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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Campo de Polo]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/campo-de-polo/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Campo de Polo]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Babasónicos, diciembre, Argentina]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/babasonicos-diciembre-argentina_129_10753808.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ad198f90-5273-4be5-94cc-30938f3f1539_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Babasónicos, diciembre, Argentina"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Como en 2001, con la caída de Fernando de la Rúa como trasfondo, la banda liderada por Adrián Dárgelos vuelve al Campo de Polo en un verano políticamente caliente.</p></div><p class="article-text">
        Era 2001, era verano y hac&iacute;a calor. Pero no hab&iacute;a polic&iacute;a montada ni camiones hidrantes ni Plaza de Mayo. La convertibilidad estaba en el aire, gobernaba <strong>Fernando de la R&uacute;a</strong>, se ven&iacute;a el reseteo del pa&iacute;s, yo estaba angustiado por no saber qu&eacute; estudiar y esa ma&ntilde;ana andaba averiguando por las entradas para el Buenos Aires Hot Festival en una ventanilla del Campo de Polo que daba a la avenida Del Libertador. Pod&iacute;a quedarme tranquilo: no se iban a agotar porque el aforo era &ldquo;infinito&rdquo; (la palabra la pronunci&oacute; la persona que vend&iacute;a las entradas). Ese 17 de enero de 2001 tocar&iacute;an <strong>REM</strong> y <strong>Beck</strong> y, mucho m&aacute;s temprano, <strong>Babas&oacute;nicos</strong>. Aunque, curiosamente, en el portal que vende las entradas para ma&ntilde;ana se anuncia &ldquo;Babas&oacute;nicos por primera vez en el Campo de Polo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ese show fue importante: en <em>Tan freak y tan popular: Jessico 20 a&ntilde;os</em>, que sali&oacute; en 2021 y es el primer podcast oficial de la banda, <strong>Alberto Moles</strong> dice: &ldquo;Firmamos a los Babas&oacute;nicos, que los vimos en el Buenos Aires Hot Festival y <strong>Roberto Costa</strong> ah&iacute; dijo <em>Hay que fichar esta banda s&iacute; o s&iacute;</em>&rdquo;. Nadie lo sab&iacute;a pero se estaba modificando la &oacute;rbita del grupo. La cuesti&oacute;n es que, esperando la hora de R.EM., vi sin mayor inter&eacute;s ese show determinante. Solamente recuerdo que tocaron &laquo;El playboy&raquo;. As&iacute; empezaba el a&ntilde;o que funcionar&iacute;a como un meridiano demarcador en el destino de la banda. 
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        El jueves 27 de diciembre de 2001 el suplemento <em>No</em> del diario <em>P&aacute;gina/12</em> public&oacute; su&nbsp;tradicional encuesta de fin de a&ntilde;o. En la tapa se le&iacute;a: &ldquo;En medio de los vidrios rotos y con la sangre derramada todav&iacute;a fresca, los m&uacute;sicos argentinos eligieron lo mejor de un a&ntilde;o que comenz&oacute;, transcurri&oacute; y concluye en peligro. Como siempre, trat&aacute;ndose de un extra&ntilde;o lugar llamado Argentina&rdquo;. Y como <em>Jessico</em> hab&iacute;a resultado el disco del a&ntilde;o (el segundo lugar lo ocupaban <em>Silver sorgo</em> de <strong>Luis Alberto Spinetta</strong> y <em>Bandidos rurales</em> de <strong>Le&oacute;n Gieco</strong>), la tapa era una foto de Babas&oacute;nicos. 
