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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Gordon Gekko]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/gordon-gekko/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Gordon Gekko]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Sturzenegger, artista conceptual]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/sturzenegger-artista-conceptual_129_10853903.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6627dd46-0110-4312-b580-8c28ebb567c1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Sturzenegger, artista conceptual"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Retrato de Federico Sturzenegger, el "padrino" del plan de Javier Milei, en clave de arte y poesía. De la estetización del ajuste al libérrimo chamanismo de mercado.</p></div><p class="article-text">
        El pasado 10 de enero, <em>La Naci&oacute;n </em>ofreci&oacute; un almibarado perfil de <strong>Federico Sturzenegger</strong>. &ldquo;El padrino del plan de Javier Milei&rdquo;, lo llam&oacute; en clave bautismal. El texto se acompa&ntilde;a de una foto del economista. Sobre aquello que se ve detr&aacute;s suyo discurre esta cr&oacute;nica. A espaldas del <em>creador</em> de la Ley &Oacute;mnibus y el mega DNU cuelga una pintura abstracta. Su aura lo envuelve, colorea este presente de protagonismo. Como suele ocurrir, una imagen llama a otra y otra m&aacute;s, y en esa carrera se crean analog&iacute;as que componen un mosaico novedoso. 
    </p><blockquote class="twitter-tweet" data-lang="es"><a href="https://twitter.com/X/status/1745204990249951259?ref_src=twsrc%5Etfw"></a></blockquote><script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script><p class="article-text">
        La foto me record&oacute; en principio a una escena de<em> Wall Street</em>, la pel&iacute;cula que <strong>Oliver Stone</strong> estren&oacute; en diciembre de 1987 y funcion&oacute; como un comentario de la gran crisis de la Bolsa neoyorquina de ese a&ntilde;o. <strong>Michael Douglas</strong> interpreta a Gordon Gekko, un poderoso y despiadado le&oacute;n burs&aacute;til. Gekko pasea por su despacho a Bud Fox (<strong>Charlie Sheen</strong>), un joven corredor que trabajar&aacute; bajo su alero. En una mano, un vaso de whisky. Con dos dedos de la otra sostiene un cigarrillo. De repente, se detiene frente a su pinacoteca personal y le cuenta: &ldquo;esta pintura la compr&eacute; hace 10 a&ntilde;os por 60.000 d&oacute;lares. Podr&iacute;a venderla hoy por 600.000 d&oacute;lares. La ilusi&oacute;n se ha vuelto real, y cuanto m&aacute;s real se vuelve, m&aacute;s desesperadamente la desean&rdquo;. Antes de un sorbito remata: &ldquo;capitalismo absoluto&rdquo;. El cuadro al que se hace referencia es <em>Paysage</em> de <strong>Joan Mir&oacute;</strong>. Gekko <em>decora </em>adem&aacute;s su entorno con lienzos de <strong>Jean Dubuffet</strong>, <strong>Lucas Samaras</strong>, <strong>Jim Cenar</strong>, <strong>Robert Mirmelin</strong>, <strong>Keith Haring</strong>, <strong>Julian Schnabell</strong>, <strong>James Rosenquist</strong>, nombres de peso en el mercado del arte. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Stoyan V. Sgourev</strong>, uno de los autores de <em>Aesthetics and Style in Strategy</em>, destac&oacute; en un art&iacute;culo publicado en la revista de arte y cultura <em>The smart set</em> la capacidad de Stone de resumir en su pel&iacute;cula un proceso social y econ&oacute;mico muy complejo en una sola frase: &ldquo;el dinero se transfiere de una percepci&oacute;n a otra como por arte de magia&rdquo;.&nbsp;Explicar el mercado financiero aludiendo al arte contempor&aacute;neo, se&ntilde;ala Sgourev, fue original y previsor. &ldquo;Este fue el terreno com&uacute;n que facilit&oacute; el acercamiento entre estos universos, reflejado en la creciente presencia de inversores como coleccionistas, donantes o miembros de juntas directivas de museos, o en el crecimiento de las colecciones de arte de los bancos&rdquo;. Los grandes due&ntilde;os del dinero, tipos como <strong>Jeff Bezos</strong>, quien pag&oacute; 52,5 millones de d&oacute;lares por <em>Hurting the Word Radio #2</em>, del artista pop <strong>Ed Ruscha</strong>, observaron al mundo del arte como &ldquo;una extensi&oacute;n del mundo en el que viv&iacute;an&rdquo;, un mundo &ldquo;que incorporaba principios similares de evaluaci&oacute;n y fijaci&oacute;n de precios y se reg&iacute;a por mecanismos similares de control de la informaci&oacute;n y exclusi&oacute;n social&rdquo;. <em>Wall Street </em>presagi&oacute; la aceleraci&oacute;n de ese alineamiento entre arte y finanzas que se origin&oacute; en Nueva York a finales de los a&ntilde;os 1980. Su impulso llega hasta la sala donde Sturzenegger se deja envolver por el plusvalor de la abstracci&oacute;n pict&oacute;rica. Ese proceso se ha resumido en el vertiginoso ascenso al estrellato del escultor minimalista Jeff Koons, tan requerido por el universo financiero. 
