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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Christian Peregrino]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/christian-peregrino/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Christian Peregrino]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Música y locura para un nuevo Mile(i)narismo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/musica-locura-nuevo-mile-i-narismo_129_10773139.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f455f317-b212-4246-b748-3195a36fbc59_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Música y locura para un nuevo Mile(i)narismo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Tras su discurso inaugural de espaldas al Congreso, Javier Milei volvió al Teatro Colón ya como presidente en ejercicio. Sin chiflidos ni marchitas, esta vez resonaron las estrofas de "Balada para un loco", la misma voz de la locura enunciada alegremente en primera persona.</p></div><p class="article-text">
        En el discurso inaugural de esta era, la transici&oacute;n entre <em>Sinceramente </em>y el comienzo del &ldquo;sinceramiento&rdquo; econ&oacute;mico, un <strong>Javier Milei</strong> de dicci&oacute;n enrarecida recit&oacute; de espaldas al Congreso su poema &eacute;pico del ajuste. Lo acompa&ntilde;&oacute; de c&aacute;lculos, silogismos y datos falsos. Le faltaba sin embargo un cantar de gesta. Vaya si lo tuvo. En el propio Teatro Col&oacute;n. Gesta y gesto. Celebratorio o indigesto, seg&uacute;n la oreja y el ojo que captaron los entremeses de la velada paqueta.
    </p><p class="article-text">
        Milei volvi&oacute; mejor al Col&oacute;n.<em> </em>Nada de chiflidos esta vez, ni glosas musicales de la marchita tan <em>marchita</em> o malas escuchas. &ldquo;Balada para un loco&rdquo;, de <strong>Astor Piazzolla</strong> y <strong>Horacio Ferrer</strong>, ocup&oacute; un momento central de la gala presidencial. <em>El Loco</em> &ndash;al menos as&iacute; se llama la jugosa biograf&iacute;a de nuestro hombre de Estado, escrita por Juan Luis Gonz&aacute;lez&ndash; tuvo ah&iacute; su canci&oacute;n personalizada, y no fue otra cosa que la misma voz de la locura enunciada alegremente en primera persona. &ldquo;&iexcl;Viva! &iexcl;viva! &iexcl;viva! / &iexcl;Loco &eacute;l y loca yo! / &iexcl;Locos! &iexcl;todos! &iexcl;locos! / &iexcl;Loco &eacute;l!&rdquo;, conclu&iacute;a en su versi&oacute;n de 1969, cuando la cantaba Amelita Baltar. Si lo hac&iacute;a <strong>Roberto Goyeneche</strong> se cambiaban los art&iacute;culos. El &ldquo;yo&rdquo; en la velada fue masculino y le toc&oacute; a <strong>Ra&uacute;l Lavi&eacute;</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Veamos qu&eacute; puede haber detr&aacute;s de esto.
    </p><p class="article-text">
        I
    </p><p class="article-text">
        Dec&iacute;a <strong>Blas Pascal</strong>, a fines del siglo XVII: &ldquo;Los hombres est&aacute;n tan necesariamente locos que no estar loco ser&iacute;a estar loco por otra forma de locura&rdquo;. La locura ten&iacute;a un estatuto antes de llegar la instituci&oacute;n m&eacute;dica: el mon&oacute;logo de la raz&oacute;n sobre la locura, seg&uacute;n <strong>Michael Foucault</strong>. &ldquo;La locura, cuya voz el Renacimiento ha liberado, y cuya violencia domina, va a ser reducida al silencio por la &eacute;poca cl&aacute;sica, mediante un extra&ntilde;o golpe de fuerza&rdquo;. En el camino de la duda, recuerda en su <em>Historia de la locura, </em>Descartes la encuentra al lado del sue&ntilde;o y de todas las formas de error. Foucault se&ntilde;ala que la relaci&oacute;n Raz&oacute;n-Demencia constituye, para Occidente, &ldquo;una de las dimensiones de su originalidad&rdquo; y que esta se define a trav&eacute;s de ese abismo que la amenaza.&nbsp;Detr&aacute;s de la f&oacute;rmula de la locura se rechaza algo que representa lo Ajeno, un vac&iacute;o hueco, un espacio blanco mediante el cual se a&iacute;sla. Foucault es el arque&oacute;logo de todas experiencias amenazadoras. Y, en sus investigaciones, reclama &ldquo;hablar de la experiencia de la locura&rdquo;, recuperarla antes de su captura por el saber y el discurso cient&iacute;fico, dejarla que se exprese ella misma.
