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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Philippe Sollers]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/philippe-sollers/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Philippe Sollers]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Mujeres]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/mujeres_129_10835561.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/91736021-9888-4e04-8424-3e2a5ee5f375_16-9-discover-aspect-ratio_default_1087899.jpg" width="3498" height="1968" alt="Mujeres"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los lectores argentinos de literatura que hayan sido encantados por la cepa francófila, sabrán qué tipo de eminencia fastidiosa fue Philippe Sollers, un explorador del “continente femenino”, ese territorio donde conviven simultáneamente la selva y el desierto, pero “accesible a los buenos navegadores”.</p></div><p class="article-text">
        Dejando de lado a <strong>Tolstoi</strong> y <strong>Flaubert</strong>, que infructuosamente trataron de acercarse a las profundidades de las mujeres tirando sus piedras pulidas a un abismo sin piso, es posible que <strong>Philippe Sollers</strong> merezca subirse al podio en el que se premia esa obsesi&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Entrar a lo hondo de una mujer es un desaf&iacute;o que no tiene campeones en la literatura universal. Tampoco en la vida, esa otra literatura. Han pasado los siglos y lo &uacute;nico que se ve es un tendal de escritores que han quedado boqueando en el desierto, ilusionados con encontrar la fuente de agua a la manera de la Difunta Correa. Y no es que la fuente no est&aacute; en ning&uacute;n lado. Est&aacute; en el horizonte, <em>manteniendo la distancia</em>.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los lectores argentinos de literatura que hayan sido encantados por la cepa franc&oacute;fila, sabr&aacute;n qu&eacute; tipo de eminencia fastidiosa fue Sollers. Sus lecturas de Casanovas, Celine y Sade, sus novelas regadas de referencias (es dif&iacute;cil ver a Sollers sin que se est&eacute; apoyando en Alguien), su matrimonio kilom&eacute;trico con Julia Kristeva, su amistad con Roland Barthes y Jaques Lacan, su revista <em>Tel Quel</em>&nbsp;y su poder de aceptaci&oacute;n y veto en la editorial Gallimard son datos de importancia, pero no nos dan ese perfil el&eacute;ctrico que le atribuye Laurent Binet en su novela <em>La s&eacute;ptima funci&oacute;n del lenguaje </em>(2017): dandismo histri&oacute;nico, libertinaje <em>so French</em>, estilo panfletario y jactancia patol&oacute;gica.
    </p><p class="article-text">
        Es por el lado de la novela, la de Binet y la de su vida, por donde vale la pena rastrearlo. En <em>Mujeres, </em>una novela que Lumen public&oacute; en espa&ntilde;ol en 1985, Sollers extiende sus discursos acerca de cualquier cosa en boca de Will, un periodista que parece tener la cabeza en sus reportes de pol&iacute;tica internacional. En los hechos, la tiene en el avance de una novela sobre c&oacute;mo las mujeres est&aacute;n dominando el mundo a trav&eacute;s de la Organizaci&oacute;n Mundial para la Aniquilaci&oacute;n Masculina y una Nueva Natalidad (WOMANN), que tiene la misi&oacute;n de administrar el proceso reproductivo sin la presencia molesta de los hombres.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La sigla y su desglose se apoyan en un repertorio de enredos que invocan tanto el espionaje fant&aacute;stico que hizo millonario a <strong>Ian Flemming </strong>y a los herederos de Ian Flemming, como a las &ldquo;traducciones&rdquo; del Superagente 86, su c&eacute;lebre decodificador. Es que Sollers ya es otro (una vez m&aacute;s), y ha pasado de una escritura barroca, atenazada por un sinf&iacute;n de alusiones de prestigio, a un intento por hacerse entender sin estar obligado a explicar los chistes.
    </p><p class="article-text">
        La novela es un &eacute;xito editorial, sin dudas el primero de Sollers a la escala de la mala literatura. El argumento, y el fondo de comercio (por llamar as&iacute; a los activos intangibles de una novela) son irresistibles. Porque a la saga de incidentes que ocurren en el curso de la escritura de la novela de Will, hay que agregarles que WOMANN lo tiene entre ceja y ceja porque ha detectado en &eacute;l un coctel en el que se mezcla el librepensador con el cazador de mujeres. Pero tambi&eacute;n porque Will va a tener que delegar la escritura de la novela en S., un novelista franc&eacute;s calcado de Sollers, para que su familia (una mujer y un hijo) no le cortan las pelotas cuando regrese a Nueva York. &iquest;Qui&eacute;n podr&iacute;a creerle que las novelas son una cosa y la vida es otra?
