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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Padre]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/padre/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Padre]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El padre narcisista]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/padre-narcista_129_12091656.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e09ae59e-af76-4723-bfd1-0bed8b5cc5d9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El padre narcisista"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los padres “buenudos”, que se niegan a encarnar la autoridad, a veces terminan haciendo mucho daño a los niños, aunque sea en el nombre del bien. </p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Tu pap&aacute; lee la contratapa de un libro y te lo explica, no como si lo hubiera le&iacute;do, sino como si &eacute;l mismo lo hubiera escrito&rdquo;, le dice una mujer &ndash;ex amiga&ndash; al protagonista y narrador de <em>La otra hija</em>, la novela de <strong>Santiago La Rosa</strong>.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qui&eacute;n es este protagonista? Un joven psicoanalista, que despu&eacute;s de enamorarse de una mujer y consolidar una pareja, fue padre. Tuvo a su primer hijo; mejor dicho, una hija y ah&iacute;, entonces, le cae el pasado encima.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        &iquest;C&oacute;mo un hijo se convierte en padre? Haciendo las cuentas con su propio padre. Esto lo refleja muy bien otra novela, <em>Norteamericanos</em>, de <strong>Gertrude Stein</strong>, que comienza con esta breve escena: &ldquo;Una vez un hombre enfurecido arrastr&oacute; a su padre por el huerto de su casa. &shy;&ndash;Detente &ndash;grit&oacute; al fin entre gemidos el anciano&ndash;. &iexcl;Detente! Yo nunca arrastr&eacute; a mi padre m&aacute;s all&aacute; de este &aacute;rbol&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, &iquest;c&oacute;mo se mata al padre cuando este es una sombra? Al poco tiempo de saber que ser&aacute; abuelo, el padre del joven psicoanalista, el futuro padre, comienza a preparar una habitaci&oacute;n en su propia casa para un nieto var&oacute;n. Cuando se entera de que el ni&ntilde;o ser&aacute; una ni&ntilde;a, la ilusi&oacute;n se volatiliza y, luego, desaparece el hombre.
    </p><p class="article-text">
        La evaporaci&oacute;n de este padre-abuelo no ocurre antes de que le deje a su hijo una suerte de advertencia, una carta astral en la que se anticipa un destino problem&aacute;tico para la ni&ntilde;a. El hijo lo llama y lo insulta. Ahora s&iacute;, se corta el v&iacute;nculo.
    </p><p class="article-text">
        En este punto, comienza la narraci&oacute;n propiamente dicha. Porque en funci&oacute;n de ver c&oacute;mo crece su hija, el joven psicoanalista &ndash;que vive con miedo a que le pase algo, lo que debilita su posibilidad de tener autoridad en la familia&ndash; se entera de que, antes casarse con su madre, el padre tuvo otra esposa y&hellip; otra hija. He aqu&iacute;, entonces, la otra hija.
    </p><p class="article-text">
        Comentar una novela siempre es dif&iacute;cil, m&aacute;s f&aacute;cil ser&iacute;a &ndash;cuando la novela es buena&ndash; decir &ldquo;L&eacute;anla y despu&eacute;s me cuentan ustedes a m&iacute;&rdquo;, pero si me detengo en estas l&iacute;neas, es porque creo que hay diferentes elementos de valor que quiero precisar.
    </p><p class="article-text">
        Por un lado, esta novela es magn&iacute;fica para quienes est&eacute;n interesados en el peso de lo transgeneracional en una familia. El hijo ser&aacute; padre de una hija a una edad semejante a la que ten&iacute;a su propio padre cuando fue padre y este deja de ver a la nieta a una edad aproximada a la que ten&iacute;a su propia hija cuando &ndash;este el drama del que nos enteramos&ndash; muri&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Acaso, &iquest;el miedo a que le pase algo a su hija &ndash;al punto de ir de noche a escucharla respirar en su habitaci&oacute;n&ndash; puede achacarse a que sea un primerizo o, m&aacute;s bien, no cabe reconducirlo a la p&eacute;rdida de esa hija sin nombre, excluida de la historia familiar? La novela de La Rosa es muy bella por c&oacute;mo desarrolla que el hijo que quiere avanzar en saber qui&eacute;n era su padre, no es un detective que quiere develar un misterio, sino que busca conocerse a s&iacute; mismo a trav&eacute;s de ese otro que es un padre.
    </p><p class="article-text">
        Un padre, ese padre que, seg&uacute;n avanza la historia, nos damos cuenta de que es lo que hoy se llama un &ldquo;narcisista&rdquo;, una especie de Zelig, un manipulador, un tipo capaz de cambiar de vida como de reinventarse, que ve a las personas de su entorno como prolongaciones de su yo omnipotente, un mentiroso que cree en sus mentiras.
