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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Paul Thomas Anderson]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/paul-thomas-anderson/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Paul Thomas Anderson]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Revolucionarios millennials]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/revolucionarios-millennials_129_12695694.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/01619fdf-84cf-415d-bbeb-df8c59b92121_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Revolucionarios millennials"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Una batalla tras otra", la nueva película de Paul Thomas Anderson, puede leerse como el mea culpa de una generación de "chantas losers" que no dio la vida por la revolución como sus padres ni tuvo el coraje de abrazar la diversidad sexual como sus hijos.</p></div><p class="article-text">
        Me siento a escribir sobre <em>Una batalla tras otra</em>, la nueva pel&iacute;cula de <strong>Paul Thomas Anderson</strong>, y me doy cuenta de que hace varias semanas vengo viendo y escribiendo sobre pel&iacute;culas y series que abordan la cuesti&oacute;n de la violencia pol&iacute;tica. Las otras dos obras que rese&ntilde;&eacute;, <em>Bel&eacute;n </em>de <strong>Dolores Fonzi</strong> y <em>Mussolini: hijo del siglo </em>de <strong>Joe Wright</strong>, narraban historias reales: eso hac&iacute;a un poco m&aacute;s f&aacute;cil entender de qui&eacute;n hablaban, con qui&eacute;n discut&iacute;an, contra qui&eacute;n filmaban.
    </p><p class="article-text">
        Parte de la dificultad de <em>Una batalla tras otra</em> es que no solo se trata de una ficci&oacute;n: es pr&aacute;cticamente una pel&iacute;cula sci-fi, una suerte de ucron&iacute;a en la que la izquierda revolucionaria global ha, por alguna suerte de milagro, sobrevivido a la ca&iacute;da del muro, y sigue poniendo bombas y organizando redes clandestinas para luchar por sus causas.&nbsp;Me sorprende un poco haber le&iacute;do pocas cr&iacute;ticas que pongan el acento en eso. Para m&iacute; es el elemento m&aacute;s llamativo y complicado de la pel&iacute;cula, la decisi&oacute;n de poner como protagonistas a una suerte de montoneros del siglo XXI que toman las armas por consignas de nuestra &eacute;poca, fundamentalmente la lucha contra las pol&iacute;ticas antimigratorias en Estados Unidos. 
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                </figure><p class="article-text">
        Cuando la pel&iacute;cula empieza, estos revolucionarios millennials (Bob Ferguson, el personaje de <strong>Leonardo DiCaprio</strong>, dice haber nacido &ldquo;en alg&uacute;n momento de los a&ntilde;os 80&rdquo;) est&aacute;n organizando una acci&oacute;n violenta en un centro estatal de detenci&oacute;n para personas que intentan cruzar la frontera mexicana. Quince a&ntilde;os despu&eacute;s, en nuestro presente, todo indica, estos mismos exguerrilleros est&aacute;n viviendo con nombres inventados y, en el caso de Ferguson, criando solo a una hija adolescente que tuvo con su compa&ntilde;era Perfidia (<strong>Teyana Taylor</strong>), desaparecida muchos a&ntilde;os atr&aacute;s. DiCaprio es muy convincente como Ferguson, una cruza de Che Guevara con gran Lebowsky, pero cuando un tipo de cuarenta y pocos que militaba por las fronteras abiertas hasta hace quince minutos se desconcierta ante los amigos no binarios de su hija como un viejo cascarrabias del PC de los 70 no puedo evitar preguntarme, &iquest;de qui&eacute;n habla Paul Thomas Anderson? &iquest;Con qui&eacute;n habla? &iquest;Por qu&eacute; pone a un tipo de su edad a criticar la pasividad de una juventud <em>que ya no tiene huevos </em>para tomar las armas, cuando la primera generaci&oacute;n de <em>progresistas sin huevos </em>es probablemente la suya?
