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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Felix Mendelssohn]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/felix-mendelssohn/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Felix Mendelssohn]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Canciones sin palabras]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/canciones-palabras_129_10872543.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/46db6a74-4486-4ab5-ac9e-ae92671124d6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Canciones sin palabras"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La cellista argentina Sol Gabetta y el pianista francés Bertrand Chamayou interpretan la Sonata 2 de Mendelssohn desde la primera vez que tocaron juntos, hace dieciocho años. Y acaban de registrar un disco ejemplar con toda la obra de este autor para esa conformación instrumental sumada a composiciones de autores actuales inspiradas en ellas. Novedades y rescates en la red, entre las redes.</p></div><p class="article-text">
        La idea del t&iacute;tulo hab&iacute;a sido de su hermana Fanny, que escribi&oacute; unas tempranas &ldquo;Canciones para piano&rdquo;. En cierta forma, toda la m&uacute;sica para ese instrumento compuesta en el siglo XIX podr&iacute;a pensarse como canciones instrumentales. Y es que el modelo ritmado de la poes&iacute;a, que comenz&oacute; a ser le&iacute;da habitualmente por las nuevas burgues&iacute;as &ndash;y por los compositores&ndash; atraves&oacute; todo el esp&iacute;ritu rom&aacute;ntico.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Felix Mendelssohn</strong> escribi&oacute; varias colecciones de &ldquo;Canciones sin palabras&rdquo;. Y una de ellas, aislada, para cello y piano. La noci&oacute;n no es ajena a lo que el music&oacute;logo<strong> Simon Frith</strong> afirma acerca de la relaci&oacute;n entre letra y m&uacute;sica en las canciones populares. Que lo que otorga sentido no son las palabras, muchas veces reemplazables por otras o apenas recordables, sino la m&uacute;sica. En efecto, nada suceder&iacute;a con una frase como &ldquo;Ayer todos mis problemas parec&iacute;an muy lejanos&rdquo; si no fuera por la m&uacute;sica de &ldquo;Yesterday&rdquo;. Y, desde ya, por esa parte esencial de la m&uacute;sica que el mito de la academia llev&oacute; a minimizar: la interpretaci&oacute;n. Comenzando, en este caso, por la propia voz de <strong>Paul McCartney</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Quienes durante a&ntilde;os escuchamos a <strong>The Beatles</strong>, <strong>Bob Dylan</strong>, <strong>Simon &amp; Garfunkel</strong>, <strong>Genesis</strong>, <strong>Carole King</strong> o <strong>Joni Mitchell</strong> sin saber una gota de ingl&eacute;s, e incluso los cantamos en una jerigonza fon&eacute;tica digna de <strong>Diego Capusotto</strong>, no hicimos otra cosa, finalmente, que disfrutar canciones sin palabras. Y el caso de la &oacute;pera, tan cantada desde el comienzo hasta el final, no es muy distinto. Quienes gustan del g&eacute;nero saben que nada ser&iacute;a de las palabras finales de Li&ugrave;, en Turandot, de <strong>Giacomo Puccini</strong> &ndash;&ldquo;antes de este amancer/ cerrar&eacute; cansada mis ojos/ para no verlo nunca m&aacute;s&rdquo;&ndash; si no fuera por su m&uacute;sica y por lo que la soprano sea capaz de lograr cantando al borde (exactamente en el borde) de lo audible. &nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La gente a menudo se queja de que la m&uacute;sica tiene un significado demasiado incierto, de que lo que deber&iacute;an pensar al escucharla no est&aacute; claro, mientras que todo el mundo entiende las palabras&rdquo;, escrib&iacute;a Felix Mendelssohn en 1942, en una carta. &ldquo;En mi caso ocurre exactamente lo contrario, y no s&oacute;lo en el contexto de un discurso completo, sino tambi&eacute;n en el caso de palabras individuales. Tambi&eacute;n estas me parecen tan inciertas, tan vagas, tan f&aacute;cilmente incomprensibles en comparaci&oacute;n con la m&uacute;sica genuina que llena el alma con mil cosas mejores que las palabras. Los pensamientos que me expresa la m&uacute;sica que amo no son demasiado indefinidos para expresarlos con palabras, sino al contrario, demasiado definidos.&rdquo; Eventualmente, la tensi&oacute;n entre letra y m&uacute;sica y la supuesta primac&iacute;a de una sobre la otra ven&iacute;a ocupando a los te&oacute;ricos desde la Edad Media. Y mientras que en la antig&uuml;edad la Iglesia no hab&iacute;a dudado en otorgar el cetro al texto (que era lo que diferenciaba la devoci&oacute;n del mero placer sensual), los siglos XVIII y XIX hab&iacute;an invertido los valores de manera radical. 