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, entonces, esta novela es muy buena para decir qu&eacute; es en serio un tipo de personalidad narcisista y reservar este adjetivo para casos puntuales, en lugar de como ocurre hoy en las redes cuando se designa de ese modo a cualquier persona con quien vivimos una desilusi&oacute;n. Y La Rosa, en lugar de aplicar una ley de contacto cero y depositar todo el mal en el otro, para repetir la historia con otra persona, hace lo m&aacute;s valiente que puede hacerse en un caso as&iacute;: atreverse a saber.
    </p><p class="article-text">
        Su padre fue un gur&uacute; macrobi&oacute;tico, luego un psicoanalista de prestigio, hasta que se convirti&oacute; en un l&iacute;der gest&aacute;ltico. Jam&aacute;s estudi&oacute; nada, siempre fue detr&aacute;s de presas y un mundo en el que crecer, para acomodar el entorno a su ambici&oacute;n; sin embargo, nadie puede atribuirle maldad, menos el narrador cuando describe las diferentes situaciones en que el padre estuvo envuelto. Comprender es perdonar, dice un viejo y c&eacute;lebre refr&aacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; el verdadero perd&oacute;n est&eacute; en renunciar a ver la historia como una secuencia de acciones voluntarias, dejando caer la atribuci&oacute;n de intenciones, para estar m&aacute;s cerca del final de <em>El Gran Gatsby</em>: &ldquo;As&iacute; seguimos, golpe&aacute;ndonos, barcas contracorriente, devueltos sin cesar al pasado&rdquo;. Oponerse a ciertos movimientos es algo in&uacute;til. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por &uacute;ltimo, una apreciaci&oacute;n que quiz&aacute; sea m&aacute;s una elaboraci&oacute;n personal, a partir de la lectura, aunque creo que tambi&eacute;n tiene asidero en la novela. Pienso en cu&aacute;nto un hombre puede llegar a limitarse a s&iacute; mismo para evitar el conflicto con el padre. En efecto, la salida m&aacute;s cobarde parece la m&aacute;s saludable moralmente: no ser como &eacute;l. As&iacute;, de un padre narcisista puede devenir un hijo bueno, que goza de su bondad, pero que as&iacute; siempre ser&aacute; hijo. Esto es lo que la novela tambi&eacute;n desarrolla. El hijo bueno tambi&eacute;n debe morir.
    </p><p class="article-text">
        Matar al padre es hacerse cargo de su herencia, llevar en la carne el aguij&oacute;n que hiere. El padre que tiene miedo de que a su hija le pase algo, &iquest;no pone de manifiesto en ese temor su modo tibio de desear? Los padres son filicidas y por eso tambi&eacute;n tienen que responder, que nadie se haga el santo de querer ser un padre diferente. Por lo tanto, &iquest;qui&eacute;n puede tirarle la primera piedra a su propio padre, aunque este sea un narcisista megal&oacute;mano? O arrastrarlo m&aacute;s lejos por el huerto, seg&uacute;n la imagen de Gertrude Stein.
    </p><p class="article-text">
        Por lo general, esos padres &ldquo;buenudos&rdquo; &ndash;tan comunes en nuestro siglo XXI&ndash; que no se hacen cargo de sus impulsos hostiles, que se niegan a encarnar la autoridad, que no le hacen de tope al goce del hijo (con el que muchas veces m&aacute;s bien se identifican), terminan haciendo mucho da&ntilde;o a los ni&ntilde;os. Por supuesto, todo en nombre del bien. 
    </p><p class="article-text">
        Porque ser padre no es para hacer las cosas bien o mejor que los otros, sino para introducir a la progenie en una filiaci&oacute;n, con sus tragedias y retornos. Que un hijo est&eacute; dispuesto a ser padre, no solo quiere decir que tiene que matar a su padre, sino que tambi&eacute;n tiene que estar dispuesto a morir como hijo parricida.
    </p><p class="article-text">
        Voy a recomendar esta novela con una &uacute;ltima idea. Los neur&oacute;ticos suelen creer que sus padres son m&aacute;s terribles de lo que en verdad fueron. Con los a&ntilde;os, descubren que los repiten, que hay mucho en com&uacute;n y hasta se consigue una actitud compasiva con sus errores. Lo que me gust&oacute; de <em>La otra hija</em>, es que no tiene ese rodeo; el padre es un loco, uno de esos tipos de los que todos se fueron alejando con el tiempo, si no es que &eacute;l los dej&oacute; antes. Y, sin embargo, ah&iacute; hay un trabajo por hacer. 