    </p><p class="article-text">
        En la revista <a href="https://www.revistaotraparte.com/cine-y-tv/una-batalla-tras-otra/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Otra Parte</a>, <strong>Antonio G&oacute;mez</strong> aventura una hip&oacute;tesis buena, interesante y mucho m&aacute;s generosa que la m&iacute;a:&nbsp;a quien Paul Thomas Anderson reivindica es en realidad a los mexicanos que sostienen redes de ayuda m&aacute;s all&aacute; del efectismo de las bombas, ese grupo al que pertenece Sergio St. Carlos (<strong>Benicio del Toro</strong>) que rescata al personaje de Ferguson cuando vienen a buscarlo. Despu&eacute;s de la desaparici&oacute;n de Perfidia, todo indica que Bob no volvi&oacute; a involucrarse en pol&iacute;tica, ni en el mundo en general; m&aacute;s all&aacute; de la demanda de pasar a la clandestinidad, parece que la revoluci&oacute;n le interes&oacute; cuando era para divertirse, cuando se trataba de poner bombas y salir corriendo. St. Carlos, en cambio, est&aacute; claramente involucrado con el d&iacute;a a d&iacute;a de los migrantes, su supervivencia y sus redes de ayuda, m&aacute;s all&aacute; de la parte m&aacute;s glamorosa de la militancia. Creo que tiene raz&oacute;n, Antonio G&oacute;mez, en esta lectura, y quiz&aacute;s se complementa con la m&iacute;a. Tal vez esto que yo leo como una reivindicaci&oacute;n injusta que hace Paul Thomas Anderson de su generaci&oacute;n, mezcl&aacute;ndola demasiado con la de los 60 (la novela de <strong>Thomas Pynchon</strong> en la que se inspira, de hecho, se trata de militantes de los 60), es en realidad un mea culpa: quiz&aacute;s est&aacute; diciendo, nosotros somos unos chantas losers, no llegamos ni a dar la vida por la revoluci&oacute;n como nuestros padres ni a tener el coraje de abrazar la diversidad sexual como nuestros hijos.
    </p><p class="article-text">
        La otra cuesti&oacute;n, que me hizo volver a pensar tambi&eacute;n en <em>Bel&eacute;n </em>y en <em>Mussolini</em>, es que <em>Una batalla tras otra</em> es una pel&iacute;cula que casi no habla del Estado. Supongo que es muy dif&iacute;cil ver todo esto desde un pa&iacute;s que tuvo otra relaci&oacute;n con la guerrilla. Nuestros montoneros no necesitaban viajar a Sierra Maestra a hacer turismo aventura, como los estadounidenses; ac&aacute;, a la lucha armada la daban a la vuelta de sus casas, las pastillas de cianuro estaban en sus propios bolsillos; y la relaci&oacute;n del Estado con la violencia paramilitar, sea de derecha o de izquierda, es una de las l&iacute;neas narrativas m&aacute;s interesantes y pol&eacute;micas para seguir en la historia de nuestro pa&iacute;s. 
    </p><p class="article-text">
        En ese sentido quiz&aacute;s<em> Una batalla tras otra</em> es, y esto lo digo sin matices positivos ni negativos, una pel&iacute;cula profundamente norteamericana: m&aacute;s all&aacute; de las menciones a ICE y a la lucha migratoria, tanto los malos como los buenos de la pel&iacute;cula son todas personas actuando por fuera del Estado y su l&oacute;gica; el Estado parece entenderse como una estructura vac&iacute;a, sin poder y sin esperanza, cuyos devenires son menos importantes para el futuro del pa&iacute;s que las luchas entre poderosos y despose&iacute;dos que se dan de alguna manera lejos de &eacute;l. Sigo abusando de los &ldquo;quiz&aacute;s&rdquo;, pero puede que esta me parezca, en t&eacute;rminos pol&iacute;ticos, la idea m&aacute;s interesante de la pel&iacute;cula (las mejores ideas de Anderson, claramente, son cinematogr&aacute;ficas, narrativas y est&eacute;ticas, m&aacute;s que pol&iacute;ticas). 
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s (otra vez) <em>Bel&eacute;n </em>y <em>Mussolini </em>son obras pensadas a partir del siglo XX; y en el fondo, el gran logro de<em> Una batalla tras otra</em> como obra de cine pol&iacute;tico es el de dibujar el mundo del tecnofeudalismo, de una violencia que no solo se escurre por fuera de la l&oacute;gica y el funcionamiento del Estado sino que lucha con ella de igual a igual; un mundo en el que la idea del Estado como el que ostenta el monopolio de la fuerza es una antig&uuml;edad, en el que el Estado, si tiene todav&iacute;a algo de peso y legitimidad, lo tiene como esas empresas de rubros en decadencia que sobreviven a base de tradici&oacute;n e inercia pero est&aacute;n, en el fondo, a punto de fundirse.
