<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - West Side Story]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/west-side-story/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - West Side Story]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiarioar.com/rss/category/tag/1049086/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Al maestro con cariño]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/maestro-carino_129_10804387.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3fcc0b78-bbb1-4056-a9a9-e1200e195428_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Al maestro con cariño"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Compositor genial de sinfonías, óperas, misas y comedias musicales. Pianista y director de orquesta notable. Homosexual y enamorado de una mujer a la que estuvo unido desde que la conoció en 1946, con la que se casó en 1951 y con quien tuvo tres hijos. Contradictorio e inabarcable, Leonard Bernstein es el protagonista de la excelente –y discutible– ficción biográfica que puede verse en Netflix.</p></div><p class="article-text">
        Todo film biogr&aacute;fico se enfrenta a un problema casi insoluble. Debe hablarle a un p&uacute;blico que, en principio, sabe poco acerca de aquello por lo cual ese personaje es objeto del film. Se hablar&aacute; de un gran f&iacute;sico a personas para quienes la f&iacute;sica jam&aacute;s ha estado en el centro de inter&eacute;s. Se presentar&aacute; a un pionero de la neurocirug&iacute;a a personas que no saben &ndash;ni tienen mayor inter&eacute;s en saber&ndash; los entresijos de esa materia. 
    </p><p class="article-text">
        El recurso no es diferente al de cualquier serie de televisi&oacute;n. Al fin y al cabo, las luchas entre corporaciones de medios de comunicaci&oacute;n o las vicisitudes de un ranchero due&ntilde;o de medio estado de Montana, no podr&iacute;an ser menos interesantes. Las peleas entre hermanos y sus intricadas relaciones con el padre, en cambio, s&iacute; lo son. De la misma manera, el film sobre el f&iacute;sico o acerca del neurocirujano hablar&aacute; sobre sus relaciones personales, sus problemas &eacute;ticos o sus enfrentamientos o alianzas con el poder. Es decir: para ser interesantes deber&aacute;n convertir en paisaje de fondo &ndash;en algunos casos casi imperceptible&ndash; el porqu&eacute; de la elecci&oacute;n de ese personaje.
    </p><p class="article-text">
        <em>Maestro</em>, la pel&iacute;cula acerca de <strong>Leonard Bernstein</strong> dirigida por <strong>Bradley Cooper</strong>, no es una excepci&oacute;n. Si hablara del estilo compositivo del maestro, de su mandarinazgo sobre la m&uacute;sica cl&aacute;sica estadounidense, sobre c&oacute;mo convirti&oacute; una canci&oacute;n de amor &ndash;el Adagietto de la <em>Sinfon&iacute;a N&ordm; 5</em> de <strong>Gustav Mahler</strong>&ndash; en pieza funeraria o de su manera de dirigir, no ser&iacute;a el espect&aacute;culo que una pel&iacute;cula comercial est&aacute; obligada a ser. Y que en este caso es, gracias a que habla m&aacute;s de la homosexualidad del m&uacute;sico que de la m&uacute;sica por la que se ha decidido hablar de su homosexualidad. O no exactamente. Un film, como una obra de teatro o una novela, necesita conflictos. Contradicciones. Tensiones. Y Bradley Cooper las encuentra en algo tal real &ndash;y tan contradictorio y lleno de tensiones&ndash; como la relaci&oacute;n de amor entre Lenny y su esposa, la actriz costarricense &ndash;y educada en Chile&ndash; <strong>Felicia Montealegre Cohn</strong>. Y, eventualmente, aunque no entre en detalles que solo un p&uacute;blico ultra especializado disfrutar&iacute;a, la m&uacute;sica est&aacute; presente. Mejor a&uacute;n, lo que est&aacute; presente es el amor de Bernstein por la m&uacute;sica y su necesidad de comunicarlo, casi siempre de manera profundamente teatral (sobreactuada, dir&iacute;an sus cr&iacute;ticos).