    </p><p class="article-text">
        El fil&oacute;sofo <strong>Wilhelm Wackenroder</strong>, uno de los fundadores del romanticismo alem&aacute;n, escribi&oacute; en <em>La profunda esencia de la m&uacute;sica</em>, a los 20 a&ntilde;os, y poco antes de morir, lo siguiente: &ldquo;Ning&uacute;n arte humano puede representar con palabras ante nuestros ojos el fluir de una masa de agua agitada de manera variada por sus miles de olas (&hellip;). La m&uacute;sica, por el contrario, nos hace fluir ante los ojos la propia corriente. Audazmente, la m&uacute;sica toca su misteriosa arpa y traza en este oscuro mundo, pero con orden preciso, signos m&aacute;gicos, certeros y oscuros, y las cuerdas de nuestro coraz&oacute;n resuenan y comprendemos su resonancia&rdquo;. En el mismo texto hablaba de &ldquo;los envoltorios de las palabras, como si &eacute;stas fuesen la tumba de la profunda pasi&oacute;n del coraz&oacute;n&rdquo;. Mendelssohn, en relaci&oacute;n con una de sus <em>Canciones sin palabras</em>, escrib&iacute;a a un amigo: &ldquo;Si me preguntas qu&eacute; ten&iacute;a en mente cuando la escrib&iacute;, dir&iacute;a: simplemente la canci&oacute;n tal como es. Y si tengo ciertas palabras en mente para una u otra de estas canciones, nunca querr&iacute;a dec&iacute;rselas a nadie, porque las mismas palabras nunca significan lo mismo para los dem&aacute;s. S&oacute;lo la canci&oacute;n puede decir lo mismo, puede suscitar en distintas personas los mismos sentimientos, que, sin embargo, no se expresan con las mismas palabras.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Alrededor de las &ldquo;canciones sin palabras&rdquo; &ndash;&ldquo;para cantar con los dedos&rdquo;, escribi&oacute; su autor&ndash;, y de la m&uacute;sica de Mendelssohn para cello y piano, una de las mejores cellistas del momento, la argentina <strong>Sol Gabetta</strong>, junto con el extraordinario pianista <strong>Bertrand Chamayou</strong> &ndash;su lectura de la obra completa de Ravel para ese instrumento, es una de las dos o tres m&aacute;s importantes de la historia discogr&aacute;fica&ndash; acaban de publicar un disco ejemplar por muchas razones. 
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        Gabetta y Chamayou ya hab&iacute;an grabado en 2015 un &aacute;lbum extraordinario dedicado a Chopin.
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        Como en aquella ocasi&oacute;n, la perfecci&oacute;n y, al mismo tiempo, la sensibilidad de las interpretaciones es un presupuesto. La calidad de la grabaci&oacute;n y la elecci&oacute;n de los instrumentos utilizados y de la locaci&oacute;n del registro &ndash;o sea del sonido de lo que se escucha&ndash;, es tambi&eacute;n un elemento de peso. Est&aacute; presente, desde ya, la permanente sensaci&oacute;n de di&aacute;logo que se desprende de la manera en que tocan juntos los dos int&eacute;rpretes &ndash;que vienen haci&eacute;ndolo desde hace casi veinte a&ntilde;os&ndash;, adivin&aacute;ndose m&aacute;s que sigui&eacute;ndose. Pero, lejos del &uacute;ltimo lugar en importancia, esta vez hay un concepto novedoso: la obra completa de Mendelssohn para esa conformaci&oacute;n instrumental pero no s&oacute;lo eso. El disco incluye adem&aacute;s un conjunto de piezas &ndash;la mayor&iacute;a escritas especialmente para el d&uacute;o&ndash; de compositores actuales que revisitan las &ldquo;canciones sin palabras&rdquo;, esa vieja idea rom&aacute;ntica: <strong>J&ouml;rg Widmann</strong>, <strong>Heinz Holliger</strong>, <strong>Francisco Coll</strong> y <strong>Wolfgang Rihm</strong>. 