    </p><p class="article-text">
        <em>TT/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/revolucionarios-millennials_129_12695694.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 19 Oct 2025 03:02:35 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Paul Thomas Anderson se confirma como uno de los grandes directores del cine reciente con la apoteósica ‘Una batalla tras otra’]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/espectaculos/paul-thomas-anderson-confirma-grandes-directores-cine-reciente-apoteosica-batalla_129_12637004.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/57e70622-c3e8-450f-858f-c11752cd18ce_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Paul Thomas Anderson se confirma como uno de los grandes directores del cine reciente con la apoteósica ‘Una batalla tras otra’"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El director de 'Magnolia' realiza su soñada adaptación de 'Vineland', de Thomas Pynchon, con un filme libérrimo, mutante y tremendamente político: una de las películas del año.</p></div><p class="article-text">
        <strong>Paul Thomas Anderson</strong> lleva muchos a&ntilde;os so&ntilde;ando con adaptar uno de sus libros favoritos, el<em> Vineland </em>de Thomas Pynchon. Su anterior experiencia adaptando al escritor, <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/calada-psicodelia-joaquin-phoenix_1_4335971.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"><em>Vicio propio</em></a><a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/calada-psicodelia-joaquin-phoenix_1_4335971.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">, </a>termin&oacute; siendo un filme irregular y alucinado que fue el que peores cr&iacute;ticas recibi&oacute; de su filmograf&iacute;a. Quiz&aacute;s por eso, quiz&aacute;s por el propio material, hiperb&oacute;lico, complejo y esos que llevan la etiqueta de inadaptable pegada, el cineasta se resist&iacute;a a acometer el proyecto a pesar de que siempre dec&iacute;a que quer&iacute;a hacerlo.
    </p><p class="article-text">
        35 a&ntilde;os despu&eacute;s de su publicaci&oacute;n. 29 despu&eacute;s de su debut. 11 desde su anterior adaptaci&oacute;n de Pynchon, y cuatro desde su &uacute;ltimo estreno<em>, </em><a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/licorice-pizza-hacerse-adulto-pop-paul-thomas-anderson_1_8736340.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"><em>Licorice Pizza,</em></a> Paul Thomas Anderson acometi&oacute; su pel&iacute;cula m&aacute;s ambiciosa -cifran su presupuesto en m&aacute;s de 100 millones- para cumplir finalmente su sue&ntilde;o. Lo hace entendiendo que la &uacute;nica forma de ser fiel a Pynchon era siendo, ir&oacute;nicamente, tremendamente infiel. De aquella novela, ambientada en la &eacute;poca de Reagan y que indagaba en qu&eacute; quedaba de los grupos revolucionarios de los 60, Anderson se queda con ciertos mimbres tem&aacute;ticos, pero, sobre todo, con la esencia del libro para hacer la mejor adaptaci&oacute;n posible y, sin duda, una de las mejores pel&iacute;culas del a&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        En uno de los principales cambios, y uno de los m&aacute;s l&oacute;gicos, Anderson se trae la historia al presente para ver qu&eacute; queda de los grupos revolucionarios ahora, en un momento en el que los migrantes est&aacute;n en jaulas, como ense&ntilde;a en su contundente primera escena. Ahora Reagan es Donald Trump y sus pol&iacute;ticas se sienten en todos los costados de la sociedad, especialmente en aquellas comunidades donde los latinos son mayor&iacute;a.
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        Aqu&iacute; el grupo revolucionario, en el que milita un Leonardo DiCaprio como h&eacute;roe fum&oacute;n que tiene mucho de The Dude de<em> El Gran Lebowski,</em> se deja el cuerpo para liberar a los migrantes hasta el momento en el que agarran a una de sus integrantes -esa Perfidia con nombre ic&oacute;nico-, tambi&eacute;n pareja del personaje de DiCaprio. Ah&iacute; entra en juego el villano desquiciado, exagerado y sobreactuado (voluntariamente) al que da vida Sean Penn, supremacista blanco tan pendiente de limpiar la raza blanca americana como de satisfacer su fetichismo por una mujer negra. 