    </p><p class="article-text">
        Heredar el mal es tambi&eacute;n la responsabilidad de un sujeto &eacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        LL/MF
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/padre-narcista_129_12091656.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 28 Feb 2025 09:58:13 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El padre narcisista]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Padre,Narcisismo,Crianza]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Por amor al padre]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/amor-padre_129_11724553.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/53b4a514-cf1e-434a-a4b1-cc665c4d1a96_16-9-discover-aspect-ratio_default_1103605.jpg" width="298" height="168" alt="Por amor al padre"></p><p class="article-text">
        &iquest;Qui&eacute;n puede decir que alguna vez no necesit&oacute; que le digan que no? Hace tiempo hubo quien, despu&eacute;s de hablar mal de m&iacute; en diferentes ocasiones, se acerc&oacute; amistosamente y me pregunt&oacute; c&oacute;mo hacer para publicar un libro suyo; me ped&iacute;a expl&iacute;citamente un consejo y, por lo bajo, un contacto. 
    </p><p class="article-text">
        Yo no reniego por estas actitudes falsas, creo que quienes no tienen dignidad como para moverse en el mundo de la conveniencia, ya tienen suficiente. Entonces le respond&iacute; de la m&aacute;s manera m&aacute;s honesta que pude: &ldquo;Lo primero es escribir varios libros malos, luego tolerar que te digan que no varios editores. Lo primero lo ten&eacute;s asegurado, no te prives de lo segundo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Yo no quise lastimarte, solamente te dije que no&rdquo;, dice una canci&oacute;n de <strong>Andr&eacute;s Calamaro</strong>, una de enorme vigencia si pensamos lo dif&iacute;cil que hoy se volvi&oacute; no quedar atrapado en la pasi&oacute;n de sentirse rechazado. Qu&eacute; dif&iacute;cil no quedarse sangrando por la herida, acusar al otro de da&ntilde;o, criminalizar el dolor.
    </p><p class="article-text">
        Este es el n&uacute;cleo de un gran libro que se acaba de publicar: <em>Por amor al padre</em>, de la psicoanalista <strong>Ver&oacute;nica Buchanan</strong>. &iquest;Qu&eacute; es un padre? Un impacto, algo contra lo que uno se golpea. Y si uno es neur&oacute;tico, dice que el padre lo golpeo &ndash;como los ni&ntilde;os que se enojan con la mesa que se llevaron por delante.
    </p><p class="article-text">
        Y si es mucho m&aacute;s neur&oacute;tico, se excita con el golpe del padre y busca en todos lados alg&uacute;n padre del que quejarse y acusar su sadismo (que no es m&aacute;s que nuestro masoquismo proyectado). &ldquo;Este mundo necesita un padre para el dolor&rdquo;, dice una canci&oacute;n de Suede, que igualmente da en la tecla: sin un padre (aunque sea la fantas&iacute;a del padre terrible), el cuerpo permanece dolorido, afectado por s&iacute; mismo.
    </p><p class="article-text">
        Fibromialgias, hipocondr&iacute;as, afecciones psicosom&aacute;ticas, hemorragias internas son algunos de esos sufrimientos en que el dolor permanece sin localizaci&oacute;n y que muchas veces revelan una dificultad en la constituci&oacute;n ps&iacute;quica. El psicoan&aacute;lisis es un m&eacute;todo que expone el efecto de un padre que no impact&oacute; a tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n est&aacute;n los casos de quienes solo se detienen cuando se la ponen: desregulaci&oacute;n emocional, compulsiones, falta de culpa, etc., son algunos matices cl&iacute;nicos de no poder parar. No se trata de contar con un padre en la realidad, sino de la instancia paterna como operadora de la mediaci&oacute;n en la relaci&oacute;n con el deseo. Es un padre todo lo que alguna vez nos sirve para decirnos que no. 