    </p><p class="article-text">
        Pero no estaban todos los miembros: faltaba el hermano de <strong>Adri&aacute;n D&aacute;rgelos</strong>, llamado <strong>Diego Rodr&iacute;guez </strong>y conocido como <strong>Diego Uma</strong>. En la nota se explicaba la ausencia: &ldquo;El menor de los Rodr&iacute;guez permanece en la casa por las dudas, en vista de la psicosis generalizada por <em>las hordas que vienen saqueando</em>, tal como pod&iacute;a escucharse por ah&iacute;. En ese contexto sucede la conversaci&oacute;n&rdquo;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La entrevista para el suplemento <em>No</em>, incluyendo la sesi&oacute;n de fotos, hab&iacute;a sido el viernes 21, d&iacute;a de la dimisi&oacute;n de Fernando de la R&uacute;a. Y el primer p&aacute;rrafo de la nota dec&iacute;a as&iacute;: &ldquo;El Gran Buenos Aires tambi&eacute;n humea, todav&iacute;a tiene fuego y anoche hubo <em>soundtrack</em> de disparos y explosiones, cuenta Adri&aacute;n D&aacute;rgelos que llega de su Tortuguitas&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Tortuguitas era, adem&aacute;s de casa y estudio de grabaci&oacute;n, el s&iacute;mbolo de una nueva etapa de la banda: sin m&aacute;nager y sin compa&ntilde;&iacute;a discogr&aacute;fica, Babas&oacute;nicos se hab&iacute;a transformado en una banda independiente y hab&iacute;a montado un estudio de grabaci&oacute;n propio. 
    </p><p class="article-text">
        Ese estudio aparece en <em>Tan freak y tan popular: Jessico 20 a&ntilde;os</em>, cuyo primer episodio se titul&oacute; &laquo;Con todo en contra&raquo; (la intenci&oacute;n es evidente: las desventuras de&nbsp;la banda sin contrato se confunden con las del pa&iacute;s). Entre todos los miembros van contando su construcci&oacute;n (&ldquo;La sala era b&aacute;rbara, y el control, bueno, hasta ah&iacute; lleg&oacute; la plata&hellip;&nbsp;&nbsp;Era material nada m&aacute;s: material y loza. Y empezamos a estar ah&iacute;, y de golpe est&aacute;bamos respirando polvo&hellip;) y lo cierto es que el anecdotario es m&aacute;s propio de una banda de rock barrial que de la propuesta entre glam y bizarra que Babas&oacute;nicos hab&iacute;a sostenido durante la d&eacute;cada previa. Esa dimensi&oacute;n seguramente contribuy&oacute; al combo que hizo de <em>Jessico</em> el disco de la crisis: a la debacle econ&oacute;mica, social e institucional del pa&iacute;s le correspond&iacute;a una banda que tambi&eacute;n se hab&iacute;a tenido que arremangar, que hab&iacute;a hecho un estudio casero y que hab&iacute;a achicado sus gastos (<strong>Mariano Roger</strong>: &rdquo;Grabamos el disco con un presupuesto bastante escaso en comparaci&oacute;n con los que us&aacute;bamos en Sony&ldquo;). 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Tan freak y tan popular quiero ser&rdquo; es la f&oacute;rmula con la que Babas&oacute;nicos, que hasta el a&ntilde;o 2001 era solamente freak, le hizo su pedido a un universo que escuch&oacute;. &iquest;O tanta gira, tanto hotel y tanta amante ten&iacute;an los Babas&oacute;nicos al momento de <em>Miami</em>?
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;(Probablemente con esa frase en la que la banda se defini&oacute; a s&iacute; misma y deletre&oacute; su porvenir empez&oacute; un fen&oacute;meno curios&iacute;simo que dura hasta hoy en d&iacute;a: el periodismo, en un festival de repeticiones y con acento convencido, habla de la banda con palabras derivadas inevitablemente de sus propias letras: &ldquo;un manifiesto de sensualidad desfachatada&rdquo;, &ldquo;fiesta de farsantes&rdquo;, &ldquo;un quinteto de ganadores del pop en una cruzada eterna por la dignidad del v&eacute;rtigo&rdquo;, etc&eacute;tera. Lo parad&oacute;jico es que todo empez&oacute; con &laquo;Camar&iacute;n&raquo;, canci&oacute;n que propone una mirada mordaz contra el periodismo de rock). 
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        En 2000, en la v&iacute;spera de pegarla, <strong>Mart&iacute;n Souto</strong> le pregunt&oacute; en un programa de Canal Siete: &ldquo;&iquest;Hay algo que defina a la gente que sigue a los Babasonicos? &iquest;O no?&rdquo;. Y D&aacute;rgelos respondi&oacute;: &ldquo;No, yo no creo...&rdquo;. Esto es importante, porque la respuesta a Souto cifraba en un p&uacute;blico impreciso la riqueza de Babas&oacute;nicos: toda la distancia con el rock barrial, cuyo p&uacute;blico s&iacute; estaba rigurosamente definido, se cifraba en esas cuatro palabras dichas con aparente desgano. 