    </p><p class="article-text">
        La pel&iacute;cula da un salto en el tiempo para crear un viaje febril y colocado, tanto como lo est&aacute; el personaje de DiCaprio, a un presente en el que los movimientos revolucionarios fueron aniquilados, pero donde probablemente sean m&aacute;s necesarios que nunca. A trav&eacute;s de una historia de venganza, Paul Thomas Anderson construye su pel&iacute;cula m&aacute;s eminentemente pol&iacute;tica. Una que nos dice claramente que la lucha activa debe, como el cari&ntilde;o, ser transmitida de generaci&oacute;n en generaci&oacute;n si queremos que haya alg&uacute;n futuro. Lo hace a trav&eacute;s de esa transmisi&oacute;n generacional entre el personaje de DiCaprio &mdash;cuyo <em>look </em>est&aacute; condenado a ser imitado en fiestas de disfraces y ser parte de la historia del cine&mdash; y su hija.
    </p><p class="article-text">
        Aunque sea una pel&iacute;cula pol&iacute;tica hasta el &uacute;ltimo de sus fotogramas, Anderson lo hace desde el juego, desde la mezcla de tonos y g&eacute;neros m&aacute;s heterog&eacute;nea e iconoclasta posible. <em>Una batalla tras otra</em> es un <em>thriller </em>pol&iacute;tico, una pel&iacute;cula de acci&oacute;n tremendamente sexy, una comedia negr&iacute;sima y hasta absurda y, en su coraz&oacute;n, una hermos&iacute;sima historia sobre los v&iacute;nculos paternofiliales y qu&eacute; es lo que nos hace una familia, si la sangre o los valores que se transmiten en la educaci&oacute;n.
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                Chase Infinity aprendiendo a disparar en &#039;Una batalla tras otra&#039;                            </span>
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        Todo esto lo hace con un guion complej&iacute;simo, que en apariencia es desquiciado y que, sin embargo, nunca llega a desbordarse. Enlaza escenas, como pasaba en <em>Licorice Pizza,</em> que parecen disonantes entre s&iacute;, para ir componiendo un puzzle que solo se atisba cuando han concluido esas dos horas y media de pel&iacute;cula que, por suerte, se pasan volando. Una pel&iacute;cula mutante, que se transforma constantemente y que, sin embargo, siempre es fiel a s&iacute; misma y a su esp&iacute;ritu.
    </p><p class="article-text">
        Si Sean Penn se rinde al exceso, sorprende la forma de encontrar el equilibrio de Leonardo DiCaprio en una de sus mejores interpretaciones. Se le nota disfrutar, juega incluso al humor f&iacute;sico, pero midiendo cada gesto para nunca pasarse de la raya. Est&aacute; lejos de lo que hizo Joaquin Phoenix en <em>Vicio propio</em> o lo que el mismo actor hizo recientemente en <em>Eddington</em>, pel&iacute;cula con la que<em> Una batalla tras otra</em> har&iacute;a un buen programa doble.
    </p><p class="article-text">
        Tanto Paul Thomas Anderson como Ari Aster se revelan como dos cineastas tremendamente preocupados por el presente de su pa&iacute;s hasta el punto de realizar dos pel&iacute;culas pol&iacute;ticas en filmograf&iacute;as que no se hab&iacute;an caracterizado por ello. Pero mientras que Aster acaba fagocitado por su exceso, la maestr&iacute;a de Anderson es la que lo eleva por encima de muchas propuestas recientes. No se deja llevar por la tentadora s&aacute;tira, sino que consigue ser divertida tom&aacute;ndose en serio cada una de sus ideas. Una carcajada puede ir acompa&ntilde;ada de un latigazo pol&iacute;tico de altura sin que nada chirr&iacute;e.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Leonardo DiCaprio, un revolucionario fumeta en &#039;Una batalla tras otra&#039;                            </span>
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        Consigue, adem&aacute;s, una pel&iacute;cula visualmente fascinante con escenas para el recuerdo. Ese parkour a contraluz que termina en ca&iacute;da; todo lo que envuelve a ese sensei latino defensor de los migrantes que interpreta con calidez un sobresaliente Benicio del Toro y, sobre todo, una persecuci&oacute;n final por las carreteras del desierto que es imposible borrar de la memoria.