    </p><p class="article-text">
        La de Leonard Bernstein es, qu&eacute; duda cabe, lo que los estadounidenses entienden como una &ldquo;gran historia americana&rdquo;. El hijo de una familia de emigrados jud&iacute;os nativos de Rusia que ser&aacute; el director m&aacute;s famoso &ndash;y el m&aacute;s importante, en t&eacute;rminos de influencia, que no es exactamente lo mismo&ndash; de la Filarm&oacute;nica de Nueva York y, tambi&eacute;n, el compositor de <em>West Side Story</em>, el musical que cambi&oacute; para siempre la historia de los musicales, el autor de algunas de las canciones m&aacute;s bellas y perfectas de todos los tiempos, de tres sinfon&iacute;as tan pretenciosas y sobredimensionadas como geniales, de una opereta sobre el <em>Candide </em>de <strong>Voltaire</strong>, de una misa pop delirante y maravillosa y de algunas piezas orquestales y de c&aacute;mara extraordinarias adem&aacute;s del conductor de un fant&aacute;stico programa televisivo sobre m&uacute;sica donde pod&iacute;a tanto contar de qu&eacute; se trataba dirigir una orquesta como explicar qu&eacute; era el jazz. Pero, adem&aacute;s, alguien capaz de enojar &ndash;y mucho&ndash; al FBI y a <strong>Richard Nixon</strong> &ndash;todo un honor&ndash;, alguien que no escondi&oacute; &ndash;o escondi&oacute; apenas&ndash; su bisexualidad en una &eacute;poca en que no resultaba f&aacute;cil y que sostuvo un largo matrimonio que, seg&uacute;n todos los testimonios, fue cualquier cosa menos un casamiento por conveniencia. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el principio fue el piano. Se lo oye junto a los primeros t&iacute;tulos del film. Luego se lo ve. Lenny toca la adaptaci&oacute;n a ese instrumento de un fragmento de su &oacute;pera <em>A Quiet Place</em>. O, tal vez, un boceto previo a la orquestaci&oacute;n. Lo est&aacute;n filmando. La pel&iacute;cula &ndash;un falso documental, podr&iacute;a decirse&ndash; muestra el registro de uno verdadero. El maestro deja de tocar, se saca los anteojos y seca sus l&aacute;grimas. Habla con quienes, en escena, lo filman. Fuma. &ldquo;Siempre es mejor en el piano, no s&eacute; por qu&eacute;&rdquo;, dice. Habla de c&oacute;mo la ve a ella, que ha muerto, trabajando en el jard&iacute;n, de que <strong>Julia Vega</strong> la ve todos los d&iacute;as al pie de la escalera, cuidando que la ropa por lavarse sea separada por color. &ldquo;Nuestros hijos nos envidian porque ellos nunca la ven&rdquo;, cuenta. &ldquo;Yo&hellip;yo La extra&ntilde;o terriblemente&rdquo;. En esos primeros segundos se juegan algunos de los grandes ejes de la biopic de Cooper. Su notable caracterizaci&oacute;n de Bernstein y los espejos enfrentados mostrando representaciones de la representaci&oacute;n. Los cr&iacute;ticos de Gustav Mahler justificaban su tirria diciendo que el compositor no mostraba las pasiones sino la actuaci&oacute;n exagerada de esas pasiones. El expresionismo, al fin y al cabo. Medio siglo despu&eacute;s se dijo lo mismo de Bernstein. Un genio del histrionismo para el que, conscientemente, todo fue representaci&oacute;n (&iquest;un espejo enfrentado al espejo de Mahler?) Y, bordando el relato, la vida privada y, en particular, su matrimonio. 