    </p><p class="article-text">
        En 2003, publica en <em>Elogio del infinito </em>el texto &ldquo;Mujeres y mujeres&rdquo;, por donde desfilan la maja desnuda de Goya, la Virgen Mar&iacute;a y Atenea. Y en <em>Retratos de mujeres</em>, de 2018, se inclina por las mujeres de carne y hueso: cantantes, putas, amantes de reyes, su madre, su hermana, las t&iacute;as con las que &ldquo;rozar&aacute; el incesto&rdquo;, Cleopatra, Eugenia (la ama de llaves espa&ntilde;ola de la que se enamor&oacute;), Julia Kristeva (su esposa durante 50 a&ntilde;os y deuteragonista de &ldquo;la&rdquo; pareja de la inteligencia francesa) y Dominique Rolin, su amante entre 1958 y 2008.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Quienes no den cr&eacute;dito de este p&aacute;rrafo, pronunciando entre dientes el t&iacute;pico &ldquo;&iexcl;d&eacute;jate de joder!&rdquo; con el que a los argentinos nos gustan enterrarnos en la incredulidad, pueden dejar de boludear con los reeles del tel&eacute;fono y buscar &ldquo;Philippe Sollers&rdquo; en Wikipedia, y all&iacute; ver&aacute;n que en el &iacute;tem &ldquo;Familia&rdquo; figura Julia Kristeva como &ldquo;c&oacute;nyuge&rdquo; y Dominique Rolin como &ldquo;pareja&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Sollers ha sido un explorador del &ldquo;continente femenino&rdquo;, ese territorio donde conviven simult&aacute;neamente la selva y el desierto, pero &ldquo;accesible a los buenos navegadores&rdquo;. Esa fue su misi&oacute;n concreta, su &uacute;nica misi&oacute;n, a veces enturbiada por una utilizaci&oacute;n arrogante del lenguaje, los cambios de posici&oacute;n ideol&oacute;gica y un deslizamiento incontenible hacia la consagraci&oacute;n de su figura p&uacute;blica, que &eacute;l mismo calific&oacute; de &ldquo;cad&aacute;ver&rdquo;. Esa misi&oacute;n fue la de tratar de entender (cuanto mucho un poco) a las mujeres, y aprender de ellas. De lo que se desprende este justo agradecimiento: &ldquo;me han dado el arte de la sensaci&oacute;n&rdquo;. Esa misi&oacute;n, por supuesto, no es literaria. Lo dijo Virginia Woolf: &ldquo;&iquest;Qui&eacute;n habla de escribir?&rdquo;. La misi&oacute;n es &ldquo;caer&rdquo; al fondo de la mujer, y traer de regreso las piedras preciosas que se encuentren.
    </p><p class="article-text">
        Sollers conoci&oacute; a Dominique Rolin a los 22 a&ntilde;os. Ella ten&iacute;a 45, escrib&iacute;a, ilustraba y ten&iacute;a la anuencia de la escuder&iacute;a liderada por <strong>Jean Cocteau</strong>. Desde entonces, fue su hada, sin perjuicio del v&iacute;nculo formal que Sollers inici&oacute; con Kristeva en 1966. Tuvieron una divisa: &ldquo;ni amor sin literatura, ni literatura sin amor&rdquo;. El calendario &iacute;ntimo era de cumplimiento estricto: almuerzos los lunes, veladas &ldquo;mozartianas&rdquo;, encuentros anuales en Venecia y toneladas de cartas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El secreto se revel&oacute; para los lectores franceses en marzo del 2000, cuando Bernard Pivot, el interrogador de &ldquo;Apostrophes&rdquo;, presion&oacute; en la televisi&oacute;n a Rolin para que ella reconociera que su personaje Jim era un disfraz de Sollers. Unos d&iacute;as m&aacute;s tarde, <em>Par&iacute;s Match</em> entrevist&oacute; por separadas a Rolin y Kristeva, y en ambas conversaciones se nombr&oacute; a Sollers, el espectro com&uacute;n que sobrevolaba sus almas.
    </p><p class="article-text">
        A partir de 2018, Gallimard public&oacute; las cartas de Sollers a Rolin (para quien el amor &ldquo;es una prisi&oacute;n de libertad total&rdquo;), y las de Rolin a Sollers. Son cuatro tomos, dos por persona, en cortes de tiempo que van de 1958 a 1980, y de 1980 a 2008.&nbsp;Cuatro ladrillos de madera laminada, con letras rojas sobre tapas claras. En esa simetr&iacute;a que cursa 50 a&ntilde;os puede imaginarse la necesidad desesperada de relaci&oacute;n entre los corresponsales. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esa memoria a cuatro manos va a tener que competir con las <em>Cartas a Nelson Algren </em>(1999), de <strong>Simone de Beauvoir,</strong> escritas entre 1947 y 1964. Algren, el autor de la novela <em>El hombre del brazo de oro </em>(protagonizada por Frank Sinatra en una adaptaci&oacute;n de Otto Premiger), fue su amante transoce&aacute;nico a espaldas del ocupad&iacute;simo <strong>Jean Paul Sartre</strong>, inclinado sobre su legendario cuaderno cuadriculado en el que estampaba su letra de ni&ntilde;o chicato. Como lo fue Claude Lanzamann, al que tambi&eacute;n le escribi&oacute; cientos de cartas de amor.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero si pueden competir con otros programas de amor interminable, es porque pertenecen a un mismo grupo de riesgo amoroso. El amor de Simone de Beauvoir por Algren y Lanzmann, y el de Sollers por Rolin, se dan por afuera de sus parejas m&iacute;ticas, incluso sucesivas. Porque fue cuesti&oacute;n de que muriera Sartre en 1980 para que el halo de consorcio real de la inteligencia francesa que formaba con de Beauvoir se traspasara a Sollers y Kristeva. &iquest;A qu&eacute; pareja, y sobre todo de cu&aacute;ntos integrantes, le tocar&aacute; la gloria de este siglo?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>JJB</em>
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan José Becerra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/mujeres_129_10835561.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 14 Jan 2024 03:07:30 +0000]]></pubDate>
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