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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Charles Bukovski]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/charles-bukovski/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Charles Bukovski]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El coloso de Brooklyn]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/coloso-brooklyn_129_10752490.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/04b81eba-f5dc-434b-b9e5-43f94d02b1ea_16-9-discover-aspect-ratio_default_1086141.jpg" width="1228" height="691" alt="El coloso de Brooklyn"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Quién te recomienda un libro que va a volverte loco? Una amiga, un amigo, un profesor. A mí me lo recomendó un actor en una película atípica de Scorsese.</p></div><p class="article-text">
        Salvo en San Antonio de Areco, donde la tradici&oacute;n parece ser algo que se hereda y uno tiene que andar vestido de gaucho todo el tiempo, en otras partes la tradici&oacute;n es algo que se debe salir a buscar. La tradici&oacute;n de un poeta guatemalteco puede ser la forma en que juega al f&uacute;tbol un equipo noruego. Y a este trago se le puede mezclar las pel&iacute;culas clase B del cine americano y, quiz&aacute;, alguna mala traducci&oacute;n de El T&uacute;nel de Ernesto Sabato. &iquest;Por qu&eacute; no?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qui&eacute;n te recomienda un libro que va a volverte loco? Una amiga, un amigo, un profesor. A m&iacute; me lo recomend&oacute; un actor en una pel&iacute;cula at&iacute;pica de Scorsese, Despu&eacute;s de hora. Es una escena &ndash;pasaron muchos a&ntilde;os y nunca volv&iacute; a verla&ndash; en que un hombre est&aacute; sentado en un bar y mira a una chica que lee un libro. El tipo &ndash;para entablar conversaci&oacute;n con la chica&ndash; le empieza a recitar el comienzo del libro que ella est&aacute; leyendo: &ldquo;No tengo dinero ni recursos ni esperanzas, soy el hombre m&aacute;s feliz del mundo, hace un a&ntilde;o, hace seis meses, pensaba que era un artista, ya no lo pienso, lo soy, todo lo que era literatura se ha desprendido de m&iacute;, ya no hay m&aacute;s libros que escribir, gracias a Dios&rdquo;. La chica cierra el libro y mira al tipo. &ldquo;<strong>Henry Miller</strong>&rdquo;, dice el tipo, &ldquo;<em>Tr&oacute;pico de C&aacute;ncer</em>&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sal&iacute; del cine y empec&eacute; a buscar el libro. Elsa, la amiga de mi mam&aacute; de lentes inmensos y polera amarilla, con lo dedos manchados por la nicotina, gran lectora, lo ten&iacute;a y lo sac&oacute; de la cartera cuando se lo mencion&eacute;. Me dijo que era un libro que hab&iacute;a que leer con cuidado porque ten&iacute;a partes obscenas, pornogr&aacute;ficas. Me acuerdo que cuando mi mam&aacute; cay&oacute; en coma cuatro y estuvo a punto de morirse yo ten&iacute;a un sobretodo negro y mientras recorr&iacute;a la guardia del hospital donde estaba internada, sacaba el libro de Miller y le daba un trago, como si fuera una petaca de algo vivificador. Para m&iacute;, <em>Tr&oacute;pico de C&aacute;ncer</em> no era pornogr&aacute;fico, las escenas de sexo que tanto esc&aacute;ndalo hab&iacute;an suscitado en la &eacute;poca en que se public&oacute;, no me interesaban. Lo que me interesaba era la forma at&iacute;pica de narrar una novela, casi sin trama, con diferentes escenas al tunt&uacute;n y con la potencia l&iacute;rica de un poeta inspirado. <em>Tr&oacute;pico de C&aacute;ncer</em> estaba escrito en presente y en presente es como me gustaba vivir.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Muchas veces los libros que nos impactan en la juventud dejan de tener efecto cuando crecemos. Nos olvidamos el trato que alguna vez tuvimos con ellos. Pero esta ma&ntilde;ana, mi amigo Toto me manda una frase genial por wasap: &ldquo;Nadie puede sentirse mejor que quien se ve enga&ntilde;ado completamente. Ser inteligente puede ser una bendici&oacute;n, pero ser completamente confiado, cr&eacute;dulo hasta la idiotez, abandonarse sin reservas, es uno de los supremos placeres de la vida&rdquo;. &iquest;De qui&eacute;n es? le pregunto. Es de <em>Sexus</em>, de Henry Miller, me responde. Y como la magdalena de Proust recuerdo esos d&iacute;as intensos de mi juventud en que so&ntilde;aba con convertirme en un poeta, la idea de que iba a ser imposible si no me pon&iacute;a primero a actuar como un poeta. &iquest;Pero c&oacute;mo era un poeta? El <strong>Indio Solari </strong>me cont&oacute; que <strong>Pete Townshed</strong> se preguntaba c&oacute;mo se ten&iacute;a que vestir un rocker hasta que se dio cuenta que un rocker se vest&iacute;a como &eacute;l. En una fiesta de despedida de unos compa&ntilde;eros de la facultad que se iban de viaje hasta Canad&aacute; a dedo, me encontr&eacute; con Gaspar &ndash;le dec&iacute;an todos Gaspi&ndash; y no logro recordar su cara porque lo vi esa sola vez, esa larga noche que iba a cambiar mi vida de manera definitiva. Gaspar me habl&oacute; de miles de cosas incre&iacute;bles esa vez, sent&iacute; que pod&iacute;a ser mi amigo para siempre. Y en un momento me dijo algo que me impact&oacute;: su pap&aacute; era poeta. Hasta ese entonces los padres de mis amigas o amigos eran sastres, mozos, trabajaban en f&aacute;bricas, eran visitadores m&eacute;dicos, pero ninguno poeta. Se llama <strong>Francisco Madariaga</strong>, me dijo Gaspar. Le empec&eacute; a preguntar c&oacute;mo se vest&iacute;a el padre, qu&eacute; tipo de vida llevaba. Me dijo que era un poeta surrealista con una vida realista y tranquila. Muchos a&ntilde;os despu&eacute;s yo iba a leer los poemas geniales de Madariaga. Incluso un verso suyo que me encantaba &ldquo;Oh, Mono, adi&oacute;s&rdquo;, lo iba a usar como t&iacute;tulo en un diario deportivo donde trabajaba, cuando se despidi&oacute; del f&uacute;tbol Navarro Montoya.