    </p><p class="article-text">
        Los cuadros que Gekko interpreta como met&aacute;foras visuales de su voracidad hab&iacute;an sido facilitados por la Galer&iacute;a Sonnabend de Chelsea. Podr&iacute;an haber sido copias, pero en esa inclusi&oacute;n de los objetos originales en la ficci&oacute;n se colaba una idea de lo obsceno de una &eacute;poca que comenzaba a despuntar. &iquest;Habr&iacute;a visitado Sturzenegger esa galer&iacute;a durante alguna de sus peregrinaciones acad&eacute;micas? Porque, como Gekko, el hombre que ha puesto su ingenio y su <em>copy and paste</em> al servicio del gobierno de ultraderecha, es coleccionista. Dig&aacute;moslo con claridad: un ambicioso coleccionista, de aquellos que, en una conversaci&oacute;n ocasional sobre nombres de artistas podr&iacute;an decir est&aacute; obra la tengo, y esta, s&iacute;, tambi&eacute;n, ah, pero la otra me falta, no por mucho tiempo. &iquest;Habr&aacute; alguna vez una &ldquo;Colecci&oacute;n Sturzenegger&rdquo; como la de<strong> Amalia Fortabat</strong>?
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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        Esa pulsi&oacute;n compradora me conecta con una deliciosa novelita de <strong>Georges Perec</strong>, <em>El gabinete de un aficionado.</em> Todo comienza con la exitosa muestra en 1913 de un cuadro llamado de la misma manera que el libro y que lleva la firma de un pintor estadounidense de origen alem&aacute;n, Heinrich K&uuml;rz. &iquest;Qu&eacute; se ha representado sobre la tela? A un magnate de la cerveza y coleccionista, Hermann Raffke, rodeado de sus obras preferidas. En el centro de la sala se encuentra &ldquo;El gabinete de un aficionado&rdquo;. Ese lienzo es a la vez una m&aacute;quina generativa: al interior del espacio definido por el marco repite en escalas cada vez menores el mismo cuadro, aunque siempre se presentan puntos de desv&iacute;o, sutiles pero importantes diferencias con respecto a las dem&aacute;s r&eacute;plicas. Deformaciones. Raffke, el due&ntilde;o, muere y deja sentado en su testamento que se subasten sus posesiones. La obra sale a la venta, junto con otras firmadas por K&uuml;rz que estaban en su poder. Los compradores pagaron fortunas. A&ntilde;os m&aacute;s tarde reciben una carta: todos esos cuadros eran falsos. Hab&iacute;an sido pintados por un sobrino de Raffke bajo la m&aacute;scara de K&uuml;rz. &iquest;C&oacute;mo no ubicar a Sturzenegger en una situaci&oacute;n contemplativa semejante de su peque&ntilde;o mundo del arte? Sobre su cabeza calva y bru&ntilde;ida se reflejar&iacute;an las obras como un caleidoscopio. Una pintura enga&ntilde;osamente realista que, adem&aacute;s de preocuparse por la figuraci&oacute;n y los colores, nos dir&iacute;a algo sustancioso sobre el estatuto de la verdad y su reverso, tan af&iacute;n a la lengua estatal. 