    </p><p class="article-text">
        Cuando la locura tiene todav&iacute;a derecho de ciudadan&iacute;a en la sociedad, en pleno Renacimiento, existe ya un movimiento de escisi&oacute;n que act&uacute;a sobre dos formas de locura. Por un lado, la de los cuadros de <strong>El Bosco </strong>o <strong>Pieter Breugel</strong>. Parecen revelar el secreto profundo en el que se aniquilar&aacute; la verdad de nuestro mundo de apariencias: una locura que tiene que ver con las fuerzas del mal y las tinieblas. Por otro lado aparece <strong>Erasmo</strong> a mediados del siglo XV y, en su <em>Elogio a la locura</em>,<em> </em>la hace entablar un di&aacute;logo con la raz&oacute;n, pero guardando distancias. Se invoca a la locura para dirigir su fuerza cr&iacute;tica contra las ilusiones humanas y su prop&oacute;sito. Surge, entonces la separaci&oacute;n que se ir&aacute; acentuando con el correr de los siglos. De un lado, la ciencia m&eacute;dica. Por el otro, las figuras tr&aacute;gicas: <strong>Francisco Goya</strong>, <strong>Vincent Van Gogh</strong>, <strong>Friedrich Nietzsche</strong>, <strong>Antonin Artaud</strong>. Lo que cambia a partir del siglo XVIII es que la locura va a ser encerrada y proscrita. Se la interna.&nbsp;A su portador se lo funde con un grupo de reclusos. As&iacute; nacen las instituciones y las condiciones para constituir a la locura en &ldquo;enfermedad mental&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A principios del siglo XIX, la locura se instala en el arte con un doble rostro: provoca tanto atracci&oacute;n como terror. En su libro <em>Aurelia</em>, de 1855, el franc&eacute;s <strong>Gerard de Nerval</strong> describe sensaciones y visiones durante un per&iacute;odo de enfermedad mental. Escritores, pintores y m&uacute;sicos coquetean con esa otredad: la locura es imaginada como fuente de energ&iacute;a creativa. El escritor alem&aacute;n <strong>Johann Christian Friedrich H&ouml;lderlin</strong> pas&oacute; sus &uacute;ltimos a&ntilde;os completamente esquizofr&eacute;nico y tocando el piano en un altillo (lo mismo har&iacute;a Nietzsche: clusters y sintaxis que desafiaban la raz&oacute;n musical). La literatura de <strong>E.T.A Hoffmann</strong> ejerce especial fascinaci&oacute;n en <strong>Robert Schumann</strong>, alguien que ya desde los 17 a&ntilde;os teme volverse <em>tan </em>loco, como <strong>Charly Garc&iacute;a </strong>en 1982 y m&aacute;s all&aacute;. En esas historias, lo cotidiano coexiste con lo alucinatorio. Adem&aacute;s de gran apologista de Beethoven, Hoffmann es autor de la novela <em>El gato Mur</em> en la que la mascota se convierte en relator y autor de la biograf&iacute;a de un joven m&uacute;sico perturbado.&nbsp;Los miedos se hicieron realidad en Schumann. En 1854 y a los 44 a&ntilde;os, dos antes de morir, y tras un intento de suicidio, se encerr&oacute; por voluntad propia. El autor de <em>Kreisleriana</em> tambi&eacute;n rechazaba lo oscuro. Y la tensi&oacute;n entre esas dos polaridades tiene su mejor expresi&oacute;n musical previa a <strong>Richard Wagner</strong>. Se la puede encontrar en la suspensi&oacute;n de la l&oacute;gica musical, destruyendo en esa pieza, tan cabalmente comprendida por <strong>Martha Argerich</strong>, la sensaci&oacute;n de comp&aacute;s del oyente.