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s tarde, a finales de 2005 y ya despu&eacute;s del terremoto de <em>Jessico</em>, <em>Infame</em> y <em>Anoche</em>, D&aacute;rgelos dec&iacute;a en la revista <em>VIVA</em>: &ldquo;hago m&uacute;sica para que les guste a todos, nunca me plante&eacute; que existe un publico para nosotros&rdquo;. As&iacute; legalizaba, respetando las premisas y sin hacer trampa, la masividad que la banda hab&iacute;a logrado. 
    </p><p class="article-text">
        Y todav&iacute;a hoy D&aacute;rgelos sostiene la idea de un p&uacute;blico transversal que no existe a priori y que por lo tanto no est&aacute; determinado por la clase social ni por ninguna otra variable: la canci&oacute;n &laquo;Orfeo&raquo;, incluida en <em>Discutible</em>, termina as&iacute;: &ldquo;Quiero saber qui&eacute;n es mi gente / vengo a ofrecerme como su cantor&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        Pero entonces, &iquest;qu&eacute; es lo pol&iacute;tico en una banda tan asociada al 2001? 
    </p><p class="article-text">
        En una nota aparecida en <em>Anfibia</em> en 2014 se lee: &ldquo;En 2008, D&aacute;rgelos dijo que <em>este gobierno</em> [el de <strong>Cristina Fern&aacute;ndez de Kirchner</strong>] <em>se acerca a lo que yo siempre vi como causas nobles</em>&rdquo;. Y en <em>Trinchera</em> (2022), el &uacute;ltimo disco, parece escucharse un eco del &ldquo;Armen un partido y ganen las elecciones&rdquo;: &ldquo;Pueden llevarme la contra en silencio hasta organizarse&rdquo; se oye en &laquo;Paradoja&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Pero tambi&eacute;n hay, en toda la trayectoria de la banda, una impronta muy amigable con el mercado. Leo por ah&iacute;: &ldquo;Algunas de las empresas que han asociado sus productos a Babas&oacute;nicos son Shure, Movistar, HP, Claro, Bimbo y Motorola&rdquo;. (La publicidad de Claro, en particular, incluy&oacute; un instante trascendente: D&aacute;rgelos abandon&oacute; por un momento el estatuto del cham&aacute;n, cuyo &uacute;nico instrumento es la palabra, y agarr&oacute; una guitarra). A esa cercan&iacute;a permanente con el patrocinio privado (al show del Campo de Polo invita Levi&acute;s) le corresponde un rechazo por lo estatal que, al menos en &laquo;Soy rock&raquo;, de <em>Jessico</em>, es evidente. 
    </p><p class="article-text">
        Pero la discusi&oacute;n por la parte partidaria de Babas&oacute;nicos promete no saldarse jam&aacute;s. D&aacute;rgelos conoce la obra de Adorno y se cuida de quedar subsumido en cuestiones proselitistas. Y adem&aacute;s la banda es la Jerusal&eacute;n cultural de un sector social peque&ntilde;o pero influyente: todos queremos tenerlos adentro de nuestras fronteras ideol&oacute;gicas. &iexcl;Y qu&eacute; feo ser&iacute;a que el dios Adri&aacute;n reprobase nuestra conducta!&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        Lo llamativo de la asociaci&oacute;n de <em>Jessico </em>con la crisis de 2001 es que nunca est&aacute; justificada. Es cierto que el pa&iacute;s estaba derrumb&aacute;ndose o a punto de incendiarse (esas son las met&aacute;foras) pero la relaci&oacute;n de esa circunstancia con la impronta del disco nunca se establece, acaso porque poco ganar&iacute;a con tornarse m&aacute;s precisa. Adem&aacute;s, y notoriamente, <em>Jessico</em> no necesita a la crisis: se lo disfruta sin problemas en Tulu&aacute;, en San Luis Potos&iacute;, en Guayaquil y en Yacuiba. 
    </p><p class="article-text">
        Propongo entonces dos caminos. El primero ser&aacute; sociol&oacute;gico y el segundo m&aacute;gico. 