    </p><p class="article-text">
        Cuando estaba al frente del Banco Central en la otra era, la <em>macriana</em>, es decir, en 2016, Sturzenegger se puso a la cabeza de su Premio Nacional de Pintura. &ldquo;Es un orgullo incentivar y difundir el arte contempor&aacute;neo argentino. El alcance federal de esta iniciativa y la convivencia entre artistas de distintas generaciones son cualidades destacadas del premio que permiten construir y consolidar la igualdad de oportunidades en nuestro pa&iacute;s&rdquo;. Dos a&ntilde;os despu&eacute;s, en mayo de 2018, antes de que se lo devorara la crisis financiera, se lo vio en ArteBA. Seg&uacute;n el diario <em>El Cronista, </em>le llam&oacute; especialmente la atenci&oacute;n un conjunto de obras con alusiones econ&oacute;micas de la tucumana <strong>Lucrecia Lionti</strong>, en especial <em>Austeros y cuidadosos</em>, hecha sobre un acr&iacute;lico con forma de coraz&oacute;n que sobre una tela de la misma forma reproduce el t&iacute;tulo que Sturzenegger &ldquo;observ&oacute; con detenimiento&rdquo;. El hombre de gusto e inventor de las Letras de Liquidez (Leliq) convergiendo en una sola mirada. La obra fue interpretada sin dobleces como &ldquo;un gui&ntilde;o al mensaje oficial de achicar el gasto pol&iacute;tico para reducir el d&eacute;ficit del pa&iacute;s&rdquo;. Una estetizaci&oacute;n del ajuste.
    </p><p class="article-text">
        Casado con <strong>Josefina Rouillet</strong>, quien se desempe&ntilde;&oacute; en el Fondo Nacional de las Artes que se quiere ahora reducir a la nada, Sturzenegger no dice &ldquo;arte moderno&rdquo; sino &ldquo;contempor&aacute;neo&rdquo;. No s&eacute; trata de t&eacute;rminos equivalentes y damos por cierto que sabe de lo que habla, hasta podemos inferir que est&aacute; en condiciones de explic&aacute;rselo al propio presidente despu&eacute;s del espanto que le provoc&oacute; el precio que hab&iacute;a costado el seguro de las 33 obras que se encontraban en la residencia de Olivos. Son obras que pertenecen a la colecci&oacute;n de la Canciller&iacute;a Argentina y al Museo de la Casa Rosada, y hab&iacute;an sido cedidas a pr&eacute;stamo. Entre ellas se destacan las de <strong>Roberto Aizenberg</strong>, <strong>Antonio Berni</strong>,<strong> Le&oacute;n Ferrari</strong>,&nbsp;<strong>Emilio Pettoruti</strong> y <strong>Nicol&aacute;s Garc&iacute;a Uriburu</strong>. Supongamos que Milei, su hermana, con un pasado en la escultura, hubieran necesitado una explicaci&oacute;n m&aacute;s all&aacute; de los costos operativos, una explicaci&oacute;n est&eacute;tica acerca de la importancia de esos cuadros. Bueno, Sturzenegger podr&iacute;a versar como un gu&iacute;a de perplejos. Decirles: el arte moderno se basa en la transgresi&oacute;n de las reglas de la &#64257;guraci&oacute;n cl&aacute;sica, es como si tus cinco perros ya no estuvieran representados seg&uacute;n las nociones de perspectiva y el ojo advirtiera tan solo un juego meton&iacute;mico de trazos geom&eacute;tricos. 
