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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Marie-Christine Laznik]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/marie-christine-laznik/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Marie-Christine Laznik]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Menopausia y erotismo, el deseo inconcebible]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/menopausia-erotismo-deseo-inconcebible_129_10888153.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b83f96ef-45c1-4686-a65f-395b850effd2_16-9-discover-aspect-ratio_default_1089031.jpg" width="3648" height="2052" alt="Menopausia y erotismo, el deseo inconcebible"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Para el psicoanálisis, la menopausia es un tema maldito sobre el que se escribe muy poco. ¿Por qué relegarlo a la ciencia médica, como si no tuviera implicaciones en lo anímico y el psicoanálisis no fuese una disciplina para conocer los complejos propios de distintas etapas de la vida?</p></div><p class="article-text">
        La menopausia es un tema maldito en psicoan&aacute;lisis. Esto quiere decir que est&aacute; &ldquo;mal-dicho&rdquo;, o bien que se lo dice con resquemor. Curiosamente, en los &uacute;ltimos a&ntilde;os no se public&oacute; ning&uacute;n libro sobre el tema y, en jornadas y congresos, no hay ponencias ni mesas redondas sobre la cuesti&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Ser&iacute;a dudoso afirmar que es un tema sobre el cual no es necesario decir mucho, porque concierne a una especialidad m&eacute;dica, como si las modificaciones en el cuerpo no implicaran un correlato ps&iacute;quico; asimismo, la aparici&oacute;n en &uacute;ltimos a&ntilde;os de tratamientos hormonales que eran impensables en la &eacute;poca de <strong>Sigmund Freud</strong> y dem&aacute;s generaciones pioneras del psicoan&aacute;lisis, hace que la vacancia de trabajos psicoanal&iacute;ticos sobre la cuesti&oacute;n sea m&aacute;s llamativa.
    </p><p class="article-text">
        Tengo la impresi&oacute;n de que la menopausia se volvi&oacute; un tab&uacute; porque es un tema del que no es posible decir algo sin estar implicado de alguna manera. Quiz&aacute;s en otra &eacute;poca no hab&iacute;a tanto reparo entre los analistas para exponer su afectaci&oacute;n sobre ciertas cuestiones. Creo que el gran prejuicio que obstaculiza tocar este tema es que impone hablar de la mujer madura, la que m&aacute;s desaf&iacute;a el orden er&oacute;tico de nuestra cultura. 
    </p><p class="article-text">
        Hoy, por ejemplo, se habla mucho de la belleza real, pero poco se conmovi&oacute; el ideal de juventud. Todav&iacute;a es un halago para una mujer que ronda la cincuentena que le digan que no parece de su edad. El fantasma que hace de la menopausia la antesala de la vejez a&uacute;n goza de vigencia y, por lo tanto, confronta con un secreto que es preciso ocultar.
    </p><p class="article-text">
        Si tuviera que hacer una salvedad respecto de las publicaciones sobre la menopausia, mencionar&iacute;a el libro de <strong>Marie-Christine Laznik </strong>titulado <em>El deseo inconcebible</em>. Comentar&eacute; en cinco puntos algunas ideas que extraigo de su lectura, con el prop&oacute;sito de contribuir a lo que es un debate incipiente. Comentar ideas e hip&oacute;tesis es mucho m&aacute;s interesante que pretender decir verdades.
    </p><p class="article-text">
        En primer lugar, Laznik sit&uacute;a que la menopausia implica una nueva reactualizaci&oacute;n del complejo de Edipo; es decir, al Edipo infantil y de la pubertad se suma una nueva instancia que confronta con el duelo eventual del deseo de hijo. Podr&iacute;a decir que durante muchos a&ntilde;os este objeto (el hijo) fue determinante en la vida an&iacute;mica de la mujer y su p&eacute;rdida puede ser vital o estrepitosa, seg&uacute;n c&oacute;mo se la elabore.