    </p><p class="article-text">
        Pero, sobre todo, lo que late en su interior, es la reflexi&oacute;n pertinente sobre un presente que necesite que las revoluciones no acaben, que el inconformismo, la queja y la lucha est&eacute;n en los m&aacute;s j&oacute;venes. Paul Thomas Anderson lo escenifica de forma contundente con una escena final hermosa y emocionant&iacute;sima, el abrazo de un padre a su hija que tiene mucho de transmisi&oacute;n de legado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cada cierto tiempo regresa el debate de qu&eacute; directores actuales est&aacute;n destinados a ser historia del cine. Paul Thomas Anderson lleva a&ntilde;os reivindicando su lugar, pero con <em>Una batalla tras otra </em>deja claro que merece estar en esa lista, y puede que hasta merezca un Oscar que se le resiste desde<em> Boogie Nights.</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Zurro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/espectaculos/paul-thomas-anderson-confirma-grandes-directores-cine-reciente-apoteosica-batalla_129_12637004.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 27 Sep 2025 03:01:29 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Paul Thomas Anderson se confirma como uno de los grandes directores del cine reciente con la apoteósica ‘Una batalla tras otra’]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cine,Paul Thomas Anderson,Leonardo DiCaprio]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una ficción para domesticar el dolor]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/ficcion-domesticar-dolor_129_10834068.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/edc29c0c-dc6e-483c-86ed-bd99c5d5d34e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una ficción para domesticar el dolor"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Cuántas veces pasamos del sueño a la realidad y de la realidad al sueño sin escalas?</p></div><p class="article-text">
        Le digo a Duncan que un momento clave de <em>Match Point</em> de <strong>Woody Allen</strong> se da cuando en el relato el personaje que acaba de asesinar a las dos mujeres (las pel&iacute;culas buenas soportan el spoiler, las malas no: miren <em>Sexto sentido</em> sabiendo que <strong>Bruce Willis</strong> est&aacute; muerto) est&aacute; trabajando en la computadora durante la noche y siente ruidos en la cocina. Cuando va ah&iacute; para ver qu&eacute; pasa, se encuentra con las dos mujeres que aparecen de manera real y lo increpan por lo que les hizo. Esto es un momento ripioso, porque un mal director que trata de explicar todo ante este cambio de registro &ndash;ven&iacute;amos de un realismo minucioso porque &eacute;l personaje principal hab&iacute;a planeado un crimen&ndash; puede hacer una cat&aacute;strofe y no lograr ser veros&iacute;mil. Pero, &iquest;qu&eacute; hace Woody Allen? Muestra esta escena y corta y va al dormitorio donde el detective que investiga el caso se despierta de golpe al lado de su mujer que duerme y dice: &ldquo;Ya s&eacute; c&oacute;mo lo hizo. &Eacute;l las mat&oacute;!&rdquo; Lo que se logra con esta escena es que lo que vimos antes, las mujeres muertas hostigando a su depredador, pueda ser una construcci&oacute;n on&iacute;rica del detective. El director nunca lo explica. Cu&aacute;ntas veces pasamos del sue&ntilde;o a la realidad y de la realidad al sue&ntilde;o sin escalas. En algunos casos entramos en enso&ntilde;aciones mientras estamos despiertos. De hecho, ver una pel&iacute;cula, convencerte de que tal actriz no es esa actriz sino otra persona que encarna en un personaje, es un hecho incre&iacute;ble. 
    </p><p class="article-text">
        En la pel&iacute;cula <em>The Master </em>de <strong>Paul Thomas Anderson</strong> hay otra escena memorable para mostrar estos cruces en los registros on&iacute;ricos. La pel&iacute;cula trata sobre la creaci&oacute;n de la Cienciolog&iacute;a, una rama de la ciencia ficci&oacute;n que cre&oacute; <strong>Ron Hubbard</strong> y que se convirti&oacute; en una secta de gran peso en Estados Unidos y que tiene &ndash;o ten&iacute;a&ndash; a <strong>Tom Cruise</strong> entre sus adeptos m&aacute;s famosos. La pel&iacute;cula muestra que las personas que vuelven de la guerra, como dice <strong>Walter Benjamin</strong>, llegan vac&iacute;as, sin experiencia, y que su vida est&aacute; casi siempre al borde del colapso nervioso. Ah&iacute; tenemos gran parte de los relatos de <strong>J. D. Salinger</strong> para dar cuenta de esta desgracia post traum&aacute;tica. Hay algunas personas que se aprovechan de esto y el creador de la Cienciolog&iacute;a fue uno de ellos. Les dio una ficci&oacute;n a muchas personas para domesticar el dolor. Les militariz&oacute; el &aacute;nimo. La pel&iacute;cula narra libremente este momento hist&oacute;rico de los Estados Unidos encarnados en dos personajes centrales: El maestro (<strong>Philip Seymour Hoffman</strong>) y el disc&iacute;pulo (<strong>Joaqu&iacute;n Phoenix</strong>). 