    </p><p class="article-text">
        El arte contempor&aacute;neo, en cambio, rompe la noci&oacute;n misma de obra de arte tal y como es aceptada. Ya no est&aacute; hecha por la propia mano del artista, sino por un tercero. El acto art&iacute;stico tampoco reside en la fabricaci&oacute;n del objeto sino en su concepci&oacute;n, en el discurso que lo acompa&ntilde;a y las reacciones que provoca. La obra puede ser ef&iacute;mera, evolutiva, biodegradable, blasfema o indecente. Bueno, s&iacute;, claro, nosotros no vamos a promocionarlas. Para eso demolemos el Fondo. No, Monetario no, el de las Artes.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">No seríamos justos con Sturzenegger si su sensibilidad queda reducida al arte contemporáneo que acapara y dejamos de lado la poesía, no cualquiera, sino una poesía apasionada</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Supongamos de nuevo que, a partir de ese intercambio hipot&eacute;tico, el &ldquo;padrino&rdquo; ejerce, sin propon&eacute;rselo, un <em>padrinazgo</em> cultural, habla de <strong>Marcel Duchamp</strong> y su urinario como un cuestionamiento al paradigma retiniano y la misma naturaleza del arte. Como vos, un vanguardista. S&iacute;, &eacute;l tambi&eacute;n quiso romper todo. Esa perorata aduladora e instrumental le permitir&iacute;a dar a conocer una faceta m&aacute;s escondida, un rasgo que lo aleja de la presunci&oacute;n de que es apenas un calculador de beneficios, apegado a la certeza de los n&uacute;meros, y quiz&aacute;, quiz&aacute;, algo m&aacute;s: su viaje argumentativo lo llevar&iacute;a, frente al auditor azorado, a definir qu&eacute; es el arte conceptual y las razones la prevalencia de la idea por sobre la forma o la materialidad. Podr&iacute;a hacerlo porque tal vez &eacute;l mismo se considera parte de ese linaje. &iquest;Acaso no vieron que la Ley &Oacute;mnibus se <em>esconde </em>en una caja muy chuchi, rodeada de una cinta con su respectivo mo&ntilde;o? El objeto de dise&ntilde;o oculta un mandato. Desatarlo, podr&iacute;a argumentar, ser&iacute;a darle alas a la potencia que encierran las abstracciones api&ntilde;adas en su interior. Chamanismo de mercado lib&eacute;rrimo. 
    </p><p class="article-text">
        La cajita feliz podr&iacute;a en un futuro exhibirse en un museo de la venganza social. Los visitantes ser&iacute;an invitados a repetir el gesto y en ese develamiento de su interior aceptar&iacute;an que ya no son sujetos sino meras unidades econ&oacute;micas que se auto explotan gozosamente. Un curador escribir&iacute;a en sus fundamentos: &ldquo;la idea fuerza y la fuerza de una idea que llama a la conversi&oacute;n de multitudes en artistas del hambre, como en el cuento de <strong>Franz Kafka</strong> sobre aquel hombrecito que era aplaudido por ayunar 40 d&iacute;as seguidos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, no ser&iacute;amos justos con Sturzenegger si su sensibilidad queda reducida al arte contempor&aacute;neo que acapara (hasta en su oficina de la Universidad de San Andr&eacute;s deja la impronta de coleccionista) y dejamos de lado la poes&iacute;a, no cualquiera, sino una poes&iacute;a apasionada, como la que dio a conocer la revista <em>Noticias. </em>&ldquo;Hay que ser valiente para amar&rdquo;, se titula una que public&oacute; en la web de la Universidad Torcuato Di Tella. Esa vertiente nos lleva a preguntarnos si no espera el momento de darse a conocer tambi&eacute;n en un oficio que tiene referentes descollantes, de <strong>Jorge Luis Borges </strong>y <strong>Juan L. Ortiz </strong>a <strong>Alejandra Pizarnik</strong>, de <strong>Juan Gelman</strong> a <strong>Juana Bignozzi</strong> y <strong>Susana Th&eacute;non</strong>. &iquest;Guarda sus poemas con conciencia hist&oacute;rica y sentido de la divisi&oacute;n del trabajo? Tal vez son parte de un libro, supongamos, llamado <em>Letras del tesoro (de tu coraz&oacute;n)</em> y en el que se leer&iacute;a:
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;<em>Tantos minutos en cada minuto</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Tiempo de encaje circular de la impaciencia</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>De NeUr&aacute;lgica necesidad y urgencia</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Porque en vos todo termina y en vos todo comienza</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Abel Gilbert]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/sturzenegger-artista-conceptual_129_10853903.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 21 Jan 2024 03:01:44 +0000]]></pubDate>
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