    </p><p class="article-text">
        En absoluto se trata de creer que una mujer deber&iacute;a haber sido madre para poder hacer el duelo del deseo de hijo. En efecto, el deseo de hijo no se corresponde con la maternidad de un modo necesario. S&iacute; se trata de que ese deseo de hijo haya sido asumido, o bien reconocido en su insuficiencia, para tomar una posici&oacute;n definida. Dicho de otro modo, que no haya sido conservado como algo pendiente.
    </p><p class="article-text">
        En segundo lugar, junto con el duelo del deseo de hijo se produce una reelaboraci&oacute;n del narcisismo. Para ilustrar este punto, podr&iacute;a recordarse el cuento tradicional de Blancanieves, que comienza con una hermosa reina que consulta al espejo sobre qui&eacute;n es la m&aacute;s linda. Es llamativo que la reina tiene su propia belleza, pero para envenenar a Blancanieves asume la figura de una anciana. En la secuencia f&iacute;lmica, cuando la anciana pasa junto a unos buitres, estos se burlan de ella. 
    </p><p class="article-text">
        Esta circunstancia podr&iacute;a esclarecerse del modo siguiente: en la juventud, el conflicto ps&iacute;quico es entre belleza y fealdad; sin embargo, la menopausia introduce una nueva variable: la maldad. En la fantas&iacute;a inconsciente, la cesi&oacute;n de narcisismo a la nueva generaci&oacute;n impone una nueva elaboraci&oacute;n del complejo de la madre mala &ndash;esa que, por ejemplo, rivaliza con la hija respecto de los atributos femeninos&ndash;.
    </p><p class="article-text">
        El narcisismo de una mujer no depende solamente de la mirada social, sino de aquella que proviene de la incorporaci&oacute;n de la mirada materna. En mujeres embarazadas de ni&ntilde;as no es rara la preocupaci&oacute;n temerosa de que &eacute;stas nazcan feas. Y, por cierto, son conocidos casos de mujeres que, desde el punto de vista &ldquo;objetivo&rdquo; son hermosas, pero en lo profundo de su ser se sienten horribles. 
    </p><p class="article-text">
        Por lo tanto, una parte de la cuesti&oacute;n de la belleza es posible que se pueda explicar en t&eacute;rminos de construcci&oacute;n social, pero la singular incorporaci&oacute;n de la mirada de la madre &ndash;tema articulado al complejo de la madre mala&ndash; no se puede despreciar, porque es en funci&oacute;n de ella que se juega el desprecio o el efecto aterrador de sentir el paso de los a&ntilde;os. Solo resta agregar que cuando hablo de la madre mala no me refiero a la madre real, sino a una instancia ps&iacute;quica.
    </p><p class="article-text">
        En tercer lugar, quisiera destacar otro complejo, el que Laznik llama &ldquo;de Yocasta&rdquo; y que consiste en una especie de Edipo invertido. As&iacute; como Edipo es un ni&ntilde;o o joven que se enamora de la madre, tambi&eacute;n es dable pensar en lo que ocurre cuando una mujer trasciende la mediana edad y se encuentra con la excitaci&oacute;n que le despiertan j&oacute;venes que podr&iacute;an ser sus hijos &ndash;si es que no lo son. 
    </p><p class="article-text">
        Como an&eacute;cdota divertida para ilustrar este punto, podr&iacute;a recordar la situaci&oacute;n que me cont&oacute; un muchacho que trabaj&oacute; como stripper durante un tiempo y, en cierta ocasi&oacute;n, le toc&oacute; ir a una fiesta de divorcio de una mujer. Hizo su show y, al rato, el grupo de mujeres le estaba ofreciendo de comer s&aacute;ndwiches de miga, le preguntaban si adem&aacute;s estudiaba. Por esta v&iacute;a es pensable c&oacute;mo la posici&oacute;n materna puede ser una defensa indeclinable respecto del erotismo.
