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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Sophie Alour]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/sophie-alour/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Sophie Alour]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Lo mejor de 2023: Cruces de géneros, tradiciones, posmodernismo y después]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/mejor-2023-cruces-generos-tradiciones-posmodernismo-despues_129_10773062.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7c29e2a5-e29e-42c4-a4a4-e897c2dc27ba_16-9-discover-aspect-ratio_default_1086608.jpg" width="711" height="400" alt="Lo mejor de 2023: Cruces de géneros, tradiciones, posmodernismo y después"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Canciones íntimas que desembocan en el ruido; improvisaciones salvajes que miran –y construyen– el canon; nuevas composiciones y nuevas miradas sobre los viejos legados. Sulfjan Stevens, Vijay Iyer, Arooj Aftab y Shahzad Ismaily, Samara Joy, Carlo Gesualdo por Les Arts Florissants, Mompou por Stephen Hough, Sophie Alour, Villa-Lobos por Wilhem Latchoumia, los comienzos de Troilo en una restauración ejemplar, Anohni y el testamento de Wayne Shorter en el Top Ten.</p></div><p class="article-text">
        Primera conclusi&oacute;n: se habla de discos. Rolling Stone, The Times, NPR, Pitchfork, Gramophone, DownBeat, The New York Times, Diapason, The Guardian, The Wire o The New Yorker hablan de discos. Nadie los compra, nadie los tiene en sus manos pero, en su rara encarnaci&oacute;n inmaterial, se los escucha. Hay, por supuesto mucha audici&oacute;n r&aacute;pida, impaciente, parcial pero tambi&eacute;n muchas personas que prestan atenci&oacute;n, que se detienen, que buscan y que, a&uacute;n con la concesi&oacute;n del Random &ndash;un equivalente actual de las radios y los disc jockeys de anta&ntilde;o&ndash; dedican a los discos gran parte de su vida.
    </p><p class="article-text">
        Segunda conclusi&oacute;n: Como dec&iacute;a hace m&aacute;s o menos un a&ntilde;o, la primera persona del singular, esa encarnaci&oacute;n del mal para el periodismo de varias d&eacute;cadas &shy;&ndash;por lo menos en la Argentina&ndash; se hace inevitable para hablar de los mejores discos del 2023, que no son otros que los que me han parecidos los mejores a m&iacute;, descartando los muchos de los que ya he hablado en esta secci&oacute;n a lo largo del a&ntilde;o y que constituyen en gran medida el n&uacute;cleo de esta lista. 
    </p><p class="article-text">
        En una muy r&aacute;pida recapitulaci&oacute;n: <strong>Brad Mehldau</strong> y <em>Your Mother Should Know</em>, la revisita de <strong>Elvis Costello</strong> a <strong>Burt Bacharach</strong> en <em>The Songs of Bacharach &amp; Costello</em>, <em>M&eacute;lusine</em> de <strong>C&eacute;cile McLorin-Salvant</strong>, <em>Seven Psalms</em> de <strong>Paul Simon</strong>, <em>Dante</em> de <strong>Thomas Ad&eacute;s</strong>, <em>EADDA9223</em> de <strong>Fito P&aacute;ez</strong>, <em>Dream Box</em> de <strong>Pat Metheny</strong>, <strong>Fran&ccedil;ois-Xavier Roth</strong>, la orquesta <strong>Les Si&egrave;cles</strong> y su versi&oacute;n del <em>Bol&eacute;ro</em> de<strong> Maurice Ravel</strong>, <strong>Meshell Ndegeocello </strong>y <em>The Omnichord Real Book</em>, <em>Evenings at the Village Gate</em>, la edici&oacute;n de grabaciones in&eacute;ditas de <strong>John Coltrane</strong> junto a <strong>Eric Dolphy</strong>, <strong>Bebel Gilberto</strong> y <em>Jo&acirc;o</em>, <em>I Inside the Old Year Dying</em>, de <strong>PJ Harvey</strong>, <em>Benar&eacute;s,</em> de <strong>Carlos Casazza</strong>, <em>La voix humaine</em> de<strong> Francis Poulenc </strong>por <strong>V&eacute;ronique Gens</strong>, los <em>Quintetos para cuerdas</em> de Mozart por el <strong>Cuarteto &Eacute;b&egrave;ne</strong> y <strong>Antoine Tamestit </strong>en segunda viola, las <em>Sinfon&iacute;as </em>de <strong>Carl Nielsen</strong> por la <strong>Orquesta Nacional Danesa</strong> con direcci&oacute;n de<strong> Fabio Luisi</strong>, <em>Vidrio</em> de <strong>Titanic</strong>, <em>Semillas de milongas</em> de <strong>Mart&iacute;n Liut</strong>, <strong>Bertrand Chamayou</strong> y sus <em>Letter (s) to Erik Satie</em>, <strong>Ernesto Jodos</strong> y <em>Durmientes</em>, <strong>Pablo Socolsky</strong> y <em>Esperando la lluvia</em> y <em>La falacia del espantap&aacute;jaros</em> del <strong>Pollo Raffo</strong>. A continuaci&oacute;n, entonces, encontrar&aacute;n mi personal&nbsp;&shy;&ndash;e inevitablemente arbitraria&ndash; lista de los diez mejores (otros) discos del &uacute;ltimo a&ntilde;o. Apenas una entre muchas posibles. Cada uno, tambi&eacute;n inevitablemente, la corregir&aacute;, la discutir&aacute; y har&aacute; la suya propia. 
    </p><p class="article-text">
        El estadounidense <strong>Sufjan Stevens</strong> comenz&oacute; en el mundo del nuevo folk nortemericano pero, en el multiverso pos posmoderno ya nada es como en los tiempos de <strong>Bob Dylan </strong>y <strong>Joan Baez</strong>. Los folklores se mezclan, es posible escuchar instrumentos de cuerda africanos u oboes de Medio Oriente en el medio de una canci&oacute;n cuya r&iacute;tmica remite a la tradici&oacute;n de los Apalaches y, por supuesto, ni la electr&oacute;nica, ni la irrupci&oacute;n del ruido ni las orquestas &ndash;a veces demasiado ampulosas&ndash; est&aacute;n excluidas. La cr&iacute;tica &ldquo;inteligente&rdquo; de su pa&iacute;s &ndash;Ptchfork, The New Yorker&ndash; lo adora pero, m&aacute;s all&aacute; de chovinismos (norte)americanos, en <em>Javelin </em>hay varias grandes canciones y un int&eacute;rprete capaz de comunicarse con quien escucha como si estuviera a su lado, munido principalmente de su voz y una guitarra.
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        La m&uacute;sica para piano de <strong>Heitor Villa-Lobos</strong> fue dedicada, casi en su totalidad, a <strong>Arthur Rubinstein</strong>. Es, en muchos casos, de una dificultad extrema para los int&eacute;rpretes y, a veces, de una fragilidad desarmante. Ser&aacute; por eso que casi nadie la toca. En <em>Villa-Lobos: Do Brasil</em> el gran pianista franc&eacute;s <strong>Wilhem Latchoumia</strong> recorre el universo microsc&oacute;pico y genial de sus <em>ch&ocirc;ros</em> y <em>cirandas</em> y culmina con el monumental <em>Rudepo&ecirc;ma</em>, posiblemente los 20 minutos m&aacute;s endiablados que se hayan escrito para el piano y la fuente en la que abrev&oacute; <strong>Egberto Gismonti </strong>para sus aventuras polirr&iacute;tmicas. Un repertorio tan maravilloso como infrecuente, en interpretaciones memorables. 
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        <em>Le temps virtuose</em>, de la saxofonista y compositora<strong> Sophie Alour</strong>, como muchos de los mejores discos de jazz, cuestiona al jazz, sus procedimientos y sus l&iacute;mites de g&eacute;neros (y de g&eacute;nero). Con un grupo excelente (<strong>Pierre Perchaud</strong> en guitarra, <strong>Guillaume Latil </strong>en cello y <strong>Anne Paceo </strong>en bater&iacute;a) entra y sale de la improvisaci&oacute;n libre, se acerca al rock deja entrever perfumes de la tradici&oacute;n acad&eacute;mica.&nbsp;Un disco bello y desafiante.