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        Gabetta naci&oacute; en C&oacute;rdoba en 1981 y es una estrella desde muy peque&ntilde;a, en que gracias a una beca del Mozarteum Argentino viaj&oacute; a Europa para perfeccionarse. Gan&oacute; innumerables premios y ha grabado versiones seminales de las principales obras del repertorio para su instrumento, entre ellas el <em>Concierto</em> de <strong>Sir Edward Elgar</strong> que la genial <strong>Jacqueine Du Pr&eacute; </strong>convirti&oacute; en emblema. &ldquo;Ella fue una referencia inevitable. Obviamente, cuando era chica no pod&iacute;a ser mujer y cellista y no tenerla en cuenta&rdquo;, me dec&iacute;a hace a&ntilde;os, cuando acababa de grabar esa obra. &ldquo;Pero, justamente en el <em>Concierto</em> de Elgar, siempre quise hacer mi versi&oacute;n, en tanto hay algo en la interpretaci&oacute;n de ella que es, por supuesto, convincente en sus manos pero no coincide con mi visi&oacute;n de la obra. Ella la hac&iacute;a de una manera muy extrovertida. Y para m&iacute; es una obra inmensamente introspectiva.&rdquo; 
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        Esta cellista pertenece a una infrecuente clase de m&uacute;sicas y m&uacute;sicos que conjuga sensibilidad, perfecci&oacute;n t&eacute;cnica e inteligencia y que controla su carrera hasta el detalle m&aacute;s peque&ntilde;o.&nbsp;&ldquo;He buscado tocar y grabar todo el repertorio para cello del Romanticismo y Clasicismo&rdquo;, contaba cuando a&uacute;n no hab&iacute;a cumplido 30 a&ntilde;os. &ldquo;Y a esto puede agreg&aacute;rsele Prokofiev y Shostakovich. Pero mucho m&aacute;s que eso no hay. As&iacute; que eso me obliga a ser curiosa y a buscar. Desde el principio de mi carrera trat&eacute; de decidir muy bien c&oacute;mo quer&iacute;a que fueran las cosas. Y siempre trato de no quedarme con lo m&aacute;s obvio. Incluso hay cosas que est&aacute;n delante de nuestros ojos y sin embargo nos cuesta darnos cuenta de que est&aacute;n all&iacute;&rdquo;, conclu&iacute;a. 
    </p><p class="article-text">
        El programa de este disco, titulado de manera escueta apenas con los nombres de los compositores y los int&eacute;rpretes, incluye una de las obras m&aacute;s bellas no s&oacute;lo de Mendelssohn sino de toda la historia, su segunda <em>Sonata para cello y piano</em>. &ldquo;La primera vez que tocamos juntos tocamos este obra. Debemos haberla tocado no menos de doscientas veces&rdquo;, afirma la cellista en las notas del folleto del disco. &ldquo;Y a pesar de eso, o tal vez por eso, este disco dedicado a Mendelssohn es lo que ambos siempre quisimos hacer&rdquo;. Elegido por la revista inglesa <em>Gramophone </em>como uno de los discos del mes, en su edici&oacute;n de febrero (ya disponible en formato virtual), para su registro, realizado en la sala de la Philharmonie de Par&iacute;s, los int&eacute;rpretes utilizaron dos pares de instrumentos distintos para las composiciones de Mendelssohn y de los autores actuales. Para el primero, Chamayou toc&oacute; en un Bl&uuml;thner de 1859 y Gabetta &nbsp;en el Stradivari &ldquo;Bonamy Dobr&eacute;e-Suggia&rdquo;, de&nbsp;1717 &ndash;cedido por la Fundaci&oacute;n Stradivari Habisreutinger&ndash; con cuerdas de tripa entorchadas con acero. Y en las obras contempor&aacute;neas los elegidos fueron un violoncello Matteo Goffriller de 1730 &ndash;con cuerdas modernas&ndash;, y un Steinway &amp; Sons de &uacute;ltima generaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <em>Diego Fischerman es autor del blog El sonido de los sue&ntilde;os: </em><a href="https://xn--sonidodesueos-skb.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>https://xn--sonidodesueos-skb.com/</em></a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Diego Fischerman]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/canciones-palabras_129_10872543.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 27 Jan 2024 15:40:18 +0000]]></pubDate>
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