    </p><p class="article-text">
        El padre no proh&iacute;be nada, transmite la prohibici&oacute;n como criterio de lazo. No se puede ir hasta el final de nada, porque ser&iacute;a destructivo. Si el primer cap&iacute;tulo del libro de Buchanan tematiza la noci&oacute;n de impacto, el segundo lleva la cuesti&oacute;n hacia lo social y al modo en que las ideolog&iacute;as ya no tienen ning&uacute;n real que les haga de resistencia; son puros discursos que se repiten sin consistencia, con la forma del delirio colectivo.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; no se puede decir cualquier cosa y, sin tener la menor idea, lanzarse a opinar? Esta es la &eacute;poca de la post-ideolog&iacute;a, en que las <em>fake news</em> y la viralizaci&oacute;n son un riesgo en la medida en que no constituyen un sujeto, sino que destruyen las condiciones de posibilidad de la subjetividad &ndash;que, si es tal, es conflicto.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Sigmund Freud</strong> escribi&oacute; en una &eacute;poca en que los discursos sociales eran opresores, los ideales estaban para que cada quien sacrifique su deseo. Hoy los discursos son un murmullo loco del que es preciso salirse para no balbucear como un casete lo pol&iacute;ticamente correcto de turno. En este punto, Buchanan es freudiana: un lazo existe cuando se lo organiza alrededor de un s&iacute;ntoma. La pregunta que deber&iacute;amos hacernos es por qu&eacute; se volvi&oacute; tan dif&iacute;cil y amenazante la presencia del s&iacute;ntoma (que es respuesta a un conflicto) en el interior de los v&iacute;nculos.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; llegamos al tercer cap&iacute;tulo, el que me parece m&aacute;s hermoso de todo el libro, el que hace de Buchanan una pensadora &ndash;adem&aacute;s de una psicoanalista. Lo digo de otro modo: Buchanan no explica psicoan&aacute;lisis, piensa como psicoanalista y esto hace de ella un milagro. Y si uso esta palabra es porque el &uacute;ltimo cap&iacute;tulo de su ensayo tiene un tinte religioso. 
    </p><p class="article-text">
        <em>Por amor al padre</em> cierra con una digresi&oacute;n sobre la piedad. Buchanan parte de la m&aacute;s que conocida imagen de <strong>Miguel &Aacute;ngel</strong>: la madre con el hijo muerto en brazos. Y al modo de una interpretaci&oacute;n anal&iacute;tica se pregunta: &iquest;de d&oacute;nde proviene esa obstinaci&oacute;n femenina por seguir atada a lo muerto? Esto puede pensarse cl&iacute;nicamente en fen&oacute;meno cotidianos, como la persistencia de ciertas mujeres en v&iacute;nculos en lo que no pasa nada, hasta la dificultad para el atravesamiento de ciertos duelos que declinan melanc&oacute;licamente.
    </p><p class="article-text">
        Para no extenderme, dar&eacute; un esbozo de la respuesta que este ensayo propone: muchas veces lo que se presenta como caridad o buena intenci&oacute;n no es m&aacute;s que una de las caras del odio. Ya lo dec&iacute;a Freud: la madre que m&aacute;s ama a su hijo es la que m&aacute;s lo odia, es decir, es la que lo ama con odio. En este punto, Buchanan se posiciona en una actitud de desconfianza respecto de la posici&oacute;n beat&iacute;fica con que ciertos discursos actuales piensan a las mujeres: vos eras demasiado buena para &eacute;l, que no supo valorarte. 
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, esto no quiere decir renunciar a la piedad, sino de construirla desde otro punto de vista. Mar&iacute;a es la madre virgen que sostiene a su hijo. Las mujeres viven quej&aacute;ndose de que est&aacute;n cansadas de &ldquo;sostener&rdquo;, pero &iquest;no habr&iacute;a que pensar m&aacute;s profundamente este tipo de sost&eacute;n? La virginidad adquiere aqu&iacute; un estatuto renegatorio: lejos del clich&eacute; psicoanal&iacute;tico que opone la mujer a la madre, Buchanan plantea lo materno como un destino femenino, en el doble sentido del t&eacute;rmino: no es un fin, sino una imposici&oacute;n con la que es preciso tener que hacer algo. Reducir la maternidad a tener hijos es una torpeza.
    </p><p class="article-text">
        Hay una piedad de lo materno que se juega en la renuncia a la obstinaci&oacute;n, cuando es posible asumir que algo se termin&oacute;, cuando la cuesti&oacute;n m&aacute;s importante es la de poder una decirse que no sin vivirlo como una privaci&oacute;n. En este punto, lo materno para Buchanan es el origen de un deseo propiamente femenino: el deseo de separaci&oacute;n. Madre no es la mujer que est&aacute; apegada a su hijo, atribuy&eacute;ndole su propio apego, sino la que deja ir, la que se angustia con el destete, la que vela la sexualidad del hijo para no ser intrusiva.
    </p><p class="article-text">
        En este punto, el libro de Buchanan concluye con una reformulaci&oacute;n de su inicio: si el padre es el &ldquo;no&rdquo; que se descubre afuera &ndash;que funda el afuera&ndash;, la madre es el &ldquo;no&rdquo; que nace de adentro, interior. Por eso el subt&iacute;tulo del libro es <em>Del trauma a la piedad</em>, como forma de dar cuenta de este movimiento.