    </p><p class="article-text">
        Como contrapunto, tenemos la situaci&oacute;n de mujeres que atraviesan duelos profundos en ocasi&oacute;n del crecimiento de sus hijos; quiz&aacute;s en un pasaje que podr&iacute;a situar con las palabras de aquella mujer que me cont&oacute; que, con el tiempo, &ldquo;una deja de ser madre, para ser una mujer con hijos&rdquo;. Tampoco son extra&ntilde;as las circunstancias en que la menopausia es la ocasi&oacute;n para que algunas mujeres vuelvan a verse con novios o parejas de la juventud, con la intenci&oacute;n de reencontrarse con aquellas que fueron antes de recibir la determinaci&oacute;n de lo materno. 
    </p><p class="article-text">
        Como cuarto punto, ser&iacute;a interesante pensar si la menopausia no impacta tambi&eacute;n en el lazo entre mujeres, al punto de producir una modificaci&oacute;n en una estructura como la amistad. Laznik subraya que, en este punto, se distienden las relaciones de rivalidad y, en particular, la hipoteca ps&iacute;quica de la &ldquo;mejor amiga&rdquo;: aquella que sabe todo, con la que funciona un ideal de transparencia como formaci&oacute;n reactiva ante una traici&oacute;n (&ldquo;&iquest;C&oacute;mo no me dijiste que&hellip;?&rdquo;). 
    </p><p class="article-text">
        Por &uacute;ltimo, con la menopausia y el duelo del deseo de hijo se juega un pasaje entre las generaciones que reactualiza el duelo por la propia madre. No es infrecuente que en mujeres de esta edad sea un elemento central hablar de la muerte de la madre, ocurrida o por venir. Algunas mujeres incluso han dedicado su vida a cuidar a sus madres, luego de haber tenido hijos o una relaci&oacute;n afectiva duradera.
    </p><p class="article-text">
        En este punto, la pregunta es si no es llamativo que sea tan tard&iacute;amente que este tema se instala en los an&aacute;lisis. Lo cierto es que no. Este es el momento crucial. Antes no hubiera sido posible, salvo muerte prematura de la madre. Asimismo, esta coordenada permite situar una diferencia entre la muerte del padre, que cuenta con una fantas&iacute;a espec&iacute;fica (el parricidio, que ordena la sucesi&oacute;n y la filiaci&oacute;n) y la muerte de la madre que, para algunas personas, es la fuente de su relaci&oacute;n con la realidad &ndash;al punto de que hay quienes pueden tomar decisiones y desestimarlas (por ejemplo, una separaci&oacute;n) hasta que llega el momento de comunicarlas a la madre. &iquest;C&oacute;mo se sigue cuando ya no hay una madre a la que contarle (y ocultarle) las cosas?
    </p><p class="article-text">
        Estas l&iacute;neas distan de haber querido ser exhaustivas. Cada uno de estos cinco puntos, lejos de agotar el tema, lo amplifican y seguramente podr&iacute;a complementarse con otros m&aacute;s. Mi inter&eacute;s no fue otro que, a trav&eacute;s del comentario de un libro, traer a la luz un tema sobre el que se escribe muy poco y se relega a la ciencia m&eacute;dica como si no tuviera implicaciones en lo an&iacute;mico y el psicoan&aacute;lisis no fuese una disciplina para conocer los complejos propios de esta etapa de la vida.
    </p><p class="article-text">
        En &uacute;ltima instancia, si se trata de desarticular el fantasma que une la menopausia con el inicio de la vejez, plantear y elaborar las transiciones que apuntan a una liberaci&oacute;n del deseo &ndash;en la medida en que no impongan renuncias&ndash; es la chance de tener una versi&oacute;n alternativa de la madurez en la mujer.
    </p><p class="article-text">
        <em>LL</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/menopausia-erotismo-deseo-inconcebible_129_10888153.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 02 Feb 2024 09:32:58 +0000]]></pubDate>
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