    </p><p class="article-text">
        El sociol&oacute;gico cuestiona la asociaci&oacute;n gratuita del disco con la situaci&oacute;n del pa&iacute;s, busca una explicaci&oacute;n y dice que con <em>Jessico</em> Babas&oacute;nicos entr&oacute; en las grandes ligas del rock nacional, pero para eso debi&oacute; pagar un precio: como su ant&iacute;tesis chabona, ten&iacute;a que empezar a hablar de la realidad argentina. S&oacute;lo as&iacute;, acerc&aacute;ndose a nuestras crisis, y en particular confundi&eacute;ndose con una de ellas, la banda podr&iacute;a ser verdaderamente popular y nuestra.
    </p><p class="article-text">
        El m&aacute;gico desecha la vieja antigualla de la argumentaci&oacute;n l&oacute;gica, extrema las asociaciones arbitrarias y propone un orbe aut&oacute;nomo de presagios y corroboraciones. Con la claridad&nbsp;primitiva de la adivinaci&oacute;n se dir&aacute; no solamente que <em>Jessico</em>, que fue el mejor disco argentino de 2001 seg&uacute;n la encuesta del suplemento <em>No</em>, hablaba de la crisis por venir. Por el contrario, se dir&aacute; tambi&eacute;n que los dos discos que ocupaban el segundo lugar en esa encuesta, que eran <em>Silver sorgo </em>de Luis Alberto Spinetta y <em>Bandidos rurales</em> de Le&oacute;n Gieco, anticipaban el brillo y el drama de las d&eacute;cadas siguientes: la soja, el campo y la disputa por la legitimidad de su propiedad.
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        Es 2023. El vaiv&eacute;n sociol&oacute;gico argentino sigue su curso y faltan algunas semanas para el show del Campo de Polo. Es de noche, ya se siente la proximidad del verano y como esta es la estaci&oacute;n del a&ntilde;o en la que yo florezco salgo a patrullar la ciudad. Al llegar a una esquina me doy cuenta de que estoy a media cuadra del edificio en el que vive Adri&aacute;n D&aacute;rgelos, o en el que creo que vive Adri&aacute;n D&aacute;rgelos: el dato no est&aacute; confirmado ni desmentido. Me acerco a ver c&oacute;mo est&aacute;n las cosas. Un kiosko, un mendigo acurrucado, autos pasando. En la puerta del edificio veo a un repartidor de Pedidos Ya esperando a que baje su cliente. Decido quedarme: las chances de que el cliente sea Adri&aacute;n existen porque el edificio no es alto y tiene muy pocos timbres. Pero &iquest;y si D&aacute;rgelos est&aacute; de gira con Babas&oacute;nicos, como gran parte del tiempo? Entonces sucede: el hombre bajo aparece, abre la puerta y agarra el pedido. Despu&eacute;s da media vuelta y se le ve la espalda mientras atraviesa el vest&iacute;bulo de su edificio. Pareciera que a&uacute;n en esa situaci&oacute;n dom&eacute;stica tiene una postura erguida hasta lo desafiante, y desaparece. 
    </p><p class="article-text">
        A diferencia de lo que pasar&aacute; este s&aacute;bado en el Campo de Polo (saqu&eacute; las entradas hace poco y sin apuro, porque el aforo es infinito) reina el silencio de la noche.
    </p><p class="article-text">
        Acaba de pasar. Acabo de ver a Adri&aacute;n D&aacute;rgelos, ese hombre que estremece a tanta gente y del que no se sabe nada&hellip; Pero de pronto pienso con claridad. Hay algo que s&iacute; puedo intentar saber: puedo intentar saber qu&eacute; pidi&oacute; este martes a la noche de noviembre. Imagino una fusi&oacute;n sofisticada, una comida peruano-japonesa o cosas que yo ni siquiera conozco: gastronom&iacute;a chilena con notas vietnamitas. Algo, quiz&aacute;, en la senda de los &ldquo;platitos&rdquo;, palabra que &eacute;l seguro detesta. Decido pasar a la acci&oacute;n, cruzo la calle y le pregunto al repartidor d&oacute;nde hab&iacute;a pedido este cliente. La respuesta est&aacute;, creo, a la altura: Mc Donald&acute;s.
    </p><p class="article-text">
        <em>AD</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alejandro Droznes]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/babasonicos-diciembre-argentina_129_10753808.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 16 Dec 2023 03:15:05 +0000]]></pubDate>
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