    </p><p class="article-text">
        Yo escrib&iacute; muchos libros malos antes de escribir alguno que me gustase. Este libro de Buchanan, su primer libro, no padece de este defecto. Es excelente. Es un libro de madurez, un libro que refleja los a&ntilde;os de consecuencias de una pr&aacute;ctica. Muchas veces le suger&iacute; que escribiese un libro. Y muchas veces me dijo que no. Estoy seguro de que esta vez tampoco me dijo que s&iacute;.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/amor-padre_129_11724553.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 11 Oct 2024 03:00:41 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Por amor al padre]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Padre,Madre,Psicoanálisis]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Obsesión y desobediencia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/obsesion-desobediencia_129_11617523.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c207af27-4905-4009-88dd-600f4a3461be_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Obsesión y desobediencia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Ciertas estructuras clínicas en mujeres a menudo diagnosticadas como obsesivas pueden estar más relacionadas con la relación pre-edípica y la voz de la madre que con la culpa edípica y el imaginario del padre.</p></div><p class="article-text">
        Hace varios a&ntilde;os atend&iacute; a una mujer que inicialmente se present&oacute; a la consulta como una obsesiva. La relaci&oacute;n con sus obligaciones no le dejaba tiempo para otra cosa y, en la mayor&iacute;a de sus elecciones, primaba el pragmatismo.
    </p><p class="article-text">
        Con el tiempo, la supuesta obsesi&oacute;n se histeriz&oacute;: en cierta ocasi&oacute;n se refiri&oacute; a algo que ten&iacute;a que hacer como algo de lo que ten&iacute;a que salir. En efecto, tuvo un fallido: quiso decir &ldquo;me molesta no poder cumplir&rdquo; y dijo &ldquo;me molesta no poder salir&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; el vocabulario de las obligaciones revel&oacute; un sentido er&oacute;tico y todas las cosas que ten&iacute;a que hacer eran cosas que ten&iacute;a &ldquo;encima&rdquo; y su hiperproductividad era una defensa, un modo de escapar de lo que se constituy&oacute; como una fantas&iacute;a de seducci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El apoyo para esta fantas&iacute;a &ndash;esto es lo que me interesa&ndash; estuvo en la sensaci&oacute;n, durante algunas sesiones, de que hab&iacute;a algo que no recordaba. As&iacute; cobr&oacute; forma definitiva una amnesia hist&eacute;rica.
    </p><p class="article-text">
        Lo que quiero subrayar es lo importante que aqu&iacute; el analista no se apure, que no quiera forzar recuerdos, porque los puede inducir. Aqu&iacute; es que se decide el an&aacute;lisis propiamente dicho si la v&iacute;a por la que se apuesta es la del inconsciente.
    </p><p class="article-text">
        Esta mujer tuvo varios sue&ntilde;os con hombres, en los que le robaban, le pegaban, la miraban con desprecio. Se hizo entonces una pregunta por el amor de su padre, del que recordaba haberse alejado en la adolescencia cuando tuvo un primer novio. Pens&oacute; en sesi&oacute;n que el padre se hab&iacute;a puesto celoso.
    </p><p class="article-text">
        En cierto momento se pregunt&oacute; si acaso el padre no hab&iacute;a hecho algo incorrecto. Durante un tiempo estuvo asustada. A trav&eacute;s de sus asociaciones lo que se circunscribi&oacute; fue su propio erotismo infantil dirigido hacia el padre.
    </p><p class="article-text">
        Como es un caso de neurosis, los celos atribuidos al padre eran una formaci&oacute;n proyectiva de su deseo reprimido. En un caso de psicosis, lo m&aacute;s com&uacute;n hubiera sido que la posesividad de quien desea se tradujese delirantemente en una iniciativa de goce supuesto en el otro seg&uacute;n el modelo de la identificaci&oacute;n proyectiva.
    </p><p class="article-text">
        El punto que me importa es c&oacute;mo el analista que espera y no se apresura a concluir, puede escuchar que muchas veces detr&aacute;s de ese padre imaginario (seductor) est&aacute; la madre y es en la relaci&oacute;n temprana con ella que se pueden esclarecer especificidades sintom&aacute;ticas que, de otra manera, no se pueden explicar: el ahogo, la sofocaci&oacute;n, etc&eacute;tera (que remiten a la relaci&oacute;n dual).
    </p><p class="article-text">
        La pregunta cl&iacute;nica es por qu&eacute; el padre es quien viste mejor ciertos atributos feroces de la madre y cu&aacute;les son las consecuencias de una escucha literal y que no se gu&iacute;a por un m&eacute;todo.
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, hay una posici&oacute;n en algunas mujeres, que se parece mucho a la neurosis obsesiva, pero que no lo es. Es otra cosa.