    </p><p class="article-text">
        El segundo cuadro del primer acto completa las l&iacute;neas principales de <em>Maestro</em>: el blanco y negro &ndash;que puntuar&aacute; todo el film&ndash; y el encuentro de Lenny y Felicia (soberbia <strong>Carey Mulligan</strong>). &ldquo;Nos parecemos&rdquo;, dice &eacute;l. &ldquo;Somos muchas cosas y el mundo quiere que seamos s&oacute;lo una.&rdquo; En la culminaci&oacute;n de esa escena, ella lo lleva a un teatro vac&iacute;o. Est&aacute;n en el escenario. Act&uacute;an una escena de amor. Ella dice su l&iacute;nea y lo besa. O act&uacute;an un beso. De eso se trata. Son varios a la vez. A los 21 a&ntilde;os, reci&eacute;n recibido en Harvard, Bernstein dec&iacute;a: &ldquo;No s&eacute; qu&eacute; es lo que voy a hacer: dirigir, tocar el piano, orquestar, producir. Yo soy todo eso en uno solo&rdquo;. Cuarenta a&ntilde;os despu&eacute;s, en septiembre de 1979, afirmaba: &ldquo;Ya no soy un director de orquesta; soy un m&uacute;sico a tiempo completo para quien dirigir, componer, ense&ntilde;ar y tocar el piano son una misma actividad&rdquo;. &nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>The New York Times</em> public&oacute; dos cr&iacute;ticas de la pel&iacute;cula, una muy favorable y otra no tanto. Lo que le reprochan aquellos que reprochan es lo que falta: el hecho de que Bernstein no acabara de ser reconocido como compositor &ldquo;c&aacute;sico&rdquo; por la inteligentsia europea, la operaci&oacute;n del FBI difundiendo la versi&oacute;n de que apoyaba a antisemitas, a partir de la famosa fiesta para recaudar fondos para los Panteras Negras que &eacute;l y Felicia organizaron en su casa, el brulote del <em>New Yorker</em> en el que <strong>Tom Wolfe</strong> los ridiculiz&oacute; con el t&iacute;tulo de &ldquo;Radical Chic&rdquo;, la frase de Nixon que qued&oacute; grabada en las cintas del FBI, &ldquo;Bernstein es un hijo de puta&rdquo;, la m&uacute;sica que no se escucha. Lo cierto es que con un m&uacute;sico virtualmente inabarcable siempre ser&aacute; m&aacute;s lo que falte que lo que pueda incluirse. Y en <em>Maestro</em> hay much&iacute;sima m&uacute;sica. Y se trata de m&uacute;sica excelente.
    </p><p class="article-text">
        Resulta m&aacute;s interesante la observaci&oacute;n de <strong>Alex Ross </strong>en <em>The New Yorker</em> acerca de la relaci&oacute;n de Hollywood con la m&uacute;sica de tradici&oacute;n acad&eacute;mica: &ldquo;Hoy en d&iacute;a, alguien que escucha a Bach por placer tiene m&aacute;s probabilidades de ser un asesino en serie can&iacute;bal o un villano s&aacute;dico en un film de James Bond que un ser humano funcional. En pel&iacute;culas tan diversas como <em>Five Easy Pieces</em>, <em>Shine</em>, <em>The Piano Teacher</em> y <em>T&aacute;r</em>, la carrera musical se trata de manera patol&oacute;gica, como una vida de represi&oacute;n, neurosis y crueldad cultivada. (&hellip;) En su mayor parte la m&uacute;sica cl&aacute;sica sirve como una abreviatura de la aberraci&oacute;n emocional. La m&uacute;sica pop, por el contrario, es generalmente tratada como un medio de liberaci&oacute;n y realizaci&oacute;n, incluso si sus practicantes son destruidos en el proceso. (&hellip;) Cabe destacar que <em>Maestro</em> desde&ntilde;a ese f&aacute;cil proceso de patologizaci&oacute;n. No es que presente una imagen idealizada de la vida de Bernstein: vemos el lado desagradable de su personalidad, especialmente en sus &uacute;ltimos a&ntilde;os, cuando beb&iacute;a en exceso y se comportaba grotescamente. Sin embargo, el declive del joven efervescente no se presenta como el resultado necesario de la cultura que habita. Este derviche melanc&oacute;lico encuentra en la m&uacute;sica un &eacute;xtasis sostenido que se le escapa en la vida, aunque en ciertos momentos espl&eacute;ndidos esos mundos separados choquen. La secuencia de Mahler &ndash;el ensayo de su <em>Sinfon&iacute;a N&ordm; 2</em>&ndash; es la &uacute;nica parte de la pel&iacute;cula en la que Bernstein se muestra absolutamente feliz.&rdquo; 