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        <strong>Carlo Gesualdo</strong>, pr&iacute;ncipe de Venosa y conde Conza, era un compositor de madrigales casi secreto hasta que se hizo famoso. Lo que lo llev&oacute; al estrellato, en los fines del siglo XVI, no fue el poderoso dramatismo de sus canciones y la osad&iacute;a en el uso de disononancias sino el hecho de haber matado a cuchilladas, en su propio lecho matrimonial, a su esposa, la bell&iacute;sima <strong>Maria De &Aacute;valos</strong>, y a su amante, <strong>Fabrizio&nbsp;Carafa</strong>, duque de Andria y de Ruovo. La celebridad lo llev&oacute; a ser contratado por una de las cortes con mayor &ndash;y m&aacute;s vanguardista&ndash; actividad musical de su &eacute;poca, la de Ferrara. Sus dos &uacute;ltimos libros de madrigales, el Quinto y el Sexto (que no lleg&oacute; a publicar en vida) son extraordinarios y abundan no s&oacute;lo en audacias musicales sino en poes&iacute;as perfectas &ndash;y perfeccionistas&ndash;. Una muestra es el texto de &ldquo;S&rsquo;Io non miro, nos moro&rdquo;: Si no miro no muero,/ no mirando, no vivo;/ por lo tanto muerto estoy, pero no de vida falto./ Oh milagro de amor, ah, extra&ntilde;a suerte,/ que el vivir no da la vida y el morir no da la muerte. <strong>Les Arts Florissants</strong>, con la direcci&oacute;n de <strong>Paul Agnew</strong>, cantan, de manera ejemplar, cada nota y, tambi&eacute;n, cada palabra.
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    </figure><p class="article-text">
        <strong>Samara Joy</strong>, a diferencia de <strong>C&eacute;cile McLorin Salvant</strong> o, m&aacute;s atr&aacute;s, de <strong>Cassandra Wilson</strong>, es una cantante de jazz bastante ortodoxa. No sorprende por una concepci&oacute;n est&eacute;tica novedosa o por un repertorio imprevisto. Sorprende gracias a una de las voces m&aacute;s bellas que puedan imaginarse y un conocimiento, tan intuitivo como profundo, de las reglas del jazz y, sobre todo, de un credo que se ha asentado en sacerdotisas como <strong>Ella Fitzgerald</strong>, <strong>Carmen McRae </strong>y <strong>Sarah Vaughan</strong>. Samara Joy, en <em>Linger Awhile</em>, con un grupo que incluye al fant&aacute;stico guitarrista <strong>Pasquale Grasso</strong>, a <strong>Kendric McCallister </strong>en saxo, <strong>Donovan Austin</strong> en trombone, el pianista <strong>Ben Paterson</strong>, <strong>Terell Stafford </strong>en &nbsp;trompeta y flugelhorn, <strong>Kenny Washington </strong>en bater&iacute;a y, en contrabajo, <strong>David Wong</strong>, logra, simplemente, un gran disco de jazz.
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        El catal&aacute;n <strong>Federico Mompou</strong> vivi&oacute; mucho, casi cien a&ntilde;os (entre 1893 y 1987) y compuso poco, pero genial. Su gran colecci&oacute;n de obras para piano tiene un t&iacute;tulo magn&iacute;fico que, por otra parte, resume su inasible y enigm&aacute;tico estilo: <em>M&uacute;sica callada</em>. El pianista brit&aacute;nico <strong>Stephen Hough </strong>encuentra el tono justo, hecho de peque&ntilde;&iacute;simos gestos y matices, para esta m&uacute;sica al borde del silencio.
