<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Bella Baxter]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/bella-baxter/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Bella Baxter]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiarioar.com/rss/category/tag/1049244/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[El año de la muñeca]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/ano-muneca_129_10854110.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/16d45a62-6cd5-45d1-a0ad-5096ddcddb18_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El año de la muñeca"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Qué es una vida con sentido? En tiempos complicados, en los que la satisfacción está codificada casi únicamente en relación con el consumo, el regreso de esa pregunta se vuelve inevitable. </p></div><p class="article-text">
        Tuve muchos a&ntilde;os una fascinaci&oacute;n con las novelas de iniciaci&oacute;n, las pel&iacute;culas de <em>coming of age</em>, el <em>bildungsroman</em>, todos nombres para lo mismo, historias sobre hacerse adulto, descubrir el mundo, descubrir el sexo, hacer amigos de verdad, conocer el dolor y la injusticia, convertirse a trav&eacute;s de todos esos hallazgos en la persona que una va a terminar siendo, poco m&aacute;s poco menos. Mi fascinaci&oacute;n coincidi&oacute;, ninguna sorpresa, con la edad en que yo tambi&eacute;n estaba, supongo, haciendo mi propia iniciaci&oacute;n a este planeta. Tuve tambi&eacute;n la suerte o la desgracia de tener una vida que se presta mucho a ser contada como un relato de esa clase. Nac&iacute; en una comunidad religiosa, empec&eacute; a abandonarla a comienzos de la adolescencia y todos los ritos inici&aacute;ticos de la juventud occidental (el primer beso, la primera escapada de tu casa, la primera borrachera, la primera rotura de coraz&oacute;n, el primer peligro concreto) estuvieron para m&iacute; un poco subrayados por ser la primera persona de mi familia que los viv&iacute;a de esa manera. Pero siento que, adem&aacute;s de todo eso, mi fascinaci&oacute;n por esta suerte de g&eacute;nero coincidi&oacute; con un entusiasmo cultural en torno de &eacute;l que lleva ya varias d&eacute;cadas: es la parte m&aacute;s snob de nuestro entusiasmo colectivo con la juventud.
    </p><p class="article-text">
        Un grupos de cr&iacute;ticos de la revista <em>The New Yorker</em> discuti&oacute; en <a href="https://www.newyorker.com/podcast/critics-at-large/the-year-of-the-doll" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un podcast reciente</a> la idea de que 2023 fue &ldquo;el a&ntilde;o de la mu&ntilde;eca&rdquo;: varias de las pel&iacute;culas m&aacute;s comentadas del a&ntilde;o (<em>Barbie</em>, por supuesto; <em>Priscilla</em>, de <strong>Sofia Coppola</strong>, y <em>Poor Things</em>, de <strong>Yorgos Lanthimos</strong>, estrenada en nuestro pa&iacute;s esta semana). Lo escuch&eacute;, dice un par de cosas interesantes, pero me sorprendi&oacute; que no aparecieran dos de los t&oacute;picos que para m&iacute; son las claves de este furor del leitmotiv de la mu&ntilde;eca. El primero, por supuesto: el de la juventud. En las tres pel&iacute;culas, hay alg&uacute;n dispositivo relacionado con este status literal o metaf&oacute;rico de mu&ntilde;eca (Barbie es, en efecto, una mu&ntilde;eca que vive en un mundo de juguete; Priscilla se convierte en la mu&ntilde;eca de Elvis, que la tiene guardada en su casa, la viste y la peina como quiere; Bella Baxter, la protagonista de <em>Poor Things</em>, vive encerrada en el castillo de su creador y tiene el cerebro de un beb&eacute;) que hace que sean, en alg&uacute;n sentido, a&uacute;n m&aacute;s j&oacute;venes incluso que los a&ntilde;os que tienen: saben a&uacute;n menos del mundo de lo que deber&iacute;a saber una chica de su edad, las podemos ver m&aacute;s sorprendidas, m&aacute;s inocentes; en <em>Priscilla</em> y en <em>Poor Things</em>, sobre todo, queda claro que estas figuras de ojos bien abiertos son un elemento clave de la fantas&iacute;a masculina sobre la femineidad, mucho m&aacute;s que un elemento clave de la identidad femenina. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Si todavía no nos cansamos de las muñecas, supongo, quizás habrá alguna película que se anime a jugársela por la fantasía, en contra del mundo real</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Qu&eacute; es una chica: una chica es algo que se guarda con cuidado hasta que se te escapa. Por supuesto, esas no son todas las chicas. Siempre tuve conciencia de eso: cuando yo viv&iacute;a encerrada, ve&iacute;a perfectamente que las chicas con uniforme de colegio privado que me cruzaba por la calle, aunque no fueran jud&iacute;as ortodoxas, tambi&eacute;n viv&iacute;an bastante encerradas. Las &uacute;nicas chicas que no andaban encerradas eran las chicas humildes, que trabajaban vendiendo cosas en la calle o en casas ajenas, con una autonom&iacute;a forzada por circunstancias que yo sab&iacute;a que eran mucho menos favorables que las m&iacute;a, y as&iacute; todo las envidiaba igual. Las pel&iacute;culas sobre mu&ntilde;ecas son sobre chicas, pero son sobre una clase de chicas; son sobre princesas, palabra que cuando somos nenas usamos en el mismo sentido metaf&oacute;rico que mu&ntilde;ecas.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Supongo que en alg&uacute;n momento me cans&eacute; de las novelas de iniciaci&oacute;n, y cada vez estoy m&aacute;s cansada: la idea de que el amor, el sexo, la vida en general, se disfruta m&aacute;s o incluso solamente cuando todo es nuevo me parece cada vez m&aacute;s haragana (y m&aacute;s masculina, tal vez: la mayor&iacute;a de las mujeres que conozco disfrutan de sus cuerpos cada vez m&aacute;s, con los a&ntilde;os, y no menos, aunque a los hombres les guste menos mirar esos cuerpos). Pero hay otro t&oacute;pico que el podcast de <em>The New Yorker</em> no tocaba sobre las mu&ntilde;ecas, que para m&iacute; es de lo m&aacute;s central que ese motivo trae, de lo m&aacute;s actual y de lo m&aacute;s <em>perenne</em> tambi&eacute;n: la pregunta por la realidad y la fantas&iacute;a, por el significado de vivir una vida verdadera o aut&eacute;ntica, una vida con sentido. 
    </p><p class="article-text">
        Siento que, en parte, las mu&ntilde;ecas vuelven porque esta pregunta ha vuelto con todo: las vidas en las que la satisfacci&oacute;n est&aacute; codificada casi &uacute;nicamente en relaci&oacute;n con el consumo empiezan a sentirse tan vac&iacute;as que el regreso de la pregunta del sentido es inevitable. Y no es solo eso: mi sensaci&oacute;n es que a la vez que la vida puede sentirse vac&iacute;a cuando solo se trata de cosas reales, tambi&eacute;n vivimos tiempos de realidad sobrecargada, una &eacute;poca sin espacio para la fantas&iacute;a. Me hubiera gustado que alguna de estas tres pel&iacute;culas tuviera una idea m&aacute;s l&uacute;cida sobre eso: una vez que sus hero&iacute;nas abandonan los mundos de fantas&iacute;a en los que nacieron (un universo de juguete, la casa de un millonario o el castillo casi encantado de un cient&iacute;fico loco) la sensaci&oacute;n es que dejan tambi&eacute;n atr&aacute;s las fantas&iacute;as y los juegos que les hab&iacute;an permitido sobrevivir sus encierros, en lugar de llevarlos consigo. 
    </p><p class="article-text">
        Pienso en obras que tienen casi cien a&ntilde;os o incluso m&aacute;s, <em>Un tranv&iacute;a llamado deseo</em> de <strong>Tennessee Williams</strong> o <em>Casa de mu&ntilde;ecas</em> de <strong>Henrik Ibsen</strong>, que ten&iacute;an mucho m&aacute;s para decir sobre esto: ambas se tomaban m&aacute;s en serio que estas tres pel&iacute;culas la pregunta de qu&eacute; es vivir una vida real, de cu&aacute;les son sus costos, de si de verdad la pena, de si siempre tiene final feliz. Entiendo que vivimos tiempos complicados, y que con el regreso de las derechas nadie quiere decir ni media mala palabra sobre la autonom&iacute;a: si todav&iacute;a no nos cansamos de las mu&ntilde;ecas, supongo, quiz&aacute;s habr&aacute; alguna pel&iacute;cula que se anime a jug&aacute;rsela por la fantas&iacute;a, en contra del mundo real. Aunque sea para probar; no tiene por qu&eacute; ser una tesis seria. Es como cuando les quem&aacute;s el pelo a las Barbies solo para ver qu&eacute; pasa. 
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/ano-muneca_129_10854110.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 21 Jan 2024 03:01:44 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/16d45a62-6cd5-45d1-a0ad-5096ddcddb18_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="219074" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/16d45a62-6cd5-45d1-a0ad-5096ddcddb18_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="219074" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El año de la muñeca]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/16d45a62-6cd5-45d1-a0ad-5096ddcddb18_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Barbie,Priscilla Presley,Bella Baxter]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