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Pero lo que quiero contar es una escena magistral que sucede casi sobre el final de la pel&iacute;cula. El disc&iacute;pulo d&iacute;scolo (Phoenix) est&aacute; en un cine de Londres despu&eacute;s de abandonar al maestro. Entre ambos personajes hay una tensi&oacute;n irresuelta, algo de la dial&eacute;ctica del amo y el esclavo mezclada con cierta testosterona bisexual. Phoenix cuando empieza la escena est&aacute; sentado en el medio de un cine vac&iacute;o viendo una pel&iacute;cula y ri&eacute;ndose. Entonces entra un acomodador y le alcanza un tel&eacute;fono y le dice que tiene un llamado. &Eacute;l agarra el tel&eacute;fono y el que est&aacute; del otro lado es el maestro, que lo llama desde Estados Unidos. &iquest;Est&aacute;s en Londres?, le pregunta. S&iacute;, le dice &eacute;l. Quiero que vuelvas, quiero que hablemos, le dice el maestro. El disc&iacute;pulo le dice que va a volver. El maestro le pide que le traiga &ndash;ya que est&aacute; en Londres&ndash; un paquete de cigarrillos mentolados que hay en esa ciudad y a &eacute;l le gustan mucho. El disc&iacute;pulo le dice que s&iacute; a todo. Corta la escena y Phoenix ya est&aacute; en Estados Unidos entrando a la oficina del maestro y le da, antes de ponerse a hablar a solas, el paquete de cigarrillos mentolados. &iquest;Qu&eacute; pas&oacute; ac&aacute;?
    </p><p class="article-text">
        En principio, la escena anterior en el cine es imposible de aceptar en el plano realista, pero uno ya fue capturado por el veros&iacute;mil de Anderson, que es un director que siempre hace funcionar la realidad a su favor. Y que no trabaja con la maldici&oacute;n lineal (eso se ve todav&iacute;a m&aacute;s en <em>Vicio propio</em>, tal vez su obra maestra), m&aacute;s bien crea escenas que se construyen como constelaciones y que se unen por el peso ontol&oacute;gico de su potencia. 
    </p><p class="article-text">
        Pensemos otra vez la escena del cine: en esa &eacute;poca, no hab&iacute;a celulares. As&iacute; que el acomodador le tiene que acercar un tel&eacute;fono al disc&iacute;pulo para que reciba la llamada del maestro con un cable largu&iacute;simo ya que &eacute;ste est&aacute; en medio de la sala. Eso es imposible. Por otra parte, el personaje de Phoenix est&aacute; en el cine solo. &iquest;Por qu&eacute; est&aacute; solo? &iquest;C&oacute;mo mierda el acomodador sabe que la llamada es para &eacute;l? &iquest;Es el due&ntilde;o del cine? Por lo que sabemos, el personaje del disc&iacute;pulo es alguien que apenas sobrevive con trabajos precarios. Sin embargo, hay un objeto, un correlato objetivo que une esta escena on&iacute;rica con la otra realista que se da cuando el disc&iacute;pulo va a ver al maestro: los cigarrillos mentolados. Ese paquete de cigarrillos que le fue pedido en sue&ntilde;os es real y aceptado en la vida diurna por el maestro, es una metonimia que se desplaza desde el inconsciente hasta la escena &ldquo;real&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Lo que le dice el maestro despu&eacute;s de agradecer los cigarrillos es una de las reprimendas m&aacute;s geniales que escuch&eacute; en el cine, casi un poema de <strong>John Ashbery</strong>. Me encantar&iacute;a que alguien me habl&eacute; as&iacute; alg&uacute;n d&iacute;a, aunque no me lo merezca.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>FC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fabián Casas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/ficcion-domesticar-dolor_129_10834068.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 13 Jan 2024 03:03:07 +0000]]></pubDate>
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