    </p><p class="article-text">
        Digo que se parece a la obsesi&oacute;n, porque tiene la forma de un impulso inhibido que se traduce en una rumiaci&oacute;n dubitativa. Como en este tipo cl&iacute;nico, el goce del acto se desplaza a la vacilaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, no hay duda como s&iacute;ntoma &ndash;como s&iacute; tiene que haber en la obsesi&oacute;n para ser tal&ndash; y tampoco se trata verdaderamente de un impulso detenido, sino de un acto que no se quiere realizar.
    </p><p class="article-text">
        Esta estructura puede parecer obsesiva &ndash;en efecto, si escribo esto es porque varias veces en supervisiones escuch&eacute; que se diagnostica de este modo a mujeres y yo mismo me equivoqu&eacute; en un libro cuando escrib&iacute; sobre esta cuesti&oacute;n&ndash;, pero en psicoan&aacute;lisis lo que parece algo, no lo es; es decir, se trata de mujeres a las que &ndash;dir&iacute;a&ndash; les cuesta ser desobedientes.
    </p><p class="article-text">
        Como no tienen la insumisi&oacute;n de la histeria, parecen obsesivas; pero no, es otra cosa, m&aacute;s relacionada con la etimolog&iacute;a del verbo desobedecer, que remite a deso&iacute;r. 
    </p><p class="article-text">
        Como en la obsesi&oacute;n, estas mujeres tienen que realizar todo tipo de justificaciones para hacer lo que hacen, pero mucho m&aacute;s culpables se sienten por lo que no hacen, cuando tienen que decir que no y aqu&iacute; la referencia ya no es la culpa ed&iacute;pica, sino la relaci&oacute;n pre-ed&iacute;pica.
    </p><p class="article-text">
        En su momento yo escrib&iacute; que en la obsesi&oacute;n femenina se trataba de la relaci&oacute;n con la madre en lugar de con el padre y su Ley, pero ahora pienso que esa fue la forma deficiente de nombrar este problema que ahora entiendo un poco mejor.
    </p><p class="article-text">
        Solo un poco. En estos a&ntilde;os, pens&eacute; que lo central para estos casos se trata de la voz de la madre &ndash;y la constituci&oacute;n de la voz como objeto pulsional. As&iacute; fue que escrib&iacute; otro libro, para enmendar el error, pero no le pude terminar de dar forma. 
    </p><p class="article-text">
        El primer libro es de 2018, el segundo de 2021. Y todav&iacute;a no logro encontrar una buena formulaci&oacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/obsesion-desobediencia_129_11617523.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 30 Aug 2024 09:46:52 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Obsesión y desobediencia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Psicoanálisis,Madre,Padre,Desobediencia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El origen del amor]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/origen-amor_129_10813413.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6176fef9-af81-4697-96db-3669d8828bda_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El origen del amor"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hay una diferencia abismal entre sentir el amor del otro y sentirnos amados. ¿Estamos dispuestos a dejarnos amar o huimos sin darle lugar a ese sentimiento que nos hace sentir dependientes y temerosos?</p></div><p class="article-text">
        Una de las experiencias m&aacute;s importantes de mi vida amorosa fue cuando, en el inicio de mi juventud, tuve un encuentro con una mujer que, mientras intim&aacute;bamos, me miraba y me dec&iacute;a: &ldquo;Sos hermoso&rdquo;. Fue tal la conmoci&oacute;n, que no pude volver a verla.
    </p><p class="article-text">
        Hu&iacute; despavorido. Aterrado. Y no porque no la quisiera, sino porque no estaba todav&iacute;a en condiciones de recibir su amor. Quiz&aacute; s&iacute; pod&iacute;a estar satisfecho con la expectativa de que una mujer me amase, pero recibir amor es otra cosa.
    </p><p class="article-text">
        Y no solo dir&iacute;a que se trata de recibir amor, sino de algo m&aacute;s profundo, que es sentirme amado &ndash;algo muy distinto a sentir el amor del otro, que otro nos ama. El punto es que, creo, este es uno de los aspectos que m&aacute;s debo al psicoan&aacute;lisis: recuperar esa sensaci&oacute;n y recibirla como una fiesta.
    </p><p class="article-text">
        Si me detengo en esta cuesti&oacute;n es para situar la diferencia abismal que hay entre sentir el amor del otro y sentirnos amados. Por ejemplo, un hombre puede vivir para despertar amor en los dem&aacute;s y, sin embargo, no tener el menor inter&eacute;s de sentirse amado.
