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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Chocolate amargo]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/chocolate-amargo/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Chocolate amargo]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Muy rico lo que no comí]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/rico-no-comi_129_10872646.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a5ae9593-892b-49e7-97cd-c5155ae913f6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Muy rico lo que no comí"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Chocolate 70% cacao, corazón cremoso de dulce de leche, cristales de sal marina y homenaje a los 150 años de Mar del Plata. Juicio de valor sobre el nuevo alfajor Havanna.</p></div><p class="article-text">
        Havanna honr&oacute; los primeros 150 a&ntilde;os de Mar del Plata con un alfajor de alta calidad llamado <em>Mar del Plata</em>. La portada tiene una ilustraci&oacute;n m&aacute;s o menos turnereana, compuesta desde un punto vista mar&iacute;timo, en la que domina un celeste crema del cielo aplicado al Atl&aacute;ntico, una bruma diurna, un barco de pesca de esos hechos en madera en los que abundan los nombres de santos y, a modo de faro y alarde institucional, el edificio Havanna en lo alto de la costa. Etiquetados frontales: cuatro, a diferencia de colaciones casi veganas como las mollejas y los chinchulines, que no tienen ninguno. 
    </p><p class="article-text">
        La ficha t&eacute;cnica ampliada, se extiende con toques de literatura infantil en la p&aacute;gina oficial: &ldquo;Cubierto con el famoso chocolate 70% cacao, relleno con nuestro cl&aacute;sico dulce de leche Havanna y un coraz&oacute;n mucho m&aacute;s cremoso, con tapas con cristales de sal marina para llenarte de mar y dulzura en cada mordisco&rdquo;. Bien. Buena aglomeraci&oacute;n de atributos. Un chocolate &ldquo;famoso&rdquo;, un dulce de leche &ldquo;cl&aacute;sico&rdquo;, un coraz&oacute;n &ldquo;m&aacute;s cremoso&rdquo; y una sal &ldquo;para llenarte de mar&rdquo; en la l&iacute;nea de cuando el Lobo le dice a Caperucita Roja: &ldquo;Para comerte mejor&rdquo; (dicho sea de paso, qu&eacute; gran error de Charles Perrault, o m&aacute;s bien de los vulgarizadores de su obra, inducir al Lobo a anticiparle la jugada a su v&iacute;ctima. Cuando ella le dice: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; boca tan grande tienes?&rdquo;, el salvaje travestido debi&oacute; haberle dicho: &ldquo;&iquest;Viste?&rdquo;. Pero no: quiso comerla <em>mientras</em> la espantaba).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los alfajores <em>Mar del Plata </em>de Havanna, sea en cajas de ocho unidades, o en ejemplares sueltos a $1700 del 27 de enero de 2024, s&oacute;lo podr&iacute;an adquirirse en la costa atl&aacute;ntica. Perfecto. All&aacute; voy a obtener el objeto sobre el que aplicar&eacute; mi juicio, que debe quedar claro que ser&aacute; de valor, no de justicia. Las banquinas desaparecen bajo el impresionismo de la velocidad. Es lo que alcanzo a ver por la ventanilla del Jaguar XKR 4.0 modelo de colecci&oacute;n que compr&eacute; al contado gracias a las medidas del tremendo Presidente argentino que dolariz&oacute; los honorarios para bien de la poblaci&oacute;n y el l&oacute;gico <em>likeo</em> de <strong>Elon Musk</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Oh, Mar del Plata, ciudad del amor. El coraz&oacute;n se estremece al pasar por la Avenida Peralta Ramos a la altura del Casino. &iquest;As&iacute; que la Biarritz de Sudam&eacute;rica? Por favor, Biarritz deber&iacute;a ser tu asistente personal, tu esclava. De repente surge un problema: el alfajor Mar del Plata est&aacute; agotado. No hay dealer ni puntos de venta que tengan un solo ejemplar de la nueva especie. No hay en Alberti y Lamadrid, ni en el caf&eacute; de Alem, ni en el de G&uuml;emes, ni en el de las playas del sur, ni en la rotonda de ingreso. Ni uno. Cada mostrador tiene su cartel, desde el que salen rayos de horror: &ldquo;No hay stock&rdquo;. Los empleados no miran a los ojos. Los argumentos son variados, lo que significan que no han sido instruidos en uno m&aacute;s o menos s&oacute;lido. Uno dice que est&aacute;n llegando, otra que la reposici&oacute;n es a las 10 o las 14 (no se acuerda), un tercero da a entender con un gesto antipatronal que la f&aacute;brica se est&aacute; durmiendo con las tiradas. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Todo el mundo tiene un Jaguar y nadie un alfajor Mar del Plata. Pero si apareciera uno en el mercado negro (bueno, ahora todos los mercados son blancos), ¿cuánto podría costar?, ¿cuántos Jaguars?</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Lo que hacen los empleados, sin duda empujados por esa perversi&oacute;n que destilan los afectados por el S&iacute;ndrome de Desgaste Ocupacional, es ofrecer alternativas. Quien demande el alfajor faltante podr&aacute; llevar el cl&aacute;sico blanco de merengue, o el cl&aacute;sico negro o el de nuez, o el de chocolate amargo. Si esa carta no conforma, ah&iacute; estar&aacute;n los planes B y los C y los D: galletitas de lim&oacute;n, barras de chocolate, bombones, havanettes, frascos de dulce de leche. Tambi&eacute;n se podr&iacute;a asaltar la caja, explotada de d&oacute;lares. Pero nadie que tenga una idea fija podr&iacute;a concebir la idea de una alternativa, ni mucho menos verla. Est&aacute; el objeto de la desesperaci&oacute;n y, alrededor, el desierto. Ese es el panorama ps&iacute;quico que describe la situaci&oacute;n. Buscar una sola cosa, la que no tiene reemplazo, la &Uacute;nico, es una escena de fin del mundo, y est&aacute; sucediendo. 