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La frase de Toto me hizo acordar al cuarto de soltera de Lali, una chica que conoc&iacute; y que ten&iacute;a en la pared de su pieza pegada una foto de Henry Miller. Y llevaba siempre <em>Sexus</em> en la cartera, y lo sacaba para leerlo cuando nos sent&aacute;bamos en el subte y yo miraba asombrado que lo ten&iacute;a todo subrayado. A m&iacute; me gustaban los Tr&oacute;picos (el de C&aacute;ncer y el de Capricornio o <em>Primavera Negra</em>, o <em>El coloso de Marusi</em>). &iexcl;No s&eacute; de d&oacute;nde se le ocurr&iacute;an t&iacute;tulos tan geniales! Pero cada vez que intentaba leer <em>Sexus</em> me aburr&iacute;a. Me parec&iacute;a un torrente de frases sin sentido y <em>Plexus</em> o <em>Nexus</em>, con los que segu&iacute;a la trilog&iacute;a, tampoco lograban despertarme inter&eacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ac&aacute; est&aacute; la correspondencia entre <strong>Lawrence Durrell </strong>y Henry Miller. Al principio Durrell es el disc&iacute;pulo &ndash;de hecho <em>El cuaderno negro</em>, uno de sus primeros libros, es una versi&oacute;n de <em>Tr&oacute;pico de C&aacute;ncer</em>&ndash; pero despu&eacute;s se aleja del maestro y compone <em>El cuarteto de Alejandr&iacute;a</em>. En esas novelas hay una trama sofisticada, personajes inestables y complejos, cambios de punto de vista. A Durrell no le gusta <em>Sexus</em>, le parece un libro amorfo: &ldquo;Querido Henry. Recib&iacute; <em>Sexus</em> de Par&iacute;s y voy por la mitad del volumen uno. Debo confesar que estoy amargamente desilusionado. La vulgaridad moral del libro es art&iacute;sticamente dolorosa. Esas escenas tontas y sin sentido que no tienen raz&oacute;n de ser ni humor, nada m&aacute;s que infantiles explosiones de obscenidad... Qu&eacute; l&aacute;stima que un gran artista no tenga el sentido cr&iacute;tico&nbsp;como para controlar sus fuerzas y mantener su destino dirigido hacia la meta&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Charles Bukowski</strong> &ndash;un escritor de prosa seca, a la manera de Hemingway, pero vitalista como Miller&ndash; no piensa igual que Durrell y le escribe a Miller. &ldquo;Hoy cumplo 45 a&ntilde;os y con esa pobre excusa me permito el lujo de escribirte, aunque me imagino que recibir&aacute;s tantas cartas que acabar&aacute;s loco. No hay nadie como Celine o Dostoievski. A menos que se llame Henry Miller&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Estoy leyendo de nuevo <em>Sexus</em>. Es un torrente de descargas de semen. Los personajes apenas est&aacute;n delineados. El gran personaje es Henry Miller. En medio de ese torrente de palabras, aparecen frases geniales como la que me mand&oacute; Toto. U otras como &eacute;sta: &ldquo;El lenguaje empieza donde la comunicaci&oacute;n est&aacute; en peligro&rdquo;. Es un libro sobre la desgracia y la felicidad de estar enamorado. Y de saber que la persona que amas es misteriosa, pero no va a serlo siempre. Y que hay aceptar esa frustraci&oacute;n. Algunos personajes toman la palabra y hablan largo y tendido, durante p&aacute;ginas. El libro se detiene, no hay acciones. Pero de golpe aparece una peque&ntilde;a descripci&oacute;n, una peque&ntilde;a frase con la que podemos aguantar el d&iacute;a. Siento que estoy con una palangana moviendo el agua al lado de un r&iacute;o buscando esa pepita de oro.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En alg&uacute;n momento despu&eacute;s de la muerte de mi madre, Elsa dej&oacute; de venir a casa. No la vi nunca m&aacute;s. A <strong>Gaspar Madariaga</strong> lo vi esa sola vez. Y aunque fui varias veces a escuchar recitar a su padre &ndash;una experiencia casi sobrenatural&ndash; nunca me lo encontr&eacute;. Despu&eacute;s de esa larga noche charlando con &eacute;l no me cas&eacute; &ndash;ten&iacute;a fecha para dos semanas m&aacute;s tarde&ndash; y me fui de viaje por Am&eacute;rica durante dos a&ntilde;os, siguiendo a mis compa&ntilde;eros de facultad. Hasta el d&iacute;a de hoy no logr&eacute; ser completamente cr&eacute;dulo, no pude abandonarme sin reservas, abandonarme hasta la idiotez, ese nirvana que se propone en <em>Sexus</em>. Henry Miller muri&oacute; hace muchos a&ntilde;os y sus libros renacen cada tanto, cuando alguien los abre al azar en el subte o en una librer&iacute;a de usados.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lali vive en Francia, donde pasa hambre y fr&iacute;o. 
    </p><p class="article-text">
        <em>FC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fabián Casas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/coloso-brooklyn_129_10752490.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 09 Dec 2023 03:01:50 +0000]]></pubDate>
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