n Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), en Jujuy, as&iacute; como en toda Am&eacute;rica, las mujeres ind&iacute;genas suelen enfrentar formas diversas y sucesivas de discriminaci&oacute;n hist&oacute;rica que se combinan y se superponen, exponi&eacute;ndolas a violaciones de derechos humanos en todos los aspectos de su vida cotidiana.&nbsp;
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                Identidad marrón. Un movimiento político en respuesta a la discriminación tan marcada en la provincia.                            </span>
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        <strong>Los diversos obst&aacute;culos que las mujeres, marrones, urbanas de escasos recursos enfrentan, son las dificultades geogr&aacute;ficas y econ&oacute;micas para tener acceso a servicios de salud que suelen dar como resultado la discriminaci&oacute;n, violencia y marginaci&oacute;n social.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Vemos en cada historia que no hay mecanismos concretos para garantizar que el derecho que tienen todas las mujeres a acceder a servicios salud y atenci&oacute;n m&eacute;dica, que garanticen una maternidad segura y libre de todo riesgo en todo el proceso reproductivo, sino por el contrario:<strong> el maltrato las aleja&nbsp; de los centros de salud</strong> porque prefieren recibir en sus hogares un trato emp&aacute;tico y acorde a los valores, costumbres y tradiciones milenarias.
    </p><p class="article-text">
        Por eso en las marchas feministas juje&ntilde;as surgi&oacute; hace muchos meses una nueva consigna: &ldquo;Amuki nunca m&aacute;s&rdquo;. Amuki quiere decir silencio. 
    </p><p class="article-text">
        <em>CA</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carmen Amador]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/blog/punto-de-encuentro/marron-traba-acceso-mujeres-salud_132_10691483.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 25 Nov 2023 03:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Ser marrón: una traba más en el acceso de las mujeres a la salud]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Salud sexual,Discriminación,Pueblos originarios,derechos reproductivos,Prácticas ancestrales]]></media:keywords>
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