    </p><p class="article-text">
        II
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Recuerda <strong>John T. Hamilton</strong> en <em>Music, Madness, and the Unworking of Language</em> que m&uacute;sica y locura limitan el lenguaje desde los lados opuestos: &ldquo;desde arriba o desde abajo de la norma subjetiva&rdquo;, o bien desde una posici&oacute;n compartida: &ldquo;la esfera o el escenario de la inmediatez en oposici&oacute;n a la mediaci&oacute;n propia del acto de reflexionar&rdquo;. En cualquiera de los dos casos, esa m&uacute;sica despojada de palabras y la locura &ldquo;parecen constituir un origen del lenguaje que no es comprendido por el lenguaje&rdquo;. Lo desentra&ntilde;an ocupando espacios que residen &ldquo;como el n&uacute;cleo inaccesible de la obra&rdquo;. Constituir&iacute;an su &ldquo;propia interrupci&oacute;n interna&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Si existen esos resquicios de lo incomunicable, c&oacute;mo entender hoy la canci&oacute;n de Piazzolla y Ferrer y su absurdo textual (solo aceptable si uno est&aacute; bajo los efectos embriagadores del amor, y en ese caso podr&iacute;a haber sido tambi&eacute;n <strong>Palito Ortega</strong> el que nos emociona con &ldquo;&acute;por querer como te quiero todos mis amigos dicen que estoy loco&rdquo;). &iquest;Puede pasar alegremente por el juicio cr&iacute;tico? S&iacute; y no. Razones afectivas, ante todo. Ese desprop&oacute;sito en tiempo de valsecito, tan piazzolleano en su bella configuraci&oacute;n mel&oacute;dica, funcion&oacute; como suceso discogr&aacute;fico 54 a&ntilde;os antes de que sea objeto de reconocimiento a un jefe de Estado. La balada nos ofrece claves del fin de la d&eacute;cada en la que se estren&oacute;. La canci&oacute;n no podr&iacute;a ser disociada de ciertos t&oacute;picos que circulaban como vulgata: el antipsiquiatrismo, la <em>desmanicomializaci&oacute;n</em>, el encanto que suscitaba la figura del poeta <strong>Jacobo Fijman</strong> y, tambi&eacute;n, el libro de <em>Conversaciones sobre arte y locura</em> entre <strong>Enrique Pich&oacute;n Rivi&eacute;re</strong>, uno de los fundadores de la Escuela de Psicolog&iacute;a Social, y <strong>Vicente Zito Lema</strong>. Recordemos que el tema del manicomio aparec&iacute;a adem&aacute;s en &ldquo;Ferm&iacute;n&rdquo;, la canci&oacute;n de <strong>Almendra</strong>, grabada en el mismo 69.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;III
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Me llam&oacute; (Jorge) Telerman, tenemos un pedido especial del presidente&rdquo;, cont&oacute; Lavi&eacute; sobre su presencia en el Col&oacute;n. El pedido era la &ldquo;Balada&hellip;&rdquo;. Dicho de otra manera: el hombre a quien llamaron <em>Loco</em> hab&iacute;a pedido autocelebrarse con ese elogio a la locura de locos lindos. &ldquo;Gui&ntilde;o en la gala presidencial&rdquo;, explic&oacute; <em>Todo Noticas</em> en su siempre tan did&aacute;ctico z&oacute;calo durante una conversaci&oacute;n con el exClub del Clan ganado tempranamente por el tango. &ldquo;C&oacute;mo voy a pasar cachet. Lo hago de coraz&oacute;n. No debo cobrar una cosa semejante. Estar presente en este nuevo cambio que esperemos que sea exitoso&rdquo;, explic&oacute; Lavi&eacute;. Y el cambio, draconiano, con su brazo punitivo en alto, quiz&aacute; habr&iacute;a obligado a cambiar parte de la letra. Un estribillo posible ser&iacute;a este:
    </p><p class="article-text">
        <em>Ya s&eacute; que estoy pianta'o, pianta'o, pianta'o</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Yo miro a Buenos Aires desde un panopticon</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Y a vos que est&aacute;s tan fiero; sal&iacute;, raj&aacute;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Sent&iacute; el loco berret&iacute;n</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Del el&eacute;ctrico bast&oacute;n</em>
    </p><p class="article-text">
        IV
    </p><p class="article-text">