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    </figure><p class="article-text">
        <strong>An&iacute;bal Troilo </strong>grab&oacute; dos temas en 1938, en formato de sexteto, y, luego de un hiato de tres a&ntilde;os, comenz&oacute; con la larga y luminosa carrera al frente de su propia orquesta. La edici&oacute;n dedicada a esos comienzos, publicada por el sello Lantower con una restauraci&oacute;n sonora magistral llevada a cabo por <strong>Roberto Sarfati</strong> y <strong>Diego Vila</strong>, se divide en dos discos. El primero va de 1938 a 1941 y el segundo de 1941 a 1942 y el orden de los temas sigue cronol&oacute;gicamente los n&uacute;meros de matrices originales. Realizada a partir de fuentes originales es la primera edici&oacute;n que decide no sacrificar la riqueza de planos y de matices en la piedra sacrificial de la ausencia de soplido. El resultado es sorprendente.
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    </figure><p class="article-text">
        <strong>Wayne Shorter</strong> fue, posiblemente, el &uacute;nico saxofonista de la generaci&oacute;n inmediatamente posterior a <strong>John Coltrane </strong>capaz de labrar un estilo propio a partir de su influencia inevitable. Compositor, adem&aacute;s, de varios de los temas m&aacute;s importantes del jazz posterior al bop &ndash;entre ellos los m&aacute;s famosos del segundo quinteto de <strong>Miles Davis</strong>&ndash; fue tambi&eacute;n el partenaire de <strong>Joni Mitchell</strong> durante d&eacute;cadas y el fundador, junto con <strong>Joe Zawinul</strong>, de <strong>Weather Report</strong>. Muri&oacute; en marzo de este a&ntilde;o pero alcanz&oacute; a rubricar su testamento con un disco notable: la grabaci&oacute;n de su concierto en el Festival de Jazz de Detroit en 1971, al frente de un grupo de estrellas, la contrabajista <strong>Esperanza Spalding</strong>, la baterista <strong>Terri Lyne Carrington</strong> y el deslumbrante pianista argentino <strong>Leo Genovese</strong>.
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    </figure><p class="article-text">
        Uno de los descubrimientos de este a&ntilde;o &ndash;para m&iacute;&ndash; fue la voz de <strong>Anohni</strong>. En <em>My Back Was a Bridge for You to Cross</em>, un disco que ronda eso que antes se llamaba canciones de protesta, va de la balada desolada, como la casi expresionista &ldquo;Scapegoat&rdquo; o de la intimidad de &ldquo;Silver of Ice&rdquo;, al manifiesto hendrixiano de &ldquo;Go Ahead&rdquo; y la explicitaci&oacute;n directa de &ldquo;You Be Free&rdquo;. Nacida en Inglaterra y radicada en los Estados Unidos, Anohni Hegarty es una artista transg&eacute;nero de originalidad notable. Incidentalmente, en la tapa del disco aparece retratada <strong>Marsha P. Johnson</strong>, una activista pionera en el Movimiento de liberaci&oacute;n LGBT. 
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    </figure><p class="article-text">
        El pianista de jazz <strong>Vijay Iyer</strong>, la cantante <strong>Arooj Aftab</strong> y <strong>Shahzad Ismaily </strong>en teclados y electr&oacute;nica, en <em>Love in Exile</em> hablan, claro, del exilio y, tambi&eacute;n, del amor. M&aacute;s all&aacute; de la extranjer&iacute;a que los une en Nueva York, provienen de tradiciones musicales diversas y lo notable de ese disco es que no se sumergen en un caldo indeterminado o en un c&oacute;ctel sin personalidad sino todo lo contrario, Cada uno de los tres est&aacute; presente con su personalidad &ndash;y sus tradiciones&ndash;. Y el resultado, por encima de cualquier g&eacute;nero&ndash; los trasciende a los tres.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure><p class="article-text">
        <em>Diego Fischerman es autor del blog El sonido de los sue&ntilde;os:</em> <a href="https://xn--sonidodesueos-skb.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">https://xn--sonidodesueos-skb.com/</a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Diego Fischerman]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 16 Dec 2023 17:23:16 +0000]]></pubDate>
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