    </p><p class="article-text">
        Que <em>Maestro</em> pueda ser discutida y que genere controversias es, sin duda, una de sus virtudes. La otra es la m&uacute;sica que all&iacute; se escucha, el amor a la m&uacute;sica que sus personajes exhiben y la m&uacute;sica que la pel&iacute;cula lleva a escuchar, ya fuera de la pel&iacute;cula. Aqu&iacute; dejo dos listas posibles &ndash;entre muchas&ndash;. La primera contiene pasajes en que aparece el Bernstein modernista, aquel donde la lectura de Stravinsky se cruza con todos esos que &eacute;l era: el pianista, el m&uacute;sico popular, el sinfonista, el que conoc&iacute;a la orquesta como nadie. Y, lejos del &uacute;ltimo lugar en importancia, el que era capaz de sintonizar como nadie con los conflictos de su &eacute;poca. En <em>West Side Story,</em> por ejemplo, la adaptaci&oacute;n de <em>Romeo y Julieta</em> de Shakespeare pas&oacute; por varias etapas. Primero, Bernstein y <strong>Stephen Sondheim</strong>, el libretista, pensaron en un conflicto religioso y despu&eacute;s en un enfrentamiento entre ricos y pobres. La genialidad, para el momento en que fue compuesta, fue abordar aquello de lo que no se hablaba: la lucha entre pobres y pobres, la tensi&oacute;n entre bandas de inmigrantes de primera y segunda generaci&oacute;n, en el submundo situado bajo las autopistas, en los inquilinatos atestados y en los gimnasios p&uacute;blicos. En <em>On the Town</em>, el pasaje a musical de lo que hab&iacute;a nacido como el ballet <em>Fancy Free</em>, tres marineros pr&oacute;ximos a embarcar, rumbo a la guerra, descubr&iacute;an la ciudad &ndash;y el posible amor&ndash; y esa primera vez pod&iacute;a ser tambi&eacute;n la &uacute;ltima. La canci&oacute;n &ldquo;Some Other Time&rdquo; &ndash;que <strong>Tony Bennett</strong> cant&oacute; a&ntilde;os despu&eacute;s en una inolvidable grabaci&oacute;n con el pianista <strong>Bill Evans</strong>&ndash; lo resum&iacute;a con iron&iacute;a. &ldquo;&iquest;D&oacute;nde se ha ido el tiempo transcurrido/ no hemos hecho ni la mitad de lo que quer&iacute;amos/ Bueno, ya lo haremos en alg&uacute;n otro momento&rdquo;, cantaba alguien que, precisamente, no sab&iacute;a si habr&iacute;a alg&uacute;n otro momento. Algunas de esas canciones, en sus versiones originales y en interpretaciones que a m&iacute; me gustan especialmente, forman parte de la segunda lista. 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <iframe style="border-radius:12px" src="https://open.spotify.com/embed/playlist/5OYT6ztLXXW24DiurQ1kd6?utm_source=generator" width="100%" height="352" frameBorder="0" allowfullscreen="" allow="autoplay; clipboard-write; encrypted-media; fullscreen; picture-in-picture" loading="lazy"></iframe>
    </figure><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <iframe style="border-radius:12px" src="https://open.spotify.com/embed/playlist/4N9LZOULMgsBI9GF4bjolw?utm_source=generator" width="100%" height="352" frameBorder="0" allowfullscreen="" allow="autoplay; clipboard-write; encrypted-media; fullscreen; picture-in-picture" loading="lazy"></iframe>
    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Diego Fischerman]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/maestro-carino_129_10804387.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 30 Dec 2023 12:09:54 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/3fcc0b78-bbb1-4056-a9a9-e1200e195428_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="103746" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/3fcc0b78-bbb1-4056-a9a9-e1200e195428_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="103746" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Al maestro con cariño]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/3fcc0b78-bbb1-4056-a9a9-e1200e195428_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Leonard Bernstein,West Side Story]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
