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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Edipo]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/edipo/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Edipo]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El origen del amor]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/origen-amor_129_10813413.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6176fef9-af81-4697-96db-3669d8828bda_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El origen del amor"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hay una diferencia abismal entre sentir el amor del otro y sentirnos amados. ¿Estamos dispuestos a dejarnos amar o huimos sin darle lugar a ese sentimiento que nos hace sentir dependientes y temerosos?</p></div><p class="article-text">
        Una de las experiencias m&aacute;s importantes de mi vida amorosa fue cuando, en el inicio de mi juventud, tuve un encuentro con una mujer que, mientras intim&aacute;bamos, me miraba y me dec&iacute;a: &ldquo;Sos hermoso&rdquo;. Fue tal la conmoci&oacute;n, que no pude volver a verla.
    </p><p class="article-text">
        Hu&iacute; despavorido. Aterrado. Y no porque no la quisiera, sino porque no estaba todav&iacute;a en condiciones de recibir su amor. Quiz&aacute; s&iacute; pod&iacute;a estar satisfecho con la expectativa de que una mujer me amase, pero recibir amor es otra cosa.
    </p><p class="article-text">
        Y no solo dir&iacute;a que se trata de recibir amor, sino de algo m&aacute;s profundo, que es sentirme amado &ndash;algo muy distinto a sentir el amor del otro, que otro nos ama. El punto es que, creo, este es uno de los aspectos que m&aacute;s debo al psicoan&aacute;lisis: recuperar esa sensaci&oacute;n y recibirla como una fiesta.
    </p><p class="article-text">
        Si me detengo en esta cuesti&oacute;n es para situar la diferencia abismal que hay entre sentir el amor del otro y sentirnos amados. Por ejemplo, un hombre puede vivir para despertar amor en los dem&aacute;s y, sin embargo, no tener el menor inter&eacute;s de sentirse amado.
    </p><p class="article-text">
        En efecto, este es el caso del seductor, que vive prisionero de un amor ajeno al que no se presta. Esta esclavitud est&aacute; muy bien reflejada en la letra de esa canci&oacute;n de Los Aut&eacute;nticos Decadentes que dice: &ldquo;No tenemos vacaciones ni feriados, el gremio del pirata es muy sacrificado&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La vida de pirata-seductor es muy valorada entre varones, pero pocos hablan del costo ps&iacute;quico que representa. Lejos de tener un inter&eacute;s en una mujer, el seductor huye de la mayor dependencia &ndash;aquella que se juega en el v&iacute;nculo &iacute;ntimo y recrea la relaci&oacute;n con la madre&ndash; a trav&eacute;s de frustrar el deseo femenino.
    </p><p class="article-text">
        Muchos a&ntilde;os despu&eacute;s volv&iacute; a encontrarme con la mujer de la que habl&eacute; al principio. La vida nos hab&iacute;a alejado lo suficiente como para que yo pudiera contarle que, cuando naci&oacute; mi primer hijo, muchas veces al mirarlo le dije &ldquo;Sos hermoso&rdquo; y me acord&eacute; de ella. Es algo que le agradec&iacute; infinitamente.
    </p><p class="article-text">
        En aquel entonces, yo no estaba dispuesto a dejarme amar. O mejor dicho, no pude darle lugar al sentimiento amoroso, sin sentirme un ni&ntilde;o dependiente y temeroso, ed&iacute;pico y m&aacute;s o menos incestuoso, as&iacute; que me fui. Sin embargo, ella me dej&oacute; una huella indeleble &ndash;quiz&aacute; por eso la huida estuvo justificada: &iexcl;no era para menos!&ndash; que, curiosamente, se hizo carne en el v&iacute;nculo amoroso con uno de mis hijos.
    </p><p class="article-text">
        No creo exagerar si digo que, gracias a ese amor, pude amar a mi hijo. Ser&iacute;a exagerado, s&iacute;, pensar y decir que amamos con un amor propio. Lo que todav&iacute;a me hace pensar es c&oacute;mo ese amor, como padre, me lleva a una especie de feminizaci&oacute;n. La verdad es que no creo que haya otra v&iacute;a &ndash;al menos para m&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        En la segunda ocasi&oacute;n en que fui padre, me pas&oacute; algo parecido. Sentirme amado por la mujer que tuvo un hijo conmigo, produjo una especie de trasvasamiento con el reci&eacute;n llegado. Hoy lo miro y me doy cuenta de que lo amo con un amor que viene de otra parte. No resulta dif&iacute;cil recordar en este punto la canci&oacute;n de Jorge Drexler que dice: &ldquo;El amor que me dar&iacute;as, transformado volver&iacute;a, un d&iacute;a, a darte las gracias&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En este punto tengo que hacer una precisi&oacute;n &ndash;a prop&oacute;sito del origen exterior del amor. No es algo que diga que les ocurre a todos los varones. S&iacute; digo que es un proceso que puedo reconocer en m&iacute; y que, creo, puede aplicarse m&aacute;s all&aacute; de mi caso singular. Por eso, me tomo el trabajo de escribirlo, menos con fines de exhibici&oacute;n que para compartir una circunstancia que, si explicase te&oacute;ricamente, ser&iacute;a compleja y abstracta.
    </p><p class="article-text">
        Me refiero a que, en el contexto de mi pareja actual, de un tiempo a esta parte, uso dos expresiones que nunca antes hab&iacute;a usado: &ldquo;Mi vida&rdquo; y &ldquo;Mi cielo&rdquo;. Me result&oacute; extra&ntilde;o que se hubieran incorporado a mi vocabulario amoroso y, solo cuando advert&iacute; que tambi&eacute;n las usaba con los ni&ntilde;os, me di cuenta de su origen. As&iacute; nos dec&iacute;a mi mam&aacute; a sus hijos, cuando &eacute;ramos chicos.