    </p><p class="article-text">
        En efecto, este es el caso del seductor, que vive prisionero de un amor ajeno al que no se presta. Esta esclavitud est&aacute; muy bien reflejada en la letra de esa canci&oacute;n de Los Aut&eacute;nticos Decadentes que dice: &ldquo;No tenemos vacaciones ni feriados, el gremio del pirata es muy sacrificado&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La vida de pirata-seductor es muy valorada entre varones, pero pocos hablan del costo ps&iacute;quico que representa. Lejos de tener un inter&eacute;s en una mujer, el seductor huye de la mayor dependencia &ndash;aquella que se juega en el v&iacute;nculo &iacute;ntimo y recrea la relaci&oacute;n con la madre&ndash; a trav&eacute;s de frustrar el deseo femenino.
    </p><p class="article-text">
        Muchos a&ntilde;os despu&eacute;s volv&iacute; a encontrarme con la mujer de la que habl&eacute; al principio. La vida nos hab&iacute;a alejado lo suficiente como para que yo pudiera contarle que, cuando naci&oacute; mi primer hijo, muchas veces al mirarlo le dije &ldquo;Sos hermoso&rdquo; y me acord&eacute; de ella. Es algo que le agradec&iacute; infinitamente.
    </p><p class="article-text">
        En aquel entonces, yo no estaba dispuesto a dejarme amar. O mejor dicho, no pude darle lugar al sentimiento amoroso, sin sentirme un ni&ntilde;o dependiente y temeroso, ed&iacute;pico y m&aacute;s o menos incestuoso, as&iacute; que me fui. Sin embargo, ella me dej&oacute; una huella indeleble &ndash;quiz&aacute; por eso la huida estuvo justificada: &iexcl;no era para menos!&ndash; que, curiosamente, se hizo carne en el v&iacute;nculo amoroso con uno de mis hijos.
    </p><p class="article-text">
        No creo exagerar si digo que, gracias a ese amor, pude amar a mi hijo. Ser&iacute;a exagerado, s&iacute;, pensar y decir que amamos con un amor propio. Lo que todav&iacute;a me hace pensar es c&oacute;mo ese amor, como padre, me lleva a una especie de feminizaci&oacute;n. La verdad es que no creo que haya otra v&iacute;a &ndash;al menos para m&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        En la segunda ocasi&oacute;n en que fui padre, me pas&oacute; algo parecido. Sentirme amado por la mujer que tuvo un hijo conmigo, produjo una especie de trasvasamiento con el reci&eacute;n llegado. Hoy lo miro y me doy cuenta de que lo amo con un amor que viene de otra parte. No resulta dif&iacute;cil recordar en este punto la canci&oacute;n de Jorge Drexler que dice: &ldquo;El amor que me dar&iacute;as, transformado volver&iacute;a, un d&iacute;a, a darte las gracias&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En este punto tengo que hacer una precisi&oacute;n &ndash;a prop&oacute;sito del origen exterior del amor. No es algo que diga que les ocurre a todos los varones. S&iacute; digo que es un proceso que puedo reconocer en m&iacute; y que, creo, puede aplicarse m&aacute;s all&aacute; de mi caso singular. Por eso, me tomo el trabajo de escribirlo, menos con fines de exhibici&oacute;n que para compartir una circunstancia que, si explicase te&oacute;ricamente, ser&iacute;a compleja y abstracta.
    </p><p class="article-text">
        Me refiero a que, en el contexto de mi pareja actual, de un tiempo a esta parte, uso dos expresiones que nunca antes hab&iacute;a usado: &ldquo;Mi vida&rdquo; y &ldquo;Mi cielo&rdquo;. Me result&oacute; extra&ntilde;o que se hubieran incorporado a mi vocabulario amoroso y, solo cuando advert&iacute; que tambi&eacute;n las usaba con los ni&ntilde;os, me di cuenta de su origen. As&iacute; nos dec&iacute;a mi mam&aacute; a sus hijos, cuando &eacute;ramos chicos.
    </p><p class="article-text">
        El planteo tradicional del complejo de Edipo dice que un var&oacute;n ama a su madre y, con el tiempo, consigue amar a un sustituto. Que sea un sustituto quiere decir que la relaci&oacute;n con la pareja no es una continuaci&oacute;n de la materna, pero aquella no deja estar en la misma l&iacute;nea. Freud incluso es un poco osado, cuando dice lo siguiente:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Aquel que en su vida amorosa est&aacute; destinado a ser verdaderamente libre y por ello tambi&eacute;n feliz, debe haber superado el respeto por la mujer y haberse familiarizado con la representaci&oacute;n del incesto con la madre o la hermana.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Ser&iacute;a f&aacute;cil criticar a Freud, pero la cr&iacute;tica nunca estar&iacute;a a la altura de su genialidad. Tal vez sea mejor tratar de entenderlo y, por ejemplo, situar que el piensa a la madre como objeto de deseo que, si no es asumido, solo provocar&aacute; s&iacute;ntomas y, por lo tanto, infelicidad.