    </p><p class="article-text">
        En un de los puntos de venta utilizo un recurso extremo: ofrezco entregar el Jaguar a cambio de 1 (uno) alfajor. La persona que me atiende me contesta con el tono de perdonavidas con que lo har&iacute;a un acompa&ntilde;ante terap&eacute;utico: &ldquo;Esc&uacute;cheme, columnista de variedades: estamos en la Argentina de 2024. Gobiernan las Fuerzas del Cielo. Todo el mundo tiene un Jaguar, digamos, o sea&hellip; Fin&rdquo;. Todo el mundo tiene un Jaguar y nadie un alfajor Mar del Plata. Pero si apareciera uno en el mercado negro (bueno, ahora todos los mercados son blancos), &iquest;cu&aacute;nto podr&iacute;a costar?, &iquest;cu&aacute;ntos Jaguars?
    </p><p class="article-text">
        El incidente da para reflexionar sobre cuestiones &eacute;ticas. No estoy haciendo literatura, que es una Triple Frontera donde vale todo y la &eacute;tica no es un valor sino una prueba de reblandecimiento. Estoy intentando hacer pe-rio-dis-mo, esa cosa seria que hacen titanes como Luis Majul, ese tremendo pedazo de &ldquo;moralis homo&rdquo; que me pone las l&aacute;grimas como peras de calesita cada vez que lo veo batallar contra la injusticia y el poder, sin abandonar por un segundo &ldquo;sumisi&oacute;n&rdquo; (no s&eacute; qu&eacute; le pasa al teclado que me junta las palabras) de ense&ntilde;arle a las nuevas generaciones, y tambi&eacute;n a las viejas, que es posible resistirse a que el periodismo de elite sea una variable de la servidumbre.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero esas son conductas reservadas a los grandes de la historia. Esta columna era sobre el alfajor Mar del Plata y ser&aacute; sobre el alfajor Mar del Plata. Existiendo la imaginaci&oacute;n, comerlo o no comerlo para tener un juicio sobre sus valores no es relevante. &iquest;Qu&eacute; tiene de malo hablar una vez m&aacute;s sin saber? 
    </p><p class="article-text">
        Lo ideal para la cata de alfajores es hacerlo con muestras peque&ntilde;as, digamos un cuarto de la unidad, y dedicarle una degustaci&oacute;n entre dos espacios en blanco. El previo ha de ser de ayuno, para que el cuerpo reciba con limpieza el est&iacute;mulo; el posterior, de olvido, para reci&eacute;n empezar a describir las sensaciones una media hora despu&eacute;s de la prueba, de modo que lo que se diga sea verdaderamente lo que &ldquo;qued&oacute;&rdquo; del alfajor en uno. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Que los ingenieros químicos o los decoradores de alfajores vayan bajando los decibeles. No se puede meter cualquier cosa en un alfajor. De seguir así, un día vamos a terminar masticando un tornillo. </p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Como en mi imaginaci&oacute;n el cuarto de alfajor Mar del Plata de Havanna. Ya sabemos que no haberlo conseguido no impide juzgarlo. Primera sensaci&oacute;n: los cristales de sal no tienen nada que hacer con el chocolate amargo al 70% que le da cobertura al conjunto. La sal es para los asados, para el bacalao, para las papas fritas. Se dir&aacute; que el choque de las dos materias producir&aacute; una tercera, pero &iquest;cu&aacute;l? &iquest;Y con qu&eacute; necesidad? Si se alega que la sal es s&oacute;lo testimonio &ldquo;de lo mar&iacute;timo&rdquo;, que es a lo que alude la ficha t&eacute;cnica, entonces &iquest;por qu&eacute; no untaron la cobertura con esencia de cornalitos, tan mar&iacute;timos como la sal, y mucho m&aacute;s marplatenses? Hay una euforia gourm&eacute;tica que barroquiza todo lo que toca. No hace falta que haya tanta autor&iacute;a. Que los ingenieros qu&iacute;micos o los decoradores de alfajores vayan bajando los decibeles. No se puede meter cualquier cosa en un alfajor. De seguir as&iacute;, un d&iacute;a vamos a terminar masticando un tornillo. 
    </p><p class="article-text">
        Pero el chocolate es extraordinario. Tiene un espesor de placa y la vista de una noche negra, y es la transici&oacute;n amarga de un viaje a lo dulce. Ese coraz&oacute;n de un dulce de leche en busca de un dorado que tiene un esp&iacute;ritu de licor y la belleza de la creme caramel. Cuando no una juntada con cucharita a lo Poxi&ndash;Pol entre el dulce de leche y la crema americana, o entre el dulce de leche y la leche condensada. Esa claridad instalada en el &oacute;rgano m&aacute;s profundo del alfajor, le da luz al corte y vincula la entrada amarga con una salida dulce, al rev&eacute;s de lo que sucede con las cosas de la vida. Muy dulce y muy amargo. Nada que re&uacute;na esas dos condiciones simult&aacute;neas del gusto puede no ser irresistible. &iquest;Si me gust&oacute;? Cuando pueda comprarlo y comerlo, les cuento.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        JJB
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan José Becerra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/rico-no-comi_129_10872646.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 28 Jan 2024 03:14:36 +0000]]></pubDate>
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