    </p><p class="article-text">
        El planteo tradicional del complejo de Edipo dice que un var&oacute;n ama a su madre y, con el tiempo, consigue amar a un sustituto. Que sea un sustituto quiere decir que la relaci&oacute;n con la pareja no es una continuaci&oacute;n de la materna, pero aquella no deja estar en la misma l&iacute;nea. Freud incluso es un poco osado, cuando dice lo siguiente:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Aquel que en su vida amorosa est&aacute; destinado a ser verdaderamente libre y por ello tambi&eacute;n feliz, debe haber superado el respeto por la mujer y haberse familiarizado con la representaci&oacute;n del incesto con la madre o la hermana.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Ser&iacute;a f&aacute;cil criticar a Freud, pero la cr&iacute;tica nunca estar&iacute;a a la altura de su genialidad. Tal vez sea mejor tratar de entenderlo y, por ejemplo, situar que el piensa a la madre como objeto de deseo que, si no es asumido, solo provocar&aacute; s&iacute;ntomas y, por lo tanto, infelicidad.
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, en mi planteo yo pienso en otra cosa, pienso en el destino del amor de la madre, que es un tema al que Freud pr&aacute;cticamente no le presta atenci&oacute;n, salvo para decir, en cierta ocasi&oacute;n &ndash;mejor dicho, en dos&ndash; que la relaci&oacute;n entre madre e hijo var&oacute;n es la &uacute;nica que no incluye componentes agresivos, es decir, que es un amor puro y, adem&aacute;s, que la seguridad de haberse sentido amado por su madre fue la fuente de su seguridad ante los hechos adversos que le toc&oacute; vivir.
    </p><p class="article-text">
        Por esta v&iacute;a, adem&aacute;s de la madre como objeto incestuoso de deseo, est&aacute; la madre como origen del amor de que un var&oacute;n podr&aacute; disponer en su vida. Dicho de otro modo, que alguien se haya sentido amado por su madre &ndash;no solo que esta lo haya amado&ndash;, que en alg&uacute;n tiempo de su infancia le haya permitido al amor materno producir eficacia en sus emociones, sin haberlo rechazado virilmente, es la fuente de una capacidad afectiva que apenas se expresa en la versi&oacute;n tradicional del complejo de Edipo.
    </p><p class="article-text">
        En esta &uacute;ltima, el ni&ntilde;o debe ser un seductor que, finalmente, renuncie a la madre y, para el caso, este rechazo puede tirar por la borda tambi&eacute;n su amor; amor que puede ser el trabajo de la vida o de un an&aacute;lisis tratar de volver a encontrar. 
    </p><p class="article-text">
        Si no fuera una formulaci&oacute;n un poco facilista, dir&iacute;a que, en &uacute;ltima instancia, la madurez consiste en poder dar el amor que recibimos, si es que fuimos capaces de aceptarlo.
    </p><p class="article-text">
        Cuando termin&eacute; de redactar este texto, dado que mencionaba aspectos personales, se lo envi&eacute; a mi esposa para que ella tambi&eacute;n lo leyera y, si estaba de acuerdo, me diera su opini&oacute;n y visto bueno. Aqu&iacute; debajo copio su respuesta, dado que con su articulaci&oacute;n suma y amplia el argumento:	&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>No te preocupes por el aspecto &iacute;ntimo del texto, no es obsceno; es apenas un recurso para investigar, a partir de una experiencia, un tema inexplorado: los aspectos femeninos del erotismo de la paternidad de un hombre. Tu art&iacute;culo explora la posibilidad para un hombre de amar al recuperar la capacidad de recibir amor.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>En esto, la feminizaci&oacute;n en un hombre va por otros carriles que los que Freud llam&oacute; &ldquo;homosexualidad&rdquo;. Especialmente un tipo de homosexualidad (presente tambi&eacute;n en varones heterosexuales) que se sostiene del amor por conservar la imagen que se tuvo cuando se fue amado por la madre. Esta es la vertiente que Freud investig&oacute; en su ensayo sobre Leonardo Da Vinci. </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Te dir&iacute;a que, en la reflexi&oacute;n que nos propone tu texto, no se trata de conservar la imagen de cuando se fue amado; sino, m&aacute;s bien, de la potencia de amar que nace de haber podido recibir amor de la madre. En un caso, se conserva una imagen a la que amar. En el otro se reencuentra una potencia en la huella del amor del otro. Esta potencia no es viril, por eso su experiencia es feminizante. Esto es lo novedoso en tu planteo.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Para un hombre el deseo viril se encuentra en la experiencia del Edipo. Pero no hay ah&iacute; una versi&oacute;n del amor que ha sido o no capaz de recibir. Esto es lo fundamental.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Para Freud no era sencilla la distinci&oacute;n entre feminizaci&oacute;n y homosexualidad, esto por un motivo: porque para Freud y para el inconsciente neur&oacute;tico, la feminidad es pasividad. La claridad de tu art&iacute;culo, breve pero profundo, fue interpretar que la feminidad no es tanto pasividad sino receptividad. Y la capacidad de recibir, lejos de pasivizar, crea una potencia de entrega en el amor. Es un tema para seguir investigando.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>LL/VB</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau y Verónica Buchanan]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/origen-amor_129_10813413.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 05 Jan 2024 09:35:21 +0000]]></pubDate>
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