        La locura en la pol&iacute;tica y la literatura han sido temas de constante indagaci&oacute;n para <strong>Horacio Gonz&aacute;lez</strong>. &ldquo;La locura individual puede no ser fascinante pues solo parece entregarnos sus idiomas rotos, la incomprensi&oacute;n de sus signos, el enredo doloroso de sus formas de existencia. Pero sabemos que considerar como obra de la locura a toda la historia humana, con sus complicadas pasiones y ensue&ntilde;os, nos pone tambi&eacute;n frente a un hecho borrosamente atractivo&rdquo;. Gonz&aacute;lez ha diseccionado <em>La locura en la historia</em>, un libro olvidado de <strong>Jos&eacute; Mar&iacute;a Ramos Mej&iacute;a</strong>, de 1895, por su curioso abordaje en la Argentina que tanto fascina a Milei, la premoderna, de aquello que va del lenguaje privado al colectivo y que nos pone en guardia respecto a lo inesperado, lo irreproducible, lo ineluctable de la experiencia real. &ldquo;&iquest;Podemos capturar la misma voz de la locura cuando ella habla en los hombres o en el lugar de los hombres, y a&uacute;n m&aacute;s, saber explicar la falta de sentido radical con la que se presentan los hechos p&uacute;blicos?&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Foucault invertir&aacute;, como hemos visto, el t&iacute;tulo del texto de Ramos Mej&iacute;a: <em>Historia de la locura. </em>Entre ambos se cuela por estos d&iacute;as una <em>microhistoria de esta locura</em>, que tiene no solo al momento de la balada como su instante perturbador. Porque al salir del Gran Teatro, la diputada <strong>Lilia Lemoine</strong> se puso a cantar en castellano y frente a las c&aacute;maras &ldquo;Don't cry for me, Argentina&rdquo;, la canci&oacute;n insigne de <em>Evita, </em>el musical de <strong>Andrew Lloyd-Webber</strong> y <strong>Tim Rice</strong>. &ldquo;Don't cry&hellip;&rdquo; tuvo, desde 1976, el a&ntilde;o en que se conoci&oacute; el disco de la entonces llamada &ldquo;&oacute;pera-rock&rdquo;, centenares de versiones. La primera que la grab&oacute; en castellano fue <strong>Nacha Guevara</strong>, en 1977, tres a&ntilde;os antes que <strong>Paloma San Basilio</strong>. Ahora Lemoine se integra como inscripci&oacute;n pol&iacute;ticamente bizarra a una serie de grandes encarnaciones del personaje: <strong>Julie Covington</strong>, <strong>Elaine Paige</strong>, <strong>Patti Lu Pone</strong> y una argentina, <strong>Elena Roger</strong>. La diputada quiso ser una Evita cosplay y sobre las escaleras del Gran Teatro remed&oacute; la &ldquo;escena del balc&oacute;n&rdquo; en el musical, cada vez m&aacute;s apegada al imaginario del peronismo cl&aacute;sico a medida que este pa&iacute;s se aleja de las bases materiales que dieron sentido. No contenta, y como si se tratara de una Nana libertaria o una tercera marca de <strong>Madonna</strong>, Lemoine no dud&oacute; en volver sobre sus pasos y, en el ba&ntilde;o de su casa reincidi&oacute; en el canto evitero, esta vez en ingl&eacute;s. &ldquo;En mi casa la opini&oacute;n era dividida; mi abuela la odiaba... mi mam&aacute; la amaba. Yo no pod&iacute;a decir algo negativo sobre <strong>Eva Per&oacute;n</strong> porque ella LLORABA. Cr&eacute;ase o no. Y no es que desentonamos, no armonizamos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        V
    </p><p class="article-text">
        La pol&iacute;tica incluye siempre una nota al pie de la insensatez. &iquest;Qu&eacute; sucede cuando amenaza con ocupar el centro del texto? &ldquo;La historia es un relato hecho por un loco, lleno de sonido y de furia y que significa nada&rdquo;, reconoce Macbeth cuando su suerte est&aacute; echada, despu&eacute;s de regar r&iacute;os de sangre. A veces la traducci&oacute;n de aquel descomunal mon&oacute;logo shakesperiano incluye las palabras &ldquo;idiota&rdquo; y &ldquo;ruido&rdquo;. Nada cambia. La frase, dice Gonz&aacute;lez, contiene un repetido castigo a la arrogancia humana al sustraer dos veces los significados: una vez a las palabras (por el exceso de la furia) y otra vez a los actos (por la ausencia de l&oacute;gica). Pocos prestan sin embargo atenci&oacute;n a la naturaleza de ese ruido/sonido y c&oacute;mo se articula con los dramas (la locura del poder y el poder de la locura). &iquest;Y se a&ntilde;adimos a la canci&oacute;n? &iquest;Cu&aacute;l ser&iacute;a la nuestra por estos d&iacute;as? &iquest;&ldquo;Balada para un loco&rdquo;?&nbsp;&iquest;O ser&iacute;a &ldquo;No llores por m&iacute;, Argentina&rdquo;? 