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, en mi planteo yo pienso en otra cosa, pienso en el destino del amor de la madre, que es un tema al que Freud pr&aacute;cticamente no le presta atenci&oacute;n, salvo para decir, en cierta ocasi&oacute;n &ndash;mejor dicho, en dos&ndash; que la relaci&oacute;n entre madre e hijo var&oacute;n es la &uacute;nica que no incluye componentes agresivos, es decir, que es un amor puro y, adem&aacute;s, que la seguridad de haberse sentido amado por su madre fue la fuente de su seguridad ante los hechos adversos que le toc&oacute; vivir.
    </p><p class="article-text">
        Por esta v&iacute;a, adem&aacute;s de la madre como objeto incestuoso de deseo, est&aacute; la madre como origen del amor de que un var&oacute;n podr&aacute; disponer en su vida. Dicho de otro modo, que alguien se haya sentido amado por su madre &ndash;no solo que esta lo haya amado&ndash;, que en alg&uacute;n tiempo de su infancia le haya permitido al amor materno producir eficacia en sus emociones, sin haberlo rechazado virilmente, es la fuente de una capacidad afectiva que apenas se expresa en la versi&oacute;n tradicional del complejo de Edipo.
    </p><p class="article-text">
        En esta &uacute;ltima, el ni&ntilde;o debe ser un seductor que, finalmente, renuncie a la madre y, para el caso, este rechazo puede tirar por la borda tambi&eacute;n su amor; amor que puede ser el trabajo de la vida o de un an&aacute;lisis tratar de volver a encontrar. 
    </p><p class="article-text">
        Si no fuera una formulaci&oacute;n un poco facilista, dir&iacute;a que, en &uacute;ltima instancia, la madurez consiste en poder dar el amor que recibimos, si es que fuimos capaces de aceptarlo.
    </p><p class="article-text">
        Cuando termin&eacute; de redactar este texto, dado que mencionaba aspectos personales, se lo envi&eacute; a mi esposa para que ella tambi&eacute;n lo leyera y, si estaba de acuerdo, me diera su opini&oacute;n y visto bueno. Aqu&iacute; debajo copio su respuesta, dado que con su articulaci&oacute;n suma y amplia el argumento:	&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>No te preocupes por el aspecto &iacute;ntimo del texto, no es obsceno; es apenas un recurso para investigar, a partir de una experiencia, un tema inexplorado: los aspectos femeninos del erotismo de la paternidad de un hombre. Tu art&iacute;culo explora la posibilidad para un hombre de amar al recuperar la capacidad de recibir amor.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>En esto, la feminizaci&oacute;n en un hombre va por otros carriles que los que Freud llam&oacute; &ldquo;homosexualidad&rdquo;. Especialmente un tipo de homosexualidad (presente tambi&eacute;n en varones heterosexuales) que se sostiene del amor por conservar la imagen que se tuvo cuando se fue amado por la madre. Esta es la vertiente que Freud investig&oacute; en su ensayo sobre Leonardo Da Vinci. </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Te dir&iacute;a que, en la reflexi&oacute;n que nos propone tu texto, no se trata de conservar la imagen de cuando se fue amado; sino, m&aacute;s bien, de la potencia de amar que nace de haber podido recibir amor de la madre. En un caso, se conserva una imagen a la que amar. En el otro se reencuentra una potencia en la huella del amor del otro. Esta potencia no es viril, por eso su experiencia es feminizante. Esto es lo novedoso en tu planteo.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Para un hombre el deseo viril se encuentra en la experiencia del Edipo. Pero no hay ah&iacute; una versi&oacute;n del amor que ha sido o no capaz de recibir. Esto es lo fundamental.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Para Freud no era sencilla la distinci&oacute;n entre feminizaci&oacute;n y homosexualidad, esto por un motivo: porque para Freud y para el inconsciente neur&oacute;tico, la feminidad es pasividad. La claridad de tu art&iacute;culo, breve pero profundo, fue interpretar que la feminidad no es tanto pasividad sino receptividad. Y la capacidad de recibir, lejos de pasivizar, crea una potencia de entrega en el amor. Es un tema para seguir investigando.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>LL/VB</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau y Verónica Buchanan]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/origen-amor_129_10813413.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 05 Jan 2024 09:35:21 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El origen del amor]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Amor,Edipo,Padre,Madre]]></media:keywords>
    </item>
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