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; habr&aacute; que reactualizar el sentido de &ldquo;Loco, no te sobra una moneda&rdquo;. Escrita por de <strong>Billy Bond </strong>y popularizada <strong>Ser&uacute; Gir&aacute;n</strong> a fines de los setenta, pon&iacute;a en primera persona el deseo de un roquerito que no se quiere perder el recital de <strong>Pappo </strong>y pide dinero para escucharlo. Sin embargo, el vocativo, ajeno a cualquier designaci&oacute;n psiqui&aacute;trica, es ahora asociado a otra figura que retacea algo m&aacute;s que fondos p&uacute;blicos. Y es entonces que el final de aquella canci&oacute;n se nos vuelve advertencia de cuerpo presente. &ldquo;Tengo miedo de la ley/ Y un palazo en la nuca/ Que me trague la tierra&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        VI
    </p><p class="article-text">
        En aquella obra cumbre del teatro isabelino, Banquo, se&ntilde;or de Lochaber, es asesinado por encargo de Macbeth para que no se interpusiera en el camino de este hacia el trono. Antes de que lo pasen por las armas, acompa&ntilde;a al mismo Macbeth al encuentro con las brujas. &ldquo;&iquest;Hubo algo aqu&iacute; como eso de que ahora hablamos? / &iquest;O ser&aacute; que hemos comido de esa ra&iacute;z loca/ que mete presa la raz&oacute;n?&rdquo;. <strong>Giuseppe Verdi</strong> descarta ese comentario cuando escribe su &oacute;pera y le hace cantar a Banquo: &ldquo;&iquest;Qui&eacute;nes son? &iquest;Son de este mundo o de otro planeta? Quisiera llamarlas mujeres, pero me lo impiden vuestras repugnantes barbas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Christian Peregrino</strong> ha interpretado a Banquo en el ciclo de Buenos Aires l&iacute;rica y se aprestaba a participar del <em>Requiem </em>de Verdi en el Teatro Argentino de La Plata. &ldquo;Te vas reverenda HDP. Te vas al fin. Ojal&aacute; hoy te pongan una tobillera en la pata y no puedas salir m&aacute;s de tu casa, pedazo de excremento mal producido&rdquo;, escribi&oacute; previamente en su cuenta de Facebook cuando se consum&oacute; la victoria libertaria. El mensaje estuvo acompa&ntilde;ado de una imagen de la exvicepresidenta <strong>Cristina Fern&aacute;ndez de Kirchner</strong>. El cantante la compar&oacute; tambi&eacute;n con una &ldquo;bocha mortadela&rdquo; por su vestido en la ceremonia de traspaso de mando en el Congreso, donde se la vio re&iacute;rse en complicidad con Milei. 
    </p><p class="article-text">
        Peregrino, quien en su cuenta en la red social aparece con una remera que incluye la consigna del partido oficial, hab&iacute;a lanzado un grito de indignaci&oacute;n por la rechifla contra el anarco capitalista en el Col&oacute;n en el marco de <em>Madama Butterfly</em>.&nbsp;&ldquo;Los que entonaron la marcha Peronista desde el m&iacute;tico foso del Teatro Col&oacute;n, &iquest;van a renunciar o pueden cometer semejante falta de respeto sin sanciones?&rdquo;, se pregunt&oacute;. Pero lo sancionaron a &eacute;l y con su apartamiento del <em>Requiem </em>se sinti&oacute; blanco de la censura, ejecutada a trav&eacute;s del sindicato, que lo consider&oacute; <em>persona no grata</em> por agresiones virtuales a sus compa&ntilde;eras y compa&ntilde;eros. &ldquo;Me llam&oacute; gente del coro, de administraci&oacute;n, de sastrer&iacute;a, de prensa para decirme que lo que sucedi&oacute; era una locura&rdquo;, asegur&oacute;. &ldquo;La libertad de expresi&oacute;n condicionada&rdquo;, dijo <em>La Naci&oacute;n</em>. 
    </p><p class="article-text">
        La &ldquo;incomprensi&oacute;n de los signos&rdquo; es una regla de nuestra actualidad.
    </p><p class="article-text">
        <em>AG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Abel Gilbert]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/musica-locura-nuevo-mile-i-narismo_129_10773139.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 17 Dec 2023 03:01:33 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Javier Milei,Raúl Lavié,Lilia Lemoine,Christian Peregrino]]></media:keywords>
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